¿Cuánto tiempo había pasado desde que se encontraba encerrado en la habitación con Yuri? Entre caricias y besos, el japonés había perdido la noción del tiempo. No se encontraba en su celo, pero se sentía casi como si así fuera. El calor invadía su cuerpo y le pedía a gritos más contacto con el rubio. Las caricias por sobre la ropa hace bastante habían dejado de ser suficientes para el mayor así que sus manos se encontraba recorriendo la piel desnuda del ruso, quien apenas minutos antes se había despojado de su camiseta, exponiendo su blanca piel, permitiéndole al japonés explorar los más recónditos lugares de esta.

-Yuri…-susurró el mayor mientras besaba el pecho del rubio, bajando lentamente, hasta detenerse en el elástico del pantalón de este.

El menor se encontraba con el rostro cubierto, estaba totalmente rojo, y no podía controlar lo agitada que estaba su respiración, los besos que Yuuri depositaba en su piel parecían quemar aún más que su interior.

El mayor llevó una de sus manos hasta la entrepierna del menor y comenzó a acariciar por sobre la tela, provocando ligeros gemidos por parte del rubio.

-Nggh… Yuuri… -el ruso se descubrió el rostro mientras con sus manos buscaba el rostro de Yuuri, una vez lo encontró le hizo subir hasta su rostro y comenzó a besarlo de manera desesperada, como si la vida se le fuera en ello. El mayor continuaba acariciando su miembro, pero en algún momento mientras sus lenguas se entrelazaban, Yuuri había deslizado su mano hasta la ropa interior del rubio, la cual se encontraba totalmente húmeda.

-Yurio… Estás todo mojado-dijo el pelinegro mientras esbozaba una sonrisa lasciva, aunque él se encontraba en la misma situación que Yuri se sentía con la confianza suficiente para molestar un poco al menor.

-Acaso crees…. ¿Crees que no lo sé, cerdo?- dijo a regañadientes mientras ladeaba el rostro evitando el contacto visual con el mayor. Ante dicha acción Yuuri sonrió complacido, y con cuidado comenzó a deslizar su mano por debajo de la ropa interior del rubio, apenas rozando el miembro del ruso, lo cual provocó que Yuri dejara escapar un sonoro gemido de placer.

-¿Se siente bien Yurio?-al momento que hacia la pregunta el pelinegro aprisionó el miembro del menor con algo de fuerza y comenzó a masturbarlo lentamente, lo cual resultó en una ola de calor para el rubio, quien se aferraba con fuerza a las sabanas de su cama, tratando de controlar sus gemidos a como dé lugar.

-S-se siente… maravilloso… Yuuri, pero… -con toda la fuerza que le quedaba, y mientras Yuuri aún le masturbaba se acercó a este y le abrazó por el cuello susurrándole al oído- pero estoy seguro que se sentirá mucho mejor, cuando estés dentro de mí.

Aquellas palabras detonaron algo en Yuuri, sintió la imperiosa necesidad de tumbar al rubio y quitarle la última prenda que le quedaba, y así lo hizo, observó detenidamente como la entrada del menor se encontraba lista para ser penetrada, y le pareció lo más excitante que había visto en mucho tiempo, si el cuerpo del menor era parecido al suyo, no habría necesidad de mayor preparación, y la verdad él tampoco quería esperar más.

Tomó a Yuri por las caderas y acercó su miembro hasta la entrada palpitante del menor, introduciéndose lentamente para no lastimar al ruso. Mientras entraba en Yuri, el aludido dejó escapar un gemido de alivio, Yuuri por su parte sentía como la entrada del menor lo envolvía a medida de que entraba en él.

Para el japonés era una experiencia totalmente nueva, es más no sabía que se podía sentir tan bien el hacerlo con otro omega, nunca hubiera pensado que era remotamente posible, la verdad, los libros de texto de la escuela se limitaban a enseñar que las parejas debían ser de un omega y un alfa, y en algunos casos, quizás un beta.

-Yuuri… muévete maldita sea-ordenó el rubio mientras Yuuri parecía perdido en sus pensamientos, una vez le puso atención al menor, se dio cuenta que ya se encontraba por completo dentro de él. Una ola de calor le recorrió al sentir la entrada de Yuri contraerse alrededor suyo. Comenzó a moverse lentamente, al ritmo que creyó adecuado.

Se estaba volviendo loco, con cada pequeña embestida que Yuuri le daba se sentía en la gloria, apenas había sentido el miembro del japonés dentro del sintió un alivio increíble. Las esencias de ambos llenaban por completo la habitación y estaba seguro que incluso fuera de esta era posible sentir el olor de ambos. Pero aquello poco le importaba, en ese preciso momento tanto su mente como su cuerpo estaban totalmente entregados a aquella experiencia.

En un movimiento cuidadoso, mientras Yuuri lo penetraba volvió a abrazarlo por el cuello, hasta quedar pegado a él, necesitaba sentir todo lo del japonés en ese momento, su respiración agitada, su sudor cayendo por sus mejillas, el toque de sus pieles desnudas, todo lo de el pelinegro le llamaba. Por un momento deseó que ese momento nunca terminara.

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Algo definitivamente no andaba bien. Si bien su unión era reciente y aquello eran solo rumores, de verdad sentía que algo andaba mal. Se decía que entre alfa y omega que comparten una unión era posible sentir las emociones que sus parejas estaban experimentando aun estuvieran lejos. Y si aquello llegaba a ser remotamente cierto, porque… ¿Por qué demonios sentía tanta excitación? ¿En qué estaba Yuuri?

Viktor no pudo controlarse más, tomó su abrigo y salió de su departamento hacia el departamento del rubio. Con algo de prisa llegaría en unos 15 minutos al lugar y aclararía todas sus dudas.

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-¡Y-Yuuri! – llevaban alrededor de una hora en ello y a pesar que Yuri había alcanzado el climax 3 veces, ambos aun parecían no estar satisfechos, sobre todo Yuuri quien contaba con una resistencia increíble. El rubio por su parte, se encontraba exhausto pero nunca lo admitiría, pues mostrarse derrotado ante el japonés nunca había sido una opción.

Siguieron entre caricias, gemidos y embestidas hasta que la marca de Yuuri comenzó a molestarle enormemente, ardía, y comenzaba a sentir preocupación, enojo, celos. Se separó del rubio y cayó en cuenta de lo que estaba haciendo.

-Oh dios… ¿q-qué… que acabo de hacer?- el pelinegro se cubrió el rostro y se alejó del rubio- Viktor… -llevó su mano hasta la marca en la parte de atrás de su cuello y la acarició suavemente- engañé a Viktor…

-… Viktor… -Yuri murmuró por la bajo, se encontraba enfadado y dolido, después de todo lo que había pasado hace nada, ese idiota solo podía pensar en Viktor- ¡Estoy harto de que solo pienses en ese idiota! –se levantó de la cama con algo de dificultad pues estaba algo dolorido- acaso… acaso no te das cuenta que yo…

Yuri estaba a punto de dejar salir todo lo que llevaba guardado en su interior, pero se distrajo con un fuerte olor que conocía muy bien. Canela. Ese olor era de Viktor. Enseguida se sintieron varios fuerte golpes en la puerta.

-¡Yuuri! ¡Yurio! ¡Necesitamos hablar!