Debería haber una ley que prohibiera a Yao llevar pantalones cortos. Cuando él caminaba fuera de la habitación en las mañanas, vestido con una camiseta, una chaqueta y un par de diminutos pantalones, Iván encontraba difícil dejarlo de mirar. Había mucho que ver- así como le llamaba la atención el trasero de Yao, que era muy lindo por cierto-, los pantaloncillos también mostraban sus torneadas y lisas piernas, que carecían de defectos feos o líneas de bronceado, e Iván podía imaginarse la obvia protuberancia en la parte delantera de sus pantalones. Aunque pensó que Yao estaba vestido así porque era un día cálido, Ivan se entretuvo brevemente con el pensamiento que Yao los había usado para excitarlo. La idea de que Yao quería lucir sexy para él, hizo a Ivan muy feliz.
-"Yao, ven y dame un beso" -dijo Ivan, haciéndole señas Yao hacia el sofá.
Yao, felizmente obligado, se inclinó para besar a Ivan en los labios.
A pesar de que ambos habían hecho mucho más, Ivan amaba aquellos dulces, suaves e inocentes besos que Yao le daba. Esperaba que un día, cuando estuviera listo, Yao lo besara de esa manera mientras hacían el amor. La fijación de Ivan con Yao - su obsesión, podrían llamarlo algunos - iba más allá que el simple deseo de poseer su cuerpo. Él lo quería todo de Yao – sus ojos, el Yao sensual que se acostó con él la noche en que se conocieron, el Yao lindo e inocente que le dio ese beso tan dulce, el gracioso, el perspicaz Yao que había hablado con él durante la película de anoche.
Ivan quería llevar a su novio a una cita de ensueño, pero tenía la sensación de que Yao lo disfrutaría más si podía contenerse de mirar fijamente su trasero.
-"Así que, ¿a dónde vamos hoy?" -preguntó Yao, sentándose en el brazo del sofá.
Ivan puso a Yao sobre su regazo, logrando colocar discretamente su mano en la parte posterior del más pequeño.
-"Es una sorpresa. Tengo que ir a mi casa a cambiarme de ropa, y mientras voy al centro conseguiré algo de desayuno para los dos ¿Estarás bien aquí tú solo?" -preguntó Ivan.
-"Por supuesto" -dijo Yao, besando Ivan de nuevo- "Y gracias, Ivan. Eres tan bueno conmigo"
-"Sólo lo soy con la gente que se lo merece, Yao. Y tú te mereces todo el amor y la bondad que puedo darte" -dijo Ivan.
Yao se sonrojó. "Si soy así de increíble, entonces tendré que tener expectativas muy altas para estar a tu altura"
-"Eres increíble en este momento" -dijo Ivan.
-"Eres tan dulce, Ivan" -dijo Yao.
Besó a Ivan de nuevo, esta vez con más pasión. Ivan envolvió sus brazos alrededor de Yao y aspiró su olor - olía muy limpio y agradable.
Yao rompió el beso y apoyó la cabeza en el hombro de Ivan.
-"Oye, Ivan, noté que tengo esta cicatriz en la espalda ¿Tienes idea de cómo me la hice?" - preguntó Yao.
Ivan había notado la cicatriz también.
-"Nunca me lo dijiste. Nunca te pregunté" -dijo Ivan.
Si Yao se había hecho la cicatriz el pasado año, durante el tiempo en que él e Ivan supuestamente habían estado juntos, entonces todas sus mentiras se vendrían abajo. La idea de que Ivan no le había preguntado por su cicatriz en todo el tiempo en que habían estado juntos parecía bastante extraña, pero si un día una nueva cicatriz había aparecido en la espalda de Yao y ninguno de ellos lo había mencionado, parecería muy sospechoso. Ivan trató de pensar en otra mentira que podría decir si eso no funcionaba ¿Quizás Yao nunca le mostró a Ivan su espalda hasta que se hizo la cicatriz? Eso tampoco tenía sentido.
Ivan sabía que, con el tiempo, Yao se daría cuenta de que le había mentido. Incluso si sus recuerdos nunca volvían, habría algo acerca de su relación que no estaría bien, que no terminaría de tener sentido, y Yao sabría que había algo que Ivan no le estaba diciendo. Ivan tendría que elegir entre decir la verdad o tratar de pensar en una mejor excusa ¿Cuántas veces iba a tener que tomar esa decisión?
Otra pregunta llegaba a la mente de Ivan - ¿cómo iría a reaccionar si Yao se enteraba de sus mentiras? Al principio, probablemente se sorprendería y molestaría, tal vez incluso se enojaría, pero si Ivan tenía la oportunidad de explicar que él sólo lo había hecho por su amor y no quería que estuviese solo y asustado y sin sus recuerdos… ¿Eso haría que Yao lo perdonase? ¿O pensaría que lo que Ivan estaba haciendo era imperdonable?
Ivan besó suavemente a Yao en la frente y acercó contra sí al más pequeño.
-"Ivan, ¿estás bien?" -preguntó Yao, sintiendo que algo andaba mal.
-"Estoy bien, sólo estoy pensando en lo afortunado que soy de tenerte - de lo afortunado que soy de que no hayas muerto en ese accidente" -dijo Ivan.
En realidad no era una mentira – Ivan no había estado pensando en ello en ese momento, pero estaba tan agradecido de que Yao estuviera vivo. La ira de Ivan con el otro conductor resurgía, y deseaba que se hubiera ido lejos o lo encontraría y le haría pagar cuando tuviera la oportunidad. Pero entonces, ¿dónde estaría? ¿En la cárcel? Por supuesto que no se sentaría cómodo en el sofá con Yao en su regazo.
-"Es una suerte que estés bien también - si hubieras muerto, no tendría ningún recuerdo de ti en absoluto" -dijo Yao.
-"Espero que la persona que conducía el otro auto sufra miserablemente en la cárcel por lo que él o ella podría haberte hecho" -dijo Ivan con frialdad.
-"Ivan, está muerto" -dijo Yao.
-"¿Qué?" -preguntó Iván.
-"El hombre que conducía el otro coche. Cuando estaba en el hospital, antes de que fueras a verme, le pedí al doctor que me dijera cómo estaba y me dijo que había muerto antes de llegar al hospital" -dijo Yao.
-"Qué bien" -dijo Iván.
-"¡Ivan! Eso no es muy amable de tu parte, estoy seguro que él no quería…"
-"Yao, si hay una cosa que no soporto, es cuando la gente lastima a los que amo. Si el hombre que casi te mata está muerto, entonces yo digo que obtuvo lo que se merecía" -dijo Iván.
Yao se quedó callado por un momento, e Ivan se preocupó de haber dicho algo incorrecto, que Yao encontrara inquietante.
-"Ivan, tú dijiste que la gente lastimaba a tus seres queridos como algo que ya ha pasado" -dijo finalmente Yao.
Eso era algo de lo que a Ivan no le gustaba hablar, pero sentía que podía decírselo a Yao.
"Cuando yo era pequeño, los otros niños en la escuela se aprovechaban para intimidarme. Yo no tenía amigos ni a nadie para luchar por mí, así que tuve que soportarlo. Lo que realmente me hizo daño, sin embargo, fue cuando escogieron a mis hermanas, pero en aquel entonces yo era demasiado pequeño y débil como para hacer otra cosa que llorar y me odie más. Pero luego crecí y los otros chicos me dejaron en paz -. pero no a Anastasiya y Natalia. Natalia siempre ha sido una chica fuerte y podía defenderse a sí misma, pero no Anastasiya -. Ella era tan amable y gentil y odiaba las peleas. Los otros chicos no paraban de reírse de ella, pero desde que me volví grande y fuerte, pude hacerles daño -. Sólo quería que dejaran a mis hermanas en paz y aprendieron sus lecciones como niños buenos y nunca han vuelto a molestar a mi familia de nuevo. Así que sí, he tenido mucha experiencia con personas que hacen sufrir a las personas que me importan, y es por eso que no puedo soportar la idea de que alguien te haga daño" -dijo Ivan.
-"Oh Ivan, pobrecito" -dijo Yao- "No tienes que preocuparte por mí de esa manera"
Ivan besó suavemente los labios de Yao, pasándole la mano por el cabello.
-"Espero que no haya ninguna razón para que me preocupe por ti" -dijo, dando la espalda de Yao un suave apretón.
-"Ivan" –exclamó Yao, sonrojándose al contacto íntimo de éste.
-"Eres tan lindo cuando te sonrojas así, Yao" -dijo Ivan, apretándole otra vez por detrás a Yao con la esperanza de provocar una reacción similar.
"¡Ivan! ¡Deja de tocarme el trasero!" –dijo Yao, poniéndose de pie.
-"Lo siento" -dijo Ivan- "La próxima vez voy a pedirte permiso"
-"Sí, bueno... deberías" -dijo Yao- "¿No se supone que vas a tu casa para cambiarte de ropa?"
-"Ah, cierto, estaba por conseguir el desayuno para nosotros. No va a tomarme demasiado tiempo" -dijo Ivan, levantándose y besando a Yao en la mejilla, disfrutando de cómo se sentía el suave calor de su piel bajo sus labios.
-"Nos vemos pronto" -dijo Yao al momento que Iván se dirigía a la puerta.
-"¡Do svidaniya, Yao!"
Después de que Ivan se fuera, Yao se tumbó en el sofá, estirando las piernas tanto como pudo. Pensó que para Iván, quien era mucho más alto que él, debió haber sido difícil dormir en él la noche anterior.
Yao cogió la manta y las almohadas del sofá y se dispuso a volver a ponerlos en el armario del pasillo donde los había encontrado. Tendría que encontrar otro lugar para que Ivan durmiera. Sólo había una habitación en la casa, pero tal vez habría una cama plegable o un colchón de repuesto escondido en alguna parte. Si no, Yao supuso que podría permitirle a Iván dormir en su cama - era lo suficientemente grande como para que pudieran dormir uno al lado del otro, sin llegar a ser demasiado íntimos. A Yao le gustaba la idea de dormir juntos en un sentido más inocente ¿Pero en cuanto a la otra clase de dormir juntos? Yao no quería tener relaciones sexuales con Ivan - No por el momento, al menos. Ivan podría, por supuesto - dado que, si no era obvio que ya lo habían hecho antes de que Yao perdiera la memoria, la forma en que él lo miraba lo era. Oh, Ivan miraba a Yao de un modo tal que expresaba cuanto lo amaba, pero también era obvio que lo deseaba.
Eso complicaba su relación. Mientras que Ivan había conocido a Yao durante mucho tiempo y lo había amado en el proceso, Yao sentía como si lo acabara de conocer. Yao se sintió mal por Ivan - quien había pasado un año construyendo una relación con un hombre al que amaba, un hombre que lo quería de vuelta, sólo para que un trágico accidente borrara la mente con todas las memorias relativas a ellos dos. Yao quería sus recuerdos de vuelta, pero no por su propio bien - por Ivan, por su madre, por todos los que se verían perjudicados si no se acordaba de ellos.
Yao suspiró. No debería culparse a sí mismo, no era su culpa. Lo único que podía hacer, era estar agradecido de que todos estuvieran siendo tan comprensivos, especialmente Ivan.
Yao no tenía idea de lo que había hecho para ganar el amor del ruso, pero se alegró por ello.
El apartamento de Ivan era grande. Tenía tres habitaciones, una gran sala de estar y un balcón que daba a la calle transitada de la ciudad. También estaba casi totalmente desprovista de muebles. En uno de los dormitorios había una cama y un armario que hacía las veces de mesita de noche, pero los otros tres estaban vacíos. El living sólo tenía un sofá, un televisor y un equipo de música. No había mesas ni sillas, ya que Ivan comía sus comidas en el sofá o de pie en la cocina. Las paredes estaban completamente desnudas de cuadros y pinturas - la única fotografía en el apartamento estaba en un marco en el tocador del dormitorio. Esa era la fotografía que Ivan estaba mirando.
La imagen era de su familia, no mucho tiempo después del nacimiento de Natalia. Su padre estaba sentado en un sillón de cuero gastado, Ivan tenía cinco años y Anastasiya ocho, sentada en su regazo. Su madre estaba sentada en el reposabrazos de la silla, sosteniendo a Natalia de bebé. Se notaba a simple vista que ellos eran una familia. Ivan tenía los ojos de su madre y la nariz de su padre, y los tres hijos tenían el pelo rubio plateado, el mismo color que el de su madre y padre antes que se volviera gris. Todos parecían muy felices - incluso Natalia, que no podría tener más que unos pocos meses, estaba sonriendo. Iván se dio cuenta de que su sonrisa era genuina. La foto había sido tomada antes de que empezara la escuela, antes del acoso y las burlas. Era la época en que había sido feliz.
Ivan sonrió. Había sido feliz entonces y era feliz ahora. Tenía a Yao, a pesar que una palabra equivocada o una memoria recobrada podrían romper esa felicidad, se contentaba con vivir el momento y no preocuparse de cuándo podría suceder.
Ivan cogió el marco de la foto y la puso en su maleta, la cual había sido empacada con las cosas que llevaría con él a la casa de Yao. No había mucho - sólo ropa, en su mayoría. Podía mantener todo lo demás en el departamento - aunque Ivan estaría viviendo con Yao, probablemente seguiría pagando el alquiler del lugar para que tuviera un lugar donde ir si Yao estaba demasiado alterado para soportar estar cerca de él cuando se enterara que le había mentido. Tenía dinero más que suficiente para hacerlo, a pesar de que probablemente tendría que decirle a Yao de donde vino. Podría mentir, por supuesto, pero por alguna razón no acababa de sentirse bien -ya le había mentido lo suficiente- que quería ser honesto con Yao tanto como fuera posible.
Si me pregunta, se lo diré, pensaba Ivan, si me pregunta, no le diré nada, excepto la verdad acerca de nuestra relación.
Eso era lo justo. Ivan estaba mintiéndole a Yao, y tal vez eso estaba mal, pero estaba siendo sincero acerca de todo lo demás, lo que lo compensaba, ¿cierto?
Cierto.
Ivan cerró la maleta. Conseguiría el desayuno para él y Yao, fuera de casa (la casa de Yao era su casa ahora, de una manera que su departamento nunca lo había sido) y luego llevaría a Yao a la cita que había planeado y le había prometido. Así era como comenzaría sus vidas en común. No había necesidad de pensar en nada de cómo fuera a terminar.
Yao estaba tumbado en el sofá viendo la televisión cuando Iván llegó a casa. Había pasado bastante tiempo mirando a través de las pinturas que había encontrado en el cuarto de invitados, mientras buscaba una cama plegable o colchón para que Ivan durmiera. Las pinturas, al parecer, eran de su propio trabajo, a juzgar por la firma en la esquina inferior derecha de cada uno. Yao también había experimentado garabatear algunas cosas en un periódico que encontró en la mesa de la cocina, y estaba encantado de ver que todavía era muy bueno en el dibujo.
-"Privet, Yao" -dijo Ivan alegremente mientras le entregaba Yao una taza de café y un bollo, sosteniendo otro café para sí mismo: "Espero que te guste lo que te tengo"
-"Estoy seguro que sí. ¿Qué hay en la maleta?" -preguntó Yao.
-"Sólo algunas cosas mías. Ropa" -dijo Iván.
-"Ah, por supuesto" -dijo Yao, sorbiendo su café- "Puedes guardarlas en la habitación si deseas. Me di cuenta que el sofá era un poco corto, sobre todo porque eres muy alto, así que si no te importa... Pensé que podrías preferir dormir conmigo"
A Yao le tomó un momento para darse cuenta sobre lo que acababa de decir.
-"¡Dormir en la misma habitación que yo, quiero decir! ¡En la misma cama! ¡En el sentido más inocente de la palabra! Puedes dormir a mi lado, de una manera no sexual. Mi cama es lo suficientemente grande para los dos y para que podamos dormir sin que sea demasiado íntimo" -explicó.
-"Awww, me diste esperanzas por un momento. Pero está bien, me encantaría dormir contigo de una manera inocente" -dijo Iván, sentado en el sofá al lado de Yao.
Se sentaron en silencio - un silencio cómodo - ya que ambos bebían su café y Yao terminaba su panecillo.
-"¿Estás listo?" -preguntó Ivan.
-"¿Para qué?" -preguntó Yao, sonando confundido.
-"¡Para nuestra cita!" -dijo Ivan.
-"¡Muy bien! ¿A dónde vamos?" -preguntó Yao.
-"¡Es una sorpresa!" -dijo Ivan.
-"Bueno, vamos entonces" -dijo Yao, besando Ivan en la mejilla antes de levantarse del sofá.
Cogió la maleta de Ivan para llevarla a la habitación, sin darse cuenta de la reacción que había suscitado en Ivan. Yao volvió a salir de la habitación, después de haberse quitado la chaqueta mientras estaba allí.
-"¿Estás seguro que necesitas el abrigo y la bufanda? Hoy hace mucho calor" -dijo Yao.
A pesar de que Ivan se había cambiado de ropa, todavía estaba vestido para un clima frío.
-"Ya te dije que soy muy sensible al frío" -dijo Ivan.
-"No, no lo hiciste" -dijo Yao.
-"Oh. Debí habértelo dicho antes" -dijo Ivan.
-"Lo siento" -dijo Yao.
-"No tienes que disculparte, Yao. Todo lo que hicimos antes podemos hacerlo de nuevo. Haré que sea todavía mejor. No tienes que sentir que te estás perdiendo de nada porque no tienes tus recuerdos" -dijo Ivan.
-"Ivan, no tienes que"
-"Yao, quiero hacerte feliz, porque tú me haces feliz. No tengo que hacerlo, pero quiero. Ahora, vayamos a lo nuestro" -dijo Ivan.
Yao siguió a Ivan por la puerta hacia el coche negro estacionado en la calzada.
-"¿Vas a decirme a dónde vamos?" -preguntó Yao.
-"Ya verás cuando lleguemos" -dijo Ivan, poniendo la llave en contacto con la cerradura del auto.
Cuando el coche encendió, el equipo de música también, tocando una canción en ruso. Por lo menos, Yao pensó que era ruso. Yao se inclinó para darle un beso en los labios a Ivan antes de que el más alto empezara a conducir.
-"Eres el mejor novio que podría esperar" -dijo.
Ivan sonrió. Le encantaba hacer a Yao feliz. Le encantaba que Yao estuviera feliz. Amaba Yao, y punto.
-"Tú también" -murmuró Ivan, antes de dar marcha atrás en el camino de entrada.
Traductora al habla: He hecho lo posible por demorarme menos, lo siento. Corregí unos detalles que se me fueron en volada del capítulo 3 pero ya está ante ustedes este xP Prepárense porque en el próximo capítulo se viene... ¡Alfred F. Jones!
