Hacía algún tiempo ya que nadie recorría el pasillo por el que aquel hombre caminaba. Unos años atrás el camino alfombrado por el que avanzaba solía ver constantes visitas, personas interesadas en contratar al virtuoso, aunque tímido compositor.
Tenía un talento innato para la música, había aprendido a tocar varios instrumentos por su cuenta cuando sus padres comprendieron que el pasatiempo del pequeño peliazul era mas que un juego para llenar la soledad que le provocaba la ausencia de su gemelo. Su hermano mayor había sido siempre el punto de enfoque de sus padres, Aspros era un artista y lo había demostrado desde que los niños eran muy pequeños. Sus bellas esculturas eran codiciadas y aquello había llevado a la familia a viajar constantemente por la atención que llamaba el mayor de los niños. Defteros nunca había sentido celos ni envidia hacia su hermano, siempre aplaudía y elogiaba sus logros, era su ejemplo a seguir y era justamente aquello lo que los mantenía unidos.
Cuando ambos niños contaban con nueve años y el mayor obtuvo un importante reconocimiento, Defteros quiso hacerle un obsequio especial. Cuando la fiesta en su honor terminaba y la mayoría de invitados se había marchado, el menor de los gemelos se sentó frente al piano de la familia y empezó a tocar. Nadie se había percatado hasta que Aspros volvió la mirada y se acercó sonriente seguido de sus padres y los pocos invitados que quedaban. Las notas eran dulces y armoniosas, con aquella melodía el pequeño Defteros le decía a su hermano lo orgulloso que se sentía de él. Expresiones de sorpresa, aplausos y júbilo se hicieron escuchar al momento en que el pequeño se puso de pie para retirarse. Sus padres lo abrazaron con emoción al comprobar que ambos niños eran igual de virtuosos y entre sonrisas planearon la educación que Defteros recibiría desde entonces.
El menor se enfrascó en aprender a escribir las melodías que creaba e interpretar cuanto instrumento le mostraban sus maestros. Aquello requería que él tuviera que quedarse en un lugar permanente para dedicarse a sus estudios. Así los padres decidieron que el futuro músico se estableciera en Kanon, una pequeña isla de su natal Grecia, donde habían encontrado un pequeño grupo de maestros que se encargarían de su educación.
Los años fueron pasando y con ello la brecha que dividiría a los gemelos creció cada vez más. El mayor, quien había conseguido crearse un famoso estudio rara vez volvía a la isla donde su hermano vivía por su ocupada agenda; el menor pasaba muchas de sus noches sentado frente al piano o con el chelo entre las manos llenando hojas de pentagramas con composiciones que utilizaba como canal esperando con ello transmitir la inmensa cantidad de sentimientos que por timidez no decía. Sus días solía pasarlos nadando o frente al mar, fue en aquellos años que su rebelde cabellera terminó por crecer hasta sus caderas y su piel adquirió el característico tono acanelado que desde entonces lo distinguiría de su hermano mayor.
Su distracción e inspiración apareció en la isla cuando él acababa de cumplir los 18 años con la llegada de un matrimonio que venía de la India y terminó por establecerse en la allí. La curiosidad le llevó a escaparse de su estricta rutina y llegar hasta la pequeña aldea donde la familia terminaba de instalarse en una de las casas del lugar. Y con ellos iba un niño de unos doce años, rubio, delgado y frágil. El gemelo menor entrecerró los ojos y se acercó un poco más para cerciorarse de lo que veía, el pequeño rubio caminaba decidido con los párpados cerrados ayudando a sus padres a mover hacia el interior de la vivienda algunas de las cosas que aún se hallaban en el automóvil de la familia.
—¿Puedo ayudarle en algo?—
La voz amable aunque cautelosa de la dama, seguramente la madre de aquel niño, lo sacó del trance en el que parecía haber caído. Un Defteros completamente ruborizado se disculpó por su intromisión, presentándose y ofreciendo su ayuda a los recién llegados. La mujer pareció apreciar el gesto del joven greco, quien terminó en la sala de la familia después de al menos una hora de trabajo que lo dejó un tanto agotado a pesar de su fuerte complexión.
La pareja le invitó a una taza de humeante té y unos bocadillos en agradecimiento por su ayuda. Azra y Aiyuna, así se presentó el hombre y a su compañera y él asintió y dijo un tímido "un gusto" después de decir su nombre.
—¿Defteros? ¿Como el músico?—
Todos voltearon hacia la entrada de la salita donde la cabecita rubia se asomaba hasta dejarse ver por completo. El moreno asintió arrepintiéndose al instante tras lo cual preguntó cómo lo conocía.
—Nuestro pequeño protegido es un ferviente admirador suyo— respondió la mujer con orgullo a lo cual el niño movía la cabeza vigorosamente mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. El moreno se levantó de su asiento y se acercó inclinándose para estar a la altura del jovencito.
—Es un gusto saber que hay alguien que gusta de mis melodías.—
El rubio dio un par de pasos al frente y estiró las manos delineando el rostro de un Defteros sorprendido y con las mejillas enrojecidas por aquel contacto inesperado.
—Me llamo Asmita.— dijo el niño a modo de respuesta quitando sus manos del mayor y uniendo las palmas frente a su pecho tras lo cual inclinó su cabeza con reverencia. El griego imitó el saludo torpemente excusándose para escapar de aquel lugar que lo empezaba a asfixiar de repente y escapó hacia las faldas del volcán donde se hallaba su residencia.
Tras merodear en su casa por el resto del día se escapó de su inquebrantable costumbre nocturna de practicar en el piano, corriendo hacia la playa y zambuyéndose en el inquieto mar que era un perfecto reflejo de cómo se sentía por dentro. Esas manos, esa visión tan pura, casi divina se había calado en sus sentidos sin él poder explicarse la razón.
Parecía que una tormenta había llegado a azotar su eterna calma.
Nota del autor:
Hola, es la primera vez que me aventuro a escribir una historia de mas de un capítulo, pero desde principios de enero empecé a escribir este drabble que se extendió mucho mas de lo que creía y he decidido publicarlo en honor a mi devoción por el GéminisxVirgo. Si Saga y Shaka son una combinación fantástica, Defteros y Asmita lo son mucho mas.
En lo que he leído del gemelo menor, es feroz solo superficialmente, personalmente creo que Deft es bastante tímido, en mi headcanon lo es, tímido, callado y a quien hay que sacarle las palabras con gotero, justo como yo hahahaha.
En mi historia Deft y Asmita se llevarán seis años de diferencia, creo que en el manga de Lost Canvas se llevan esa edad, no estoy seguro...
Como ven, mi geminiano será un compositor, y Asmita un niño extrovertido y un admirador curioso del mayor. Espero lo disfruten tanto como yo.
