Que no se me queje nadie, esta vez, no quería tardar, sé que había ganas de llegar aquí y merecéis acortar la espera. Estamos muy cerca del final, apenas un par de capítulos, así que, espero que os guste leerlo, tanto como a mí escribirlo. Para mí, es muy especial, se puede leer de dos maneras. Una, tal cual está, que no es poca cosa. Otra, con música en los oídos. ¿Qué música? Pues la que os iré indicando, con frases entre comillas y cursiva, que nos son otra cosa, que títulos de canciones. Todas las canciones, son de un grupo que me encanta, se llama Amaral, son españoles y llevan desde finales de los 90 en el mercado. Así pues, cuando encontréis algo como … "El Blues de la Generación Perdida" (no dudéis en escucharla, porque yo, pertenezco a esa generación) son cosas que Regina dice a Emma y viceversa. ¿Nunca os ha pasado? Suena una canción que, dice justo lo que quieres decir y sueltas… -Escucha esto, te la dedico-, pues esto es lo que he querido hacer aquí. Para cuando no nos salen las palabras, y las canciones hablan por nosotros. Bueno, como ya me he enrollado mucho, daros las gracias a tod s, ya sabéis quienes sois. Ahh solo una cosa, una anónima, hizo una publicación en Instagram en honor a mí, no sé quién eres, y no sé cómo decir esto, pero no lo pude ver, no tengo Instagram. De cualquier modo, me encantaría verlo de algún modo y sobre todo, agradecértelo sea como sea, así que… si te da por ahí… mi twitter, está en mi perfil. Buff, que charla os estoy dando. Os dejo con una maravillosa intro de Fanclere, ella quería participar, y claro… Cómo decirle que no jajajaja. A todo el mundo… Gracias, por todo. Besos mil! A leer!
Y no, los personajes no me pertenecen, pero mis querid s lectores… si! Jajajaja.
"Miedo, a que todo se tuerza… Miedo a volver a sufrir, a despertarme y ver que ya no estás, que te he perdido una vez más, que solo fuiste uno de mis sueños…
Miedo que se aferra a mis palabras, entrecortadas, un susurro incomprensible, miedo que desvela mi mirada, congelada en un pasado que me pesa en mis espaldas.
Miedo, a entregarte el mundo entero y al final quedarme sin nada, a tropezar con esas piedras que transitan mi camino, a caer en el olvido, sin tu voz, sin tu mirada.
Miedo que me paraliza, que me impide avanzar, miedo a entregarme, a quererte con cada fibra de mi ser, miedo a perderte y no poder continuar, a estrellarme, a sufrir…
Pero ¿Y si el miedo que me ataca me impide vivir? ¿Y si pierdo lo mejor que la vida pudo darme?
No puedo, me niego, no voy a perderte por mi miedo… Salto, a ese vacío de los quizá, de todo cuanto vendrá, de todos los sueños que atesoré y pueden hacerse realidad… Salto, no pienso mirar atrás, salto porque vale la pena, cada tropiezo, cada bache y cada piedra.
Es cierto, puede que duela, que me estrelle contra la realidad. Pero en el fondo de mi alma sé, que, si el miedo me vence, si te pierdo antes de empezar… seguro que me arrepentiré durante el resto de mi vida. Fanclere"
CAPÍTULO XIX
"Ni siquiera tuve tiempo para replica alguna. Esta vez, crearía versos en su piel, sentiríamos una silenciosa música en los oídos y las palabras, solo serían compañeras de viaje de nuestros gemidos. Me besó, la besé, y se inició una batalla en la que no habría ni vencedores, ni vencidos. Se iniciaba el segundo round de la mejor velada de mi vida. Ya habría tiempo para más explicaciones. "
Podría describir lo acontecido de mil maneras diferentes, pero convertiría en vulgar lo que, en mi memoria, se conserva como un hecho excelso. No quisiera perderme en lo relativo a lo físico, o en la química que sin duda compartimos. Y aunque cierto es, que sería del todo inevitable mencionarlo, no es, de ningún modo, lo que prioriza la tórrida escena a relatar. Por tanto, os contaré las emociones del alma, las divagaciones que vuelan en la imaginación, y lo irrepetible del acto en sí mismo. ¿Por qué irrepetible? Porque, aunque ames indefinidamente, y consumas tu amor entre sudor y gemidos, nunca, jamás, será como la primera vez. Esto no la convierte en la mejor ni en la peor, sencillamente, es la primera vez que mezclas tu piel con la piel ajena, y las torpezas o los aciertos, son eternamente recordados con una sonrisa ruborizada en las mejillas. Señal inequívoca, de que marcó un antes y un después en una relación, tanto para bien, como para mal. A veces, es la fecha que uno marca como pistoletazo de salida, y la que se celebrará en los aniversarios venideros, si estos han de ser festejados. Otras, simplemente se conservan como un tesoro en algún rincón de la memoria, algo privado y secreto, que sólo dos personas compartirán por siempre.
Tras los apasionados besos que dieron pie a los primeros escarceos. Fuimos aminorando el ritmo, como si de pronto, cayésemos en la cuenta, de que no teníamos por qué tener prisa alguna, que debíamos disfrutar de cada fracción de segundo y retenerla el mayor tiempo posible. Estaba tan entregada a la causa, que, a pesar de escuchar una melodía en la lejanía, di por sentado que estaba en mi cabeza. Una locura, lo sé, no había nadie más con nosotras, por lo que pensé, que todo me parecía tan mágico e irreal, que no podía haber otra explicación. Pero aquella música, aquella voz, me eran familiares, y cada vez, la escuchaba con más claridad. Regina no parecía sorprendida, ni siquiera se desconcentró en su tarea. Yo, perdía el objetivo de vista poco a poco. ¿Solo la escuchaba yo? ¿Qué era? ¿De dónde venía? ¿Quién la ha puesto? Parecía que el destino, frenaba de nuevo la misión de mi vida. Que, en aquel instante, no era otra que poseerla a ella. Paré, y aunque me doliese, me aparté de sus labios. Me incorporé ligeramente, lo justo para no dejar de sentirla bajo mi cuerpo.
-Shhh, escucha ¿No lo oyes? – Me miró y sonrió. Dulce y magnífica sonrisa.
-¿La música? Jajajaj. Tranquila Emma, la he puesto yo.
-¿Cómo que la has puesto? Pero si no te has movido de debajo de… Bueno, eso, que no te has movido.
-Emma… ¿No has oído hablar de los mandos a distancia? – La mesa con la que me golpeé, tenía una segunda repisa en la que, obviamente, no me fijé. En ella, había un par de revistas, y un mando a distancia que pertenecía a un equipo de música muy bien camuflado entre los libros. Ella reía mientras observaba mi cara de estupor y desconcierto. – ¿Creías que había hecho magia o algo así? Tranquila Emma, me gusta tener todo bajo control, y me pareció buena idea acompañar el momento con música.
-Pero ¿Cuándo lo has cogido? Ni siquiera me he dado cuenta. – Bueno, tampoco era extraño, estaba obnubilada y perdida en sus labios… Podía haber cogido un cuchillo, matarme, descuartizarme y hacerme sopa, que tampoco me hubiera percatado. – Pues no controle tanto majestad, y déjese llevar por lo que la vida misma nos quiera ofrecer. Por cierto, ¿Qué suena? ¿Amaral?
-¿Les conoces? Sí, es Amaral, me gustan desde hace muchísimos años, era uno de los grupos en español que me acompañaron en Londres cuando me fui. Supongo que, dicen cosas que yo no sé expresar. ¿Eres capaz de hacer dos cosas a la vez? Jajajaj.
-Pues claro ¿Qué pregunta es esa? Soy mujer
-Ya, pero eres rubia jajajaja. – Se llevó un par de manotazos en el hombro, y un aluvión de besos por el cuello, que más bien parecían morder.
-Ehhh, sin ofender. Ni que las morenas tuvieseis la inteligencia en exclusiva jajajajaj Vale, por qué lo preguntas.
-Para que escuches sin dejar de besarme. Hay cosas que quiero decir, y ellos saben cómo.
-Vale, pero yo también te pediré lo mismo. Hay cosas que quiero decir, y tampoco sé cómo, y como ellos sí, te las diré en canciones… Si es que soy capaz de hacer dos cosas a la vez jajajaj
-Ja, ja, muy graciosa Señorita Swan, de acuerdo. Aunque sinceramente, prefiero que te centres menos en la música, y más en otros quehaceres. – Boom! sonrisa ladeada, arrolladora, coqueta, conquistadora, sibilina, sensual, depredadora, hipnótica, excitante, maligna, perfecta. – Y ahora, escucha sin separarte de mí ¿Podrás? Porque lo que dice esta canción, es lo que sentí cuando pensé que jamás volvería a verte, y la siguiente, me acompaña desde la primera vez que la escuché – Primer mensaje lanzado por ella "Te necesito" y después "Olvido".
-Por supuesto que podré… - Yo, le hubiese dicho en aquel entonces, que deberíamos "Salir corriendo" y dejar atrás los miedos. Ya no importaba si ella pensó que ya no quedaban "Días de verano", ahora, hoy, notaba en sus gestos, en su ansiedad, que estaba dispuesta a subir a la "Montaña Rusa". Y mientras, el aire se llenaba de música y palabras prestadas, nosotras nos zambullimos en la profundidad del mar de los sentidos. Y le siguieron muchas otras canciones, que iríamos anclando en la memoria, y así, crear una lista de lo que decirnos sin necesidad de hablar, de lo que "Mi alma perdida" quería regalarle y de lo que su introspección, hacía que, en ocasiones, no supiese "Cómo hablar". Pude percibir en ella cierto nerviosismo. – Es tu primera vez ¿Verdad? – Sentí todas sus defensas bajar con la tímida caída de sus párpados.
-Sí, ¿Te supone un problema? – Se mordió el labio mientras la profundidad de su mirada se clavaba en el océano de mis ojos.
-En absoluto, todo lo contrario. Eres un regalo que esperaba a ser abierto por mí. Déjate llevar "Esta noche" … – Todo cambió en mi cabeza, era el momento de tomar las riendas. Me convertiría en cualquier cosa que necesitase ser, sólo para darle cuanto mi corazón necesitaba entregar.
Era la pintora ante el lienzo en blanco. Mis labios, los pinceles que sonrojan los suyos, a suaves trazos, a golpe de brochazos, arco iris de emociones. Su cabello, la negra noche, negra cuan "Gato Negro". Su piel, la brillante luna llena, y yo, el lobo que aúlla y devora a su entregada presa. Soy la exploradora en tierras vírgenes. Recorriendo con cautela cada rincón, cada grieta. Buscando las oscuras cavernas en las que perderme sin remisión, saciando la sed en la humedad de sus paramentos. La escaladora, que asciende por las laderas de aquellas montañas que conforman la cordillera de su busto, hasta hacer noche en sus cimas. Aquella que se recrea en su sagaz escalada, observando los mensajes ocultos tras los sonidos del silencio. La escultora de firmes y ágiles dedos, modelando las formas de su cuerpo, masajeando el barro hasta dar la forma que anhelo, al arco perfecto de su flexible espinazo. Soldado enfrascada en la más dulce de las batallas, las que no tienen trincheras, aquellas en las que el único enemigo es el agotamiento de los escarceos, las que no derraman sangre, sino besos, en las que no disparas balas, sino suspiros al viento. Pilotaba de manera intrépida una bella custom, marcando las curvas, apurando la frenada, realizando tumbadas imposibles rozando el límite de lo temerario, cambiado sus marchas, apretando los puños hasta dominar su potencia, su infinita cilindrada. No hay boxes hasta llegar al final, solo cambios de ritmo para sopesar la estrategia.
El miedo fue dejando espacio al valor, queríamos vivir "500 vidas" en una sola noche. Su mirada suplicaba "Llévame muy lejos", no importa dónde, hoy nada importa, ni siquiera me planteaba que, después del ahora, vendría el amanecer y sus consecuencias. Yo, solo pensaba "Lo quiero oír de tu boca". Aunque una parte de nosotras, sabía muy bien que podríamos estar "En el tiempo equivocado", el futuro, no es algo escrito en piedra, y eso, es lo que nos empujaba a seguir.
La piel perlada de su frente y de mi espalda, delataban el esfuerzo al que sometíamos nuestros cuerpos. El dulce esfuerzo del deseo contenido por largos años. Éramos náufragos en una isla inventada solo para nuestro placer, coronada por un volcán a punto del colapso. Se sucedieron frenéticas pinceladas, los aullidos, las marcadas líneas de los mapas de su figura, la cima, las últimas refriegas, alcanzar la meta. Hasta que el cráter, no pudo contener el magma del interior de la cámara, erupcionando de manera vehemente. La ardiente lava, arrasaba mi rostro. Sus uñas de gata, marcaron mi piel como quien marca una posesión. Con la fiereza de quien ha rebasando las lindes de la decencia, desatando sin cortapisas todos los deseos escondidos. La pasión hecha mujer.
El silencio, ese levemente perturbado por un suspiro, o por la música de fondo, que hace rato dejaste de escuchar. La isla quedó cubierta por el polvo y las cenizas. Apenas unos segundos, y la lluvia cubrió de lágrimas su rostro. Un hilo de tristeza, emoción, culpabilidad y el retorno de un miedo que yo, no alcanzaba a comprender. No quise moverme. Estaba acurrucada entre mis brazos, notaba el temblor de las réplicas del estremecimiento que acababa de padecer.
Algo había cambiado. Yo, toda seguridad, orgullo, firmeza. Ella, una hoja al viento, pequeña, indefensa, desconocida. De algún modo, sabía que en el instante que rompiera esa burbuja, sería como despertar de un sueño, y no quería, o sí. En realidad, ya tenía lo que quería, ella, rendida ante mí. ¿Qué me estaba pasando? ¿Se habían cambiado las tornas? ¿Qué era lo que me mantenía en guardia? ¿Y si sólo me había utilizado? Si era así, esta vez, sería yo la primera en golpear. Comprendí, que llevaba tanto tiempo odiándola, que me costaba amarla, aunque lo hiciera. Tanto tiempo desconfiando, que, a pesar de verla tal y como estaba en ese intervalo, no terminaba de creer. Me sentía como el corredor de maratón, que, aunque llegue exhausto al final, no puede parar, continúa por inercia. Mi cabeza era un barco a la deriva y repleto de gente, de voces, de ruido. Necesitaba que dijera algo, una palabra que rompiera el mutismo en el que se había sumido. Pasaron los minutos, no sé cuántos, muchos, demasiados, me parecieron horas. Pero no hablaba, solo se mantenía pegada a mí, como si fuese su salvadora. No lo soportaba más, debía saber, saber qué provocaba sus lágrimas, qué le hacía temblar y qué sentía. Una extraña paranoia se instaló en mi cerebro. De haber hablado antes, me hubiera sentido como el penitente en la eucaristía, esperando a que el clérigo mencione la frase que calma a los demonios, "Una palabra tuya, bastará para sanarme". Nada. Algunos silencios no son solo incómodos, son sobre todo, peligrosos.
-¿Estás bien? ¿Por qué lloras? – Tardó más de lo que debía en contestar. No temía nada, simplemente, me estaba crispando los nervios la situación. O quizás, era yo y mi parte más oscura. Lo que no llegaba a comprender, era por qué motivo, eso estaba sucediendo.
-Yo…
-¿Qué? ¿Ya te estás arrepintiendo? – Mi tono sonó más áspero de lo que pretendía.
-Noo… Yo solo… - Me estaba alterando, no sé qué le impedía hablar.
-¡¿Qué?! Suéltalo de una vez. – Me había enfadado sin motivo aparente. – No me lo digas, te lo has pasado genial y ya puedo irme por donde he venido, ¿No? – Me levanté de pronto. Prácticamente, la desterré de entre mis brazos.
-¡Emma! Pero ¿Qué dices? – Buscó por el suelo la ropa desperdigada y se cubrió con la camisa que encontró tirada. – Emma ¿Qué te pasa? – Se acercó a mí. – Emma, lo siento.
-¿Qué sientes? Di, habla de una vez. ¿Por qué lloras? ¿Tan malo ha sido?
-Por Dios, ¡NO!, todo lo contrario. Ha sido… Yo no sé cómo… Emma, jamás… Nunca… - Era la primera vez que se quedaba sin palabras. Esta vez, era ella la que estaba perdida. Perdida en el horizonte de la pradera verde de mis ojos. La observé tan profundamente, que noté como se ahogaba en el mar de mi mirada.
-Dilo, es el momento. Te lo pondré fácil, ya te lo digo yo. Te amo, siempre lo he hecho. Te amo desde el primer día que te vi en esa ventana, desde el primer roce, desde aquel instante en escuché tu voz. Me enamoré de aquella chica tímida y sensible. Lo peor, es que continué amándote cuando me echaste como a un perro, y con la misma intensidad, te odié. Te odié, porque no podía dejar de amarte. Y no importaba con cuantas mujeres me acostase, porque te buscaba en todas ellas, y ninguna era tú. Te odié aún más, cuando volví a verte. Soberbia, altiva, majestuosa, fría, intensa. Y te amé cuando has vuelto a ser tú, pero con la madurez de los años. Te amo tanto, que estoy a punto de odiarte, porque no eres capaz de decirlo, no eres capaz de decir nada. Llevo la puta vida amándote, y estoy cansada. Dime que me marche, o dime que me quede, pero dilo ya. Porque si salgo por esa puerta, no me volverás a ver jamás. – Estaba petrificada, no era capaz de articular palabra. Era la primera vez que veía pánico en sus ojos.
-Emma, yo no sé qué…
-No eres capaz, ¿Verdad? ¿Qué mierda te lo impide? A mí, a estas alturas, ni siquiera me importa el pasado. No me importan las intrigas, lo retorcido de tu entorno. Ya no, pero tú… A ti, no sé qué te paraliza, quién maneja tu vida, pero así, nunca serás feliz. Nunca. No lo soporto más, ¡DILO!
-Mi vida es complicada, pero…
-No hay peros. Yo no juego a medias. Todo o nada Regina. – Puede que estuviese forzando la situación, pero ya no tenía paciencia, no después de lo que acabada de pasar. Me había vaciado, se lo había entregado todo, mi pasado, mi presente, y estaba dispuesta a darle mi futuro, sin más mentiras, ni más miedos. Esperaba más de ella, alguna señal clara. Pero no la vi, o no lo sentí. No era cuestión de intuir o imaginar, necesitaba realidades, fortaleza y palabras legibles.
-Deja que te explique, no te marches, espera. – Me acercaba a la puerta, apenas tenía que vestirme, porque se lo había dado todo a cambio de nada, se dejó querer y yo fui feliz en el derroche. Paré, última oportunidad. Volví a clavar mis pupilas en las suyas. – Yo, no quiero que te marches así.
-¿En serio? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿Qué esperas? ¿Que me marche por la mañana, que te de un besito de buenas noches y después, seguir con tu vida? Vamos Regina, "Unas veces se gana y otras se pierde". Dilo o me voy.
-Yo… Lo siento. – Bajo la mirada, a un abismo tan profundo, que pareció perderse en la oscuridad.
-¡Que te den! – Cogí mi chaqueta y me largué, dando un portazo tan fuerte, que retumbaron las vidrieras. La puerta se abrió al instante.
-¡EMMA! ¡EMMA ESPERA! – Yo ya estaba cruzando la reja de entrada. – Emma… Espera… Te… - No esperé a escuchar más.
