Perdón, perdón y perdón, últimamente es una de las palabras que más utilizo. Mi vida es un caos, problemas aquí y allá, han hecho que me retrasara más de lo normal. He buscado tiempo y me he puesto a escribir. Sólo avisar que se avecinan cambios importantes. Espero que mi tardanza no haya provocado abandonos por el camino. Gracias a todas las que me leéis y me seguís, por supuesto y especialmente, a todas las que me dejáis vuestros geniales comentarios y muchas gracias por vuestra paciencia. Y como ya sabéis quienes sois, no me alargaré más esta vez. Besos mil a todas
Ahh, lo de siempre, que los personajes no me pertenecen, pero la historia... sí.
CAPÍTULO IX
Entré en el salón y allí estaba él. Esta vez no tenía dónde esconderme de su mirada, así que decidí enfrentarme a él. Algo buscaba, y yo lo averiguaría esa misma noche, al menos esa era mi intención.
-Buenas noches Emma, has crecido mucho. ¿Cómo te va todo? ¿Aún escribes en esa libreta tuya?
-Buenas noches Señor Gold. ¿Cómo sabe que escribo en una libreta?
-¿No es lo que hacéis todas las adolescentes? ¿Un diario o algo así?. Lo malo es cuando uno lo pierde, supongo que es como perder media vida, ¿no crees Emma?
-Supongo, nunca perdí un diario.
La noche se presentaba interesante, sobre todo ver la cara de cuantos nos rodeaban. No tenían ni idea de qué iba todo eso, pero estaba claro que el Señor Gold no lo dejaría pasar. Tenía la sensación de que sería una de las cenas más largas y tensas de mi vida. Desde luego, no parecía un tema surgido por mero azar, tenía la sospecha de que esa amiga a la que fue a ver, era Cora, y esta conversación, prácticamente me lo confirmaba. Lo que suscitaba dos cuestiones. Una, ¿Tiene Cora mi libreta, se la ha quitado a Regina? Y dos, ¿A dónde quiere ir a parar, es que no venía a ver a mis padres? Supongo que antes o después, cada pregunta encontrará su respuesta.
Me zafé de varias preguntas, puse mi mejor cara de niña idiota y procuré salir viva de allí. Oír, ver y callar, esa era mi estrategia esa noche. Pero era inevitable sentir que allí sucedía algo más, que aquella visita no era casual y que por algún motivo, me sentía observada en todo momento por él. Y como sus intentos por mantener una conversación conmigo fueron infructuosos, cambió de objetivo, mis padres.
-Por lo visto os va bien aquí, os habéis adaptado muy bien. A Emma se la ve feliz y a vosotros también. –No sé por qué, pero la cínica sonrisa al final de sus frases, siempre tensaba el ambiente. Era evidente que algo rumiaba, y que más pronto que tarde, nos lo haría saber. –Lastima que se aproximen cambios ¿verdad? Parece que cuando uno se establece, algo trasforma la situación.
-¿Perdón? No sé a qué se refiere Señor Gold. –Mi padre estaba totalmente contrariado, evidentemente, no sabía en absoluto a lo que se refería.
-¿No se lo han dicho? Oh, mis disculpas. Tengo entendido que le espera un futuro prometedor en casa.
-Sigo sin saber a qué se refiere. –Confirmado, mi padre no tenía ni idea sobre lo que hablaba el Señor Gold, mi madre solo alcanzó a dejar caer un poco la mandíbula y yo... Bueno, yo no sabía ni qué pensar, el tenedor se me soltó de la mano y mi único pensamiento fue que no podía irme, no ahora.
-Le reitero mis disculpas, puede que yo esté equivocado. Simplemente escuché algunas cosas, ya sabe, comentarios de pasillo, no le dé mayor importancia. –Y de nuevo esa maliciosa sonrisa al final de cada frase.
-Es probable que esté equivocado. A mi nadie me ha comentado nada acerca de ningún cambio en este momento. Es más, me parecería de lo más inoportuno.
-Claro, claro. No se inquiete, me habré confundido. -No parecía en absoluto estar confundido. Pero si empezábamos a darnos cuenta del motivo real de su presencia.
-¿Ese es el por qué de su inesperada visita? –Mi padre no contuvo la tensión en sus palabras, se puso a la defensiva ipso facto.
-Ohh, no, no, no, discúlpeme si le dio esa impresión. Casualmente estaba en Madrid y una buena amiga me llamó. Por lo visto tiene problemas con alguien que acosa a su hija. Me ha pedio ayuda y he pasado el día con ella. –Y como si le hiciera mucha gracia mi cara, me miró una vez más con su estúpida sonrisa. Y si había pasado el día con ella, ¿Nos habrá visto al otro lado de la calle? –Supongo que hay gente, que no entiende que no es bien recibida.
-Pero eso es terrible, tiene que estar muy asustada. –Mi madre y su compleja comprensión del mundo. Ella sólo pensaba en lo traumático que sería tener un acosador, pero no se le pasaba por la cabeza, que el enemigo estuviera en casa.
-Lo está, por eso la he aconsejado que se lleve a su hija de allí. De momento hemos tomado algunas medidas y pronto volverán a Londres.
-¿Cómo? ¿Quién va a Londres? –Solo rezaba interiormente, no podía ser cierto lo que esta escuchando. Se suponía que yo no sabía de qué hablaba ni de quién, pero no era así. Y por aquel entonces, yo no era una gran actriz, mucho menos, una buena mentirosa.
-En principio la hija de mi amiga, aún no ha decidido si la enviará sola o irá con ella. Se plantea un internado o algún sitio donde esté protegida. También es importante que reciba una buena educación y vuelva a codearse con la alta sociedad londinense, hay que empezar a pensar en su futuro.
-Pero...Pero... No puede hacer eso.- Solo le miré un segundo, llena de odio contenido y de tristeza infinita.
-Emma cariño, es una madre asustada, solo hace lo mejor para su hija. –Mi madre no alcanzaba a entender la dimensión de todo eso en mi vida. No podría, porque ni yo misma era consciente de ello.
-Mamá, no me encuentro muy bien ¿Puedo retirarme?
-Claro hija, despídete del Señor Gold
-Buenas noches Señor Gold –Era la última persona a la que quería ver. Claramente, había venido a reírse de nosotros, a demostrar su poder y ha destrozarme la vida. Lo peor, es que sabía que no pararía ahí.
-Buenas noches Emma, y no dejes de escribir, estoy seguro que alguien con tu imaginación, llenará páginas y páginas de divertidas historias. Tengo la sensación de que nos veremos pronto. –De nuevo su rostro dibujó una siniestra sonrisa ladeada, un aire triunfal que no pudo disimular. Pero ganar batallas no garantiza ganar guerras, y yo era y soy difícil de derrotar cuando pongo el corazón en algo.
-Buenas noches cielo. –Mis padres se despidieron al unísono aunque un tanto contrariados, no entendían las palabras del Señor Gold, pero tampoco vieron oportuno hacer más preguntas.
Cuando llegué a mi habitación, Ruby me estaba esperando. Se había pasado toda la cena detrás de la puerta, y sabía que me derrumbaría nada mas entrar. Me lancé sobre la cama boca abajo, dejé que toda mi rabia, mi tristeza, mis miedos y la impotencia que me estaban ganando la batalla, se vertieran en forma de lágrimas desesperadas, incontenibles y amargas. Su respetuoso silencio me brindo la posibilidad de vaciarme hasta el punto de faltarme el aire. Solo me abrazó, me abrazo tan fuerte que parecía que no quisiera que salieran volando los mil pedazos de mi alma rota. Es difícil comprender cómo se puede sentir tanto en tan poco tiempo. Y como en tan solo 48 horas, todo tu mundo se resquebraja como el cristal contra la piedra. Me costó mucho poder contener el desbordamiento que sufría, fruto de la incomprensión del mundo. Yo no entendía su cruel funcionamiento y él, no entendía el interior del mío. A pesar de tener a mi fiel Ruby, un sentimiento de soledad desgarradora se asió a mi corazón sin tener la menor intención de soltarme. Mi respiración se fue pausando, adquiriendo un ritmo casi tranquilo, con esa especie de hipo que te impide aún hablar con cierta normalidad.
-Se... Se... Se la...llevan Rub... (Sniff)...Y…Y… A lo mejor... Nosotros (Sniff) También nos vamos!
-Tranquila Em, de momento estamos aquí. Algo se nos ocurrirá, ahora cálmate un poco, o se te va a poner un dolor de cabeza tremendo.
-Rub...¿Qué me... qué me... qué me pasa (Sniff)?
-Creo que te has enamorado amiga mía.
-Pero... pero si apenas... apenas la conozco (Sniff)
-No sé mucho de esto, pero por lo menos en las pelis, se ponen así cuando se les rompe el corazón. Y no creo que el conocer mucho o poco a alguien, tenga mucho que ver.
-Pues duele Rub, duele mucho (Sniff), si esto es amar, es una mierda tremenda.
-Jajajajaja, Bueno, creo que si sale bien, es genial y todo jajajaja
-¿Te estás riendo de mí?
-Por lo menos has dejado de moquear jajajaja ya hemos ganado algo.
-Eres imbécil.
-Pero me quieres
-Un poco, aunque no sé ni por qué jajajaja
Y dejamos que el abatimiento que produce un terrible cansancio, nos llevase a la inconsciencia del sueño. Rub no me dejó sola un segundo, era la segunda noche que venía en mi auxilio y velaba mis pesadillas.
A la mañana siguiente, el despertar fue lento y perezoso. No tenía ninguna gana de enfrentarme al día a día, y mucho menos ir al colegio. Mis amigas eran totalmente inconscientes de todo lo que sucedió una vez salimos del cine. Y yo, no tenía ninguna gana de explicarlo todo. No hubo muchas palabras, Leroy se limitó a sonreír tímidamente a través del retrovisor, Ruby simplemente me tomaba de la mano, y el camino que jamás me supuso un problema, se tornó tedioso y embarrado. Estaba tan ensimismada en mi tristeza, que no me percaté que no estábamos haciendo el camino de rutina. Leroy pensó que un pequeño desvío, no nos haría ningún mal, pero que a mí, me podría serenar un poco. Estaba tan fuera de este cruel mundo, que tampoco caí en que era mucho más temprano de lo normal. De pronto el coche se detuvo, alcé la vista y me percaté de que había parado frente al Palacete. Llevaba todo el camino medio tirada en el asiento, pero la sola visión de aquel lugar hizo que me irguiera apoyando las manos en la ventanilla y buscando con unos prismáticos imaginarios la ventana clausurada.
-¿Qué hacemos aquí? –Mi pregunta tenía una respuesta obvia, habíamos venido para que yo no sintiera que había abandonado, aunque en mi interior, esa era exactamente la sensación.
-Hemos pensado, que quizás, si pasábamos por aquí, te alegrarías un poco. Además, he traído algo. –No sé si la visión de aquél lugar podía alegrar a alguien, pero ese "he traído algo" sí que despertó mi curiosidad. –Mira lo que me dejaron ayer. –De una bolsa que llevaba bajo el asiento del copiloto, Leroy sacó un helicóptero teledirigido, mis ojos se abrieron como los de los dibujos japoneses, mi sonrisa retornó a los labios y comencé a aplaudir para poder espantar los fantasmas que me rodearon hasta ese instante.
-LEROY! Eres el mejor! ¿Pero de dónde lo has sacado? Y ¿Cuándo?
-Ayer te vi tan abatida y triste, que quería hacer algo. Un amigo me debía un favor que nunca me cobré, y bueno, este era el momento. Además, tienes una amiga que es capaz de aburrir a las plantas con sus letanías, así que... ¿Por qué no?
-Ruby! Pero cómo se te ocurrió decírselo a Leroy.
-Perdona monina, pero no ha hecho mucha falta, Leroy ya había hablado con su amigo, la única diferencia, es que en vez de quedar otro día, le llamó ayer.- Leroy y Rub se miraron y sonrieron con la sensación de haber logrado parte de su objetivo, que era hacerme sonreír de nuevo.
-Vale, ¿Y cómo se usa esto, hay instrucciones o algo así? – Mi pregunta era pertinente, una cosa es que te lo dejen, y otra bien distinta, es saber utilizarlo. –No sé, ¿No deberíamos practicar antes?
-Déjate de prácticas, sé usarlo perfectamente, soy experto en esto. –A ver, que no es que no me fiase de él, pero acercar un mini helicóptero a una cornisa, acertar en la ranura de una ventana y esperar a que una mano salga y reciba un paquete... En fin, no es la operación mas sencilla del mundo.
-Bueno, bueno, es tu helicóptero. Aunque primero deberíamos asegurarnos que Regina está en esa habitación. –Ruby había hecho una muy buena observación, nada nos garantizaba que estuviese allí. –Además, si esto hace ruido, puede que Cora e incluso Gold, si es que está aquí, lo oigan y nos pillen.
-Me da lo mismo, y si a Leroy le parece bien, nos arriesgamos.
-Emma, solo una cosa, ¿Qué le vas a enviar? –Leroy no pretendía detenerme, pero sí hacerme pensar un poco. Cabía la posibilidad de no poder llegar, perder el helicóptero, o lo que es peor, que nos pillasen y todo se iría al garete.
-Es cierto, no lo había pensado. La escribiré una nota.
-¿Y por qué no volvemos mañana? Así lo podemos planificar mejor, escribes todo lo que la quieras contar y nos aseguramos que la llegue. –La idea no me hacía gracia, pero debía reconocer que Leroy tenía razón.
-Está bien, puede que sea lo más acertado. –Aún así, abrí la puerta del coche, descendí, miré fijamente a la ventana y me concentré en un punto concreto. Igual con suerte me veía, igual yo la veía a ella, igual hasta lograba volver ha hablar con ella. Pero después de un rato, no logré ver nada, ni un solo movimiento, y un nuevo nudo se asentó en mi estómago.
-Vamos Em, sube al coche. –Rub me tomó del brazo y me ayudó a entrar en el vehículo.
-No he visto nada Rub, nada de nada. ¿Y si ya se la han llevado?
-No creo, no les ha podido dar tiempo
-Tengo que volver a entrar Rub, tengo que subir a esa habitación.
-No me parece una buena idea, es peligroso y nos jugamos mucho. –Leroy puso algo de juicio en todo este asunto, pero él y yo sabíamos, que sería difícil que cejara en mi empeño.
-Pues dudo que puedas pararme.
-No somos tus enemigos, pero intentamos cuidar de ti, y eso es una locura Em, Leroy tiene razón.
-¿Qué es lo que puedo perder? Si a mí me mandan al otro lado del mundo y a ella a su dichosa isla, dime, ¿Qué pierdo?
-Puede que tú no pierdas nada Emma, pero yo me juego el puesto de trabajo, puede que una denuncia y quién sabe qué más. –Esta vez se percibía nerviosismo en Leroy, le daba miedo que mi locura transitoria, arrastrase a más gente, empezando por él.
-No si tú no lo sabes, si tú vienes a salvarme si hago algo malo. Si tú no sabes lo que estoy haciendo, no pueden responsabilizarte.
-Emma, mi trabajo es saberlo
-Leroy, mi trabajo es que no lo sepas, y yo asumiré toda la responsabilidad.
-Las cosas no funcionan así Emma. –Él continuaba rebatiendo cada palabra, y yo sabía que tenía razón, pero para mí, no era importante.
-Pues van a tener que funcionar así, porque pienso hacerlo y nadie me va a frenar. Y ahora, vamos a clase, me espera un día muy largo.
Un nuevo silencio invadió el habitáculo. Ellos sabían que lo haría, yo sabía que lo haría, y lo que es más importante, todos teníamos muy claro, que lo haría muy pronto. Así pues, y sin mucho más que añadir, llegamos al colegio. Mis amigas estaban en la puerta, esperando con cara de culpabilidad. Apenas alcanzaron a abrir levemente la boca, cuando la palma de mi mano las frenó en seco, sin decir una palabra entré y subí sin dar ningún tipo de opción.
-¿Qué ha pasado Ruby? ¿Tan enfadada está? –Sandy no pensaba que lo hubieran hecho tan mal, o por lo menos, no creía que me enfadaría tanto.
-No chicas, es más que eso, no ha tenido un buen fin de semana, apenas ha dormido y no creo que tenga ganas de hablar mucho. No es por vosotras, pero igual os lleváis la que no es vuestra, así que mejor, cremalleras labiales cerradas. –Todas asintieron y la siguieron cuan procesionarias.
Tenía la sensación de que los minutos tenían unos doscientos segundos, porque no era normal lo largo que se me estaba haciendo. Una tras otra, las horas iban dejándose caer del reloj, un reloj que ese día sonaba el doble de fuerte de lo normal. Su tic tac me crispaba los nervios, y a pesar de oírlo, no parecía arrastrar con él el tiempo. Por primera vez en mi vida, hasta se me hizo largo el descanso, casi deseaba más estar en clase, al menos allí alguien hablaba, era como escuchar la radio, esa voz de fondo que acompaña y que solo haces caso a ratos.
Por fin dieron las cinco de la tarde. Salí de allí sin grandes despedidas y le pedí a Leroy que nos llevara a casa directamente. Ni Rub ni él lo entendían, pensaban que me gustaría volver a pasar por el Palacete, pero no, no quería que ellos me acompañasen. Esa era mi guerra y yo me arriesgaría sola. Lo había decidido, esa misma noche me colaría de nuevo por esa ventana y atravesaría de nuevo aquel pasillo infecto hasta llegar a ella.
