Bueno, ya he vuelto, esta vez no he tardado tanto. Espero que os guste este capítulo, es el preámbulo de algo interesante. Así que esperaré ansiosa vuestros comentarios jajajaj. Como siempre, gracias a mis lectoras y amigas en su mayoría, SnixRegal, Rebe/Ruby , Invento Chino, Laura Brooks, Fanclere LIZ039, Evazqueen, Merlita, Sandy, Su, Pelanito, Erpmeis, Leylay, Andreja, Gencastrom09, 15mardy, Hawaiana, Diana9915, Ruah,Vnat07 ,Lucyft013, Franchiulla, UnicornStickers, AleaRachel, kykyo-chan , Gencastrom09, BeaS, LooveParrilla, MarieShir, Celogu, Andy09, Mayeli85, Sjl, y Maleyi85, y a mis anónimas, aunque entre ellas se esconden algunas personas muy importantes para mí.A Layla, amiga de la infancia y a La Señorita de Lago, maestra y amiga. Comentéis o no, sólo por leer, por hacerla favorita y por estar al otro lado de la pantalla, gracias de corazón a todas.

Sí, mi vida está en constante evolución, pero sigo sin ser millonaria, así pues, aún no me pertenecen los personajes jajajaja.


CAPÍTULO XVII

"-Tampoco te lo has pensado tanto.

-Tampoco te ha costado tanto pedírmelo."

Ambas sonreímos, estábamos relajadas. Pude percibir en ella paz, como el detenido que por fin confiesa su crimen. Por mi parte, aún había incógnitas que resolver, pero ¿ese era el instante correcto? Seguramente no, dada mi habilidad para arruinar grandes ocasiones, decidí, al menos por el momento, no hacer preguntas, aunque la curiosidad chisporroteaba en mi cabeza como un enchufe mal conectado. Me dejé llevar, no sabía cuánto tiempo duraría este impasse en nuestras extrañas vidas, por tanto, no, no iba a estropearlo. Lo disfrutaría al máximo, me dejaría mecer por la serenidad, por esta paz. No sabía si la tormenta había pasado, o estaba en el ojo del huracán, en esa falsa calma hasta que el vórtice te vuelve a arrastrar. Pero tampoco iba a perder un segundo más en intentar averiguarlo. No, ni un segundo más.

Me incorporé y quedé frente a ella. Sentir tan cerca su respiración, me dejó bloqueada, cuan estatua de sal, un soplido, y sería historia. Su cicatriz, esa que deseaba atrapar a bocados hambrientos. Me perdí, volé sin alas sobre las nubes de mi imaginación. Aterricé, de golpe, como casi siempre, su voz me devolvió a la realidad, que, sin ser para nada mala, ni incómoda, no era ni la mitad de buena comparada con mis ensoñaciones más pasionales, irracionales y casi lujuriosas.

-¿Me acompañas a la cocina, o vas a seguir ahí parda? ¿No creerás que seré yo quien lo haga todo? ¿No? – ¿Cómo decir que no podía moverme? ¿Cómo reaccionar ante ella? ¿Cómo, sin rozar el ridículo?

-¿Perdona?

-Emma, la pregunta no es tan difícil ¿Vienes?

-Te seguiría al inframundo.

-Con que vengas a la cocina, de momento me vale jajajaja. – Aterrizaje por cortesía de Regina Mills. Que viva el romanticismo.

-Ups, sí, sí, perdona, me había empanado un poco.

-Se nota que tienes práctica jajajaja.

-Ehhh, un poco de paz. – Levanté las manos, ella sonrió y se iluminó la estancia, qué digo la estancia, el mundo entero, mi mundo. Inició el camino hacia la cocina y yo, la seguí dócilmente. En ese momento caí, no había avisado a Ruby, a saber, qué estaría pensando. – Perdona Regina, tengo que hacer una llamada, voy en un momento ¿ok?

-No me lo digas, tu amiga pensará que te he secuestrado.

-Ojalá – Lo dije en voz baja, creí que no me había escuchado.

-Dile que no asalte mi casa, aún no lo he hecho.

-¿Aún? – Casi se me salen los ojos de las órbitas, cosa que, evidentemente, le hizo mucha gracia.

-Tranquila Señorita Swan, de querer hacerlo, ya le hubiese quitado el teléfono, amordazado para no escuchar sus balbuceos y encerrado en una habitación oscura. – Hasta tragar se me hacía un trabajo harto complejo. – Le espero en la cocina, no tarde, o al final, seré yo quien tenga que venir a rescatarla. – Media vuelta y… Wow, contoneo arrebatador que me dejó totalmente noqueada. Directo a la mandíbula y sin compasión. Tras dos o tres tartamudeos más, y todos ellos incoherentes, por supuesto, saqué el móvil del bolsillo.

Al teléfono con Ruby

… Piiii (un tono) Piiii… (dos tonos) y… añdkjfardñvai crashhhh! Cerca de mil porrazos golpeando el auricular, y de fondo, muy a lo lejos, escuche a Ruby, como si me hablase desde el fondo del mar.

-Me cag.. en el put.. móvi… de los cojo… Aggg … la hosti… que… se h ..pegado

-¿Ruby? ¿Me oyes? ¿RUBY? Jajajaja

-Dio…Emm.. ¿Dón.. mier.. te has.. me.. ido?

-Pero ¿qué pasa? ¿No tienes cobertura?

-Qué coj… cobertu.. que se me… ha suici.. el teléf… ¿Dónde est..?

-¿Qué le ha pasado el móvil?

-Se me escap… de las mano.., estoy en la duch.. put… jabó…. ¿Qué, dónd.. estás?

-Con Regina, por eso te llamo.

-Noo..ooo..ooo, no me lo dig.. te ha secu…trado! La mat.. te jur.. que la mat.. Voy par.. allá, no t.. muev.., mante… la calm.. que voy.

-Jajajaja, Pero qué dices neurasténica jajajaja. Que estoy bien – Impresionante, Regina acertó con su vaticinio. A ver si al final, va a ser bruja de verdad. – Hemos hablado, y me quedo a cenar con ella.

-Per.. tú eres idio… o qué. No me lo dig.. te ha hechiz… o peor, te ha arranc.. el corazón.

-Qué hablas de arrancar corazones Jajajaja Arrancar no le hace falta, se lo doy cuando quiera.

-Eres una idiot.. de libro. Y despu... qué, te qued… a dormi… ¿no?

-Mmmm pues no lo había pensado, pero oye, si surge…. Quién sabe jajajaja. Naaa es mentira, si lo había pensado jajajaja.

-Tú eres gilip… Pues ¿Sab.. qué?

-A ver, ¿qué? Sorpréndeme.

-Que puest.. a hacer.. el gilip.. que lo hag.. bien. Deja el list… Emm… Swa… Bien alto jaj…ja…jaja..ja Que tienes una fam… que cuida.., monina.

-¿Qué fama? Jajaja. Anda loca, te dejo, que me espera en la cocina.

-¿Cocin..? ¿Tú? Recuer.. aquí e.. 112, no el 911, porqu… fij.. que tien… que llamar a los bombe… jajaja…jaja..jajaja La Evi… Queen, no sab.. el pelig… que tienes en la coci…

-Vale, suficiente por hoy. Que no sé a qué hora llego, ¿Vale?

-Dale cañ… Sácale el pal.. del cul… jaja..jaja Eres un.. maqui.. pero por Dio… no te enamo.. NO TE ENAM….

-Adiosito, ciaooooo. – Y colgué, había entrado en bucle de memeces, y a mí me estaban esperando para… Bueno, lo que surja.

Fin de la conversación con Ruby.

Me aproximé a la cocina, sigilosa como un gato. En mis labios, una sonrisa entre, divertida tras la conversación con Rub, si es que a eso se le puede llamar así, y pícara, pensando en la loca posibilidad que surgió en la delirante charla. ¿Podría ser? ¿Te imaginas? ¿Bajaría tanto las barreras como para…? Lo cierto es que, no iba a forzar nada, pero claramente, tampoco iba a desperdiciar la ocasión, si ésta se presentaba.

El camino hacia la cocina, se convirtió en un momento de esos en los que, te das fuerza moral, y una pequeña "cheerleader" se instala en tu hombro, gritando mientras salta con sus pompones… "DAME UNA E, DAME UNA M, DAME OTRA M, DAME UNA A…¡EMMA! Vamos campeona, pon tu mejor sonrisa, usa tu mirada más felina, entona tu mejor voz de conquista… VAMOOOOSSS" Entonces me paré junto a la puerta, crucé las piernas, los brazos, me apoyé en el marco, sonreí de lado… Sí, sin duda, una de mis mejores poses, estaba segura de que no me había oído llegar, pero… Me equivoqué, que raro ¿No?

-Tranquila, la casa es vieja, pero aún no necesita puntales, puedes dejar de sujetar la entrada de la cocina, no se va a caer. – Pero qué capacidad más increíble tiene para sacarme abruptamente, de mis pequeñas películas mentales.

-Perdona ¿qué?

-Emma, ya sabía que estabas ahí. Deja de escaquearte y ven a ayudarme si quieres cenar esta noche.

-No, no, no estaba intentando tal cosa. – Estaba intentando deleitarme con las vistas, pero he sido pillada in fraganti. De manera que, me acerqué hasta su posición. – Vale, ya estoy aquí. Advertida quedas, la cocina y yo, no pasamos de una relación de… Digamos conocidas, no hemos llegado a intimar. No he llegado más allá de usar el microondas y abrir latas jajajaja.

-Diría que me sorprende, pero estaría mintiendo descaradamente. Está bien, tampoco es que necesite ayuda para preparar una lasaña.

-¡Ay Dios! ¡LASAÑA! Acabas de conquistarme del todo. No me digas que sabes hacer lasaña.

-¿Hacer? Perdona querida, pero preparo la mejor lasaña que puedas imaginar, ya me lo dirás cuando la pruebes. Pero si sigues entreteniéndome, no terminaré jamás. Y si después aún te queda hueco, puede que te ofrezca un postre.

-Mmmm y con qué postre me sorprenderías. – Levanté las cejas dos o tres veces seguidas, la miré directa a esos atrayentes ojos, esos que me sumergían en una oscuridad en la que necesitaba perderme. Apoyé el codo en la repisa y sonreí con mi mejor pose de conquista, una similar a la del quicio de la puerta.

-No se acelere Señorita Swan, en principio… Me refería a una deliciosa tarta de manzana. – Creí morir, estaba jugando conmigo. Para responder a la insinuación, se acercó a mi oído, y susurró ese "Señorita Swan" que, de pronto, me sonaba como el silbido de las aves al iniciar sus cantos y bailes de seducción. Tenía que reaccionar templadamente, bueno, templada estaba, quizás demasiado, pero debía convertir todas esas emociones en serenidad. Controlar una situación, que se me estaba escapando como el agua entre los dedos. Y lo peor, ella se estaba dando cuenta.

-Uhh, no seré yo quien te lo impida. – Me enderecé de un respingo en cuanto se separó de mi oído. Mi tono cambió drásticamente. Y nos pusimos a… Bueno, seamos honestas, se puso, yo me limitaba a dar vueltas, no es mi hábitat natural. A ello se sumaba el encandilamiento en el que me hallaba.

Y así pasamos las horas, ella atareada entre platos, yo, obnubilada con sus quehaceres. Nunca me pareció tan endiabladamente sensual el grácil uso de una mandolina, la espiral infinita creada con la ligera caricia de una cuchara de madera, los sutiles golpes de muñeca, ejecutados con maestría blandiendo una sartén, creando olas de aroma a tomate y especias. Cada ingrediente tratado con el respeto debido, carnes, verduras, aceite y hasta salpimentar. Todo orquestado en tempos perfectos. Como toque final, y mientras el horno alcanza la temperatura correcta, ella coloca las láminas de pasta sobre la rustidera. Las repartía cuan habilidoso crupier, barajando las cartas mientras observa a los incautos jugadores. Notaba su mirada, de qué manera aguzaba los sentidos para no perder ripio de cuanto le rodeaba. Ella observaba mi rostro infantilizado, poseído por los recuerdos del ayer, en los que, con la barbilla apoyada en la encimera, veía a mi madre cocinar. El aroma, los recuerdos, la sensación de paz, todo me hacía sentir en casa. Me percaté, eso es lo que significa hogar. Ella, su imagen, su presencia, su sonrisa, sus palabras, su ácido sentido del humor, su mirada, sus laboriosas manos, su aroma, ella es mi hogar.

-Me miras como si nunca hubieras visto cocinar a nadie. – Me devolvió al hoy, pero esta vez no sonó sarcástica.

-No, no es eso. Es que hacía mucho que no… Que nadie cocinaba para mí.

-¿En eso estabas pensando? Tenía la sensación de que había mucho más tras tu mirada.

-Lo cierto es que sí. Qué demonios, te lo diré. ¿Sabes? Al principio, ni siquiera quería comprar este Palacete. Simplemente, quería volver a verlo. Después, te vi aquí, y la verdad, lo quería comprar, simplemente por fastidiar.

-Ehh, ¿cómo qué fastidiar? Ya tienes que tener rabia acumulada. Gastar un montón de millones por una pataleta… O te sobra, o eres idiota jajajaja.

-Ambas jajajaja. Pero hoy, ahora… Te vas a reír…

-Seguramente, pero prueba, querida.

-Ja, ja. – Me aclaré la voz. – Ahora, la compraría solo para poder hacer esto contigo cada día.

-¿Para contratarme de cocinera? Lo siento, pero tengo mayores aspiraciones jajajaj.

-Ehhh, no te rías de mí. – No me molestó en absoluto esa risa. Pero fue su manera de frenar una conversación que se estaba volviendo demasiado… ¿Sentimental?

-Te lo advertí. Y ahora, vete llevando los platos y cenemos de una vez. Acaso ¿no tienes hambre?

-Mmmm huele que alimenta. Pues claro que tengo hambre. Me comería todo lo que hay en la cocina.

-¿Todo? – Me miró de soslayo, simplemente alzó esa ceja colmada de autosuficiencia, mientras lanzaba la pregunta.

-Todo, incluida la cocinera.

-¿No te rindes nunca Swan?

-Jamás, sobre todo si creo que algo vale la pena. – Ambas reímos a la par y nos dirigimos al comedor.

-Mis manjares, siempre merecen la pena, querida. – Siempre quiere quedar por encima.

Nos sentamos a la mesa, supongo que esperaba que me posicionase formalmente, frente a ella. Pero no estaba por la labor de seguir protocolo alguno, así que, no dudé en plantarme a su vera, como un árbol de dos mil años, no me iba a mover de ahí.

-Qué, no esperarás que me ponga en aquella punta de la mesa. Tendría que pillar el metro para coger la sal. – La sal, como si me importase un bledo la sal.

-Tampoco ganaría esta guerra, así que, siéntate donde gustes. – Y tanto que sí, estaba justo donde gustaba estar, a centímetros de ella, oliendo esa majestuosa lasaña, y la reina de las cocineras, a mi derecha.

-Permítame servirle, majestad. – Me puse en pie, y me dispuse a servirle una porción. Ella inclinó la cabeza autorizando mi gesto. Me temblaba el pulso, casi la lio al dejarle el plato, pero esquivé la bala. Repetí la acción y me regalé una buena ración. Sonrió, descubrió a la glotona que habita en mi interior. No tardé nada en darle el primer mordisco. Me observaba.

-Mmmmmmmmm ¡Ay Dios mío!…. Mmmmmmmmm no… Yo… Es que…. La Virgen Bendita, esto es… "Caprice des Dieux, c'est magnifique, oh là là". – Su carcajada
inundó todo. La bocanada de aire tras bucear en las profundidades del océano. Por fin la sentí libre, libre de sí misma, de su estricta educación, de su pasado oscuro, de
su melancolía escondida. Vi resquebrajase las acristaladas barreras, por fin me reencontré con "mi" Regina.– Como todo lo hagas igual, no veo la hora del…. "Postre".
– Una nueva carcajada. De pronto se convirtió en mi mejor público. Terminado un festín repleto de risas, complicidad, indirectas muy directas y miradas llenas de lo que yo, intuía como deseo, llegó el tan esperado postre. Regina sugirió
recoger todo y trasladar la sobremesa a una pequeña sala cercana. Partió dos pedazos, los depositó en unos delicados platillos y me los entregó. -No sé yo, si es buena idea poner estos platos en mi mano. Parecen muy… ¿Delicados, antiguos, caros? Digamos que no soy camarera profesional jajajaja. -Tranquila, son de mi madre jajajaja – Me indicó por dónde se iba a la salita. Había preparado café, y ella llevó las tazas. – Las tazas son mías, prefiero llevarlas yo jajajaja.
– La salita era acogedora, no era pequeña, pero no tenías la sensación de que sobrara espacio. Un cómodo sofá de tres plazas, un par más individuales que rodeaban una
mesa de cristal, que apenas alcanzaba a las rodillas, estanterías con libros, figuras de porcelana, tres jarrones, la típica decoración sobria y aburrida. No podía evitar otear
cada rincón. -¿No te gusta la decoración? No me lo digas, te has vuelto a ¿Cómo dices? ¿Empanar? Jajaja -Ups, pillada jajaja. – Dejé los platos en la mesita, pero me quedé en pie. Metí las manos en los bolsillos traseros de mis vaqueros y paseé un poco por la estancia. Ella, me
esperaba ya sentada en el sofá central. – Cuando compre el Palacete, la redecoramos jajajajaj. -¿Redecoramos? Querida, primero tendrás que comprarla y no uses el plural tan a la ligera. -Querida, la compraré y hablaba de Ruby jajajajaja. Además, la pienso llenar de fotos, no tienes ninguna. -Touché. Y no, lo único digno de ser fotografiado, lo guardo en mi memoria. Me pilló demasiado joven, y sin cámara. – No era consciente de que entreabrí los labios.
– Y ahora, cierra la boca y siéntate aquí. – Dio un par de palmadas al mullido cojín del sofá, justo a su lado. Para qué responder, si estaba deseando hacerlo. Me acerqué,
estaba nerviosa, tontería negarlo. No quería demostrarlo, así que, para darme más importancia, se me ocurrió cruzar las piernas. Craso error. Puse uno de los platos
demasiado próximo al borde de la mesita. Solo tuve que elevar la pierna y… Ningún jugador de futbol, hubiese dado una patada más certera. El plato salió volando,
pastel incluido, contra una de las figuras de porcelana. Esta vez, no esquivé la bala, me dio en toda la frente. -¡Ay Dios mío, lo siento! – Salí corriendo hacia el punto de impacto. Ella se levantó tras de mí, pero ni de lejos con la misma prisa. Es más, estaba riendo. – Lo siento
Regina, lo siento de verdad. ¡Qué desastre, el plato, la figura, y lo que es peor…LA TARTA! Soy un desastre total. – Ella no paraba de reír, se arrodilló a mi lado y
comenzó a recoger todo conmigo. -Tranquila Emma, no has roto nada que me importe, todo eso era de mi madre, y hay más tarta. Además, la escena, no tiene precio jajajaja. No recuerdo haberme
reído tanto, jamás. Merece la pena el peaje. De pronto, sentí a mi pequeña "cheerleader" reaparecer sobre mi hombro. "EEEEEMMMMMAAAAA, EEEEEEMMMMAAAAA. Esa Emma, como mola, se merece,
una ola…. UUUHHHH. Vamos Em… hazlo, hazlo… Tú puedes… hazlo" No sé si fue su sonrisa, su halo de serenidad, o su… Qué demonios, verla agachada frente a mí,
fue un detonante en mi cabeza, el click que encendió la mecha. No pude evitar discernir tras su holgada camisa, una pizca del encaje de su ropa interior. Eso, unido
al incesante cántico de mi animadora personal interior… Me lancé a sus labios, como un suicida a las vías del tren. No perdía nada que trajera conmigo. Si me echaba,
me iría con la misma amargura. Pero si no me mataba, si no me abofeteaba, si se dejaba llevar, todo cuadraría. -Emma… - Fue toda su réplica. No hubo rechazo alguno, solo la primera duda lógica, la primera sorpresa, pero solo apartó sus labios para pronunciar mi nombre. La
besé con toda la fe de quien presencia un milagro. Ese primer beso, casi siempre torpe, casi siempre dubitativo, se tornó en la luz para el ciego, el camino de los perdidos, el pan para el hambriento, la voz en el silencio,
la estrella guía del marino, las alas al viento, la caída del muro y la unión de los pueblos, agua fresca en mi desierto. No sé si fue largo, pero sí que fue intenso. Ciertamente,
lo que menos me importaba, era el tiempo, porque estaba segura, de que el reloj de arena, no dejaba caer ni un grano. Pero, aunque no es algo que se desee, necesitamos
oxígeno, y recuperar el aliento. Entonces ella me susurró nuevamente al odio.

-Sé que me arrepentiré de esto. – Lo dijo entre la dulzura, el miedo y la excitación. -Seguramente. Y yo también, pero solo si paro y te dejo escapar. – Ya no había máscaras, éramos ella y yo. No había vuelta atrás, esa noche, sería el principio… O el final.