Hola gente, como veis, esta vez no he tardado tanto. Quiero darlos las gracias de tantas maneras, que ya me quedo hasta sin ideas. Me parece increíble pasar de los 80 rw, esto es una maravillosa locura y sería del todo imposible sin vosotras. Me ayudan tanto vuestros comentarios, que no podéis ni imaginarlo. Así que va por todas vosotras, dedicado a mi Rebe/Ruby, a LIZ039, a Fanclere, a Evazqueen, a Merita, Su, Sandy y Piluka75, a Pelanito, a Erpmeis, a Andreja (nos vemos en breve) a SnixRegal, a Gencastrom09, a 15mardy, a Hawaiana, a Diana9915, a Leylay (que espero te dejes ver antes de regresar al otro lado del mundo) a Laura Brooks, a Ruah, a Vnat07 (gracias por tus largos comentarios) , a Lucyft013, a Franchiulla, y a las nuevas incorporaciones, a UnicornStickers (espero haberlo escrito bien jaja), a AleaRachel (gracias por ponerte al día) . Y por supuesto, gracias a las que la hacen favorita y la siguen, no os olvido porque cada vez sois más. No me enrollo más que me lío más que Emma. Besos mil a todas.
Y para que conste, los personajes no me pertenecen, pero la locura de historia, sí.
CAPÍTULO VI
Aunque me había medio acostumbrado a la oscuridad exterior, sentía esa misma penumbra en mi interior. Puede que lo que escuché tras esas paredes, no ayudara a retener por mucho tiempo la sensación de felicidad que atesoré durante unos instantes, con ella, en su presencia. La voz de aquella mujer mayor, se colaba por cada rendija de la casa. No era difícil suponer el miedo que provocaba en Regina, dado que a mí, me estaba asustando sobremanera el modo en que se dirigía a ella. Y aunque una parte de mí, quisiera haber saltado a su cuello, no era el momento ni el lugar para hacerlo. Mi desarrollado instinto protector, tuvo que ser calmado por el bien de todos, porque sólo hubiera provocado más problemas. Era momento de callar, escuchar y huir en cuanto me fuera posible.
- ¿Con quién estabas hablando? ¿O es que te has vuelto tan loca que hablas sola?
- Con nadie madre, no hablaba con nadie. Nunca hablo con nadie. Aunque si quisiera poder...
- ¿Qué quisieras? A mí también me gustarían muchas cosas que ya no tendré. Quisiera ver a tu hermana crecer, y a tu padre a mi lado, pero no, ¿verdad? Ya no les tendré.
- ¡Madre, no fue culpa mía!
- ¿No?, ohh sí, sí que lo fue. Ellos te daban todos los caprichos, no sabían negarte nada. Pero yo no tengo ese problema.
- Yo no les pedí nada, madre. Zelena lo hizo porque quiso, ella... ella quería ver a...
- ¿De qué hablas niña? Ella fue a por tu dichoso zumo de manzana y por tú culpa la atropelló aquel coche. No inventes tonterías.
- No madre, eso no fue lo que pasó, pero nunca me escuchas. Yo ni siquiera le pedí una manzana del árbol, mucho menos que saliera a la calle a por zumo, yo no quería que saliera, pero ella... ella quería salir y...
- ¿Salir? ¿Para qué? Ya ves lo que le esperó a tu hermana al otro lado de los muros. No quiero escuchar más estupideces. Ahora me dirás que tu padre se largó por mi culpa, pero no, fue culpa tuya, rompiste esta familia con tus caprichos y no hay nada más que decir. Te guste o no, no saldrás de esta casa, fuera no hay nada para ti. Ahora no lo comprendes, pero todo lo que hago, lo hago por tu bien. Y si algún día sales, será de la mano del que sea tu marido, alguien que cumpla mis expectativas. Mientras yo viva, así será.
- ¡MADRE! – Un portazo seco y tras él, el silencio, solo roto por un sollozo quebrado y unas lágrimas incapaces de parar.
Ahora estaba aún más perdida, no entendía la historia. No sabía por qué su madre le echaba la culpa de todo. Entonces, ¿su padre no estaba muerto? ¿Dónde estaba? Y Zelena ¿no se cayó del árbol, fue un coche?. Y como no me había movido ni un centímetro de dónde estaba encajada entre pared y pared, salí despacio de ese rincón al que Regina me había empujado. Ni siquiera pensé en las personas que me esperaban fuera, ni en las consecuencias que podía acarrearme, solo un objetivo en mi cabeza, calmar el desasosiego que invadía a mi morena, y comprender contado por ella, qué pasó de verdad en ese lugar.
- Regina, ¿estás bien? – Lo susurré con miedo a molestar, las preguntas evidentes eran una de mis torpes especialidades. Claro que no estaba bien, pero no sabía qué decir, qué hacer.
- Emma, ¿aún estás aquí? Te dije que te marcharas.
- No he podido evitar escuchar lo que te ha dicho tu madre. Y me parece cruel. Yo sí te escucho, puedes contarme la verdad, y si no quieres, no se lo diré a nadie. Solo quiero que sepas, que no estás sola, me tienes a mí.
- Emma, si mi madre te encuentra aquí, no sé lo que te haría.
- Bueno, no creo que me mate y me entierre en el jardín, ¿no?... ¿no?, No ¿verdad? – Al menos frené el llanto. Supongo que el hecho de saber que no estaba sola del todo, calmó su tristeza. Eso, y mi cara mitad coraje, mitad turbación.
- No lo sé, pero seguro que te buscaba un buen lío. Pero, ¿por qué no te has ido?
- No pude. No sabía si necesitarías ayuda, o si mi presencia podía traerte consecuencias. Eso... y bueno, que tampoco veía un pimiento, ¿has visto lo oscuro que es ese pasillo?. – No solo calmé sus lágrimas, además, una nueva sonrisa, tímida y más trabajada, se posó en sus labios hinchados por el llanto.
- Eres muy rara Emma Swan, pero me alegra que te quedaras.
- ¿También sabes mi apellido?
- Lo pone en tu libreta.
- Ups, es verdad. Por un momento pensé que eras adivina jajaja, Shhh! Perdón, perdón, nada de risas que nos pillan otra vez. – Tuvo que ponerse las manos tapando la boca, a punto estuvo de volver a romper en una carcajada. Pero por fortuna, las dos fuimos capaces de contenernos. – ¿Puedo preguntarte algo? Es que no sé...
- Puedes, otra cosa es que te conteste. – Definitivamente, desperté en ella su parte más irónica y casi cruel.
- Ehh... Lo tomaré como un sí. – Un pequeño silencio sobrevoló el lugar, ella esperaba mi pregunta y yo el modo de plantearla. La miré a los ojos y decidí no dar más rodeos. Era importante para mi saber la verdad, y para ella que alguien la escuchase. – Regina, ¿Qué pasó de verdad? ¿Qué fue de tu padre y qué pasó con Zelena? Sé que no te resulta fácil hablar de ello, pero quiero escucharte y me parece importante para ti que alguien oiga por fin lo que tengas que decir. No sé si soy la persona indicada, pero soy la única persona que está aquí, así que yo aprovecharía para poder soltar todo lo que te atormenta, y que sepas, que yo no te voy a juzgar, la vida es rara y ...
- ¿Otra vez tu diarrea verbal?, Frena, frena, ya he entendido lo que me quieres decir.
- Ya, lo siento, me acelero y no quiero que te sientas mal, solo quiero ayudar.
- Lo sé, simplemente no es fácil. Llevo pagando por algo de lo que no soy culpable, toda mi vida. Mi madre tenía muchas expectativas con las dos hermanas. Y mi padre... Bueno, él no es lo que todos creímos que era. Luego las leyendas y las habladurías que rodean esta casa, no han ayudado nada.
- Entonces, ¿qué pasó? A mí me contaron una versión espeluznante de la historia. Claro, que yo no me la creí, no soy tan tonta.
- ¿Espeluznante?
- Si, ya sabes, que tú eras un fantasma sin corazón, que tu madre es una bruja, que tu padre murió, que tu hermana se mató en el árbol... ya sabes, espeluznante.
- Y aún así, ¿has venido?
- Si, soy así de valiente... Osada...Audaz... Intrépida...
-¿Curiosa?
- También jajajaj. Espera, un momento, me estás liando con preguntas y no me das respuestas.
- ¿Acaso eres la única que puede preguntar?
- No, pero por lo visto, soy la única que responde. Así que... – Dejé el pié de la frase en el aire, aguardé unos segundos a que sus respuestas empezaran a brotar. No soy de las personas que empujen a los demás a contar su vida. Normalmente espero, espero a que ellos mismos encuentren el momento para decir lo que se necesite ser dicho. Pero en este caso, tenía la dolorosa sensación, de que la vida no nos brindaría muchas más oportunidades, por tanto, le insté con mis manos y mi mejor cara suplicante a que se animase a continuar.
- No es sencillo Emma. Todo sucedió hace unos años. Mientras tú vivías todas esas aventuras que cuentas en tu libreta, por las que de hecho, debo darte las gracias.
- ¿Gracias? No veo por qué. – Me sorprendió aquella pequeña confesión. Mi libreta hablaba de mis idas y venidas, de los lugares y las personas que encontré en el camino, de mi amiga Ruby, de mis padres, y de cuanto me rodeaba. Pero también hablaba de la sensación de desarraigo, de lo perdida que me sentía a veces al no saber ni quién era, de la necesidad de encontrar ese lugar en el mundo al que llamar hogar y ese ser humano al que llamar mi alma gemela, de es "alguien" que me hiciera sentir única y especial. De mis miedos y mis pesares. No todo en esa libreta reflejaba felicidad, era en sí misma, el lugar donde depositaba mis cargas para poder continuar cada día con una sonrisa renovada.
- Es sencillo. Gracias a ti he salido de aquí. He viajado por todo el mundo y vivido esas locuras a tu lado. He visto lo que tú has visto y soñado con lo que tú soñabas. Me has llevado tan lejos de aquí, que olvidaba dónde estaba en realidad. Además, he visto que tener miedo al futuro es humano, que no me convierte en alguien débil. Que lo que yo siento muchas veces, lo siente incluso alguien como tú.
- ¿Alguien como yo? No soy nadie especial, soy muy normal, puede que mi vida sea algo más agitada que la de mucha gente, pero los temores son los mismos. Tú no estás rota Regina, solo aislada, por eso no ves que todo el que teme algo. Mira yo, me dan terror los roedores, hasta un ratoncito insignificante. En cambio, me enfrentaría a un dragón por alguien que me importe. Solo sé, que tener miedo no es malo. Mi padre dice, que los valientes no son los que dicen no tener miedo, son los que lo asumen y se enfrentan a él. Y que lo importante, es elegir bien las batallas, y una vez lo haces, dejarte la vida en ellas. Así que sí, volvería y volveré aquí las veces que haga falta, porque no tengo miedo si con ello logro hacerte sonreír.
- Yo... No sé qué decir. No pensé que nadie diría nada parecido por mí. Gracias Emma, gracias.
- No hay de qué. Seguro que tu harías lo mismo por mí. Y ahora, cuéntame tu verdad. – Un nuevo silencio, pero este no fue tan incomodo. Simplemente, ella necesitaba unos segundos para recomponer la historia en su cabeza, un modo de trasmitir algo que le resultaba doloroso. Tomo aire y comenzó su relato.
- Como te dije antes, esto sucedió hace unos años, lo cierto es que ya ni recuerdo bien cuantos, aquí el tiempo dejó de ser importante hace mucho. Mi hermana y yo éramos inseparables, juntas a todas partes. Un amigo de mis padres, nos comentó que en España había muchas oportunidades para prosperar más rápido que en Inglaterra, y decidieron venir aquí influidos por las historias de riqueza que ese maldito hombre nos prometió. Fue él quien nos consiguió este palacete y el que proporcionó los primeros contactos a mi padre. Nos trajimos todas nuestras posesiones, incluido el manzano. Poco después, hicimos las marcas a cuchillo en su tronco, ya sabes, las iniciales. Al principio todo iba muy bien. Zelena y yo íbamos a un colegio británico para no perder nuestras raíces, conocíamos gente, aunque no nos era sencillo hacer amigos. A pesar de eso, Zelena se encaprichó de un muchacho del colegio, un tal Robin, también inglés. Así que se inventaba cualquier pretexto para salir de la casa y verle aunque fueran unos minutos. A mí me daba cierto reparo, por si mi madre la pillaba, ya que seguro sería castigada hasta el día del juicio, pero Zelena me hizo prometer que la guardaría el secreto. Se inventaba todo tipo de artimañas, y siempre me usaba como excusa para hacerlo. Entre tanto, el amigo de mis padres, más bien de mi madre, venía mucho a visitarnos. Mi padre no estaba nunca, siempre liado con miles de reuniones y viajes, pero ese hombre oscuro, siempre estaba aquí. Un día como tantos otros, mi madre estaba en el saloncito con ese señor, y mi hermana aprovechó para salir diciendo que se acercaba a la tienda porque yo me había empeñado en tomar zumo de manzana, cosa que evidentemente, no era cierta. Yo ni siquiera sabía que había salido. Y mi madre, estaba "demasiado entretenida" para escucharla. Estaba asomada a la ventana del ático cuando lo vi todo. –Volvió a parar, unos segundos más que se me hicieron interminables, pero no quería o no podía decir nada. Interrumpir con mis estúpidas preguntas, no ayudaría a la historia y si dejé a Leroy contar la suya sin sentido, Regina no merecía menos, todo caso, más. - Robin estaba en la acera de enfrente, Zelena salió corriendo a su encuentro. Vi a lo lejos como se acercaba un coche, no iba demasiado rápido, pero ni él vio a Zelena salir de la nada, ni ella lo vio acercase a tiempo para frenar. Un golpe seco y todo mi mundo se derrumbó. – Unas lágrimas comenzaron a hacer acto de presencia en sus ojos. No sabía si pedirla que parase, ya era suficiente, ¿no? Pero ella continuó. – Bajé corriendo, gritando y llorando. Cuando mi madre se percató de que algo estaba sucediendo y salió por fin a la calle, Robin se había evaporado, y allí estaba yo, sola, con mi hermana agonizando en mis brazos. Mi madre me la arrancó de cuajo, me miró con odio furibundo y me espetó con toda la rabia acumulada en su alma que todo era culpa mía. Su "amigo" me miró de igual modo, casi como si él también hubiera perdido a alguien importante. Se giró hacia el conductor e intentó agredirle con un bastón que lleva siempre consigo. Le contuvieron, se dio media vuelta y se acerco a mi madre rodeándola con sus brazos. En ese momento, me sentí tan aislada del mundo, tan rota, que sentí mi interior apagarse, como si mi propia madre me estuviera arrancando el corazón.
- Es... Es... Es terrible Regina, pero fue un accidente y no tuviste nada que ver. No es culpa tuya, nada de esto es culpa tuya. ¿No les dijiste que fue Zelena la que decidió salir, y que tú no le habías pedido nada?
- Entonces hubiera traicionado a mi hermana, hubiera delatado a Robin.
- No le conozco y ya odio profundamente a ese cobarde de Robin. Te dejó tirada y sola. Recuérdame que si un día le veo, le dé un puñetazo.
- No creo que se dé el caso. Volvió a Inglaterra poco después.
- Pero, ¿y tu padre? ¿Qué pasó, por qué se fue él? ¿Qué tienes tú que ver con eso?
- Cuando él regresó, mi madre le contó la historia que has oído de sus labios, no la mía. Entonces la conversación, tomó unos derroteros que yo no esperaba en absoluto. Mi padre le preguntó por esas visitas constantes y...
Entonces la puerta se abrió de golpe, era ella, Cora. El rostro de Regina se quedó pálido, rígido y su única expresión era la de pánico. Yo, casi paralizada por el miedo pero empujada por un valor que salió de no sé dónde, me posicioné delante de ella. Cora dio largas zancadas hacia nosotras y estiró el brazo para agarrarme.
- ¡ NO MADRE, DEJALA! – Regina intentó que no se acercara a mí, pero fracasó y Cora me sujetaba con fuerza el antebrazo.
- ¡TÚ! ¿QUIÉN TE HAS CREIDO QUE ERES PARA COLARTE EN MI CASA? – De pronto comprendí el odio del que hablaba Regina reflejado en una mirada.
- ¡ SUÉLTALA VIEJA LOCA! – Esa voz era la de Ruby, no sé cómo llegó hasta allí, supongo que siguiendo a Cora.
- ¡HAZLA CASO AHORA MISMO Y SUELTA A LA CHICA! – Nunca pensé que diría esto, pero me alegró muchísimo escuchar la desagradable voz de Leroy, parecía que por fin, se iba a ganar el sueldo.
- ¡Suéltame ahora mismo, bruja! – Y yo lo rematé insultándola.
- ¡FUERA AHORA MISMO TODOS DE MI CASA ANTES DE QUE LLAME A LA POLICÍA!. Y tú rubita, no vuelvas nunca más aquí, o la próxima vez pagarás las consecuencias.
- No me das miedo, y como hagas daño a Regina juro que... te juro que...
- Qué juras niñata insignificante, ¡QUÉ!. Largaos ahora mismo. Y tú – esta vez se dirigió a Regina- vas a pagar cara tu osadía.
Leroy me agarró por detrás tirando de mí, yo solo miraba a Regina y estiraba mis brazos para poder llegar a ella, pero Leroy decidió no pasar un segundo más en ese sitio y bajamos los tres, él, Ruby y yo a toda velocidad los tramos de escalera que yo no conocía.
- ¡REGINA! ¡REGINA! ¡TE JURO QUE VOLVERÉ, TE LO JURO, VOLVERÉ! – Las lágrimas casi no me dejaban ver, solo quería despedirme hasta que pudiera retornar. Pero no pude, no la vi salir de esa habitación, no pude decir todas las locuras que en ese momento se me ocurrieron. Ya no me importaba saber que ella tenía mi libreta, ya volvería a por ella, a por las dos. Apenas veía nada, nada excepto una vieja fotografía que observé de refilón. Cora estaba con alguien, y en ese momento no caí en quién era, solo sabía, que yo a ese hombre le conocía, pero ¿de qué, quién era que tan familiar me resultaba?
