No quería dejaros mucho tiempo en ascuas, además de las insistentes peticiones en plan "Publica yaaaaa jajajaja" Pero la vida y sus circunstancias, no siempre nos permite hacer lo que queremos, así pues, hacemos lo que podemos. Por ello, pido disculpas, pero temas de salud, me han mantenido lejos de la escritura. Como siempre, gracias a mis lectoras y amigas en su mayoría, Police22( qué grande eres pequeña, y cuanto te quiero), SnixRegal, Rebe/Ruby, Laura Brooks, Fanclere LIZ039, Evazqueen, Merlita, Sandy (amiga querida), Su, Pelanito, Erpmeis, Leylay, Andreja, Fanclere (que menuda paliza se ha dado para ponerse al día, gracias!), Gencastrom09, 15mardy, Hawaiana, Diana9915, Ruah,Vnat07 ,Lucyft013, Franchiulla, UnicornStickers, AleaRachel, kykyo-chan , Gencastrom09, BeaS, LooveParrilla, MarieShir, Celogu, Andy09, Mayeli85, Sjl, Maleyi85, a la nueva incorporación CastKarlita y a mis anónimas, aunque entre ellas se esconden algunas personas muy importantes para mí. A Layla, amiga de la infancia y a La Señorita de Lago, maestra y amiga. Y esta vez, os pido que le hagáis algún comentario a InventoChino, por su intro. No se vosotras, pero yo me he reído un montón.
Estoy en ello, pero aún no me pertenecen los personajes. ;D
"Pero por Dios, ¿qué estoy pensando? ¿No iría a salir corriendo ahora? Después de todo este tiempo… este deseo contenido que, o se desataba, o iba a estallar como un globo lleno de harina y caramelos, haciendo las veces de piñata en un cumple de los 80 (que, por cierto, ¿de quién sería la idea? con lo limpio que es el confeti) ¡No podía empezar así! Tenía que dejar que todo fluyera como un volcán en erupción, arrasando cuanto está a su paso, sin pensar en las consecuencias. De lo contrario, iba a terminar como cuando te pones unos zapatos de tacón stiletto la primera vez. Piensas en cómo van a ser tus pasos… Un pie detrás del otro, correctamente alineados… Tu cadera hipnotizante, balanceándose de lado a lado… Pensando en cómo irás abriendo bocas a tu paso, y todas esas cabezas girando a tu ritmo … Y cuando echas a andar, orgullosa con tu mejor sonrisa seductora…. ¡Mierda! ¡Ay! ¡Mierda! El tacón que tan firme debía haberse apoyado sobre el suelo, se desliza dudoso, y ahí estas tú, despanzurrada todo lo larga que eres sobre el suelo. El efecto de mil bocas abiertas lo has conseguido, y todas las cabezas se han girado, pero para no perder detalle del espectáculo. ¡Genial! ¡De coña! Tu cara triunfal, ahora parece un gusiluz, cachetes rojos y relucientes… ¡Ala! A buscar un agujero donde meterse (Voy a omitir el tipo de agujero para no herir la sensibilidad de los más débiles) El cartel de "ridículo espantoso" quedará ahí colgado como un "San Benito". Aunque pensándolo bien, estas son las cosas que hacen de la primera vez, algo inolvidable." InventoChino
CAPÍTULO XVIII
"-Sé que me arrepentiré de esto. – Lo dijo entre la dulzura, el miedo y la excitación.
-Seguramente. Y yo también, pero solo si paro y te dejo escapar. – Ya no había máscaras, éramos ella y yo.
No había vuelta atrás, esa noche, sería el principio… O el final."
No sé cómo, pero acabamos rodando por la alfombra. Ni era la posición más cómoda, ni el lugar más romántico del mundo, pero lo cierto es, que ni siquiera nos dábamos cuenta. Creamos una burbuja, nada parecía distraernos, nada, hasta que sumé una nueva torpeza a la noche. En uno de esos giros, un testarazo hizo tope contra la mesita de cristal…. Kaboom!
-Ups! Creo que le hemos puesto demasiado ímpetu. ¿Te has hecho daño? – En seguida se preocupó por mí. Puso su mano en mi cabeza.
-Ouch! – Solo podía frotarme el golpe. No es que me hubiese hecho una brecha, pero notar su inquietud y el modo en el que me miraba… Bueno, mereció la pena el golpe. – Joooo, tengo pupita. – Un buen puchero, cara inocente, y algún "snif" suelto. Suficiente para merecer sus cuidados.
-Ohhh pobrecita… A ver, ¿Dónde te duele?
-Mmmm, aquí. – Señalé mi frente. Y ella depositó un beso. – Y… Aquí. – Indiqué un pómulo. Me regaló otro beso. Y de este modo, repartió sin mesura sus mimos por mi rostro hasta asegurarse de que nada me doliese.
-¿Aún te duele? No abuse Señorita Swan. – Ese siseo al pronunciar mi nombre, como el silbido de una cobra en pos de su trofeo, solo alimentaba mi ansiedad, mi deseo, y mi imaginación.
-Mucho, majestad, creo que me estoy mareando. – Para nada en absoluto, ese calor, no era un problema de tensión, ni bajada de azúcar. Pero no quería seguir en el suelo. – Creo que debería tumbarme en un lugar más cómodo. – Arrastré las palabras, para imprimir dramatismo.
-Ven, sígueme. – Ella se puso en pie y me tendió la mano. Repetí su gesto y me levanté tras ella, pero vi que se dirigía al sofá, debía cambiar de dirección.
-Uff, creo que se me pasaría mucho antes en algo más…. ¿Mullido? – Ahí estaba, esa ceja endiablada.
-¿En serio? ¿No le he dicho que no abuse?
-No es abuso, es por salud… Huy, que mareo más tonto… - Puse el dorso de la mano en mi frente, a modo de doncella desvalida. Ella rio, hasta el momento, es lo que mejor se me da con ella, hacerla reír. Pero mi intención, es mostrarle mis… "otras virtudes".
-Eres una payasa. Creo que el sofá, es más que suficiente para que se te pase ese… Terrible mareo. – Una pícara e insinuante sonrisa brotó de sus labios. Sin soltarme la mano, nos dirigimos hacia él. – No quieras correr tanto, las prisas nunca fueron buenas. – Y me guiñó el ojo.
-Buff, eres cruel. – Un mohín, un bufido y la rendición. Sabía que le gustaba jugar conmigo, y esa pincelada ácida, era siempre parte de su encanto. – Vaaale, tampoco es que esté al borde de la muerte, Pero, ¿Si lo estuviese, subiríamos?
-Si lo estuvieras, llamaría al 112, no te subiría para hacer ejercicios cardiovasculares, ni aeróbicos. – Un chasquido con la lengua y un revitalizado aire de victoria.
-Mierda… Touché. – No había otra que rendirse, así que, no es que el sofá fuese la mejor opción, es que era la única que me daba. Me senté y esperé a que ella hiciera lo propio, pero se mantuvo en pie. - ¿No te sientas?
-Voy a recoger antes este pequeño desastre, y traeré algo de beber. ¿Quieres otro café? Uno para beber, no para tirar.
-Ja y ja. Yo te ayudo, pero casi mejor, dame algo en vaso, uno que se pueda romper sin que suponga un problema. Y no tiré el café, tiré la tarta.
-Fíjate bien querida, el café se ha derramado. Suerte que no desportillaste mi taza.
-Vaaa, es solo una taza. Pero mejor dame un vaso jajajaj Ah, y si es posible, un trocito de tarta, porfaaaaa. – Una sonrisa acompañada de una pequeña carcajada.
-No te rías de lo de la taza. Se de alguien que guarda una como si fuera su mayor tesoro, y eso que tiene millones en el banco jajajaja.
-¿Si? ¿Quién es tan raramente romántico? Una cosa es conservar una carta, o rememorar una canción, no sé, un anillo, o algo así. Pero, ¿una taza desportillada? No lo veo jajajaja.
-Gold, Gold conserva una. – Hasta ella notó que mi gesto había cambiado de pronto. – Hubo un tiempo, en el que parecía hasta humano. No la serpiente en la que se convirtió.
-Gold… Me cuesta creer lo que dices, y más aún, pensar que conserve algo que recuerde que un día era un ser humano. Dios, como le odio. ¿Tú no le odias?
-No, ya no. Ahora me limito a soportarle. Y sí, hay gente que conserva cartas.
-¿Cómo? ¿Lo dices por la de la libreta?
-No Emma, lo digo por la que me escribiste hace mil años.
-¿La conservas? Creí que la habías tirado. Nunca me contestaste, no sabía si te había ofendido. La verdad, no sé ni por qué la escribí.
-A mí me gustó. Pero nunca supe qué decirte, y como te he dicho, en aquel momento, lo mejor era poner tierra de por medio. Era lo mejor para todos. Y después… Bueno, después fue tarde. Todo cambió y la verdad, nunca creí que volvería a verte.
-Pues mira, aquí estoy, te equivocaste. – Me acerqué a ella y la rodeé con mis brazos. Sólo era un abrazo, sólo eso. Pero nuestros rostros estaban tan cerca, que la robé de nuevo un beso. Apenas un roce, de esos que, sin ser pasionales, dicen mucho más de sentimientos que cualquier palabra. Se apartó delicadamente.
-Vamos, si quieres ayudarme, coge los platos. Por cierto, veo que ya te encuentras mucho mejor de tu "accidente". – Me miró divertida y con cierta ternura.
-Voy. – Casi me dolió sepárame. En apenas una tarde, me había acostumbrado a su cercanía. Separarme de ella, era como apartar el edredón en un frío amanecer de invierno. Pero, aunque habíamos cambiado de tema, el eco del nombre de Gold, continuaba rebotando en mi cabeza. – Perdona que vuelva a ello, pero, ¿Por qué no odias a Gold? Él te ha jodido la vida tanto como a mí. ¿No es cierto?
-No le odio, porque odiar termina por desgastarte. La mayor parte de mi adolescencia y juventud, la perdí odiando. Odiaba su presencia y lo que significaba. Odiaba la sensación de marioneta en la que me había convertido con los años. Pero, tenía tu recuerdo, tu libreta, tu mirada. Y un día decidí dejar de odiar, porque se estaba llevando mi vida, y no quería que fuese el protagonista de mi historia.
-Espera, espera, deja que lo entienda. – Llegamos a la cocina y dejamos los restos de mi desastre en la encimera. Me planté frente a ella mientras le preguntaba. Ella, de algún modo, intentaba bajar la vista, casi como si se hubiese arrepentido de pronto por su espontánea confesión. – Me estás diciendo, que ¿esos breves días en los que me colé en tu vida, fueron para ti, tan importantes como para mí? ¿Qué sentiste? ¿Qué significaron? Y lo más importante ¿Qué pintó Gold en todo eso, cual es la verdad? – Ahora sí, este era el momento de aclararlo todo. – Su expresión corporal lo dijo todo, sus hombros se dejaron caer, inhaló el aire que sus pulmones pedían a gritos. Levantó la barbilla y al hacerlo, con un sutil gesto, colocó el rebelde flequillo que insistía en caer sobre su rostro. Una nueva inspiración para, de este modo, acumular toda la fuerza de voluntad que necesitaba para soltarlo todo de una vez. Era obvio, que, para ella, este también era el momento de poner los contadores a cero.
-Creo que esto llevará más tiempo del que crees jajaaja. – Estaba claro, que eso, era risa nerviosa. Su modo de frenar mi ansiedad y la suya. – Cojamos algo de beber y volvamos al saloncito. ¿Te parece?
-Me parece. Creo que paso de café, qué bebidas tienes por ahí, aunque a mí me sirve una cerveza. Pero la tarta no la perdono. – Yo también necesitaba relajarme entre bromas.
-Me temo que no tengo cerveza, pero tengo una magnífica sidra de manzana. Pero cuidado, entra muy bien y suelta la lengua.
-¡Venga esa sidra! Y no, a mí no me da miedo que me suelte la lengua en ningún aspecto jajajaja. Es que, a ti, ¿sí? – De ningún modo iba a renunciar a jugar, lo necesitaba, lo necesitábamos.
-Para nada, querida. Una lengua bien suelta, puede darte tanta información como… Alegrías. No seré yo quien se asuste de una lengua rebelde. – Se contoneó hasta la nevera, la abrió como si la estuviese desnudando y saco una botella de esa famosa sidra. Se giró sobre sí misa con ella en la mano, la puso a la altura de su rostro y se percató de la cara de idiotizada que mostraba mi semblante. – ¿Puedes coger un par de copas? Bueno, cuando seas capaz de mirar hacia la alacena y cerrar la boca. La botella, no es tan impresionante. – Y… Esto empezaba a parecer el aeropuerto desastre, no dejaba de tener aterrizajes forzosos. – Tierra a Emma ¿Vas a volver entre nosotros, o te quedarás en las nubes? – Hasta ella era muy consciente de lo abrupto de mis, en este caso, amerizajes, porque ya no me posaba en tierra seca, ni firme.
-La botella no, para nada. Pero la mano que la sostiene y lo que la sigue… Buff…. Ehhh, No estarás intentado despistarme, ¿no? Vamos, centrémonos y vayamos al saloncito. – Se acercó a mí, despacio, casi desfilando. Mareante y sugerente. Se aproximó a mi oído, colocó sus labios tan solo un par de centímetros.
-Si quisiera despistarte, no lo intentaría, lo haría. Y ahora, ve a por ese par de copas, están a tu espalda, y sígueme. – Rehízo su marcha, pero se paró en la puerta, me miró de lado, su flequillo solo me permitía ver uno de sus ojos, pero no necesitaba más. Su mirada era felina, chispeante, incitante e inspiradora. Yo estaba… ¿No os ha pasado que, a veces, no sabes ni cómo estás? Simplemente, disfrutaba de cada segundo, de todos los juegos, te todas las palabras, de todas las miradas. – A tu espalda querida, solo debes cambiar la dirección de tu mirada jajajaja.
-Eres cruel, maravillosamente cruel. Ya voy, en cuanto me circule la sangre por el cerebro jajajaja.
Y así lo hice, logré despegar mis ojos de ella, alcanzar ese par de copas y seguirla. Por supuesto, me olvidé de la tarta. Quién se acordaría de una tarta, teniendo un pastelito como ella esperando. Pero no perdía de vista mi primer objetivo. La verdad, esa verdad que tan esquiva me resultaba. La verdad acerca de lo que pasó, de lo que sintió, de lo que ha supuesto una losa a lo largo de nuestras vidas. Cuando llegué al que se había convertido en mi lugar favorito de la casa, ella ya estaba sentada en el sofá, abriendo la botella de sidra y repitiendo el gesto de hace un rato, un par de golpecitos en el lugar que había reservado para mí, a su lado. Puse las copas sobre la mesa, cerciorándome de que, esta vez, no estuviesen cerca del borde. No quería que nada nos interrumpiese. Me senté, la miré, puede ver que estaba algo más seria, estaba dispuesta a sincerarse, y eso requería calma, seguridad y confianza.
-Bien, creo que es el momento de aclararlo todo. Cuéntame ¿Cuál es la verdadera historia de lo que pasó aquí? Y ¿Qué pasó después de mi marcha? – Quería ponérselo fácil. Me pareció más sencillo empezar por ahí. Tenía la sensación, de que hablar de sentimientos, no es algo que le resultase fácil.
-Veamos, intentaré hacer un resumen de todo. – Tomó aire, me miró con agradecimiento por ponérselo tan fácil. – Todo empezó mucho antes de que yo naciese. Mi madre siempre tuvo ansias de poder y la estúpida necesidad de pertenecer a la nobleza. Aun así, tonteaba con un comerciante que la tenía obnubilada con sus malas artes, su retórica y su carisma. A su vez, conoció a mi padre. Él pertenecía a la nobleza, cosa que era más que suficiente para mi madre. Él se enamoró, y ella, le utilizó. Se quedó embarazada, le hizo creer a mi padre que era suya y no dudó un segundo en pedirle matrimonio. Por supuesto, ella aceptó. Era la salida que necesitaba a esa situación. Tres años más tarde nací yo. Al principio todo era normal. Mi hermana y yo éramos inseparables. Mi padre nos crio a las dos con el mismo amor, aunque mi madre, siempre mostraba cierta debilidad por Zelena. Así que, mi padre, para compensar, equilibraba la balanza prestándome toda su atención. Unos años después, nos trasladamos a España. Mi padre creía que, de ese modo, perderíamos de vista a Gold, siempre estaba presente, mi madre le nombró padrino de Zelena. Esa era la excusa que ponía para no salir nunca de nuestras vidas, nunca salió de ellas. – Se tomó una pausa, tomó un sorbo de la sidra que habíamos servido, un poco más de aire, y prosiguió. – Cuando ya estábamos aquí, sucedió el accidente. Mi madre le confesó a mi padre que Zelena no era hija suya, que era de Gold, de esto me enteré yo no hace tanto, y añadió, que yo tampoco lo era.
-Pero eso no es cierto, ¿no?
-No, no lo es. Pero supongo que a mi padre le resultó fácil creerlo. Así que me abandonó. Mi madre se volvió un ser aún más mezquino de lo que era.
-Y te encerró en el ático…
-¿Cómo? No, que va. ¿De dónde has sacado eso?
-¿No estabas allí encerrada? Yo creí que…
-Nooo jajajaja. ¿Eso creías? No, para nada. Lo que pasa es que, a mí me gustaba estar allí. Allí es donde solía jugar con Zelena. No era el sitio más acogedor, pero era mi lugar, mi escondite. Allí leía y me escondía de la mirada de mi madre, de las visitas de Gold, y de un mundo que ya no me gustaba.
-Pero yo… Yo entendí que, tu madre te apartó del mundo. Por eso pensaba que, ella te había encerrado. Además, ¿por qué había una entrada secreta?... Había una ¿No?
-No me debí explicar bien. Ella estaba encantada al no tener que verme. Estar allí arriba, la evitaba mi presencia, y tampoco hizo ningún amago para que yo saliese. Me educaba aquí hasta que apareciste tú. Y la entrada secreta…. Quién sabe desde cuando estaba allí, la descubrí con Zelena, por pura casualidad. Cuando hice la reforma, decidí taparla.
-Espera, espera. ¿Por qué dices "hasta que aparecí yo"? – Se tomó un segundo para la respuesta. Debió pensar, que al añadir lo de la entrada, a mí se me pasaría por alto esa frase. Error, es más, casi ni escuché su explicación. Algo de que la encontró con Zelena y bla, bla, bla.
-Porque después, todo cambió. Supuso que ya no iba a vivir tan amargada, tenía una amiga, alguien capaz de desafiar a mi madre y llegar hasta mí. Eso no le hizo ninguna gracia. Llamó a Gold y entre los dos, decidieron enviarme a Londres, a un internado. Casi se lo agradecí. Vivir lejos de ellos, conocer más gente, en su mayoría unas auténticas zorras, lo que endureció mi carácter.
-Hasta el punto de convertirte en una de ellas, ¿No? – Lo dije como una broma y ella así lo entendió.
-La mejor de todas ellas, jajajaj. Querida, debía ser así, tuve una gran maestra, mi madre me mostró lo más oscuro del ser humano, y yo, simplemente, lo utilicé para hacerme respetar.
-¿Respetar o temer? Porque das miedito cuanto te pones en plan Evil Queen jajajajaj. Aunque, debo reconocer que, da mucho morbo. – Nada, no era capaz de centrarme del todo en lo que me contaba, su mirada profunda me atraía hacia los más oscuros pensamientos, sus labios me embrujaban más que sus palabras, y su ceja elevada, hacía que mi corazón latiese irregular, a saltos.
-¿Acaso importa? El caso es que, a partir de ahí, nadie se atrevió a fastidiarme jajajaja. Pero dejemos de hablar de mí, supongo que ya tienes algo más claro todo lo que pasó. ¿Más sidra?
-Por supuesto. – Ella cada vez estaba más relajada, la sensación misma de la liberación. El peso de una vida de secretos, liberado como el aire de un globo. Ya hablaríamos de mí, ahora no quería retrasar más el viaje hasta sus labios. Pero tenía una duda, una que debía solucionar en ese mismo momento. Así que, cuando regresó con una nueva botella de fría sidra, le pregunté. – Solo una cosa más. ¿Qué signifiqué para ti, qué sentiste? – Le tomó apenas un segundo responder.
-Emma … - Tomó mi rostro entres sus manos, clavó su mirada en la mía. – Hemos bebido… – Se acercó un poco más – Hemos usado nuestras lenguas derrochado palabras… – Más cerca aún – Ahora… – Esta vez, apenas nos separaba un centímetro – Utilicemos nuestras lenguas para conjugar más verbos. Dejemos por un rato el pasado y sintamos el presente. Quizás, ese sea el mejor modo de resolver tu duda.
Ni siquiera tuve tiempo para replica alguna. Esta vez, crearía versos en su piel, sentiríamos una silenciosa música en los oídos y las palabras, solo serían compañeras de viaje de nuestros gemidos. Me besó, la besé, y se inició una batalla en la que no habría ni vencedores, ni vencidos. Se iniciaba el segundo round de la mejor velada de mi vida. Ya habría tiempo para más explicaciones.
