Lo lamento para los que ya habías leido este capitulo, pero he descubierto varios errores respecto a como estoy escribiendo la historia y he tenido que rectificarlos. Gracias por leer mi fic.


Capitulo 16.- Nuevo comienzo

Arthur y Molly decidieron separarse para terminar antes, y mientras Arthur se llevaba a Percy, Ron y los gemelos a Flourish y Blotts a comprar los libros que Charlie y Bill necesitarían, y varios libros que querían añadir a su biblioteca, Molly se llevaba a Ginny, Charlie y Bill a comprar el resto de lo necesario.

Primero fueron a la tienda de Madame Malkin para comprar los uniformes y las túnicas. Cuando entraron, la tienda estaba casi vacía, por lo que fueron atendidos enseguida, mientras Molly escogía las telas con las que le harían las túnicas, Madame Malkin le tomó las medidas a Bill y a Charlie, cuando terminó, todos salieron acordando regresar más tarde para recoger todas las prendas.

La siguiente tienda que visitaron, fue la del señor Berman, el fabricante de bolsas, bolsos y baúles, Bill escogió uno negro de cuero con bordes plateados con cuatro compartimentos, y cerradura con contraseña y firma mágica, y Charlie una mochila con encantos de "peso pluma" y hechizo de extensión indetectable incluidos.

Después, fueron a por los ingredientes de pociones, donde se encontraron con el resto de la familia, mientras el boticario reunía los ingredientes solicitados en la lista de Hogwarts, Molly reunió algunos otros que necesitaba para la casa.

Pronto terminaron de comprar todo lo necesario, incluido un pequeño búho al que llamó Horus, y juntos se dirigieron a Ollivander a comprar la varita de Bill.

Cuando entraron en la tienda, Bill vio como el ambiente estaba cargado de magia. Aún recordaba su entrenamiento como rompedor de maldiciones, y detectar la magia en una estancia era de las primeras cosas que se enseñaban. Era magnífico, se podía saber cuales eran las varitas más poderosas por los colores que las rodeaban.

Bill acabó con una varita de madera de roble con núcleo de pelo de unicornio. Recordaba muy bien su antigua varita, pero esta era más poderosa, solo con verla lo supo.

Los Weasley volvieron a casa con todas las compras, y mientras Molly les daba indicaciones a los elfos sobre lo que querían comer, y Arthur iba a la lechucería a acomodar a Horus, Bill y Charlie subieron a sus dormitorios para llenar su baúl y su mochila, respectivamente, aún faltaba poco más de una semana para que comenzaran las clases tanto en Hogwarts como en Camelot, pero ambos niños querían tenerlo todo preparado, sobretodo Bill, que ya había hecho una lista con todo lo que tenía que llevar, incluidos un par de regalos especiales para Albus de parte de tía Muriel. No le había dicho que hacían, sólo que los había comprado en una tienda de bromas en Francia durante la visita a su amiga y que estaba convencida de que Albus descubriría por fin porque las mujeres Prewett eran tan temidas y respetadas, dependiendo del lado en el que estuvieran, enemigos o aliados.

Mientras los Weasley disfrutaban de sus últimos días todos juntos antes de que el mayor se fuera a Hogwarts, Sirius y Remus, fueron elegidos como nuevos profesores para la academia de aurores. Se había decidido que los puestos serían rotatorios para que los futuros aurores tuvieran varios puntos de vista respecto a la mejor estrategia para atacar o defender un objetivo. Ellos estarían en la academia hasta final de año, cuando serían reemplazados por James y Frank. Entonces sería el propio Kingsley y Moody quien los sustituirían hasta Julio, cuando Ted y Andrómeda Tonks (que en ese momento estaban trabajando en el departamento de asuntos internos dentro del departamento de aurores) comenzarían las clases sobre los derechos y deberes de un auror, y los límites a los que estaban obligados, comenzando sobre que tipos de hechizos podían usar en cada situación sin que los delincuentes o sus familias pudieran alegar abuso de autoridad.

Alice y Lily habían decidido montar su propio negocio de pociones y habían comprado un local en Hogsmeade, a la entrada del pueblo. Allí venderían no solo pociones ya elaboradas, sino que durante el curso los alumnos podrían comprar más ingredientes en caso de que se les terminaran los que habían comprado en el Callejón Diagon.

Petunia también había terminado los tramites para abrir, en asociación con Josh, el único supermercado que habría en Hogsmeade. Los duendes habían sido de gran ayuda, y todo estaba listo para abrir el primero de septiembre.

Por otra parte, Narcisa había presentado ante el Ministerio, la documentación necesaria para que le concedieran permiso para abrir una guardería mágica, donde serían aceptados todos los niños mágicos, independientemente de su origen, hasta los tres años. La petición aún estaba siendo estudiada, ya que a pesar de que la vivienda en la que estaría la guardería estaba situada en una amplia propiedad, protegida de los ojos indiscretos de los muggles, algunos no estaban totalmente convencidos de su situación, en su opinión demasiado alejada del centro de Londres, donde se encontraba tanto el hospital como el cuartel de aurores más cercano, en caso de que hubiera algún tipo de emergencia. Por lo que tanto el departamento de educación mágica como el de servicios infantiles, decidieron posponer la decisión hasta encontrar otra ubicación o forma de conectar la vivienda con ambos edificios y a quien estarían ligados lo elfos que trabajarían en la guardería, debido a que era peligroso aparecerse o viajar por flu con niños menores de tres años, y solo era seguro que viajaran con los elfos, ya que su magia protegía a los niños.

El 1 de septiembre llegó, y no hubo casa con niños mágicos que acudirían a Hogwarts que estuviera tranquila. Todos estaban nerviosos y ansiosos, tanto los que comenzaban su primer curso como los demás alumnos, por ver los grandes cambios que se rumoreaba había sufrido la escuela. Los que comenzaban sus estudios en Camelot, tendrían que esperar a esa misma tarde para descubrir las novedades que la escuela les ofrecería, tanto en amistades como en estudios. Los niños nacidos de muggles y sus familias, entrarían en un mundo totalmente diferente, los padres por fin tendrían una explicación a los sucesos extraños que habían estado sucediendo alrededor de sus hijos, en algunos casos desde que tenían tan solo dos años en otros casos desde hacia apenas unos meses.

El andén 9 y ¾ de la estación de King Cross estaba a rebosar, llena de padres y alumnos que viajarían a Hogwarts. Aún faltaban diez minutos para que saliera el tren rojo hacia el norte de Escocia, pero por medida de seguridad todos los alumnos debían estar allí, los niños con padres muggles, habían sido llevados allí por empleados ministeriales especialmente contratados para ese fin, a partir de ese día, ellos serían los encargados de llevar a los niños desde sus casa al andén y de regreso cuando volvieran en vacaciones. Solo tendrían que hacerlo hasta que el niño o niña terminara su primer año en Hogwarts, y supieran activar el trasladador ellos mismos. El trasladador los transportaría a ellos y a sus padres y hermanos, en caso de tenerlos, desde sus casas hasta el andén, después sus padres y hermanos podrían usar el mismo trasladador para regresar a sus casas, y para volver al andén cuando su hijo o hija regresara para las vacaciones.

Allí también estaban los aurores de la nueva unidad especial, creada para proteger el andén, el tren y la propia escuela. Los aurores se irían turnando, cada grupo seria sustituido por otro al inicio de cada periodo de vacaciones, durante las cuales otro grupo de aurores más pequeño, los sustituiría.

Bill no dejaba de mirar a su alrededor a todos los que habían, se podían identificar perfectamente a los niños de padres muggles, el nerviosismo en sus rostros no podía compararse con los rostros de excitación en los rostros de los niños de madres mágicos, le sorprendió ver que los niños estaban acompañados tanto por sus padres como por sus madres a pesar de que era miércoles y por lo tanto día de trabajo, pero lo que más le sorprendió ver, era que esta vez habían más niños que "la otra vez" como habían comenzado a referirse a la anterior línea temporal.

- Papá – dijo Bill.

- Dime – dijo Arthur acercándose a su hijo.

- Hay más niños – dijo Bill señalando al andén.

- Lo sé, yo también me he dado cuenta – dijo Arthur sonriendo.

- ¿Dónde estaban todos esos niños "la otra vez"? – preguntó Bill

- Reconozco a algunos de los padres, aquel de allí por ejemplo trabaja en el ministerio y mandó a sus hijos con su hermana que vive en Estados Unidos – dijo Arthur señalando a un hombre junto al tren que ayudaba a un niño de la edad de Bill a subir su baúl.

- ¿Todos mandaron a sus hijos fuera? – pregunto Bill.

- No, los que podían permitírselo, contrataron tutores y los educaron en casa, el resto sí, los mandaron a Beauxbatons, Ilvermorny o Durmstrang – dijo Arthur.

- ¿Por qué no fueron a Hogwarts? – preguntó Bill.

- La gente aún no se sentía a salvo, muchos no creían que Voldemort estuviera muerto, después de todo no había un cadáver que lo demostrara – dijo Arthur, a lo que Bill asintió entendiendo lo que su padre decía.

En ese momento sonó el silbato del tren, indicando que era la hora de que todos los niños subieran a él. Los aurores encargados de la seguridad en el tren comenzaron a ayudar a los niños a subir, pasando lista para asegurarse de que todos los niños que debían subir al tren lo hacían.

- ¿Nombre? – le preguntó un auror a Bill cuando estuvo frente al vagón.

- William Weasley – dijo Bill

- Aquí está – dijo mirando una lista y marcando el nombre de Bill como que había subido al tren – recuerda que no puedes hacer magia en el tren, si os sorprendemos haciéndolo, comenzareis Hogwarts con una detención con el profesor que la directora elija.

- De acuerdo, gracias – dijo Bill subiendo al tren. Cuando estuvo dentro del vagón buscó un compartimento, encontrando vacío el más cercano a la puerta, por lo que introdujo su baúl y se asomó a la ventana para despedirse de su familia. Allí estaban todos, con su padre tratando de consolar a su madre que no dejaba de llorar.

- Vamos, Molly, no es nada, ya has pasado por esto, estará bien – le decía Arthur a Molly mientras la abrazaba.

- Papá tiene razón mamá, estaré bien, ya lo verás – dijo Bill.

- Si, del que deberías preocuparte es de Albus, no sabe lo que le espera – dijo Charlie riéndose.

- No lo digas ni en broma – regañó Molly a Charlie – No quiero estar recibiendo cartas de Minerva o de tu jefe de casa diciendo que te has metido en problemas ¿entendido? – dijo Molly mirando a Bill, mientras el tren iniciaba su marcha.

- Tranquila mamá, no me pillarán – dijo Bill moviendo la mano despidiéndose de su familia – Charlie, cuida de los nanos, no dejes que Fred y George usen a Ron para sus bromas.

- No los dejaré – dijo Charlie corriendo junto al tren hasta detenerse al final del andén – Suerte.

Bill no dejó de mirar por la ventana hasta que el tren dobló una curva y ya no pudo ver el andén. Cuando se sentó no pudo dejar de pensar que una vez más tenía que separarse de su familia, el tiempo transcurrido desde que volvieron hasta ese día, había sido estupendo. Había estado con su familia, se prometió a si mismo que a pesar de querer dedicarse otra vez a lo mismo, esta vez, en caso de estar trabajando en el extranjero, se aseguraría de tener al menos un par de días libres al mes para visitar a su familia. No tuvo mucho tiempo para recrearse en sus pensamientos, cuando oyó como la puerta de su compartimiento se abrió, allí, frente a él había otro chico de su edad, Bill tuvo que contenerse para no correr hacia él y abrazarlo cuando lo reconoció, era Jack Simmons, había sido su mejor amigo en Hogwarts "la otra vez". Él y su familia habían muerto durante el verano tras su tercer año en Hogwarts, durante un viaje Brasil, nunca supo exactamente que había sucedido.

- Hola, ¿puedo sentarme aquí? No quiero hacer el viaje en un compartimiento yo solo, me han dicho que es muy largo – preguntó el muchacho.

- Claro, siéntate, por cierto, me llamo Bill Weasley ¿y tú? – preguntó Bill.

- Jack Simmons – dijo Jack - ¿También comienzas primero?

- Si, estoy deseando llegar, mis tíos me han estado hablando de la escuela, pero mi padre, que está en el consejo escolar, me ha dicho que ha habido muchos cambios y estoy deseando verlo – dijo Bill.

- ¿Es cierto todo lo que dicen sobre Albus Dumbledore? – dijo temeroso Jack.

- Si, pero no te preocupes, los profesores y el consejo escolar lo tienen controlado, y habrán aurores protegiendo la escuela y vigilando de que no haga nada contra los alumnos – dijo Bill, sonriendo internamente cuando vio como Jack se relajaba.

El tiempo pasó rápido, y pronto llegó la mujer del carrito preguntando si deseaban algo. Incluso el surtido que ofrecía había cambiado, ahora no solo ofrecía dulces, sino también pasteles de carne y cuencos de sopa. Jack y Bill se compraron un pastel de carne cada uno y muchos dulces, que Bill esperaba le duraran hasta que sus tíos cumplieran su promesa y le enviaran una caja el fin de semana, y que su madre no se enterara, de lo contrario estaría batiendo el récord de sus hermanos Fred y George al recibir un aullador de su madre solo cuatro días después de comenzar su primer año en Hogwarts.

Bill y Jack estuvieron todo el viaje jugando al ajedrez mágico y a varios juegos de cartas. Cuando su reloj marcó las cinco, se quedó pensando en como lo estaría pasando Charlie, era la hora en la que comenzarían las clases en la nueva escuela "Camelot". Esperaría a mañana, seguro que Charlie le escribiría contándole sus impresiones sobre la escuela.


Mientras en Camelot

Charlie y Arthur se aparecieron en la zona que el Ministerio había habilitado en los grandes jardines de la propiedad para ello. Habían dos aurores, designados por el Ministerio para la protección de la escuela, esperando a los alumnos y a sus familias (y en el caso de los niños de origen muggle, al empleado ministerial que los acompañarían). Los aurores los guiaron fuera de la zona de aparición y segundos después llegaron otro niño con sus padres y con otro hombre al que Charlie reconoció como uno de los empleados de la nueva sección en el departamento de educación, encargados la seguridad de los estudiantes de Camelot durante sus viajes desde sus casas a la escuela y viceversa.

Mientras se dirigían a las escaleras de acceso, Charlie observó todo a su alrededor, era una propiedad inmensa. Los jardines eran espectaculares, y los setos, a pesar de poder verse por encima de ellos, estaban situados simulando un laberinto. Observando la casa, pudo comprobar que lo que todos llamaban la mansión Lestrange, era en realidad un castillo, entonces Charlie tuvo una duda.

- Papá – dijo Charlie.

- ¿Qué? – preguntó Arthur.

- ¿Quién se la quedó "la otra vez"? – preguntó Charlie asegurándose de que solo lo escuchaba su padre.

- Nadie, los tres seguían vivos y el único elfo doméstico que había sobrevivido al último ataque de histeria de Bellatrix, tenía órdenes de poner la mansión en estasis si los arrestaban y así lo hizo, nadie pudo encontrarla. Ni siquiera el primo segundo de los hermanos, que había reclamado el título y se lo habían concedido, pudo hacerlo. Esta vez las ordenes del elfo no fueron válidas porque los tres están muertos. Por lo que el elfo sacó la casa del estasis cuando el ministerio la requisó junto al resto de las propiedades de la familia – dijo Arthur, mientras caminaban al interior del castillo.

Charlie asintió, ahora comprendía porque "la otra vez" no había oído hablar de esta propiedad. La loca la había escondido.

Charlie se quedo boquiabierto cuando estuvieron dentro, el exterior era espectacular, pero el interior no se quedaba atrás. El vestíbulo era enorme, y estaba lleno de gente, al fondo se podía ver una escalera de caracol que subía al piso superior. Mientras Charlie observaba todo a su alrededor, no se percató, hasta que escuchó su voz, de que Margaret Crouch y Augusta Longbottom, como directora y directora adjunta respectivamente, estaban en mitad de la escalera.

- Bienvenidos a Camelot, vosotros sois los primeros estudiantes de esta escuela, y espero que demostréis de que sois dignos de haber sido aceptados en ella – dijo la señora Crouch.

- Los ojos de todos en el mundo mágico están depositados en esta escuela, no nos defraudéis haciendo algo que haga que nuestro prestigio decaiga – dijo la señora Longbottom.

- Ahora por favor despedios de vuestros padres, las clases comenzarán en pocos minutos y no se aceptarán retrasos – dijo la señora Crouch.

Charlie vio como los demás niños se despedían de sus padres y como éstos salían hacia los jardines para volver a sus casas.

- Bien, yo me voy, recuerda que Petunia te llevará a casa cuando terminen las clases – dijo Arthur despidiéndose de Bill.

- De acuerdo, hasta luego – dijo Bill despidiéndose de su padre.

- Pórtate bien – dijo Arthur riéndose mientras salía a los jardines, haciendo que Charlie hiciera una mueca. Él siempre se portaba bien, eran los gemelos de los que debía preocuparse.

Charlie volvió la mirada hacia las escaleras y allí vio a Petunia Evans, ella sería su profesora de matemáticas y estudios muggles. Charlie no podía dejar de asombrarse ante el cambio que había experimentado la mujer. Él la recordaba de haberla visto sólo una vez, y en esa ocasión le pareció una mujer amargada y cruel con su sobrino. Pero habiendo estado casada durante casi veinte años con Vernon Dursley le sorprendía que le quedara algo de cariño que dar a su propio hijo. Definitivamente, la muerte de Dursley no solo había beneficiado a Harry, también a su tía y a su primo.

- Bien niños, soy la profesora Petunia Evans, podéis llamarme profesora o señorita Evans, a vuestra elección, yo seré vuestra profesora de matemáticas y de estudios muggles, ambas asignaturas serán impartidas esta tarde para los que comenzáis el tercer y último curso que imparte Camelot. Os voy a pedir que no hagáis ruido de camino al aula, ya que los alumnos del primer curso ya están en su aula e interrumpiríais su lección. Por favor, seguidme – dijo Petunia subiendo las escaleras con los niños siguiéndola.

- Bien, los que quedáis debéis ser los que comenzáis el segundo curso, todos tenéis nueve años u os falta poco para cumplir los diez, por favor seguidme – dijo un hombre de mediana edad que había estado parado al lado de Petunia mientras ella hablaba.

Cuando llegaron al primer piso, Charlie vio como se detenía frente a una puerta y les indicaba con la mano que entraran, entrando y cerrando la puerta cuando todos estuvieron dentro del aula

- Bien sentaos, y recordar el pupitre que elegís, porque ese será el vuestro el resto del curso – dijo dirigiéndose a la gran mesa que presidía el aula.

Charlie vio como todos los niños trataban de sentarse en los pupitres que habían más atrás en el aula, por lo que él se sentó en uno de los que habían en la segunda fila.

- Bien, ahora que todos estáis sentados, me presentaré, yo soy el profesor Friedrick Hoffman, seré vuestro profesor de alemán este curso y el siguiente, como también en Hogwarts si es que escogéis seguir estudiando el idioma durante otro año más después de graduaros en Camelot, ya que vuestra promoción solo estará estudiándolo durante dos años. Ahora quiero es que abráis el libro que cada uno de vosotros tenéis enfrente - dijo el profesor Friedrick esperando a que todos hicieran lo que les había dicho - es un diario que contiene el horario de clases y en el cual aparecerán las notas que el profesor o profesora de cada asignatura quiera mandar a vuestros padres o a vosotros, para ello, poned vuestro dedo índice de la mano derecha sobre la primera página y aparecerá toda la información - Charlie lo hizo, y quedó asombrado cuando las letras comenzaron a aparecer - bien, ahora que eso ya está solucionado, comenzaremos pasando lista para asegurarme de que estáis todos – dijo Petunia mientras cogía un pergamino de su mesa y comenzaba a pasar lista.

Y así comenzó la primera clase del segundo curso de la nueva escuela de magia de Gran Bretaña, Camelot.


De vuelta al tren de Hogwarts.

Cuando llegaron a la estación de Hogsmeade, Bill se alegro de ver que Hagrid estaba allí para recibir a los nuevos alumnos, junto a él habían dos aurores, y los tres guiaron a los estudiantes de primer año hasta el embarcadero donde los estaban esperando los botes que los llevarían hasta el castillo.

Bill se subió en uno de los primeros botes, junto con Jack y otros dos chicos, ninguno dijo nada, los cuatro estaban demasiado entusiasmados por ver el castillo. Cuando el bote llegó al centro del lago, todos los nuevos alumnos pudieron ver el castillo, dejándolos a todos, incluido Bill, boquiabiertos. El castillo estaba totalmente blanco y brillaba como si acabaran de construirlo. Bill también pudo ver otras edificaciones cercanas al castillo que "la otra vez" no estaban. Su padre tenía razón, habían muchos cambios, y aún no había entrado en el castillo ¿qué más habrían cambiado?