Por petición popular, aquí está el segundo capítulo. No se cómo dar las gracias, estoy más que sorprendida por la acogida que ha tenido mi relato. Esta vez no quiero dejar a nadie en el tintero, por tanto, gracias de nuevo a SnixRegal por tu paciencia (no dejéis de leerla, es una maravilla), a LiZ03009, la primera en comentar, a Franchiulla, brillantes traducciones, a Merlita, Sandy Su, Piluka75, Rebeca (mi Ruby particular) y Andreja (mi informadora de Mónica Naranjo) , que son mis no tan anónimas seguidoras y amigas. A Laura Brooks, que igual me cargo sus exámenes (que no te tiente el lado Oscuro jajaja), a Fanclere, que se lo que te cuesta dejar un comentario y mira... aquí estás, a 15marday, evazqueen y Vnat07, que desde mis intros ya empujabais para que diera el salto y por vuestros cariñosos y alentadores PM. Hablando de intros, a Leylay, que ahora te puedo pinchar para que publiques pronto, porque te echo de menos. A lucyft013, porque me encantan tus historias (sal de mi cabeza jajaja) y me alegra saber que te puedo mostrar un Madrid diferente. Y por último y no menos importante, a la taladradora humana Erpmeis, ya está, ¿lo ves?, me he atrevido, y por favor leer sus fic, no podría decidirme por uno (bueno si, pero eso es cosa mía y no quiero influir jajaja) son todos magníficos. También quiero dar las gracias a esas tímidas que hacen favorita la historia o la siguen pero desde el silencio, intuyo que de algún modo os gusta, así que si, gracias. Espero no haberme dejado a nadie, de ser así, podéis regañarme XD. Espero y deseo que os siga gustando y no dejéis de darme pistas de lo que os gusta, ayuda muchísimo. Besos mil.

Los personajes siguen sin ser míos, pero al historia y cuanto acontece... si!


CAPÍTULO II

- ¿Vamos? – Pregunté con una ansiedad mal disimulada, necesitaba descubrir si ella, era real.

- Vamos

Pero como dos estatuas, nos quedamos agarradas a la reja y sin mover un músculo. Nos miramos de soslayo para no delatar los temores, estaba claro que nuestro ímpetu inicial, había decaído estrepitosamente. No sabría definir lo que sentimos, pero era como si una voz interior nos dijera que no pasáramos. Pero ¿quién escucha ese tipo de advertencias en la incipiente adolescencia?, nadie.

- Esto… ¿has visto la entrada? – Por supuesto que la había visto. Para acceder a la puerta principal, la entrada tenía una escalera de no más de cuatro escalones, flanqueada por unas barandillas del mismo estilo de balaustrada que decoraba casi todos sus balcones, y al igual que el resto, visiblemente descascarilladas. Pero eso no era lo realmente preocupante, coronando la entrada, una pérgola de cristal y hierro obviamente falta de cuidados. El metal oxidado y el vidrio resquebrajado, no daban ninguna seguridad como para traspasar ese umbral, eso y… ella.

- Claro que la he visto Rub, por eso me he quedado aquí, primero quiero planear cómo y por dónde entrar. – Para nada, estaba muerta de miedo, incluso más que Ruby. No me quitaba la visión de esa muchacha oscura de mi cabeza, pero no iba a mostrarlo, ni de broma, eso no iba a pasar.

- ¿Y cuál es tu plan maestro?, ¿fundir el candado con tu mirada azul cielo verde prado, o pedir amablemente a tu fantasma del ático que baje a abrir? – Mi fantasma, si le hubiera dicho lo que había visto, no se haría la graciosa. – Además Em, ¿cómo sabemos que no vive nadie?, igual se molestan… –

- Uhhh – La interrumpí levantando las palmas de las manos como si la policía me pidiera la documentación. – parece que la valiente loba devora hombres tiene miedito!, qué pasa Rub, ¿el valor no va más allá de merendar chicos de 16?

Claramente le di donde más le dolía. Normalmente Rub no era tan cauta, pero era evidente que ese lugar la superaba. No era la primera vez que entrábamos en sitios abandonados, pero en este caso, la duda de si lo estaba o no, se cernía sobre nosotras como una tormenta de verano. Necesitaba pinchar lo suficiente a Ruby para que diera ese primer paso, mis pies parecían de hormigón, y si ella se movía, yo la seguiría.

- Eres imbécil, aquí la única que está cagada de miedo eres tú, no hay más que verte. – Y… ahí estaba, saltando como un muelle, sólo le faltaba dar ese primer paso que nos llevase dentro. – Pero creo que será mejor buscar otro sitio por el que pasar, está claro que ni con mi tipín podré traspasar esta reja.

- Tienes razón, vamos por detrás, parece que hay un muro, seguro que es más sencillo. – No es que fuésemos escaladoras profesionales, pero desde luego, no había muro que se nos resistiera. Y así fue. La parte trasera que rodeaba el palacete, no superaba el metro y medio, y desde luego, esa no era altura suficiente para frenarnos.

Tal y como esperaba, Ruby saltó la primera, no la oí gritar ni nada parecido, así que pensé que mi fantasma, ya no estaba en el jardín. Seguí sus pasos y salte unos segundos después que ella. Una vez dentro, mis ojos buscaban por todas partes la silueta que tanto me había asustado y tanto deseaba volver a ver. Pero allí no había nada, y cuando digo nada, era tal cual. No se percibía sonido alguno, ni pájaros, ni roedores, ni el sonido del viento moviendo las miles de hojas que alfombraban el suelo. La sensación de que el mundo se había detenido, era más palpable que nunca. Los rosales secos, los setos sin recortar, enredaderas que escalaban la fachada como un ejército silencioso tomando posiciones, el empedrado de un sendero que se había tornado en un pequeño campo de minas, en el que era más sencillo tropezar, que avanzar. Solo ese manzano, pulcramente podado, su base concienzudamente barrida y su fruta brillante de aspecto jugoso, daban un respiro a la lúgubre vista de tan descuidado lugar. Yo me quedé mirándolo, escudriñando cada rama, cada hoja, cada incipiente flor que anunciaba un nuevo fruto, y una inscripción grabada en su tronco, "R" y "Z", a saber qué significaba. Mi imaginación empezó a volar y saqué de la mochila mi libreta. Ella me acompaña desde hace un tiempo, mi padre me la regaló en un viaje a África, es de cuero marrón y se cierra rodeándola con un cordón del mismo material. Llevo escribiendo desde que empecé a saber hacerlo, nada especial, ideas inconexas, frases, sentimientos, miedos y alegrías, pero ese árbol me inspiraba frases de amor y desamor, historias pasadas de lo que pudo haber visto.

Entre tanto, Ruby decidió dejarme allí, ni siquiera fui consciente de que no estaba a mi lado. Se puso a rodear la mansión en busca de una entrada, digamos que el manzano no la impresionó tanto como a mí. No sé cuánto tiempo pasó, pero al cabo de un rato regresó.

-Oye Em, no he visto ningún sitio por el que entrar, y mira que he mirado. La puerta está cerrada y las ventanas igual, así que me parece que a parte de tu arbolito y un fantasma que solo tú has visto, aquí no hay nada más. – No sé ni por dónde apareció, estaba tan centrada en lo que se me estaba pasando por la cabeza que ni la oí llegar.

- La leche Rub, casi me da un infarto, podías avisar!. – Lo cierto es que pensaba en mi fantasma, en si ese era su árbol, por qué era lo único que estaba cuidado y quién se ocupaba de él y si ella era una de esas iniciales grabadas a navaja. Me giré para mirarla y entonces me di cuenta de que uno de los ventanales estaba ligeramente abierto. Me recompuse, después de su sonora carcajada, cruce los brazos sujetando mi libreta y sonreí de lado. – Así que no hay por dónde entrar, ¿no?, entonces esa ventana se ha abierto solita, ¿verdad? – Señalé hacia un ventanal que tenía a su espalda.

- Ohm, un momento… esa ventana estaba cerrada, lo juro! – Su cara era un poema, por eso me di cuenta que decía la verdad, mi instinto no falla, es como un súper poder.

- Ya, seguro… lo que pasa es que no quieres entrar y te has hecho la tonta. ¿Sabes qué? Yo voy a entrar, así que si quieres, me sigues. – Ni me lo pensé, me acerqué al ventanal y comencé a empujar con el dedo índice la madera que la rodeaba.

- Y ¿Cuánto crees que tardarás en abrir esa ventana a esa velocidad?

- Oye Ruby, cállate y échame una mano. – La verdad es que no iba a la velocidad del rayo, pero una cortina impedía ver el interior, a lo que se le añade el contraluz, es sencillo, estaba siendo cauta. Pero quizás y solo quizás, no debí haber pedio a Rub que "me echara una mano", porque cuando tenía una pierna subida y la otra a mitad de camino en el alféizar de la ventana, no una, sino dos manos se posaron en mi trasero y … "Zas!" Caí de bruces hacia el interior de la casa. – ¡¿Pero qué leches te pasa!?,¡ joder Ruby, casi me mato! – Podía escucharla reír a mandíbula batiente en el exterior.

Me encontraba en el suelo, con las rodillas hincadas y sacudiendo mis manos para quitar el polvo. En ese momento me percaté de que mi libreta había salido volando en la caída, no había tenido la precaución de guardarla en la mochila que llevaba bien sujeta a la espalda. Intenté fijar la vista, pero mis ojos aún se estaban acomodando al cambio de luz. Apenas veía el interior de la estancia, así que decidí palpar un poco a ver si lograba dar con ella. Fui avanzando con prudencia y cierto reparo, mis dedos tocaban ese seco y áspero suelo de madera hasta dar con algo que parecía piel. Creí que había dado con ella, pero no. No era la forma de una libreta, era más… estrecho, alargado, era… "¿un zapato?" pensé sin querer subir la mirada. Pero qué remedio, no me iba a quedar allí a cuatro patas sin atreverme a levantar la barbilla, así pues, sin ningún tipo de seguridad por mi parte y esperando a que Ruby terminase de reírse de mí y entrase de una vez, alcé la vista y la vi.

Mi primera reacción fue instintiva, retrocedí de espaldas arrastrando el culo por todas partes hasta que frené contra la pared que había bajo la ventana. Una extraña mezcla de terror y curiosidad se apoderó de mí. Mi respiración se aceleró y mi cuerpo se quedó agarrotado.

- ¿Eres real? – Fue la pregunta más inteligente que se me ocurrió. Allí estaba ella, frente a mí. Mis ojos ya se habían aclimatado un poco más a la falta de claridad y pude observarla mejor. Oh si, era hermosa, una belleza triste sin parangón, sus manos entrelazadas de modo tímido denotaban cierta inseguridad, se retiró los cabellos del rostro y pude verla en todo su esplendor. La palabra sublime no describe lo que vi, puede ser suficiente para describir un ocaso, mas no lo era para describirla a ella.

- ¿Acaso no te lo parezco? – Su voz, por primera vez, su voz. Lo cierto es que no sé ni lo que dijo, solo me perdí en su melodía. Aún así, asentí o negué, ni siquiera lo recuerdo. – ¿Tienes al menos nombre? – Pues sí, pero además de boquear como un pez, me costaba articular más palabras, ¿de verdad me estaba hablando a mi?.

- Euh… Mi nom… soy…yo me… me llamo… Emma. – No sé si llegó a oírme porque apenas salía un hilo de voz de mi garganta. – ¿Y tú? .

Vi que se agachaba y cogía algo del suelo. - Y ¿esto es tuyo? – Mierda, la tenía ella. Ahora sí que estaba segura que no había oído mi compleja pregunta. Me incorporé como pude, di un paso y levanté la mano para poder coger la libreta. – Mi nombre es Re….

- ¡¿CON QUIÉN DEMONIOS ESTÁS HABLANDO?! – Una sombra algo más alta que ella se posicionó en su espalda, ese grito furibundo hizo que ella abriera los ojos con pánico y con un gesto de la mano me indicó lo que un susurro en el viento me transmitió.

- Vete! – No hacían falta muchas más indicaciones. Pegué un brinco y prácticamente salté por la ventana. Y allí estaba Ruby, en su mundo, aún con una sonrisa en los labios, hasta que vio mi cara y el abrupto modo del que salí de la casa.

- CORREEEEE!

- ¿Qué?!

- QUE CORRAS RUB! – Salimos como alma que lleva el diablo, saltamos el muro como si fuésemos atletas profesionales, aunque creo que por el camino tiramos algunas piedras que conformaban esa pared. Corrimos y corrimos, no sé ni cuantas calles más allá por fin paramos. Jadeantes, exhaustas por la carrera y un irrefrenable ataque de risa nerviosa.

- Pero ¿qué ha pasado?

- La he visto, y no, no es un fantasma. – Me miró como si hablase en un idioma que no conocía, sin comprender a qué me refería. – A ella, a la chica del ático, y es real y preciosa y tiene la voz dulce y los ojos oscuros como el espacio más profundo y su pelo negro que me recuerda….

- Vaaaale, para, para, respira y deja de decir… y… y… y… por Dios bendito, para. ¿Me estás diciendo que hemos salido pitando, porque has visto que tu fantasma es una persona real, que te pareció el ser más bello de la tierra, que habló contigo tranquilamente y que eso te asustó tanto que te cagaste por las patas y saltaste por la ventana?, ¿estás de coña o qué?. En serio Em, no vuelvo ha hacerte ni puñetero caso en estas "aventuras" tuyas.

- Bueno, no hemos salido corriendo por eso, al menos… no exactamente. – Creo que no lo estaba arreglando, la verdad es que no sabía muy bien cómo decir que vi una bruja con el tono de voz más tétrico y potente que había escuchado jamás. A estas alturas, no creería nada de lo que la digo.

- Te explicas como un libro cerrado, ¿salimos corriendo por eso o no?, mas te vale contarme qué pasó allí dentro.

Y eso hice, le relaté todo lo que sucedió desde el mismo momento en el que la perdí de vista. Mientras lo hacía, me percaté de algunos detalles. El primero, es que creí haber descubierto el significado de al menos una de las letras talladas en el árbol, la "R", claramente podía ser su nombre, lo que me llevó al segundo, ¿su nombre?, al final no me dijo su nombre. Re… ¿qué?, Re…medios, Re…beca, Re…nata, Re…yes, Re… , no lo sabía, pero tenía claro que era algo que debía averiguar. Por último, mi libreta querida se había quedado allí, con todos mis escritos, mis recuerdos y a saber en manos de quién, ¿de ella o de ese ser que apareció de la nada y parecía salido del mismo infierno?.

El relato, los nervios y la excitación del momento nos hicieron llegar rápidamente a casa, más por instinto que por orientación. Miles de ideas se mezclaron en mi imaginación, historias de lo que pudo haber pasado en esa casa, la bruja que tenía secuestrada a una muchacha y yo salvándola de su encierro acabando con su sufrimiento y enseñándola el mundo. Cuentos, leyendas, relatos, todo bombardeaba mi cabeza.

Llegamos al umbral de la puerta, saqué mis llaves y apenas hice el amago de introducirlas en la cerradura, la puerta se abrió. Nos esperaba una calurosa bienvenida, y no, no había confeti ni a nadie se le ocurrió gritar "sorpresa!", no, nada más lejos de la realidad. Mi madre con los brazos en jarras, la abuelita con un rodillo en la mano, dispuesta a ponérselo de montera a Ruby, y Leroy, el guardaespaldas más torpe del universo, nos esperaban con los ceños fruncidos y los rostros colorados a causa de la ira. Nos acusaron repetidas veces de negligencia, de nuestra inconsciencia respecto a los peligros, de haber mentido para escaparnos, de burlar a Leroy para hacer lo que nos daba la gana, y por supuesto llegaron los consabidos castigos. Ir del colegio a casa, siempre con gruñón (Leroy era como el enanito de Blancanieves, siempre enfadado y con cara de malas pulgas) a nuestra vera, no nos desviarnos de las rutas establecidas por seguridad, bla, bla, bla, lo cierto es que llegó un punto en el que dejé de escuchar.

Así que después de unos minutos interminables de reproches y reprimendas, terminamos en nuestros cuartos. Yo sólo podía pensar en dos cosas, en cómo volver a verla y en recuperar mi libreta. No sería misión fácil, al menos de momento. Tendría que elaborar un plan perfecto, cosa harto difícil, ya que la vigilancia sobre nosotras se había aumentado y yo no era una experta en trazar planes, era y soy, la reina de la improvisación.

Poco después la puerta de mi habitación se abrió y entro Ruby con una manzana en la mano.

- ¿Qué llevas ahí?, ¿es una manzana del árbol de mi…? – Bueno, no tenía aún un modo de catalogarlo, así que dejé la frase en el aire al darme cuenta de que no tenía un final para ella.

Ruby me miró con cierta sorpresa, y cuando estaba a punto de darle un buen mordisco, llamaron a la puerta. Era Leroy, parecía que no había dicho la última palabra. Se quedó mirando a Rub y el fruto que llevaba en la mano.

- ¿Esa manzana es del palacete? – Su tono era casi más de miedo que de enfado, por lo que las dos le miramos con curiosidad.

- Pues sí, y tiene un aspecto deliciosos. – Ruby hizo de nuevo el intento de morderla cuando Leroy le dio un manotazo y la mandó al suelo. – Ehhh, ¿pero qué haces, eres idiota o qué? – Estaba realmente ofendida, más le valía tener una buena explicación a tan agresiva reacción, Ruby era como un lobo en lo que respecta a proteger su comida.

Leroy se recompuso y se disculpó por ello. Por lo visto él sabía algo que obviamente nosotras ignorábamos, y decidió que era el momento de contarnos qué pasó en ese lugar y quienes eran sus habitantes.