Cualquiera que viera la imagen negruzca que se reflejaba en las aguas cristalinas del mar pensaría que un ser de lo mas profundo del océano se había aventurado hasta la superficie por curiosidad. Pero si se veía con cuidado se podría distinguir extremidades en esa silueta, las algas que le rodeaban en realidad eran los mechones del músico alborotados por el agua y la oscuridad que le rodeaba era el pantalón y la chaqueta formales que no se había molestado en quitar antes de lanzarse al mar.
Llevaba un par de minutos así, sabía que en cuestión de un par de horas se sentiría enfermo por haberse sumergido al agua apenas un momento después del desayuno pero se rehusaba a salir a la superficie, estaba actuando como estúpido pero no podía evitarlo. Asmita. ¿Que le estaba haciendo ese niño a su cordura?


Después de insistir un par de veces el rubio accedió a quedarse, enfatizando que no era prudente rechazar una invitación de un desconocido porque podría terminar siendo una ofensa a los dioses. Defteros se mordió la lengua para no terminar siendo él quien ofendiera a su invitado con una respuesta amarga
El gemelo empezó a caminar con lentitud y el rubio se apresuró a sujetarse de su brazo para guiarse hacia el comedor, causando que éste trastabillara; en cualquier otra circunstancia quienquiera que se atreviese a tocarlo o a intentarlo recibiría una mirada fulminante como advertencia, su hermano mayor lo había visto ahuyentar así a muchas chicas que querían averiguar si el gemelo menor era igual de irresistible que él y siempre terminaban alejándose, algunas decepcionadas, la gran mayoría despavoridas.

A Asmita en cambio se lo permitió en aquella ocasión, inclusive caminó mas despacio para que no le costara navegar en un lugar desconocido y el menor lo agradeció con una sonrisa que terminó contagiándolo. Como todo un caballero, Defteros lo guió hacia una de las sillas del comedor y lo ayudó a acomodarse antes de tomar asiento junto a él.
El ruido de cubiertos siendo colocados frente a él hizo que el rubio quisiera saber el por qué.

—No había recibido ninguna visita con la que me apeteciera compartir el desayuno.—

Aquella respuesta pareció satisfacer la curiosidad del menor, quien hizo una breve oración antes de devorar gustoso la ensalada de frutas que les habían servido. Poco a poco iniciaron una amena conversación en la que Defteros preguntaba cómo había escuchado de él y el niño le explicaba que la primer memoria que tenía de sus padres era viéndolos bailar una suave y dulce melodía creyendo que el pequeño no los observaba. Aquella resultó ser la primer composición que se conoció de él, la misma que había escrito para su hermano.

—Es el mejor recuerdo que tengo de mi infancia— decía sonriendo con un poco de melancolía —ellos me enseñaron que el amor tiene maneras muy especiales de manifestarse, amaban esa melodía. Así fue como supe de usted y su música.—

—¿Te gustaría escucharla?—

De nuevo Defteros los sorprendía a ambos. Esa composición especial era bastante conocida, y aun así el moreno siempre se negaba a interpretarla no importando quien se lo pidiera. Era una pieza que tocaba solo si su hermano estaba melancólico y pedía escucharla, la había escrito para él y aunque no llevara su nombre y nadie supiera para quien era, Aspros había sido el único que la había escuchado en vivo.
Se levantó de su lugar y guió al más joven de vuelta a la sala al enorme piano de cola donde le hizo un espacio junto a él en la banca y se acomodó antes de deslizar los dedos por las teclas haciendo que la música sonara. La expresión de Asmita era adorable, había tantas emociones reflejadas en su rostro, seguramente ciertos detalles de aquella memoria que evocaba con la composición que estaba escuchando; el moreno tocó la pieza hasta el final y al terminar su invitado aplaudió efusivamente con una enorme y dulce sonrisa en el rostro.

—Ha sido maravilloso, es una melodía espectacular, ¿por qué nunca la toca?—

—La compuse para alguien muy especial, y esa persona suele ser muy celosa y me ha pedido darle mi palabra que nunca la tocaré para nadie más.—

—Entonces ha faltado a su palabra al tocarla aquí y ahora.—

—Lo se, ¿crees que los dioses harían semejante cosa, traicionar la palabra de un amigo?— La arruguita reapareció en la frente del rubio, como si meditara antes de responder.

—Eso depende de si se hace por un bien mayor.—

Defteros suspiró un poco aturdido por aquella afirmación, no deseaba contradecirlo pero tampoco quería seguir siendo comparado con algo en lo que ni siquiera creía. Tenía que contraatacar de alguna manera.

—No hay ningún bien mayor, a menos que mi intención sea la de agradar a los dioses.—

Asmita se sobresaltó y el moreno sonrió haciéndose con la victoria de su primer debate.

—¿Se refiere a mi?— se alzó de hombros sin esperar que el contrario pudiese responder, porque no iba a permitírselo —¿Qué podrían querer los dioses conmigo? Estoy tan lejos de lo divino, soy un chico al que se le ha privado de ver el mundo, ¿qué deidad querría tener un cascarón como éste de recipiente?—

—Creo que nos comprendemos.—

—No es así.—

—Claro que lo es, piensalo, no nos gusta recibir halagos aunque nos guste darlos, insistes en compararme con un dios cuando soy un simple humano con más defectos que virtudes. He faltado a mi promesa con tal de agradarte, ¿qué clase de dios sentiría curiosidad por alguien así?—

—Hay mucho de mi cultura que no conoce.—

—Pues me gustaría hacerlo.—

Defteros se mordió la lengua después de decir aquello, había dado el primer paso sin quererlo y ahora esperaba expectante la respuesta de su invitado.

—A cambio debe enseñarme algo de lo que usted sabe.— La duda no dejó al mayor indagar más, así que Asmita suspiró antes de continuar. —Musica.—

—¿Musica?— El moreno parpadeó varias veces incrédulo, le parecía una broma hasta que el niño lo confirmó con una voz seria y muy segura de lo que pedía.

—Si, música.—

El gemelo suspiró en son de derrota; muchas, muchas veces había recibido ofertas similares de una enorme cantidad de personas dispuestas a costear lo necesario y más por estudiar con él, muchas habían suplicado, otras habían exigido tenerlo de maestro pero el nunca había cedido.
Se sentó de lado para mirarlo con los ojos llenos de culpa y tomó las delgadas manitas de porcelana entre las suyas.

—De acuerdo.—

Ese par de palabras sellaron el destino que siempre intentaba evitar a toda costa pero de pronto se vio atrapado en una calle con una única salida: dejar que la presencia de aquel niño se volviera algo constante en su vida. No, no quería constantes, sabía que lo menos que hacían era honrar su nombre, pero la expresión de felicidad del rubiecito le hizo cerrar la boca para no retractarse.
Los días pasaron volando y con ellos llegó la esperada fecha en la que su nuevo pupilo se presentaría; acordaron que las clases se llevarían después de una merienda pasado el mediodía.
Defteros se levantó al llegar el alba para preparar las herramientas que necesitaría, partituras vacías y un par de libretitas para las observaciones que consideraba importantes. Sus pantalones de mezclilla fueron dejados a un lado, sustituyéndolos por un pantalón de algodón con chaqueta a juego y una simple camiseta blanca. Una liga ató la cabellera alborotada manteniéndola fuera de su cara.
Su nana sonrió de una manera peculiar al servirle el desayuno. La mirada dudosa del músico la hizo reír y acariciar su cabeza con dulzura.

—Debe ser un día especial, te has arreglado mucho mas que de costumbre, los cambios son buenos y también causar buenas impresiones. —

Aquella confirmación fue como agua helada en su estómago. El moreno bajó la tacita con café a medio acabar y la colocó a un lado, excusándose antes de salir de su vivienda y correr hacia la playa. Necesitaba alejarse de todo y todos por un momento, recuperar su calma, sentirse en control de sus reacciones y emociones de nuevo, se sentía como en arenas movedizas y eso no le gustaba en lo absoluto.

Cerró los ojos con furia y apretó los puños con fuerza dejando que sus piernas se movieran apenas para mantenerlo lejos de la superficie. Dar una buena impresión... ¿Desde cuándo había considerado eso? No le importaba, claro que no le importaba lo que pensaran los demás, eso no significaba absolutamente nada para él.
Un par de minutos nada mas y podría volver a ser él. O eso era lo que esperaba.


Nota del autor:
Esta parte me ha quedado bastante floja pero me gustó la idea de pensar en Deft como alguien muy talentoso y Asmita como un curioso, es adorable y el geminiano no puede negarse a tomarlo como su pupilo. Gracias por leer.