los personajes no me pertenecen. son propiedad de CAPCOM con sus respectivos creadores. Unicamente la trama es mía.

Editado: 09.01.14


Yuxtaposición de soledades.

Reconstrucción

Capítulo 5 Momentos tortuosos (parte1)

(Momento diferente, un apoyo incondicional)

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Empuñó su arma acercándose hasta el primer contenedor. El cuerpo se removía tras el vidrio forzado haciendo ruidos extraños, asemejándose a los chirridos; examinó visualmente la cápsula encontrando variaciones idénticas al pasado, la viscosidad del líquido color azul le recordaban bastante al virus T de las montañas Arklay con ligeras variantes, aquellas criaturas no tenían la apariencia del Tyrant que clasificaba al virus. Se acercó un poco más tanteando los alrededores. Sacó de su bolsillo trasero una pequeña linterna buscando entre los alrededores del contenedor encontrando la mesa de archivos polvorienta y vieja, debía tener algunos años en esa posición. Revolvió los papeles bruscamente hasta divisar algo que parecía estar relacionado.

Proyect H 2009.

Características: Inoculación en individuos sanos, fallo del objeto inducido, mutación genética 80%. Capacidad de infección 90%.

-¿proyecto H? ¿Qué diablos es esto?- murmuró en voz alta. Jill se acercó hasta su posición quitándole los papeles, releyéndolos. Tampoco entendía del todo acerca de un proyecto de ese nombre. No recodaba alguno en sus años trabajando para la B.S.A.A por la fecha debía ser del tiempo cuando se encontraba a manos de Wesker en África, Chris también se encontraba de misión en aquel entonces, lo que conformaba el por qué no estaban al tanto de dicho proyecto. Había alguien más trabajando en algo mientras no estaban disponibles y la organización nunca se habría enterado. Ahora era muy tarde. Las criaturas tras el vidrio amenazaban con salir en cualquier momento y los desconocían. No parecían ser criaturas vistas a lo largo de los años o en alguna misión, lo único idéntico era su complexión semejante al virus T, cosa que Chris ya debía haber notado. Lo conocía demasiado bien. Debía calmarlo.

-No tengo ni la menor idea Chris…- respondió recostándose sobre la pared. Miró de reojo a Rebecca la cual seguía inconsciente. Acortó la distancia hasta llegar a ella. Tenía el rostro empolvado, diversos cortes surcaba su pálida piel. –Rebecca está muy dañada… debimos haber alertado a su marido antes de solicitarla, aunque tampoco entiendo el por qué nos han reunido en esta misión. Los cuatro somos de ramas diferentes.

El castaño asintió. Era verdad. Barry y Chambers no debían integrarse a una misión sin una orden general, Burton comandaba equipos de entrenamiento por su edad, Rebecca dirigía un plantel como líder. La persona culpable debía saberlo, estaba claro. Habían jugado sucio, les tendieron una trampa, todo apuntaba a una cuestión personal. Haría pagar con sus propias manos al imbécil que estaba manejando los hilos. Por ahora debían concentrare en salir de ese endemoniado lugar sin ser vistos por las personas que estaban tras sus espaldas. Algo buscaban.

Tal vez su objetivo era la misma persona que yacía inconsciente.

-Rebecca… quizás ella sea lo que buscan, Jill- siseó con furia.- Debemos movernos y hacer explotar esto cuanto antes, así que prepárate.

La de los ojos grises asintió sacando de su bolso trasero los explosivos que había empacado en Italia horas atrás. Su padre daba instrucciones claras en cuando al material y lo agradecía. Manejarlos traía consigo una serie de riesgos, los cuales ambos estaban dispuestos a soportar por su joven compañera

Barry pereció usando una.

-De acuerdo, Chris- agudizó el oído. Las criaturas chirriaban con más fuerza haciendo visible su pronta eclosión- No tenemos mucho tiempo… toma- le tendió entre sus manos una correa de bombas- Debes colocarlas en las esquinas, yo colocaré unas cuantas del otro lado para tener éxito. Según mi padre, tenemos dos minutos para salir una vez quitado el seguro, así que vamos.

Corrió, depositando la primera granada sobre el metal del escritorio, colando otros dos dispositivos en las esquinas superiores; Chris tenía a la fémina en el hombro colocando los arsenales restantes con el sonido tras su espalda. Las criaturas rompían los contenedores con violencia, chirriando cada vez más alto y cubrió sus oídos con las manos intentado prestar atención al frente. Dos criaturas se atravesaron dificultándole el paso. Disparó, sintiendo la adrenalina recorrerle las venas, el olor desprendido del cuerpo era asfixiante, como sulfuro concentrando lo cual mareaba sus sentidos. Apresuró el paso un poco más, las piernas le dolían en consecuencia al sobre esfuerzo aplicado. La sangre de los infectados parecía ser alcalina ya que irritaba la piel. Dolía horrores, chequeó su reloj de pulsera abriendo los ojos.

Un minuto.

Chocó contra una pila de archivos cayendo contra el suelo. Impactando de lleno y soltó un grito de dolor, alertándolo. Chris frunció el ceño recargando la magnum que su compañero le había dado. Buscó con la mirada hacia donde Jill se encontraba, le disparó a una criatura llegando hasta ella, tendiéndole la mano.

-Vamos Jill, recuerda lo que te dije de las debilidades. Me enfurece bastante los errores- la de los ojos grises sonrió ladinamente, intentando despejar el dolor que se extendía por las costillas dañadas horas atrás. En esos momentos Chris siempre estaba ahí, era su apoyo incondicional.

Ambos lo eran, de cada uno. Eso les evitaba caer entre la desesperación que conllevaría. El después, donde su otro compañero no estaría. Era un pilar y se había prometido no morir si quería ayudarlo a volverlo en sí.

Aceptó la mano masculina, apretándola.

-Es lo menos que puedo hacer, vivir- se levantó haciendo el dolor más repetitivo. Forzó sus piernas corriendo nuevamente, con su compañero a lado, con su otra compañera sobre el brazo saliendo del lugar, sintiendo la explosión quemarles las espaldas. El fuego tomaba intensidad arrasando todo a su paso, quemando una a una las criaturas de ese lugar que explotaban, lo notaba a simple vista. El sulfuro también era uno de sus componentes por lo cual hacían del arma una fatalidad inflamable, un punto muy ilógico pero efectivo. Al menos ya habían salido de ese embrollo. Algo le decía, como horas antes que recién solo era el principio y esperaba que fuera mentira. No estaban en condiciones muy efectivas para otro improvisto.

Jadeó, intentando respirar con normalidad. Respiró un par de veces más caminando unos pasos adelante donde el castaño depositaba a la castaña sobre su pierna, por fin daba indicios de volver al mundo al removerse incómodamente.

Rebecca abrió sus ojos suavemente, parpadeando repetidas veces enfocando su visión hacia un punto regular. Todo alrededor se encontraba iluminado por las llamas de los costados, dando un ambiente deplorable. Ladeó el rostro topándose unos ojos familiares y sonrió débilmente.

-Chris, Jill- se fijó en sus rostros dañados, los cortes en el rostro pálido de Valentine, Chris parecía tener mayor cantidad de heridas, un brazo vendado improvisadamente con una tela que reconocía como de la rubia. Jill aún permanecía con el chaleco táctico del castaño, no había indicios de disgustarle, como a su compañero por habérselo dejado un buen lapso de tiempo. Se inclinó levemente, encarándolos.- ¿Qué sucedió?

-Larga historia Chambers, confórmate con saber que…- el sonido del intercomunicador resonó con insistencia y respondió. - Agente Valentine

-Gracias a dios… aquí Ingrid Hunnigan, agente de comunicaciones- entrecerró los ojos. No olvidaba a esa mujer. La gran agente del D.S.O nunca pasaba desapercibida nunca, por más que lo hubiera intentado.- hace más de ocho horas que hemos perdido comunicación con ustedes, tenemos varios inconvenientes….

-Lo sé, agente Hunnigan. Perdimos al convoy militar… perdimos a Barry y un cuarto del equipo élite- habló en voz baja. No quería recordarlo. Hacerlo significaría ser débil ante las dos personas a quienes debía apoyar, flaquear no estaba permitido.

-No tenía idea… La comunicación de ustedes fue la primera en desconectarse agente, Barry Burton nos había informado su llegada exitosa a Roma, no entendemos cuando fue que la comunicación del satélite comenzó a fallar…. pero escucha, se ha informado sobre la captura de un científico que parece estar involucrado en el atentado y requerimos su regreso ya que Johnson Brighton ha dado la orden de quienes van a interrogarlo

-Correcto, estamos en el límite norte hacia Roma, daremos las explicaciones una vez en base. Necesitamos un equipo que venga hacia este lugar y necesitamos refuerzos, un botiquín para atender las heridas de mi equipo- sintió cómo un peso pequeño se libraba de sus hombros al escuchar la noticia de Ingrid que casi se olvidaba quien era la persona que trataba. Lo importante era su futuro interrogatorio. Al fin podía sentirse menos miserable.

-Mi esposo Carlos está salió en su búsqueda hacía unas dos horas por lo cual ya debe estar por llegar. Lleva lo necesario así que confíen en él, nos estaremos monitoreando si la red se mantiene estable. Hunnigan fuera

Esposo… esa palabra martilleaba sus sentidos y las piernas amenazaban con fallarle. Se había prometido no volver a lo mismo, las cartas ya estaban jugadas, nada se podía hacer. Sintió una mano posarse en su hombro con cierta rudeza, presionando la herida que tenía sin darse cuenta. La mirada castaña se clavaba con firmeza haciéndole recordar el trabajo que le había costado volver a obtener su confianza después de la pelea ocurrida años atrás.

Por mucho que pasara el tiempo., algunas heridas costaban para resanar.

...

-¿Casamiento?, ¿de verdad?- observó a la joven castaña asentir tendiéndole un sobre blanco con ligeros detalles color azul. El nombre de los futuros esposos al frente y no pudo hacer otra cosa que no fuera sonreírle, quizás su sonrisa fuera muy tensa para su gusto pero estaba feliz. Su compañera lo merecía, que ella la tomara en cuenta decía mucho.

-De verdad, Valentine- Chambers sonrió abrazándola. – Eres importante, Jill. Tú, Barry y Chris tienen que estar cuando de ese paso ¿qué dices? ¿Aceptas?- las lágrimas pujaban para salir de sus ojos, no dejó que ninguna arruinara el momento. Nada lo haría.

-Apropósito, te han enviado esto

Rió. Agarrando aquel sobre, parecido al de Rebecca abriéndolo, leyendo el contenido de tajo.

Apreciaba que estuviera sentada en esos momentos. La sonrisa se borró de su rostro.

-Se casa…- Rebecca le arrebató el sobre color vino, releyendo. Su vista se clavó en la fémina y dejó caer el sobre, dejando la nota visible.

"Jill Valentine, me gustaría que hicieras el honor de ser mi madrina de bodas. Será todo un honor para mí e Ingrid. La invitación está adentro. Espero tu respuesta.

Carlos Oliveira"

-¿Jill?- La rubia escuchó una voz llamarle desde lo lejos. El recuerdo de aquella vez permanecía nítido en sus memorias. Recordaba cada acción realizada ese día, la frialdad con que trató a su propio equipo de cuartel y la depresión en la cual se envolvía.

Había sido tan idiota en esos tiempos, que inclusive el mismo Christopher le reclamaba sus estupideces.

-Jill… hazme caso ahora- un extraño peso se incrustaba sobre su hombro lastimándolo y enfocó inerte la vista donde Chris se hallaba molesto. Forzó el rostro sonriendo de manera dolorosamente rígida. No recordaba con exactitud cómo hacerlo, no cuando el recuerdo del pasado volvía mancillando, quebrando. Abriendo la grieta olvidada. En ese momento solo quería estar en soledad, sin ellos viendo sus debilidades. Los errores se pagaban con creces, en ese caso, estaba tan rota como él.

-Lo siento, Chris

Se levando, como pudo y extendió la acariciando el corto cabello masculino, pasando los dedos de manera circular. Hacerlo de alguna extraña manera despejaba un poco sus sentidos. El cabello del Redfield era suave y grueso. De un agradable color castaño y él nunca decía nada al respecto. Desvió sus dedos hasta por su rostro masculino, delineando el corte de mayor tamaño en la frente.

Chris cerró los ojos. La herida que ella tocaba dolía. Estaba demasiado furioso para tomarla en cuenta. Esa tal Hunnigan al fin había dicho algo bueno en todo ese infierno, una vez en Italia le arrancaría la verdad a ese científico aunque tuviera que golpearlo. Le haría sufrir igual como debieron haber tratado a Burton. Por otro lado Valentine estaba tensa, algo le había cambiado el humor y no tenía que esforzar su cerebro para saber a ciencia cierta el motivo.

Ese motivo casi arruinaba la camarería que ambos tenían. Jill casi mandaba al diablo todo de no ser por los agentes de aquella vez, nunca lo perdonaría.

-¿Interrumpo algo?- el agarre en su cabello se volvió demasiado rígido para su gusto. Jill jalaba el cuero cabelludo al reconocer la voz y gruñó entre dientes, poco importaba ser amable en esos momentos. Se giró encarando al hombre de aspecto latino y cabello obscuro.

¿A qué se referido?

Era un idiota.

-No, pero siempre llegas tarde Oliveira

El de los ojos negros sonrió aliviado. Los había encontrado después de una extensa búsqueda del lugar, gracias a Ingrid estaba con ellos. A veces se preguntaba que habría sido de su persona sin Hunnigan a su lado. Le debía tanto como a Jill.

Era extraño ver cómo se encontraban. Según tenía entendido el Redfield nunca dejaba una invasión en su espacio personal, los jóvenes lo comentaban con regularidad durante la investigación. Verlos así, en una distancia relativamente corta le hacía pensar muchas cosas, ninguna racional. Y con Chris Redfield debía serlo. Posiblemente fueran ideas tontas suyas. No había posibilidad para pensar en algo más.

-Siento eso Redfield, hemos tenido serios problemas con las redes. Perdimos comunicación muchas horas pero nos han informado la captura del científico, seguramente ya están enterados. Tenemos que irnos cuanto antes ¿hay algo que deba saber?- preguntó alzando una ceja.

-En realidad si, agente Oliveira- Rebecca se acercó hasta él- El convoy militar de Barry ha caído en Roma y no sabemos si hay sobrevivientes, contactamos a Jake Muller para la búsqueda de Sherry Birkin, miembro de su organización.

-Iremos por ellos entonces- caminó unos pasos. Una mano masculina le impidió el paso-¿Qué pasa ahora Redfield?

-Muller estará bien sin nosotros. Rebecca y Valentine necesitan ser atendidas por la organización cuanto antes, han estado expuestas al sulfuro. Jake sabrá ingeniárselas, ese tipo no me agrada, pero no es tan imbécil- Oliveira suspiró tomando el brazo de Jill. La rubia no decía palabra alguna. Tal vez el sulfuro debía haberle provocado algún daño. Por esa vez le daría razón a Chris.

-De acuerdo- sonrió, mirando los ojos grises- He llegado a ayudarte, Jill… debía proteger a la madrina de mi boda ¿no?- bromeó en un intento de apaciguar la tensión del lugar. La rubia seguía sin decir palabra alguna.

-Ese idiota- susurró Chambers acercándose- No se preocupe agente Oliveira, yo estaré al pendiente de mis compañeros.

Cumpliría. Carlos abría otra vez la brecha entre sus compañeros, lo sentía. Chris solo le había dicho el apellido de Jill en un período de tiempo, y había sido después de la pelea. Casi los perdía, no dejaría que eso se repitiera de nuevo.

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Sus orbes azules investigaban el terreno al ser la primera vez que se encontraba ahí. Varios cuerpos mutilados hacían su aparición en casi toda la extensión del suelo, casquillos de balas esparcidos hacían pensar que se encontraba cerca del dichoso convoy enviado a Roma y maldecía al Redfield por haberlo metido en esa situación. No entendía del todo su motivo de intervención. Era de conocimiento el odio hacia el mayor de los Redfields, no lo soportaba. El agente actual le hacía querer dispararle en cualquier momento. Lo haría sin miramientos.

Maldecía por igual haber dejado a esa mujer manejarse libremente por las calles inhabitadas de la cuidad. Los dos estaban buscando a Birkin, la mujer parecía tener aquella tendencia del tal Kennedy para meterse en problemas, ya lo había comprobado bastante bien en Edonia

Ser vigilado por el D.S.O y la B.S.A.A parecía tener ventaja a pesar de ser fastidioso ser monitoreado en consecuencia a su sangre. La pasta no caía nada mal, sin embargo tener a Birkin de contacto volvía las cosas un poco fáciles. Tecleó con rapidez el número del P.D.A correspondiente a la rubia.

-Veo que sigues en este lugar, niño- Jake apretó los puños con fuerza al reconocer la voz femenina anterior. A cada lado de ella dos pares de animales extraños hacían su presentación. El hilo de baba llamaba demasiado la atención, debían ser algo parecido a perros. Desde donde estaba tenía un buen plano de los órganos internos que lo conformaban y un extraño olor emanar de los orificios.

-No soy un estúpido niño ¿quién demonios eres?

La mujer sonrió. La mirada del chico seguía prometiendo un infierno si lo seguía cabreando. Era excitante esa sensación de furia que él desprendía. Sus ojos azules eran sin duda bien heredados, su medida exacta. No había duda sobre su verdadero parentesco con quien era conocido como uno de los científicos más despiadados del mundo.

-Una persona con un objetivo querido- siseó, saboreando las palabras, deleitándose. El porte arrogante, era como verlo. Cuando se reunieran quería ver la expresión del rubio. Solo bastaba esperar un poco más.- ¿Qué haces tú aquí?

Le disparó sin darle tiempo de contestar, nuevamente. Era hábil. Había esquivado seis tiros sin recibir rasguño alguno. Lo hizo nuevamente, agotando el cartucho.

-Nada mal, Niño… sin duda Wesker hizo un buen trabajo contigo. Permitiré que vivas por un rato más… hasta luego niño.- tiró una granada de humo. Jake tosió al sentir el gas irritarle la tráquea. Odiaba a esa mujer. El sonido del PDA desvió su atención, después de un lapso lograba rastrearla.

Las coordenadas indicaban una posición lejana. Miró a su moto, después a los perros que lo miraban.

No sería un mal viaje si tenía algo con lo que entretenerse

-Veremos si logran atraparme…. Esto será interesante

….

-¿Cómo van los detalles?- preguntó sin rodeos al llegar hasta el yet donde la esperaban. Depositó su maleta en el primer compartimiento. El aliado sonrió con malicia mientras le daba un ámpula color azul.

-El proyecto H está en buenos cursos, han acabado la muestra para nuestro primer paso, solo nos hacen falta los cuerpos adaptadores. Cada uno contiene un material genético de suma importancia para nuestro éxito.

-¿quieres aclárame los materiales?- el individuo sonrió. Su aliada era una experta en su campo. Sabía de qué hablaba, después de todo ella había sido una de las primeras de dar pie al proyecto H, la primera, mejor dicho, en proponer algo como eso.

-Sherry Birkin posee un virus de regeneración, Jake Muller uno de adaptación al tejido con cambios internos, Valentine posee un suero de Uroboros, plaga especialista en destruir el material genético y distorsionarlo, eso ya lo sabías, todo. Fuiste quien dio pie a esto en primer lugar, no le veo mucho sentido tu insistencia.

-Fácil. El proyecto solo era parte de una teoría, una posibilidad de hacerlo realidad aunque faltaban ciertas cosas como un adaptador perfecto, aunque eso fue más fácil de buscar después del atentado anterior. Demasiado, diría yo.

-Las personas sufrirán en carne viva el infierno que les espera. No será tan difícil encontrar una manera de encontrar a las personas reunidas- la de ojos castaños miró con incredulidad al aliado. Parecía estar muy confiado en ello.

-Está bien. Por ahora dejaremos que se tomen un descanso. Que se confíen por un tiempo mientras terminamos lo faltante… cosa que no será por mucho tiempo- Rio, contagiando a la persona.

-Tenemos algo para ustedes- Habló una voz masculina al fondo. La fémina se giró reconociendo al individuo. Formaba parte del escuadrón de busca hacia Valentine, los dos fijaron su atención al suelo, contemplando lo que yacía en él y sonrieron.

-Será mucho mejor que lo que esperamos

….

Aparcó la motocicleta cubriéndose la nariz con los dedos. El lugar desprendía un olor penetrante, parecido al ácido. Comenzaba a derretir las paredes de concreto. Los cadáveres comenzaban a distinguirse los huesos en consecuencia.

No debía haber sobrevivientes en dicha parte del lugar

Distinguió a lo lejos el famoso convoy militar reducido, el metal se fundía por lo corrosivo del ácido y las llantas se desinflaban creando ruidos aturdidores. Seis filas de camionetas táctiles militares de apreciaban en fila, unas más avanzadas que otras. Desenfundó el arma distinguiendo entre el polvo una figura la cual reconoció casi al instante. Nunca olvidaría esa B.O.W con protuberancias las cuales alguna vez se encargaron de esparcir el virus C en China. Debía haber más de unas cuantas para lograr infectar todo un ambiente. Una sola lepotisa en sí debía matar con precisión y no quería indagar más en ello o maldeciría a Chris Redfield toda la vida. Cobraría extra por el trabajo.

Disparó con velocidad, matándola al instante. Atravesó el extenso camino entre las camionetas encontrando huesos con uniformes. Debían ser los primeros en haber atacado, por lo tanto ya no tenía más sentido seguir con la búsqueda.

Una camioneta blindada llamó su atención. Era la única en no derretirse. Suponía que debía ser una especializada. Abrió la compuerta sin miramientos, unos ojos color azul pasivo lo miraron.

-Jake…

Sonrió arrogante. La había buscado primero.

-Superchica fastidiosa…

Notó algo no habitual. Birkin estaba atravesada por un tubo y seguía respirando. Tras ella un par de individuos con máscaras en la cara. Debía haber supuesto que serían profesionales, unos muy idiotas pero se encontraban con vida. Parte de eso se debía a esa rubia amable, estaba seguro de eso. No le agradaba en nada esa faceta amable en ella.

-Cómo es que… estás…a… aquí- balbuceó la rubia cerrando los ojos. Estaba perdiendo sangre lentamente. Jake miró con el ceño fruncido a los integrantes de dicho convoy esperando alguna respuesta, a pesar de no haber preguntado nada. Un joven pareció haberle entendido, no eran tan inútiles después de todo.

-Dave Jones, subcomandante- se presentó tras la máscara- Fuimos enviados para un control de inspección pero…

-No me interesa por qué están aquí- interrumpió- Solo digan como ella llegó a estar atravesada por el tubo.

-Lo… lo siento. -Se disculpó el joven- La agente Birkin nos puso a salvo cuando unas extrañas criaturas nos seguían al cerrar la criatura le atravesó con ese tubo antes de cerrar y la agente no ha querido que hagamos algo al respecto.

Condenada mujer endemoniada.

Miró con molestia a la rubia. Sonreía débilmente. No era su problema, Sherry era mayor y no era un jodido padre tras sus hijos pero, que muriera de una manera tan estúpida no tenía sentido, todo por la amabilidad. El metal parecía comenzar a fundirse, eran seis personas dentro, tendría que darse prisa.

-Muévete y Birkin, dime cómo diablos te saco de ese tubo- los agentes contemplaron con molestia al hombre. Su tono no debía ser correcto para tratar a quien había salvado su pellejo por varias horas. Si salían con vida su capitán tendría que saberlo, no podían dejarlo pasar, ese rubio no les daba buena espina, lo reconocían.

-Solo sácalo Jake, ya sabes cómo hacerlo- Muller asintió tomando un extremo del tubo donde estaba el estómago y jaló con fuerza, sacándolo ante la mirada de los integrantes. Poca importancia tenían ellos- Les recomiendo que no vean lo que sigue si tienen un estómago sensible

-Déjalos Jake. No todos tienen la paciencia para tolerarte- habló la rubia con molestia. Seguía sin entender cómo había llegado hasta ellos o su motivo por el cual estaba ahí. No debía encontrarse en Roma pero agradecía en silencio. Vivirían gracias a él.

-No me importa, ellos no son nadie, pero es mejor que nos movamos. Pronto esto se derretirá. He visto a lo lejos una camioneta, será fácil llegar si ellos no estorbas

-Jake… olvídalo- suspiró la rubia.- Ya escucharon chicos. Salgamos cuanto antes

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Sherry dio una última mirada hacia la camioneta donde cinco personas partirían hasta la base del D.S.O. confiaba en Jones para enviarlos a casa, era subcomandante de Barry Burton. Nada podía sucederles camino a la base, no eran ellos quienes buscaban.

Desvió su mirada celeste hacia aquella máquina en la cual Jake le llevaría de regreso en Italia. Reconocía esa flamante motocicleta. El rubio la había comprado dos años atrás durante su último chequeo de sangre. Desde entonces parecía estar pegado hacia ella

Odiaba las motos, a Jake por obligarle.

-Apresúrate Sherry, tenemos que irnos. La corrosión llegará hasta esta parte y va a dañar mi moto.- suspiró nuevamente tomando asiento, se aferró al abdomen masculino con fuerza. Lo odiaba por ser un maldito arrogante. Pero regresaba con vida. Suponía que le debía algo y estaba segura de que él se lo cobraría. No sería nada bueno.

-Una vez en casa… voy a tomarme unas vacaciones

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¡Hola! Pueden bajar sus armas, sus antorchas y las amenazas de muerte xD al fin pude terminar a quienes se los había prometido. Sé que me he tardado un poco. Pero aquí lo tienen n.n

La cosa se va volviendo interesante, digo, ya las personas culpables han decido dejarlos un rato. Lo malo, es el inconveniente jajajajaja ¿alguien sabe que es? ¿Qué provoca tensión entre Chris y Jill? ¿Rebecca logrará su objetivo? ¿Qué pasarán a partir de ahora?

¿Qué pasará con Jake y Sherry? Jo, muchas preguntas. Pronto tendrán sentido

Emanuel Valenfield: te prometo que en el siguiente tendrá un poco más de romance, o al menos eso espero. Ojalá este capítulo te guste, y no me mates por no incluirle mucho

Prometo contestar los otros comentarios en el siguiente, ando de prisa, he estado muy ocupada y lo seguiré estando, solo espero me tengan un poco de paciencia.

En fin, no los agobio más ¿qué opinan de esta capítulo? ¿Raro?

Un saludo

Fatty Rose Malfoy