Ante todo mis disculpas por la demora. ¿Sabéis lo que es un mes complicado?, pues multiplicarlo por dos jajajaja. En fin, espero no haber perdido gente por el camino. Como ya he dicho antes, no deja de sorprenderme todo lo que me decís y la acogida que está teniendo. Gracias, gracias y mil gracias. Espero no dejarme a nadie, no me lo perdonaría, y de ser así, pues perdonarme XD. A mi Rebe/Ruby, gracias por inspirarme tanto con este personaje, eres grande. LIZ039, esta vez se adelantaron. Fanclere, te pusiste al día, OLE! Evazqueen, estoy limando mi escritura, espero no haber metido muchas españoladas. Merita, Su, Sandy y Piluka75, esto va por vosotras. Erpmeis, no me gusta tener deudas y la frase te la debía, y gracias por tus consejos. Andreja, ya está aquí, no te pongas nerviosa. SnixRegal, o me cargaba el capi o lo publicaba, si lees esto, es que lo logré! Gencastrom09, espero que en breve, de miedo de verdad. 15mardy, me alegro que te sirva el diccionario ;) . Hawaiana, bienvenida a mi loco mundo. Diana9915, nunca dudes en comentar, me encanta saber lo que pensáis. Leylay, no deberías espiar mentalmente mis ideas! Laura Brooks, si hago amenas tus pausas, soy feliz. Ruah, me alegra saber que la casualidad, te trajo hasta aquí. Vnat07, te espero en breve por aquí y a Lucyft013, y Franchiulla, también. Y por supuesto, gracias a las sombras que la hacen favorita y la siguen discretamente, no me olvido.

Y ahora os dejo con el capítulo, es un poco más largo, para compensar y eso jajaja. Espero de corazón que os guste como los anteriores.

No se si es obligatorio decir esto, pero los personajes no me pertenecen, pero la historia y cada situación delirante... totalmente mías.


CAPÍTULO IV

Con la mente puesta en un objetivo primordial, los días se sucedieron uno tras otro sin dar con la tecla correcta. Observar, estudiar y memorizar los turnos y cambios de guardia de la secreta, idear distintos planes y desesperarme por no hallarlos, fue la constante durante días. Lo único que lograba, era amanecer con el edredón enrollado a mi cuerpo, sintiéndome el relleno de un burrito. Hasta que una mañana, desperté con una incontrolable sensación de victoria. Lo tenía, era el plan perfecto, no había duda, brillante, original y sin fisuras. Al menos eso me pareció en aquel momento.

Sería puesto en marcha en el menor tiempo posible. Sólo tenía un "pero", y era, que si Ruby no me ayudaba, todo resultaría mucho más complicado de ejecutar. Sí, lo tenía claro, hablaría con mis amigas en el descanso del colegio, trazaría la estrategia e iniciaría la "Operación Palacete". Me acicalé, desayuné y terminé tan rápido, que de no tener la certeza de que no había llamas ni humo, todos podían haber pensado que salía corriendo porque la casa se quemaba. Ruby me miraba constantemente por el rabillo del ojo. Me conoce lo suficiente como para leer cada uno de mis gestos, y ese día, solo podía ver en mi cara uno, ese que dice... "la que tengo organizada en mi cabeza". Esperé a mis amigas en la puerta de clase, y en vez de un cortés "buenos días", la frase que les daba la bienvenida era mucho más... ¿Militar?

- A las 11 horas en la fuente de piedra. – Era un mensaje claro y conciso, no daba pie a réplica alguna. Una a una, todas ellas pasaban y asentían dando por recibido el mensaje. O eso creía yo.

- ¿A las qué, dónde?. – Estupendo, ya teníamos los primeros problemas de comunicación.

- La leche Rub, a las 11 en la fuente de piedra. ¿Qué parte no entendiste, la hora o el lugar? – Ruby es de las personas a las que les puedes pedir lo que sea, pero no se le da bien seguir planes o recibir instrucciones a primera hora del día.

- Vale, vale, tu sabrás... Esto... ¿ Perdona Em, la fuente de piedra del rincón del patio?

- Rubyyyy, ¿Pero cuántas fuentes más hay?

- Lo pillo, lo pillo jajaja, es que ya sabes que a mí por las mañanas, me tienes que hablar despacito, y con cariño.

Salvados los primeros escollos de la "Operación Palacete", el reloj tuvo a bien marcar las 11 en punto. Salimos de las clases y nos fuimos reagrupando junto a la única fuente de piedra que había en el patio del colegio. No era nada complicado encontrarla, según salías, en un rinconcito, a la izquierda. Fácil ¿no?, pues por lo visto no.

- Pero ¿dónde demonios se ha metido Ruby? – Pregunté casi más para mí misma que para los demás.

- Juraría que venía detrás de mí. – Esto no podía ser real. La persona más importante para mi plan... perdida en el colegio más pequeño en el que habíamos estado. – Ahh mira, por ahí viene. – Dijo Su para calmar mi ansiedad.

- ¿ Te has perdido Ruby?. – Le pregunté con cierta sorna.

- Ehhh, que no te has explicado bien, fui a la fuente de los baños.

- ¿En serio Ruby?, tampoco es que esto sea la selva amazónica, no entiendo como...

- Chicas, chicas, venga, parar ya. Vamos Em, ¿qué es eso que tienes que contarnos?. – Esa era Sandy, poniendo calma entre el torbellino de emociones, preguntas, respuestas e ironías que podíamos organizar Rub y yo en un instante.

Por fin terminaron los reproches absurdos y pude ver la cara de Sandy, Su, María y Pi, expectantes por saber qué era eso que requería de su ayuda. Quizás la de Ruby no expresaba el mismo deseo, pero al menos no se había ido. Y por otro lado, parecían ansiosas de formar parte de una de "esas aventuras" que solíamos contarles.

- A ver chicas. Ya sabéis que hace unas semanas, Ruby y yo nos colamos en el Palacio Saldaña...

- ¿Esto va del "fucking" Palacete?. – Rub se disparó como un resorte nada más ser mencionado. – ¡Vamos Em, creí que eso ya estaba superado!, qué puñetera obsesión.

La cosa no pintaba bien. No es que esperase que Rub saltara de alegría, pero tampoco creí que su sola mención provocase tan súbita reacción. Nuestras amigas observaban la escena con intriga e interés. Creo que no habían visto a Rub tan a la defensiva y a mi tan obcecada con algo. Ya que normalmente Rub no se tomaba casi nada en serio y yo cambiaba de un objetivo a otro con total facilidad, dada mi bien conocida ausencia de concentración.

- Ruby, por favor, tú solo escúchame, te necesito en esto, os necesito a todas. Sabes que no puedo olvidar el tema.

Mi mirada suplicante, una mano en su hombro y un par de suspiros, fueron suficientes para hacer caer su muro de aparente indiferencia. Tras esos instantes, un par de bufidos por su parte, un mal disimulado aire de desgana, y ya la tenía de mi lado.

- Vaaale, está bien, suéltalo.

- Gracias Rub, es importante para mí. Vale, veamos, este es el plan. Diremos que es el cumpleaños de... María, y...

- Pero... si no es mi cumple. – Dijo ella sin malicia alguna.

- Ya lo sé María, pero es la excusa para poder hacer una merienda, nos juntamos todas y yo me puedo escapar de los guardaespaladas. Es sencillo, vamos al local ese que hay en la esquina de la calle, ese que tiene un restaurante y tiendas. Ya sabéis, ese que hay allí en...

- Y ¿qué le digo yo a mi madre?, sabe que no es mi cumple.

- Ah! Pues nada, le dices que vas al cumple de Su.

- Pero no es mi cumple. – Dijo Su desde su posición.

- Pues tú le dices que vas al de Sandy.

- Pero no es mi cumple. – Dijo Sandy con media sonrisa en sus labios.

- Pues le dices que vas al de Pi.

- Pero no es mi...

- Que yaaaaaa, ¡qué ya lo se!, mierda, ya sé que no es vuestro cumple, ¡es solo una maldita excusa!

Y lo que parecía un plan perfecto, fue deshaciéndose como un helado en las manos de un niño. Empezaba a tener serias dudas, de que contar con la pandilla fuese una buena idea. Las unas se decían a las otras que no era su cumpleaños, y que por otro lado, sus madres sabían muy bien las fechas de todas. Por supuesto, yo no caí en la cuenta de que ellas se conocían de toda la vida, por lo que era del todo imposible utilizar tal artimaña. De pronto mi bullicioso cerebro se quedó en silencio. Nada, ni una sola idea de cómo sortear mi vigilancia, de cómo llegar al Palacete y volver a verla, de cómo recuperar mi libreta, de cómo superar esta amarga obsesión. Me ausenté mentalmente, una dolorosa sensación de vacío y derrota me recorrió el cuerpo como un escalofrío. Hasta que una voz sonó por encima de las demás aportando una salida a mi repentino aislamiento.

- Digamos que vamos al cine, entramos todas y tú te escapas por la salida trasera. Y si luego necesitas mas tiempo, decimos que vamos al Burger. Entre tanta gente a la salida del cine y luego en el King, no notarán que no estás. Les dices que queremos ir solas y así tienes más libertad de movimientos.

Ni se quién dio la idea, pero era brillante. Como si tras una tormenta de verano que hubiese descargado infinidad de rayos, y viera brillar de nuevo todas las posibilidades en el horizonte. Era ingenioso, infalible y perfecto. Tendría al menos un par de horas, sino más, para poder volver. Había que acometer el plan ya, ese mismo fin de semana.

Y de ese modo pasó la semana más lenta del mundo. Veríamos " Forrest Gump", dos horas y media de película, tiempo suficiente para llegar, entrar y volver. Nada podía fallar. A los padres les dijimos que ya teníamos edad para ir solas. Ruby juró cuidar de mí y evitar que me metiera en problemas (obviamente no la creyeron, pero lo dejaron pasar). Tampoco nos libramos de Leroy, pero ese era el menor de mis problemas.

Llegó el día "D" y la hora "H" de la "Operación Palacete". Se me hacían más largos los minutos que las colas que precedían a las taquillas. Ya faltaba menos, y mis nervios aumentaban a cada golpe del minutero. No lo negaré, sentía cierto miedo, algo sobrepasada quizás por cuanto imaginaba que sucedería allí, en ese extraño lugar que me espantaba y me llamaba con la misma fuerza. Hoy en día, no lo veo del mismo modo, pero en aquella época, un simple agujero en una montaña... Era la gruta de un gigante, un aula de colegio... El Aula Magna de la Universidad, las sombras... Fantasmas, los ruidos... Mensajes del mas allá, una sábana... La capa de protección inexpugnable contra monstruos y asesinos, una autoestopista nocturna... Era siempre y por definición, la chica de la curva, y el amor... El amor lo podía todo (Bueno, es posible que lo del amor, sea factible e igual de poderoso en la madurez). Incluso ahora, permanece la duda de si todo aquello que veíamos era real, y hacernos mayores, solo distorsiona y oculta la clarividencia que antaño poseíamos y sentíamos con nitidez. Sea como fuere, y estuviese o no preparada, esta vez me enfrentaría al miedo, ese que te paraliza frente a la puerta de tus pesadillas, que se entremezcla con arrebatos de valor, para llevarte allá donde el destino crea que debe estar tu sitio. Y por alguna razón, yo debía estar allí, en ese lugar, y volver a ver a "Re". No habría pavor que frenase el ímpetu de una mente curiosa y un corazón libre.

Por fin traspasamos el umbral del cine, encontramos la sala y posteriormente los asientos. Habíamos elegido muy bien, cerca del pasillo y no muy lejos de la salida. Perfecto para no tener que tropezar con nadie en mi sutil retirada. Ya sentadas, simplemente había que esperar el inicio de la proyección. Unos minutos más de espera, luces fuera y...

- Vamos Rub, es el momento. – Esta vez si que iba en serio, segunda fase de la operación, en marcha.

- ¿Dónde se ha quedado Leroy?

- Fuera, así que, vamos.

- ¡Suerte chicas!. – Su, Sandy, Pi y María, se quedaban vigilando el fuerte, bueno, las butacas. De vez en cuando debían cambiarse de asiento por si Leroy asomaba la nariz. No era muy complicado, solo esperaba que la película no fuera tan interesante como para olvidar ese pequeño detalle.

- Gracias, falta nos hará. Espero que volvamos rapidito, yo sí quería ver esta peli. – Dijo Rub con entusiasmo cero.

- Estás a tiempo de quedarte ¿sabes?. – Solo rezaba para que no lo pensara en serio.

- ¿Y perderme tu cara de terror cuando veas a la bruja?, ni lo sueñes. – Dicho esto, pasó por delante de mí, abrió la puerta de emergencia y salió a la calle la primera. Tras ella, todo mi falso coraje y los nervios de quien sabe, que no sabe a qué se enfrentará.

Caminamos sin palabras, se palpaban los nervios en forma de vacío en las entrañas, un vacío tan profundo, que de haberme tragado un mosquito, hubiera muerto desnucado en la caída sobre el fondo de mi estómago. Tenía tan claro el destino, que no surgieron dudas de hacia dónde dirigir mis pasos. Sin apenas darnos cuenta, nos hayamos en el mismo lugar donde la primera vez alcé la mirada, y como en aquel momento, la vi. O al menos vi una sombra en el ático. Solo que esta vez, un nuevo interrogante se cernía sobre mi cabeza, ¿era ella?. Era muy consciente de que podía ser la bruja, o no. Poco importaba, de nuevo frente al Palacete, de nuevo en esa reja cerrada y su gruesa cadena, de nuevo los pies de plomo. Pero no era tiempo para cobardes, era el momento de hacer lo que había venido a hacer, ejecutar mi plan, recuperar mi libreta y sobre todo, averiguar su nombre, perderme en su triste mirada y de ser posible, aportarle algo de luz. Quería averiguar cómo sería su sonrisa, porque ya la intuía embriagadora. Tercera parte del plan, en marcha.

- Bueno, ya estamos aquí. ¿Vas a entrar o sufriremos un deja vu? – Como no, al igual que la primera vez, necesitaba ese empujón de Rub, por eso la necesitaba a mi lado, por eso la necesito siempre a mi lado. Porque sin ella, las aventuras no tienen sentido, sin ella, los días son aburridos y grises, sin ella, sin su amistad y cariño incondicional, no sería ni la mitad de lo que soy hoy. Porque todos necesitamos a esa persona especial que llena el transitar de la vida con la pizca de sal que le da sabor a todo.

- ¿Crees que he liado la que he liado solo para ver el patético jardín? – Una cosa es que la adore y otra muy distinta, que no la replique. – Solo me acordaba del día que lo vimos por primera vez, pero ya está, así que vamos para dentro.

- ¿Vamos?, no hija, no, vas tú solita. O ¿es que te creías que iba a mancharme otra vez entrando en ese mugroso sitio?, ni de broma. Yo te espero aquí, y si ves, fantasmas, brujas, búhos, ovnis, payasos, elefantes o cualquier otro personaje de circo, grita, y ya si eso... Pues ya me acerco, ¿vale? Tú no te preocupes, estaré atenta y ojo avizor a cualquier movimiento. Dale, tira, tira...

- Pero Ruby, no vas a...

- Que no, que yo me quedo aquí.

No hubo más opción, un pequeño empujón de ánimo, una sonrisa de las que dicen "asume y digiere", por parte de Ruby, y ausencia de réplica por mi parte, ya que ni siquiera sabía qué decir.

Y heme ahí, solo me separaba un ridículo muro de piedra. Ya no quería pensar más, lo escalé y en un instante estaba al otro lado del muro. Un vistazo hacía atrás y Ruby saludando con la mano, o más bien haciendo un gesto para que avanzara. Retorné a mi posición inicial, ante mí, el silencio, ese silencio que hace daño en los oídos. El camino desatendido y la final del mismo, el manzano. Tan pulcro y cuidado como siempre. Me paré frente a él, levanté mi mano y recorrí con las yemas de los dedos, esa "R" y esa "Z". Rememoré la macabra historia de Leroy. ¿Sería cierta?, ¿Reposan allí las cenizas de alguien? Le miré de abajo a arriba, recorrí sus ramas y sus frutos, trataba de entender su significado y el valor que puede adquirir un árbol en la historia de una familia. Y de lo que en su momento puede escribir sobre él, ensoñando historias de amor, ahora era distinto, mas lúgubre y triste. Ya no sabía qué amor representaba en realidad.

Un crujido a mi espalda hizo que aterrizara de golpe. Me giré en busca del lugar del que provenía el sonido. Un sonido donde reinaba la ausencia de ruido. No vi nada, o nada quería ser visto. Esa ventana, de nuevo entornada, y la repetición del crujido al moverse levemente una de sus batientes, la hoja se movía como llamándome a su lado. La misma ventana por la que me colé, o más bien me caí la primera vez. Ahora sabía qué había al otro lado, pero no quién me esperaría dentro. Casi de puntillas me aproximé hasta donde estaba situada, y con la misma aprensión, empujé poco a poco el cristal, y poder observar el interior. Puse las dos manos al borde del marco, un pequeño salto y mis pies colgaron al instante. Primero un pie, luego el otro, una vez más, el crujido en medio del silencio, y en un segundo, mi corazón comenzó a galopar, ganas me dieron de chistar a una ventana por querer casi adrede delatar mi posición. Un grácil brinco, ya estaba dentro.

Igual de oscuro, igual de tétrico y de nuevo la nada. Intentaba vislumbrar algo en el interior, cualquier cosa sería buena para orientarme, cualquier rendija de luz, ya que fuera, ya estaba oscureciendo. Apenas avancé un metro, una brisa fría recorrió mi rostro, como una caricia helada, y por mi retaguardia y al oído, un susurro en el silencio.

- ¿Emma?