Los personajes no me pertenecen, son de CAPCOM y sus respectivos creadores. Únicamente la trama me pertenece aunque quisiera un Chris Redfield personal.
Editado: 09.01.14
En fin. Sin más, les dejo la lectura.
.
Yuxtaposición de soledades
Reconstrucción
Capítulo 2: Sombras.
(Jill Valentine)
.
.
– ¿Segura que esto es normal? – Preguntó la menor incrédula y Jill solo asintió ante la pregunta de la pelirroja que recién había llegado de Washington hacía unas horas. Visitar a Chris en sus primeros meses de terapia era algo primordial según el doctor pues las secuelas de su cuerpo debilitaban al agente, lo podía notar los orbes castaños fundidos en rabia mientras mancillaba mentalmente a un pequeño grupo de soldados. Ambas miraban al Redfield mayor hablar en voz alta reprochando la falta de astucia en los aspirantes, masacrarlos con la postura rígida y voz prominente. Gruesa y tosca. Podían ver a Barry al fondo convenciéndolo de intentar bajarle a su descontrol, sin éxito alguno. Se giró hacia Claire Redfield, dándole las indicaciones del médico.
La pelirroja las aceptó aun confundida.
– El doctor Jones dice que todo será diferente a partir de ahora, Claire – La rubia suspiró con irritación masajeándose el puente de la nariz –Chris tiene que superar sus traumas, enterrar las sombras que lo persiguen, dejar ir todo – Ella lo observó a la pelirroja asentir, dudosa – Solo tenemos que darle tiempo, ver hasta donde es capaz de llegar este Chris Redfield… esperemos que no llegue hasta unas consecuencias irreparables, todos seremos su apoyo… así tengamos que soportarlo, no podemos fallarle – Ambas volvieron a fijar la vista en el individuo masculino y a los jóvenes hablar nerviosos
– ¿Qué hay de ti Jill? – La pelirroja dejó de hablar cerrando los ojos para decir las palabras adecuadas. – ¿Hay algo más que te orille a permanecer aquí?
La Valentine lo meditó posando una mano sobre su barbilla.
– Hay demasiados motivos Claire, uno de ellos es nunca fallarle a un compañero. – Claire sonrió satisfecha, tanto que a Jill se le antojó el gesto extraño.
– Gracias Jill, no sería nada sin ustedes.
– No es nada, todo el mundo tiene sus sombras.
Tenía que resistir, solo esperaba poder que no decayera. Que las sombras del pasado no salieran nunca a la luz.
Las sombras cuando relucían, eran imposibles de eliminarlas.
.
..
.
Recogió su bolso con dificultad ya que pesaba. El armamento ordenado para la misión consistía en objetos de mayor peso y largo alcance como granadas. No conocían las armas biológicas a tratar en caso de Neo-Umbrella ya que no habían asistido en la misión de China donde había participado su compañero, según el reporte de Chris Redfield un armamento basado en granadas y armas de alto calibre bastarían para enfrentarse a los muertos si eran como los de Tatchi; Jill había escuchado hablar de armas biológicas de mayor tamaño, asemejándose a los gigantes y criaturas con pinzas en vez de manos. Lo único de gran armamento yacía en un convoy militar por tierra que sería enviado para el primer análisis en la Roma, ya Claire escogería sus movimientos por aire. La rubia Levantó la vista analizando nuevamente el arsenal de armas en la bolsa adjunta percatándose de que su compañero pelirrojo había insistido en llevar municiones para los rifles semi-automáticos, llevó el conteo rápido de las armas con habilidad en consecuencia a el tiempo nulo y las dos horas marcadas trascurrirían con velocidad. Estar en Roma era primordial, cerró las maletas tomando primero los detonantes, la colgó en su hombro comenzando la caminata hasta la sala de despegue. Al llegar vio a Barry hablando con el nuevo escuadrón de fuerzas especiales, Claire atrás del pelirrojo mirando con nerviosismo los alrededores del cuartel. Aún recordaba cuando había visto a su pelirroja hermana batallar con su hermano mayor, soportando las quejas por su actitud impulsiva.
– ¡Jill! – El grito de la pelirroja le sacó de sus pensamientos. – No te quedes sola y ven con nosotros.
– Siempre alegre, no has cambiado nada. – Susurró sonriendo un poco.
Parecía tan distante cuando solo unos meses tenía desde la noticia que había causado mayor estruendo en la B.S.A.A y Terra Save.
Caminó pausadamente hasta llegar a donde el pelirrojo y Claire le esperaban soltando nuevamente el equipo.
– Hey rubia, veo que has traído las famosas detonaciones. – Sonrió Burton tomando la maleta sobre el suelo, abrió la maleta examinando con curiosidad las creaciones expertas del padre de Jill y encontraba extraordinario como un ex ladrón común podía fabricarlas con precisión y sin contratiempos, al parecer la rubia era la única especialista en desactivación de bombas, no podía esperar más de ella. Juntos habían sobrevivido las masacres, compartiendo campo con muertos vivientes.
– Lo que pediste, ahí las tienes, diez de cada una.
– Si no estuviera casado y con hijos, Jill te pediría que te cases conmigo. – Al escucharlo ambas mujeres rieron suavemente.
– Eres mayor Barry. – Intentó hacerlo razonar Claire. – Molly va a enfadarse por esto.
– Ya, ya – Barry movió las manos de un lado a otro restándole importancia. - ¿Dónde está Chris?
– Justo al lado tuyo, Barry. – El soldado mayor calló ante el aura prominente que emanaba de su compañero. Lo conocía, Chris se estaba exasperando. El castaño caminó hasta quedar junto a la rubia y él a lado de Claire, con el ceño marcado.
– Llegas tarde nuevamente, Jill. Sabes que es para débiles la falta de responsabilidad así que vámonos, no tenemos nada más que hacer aquí. – Claire se apartó de ellos caminando hacia otra dirección mientras el Redfield le hacía señas a su equipo táctico. – . Equipo Bravo, los quiero en cuartos bien distribuidos ¿Entendido? Nuestro destino es Roma, ahí esperaremos las órdenes de la D.S.O, mientras que los helicópteros llegan quiero que practiquen su puntería, tienen treinta minutos. – Burton miró con incredulidad al castaño mientras los jóvenes maldecían a su líder por un nuevo entrenamiento. Esperaba que la llegada del helicóptero fuera rápida, los recién promovidos no soportarían un entrenamiento hecho por su compañero. Le había insistido a Jill buscar una nueva alternativa, hablar con otra opinión médica sobre la situación pero al parecer no habría respuesta pronta, tenían una misión y la cumplirían.
– Eso ya es demasiado Chris. – Los ojos claros de Barry contemplaban atónicos a los jóvenes exhaustos.
– Ley de la vida. Para ser fuerte necesitas saber qué es el dolor.
Y extrañamente, para los tres las palabras eran totalmente ciertas.
.
Miró hacia ambos lados del cuartel donde permanecían los helicópteros estacionados en tres filas dependiendo del tipo de institución a cargo, algunos de los miembros del primer equipo el cual le haría compañía a Barry ya había comenzado a empacar su propio arsenal por lo que lograba distinguir a lo lejos. Eran indicados, aprobados y entrenados con gran héroe de antaño por lo cual no dudaba de su destreza.
Jill suspiró ajustándose el chaleco táctico estilo militar que últimamente solía usar. Le protegía de huellas externas. Una figura se posicionó tras de ella tomándola del hombro.
– Hola, agente Valentine. –Saludó alguien tras sus espaldas y Jill curveó levemente los labios al verlo. El hombre tenía una postura elegante, digna de un alto mando en Terra Save, él portaba un traje de combate color azul marino diferenciando el rango al no pertenecer a los agentes si no al departamento de investigación y notó, a su lado también Claire sonreía levemente.
– Hola Adam, Claire ¿Cuánto falta para que abordemos? – preguntó alzando el rostro hasta el cielo azul. El hombre miró su reloj de pulsera, Jill vio en sus manos el mapa de la cuidad de España concluyendo que él sería su acompañante.
–Tenemos el tiempo suficiente para detenernos a pensar en esta nueva locura de bioterrorismo, al parecer no fue suficiente con haber matado a mi padre. – Susurró el rubio de ojos verdes con rabia. Jill sabía que no le era fácil al hijo del ex presidente tener una carga pesada en sus manos como lo era ser partícipes de eventos memoriales hacia su padre, eso era algo que compartía bien con la pelirroja, ambos habían encontrado el consuelo, mutuamente. Sonrió ladinamente, fijándose en el sobre blanco con detalles rosas en las manos de Claire.
– Tranquilo, todo estará bien. – Lo calmó.
– No hay necesidad de mentiras Jill. – Concordó Claire con el hombre. – De hecho, si te alcanzamos primero es porque tenemos algo qué decirte.
La pelirroja guardó silencio y Valentine contempló los lentes negros bajarse por su nariz en señal de incomodidad.
Adam sacó de su bolsillo un sobre que le hizo trabajar su mente al cien. Los vio a ambos con curiosidad.
Y el semblante despistado de Claire Redfield le daba a pensar con claridad qué era el escrito, los señaló arqueando una ceja.
– ¿Tienen algo que decirme? – Soltó mordaz ya sabiendo lo que se aproximaba. Adam sonrió abiertamente, cualidad que apreciaba en ese hombre. Siempre estaba feliz, al menos, desde que salía con la hermana de su compañero. La pelirroja también había vuelto a la vida desde el inicio de su relación pues tras cuatro años de noviazgo su personalidad enérgica parecía regresar entre las sombras.
– Si ya sabes no hables así Jill – Reclamó la rubia. – Lo vuelves difícil.
La de los ojos grises negó divertida al pensar que las sombras alrededor de Claire Redfield disminuían en cantidad.
No como él. Chris estaba incrustado en una sombra peligrosa, obscura donde solo se podía pisar si se conocía el terreno inestable. Pocas personas lograban tantearlo o bordearlo pero siembre caían más, y solo los suicidas se atrevían a enfrentarlo.
– ¿Es lo que creo?
Adam le quitó el sobre a la pelirroja posicionándose junto a la rubia, dándole el sobre sin perder aquella característica sonrisa.
– Así es agente Valentine. Claire y yo vamos a casarnos – Jill rió, La aludida pelirroja sonrió incómodamente. Debía admitir que la pelirroja estaba extraña, miraba el piso sin tomarle importancia a su pareja el cual se veía ilusionado. Sus orbes de un color semejante al verde brillaban, no entendía que la mantenía en ese estado.
– Ya era hora, felicidades.
¿Qué sería tan importante para mantenerla intrigada?
Jill recordó la edad que portaba, casi llegaba a los cuarenta y dos años y seguía sola ya que el matrimonio se hacía cada vez más lejano. La vida de un agente no tenía límite. Entre sus compañeros de mayor edad estaba Barry, de cincuenta. Johnson Brighton estaba en los setenta. Sus generaciones ya habían sido eliminadas, desde su equipo Alpha en los S.T.A.R.S hasta su afiliación actual. Debía admitir que comprendía perfectamente al castaño.
Media vida reducida a sombras, era mucho que decir.
– Espero y Chris se lo tome bien. – El rubio se tensó ante su misma frase.
– Así será él te aprecia muy contrario a ellos. – Señaló al joven equipo.
Y su oído captó algo, un sonido quejoso parecido a un gemido de dolor. La rubia se volteó guiándose por los instintos hasta visualizar mejor el panorama, muy a lo lejos a su compañero de escuadrón discutir de la mano con Barry. Adam, por el contrario se percató del cambio de actitud súbito en la líder.
– Eh, agente ¿se encuentra bien? – El rubio siguió con la vista el punto que Jill miraba sin mostrar ninguna expresión, encontró a un castaño hablándole a los agentes de toscamente, para su gusto y con el segundo al mando. –No debería ver mucho al capitán Chris… al menos no cuando esté el agente Burton, tiende a burlarse de esas cosas.
Para sorpresa del rubio, Jill gruñó.
– No te equivoques, Adam- Respondió secamente dejando sorprendida a Clair, la de los ojos grises avanzó dejando atrás a dúo hasta el punto de reunión donde el helicóptero al fin había aterrizado
– Ella siempre así, Chris le ha dejado huella. – Adam lo creía cierto conociéndolos a ambos a lo largo de su trabajo.
– Una sombre que siempre estará tras Jill Valentine. – Claire aferró la mano de Adam entre las suyas.
– Y eso, que el historial entre ellos es pesado.
– ¿Qué tan duro puede ser? – Ella cerró los ojos
– Tanto para lastimarse a sí mismos.
.
.
El ruido estruendoso de las hélices y, el viento le removía sus rubios cabellos. Les dejó el paso a los prometidos, nuevamente notó la tensión en la fémina y estaba segura que Adam lo sabía, solo esperaba la solución al problema que atormentaba a la agente federal. Jill sintió una fuerte presión sobre su hombro al intentar subir. La mano masculina se cernía con medida fuerza, deslizó su mano hasta cubrirla, para después apartarla suavemente. – Chris, no es necesario que hagas eso. – el aludido gruñó ocupando su espacio en dentro del helicóptero. – Ya hablaremos más de esto. Por estos momentos solo tenemos que concentrarnos en nuestra llegada.
– Rebecca estará ahí. – Informó el castaño mostrándole el móvil con el mensaje de la castaña. – Otra más añadida a la lista.
– No viene sola. – Barry quien se mantenía junto a ellos abrió un ojo al escuchar el tono extraño en la voz de Jill y al ver la imagen del invitado de Rebecca, supo que todo estaba saliendo mal.
– ¿Carlos Oliveira eh? – Chris apartó el móvil. – De verdad están reuniendo a todos.
Jill estuvo muy de acuerdo e intentó no sentir nada.
– Si… parece que las sombras vuelven a reaparecerse
.
.
El viaje había sido relativamente sin improvistos, las horas de vuelo se hicieron rápidas gracias al horario vespertino. Una vez entrado al territorio Roma Jill quedó anonadada por el paisaje, el punto de reunión sería en una zona libre de agente biológico. Por los informes la cuidad a investigar se mantenía sin investigación previa, tendrían que desviarse a una parte donde estuviera seguros de no se emboscados o sorprendidos. No querían una alteración en los agentes élites, El primer sector tomó una desviación hasta Italia donde no se habían reportado algún signo de contaminante. Al bajar del avión distinguieron los aviones propietarios del D.S.O, algunas aeronaves distribuidas estratégicamente y el convoy al parecer no sufría daño alguno. Un hombre se acercó hasta su posición. Tenía complexión de piloto o algo relacionado con vuelo, sonreía abiertamente lo cual generaba desconfianza.
– Me presento agentes, soy Marcus Withlock. Comandante aeronaval de Italia. Seré su representante hasta llegar a la cede de la compañía. Nuestro agente Kennedy tomará un poco en llegar, al parecer tuvo un pequeño contratiempo. – Se disculpó sonriente. Jill observó el semblante de Chris a lado suyo cambiar. El castaño tomó al rubio de las solapas alzándolo en diferencia a su estatura.
– ¿Por qué diablos no llega a tiempo? ¿Acaso no sabe lo que está sucediendo? – Apretó con más fuerza el agarre sacando un jadeo de dolor en su víctima – Diles a los de tú compañía que la B.S.A.A ha llegado y queremos al maldito de Kennedy en este instante ¿entendido Marcus? – Siseó empujando al rubio contra el suelo quien lo miró con odio. Adam se disculpó mientras le tendían los papeles y Barry llegó hasta su posición murmurando suavemente contra su oído
– Jill, tendremos que distraerlo hasta que el agente Kennedy esté en Italia. – Propuso el mayor bajando su equipaje y el de Jill.
– No creo que sea fácil despistarlo Barry, Chris es endemoniadamente inteligente, nos descubrirá antes de que nosotros nos demos cuenta. – Una de sus manos viajó hasta el bolsillo y apretó el arma dentro de su pantalón. Odiaba no poder manejar el progreso emocional de su compañero, si querían pensar en una distracción efectiva para lograr distraerlo tenía que ser alguna pasión para el castaño, algo lo cual no se negara.
– Hay que hacer algo de todas formas Jill.
– Lo sé.
Volvió a ejercer presión en la calibre 21, sintiendo una idea cruzar su mente.
Chris nunca le decía que no a los buenos retos.
-¡Hey Redfield! –Gritó la rubia – Chris… qué te parece si entrenamos un rato, solo para calentar hasta que tomemos posiciones, ya sabes.
Barry arqueó la ceja. El mayor de los Redfield no caería.
Sin embargo el agente meditó por breves segundos preguntándose el verdadero motivo. Jill no solía retarlo a los desafíos cuerpo a cuerpo. Pero si ella quería, no veía ningún motivo para negárselo. El que Jill se preparara volvía más difícil que muriera a manos de cosas repugnantes y asquerosas.
– Como quieras Jill, entrenaremos si eso es lo que quieres.
A Barry casi se le cae la saliva ante la oración.
.
.
Un golpe seco, seguido de un ligero quejido. El sonido del tronar de la madera escuchándose al fondo, creando ecos en el ambiente. Jill inhaló el aire suficiente que había perdido al ser empotrada contra la pared. Podía sentir el cuerpo tenso y sudoroso de Chris Redfield pegado al suyo. Tenía un brazo alrededor de su cintura con firmeza mientras la otra mano cubría el área de su cuello ejerciendo presión, en mano portaba un cuchillo de combate. No tenía una vista de su rostro pero sabía que mantenía una mueca arrogante ante su victoria.
No sabía cómo moverse para salir del agarre. La fuerza ejercida le lastimaba la muñeca pero eso no era algo de preocuparse en comparación a lo que enfrentarían cuando fueran a la capital. Movió ligeramente el cuerpo sintiendo el abdomen duro, posiblemente marcado a las forzosas horas de entrenamiento. Estaba atrapada. No podía llegar hasta el borde de su pantalón para sacar su pistola o amenazarlo con un arma blanca. Acarició con lentitud la base del abdomen sintiendo la tensión inmediata del atacante, aprovechó el leve espacio irguiéndose con rapidez, maniobrando las manos para tomarlo por los hombros. Chris giró al sentir el violento cambio de fuerzas, ejerciendo más presión a la cintura provocando la caída al suelo.
– No puedes ganarme, Jill. –Siseó nuevamente el de los ojos azules, forcejeando en el suelo – Sigues bajando la guardia. Ya hemos hablado sobre ese defecto
El castaño se escabulló entre las piernas de la agente imposibilitando las maniobras, Jill podía ver las gotas de sudor caer en su frente y a Chris mirándola con molestia. Inclinó el rostro acortando la distancia sin meditarlo. Quería despedazar al Chris de mirada dura.
– Lo siento, pero ya sabes que yo nunca me rindo. – Haló la camisa, rompiendo los botones y dejando el torso visible. Varias marcas gruesas se localizaban en diferentes puntos de su pecho, tenía una profunda al costado de su espalda, en la línea del pantalón.
– Chris…
Definitivamente había pasado por mucho. Chris la miró con el ceño marcado. Parecía entender sus pensamientos sobre esas Cicatrices de batalla.
– No necesito tu lástima Jill. – Habló el castaño, sin apartarse. – Estas son las heridas que he ganado en esta lucha contra el bioterrorismo, eso, son las sombras de mi pasado Jill, aquellas que no se borran y recuerdan las acciones estúpidas que uno toma. Tú has estado de mi lado, lo has visto.
– Debes dejarlas desaparecer. – Sugirió, enfrentando la mirada clara molesta. Los ojos del mayor se hacían más obscuros cuando se molestaba, la tonalidad los volvía duros e inquebrantables.
Eran las señales que alertaban a todos.
– No. – Gruñó el agente – Todo eso fue provocado por mis estupideces. Ahora solo nos dedicaremos a entrenarlos hasta el cansancio, que sufran Valentine. Ellos entenderán los motivos por los cuales el dolor los vuelve fuertes. – Jill negó con la cabeza, recostándola sobre el suelo.
– No, solo traes más sufrimientos si aplicas el dolor. Somos ahora diferentes Chris. Ya no somos los jóvenes que un día de trabajo se volvió el infierno. Solo seremos dos personas acabadas sin vida por culpa del bioterrorismo y errores.
– Es nuestro deber erradicarlo, aún si nos tome todo el tiempo – Chris aflojó el agarre permitiendo escabullir su mano hasta tomar el hombro femenino – Sabes que la debilidad no está permitida Jill, fallar no es una opción. – Se miraron desafiantes sin soltarse. Unos sonidos se escucharon al fondo, pasos acercándose hasta su posición hasta topar con sus imágenes.
– l Agentes ya es hora de – Adam calló al ver la imagen de los adultos en el suelo. Chris Redfield sobre Jill Valentine con la camisa descubierta y los cuerpos unidos. Sintió sus mejillas arder cuando el mayor lo miró con odio. Tenía que salir de ahí – Creo... Que… iré a ver a Claire. El agente Kennedy llegó hace unos minutos y al parecer trae consigo un objeto clave para esta misión… los esperamos ahí… siento haber interrumpido – La rubia observó al de los ojos claros salir con un rubor leve en sus mejillas.
¿Interrumpir? ¿Qué demonios significaba eso?
– Idiota – murmuró el castaño poniéndose de pie, tendiéndole la mano – Vamos. Kennedy ha llegado y tenemos que movernos rápidos. No llegaremos tarde Jill, es manía no es lo mío
– No lo es, apresurémonos entonces.
Caminaron en silencio hasta llegar a al punto de reunión. Una vez tomada la posición divisó al prometido de su pelirroja hermana con el latente sonrojo en sus mejillas mientras Claire lo miraba inquisidora.
¿Qué demonios le habría dicho ese rubio amable?
Detalló la habitación en silencio. Las paredes en tonos grises creaban un ambiente aburrido. Cuadros antiguos colgados, algunos más viejos, los mueves de madera y el escritorio repleto de informes. Algunos eran de las desapariciones de hombres, otros anuncios sobre hombres devorando civiles inocentes y criaturas extrañas deambulando por España. A lo lejos se apreciaba a su hermana hablar seriamente con el rubio amable sobre alguna cosa. Jill recargaba la Beretta mientras Barry compartía campo en el convoy.
La puerta se abrió dejando ver a los agentes de la D.S.O. junto al su líder. Ambos ancianos tomaron sus respectivos asientos al igual que los integrantes. Decidió tomar el asiento más lejano, no tenía ánimos para escuchar la tediosa voz de las mujeres que servían café y lo miraban con recelo.
– Como verán – Empezó el jefe Johnson – Él es William Withlock, jefe de la agencia con la cual compartiremos campo en esta misión. – El moreno se presentó y el anciano continuó señalando la pila de papeles en cada lugar. – En sus respectivos asientos está la información de los ataque en ambas ciudades, la mujer a mi izquierda es Ingrid Hunnigan, experta en comunicaciones y el de la derecha es Carlos Oliveira, esposo de Ingrid y ex miembro de Umbrella. – Chris desvió su mirada hasta topar con el rostro tenso de su compañera. Sabía los sentimientos que Jill le guardaba a Oliveira pero al parecer no parecía afectarle en nada.
– Me llamo Leon Kennedy. – Se hoyó al fondo. El rubio se irguió en pose autoritaria, acaparando la atención de los integrantes – Tengo el puesto de agente clase S. Sobreviví a Raccoon City y trabajé para el gobierno – Habló con rudeza, tomando los papeles – Este atentado según Hunnigan proviene de la organización Neo Umbrella la cual fue el motor clave del atentado del virus C, Hunnigan, ¿alguna novedad sobre eso?
Jill detalló al hombre rubio en silencio. Tenía unos ojos color azul, su traje consistía en una chaqueta de cuero negra, al parecer característica. Una camisa color azul obscuro haciendo juego, pantalones algo angostos y botas de combate. Tenía ojeras que enmarcaban su rostro, en señal de cansancio y no entendía el motivo. Leon Kennedy no había sido asignado a misiones según los datos proporcionados antes del vuelo. Algo le había sucedido, al menos, afectado para provocarle ese estado.
¿Qué podría descolocar a Leon Kennedy?
La voz de la experta se hizo resonante, tediosa. Pero ella no tenía culpa sobre ello.
– Al parecer creemos que están fabricando un nuevo virus, no sabemos con claridad si la información recibida es confiable. El experto en aeronáutica nos hará la información cuando emprendamos el viaje hasta los destinos, Carlos y yo nos quedaremos viendo las comunicaciones. Rebecca Chambers llegará dentro de unos cuantos minutos para la asistencia. Sus habilidades químicas nos serán de gran ayuda.
Los ancianos asintieron satisfechos ante el plan de Hunnigan. Chris no había objetado las decisiones tomadas, lo cual era signo de aprobación por su parte. Por lo menos no armaría un escándalo de furia e insatisfacción. Escuchó a su compañero carraspear.
– Si eso es todo partiremos lo más pronto posible. Mi escuadrón viajará por vía terrestre una vez que Rebecca llegue. Claire, tú y Adam se irán por aire. Estarán en manos de Marcus, una vez que lleguen a España quiero su reporte. Jill vámonos, tenemos que prepararnos – Jill sintió la mano del castaño rodearle la muñeca con fuerza, comenzando a levantarla. Una risa seca y burlona se escuchó al podo, sintió a Chris tensarse nuevamente. Algo le decía que no era bueno. Ambos posaron su mirada en el rubio de ojos miel quien los miraba con molestia
– No des las cosas tan fáciles las cosas, capitán – Soltó con malicia oculta el rubio – Recuerda que los errores siempre los paga tu escuadrón y no queremos que eso suceda – Rió. Observando al Redfield caminar hasta su dirección, siendo detenido por Leon.
– Lo golpearé – Aseguró el castaño. Leon no se dejó intimar.
– Tendrás que pasar sobre mí.
El rubio Marcus los vio fascinado. Ahora era el turno de atacarlos a ambos, como le habían ordenado sus superiores tomó su maleta que yacía en el suelo, sacó unos cuantos papeles tendiéndolos sobre la mesa de madera, dejando un rostro visible.
Claire contuvo el aliento, Johnson Brighton tensó los músculos de su cara al reconocerlo. Mantuvo su mirada firme, observando sin dar crédito. Jill entrecerró los ojos sintiendo una molestia invadir su sistema mientras Marcus miraba sonriente, disfrutando sus expresiones. Ese tipo no era de confiar.
– Esto, es lo que debería ser su objetivo.
La sala asumió un profundo silencio. Podían sentir al ambiente asfixiar y, lo más curioso era el duelo a muerte de mirada que Chris dirigía hacia el Kennedy.
Jill volvió a mirar la fotografía. Sabía las heridas que Chris aún no había avanzado nada en su proceso de recuperación y aquello significaba volverá abrir la profunda grieta que lo orillaba a romperse, encerrarse en aquel hombre sin sentimientos.
No podía estar sucediendo.
Aquella información debía ser una broma, una mentira
Ada Wong no podía estar viva
.
.
Editado II: Noviembre 2014 (sin cambiar la nota de autor)
¡Hola! ¿Cómo están? aquí con el siguiente capítulo de esta historia, al parecer las cosas se complican mucho para Jill y para todos ¿Cuál será la reacción de Chris?
Por cierto, a los que me preguntaron si habría Aeon en esta historia (o menciones de este) la respuesta es No.
Por otro lado… la siguiente historia está casi lista ¿qué opinan de una Claire al matrimonio?
Prometo responder los comentarios en el próximo capítulo, ando algo corta de tiempo pero gracias por sus comentarios.
Ahora ¿Qué opinan de este capítulo?
Dejen un Review con su opinión. Un saludo.
Fatty Rose Malfoy
.
