Pediría de nuevo disculpas, pero para qué, ya sabéis lo mucho que lo siento, pero no puedo hacer mucho más de lo que hago, y, además, es verano jajaja hay demasiadas terrazas en Madrid jajajaj. Bueno, espero que os guste leerlo tanto como a mí escribirlo (a pesar del retraso) Como siempre, gracias a mis lectoras y amigas en su mayoría, SnixRegal, Rebe/Ruby (Vente "pa" Madrid y hacemos un Talía!) , Invento Chino, Laura Brooks, Fanclere LIZ039, Evazqueen, Merlita, Sandy, Su, Pelanito, Erpmeis, Leylay, Andreja, Gencastrom09, 15mardy, Hawaiana, Diana9915, Ruah, Vnat07 , Lucyft013, Franchiulla, UnicornStickers, AleaRachel, kykyo-chan , Gencastrom09, BeaS, LooveParrilla y Maleyi85, y a mis anónimas, aunque entre ellas se esconden algunas personas muy importantes para mí. Layla, amiga de la infancia y protagonista de muchas anécdotas de mi vida y especial mención a Angelines, mi profesora y amiga desde…. ¡Toda la vida, os quiero! Comentéis o no, sólo por leer, por hacerla favorita y por estar al otro lado de la pantalla, gracias de corazón a todas.
Sí, mi vida está en constante evolución, pero sigo sin ser millonaria, así pues, aún no me pertenecen los personajes jajajaja.
CAPÍTULO XV
"-Estoy segura de ello Regina. Te aseguro que de aquí sacaré mucho más que un simple edificio.
Saltaron chispas, y no era un problema eléctrico. Había tanta tensión, que podríamos haber encendido bombillas con las manos. Nos declaramos la guerra con la mirada, comenzaba la primera batalla."
Entendía que la situación no era cómoda para Belle, pero desde luego, no era en absoluto lo mismo para Ruby. Ella disfrutaba de cada enfrentamiento, como una niña pequeña un día de circo. No es que en ese momento me fijase mucho en ellas, mi mirada y toda mi atención estaban depositadas en Regina. Pero, por otro lado, oía los susurros de nuestro entregado público.
-Oye Rub, pero ¿qué pasa aquí? ¿Es que se conocen de algo? ¿A qué viene todo esto? Nunca había visto así a la Señorita Mills, nunca.
-Ah, bueno, digamos que se conocen… Bueno, se conocieron hace años, y tienen algunos asuntos pendientes. Emma conoció a una Regina muy diferente, que de pronto se debió meter un palo por el culo y se volvió una estirada. A eso se le suma, que trató a Em como si fuese una mierda.
-Ups, entonces tiene algo de sentido. Aunque no entiendo por qué Emma quiere comprar este sitio con tanto… Ahínco. Si tan mal lo pasó, debería odiarlo.
-Jajajaja, sí, lo que pasa es que, para mí, que Emma no quiere hacer mil visitas solo para ver el estado de la propiedad, más bien de la propietaria jajajaja.
Unas risas de fondo casi logran que desviase la atención de mi objetivo, pero evité una leve sonrisa que podía haber cambiado mi rictus serio y casi agresivo. Regina tenía la suficiente fuerza como para hacer tambalear mis cimientos, así que, no podía permitirme bajar la guardia ni un segundo. Ella, estaba preparada para la batalla, yo, para una guerra entera.
…
-Lo dice como si de verdad se lo creyera. Siempre fue una ingenua soñadora, Señorita Swan, pero esta vez, se pasa de optimista. – Dio un paso hasta quedar a apenas diez centímetros de mi nariz. - Nadie, ¿Me oye bien? Nadie viene a mi casa a imponer sus normas.
-Wow ¿Dónde encontraste tus ovarios? ¿Fue cuando te portaste como una zorra hace años? ¿O cuanto decidiste moverte en escoba?
-¿Disculpe? ¿Cree que siendo grosera llevará la razón? – Sus cejas se fruncieron hasta el punto que pensé que le dolería.
-¿Es que, siendo una falsa señoritinga, de pulcros modales… me darías la razón?
-Siga soñando Señorita Swan. – Esta vez, solo alzó una de sus cejas.
-Entonces, disculpa si me importa un bledo tu opinión acerca de mi educación.
-Más bien la ausencia de ella. – Se separó un poco, solo para tomar un poco de aire. – No sé en qué gueto se ha criado, pero no piense ni por un segundo, que su actitud barrio bajera, me intimidará ni un ápice. – En ese instante, fui yo quien dio un decidido paso hacia ella.
-Ahora escúchame tú maldita bruja. No tienes ni puñetera idea de absolutamente nada acerca de mí, no sabes quién soy. No te atrevas a juzgarme, no se te ocurra menospreciarme, no me hables como si estuvieses por encima de mí o en posesión de la verdad.
-¿Debería tener miedo? Usted tampoco sabe nada de mí. Se ha quedado en un pasado muy lejano, madure de una vez. – Aunque su réplica fue inmediata, note en sus ojos un ápice de miedo, aquel que recordaba cada vez que escuchaba ruidos en la casa cuando pensaba que era Cora. Y eso frenó de alguna manera mi ira.
-No necesito madurar, pero claramente, tú deberías buscarte una coraza nueva, porque a la que llevas ahora, se le ven las grietas. ¿Qué mierda te pasó para que te convirtieses en una maldita zorra, que va por la vida como si fuese la mismísima Evil Queen? – Solo alcanzó a despegar los labios, porque en un arrebato de cólera, me fui corriendo de la casa. No reparé en nada, ni en Belle, ni en Ruby, ni en la cara que debió poner Regina.
Salí corriendo de allí, me ahogaba, no era consciente de que mi interior albergase tanta rabia, no era consciente de que esa mujer tuviese la capacidad de desquiciarme hasta tal punto. Suele pasar, crees que ciertos sucesos, personas o situaciones, ya no te dañan, ya no te duelen, ya no te afectan. Pero que equivocados estamos. Y Regina, su voz, su mirada, sus expresivas cejas, su labio marcado, su aroma, su atezado cabello, su sola presencia, me perturbaban, me desconcertaba, me desequilibraba, me embriagaba. Era adicta a ella, jamás lo reconocería, jamás se lo diría, jamás… o quizás sí. ¿Tiene sentido tal sinsentido? Pero a quién intentaba engañar, cualquier excusa es buena para volver allí, para discutir, para hablar, o por el simple placer de verla, no importaba en quién se había convertido, porque de vez en cuando, atisbaba una sombra de aquella que fue. Fugaz como una lágrima de San Lorenzo en el cielo estrellado de las noches de agosto, efímera como un copo nieve sobre el calor de una hoguera, leve como una tímida sonrisa. Pero estaba ahí, aún habitaba en ella, y una parte de mí se moría por volver a verla. ¿Sería esta mi cruzada? Divagaba, claramente lo hacía. Saltar de un extremo a otro de los sentimientos empezaba a ser una mala costumbre, un hábito, una constante. Sí, sin lugar a dudas, estaba enganchada a ella, ebria y perdida.
Algunos metros más adelante, detuve mis pasos. No era la primera vez que salía corriendo del Palacete, y de todas ellas, sólo recuerdo haber salido riendo la primera vez. Después, sólo miedo, rabia, lágrimas o decepciones. Y no, no me gustaba, pero tampoco podía evitarlo, al menos por el momento. Transcurridos unos minutos, Belle y Ruby aparecieron frente a mí. Yo estaba tan metida en mi mundo, que Rub tuvo que dar un par de chasquidos con los dedos, tal como lo hace un hipnotizador para sacarte del trance.
-Em, Emma, EMMAAAAA DESPIERTA! - Me gritaba mientras chasqueaba los dedos a un centímetro de mis ojos.
-Perdón, no te había visto, lo siento. – Aterrizaje forzoso, vuelta a tierra con entrada accidental. Que incómodo resulta cuando te pillan viajando en el amplio espacio de tus múltiples planetas. Puede que por eso me guste tanto "El Principito", porque él hace su gran viaje a través de su particular universo, y no sufre caídas brutales, simplemente, transita, salta, aparece, aprende y se va. Pero yo no tengo tanto estilo. Yo acabo cayendo de culo, ruedo entre los cardos de los caminos y termino con las rodillas ensangrentadas tras tanto rebote. – Estaba en mi parra, y cabreada, no os vi llegar.
-¿Parra? Chica, tú vives en tu planeta, y muchas veces dudo si tiene oxigeno o gas hilarante, porque lo flipo mucho contigo. ¿Por qué has salido corriendo? Dios, la tenías entre las cuerdas jajaja.
-No tiene gracia Ruby. Sé que, para ti, es como ir al parque de atracciones, pero la próxima vez que vaya, iré sola.
-Noooo, pero ¿por qué? Te prometo que no diré nada, me quedaré calladita. Mira, hoy he estado muy formal jajaja.
-Lo digo en serio Rub. Esto empieza a no tener gracia. Tengo que hablar con ella. Por cierto, Belle, lamento el espectáculo. Lo siento de verdad.
-No te preocupes Emma, imagino que tenéis vuestras cosas. No sé si quieres que yo te acompañe o si sigues interesada en la compra. – Belle se vio en medio de una situación que ni comprendía ni tenía porque vivir. No sabía si seguir la gracia a su amiga o comportase como una profesional agente inmobiliaria y continuar como si nada hubiese pasado.
-Bueno, sí que estoy interesada de verdad. No sabría explicarte bien por qué, pero creo que debo hacerme con ese lugar. Y no, no es necesario que me acompañes. Creo que debemos buscar otra estrategia para comprar la propiedad, y que cuando vuelva a esa casa, no debe ser la excusa para ver a Regina. Simplemente, debería hablar con ella de manera… ¿Civilizada? O al menos intentarlo. Aunque no creo que sea muy bien recibida, dado mi infantil comportamiento. Imagino que estaría furibunda cuando me fui.
-Pues, lo cierto es que no. Estaba más bien anonadada. Se quedó con la boca abierta, como cuando se te cae un helado al suelo justo en el momento que más lo estabas disfrutando. Solo se giró, nos miró y nos dijo… "Cierren la puerta al salir", y subió las escaleras. – Eso sí que no me lo esperaba. Si estaba entendiendo bien lo que me decía Belle, Regina quería que yo siguiese allí. A lo mejor, y solo a lo mejor, ella también disfruta de mi presencia, sea cual sea el modo en el que nos encontremos, aunque sea para discutir.
-¿De verdad? – Sonreí, como un soplido a un diente de león, mi rabia se desvaneció en el viento. – Creo que voy a volver.
-¿Ahora? Tú lo flipas, no lo dirás en serio. – Ruby me conoce bien, sabe que lo decía en serio. Odio dejar las cosas a medias, odio no zanjar discusiones y pretender que nunca ha sucedido, odio acumular cadáveres bajo la alfombra. Si tengo la desagradable sensación de no haber dejado claro algo, tengo que solucionarlo, tarde más o menos tiempo.
-Si Rub, ahora mismo. Ir al Vips, o a casa, o a donde queráis. Yo, vuelvo al Palacete.
-Pero Em, no creo que… EMMA, leche, que manía con dejar a la gente a medias. MENOS MAL QUE NO TE GUSTA DEJAR A LA GENTE CON LA PALABRA EN LA BOCA, EMMA SWAN… EMMAAAA. Mierda, que rápido anda jajajajaj.
Escuché a Ruby gritarme conforme me alejaba, solo le levanté la mano y la balanceé a modo de despedida. Tenía muy claro lo que iba a hacer, bueno, creía tenerlo. Hablaría con ella, me disculparía por mis modales e intentaría entablar una conversación medianamente serena. Sólo pensaba en lo genial que sería volver a llevarnos bien, sí, solo quería llévame bien con ella. Era un objetivo factible. Pero soy quien soy, y mi imaginación no se para en los próximos diez minutos. No había llegado ni a la puerta del Palacete y ya me veía tomando unas cervezas con ella en el jardín, a la sombra del manzano al que amenacé con una drástica poda. Y llegué un poco más allá, salir por ahí, llevarla al cine, mostrarle mi mundo, tomarnos de la mano, robarle un beso con la luna como único testigo … "Ay Dios, para de una puñetera vez, céntrate en llamar a esa puerta y desea que no te quiera lanzar bolas de fuego o algo así." Genial, me dio por hablar sola, un nuevo aterrizaje de culo contra el frío suelo.
Sin apenas darme cuenta, ya estaba en la reja de entrada al Palacete. No sé si se trataba de una señal del destino, o que simplemente, Ruby y Belle, no cerraron al salir. El caso es, que nada me impidió traspasar el primer obstáculo, y subir los escasos peldaños que me distanciaban de aquella imponente entrada. Era fácil, tomar la aldaba firmemente con la mano, elevarla y golpearla contra la madera. No es un gesto complicado, pero me limitaba a subir la mano sin alcanzar su destino, cerrarla y volver a introducirla en el bolsillo de mis vaqueros. Repetí esa acción… No sé, tres, cuatro veces. Me sudaban las manos. Otro par de veces me limitaba a cerrar el puño, acercarlo y amagar con impactar mis nudillos. Pero no, estaba nerviosa, bloqueada. Mi determinación se diluía como azúcar en té caliente, sentía que mis alas se podían mojar por volar demasiado bajo, o quemarse por querer hacerlo demasiado alto, tal como le sucedió a Ícaro. Y en medio de ese tifón de ideas, y con el puño de nuevo en alto a punto de percutir contra esa puerta, escuché el sonido del pomo girar lenta y delicadamente. Me quedé petrificada, qué hacer, qué decir, cómo reaccionar, qué me esperaba. Simplemente me quedé ahí. La puerta se abría lentamente, hasta que Regina asomó su rostro. Me desconcertó. Yo esperaba ira desbordada, rabia, sangrientas ironías, pero no, no era lo que su rostro mostraba. Tampoco era felicidad, ni siquiera era capaz de discernir lo que mostraba. Yo, experta en leer rostros, no era capaz de leer nada, al menos nada que pudiese distinguir entre todos los sentimientos que se pueden sentir.
-¿Qué hace aquí de nuevo? ¿No ha escupido suficiente veneno y quiere seguir donde lo dejó? – Su mirada era directa, pero su tono no acompaña sus palabras.
-No Regina, yo… En fin, yo solo…
-Señorita Swan ¿Será capaz de completar alguna frase? Porque no es cómodo verla balbucear en el quicio de la puerta.
-Bueno, siempre puedes invitarme a pasar jejeje – Se limitó a repetir ese gesto que me encanta y me enoja en la misma medida, levantó una ceja. – Esto … Vale, igual no tiene gracia. – Y volvió a sorprenderme. Abrió la puerta, se apartó para dejarme paso, y extendió su mano indicando el interior.
-¿Va a quedarse ahí o es que no entiende este gesto? – Esa es Regina, sus tarascadas eran su nuevo sello. Pero lejos de molestarme, me motivaban, me retaba.
-¿En serio? No es que no entienda el gesto, es que me sorprende que no me mandes al cine a ver una de patos.
-No es al cine precisamente a dónde me gustaría enviarle. Pero ya que está aquí, y que dudo mucho que se largue de mi propiedad de manera calmada, al menos aguantaré sus coces sentada. – Creo que, en ese momento, me llegó la mandíbula al suelo. Estaba totalmente perpleja. – Y como uno no debe perder la compostura ni la educación, conceptos que evidentemente le vienen grandes… ¿Quiere tomar algo?
-Pues… Yo… No sé si…
-Bien, le traeré una sidra. En vista de que aún no le riega bien el cerebro, limítese a sentarse y espéreme aquí.
Me limité a asentir, dirigirme al lugar indicado y sentarme. Lo que, evidentemente, no afectaba a mi vista, y pude ver como se contoneaba dirección a… Ni sé a dónde se dirigía. Se me hizo larga la espera, tuve tiempo de respirar hondo y calmarme, bueno, calmarme hasta donde era posible en su presencia. No sabía por qué había cambiado su actitud, pero si era coherente, yo también lo había hecho. Quizás ella también se percató de lo absurdo de la situación. O puede que haya recordado que hubo un tiempo en el que yo le caía bien. También podría ser, que esté harta de mí y le es más fácil darme la razón como a los tontos o a los locos. Supongo que sólo existe un modo de saber la respuesta correcta, y es, hacer la pregunta adecuada.
Entonces apareció por el pasillo, con dos copas en las manos. Todo comenzó a suceder como a cámara lenta, cada paso, cada golpe de tacón, su gesto era serio, pero sin síntomas de enfado, el flequillo rebelde, que la obliga a hacer un brusco movimiento con la cabeza para recolocarlo, y sus ojos que se alzan para fijarlos en los míos. Extendió una mano y me acercó la copa.
-¿Va a cogerla o también es mucho pedir? – No era falta de educación, más bien de oxígeno en mi cerebro.
-Sí, perdona, estaba… Distraída.
-¿Se pude saber qué le distrae tanto?
-Tú.
