Ya estamos aquí! Bueno, no me regañéis, hago todo lo que puedo por publicar en el menor tiempo posible, pero... la vida a veces decide poner zancadillas, sólo por molestar jajajaj. Pero dejémonos de excusas. Sé que suena repetitivo, pero gracias por todo lo que me decís, es maravilloso y lleno de cariño. Quiero mencionar a todas las que comentáis, incluso a las que se me despistan jajajaja A Rebe/Ruby, a LIZ039, a Fanclere, a Evazqueen, a Merita, Su, Sandy y Piluka75, a Pelanito, a Erpmeis, a Andreja, a SnixRegal, a Gencastrom09, a 15mardy, a Hawaiana, a Diana9915, a Leylay, a Laura Brooks, a Ruah, a Vnat07 , a Lucyft013, a Franchiulla, a UnicornStickers, a AleaRachel ;* . Y por supuesto, gracias a las que la hacen favorita y la siguen, no os olvido, las sombras también sois importantísimas, aunque me encantaría saber qué os parece todo esto. Desde este lado del mundo... gracias y besos mil a todas.
Y para que conste, los personajes no me pertenecen, pero la locura de historia, sí.
CAPÍTULO VII
No recuerdo muy bien el trayecto a casa, recuerdo las recriminaciones de Leroy, la cara de desconcierto de Ruby y poco más. Ni siquiera recordaba haber dejado a mis amigas en el cine, ni me preguntaba en ese momento, por qué se presentó Leroy en el palacete. No me importaba, nada me importaba. Solo pensaba en qué estaría pasando con Regina, o en qué más podía hacerle su madre que no le hubiera hecho ya. Cuando llegamos al garaje de casa, Leroy se giró hacía mí. Me miró con una seriedad que no recordaba y me apuntó con el dedo.
- Emma, es la última vez que me haces algo así. Si se enteran tus padres, no sólo perderé mi trabajo, a ti te castigarán hasta que cumplas 40 años y te aumentarán de tal modo la vigilancia que no podrás ni respirar. Nunca, jamás vuelvas a hacer esto. ¿Eres consciente de todo lo que te podía haber sucedido? ¿Y si esa loca llega a llamar a la policía? ¿Lo habías pensado? Nooo, tú qué vas a pensar, sólo piensas en ti misma y en tus tonterías. ¡El lío en el que podías haber metido a tus padres!
- Yo... lo siento Leroy, no lo pensé. Lo siento mucho.
- Y por qué no te creo. No piensas Emma, funcionas por impulsos y no piensas en las consecuencias. Y encima siempre enredas a alguien para que te siga. No tienes consideración, eres una pequeña egoísta malcriada. Júrame que no se lo dirás a nadie, y tú Ruby también, será nuestro secreto. Si alguien se entera estamos acabados. Esa maldita loca podía haberte hecho daño. No sé qué te atrae tanto de ese sitio, pero no vas a volver allí jamás.
- Eso no te lo prometo, no puedo. No sé lo que tardaré o cuándo volveré, pero lo haré. Con o sin vuestra ayuda. Siento todo el lío, pero Regina está sola con esa neurasténica y necesito saber que no la ha hecho nada. No diré nada de lo que ha sucedido, pero no te voy a prometer lo que no voy a cumplir. Así que lo más fácil, es que otro día me acompañes o me ayudes a comprobar que todo está bien.
- ¿Es que no has entendido nada?, No puedes volver, en el momento que Cora te vea de nuevo, llamará a la policía y todo se irá al garete. No puedes volver te guste o no.
- Y ni tú ni nadie me lo va a impedir, te guste o no. – Nos miramos desafiantes, ni parpadeamos para no perder esa lucha de poder. Hasta que fuimos interrumpidos.
- Vale, vale... Ha quedado claro, sois un par de cabezotas. Alguna solución habrá ¿no?. – Impresionante, Ruby poniendo paz. Debía ser el día al revés. Pero tenía razón, esa circunstancia no nos llevaba a ningún lado. Algo se podría hacer.
- Tienes razón, alguna solución habrá y yo la encontraré. – Lo dije seria, firme y sin ningún tipo de duda.
- Por cierto, ¿qué te ha pasado en la chaqueta? La tienes rasgada en el hombro, te has pegado con un gato o qué. – No me acordaba de nuestra subida por el pasillo del infierno. – Mas vale que te la quites o tu madre lo verá nada más entrar por la puerta. O lo que es peor, mi abuelita, tiene un olfato muy desarrollado para los desastres jajajaja. – Gracias a los dioses, mi Ruby mantenía el sentido del humor lo suficientemente fuerte como para hacer que recuperase parte del mío.
- Uff, no me acordaba, es verdad. Ya te contaré todo con calma. Ahora subamos.
- Si subamos, y no mencionéis ni una palabra, la película ha sido genial y todo eso. O mejor, decir que os habéis dormido, porque como pregunten la trama, tendremos un problema. – Y sin que siente precedentes, Leroy volvía a tener razón.
Así que subimos, y nos recibieron como siempre, con cariño, sin demasiadas preguntas. Yo alegué un tremendo cansancio y fui directa a mi habitación. Tenía tantas cosas, tantas imágenes en al cabeza, que estaba a punto de estallar. Necesitaba un momento para mí, recordar cada segundo a su lado, derramar las lágrimas necesarias para soltar la infinita frustración que me invadía. A lo largo de nuestras vidas, acumulamos cientos de batallas perdidas. El día que no quiero ir al colegio, o no quiero comer las verduras, el canal de televisión que prefiero y la consiguiente discusión por el mando a distancia, esa fiesta a la que deseas ir, pero tu mal comportamiento malogró, esa bicicleta soñada en tu cumpleaños que luego resulta ser un práctico juego química, y tantos y tantos fiascos que tornan tu ilusionante sonrisa, en un ceño dolorosamente fruncido. Ninguna de esas derrotas podía siquiera ser comparada a la sensación de impotencia que recorría todo mi ser. Jamás pensé que dolería de este modo, que el deseo y la necesidad de "salvar" a alguien, pudiera llevarse consigo parte de mi alegría. Mi despreocupación intrínseca por el devenir de la vida, nunca me restó un ápice de sueño, de ningún modo el futuro incierto y borroso, causaría efecto en mi presente iluminado por el sol de las infinitas posibilidades. No era una filosofía adquirida, era una forma de ser. Pero lo vivido ese día en el Palacete, transformó los prismas con los que veía el mundo.
No era especialmente tarde, así que intentar conciliar el sueño, iba a ser un acto harto improbable. Supongo que la batería de imágenes, unidas a la inquietud que había tomado posesión de mi serenidad, harían de esa noche, una de las más largas. Ya había pasado por esto, y siempre unido a la que entonces conocía por "Re". Pero ahora, tenía su nombre, Regina. Tenía su sonrisa, la más cara de lograr, dulce y bella. Tenía su mirada, intensa, oscura con pinceladas de luz y penetrante hasta el último rincón del alma. Y tenía su voz, sutilmente grave, hipnotizante y cautivadora. Tan pronto pasaba de una sonrisa al recordar cada pequeño milagro de felicidad que conseguí darle, como sentía agujas en el estómago que lograban crear un mal estar incontrolable.
Debí hacer ruido sin querer al girar y girar en la cama, porque sorpresivamente, la puerta de mi habitación, se abrió.
- Emma, ¿estás bien cariño? – Mi madre asomó la nariz con mucha cautela. –No he podido evitar escuchar el baile que te traes en la cama, ¿te inquieta algo? ¿Has discutido con tus amigas? – "Pues no, aún no había llegado ese momento, y mis amigas no causarían tal desazón"- Pensé sin gesto alguno.
- No mamá, es que no me encuentro bien.
- Deja que vea. – Posó su mano en mi frente. Con el carné de madre, deben incorporarles, termómetro en las manos o los labios, un mapa completo de los rincones de la casa donde se esconden las cosas que no encontramos, un detector de mentiras, un set completo de zapatillas voladoras que al ser lanzadas, tienen la capacidad de doblar esquinas, y un manual de frases lapidarias, del tipo... "Eso está en su sitio", "eso no se hace", " mientras estés bajo mi techo, seguirás mis normal", "ya harás lo que quieras cuando seas mayor", "ahora no lo entiendes, pero ya lo entenderás" y un largo etcétera que seguro que todos guardamos en la memoria. – No parece que tengas fiebre, puede que te haya sentado mal algo de la cena. – "Si, ya, como si hubiera cenado algo". - ¿Quieres que llame al médico?
- No mamá, es solo, que no me encuentro bien, nada más. No hace falta que salten las alarmas de emergencia.
- ¿Ha pasado algo especial? Te noto... no sé, distinta. No hace falta que te lo diga, pero ya sabes que me tienes para lo que necesites, sea lo que sea, lo arreglaremos. – Bueno, era un principio, al menos ahora sabía, que si me pillaban y todo se torcía aún mas de lo que estaba, tendría este "As" en la manga.
- Te lo agradezco mamá, pero no es nada. – Así pues, y con un tierno beso en la frente, (para mí que comprobaba una vez más que no tenía fiebre) salió de mi habitación.
Apenas habían pasado unos minutos, un pestañeo, sólo un momento, (o al menos así lo recuerdo) intuí frete a mí una presencia. Algo en esa sensación suscitó temor, temor a abrir los ojos, a descubrir quién estaba allí. Sentía que mi respiración era más pesada, llenar los pulmones era complicado, e hice lo que todos hacemos en estos casos, poner entre esa presencia y yo, esa capa de protección inexpugnable en la que se convierten nuestras sabanas infantiles. Pero mi curiosidad natural, podía más que el miedo. Bajo el lienzo en blanco que componían mis sábanas de algodón, se escondía una niña aterrorizada, sintiendo sin ver, que algo o alguien compartía mi espacio sin permiso alguno. Mis temblorosos dedos agarraron el embozo de mi escudo protector, apreté tanto, que noté el consiguiente entumecimiento. Despacio, muy despacio comencé a bajar la invisible barrera de protección. Sentía el frío en la frente, las cejas y los párpados aún cerrados. Cuando la deslicé a la altura de la nariz, empecé a abrir los ojos con mucha cautela. Posiblemente mi gesto se parecía más a ese momento en el que esperas que algo explote. Supongo que mi madre bajó las persianas hasta sus topes, porque no recordaba que hace un momento estuviese todo tan oscuro. Al fondo, casi como una sombra, había alguien. Su contorno, no me era familiar en absoluto, y tampoco creo que nadie conocido, sé colorar a hurtadillas para quedarse quieto sin mover un músculo. Abrí un poco más los ojos, intentar acomodarme a la oscuridad, empezaba a convertirse en una costumbre. Pestañee un par de veces, fuera lo que fuese, se alzaba como una figura impertérrita ante mi más que evidente pavor.
La razón dictamina, que en esos momentos grites, que grites tan alto como sea posible. Que des la luz y pidas ayuda de inmediato. Pero ese día, yo no atendía a razones. Simplemente miraba a esa sombra inmóvil. Recuperé algo de valor, que no de sentido común, y dejé al descubierto todo el rostro. Nada, no lograba ver bien quién o qué era. No se movía, no hablaba, no daba señales de vida alguna. Y en otro alarde de insensatez, me incorporé un poco, lo justo para recuperar cierta verticalidad. Pero por lo visto, mis pequeños avances no invitaban a esa silueta a imitar mis gestos. El miedo comenzó a tornarse en curiosidad, así que sólo vi una salida a tan absurda situación, y no, no era dar la luz.
- Ruby, ¿eres tú? – O lo dije muy bajito, o no era ella, porque el silencio fue toda la respuesta que obtuve. – En serio Rub, no tiene gracia. Quiero estar sola y no entiendo a qué viene esto. –Nuevamente...Nada. Ni siquiera oía ruido fuera de la habitación, ni gente, ni la tele, nada. – Si no tienes nada que decir, más vale que te marches.
- ¡O qué! ¿Qué harás? ¿Te levantarás y harás que desaparezca? ¿Qué? ¿Qué crees que puedes hacer contra mí?
Pude sentir el "puff" que hizo mi escaso valor, justo cuando se esfumó. Esa voz, apenas podía reconocerla, era burlona y tenebrosa, autosuficiente y engreída, dura y cruel. Pero no, no podía ser, no podía estar en mi casa sin que nadie la viera entrar, era imposible. Y aún sabiendo todo eso, un incontrolable estremecimiento recorrió mi espalda hasta establecerse en mi nuca. Por fin realizó un movimiento, sólo uno, y como por arte de magia apareció a los pies de mi cama.
- ¿Qué pensabas niña? ¿Que aparecerías en nuestras vidas como un caballero blanco a lomos de un corcel y sacarías a mi hija del castillo? ¿De verdad has llegado siquiera a pensarlo? Jajajaja. –Una terrorífica risotada me dejó paralizada. Otro movimiento y ... jaque, la tenía frente a mí, su rostro junto al mío, sus labios a la altura de mi oído. – ¿Crees acaso, que eres una especie de salvadora en pos de la luz? Permíteme que te aclare algo. Jamás llegarás hasta ella, nunca volverás allí. Haré que se olvide de ti, lograré que tu rastro se pierda en el tiempo. No saldrá de esa casa aunque tenga que matarla. Será su prisión, y tú, no merecerás ser ni un recuerdo lejano jajajajaja...jajajajaja – Nuevamente esa risa terrorífica, pero la sola mención de Regina disparó mi adrenalina y con ella el valor que se había quedado bloqueado en la oscuridad de la noche.
- ¡ TE MATARÉ, JURO QUE TE MATARÉ SI LA HACES DAÑO! – Su tenebrosa carcajada sonaba como un eco rebotando por las paredes de la estancia – ¿ME HAS OIDO BIEN? ¡TE MATARÉ AUNQUE SEA LO ÚLTIMO QUE HAGA! –Noté como me agarraba y me decía no sé qué cosas - ¡SUÉLTAME BRUJA!
- ¡EMMA, EMMA CARIÑO CALMATE! Soy mamá, Emma despierta, vamos Emma, despierta – Abrí los ojos de golpe. Totalmente aturdida, perdida, desorientada, temblando y empapada en sudor. Todo el mundo estaba en mi habitación, asustados y preocupados. – Emma cielo, ya pasó, era una pesadilla, ya está, todo está bien, no pasa nada, aquí no hay nadie, solo nosotros.
- Mamá, estaba... Estaba aquí.
- ¿Quién? Aquí no hay nadie.
- Pero... Yo la vi, estaba allí de pié – Entonces señalé hacia donde había visto la sombra – Pero...¿Qué es eso?
- ¿El perchero? ¿Te ha asustado un perchero? Jajajaja – Ya estaba tardando en reírse de mí. Ruby siempre desdramatizando y metiendo las narices en todo.
- ¿Desde cuando tengo un perchero de pié en mi cuarto? –Empezaba a sentirme un tanto ridícula, no entendía nada. Vale que no sabía que alguien había puesto eso allí, pero no era para sufrir un ataque de pánico.
- Pues desde hoy. Era para ver si eras capaz de colgar algo en algún sitio, el suelo no es lugar para los abrigos. – Ups, la abuelita no se tomaba muy bien el desorden y su iniciativa casi me causa un infarto.-Pero veo que no ha dado los resultados esperados. Te traeré un vaso de leche, te ayudará a dormir.
- Gracias, pero no me apetece leche.
- Tu misma. Yo me voy a la cama si no quieres nada.
- Gracias de verdad, pero no. Buenas noches. – Y la abuelita salió a buen paso y casi ofendida, no solo por rechazar su generosa oferta de un vaso de leche, sino porque su plan de organización de espacios, resultó un fiasco tremendo.
- Emma, si lo que quieres es que me quede a dormir contigo... solo tienes que pedirlo, pero no montes estas escenas.
- Eres idiota Rub. Y no, no quiero que te quedes a dormir –Mentira y gorda, si que quería. Había sido tan real, que no podría volver a conciliar el sueño esa noche si me quedaba sola. – Pero si te quieres quedar, hazlo.
- Si Rub, mejor quédate con ella hoy, y cualquier cosa me avisas. ¿Seguro que habéis visto Forrest Gump? Porque cualquiera diría que habéis visto una de terror. – Lo parece, pero mi madre de tonta no tiene un pelo. Y no, no vimos una de terror, simplemente... Viví el terror en primera persona y claramente, me había afectado mucho más de lo que me gustaba admitir.
- Me quedaré porque me lo pide tu madre – Me sacó la lengua y se metió en mi cama – Muévete un poco, que estás en todo el medio. Y no pienso apagar la luz, no sea que te dé por despertarte a media noche con un hacha o algo así, que hoy estás fatal – Ruby odia dormir con la luz encendida, pero sabía que yo no pediría dejar la luz dada, así que se adelantó y se inventó tan estúpida excusa.
- Ja y ja, seguro que es por eso. Pero no ronques, que a veces pareces un lobo estepario con sinusitis.
- Tomate el litio y déjame vivir. – Automáticamente las dos formamos un "L" con los dedos y nos la pusimos en la frente, diciendo a la vez "LOSER" seguido de una risa que necesitaba en ese momento como respirar.
- Vale chicas, ahora a dormir, mañana podéis levantaros cuando queráis, descansar, ¿vale? ¿Estás mejor cariño? –Volvió a posar su mano en mi frente, me dio un beso más de buenas noches y otro a Rub. Salió de la habitación y Ruby tardó un milisegundo en preguntar.
- Pero ¿qué te ha pasado? Se te oía gritar que ibas a matar a alguien y no sé qué más sandeces. ¿Qué pasó allí dentro? Porque está claro que te ha dejado trastornada, bueno, más de lo normal jajaja
- Rub, en serio, estaba aquí, Cora estaba aquí
- Eso es una chorrada, sabes que no estaba aquí, era el perchero, no te hagas líos.
-¿Y los percheros hablan?
- En las pesadillas si, te quedaste frita al poco de irse tu madre.
- ¿Y tú cómo lo sabes?
- Pues porque me asomé por si estabas despierta, para que me contaras todo lo que pasó allí.
-¿Y ya estaba dormida? No, que va, me dormí mucho más tarde, además, solo fue un pestañeo, no me dio tiempo a dormir.
- Emma, si hasta te zarandeé jajajaj ni los osos hibernan tan bien jajajaja Bueno, ¿vas a dormir, o me cuentas lo que ha pasado ahí dentro?
- Uff, veamos. Cuando entré ...
Le relaté cada detalle, cada gesto, cada sentimiento, cada temor y cada sonrisa. Prácticamente nos sorprendió el alba. Pero mi amiga estaba a mi lado, ella siempre estaba a mi lado. Acordamos planear juntas los pasos a seguir, ella sería mi Sancho y yo... El Quijote que se enfrenta a percheros por salvar a su Dulcinea. Pero el sueño pudo más que la imaginación, y nos dejamos acunar por un Morfeo inquieto y deseoso de llevarnos con él.
