Una vez más, y ya van ocho (me parece mentira llevar tanto jajaja) gracias por todo el cariño y los halagos poco merecidos jajaja. Quiero mencionar a todas las que comentáis por estar a mi lado y ayudar con vuestras magnificas ideas, Rebe/Ruby, LIZ039, Fanclere, Evazqueen, Merita, Su, Sandy y Piluka75, Pelanito, Erpmeis, Andreja, SnixRegal, Gencastrom09, 15mardy, Hawaiana, Diana9915, Leylay, Laura Brooks, Ruah, Vnat07 , Lucyft013, Franchiulla, UnicornStickers, AleaRachel . Y por supuesto, gracias a las que la hacen favorita y la siguen, no os olvido, cada vez sois más. Desde este lado del mundo... gracias y besos mil a todas.

Y para que conste, los personajes no me pertenecen, pero la locura de historia, sí.


CAPÍTULO VIII

No sabría decir qué hora era cuando despertamos. Tampoco es que tuviera la sensación de haber descansado, por tanto, levantarme estaba resultando todo un esfuerzo. Lo bueno fue despertar con Rub a mi lado, sentir su apoyo y su mirada cómplice ayudó a mi cuerpo a incorporarse y sonreír.

- Buen día, parece que al final si que logramos dormir.

- Eso parece, sí. Buenos días Rub. ¿Sabemos qué hora es?

- Pues hora de levantarse, eso fijo. ¡Dios, que hambre tengo!

Y así lo hicimos. Fuimos directas a la cocina. Aún no había mirado la hora, pero, o estábamos muy próximas a la cena de Navidad o aquello de estar bien alimentados, se les estaba yendo de las manos.

- ¿Estamos celebrando algo y yo no me he enterado? ¿A qué viene tanta comida? – A Ruby le llamo tanto la atención como a mí. – Vale que me he levantado con hambre, pero esto es... demasiado hasta para mí jajajaj

- Al margen de que sean las dos de la tarde, esta noche tenemos un invitado y estamos preparando todo. Si queréis desayunar, o más bien comer, poneros a aquel lado y no molestéis mucho. – La cocina era el territorio de la abuelita, no le gustaba tener intrusos por sus dominios, y aunque era costumbre ciertas ironías, noté que su tono era casi más de enfado, aunque no entendía que habíamos hecho esa vez.

- Perdona abu, pero ¿qué hemos roto ahora? – Era como si Rub me hubiera leído el pensamiento.

- Nada niña, vosotras poneos por allí y dejarme tranquila. Esta cena tiene que quedar bien. El personaje este es un quisquilloso y no quiero darle el placer de poder criticar nada.

- ¿Pero de quién estamos hablando? – En ese momento entró mi madre con prisas en la cocina, me miró, sonrió y se puso a ayudar a la abuelita. – Hola mamá, buenos días... Tardes. ¿Va todo bien?

- OH, sí, sí cariño, buenos días chicas. Es que ha llamado un conocido de papá y viene a cenar esta noche. Nos ha pillado por sorpresa y queremos que todo esté preparado.

- Pues si que debe ser importante, y por lo visto, no muy amigo, porque parece que os siente mal que venga. – O al menos eso me parecía a mí. Todo el ambiente estaba tenso, nunca nos molestaron las vistas inesperadas, pero esta no parecía traer ningún tipo de alegría en modo de reencuentro, más bien sonaba a compromiso forzado.

- Bueno, no esperábamos que estuviera en España, y nos ha dejado un tanto contrariados. Es...

- Hola cielo. – Mi padre abrió la puerta de la cocina y entro como si no hubiera visto a nadie más que a mi madre- Ha llamado, dice que se pasará a las 20.30h en vez de a las 20.00h, que tiene que hacer una visita importante antes, una vieja amiga o no sé qué.

- Hola papá – Levanté una mano como diciendo "Ehh, estoy aquí", pero él, poco menos que hizo el mismo gesto y se marchó por donde vino. – ¿Pero qué les pasa a todos, nos hemos vuelto casi invisibles o qué?

- No sé, pero creo que lo mejor es desaparecer un rato. ¿Y si nos vestimos y nos vamos a dar una vuelta?

- ¿Una vuelta? Pero si vamos a comer de aquí a un rato, ¿en qué estabas pensando?

- Naaa, una cosita rápida, por aquí cerca, ya sabes... Por ver qué día hace, tampoco hay que ir demasiado lejos.

- ¡Eres brillante! Tal como están, no se darán ni cuenta que nos hemos ido jajaja.

- Lo sé, ¡qué harías tú sin mí! – Claramente, todo caballero debe tener su escudero, no sólo para portar su armadura, en este caso, ella tenía la mente más clara que yo, y por tanto, todas sus ideas eran bien recibidas, no importaba demasiado si eran buenas o malas.

- Pues vamos, no se darán cuenta hasta dentro de mucho. – Con cierto sigilo y un discreto "Nos vamos" que serviría como excusa de que les habíamos avisado, Rub y yo salimos de la cocina rumbo a las habitaciones. Nos vestimos y nos marchamos de la casa sin que nadie se diera cuenta.

Salimos a hurtadillas, nadie se percató de la huida. Y aquella sensación que nos provocó, nos trajo a la memoria el día que nos escabullimos del colegio. Irónicamente para emprender el camino hacía el lugar al que aquél mismo día nos llevaron nuestros perdidos pasos. Unas risas de triunfo y en pocos minutos estábamos frente al Palacete. Levanté mi vista hacia el mismo rosetón en busca de su figura. Pero había algo distinto, no podía distinguir bien qué era. Levanté mi mano a modo de visera, no sabía si era el sol el que no me dejaba ver, o si realmente había algo que me impedía divisar lo que había cambiado.

- Con esto lo verás mucho mejor. – Por mi retaguardia aparecieron unos prismáticos. Últimamente no ganaba para sustos. -¿No crees?

- ¡Leroy! Pero ¿cómo nos has encontrado? Por cierto, que susto me has dado.

- No os he buscado, os he seguido. Sé que crees que soy un torpe en mi trabajo, pero lo hago bastante mejor de lo que piensas. Y ahora ¿Me podéis decir qué buscamos?

-¿Buscamos? ¿Es que ahora nos vas a ayudar? –Ruby no las tenía todas consigo, no se fiaba del todo de la bocaza de Leroy, ya que acababa contándole todo a mi madre.

- Pues si, me parece más práctico que espera a que la liéis como ayer. Ya sabes, si no puedes con el enemigo, únete a él. Además, vais a necesitar de mis habilidades.

-¿Qué habilidades?

-Rub, vale, para ya. Gracias Leroy, es posible que necesitemos tu ayuda. Tu puedes conseguir material de espionaje y esas cosas, ¿no?

-Bueno, supongo que algo podré obtener, de momento.. Te traigo prismáticos.

-Algo es algo, ya veremos qué es lo que nos puedes aportar. –No era el equipo unido que necesitaba, pero al menos tenía uno. Rub y Leroy no dejarían de discutir, pero ya no estaba sola en esto, ya no.

-A ver... Pero qué... ¿Qué es eso?

-El qué, ¿qué hay en la ventana?

-¡Una madera! ¡Ha tapado la ventana con una madera! ¡SERÁ ZORRA!

-Emma, no digas palabrotas, déjame ver –Leroy me quitó los prismáticos de la mano y se puso a observarlo por sí mismo. – ¡Menuda hija de puta, la ha encerrado de verdad, la ha clausurado la ventana!

-Ehh Leroy, habla bien, no digas groserías jajajaj

-Para Rub, no tiene gracia. La ha encerrado en serio, y todo es por mi culpa. ¿Qué hago ahora? ¿Cómo la ayudo? ¿Cómo le haré saber que estoy aquí?

-Creo que ya lo sabe –Dijo Leroy tan pronto terminé la frase

-¿Qué? ¿Cómo que ya lo sabe?

-Mira, mira la ventana –Me paso de nuevo los prismáticos.

-Ehhh, ¡HOLA! – Agité mi mano como si un naufrago vislumbrara un barco en la lejanía. Un pañuelo sobresalía por una de las rendijas de la mal tapada ventana. Subía y bajaba como diciéndome "Estoy aquí y te veo". Por lo menos ahora sabía que estaba bien. – Tengo que encontrar la manera de comunicarme con ella.

-Palomas mensajeras, carteles, Morse, Tam Tam, a gritos, señales de humo...

-No ayudas Rub, estás más mona calladita. –A Leroy las intervenciones de Ruby empezaban a saturarle.

-No, espera Leroy, tiene razón.

-¿En qué exactamente? – La cara de Rub era una curiosa combinación de sorpresa y chanza.

-Pues en todo, una mezcla de todo.

-Ay Dios, la perdemos, se le ha ido la cabeza de manera irreversible. Estaba de broma Em. –Ahora si que se estaba preocupando, principalmente, porque no entendía nada de lo que decía.

-No, no, en serio. Leroy, tienes que averiguar que métodos hay para poder hacerle llegar mensajes.

-Helicóptero, por el tejado, con un grupo de asalto de hombres fornidos. – Pero aún sin entender bien por dónde iba, ella hacía sus alocadas aportaciones a la causa.

-¡Buena idea Rub!

-¿Queee? Era coña, broma, guasa, chiste... –Su capacidad para cambiar el gesto, mejoraba a cada minuto.

-Espera, espera, ya sé por dónde vas Em. Un helicóptero teledirigido. Podríamos llegar hasta allí y hacerle llegar los mensajes. – Por el contrario Leroy, captaba cada posibilidad al instante. Lo cierto es que me tenía estupefacta.

-A eso me refería, algún método debe haber, algo que me ayude a poder hablar con ella.

-¿Y un teléfono móvil? –En esa época eran pesados, enormes, apenas tenían cobertura, las baterías duraban poco y era raro que alguien llevase uno. Más aún, pensar que Regina lograse usarlo, teniendo en cuenta que yo dudaba hasta de que tuviera televisión. – Estaba claro, el papel de Ruby es día, era aportar ideas como si no hubiese un mañana.

-Podemos intentarlo. Leroy ¿Crees que uno es esos helicópteros puede trasportar el peso de un teléfono?

-Lo averiguaré, no te preocupes por eso. Ahora deberíamos volver, pasaremos por un Kiosco de periódicos y compraremos cualquier cosa.

-Esto... ¿para qué hay que comprar nada? – Ruby necesitaba una explicación para cada idea de Leroy.

-Pues para tener una coartada de por qué hemos salido justo a la hora de comer, listilla – Quedaba patente que estos dos estarían en guerra constante.

-Ok, tienes razón, así podemos pensar en más métodos para llegar a ella, por si falla alguno. –Así que levanté una vez más la vista con los prismáticos y volví a mover mis brazos en el aire. Esta vez a modo de despedida, pero para que supiese que volvería. Parecía un mimo intentando hacerle comprender. Daba pasos hacia delante, luego me paraba, gesticulaba un poco con las manos, luego retrocedía el camino andado, volvía a mirar hacía arriba y veía moverse el pañuelo, señal inequívoca de que me veía.

-¿Vas a estar así mucho más rato? Porque estoy a punto de comprarme unas palomitas, menudo show estás dando jajajaj

-Calla Rub, y larguémonos de aquí. –Un nuevo adiós con las manos y muy a mi pesar, nos fuimos de allí. De pronto me acordé del día de ayer, y aproveché para preguntar a Leroy por lo sucedido. –Perdona Leroy, ayer...¿Cómo diste con nosotras? Porque ayer si tuviste que buscarnos.

-Ah, pues fue fácil. Me fijé en que las cabezas que sobresalían de las butacas, no se movían, así que me acerqué y vi que no estabais. Pregunté a vuestras amigas y me dijeron que habías ido al baño. Pasado un rato, vi que las butacas aún estaban vacías, les pregunté de nuevo, se miraron unas a otras, y supe que os habías ido. Me pues muy serio y una de ellas dijo que era por amor jajaja en ese momento, supe que estabais en el Palacete.

-¿Pero, lo dedujiste por decir que era por amor? –No entendí como pudo enlazar una cosa con otra.

-Jajajaja, Si Emma. Si te pareces en algo a tu madre, es que por amor haríais cualquier cosa. Llevabas días obsesionada con ese lugar, y no creía que fuera por su belleza. La verdad es que no esperaba que fuera por una mujer, pero cada cual es libre de amar a quien quiera. Y estás en esa edad, en la que el amor se magnifica y se lleva a extremos. Por eso he decidido ayudarte. Nada podrá impedirte llegar a ella, así que lo mínimo que podemos hacer los que te queremos, es apoyarte. Sólo espero que no sufras en el trayecto, o al menos, no demasiado.

-Yo... Esto... Me has dejado... Gracias, sólo se me ocurre eso, gracias de todo corazón, gracias a los dos.

-Al final, no sé si palomitas serán suficiente. También tendré que traer algún pañuelo. – Si Rub no daba un plumazo al drama, se ahogaría en el inmenso mar de sus palabras.

-Jajajaja mira que eres idiota. –Un cariñoso empujoncito hombro con hombro y un guiño a Leroy, selló el acuerdo de colaboración entre esta extraña expedición en pos del amor.

El corto camino a casa se hizo aún más breve entre risas y veras. No me sentía sola, y esa misma sensación tenía que llegar a trasmitírsela a Regina. Sé que ese instante frente a su ventana, le dio la fuerza que necesitaba para esperarme hasta la próxima visita.

Cuando llegamos a casa, nos estaban esperando con cara de pocos amigos. Por lo visto, al poco de marcharnos se percataron de nuestra ausencia. Estaban a punto de estallar en cólera cuando mi fiel guarda espaldas se adelantó a nosotras.

-Pido disculpas, las chicas querían comprar no sé qué revista de adolescentes y las acompañé. No creí que nos despistaríamos tanto. Siento si se han asustado.

-No pasa nada Leroy, sabiendo que están contigo, me quedo mucho más tranquila. – A mi madre se le relajó el semblante en cuanto recibió una explicación coherente. No me di cuenta hasta ese momento, que en Leroy tenía un aliado importante.

Todo el mundo se calmó lo suficiente como para tener una comida tardía pero tranquila. Ya sólo era cuestión de esperar. Ruby y yo nos retiramos a mi habitación, allí pasamos la tarde elucubrando miles de planes, unos más absurdos que otros, pero todos ellos con un fin único. Hallar el modo de poder decirle a Regina que no tuviera miedo, y que fuese consciente de que de algún modo y en algún momento, yo la sacaría de allí, era desde ese instante, mi misión en la vida. Al menos, a esa edad y con todo por descubrir, crees que en los cuentos de hadas, en los amores eternos y los finales felices. Y no es que el paso de los años destruya todo eso. Es que eres consciente de que todo tiene un tiempo para estar, un tiempo para ser y no siempre es el que nosotros creemos. A pesar de todo, en ese punto de mi vida, ella era mucho más importante que todo lo demás, yo no podía intuir, que la vida es retorcida y que uno no siempre tiene el poder de decidir su destino, al menos en ciertos tramos de nuestra existencia. Uno lleva las riendas de su vida, mientras el caballo no se desboque, y en todo camino hay serpientes agazapadas dispuestas a tirarte de tu montura, y convertir un apacible paseo, en una terrorífica galopada.

La noche llegó y con ella, nuestro ilustre invitado. El señor Gold era un empresario de reconocido prestigio, influyente en términos económicos y por tanto, políticos. Siempre cercano a la monarquía británica y unos tentáculos que alcanzaban casi la totalidad de los estratos que componen la sociedad. No era muy conveniente contrariarle, dicen que es mejor tener cerca a los enemigos y quizás ese fuera el motivo por el que mi familia trataba con él. Sé que mis padres tuvieron algún encontronazo, hasta pensé que fue el causante de que acabásemos en España, cosa que por cierto, agradezco a día de hoy. No sé, es como si hubiese movido los hilos de las marionetas que éramos casi todos para él. Como si conociera el futuro y provocase situaciones que le ayudaran a lograr sus objetivos. De algún modo, parecía jugar con el destino a su antojo, un retorcido plan para unos fines nunca claros.

El timbre de la puerta sonó, pude percibir el nerviosismo en mis padres. Se preguntaban desde que se enteraron de su llegada, a qué venía esta visita, qué planes ocultaba, qué buscaba. Nada era casualidad en Gold, y desde luego, no había una amistad que cuidar como para hacer visitas espontáneas. El ambiente se cargó de pronto. Allí estaba él, su traje negro, a juego con su oscura corbata, casi oculta por una camisa del mismo color, su eterno bastón, con una empuñadura bien labrada y una caña en la que yo, estaba segura que ocultaba una espada. No es que esperase instrucciones de a dónde ir, se coló hasta el salón, como si todo cuanto alcanzara su vista, le perteneciera. A pesar de no ser muy alto, si era altivo, presuntuoso y soberbio. Tomo posesión del sofá de mi padre, que por supuesto no le recriminó nada, y se puso a observarlo todo. Hasta que posó su profundos y vacíos ojos en mi. Una siniestra mirada junto a una ladeada sonrisa, fue suficiente como para sentir frío repentino y provocar una extraña sensación de mareo. Apenas duró unos segundos, pero desde luego, ese hombre me daba miedo, aunque no sé si era él, o todo lo que representaba y provocaba su llegada.

-¿Estás bien?, Te has quedado pálida –Ruby se asustó con razón, el mareo me dejó sin aliento, era una sensación extraña y desagradable.

-Es él Rub, el hombre de la foto. Sabía que le conocía de algo. – Si, era el mismo hombre que vi con Cora en la foto del Palacete. Hacía muchos años que no le veía, y cuando lo hice, fueron apenas unos instantes. ¿Pero qué hacía aquí, ahora, en mi casa?

-¿Crees que él es el padre de Zelena? Lo digo por lo que te contó Regina.

-No lo sé Ruby, pero qué demonios hace aquí. No me gusta como me mira. ¿Será Cora la amiga a la que había dicho que iba a ver?

-Fijo. Yo creo que este tío sabe algo. ¿Habrá venido por que le haya llamado Cora?

-Es mucho suponer, pero desde luego, algo trama.

-Amiga mía, solo hay un modo de averiguarlo, tienes que ir con tus padres.

-¿Tú no vienes? Vamos Rub, no me puedes dejar ahora sola.

-Yo no puedo, ya me lo ha dicho la abuelita. Parece que a veces se te olvida que soy del servicio jajajaj.

-¡No eres del servicio! Eres mi hermana.

-Pero eso lo sabemos tú y yo, pero no ese tipejo. Hay que guardar las formas. Yo estaré aquí mismo, y siempre puedes decir que vas al baño jajaja. No te pongas nerviosa, todo irá bien.

-Pero Rub... Yo... Yo...

-Emma, cariño, ¿puedes venir? – Mi madre me llamó e interrumpió nuestro melodramático momento.

-¡Si, ya voy! –Me giré hacia Ruby- Oye Rub, gracias por ser mi hermana.

-Si si si si ... pero la que se va a comer los langostinos eres tú jajajaja

-Idiota, te quiero tonta de las narices. – Me sacó la lengua y se marchó a su habitación.

Entré en el salón y allí estaba él. Esta vez no tenía dónde esconderme de su mirada, así que decidí enfrentarme a él. Algo buscaba, y yo lo averiguaría esa misma noche, al menos esa era mi intención.