Lo se, lo se, igual he tardado un poco, pero esto no es nada fácil, ¿sabéis? Jajaja. En serio, espero que merezca la pena la espera, pero antes dar las gracias a quienes dejáis un par de palabrillas, o más, a modo de guía. Así que os lo dedico de corazón a mi Rebe/Ruby, a LIZ039, a Fanclere, a Evazqueen, a Merita, Su, Sandy y Piluka75, a Pelanito (amiga desde los tiempos remotos). A Erpmeis, Andreja, y SnixRegal, que esta semana nos ha unido un magnífico catarro, aunque eso no ha impedido a Andreja hacerme uno de los mejores regalos de mi vida! GRACIAS! A Gencastrom09, a 15mardy, a Hawaiana, a Diana9915, Leylay, Laura Brooks, Ruah, Vnat07, a Lucyft013, y Franchiulla, también. Y por supuesto, gracias a las que la hacen favorita y la siguen discretamente, no me olvido. Bueno gente, os dejo con este nuevo capítulo, estoy de verdad nerviosa y esperando a saber qué os parece, es de esas veces que a una le falta la seguridad (si es que alguna vez la tuve en este terreno) de saber si es lo que se espera que sea. Besos mil a todas.

Y como siempre, los personajes no me pertenecen, pero la historia y sus anécdotas, si.


CAPÍTULO V

Igual de oscuro, igual de tétrico y de nuevo la nada. Intentaba vislumbrar algo en el interior, cualquier cosa sería buena para orientarme, cualquier rendija de luz, ya que fuera, ya estaba oscureciendo. Apenas avancé un metro, una brisa fría recorrió mi rostro, como una caricia helada, y por mi retaguardia y al oído, un susurro en el silencio.

- ¿Emma?

- ¡ Vale ya Ruby! No cuela, deja de hacer el bobo.

- ¿Quién es Ruby?

Ni siquiera me giré, esa no era la voz de Ruby, ella no era Ruby. Mis rodillas empezaron a temblar de manera incontrolada, una mezcla de miedo y emoción provocaban tal debilidad en mis extremidades. Entre la ausencia de luz y su repentina aparición, no sabía muy bien qué podía más, si mi necesidad de volverla a ver, o mis ganas de salir corriendo. En el fondo lo tenía meridianamente claro, solo había una respuesta y era la primera. Así pues, hice acopio del escaso valor que poseía en aquel instante, y lentamente fui girándome para, al menos, atisbar su contorno en la penumbra.

- Esto... ¿hola? Me llamo, me llamo...

- Emma, lo sé. ¿Acaso has olvidado que acabo de llamarte por tu nombre?

Mi desatino a la hora de elegir las palabras y mis movimientos desmañados al intentar posicionarme frente a ella, hicieron brotar, o al menos eso intuí, una dulce sonrisa en sus labios. Cuando por fin pude observarla frente a mí, noté en mi interior un "clic", como cuando la pieza de un reloj se niega a encajar, y sorpresivamente encuentra ese punto concreto, el hueco en el que debía estar, y sólo en ese instante se sincronizará con el resto de piezas, entonces, hallará la armonía y el movimiento que marcará el tiempo del resto de su existencia.

- Perdona, si, es que a veces me despisto un poco. Y... Tu nombre ¿es? – Llevaba demasiado tiempo esperando a completar ese "Re", así que no perdí un segundo en formalismos.

- Si, discúlpame, no tuvimos mucho tiempo para presentaciones, ¿verdad? Mi nombre es, Regina.

Extendió su mano para estrechar la mía, y para no dejar de acumular torpezas, me quedé mirando ese gesto. Su mano en el aire, mis ojos en ellas, la boca entreabierta y la falsa sensación de que el tiempo había hecho una pequeña pausa para que mi cabeza hiciera una instantánea del que sería, sin duda, uno de los momentos más importantes de mi vida. Tras la fotografía mental, recuperé cierto riego cerebral, extendí mi tan esperada mano, y la ceñí a la suya. Oh sí, era real, muy real, suave y firme en su agarre, aterciopelada piel y tacto cálido.

- ¿Regina? Anda, eso es reina en italiano, ¿es que alguien quería que fueras reina? Porque no es un nombre muy común, bonito sí, pero común... pues no jeje. – Mis mejillas se tornaron bermellón al instante, hasta yo me di cuenta de que no decía más que tonterías. – ¡Ups!, Perdón, en ocasiones me acelero, mi amiga Ruby dice que me entra diarrea verbal, ejem... Perdón si te he ofendido en algo.

- No, no lo has hecho, pero puede que tu amiga Ruby, tenga algo de razón. – Y vi como levantaba con ironía una ceja, mientras una pequeña cicatriz que observé en su labio, se elevaba ligeramente, tornado un rictus serio en otra disimulada sonrisa.

En ese momento, tenía la sensación de estar dentro de una burbuja, como en un mundo paralelo al que nadie más había sido invitado. La una frente a la otra, diciendo con la mirada más de lo que cualquier palabra pudiera enredar. Dicen, que necesitas escasos segundos para saber si algo o alguien te atrae de algún modo. Puedo afirmar que si son más de dos, a mí ya me sobraba alguno. Las mariposas monarca habían anidado en mi interior por largo tiempo, esperando el instante preciso para echar a volar, y fue el pequeño brillo repentino en la profundidad oscura de sus ojos, los que marcaron el momento de la migración. Y batieron sus hermosas alas en mi estómago, revoloteando y haciéndome comprender de pronto, qué era eso de lo que hablaban las canciones de amor. Y mi descabalado puzzle encontró parte de las piezas que habían marcado los vacíos de mi alma. Cada pregunta planteada a lo largo de mi infancia y repetidas como letanías en mi incipiente adolescencia, obtenían respuesta en cada uno de sus sutiles gestos, en mis tardos movimientos, y en la sensación de haber hallado reposo en las turbulentas aguas de quien no sabe a qué roca asirse. Descubrirla a ella, fue descubrirme a mí misma. Porque no sentía vergüenza alguna, porque no había culpa al no percibir pecado, porque si ese sentir era amor, no podía ser vetado. Sentí mis pulmones recibir un oxígeno nunca antes inspirado. Ya no necesitaba preguntarme qué me pasaba, la respuesta se alzaba erguida a mi vera. No era rara, ni estaba mal hecha, simplemente me gustaba ella. Yo, flotando en su oscuridad, disfrutando de las pequeñas y luminosas estrellas que provocaba mi sola presencia. Ella, volando en el azul cielo y correteando por las verdes praderas de mi mirada. Absortas y en silencio, ignorantes de lo que en realidad estábamos sintiendo, simplemente dejándonos mecer por el momento, y sin apenas pretenderlo, paramos el tiempo.

Tan lejos viajamos, que casi no nos percatamos del crujir de la madera a unos metros de allí. Hasta pude sentir el "boom" de nuestra burbuja al ser repentinamente desintegrada. Ambas sentimos el mismo sobresalto.

- Ven Emma, acompáñame, y no hagas ruido. – ¿Acompañarla? Al fin del mundo iría, ¿no hacer ruido? Del todo imposible, estaba aterrada.

- ¿Pero qué pasa, qué es ese ruido?

- ¡Shhh! Sígueme, calla!. – Hice un gesto como quien cierra una cremallera en sus labios e intenté pegarme a ella. Pero lo cierto es, que aunque había mejorado un poco mi adaptación a la oscuridad, seguía sin ver a más de dos palmos. Y como no podía ser de otro modo, casi me caigo de bruces al chocar con una silla situada en mi camino. Hábilmente me sujetó y evitó el descalabro, y por ende, el inoportuno ruido que hubiera provocado. - ¿Estás bien? – Asentí tímidamente ante su cercanía. Una vez más me ofreció su mano. – Vamos, por aquí.

Ni lo pensé, esta vez agarré su mano como si me fuera la vida en ello, aunque podía ser el caso. Abrió una puerta situada en un lateral de la habitación, estaba oculta tras una estantería. Ahora entendía cómo pudo entrar sin ser vista, situarse detrás de mí y decir mi nombre. Entramos en una especie de pasillo tremendamente oscuro, tenía la sensación de ser Dante y que me estaba introduciendo en el mismo infierno, pero su mano aportaba esa seguridad que me había abandonado hacía un rato. Me llevé por delante alguna que otra telaraña, raspé mi chaqueta contra las maderas desvencijadas que recorrían toda la pared y en ocasiones hasta creía que había alguien tras de mí.

Recorrimos de la mano ese extraño pasillo, subimos unas estrechas escaleras, si es que se las podía llamar así, eran más bien unos tablones mal alineados. Hubo un instante, unos pocos segundos en el que ni recuerdo poner los pies en el suelo, podía ser la emoción del momento, la idealización del amor y el sentirse flotar, pero no, os juro que me llevaba en volandas, o al menos, así es como lo recuerdo. Fue tan laberíntico, que de pronto caí, no recordaba en absoluto dónde estaba mi salida, ese punto por el que alcanzaba la calle en caso de emergencia, el lugar al que iría Ruby a buscarme si me diera por gritar. Nada, estaba totalmente desorientada. Y el pánico se apoderó de mí, mi cabeza comenzó su mareante ruleta de preguntas, " ¿y si la historia de Leroy tenía algo de sentido? ¿Y si me había hipnotizado y me estaba secuestrando? ¿Y si en el fondo no era lo que yo deseaba que fuese? ¿Y si me hacía sopa o algo así? ¿Y si..."

- ¿Emma?, ¿Emma, estás bien? – No me di ni cuenta, pero habíamos llegado a una especie de habitación. Yo ya no sabía si estábamos arriba, abajo, en la misma planta, o en las entrañas de un dragón, me había despistado tanto entre unas cosas y otras, que apenas escuchaba ni su voz.

- ¿Qué?

- Que si estás bien, pareces... Ida.

- ¿Ida? – Y venida, menudo colapso mental tenía, pero cómo iba a decir eso en alto, quedaría fatal como primera impresión. – No, no, perdona, es que con tanta carrera y sin saber ni de que huyo... Bueno, me despisto un poco. Eso y que no se ni dónde estoy, ni como salir de aquí... En fin, en caso de emergencia, ya sabes, jeje. – Punto para mi, otra vez mi diarrea verbal.

- ¿Qué te hace pensar que vayas a necesitar salir huyendo como si hubiera una emergencia?

Y de nuevo mi ruleta giró frenética, "Bueno, no se, quizás que huimos de un ruido a través de un tétrico pasillo, que la casa parece abandonada y tú vives aquí, que aún estoy esperando una mano por mi espalda que me marque con sus uñas ensangrentadas, un zombi que me agarre un pie en plena carrera, que no se si no hay luz por falta de pago, porque queda más fantasmagórico o porque realmente esto es un pesadilla y me ha secuestrado un no-fantasma, no sé, elige tú." – Noo, por nada, es una costumbre que aprendí en las Girl Scout, siempre que entres en un lugar desconocido, busca las salidas de emergencia, las catástrofes suceden en segundos. Y claro, yo uso todo lo que aprendo, viene muy bien ¿sabes?

- ¿Las Girl Scout?, no hablas mucho de ellas en tu libreta, y la he leído varias veces. Espero que no te moleste, aquí no hay mucha variedad, y ya he leído todos los libros de la biblioteca. Al fin y al cabo, quien lo encuentra, se lo queda, ¿no?.

- Aaaeeuuu... Esto... Pues, la verdad es que yo... – Cómo podía decirle que más bien, NO. Que esa libreta, era como mi memoria. Ya que mentalmente la mía era, y es, imprecisa y selectiva. Al menos al tenerla escrita, parte de mis recuerdos quedarían, no solo en forma de fotografías, sino con mis propios sentimientos reflejados en ella. – La verdad es que...

- Tranquila Emma, solo me metía un poco contigo, me resulta divertido. Puedes volver a respirar con normalidad, nunca te pediría algo así.

- ¿Me estabas tomando el pelo? Buff, menos mal, creía que no tenías sentido del humor.

- No suelo tener público. – Y descubrí su sonrisa, una menos tímida y mejor mostrada, irónica y bella, de las que no necesitan luz porque lo abarcan todo, de las que no precisan instantáneas porque tu mente las guardarán intactas en el tiempo, de las que rara vez te regalan y cuando lo hacen, sabes que ya nada será igual para ti.

- Me gusta tu sonrisa. Ups, ¿lo he dicho en voz alta?

- Me temo que sí, querida. Pero de cualquier modo, gracias. – Y un poco más de luz se posó en su rostro, unido a cierto sonrojo que jamás pensé lograr. No era consciente del paso de tiempo alguno, ¿acaso le importaba a alguien en ese momento? A mi no, desde luego.

- En fin, jeje... Y dime, ya que has leído mi libreta, ¿hay algo que te haya llamado más la atención?

- Lo cierto es que sí. Justo al final, debiste escribirlo aquí mismo, porque hablas de mi árbol. – Mucho me temía por dónde iban los tiros, creo que desperté su pequeño demonio del sarcasmo y descubrió el apasionante deporte de... métase usted con Emma, entra a todas sus bromas. – Te fijaste en las dos iniciales grabadas en su tronco, "R" y "Z", de algún modo te inspiró una antigua historia de amor, pero decidiste darle un nuevo toque, ¿no?

- Bueno, es que yo no sabía muy bien a quienes pertenecían esas iniciales, y claro... Fue lo primero que me vino a la cabeza.

- ¿Romeo y Zulieta? Jajajaja. – Si señor, mi tremenda estupidez hizo que rompiera por fin en una sonora carcajada, magnifica, libre y sin mesura, como si hubiese retenido ese momento toda su vida. Se dejó llevar por la risa más limpia y necesitada que jamás había escuchado y jamás volveré a escuchar. Podrían venir más, pero esa era la primera, la más difícil de lograr, y era mía, era mi pequeña victoria, mi triunfo, mi premio, mi meta y el éxito de mi "Operación Palacete". Sin dudarlo me uní a ella, el momento nos envolvió de nuevo en nuestra particular burbuja.

- Vale, jajaja, no es lo mejor que se me ha ocurrido nunca, pero en ese momento tenía sentido. – Ella reía, y para mí era más que suficiente. – En serio, ahora que ya hay más confianza, dime ¿quién es "Z"? –Su risa se silenció en un segundo, no entendía esa reacción, todo parecía tan relajado. Pero no, una nube de infinita tristeza se cernió de nuevo sobre ella. De algún modo me sentía culpable por robarle tan pronto la risa.

- Mi hermana, Zelena. Pero no tengo ganas de hablar de eso ahora. – Todo se quedó en silencio. Se distanció de mí y se acercó al único ventanuco había en la estancia. – ¿Te están esperando fuera, verdad? Hay alguien muy nervioso mirando hacia dentro. Yo iría a su encuentro.

- Va, es Ruby, me esperará, no hay problema. – Le dije mientras me acercaba a la ventana.

- ¿Y Ruby tiene barba y cara de pocos amigos?

- ¿QUÉ? No puede ser, algo ha salido mal, muy mal. – Entré en pánico, no podía ser, tenía que salir de allí y regresar al cine. – ¿Pero qué hora es? ¿Por dónde se sale?

- Es fácil, solo tienes que...

- ¡REGINA! ¿Dónde demonios te has metido? Y por qué hay gente en mi jardín. – No era la primera vez que oía ese grito, no era la primera vez que veía el miedo en su rostro, no era la primera vez que tenía que salir corriendo. Pero esta vez, no tenía ni idea de en qué dirección hacerlo.

- Tienes que irte, a ella no le gustan las visitas inesperadas. Vete Emma.

- Pero ¿por dónde me voy?

- ¡Vete! ¡Ya! – Abrió la portezuela que daba al mismo infernal pasillo por el que habíamos venido. Pero esta vez, haría el recorrido yo sola. La miré con pena y pánico, ella me devolvió la mirada con igual expresión. – Adiós Emma.

- Volveré Regina, te lo prometo.

- No hagas promesas que no puedes cumplir.

- Pero... – Me dio un pequeño empujón adentrándome en ese vacío que lo envolvía todo. No logré ver más allá de mis narices, no había mano a la que amarrarse, ni puntos de luz en los que fijar mis pasos. Nunca me había sentido tan indefensa y sola.