Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de CAPCOM y sus respectivos creadores. Únicamente la trama es mía.


Yuxtaposición de soledades

Reconstrucción

Capítulo 6: Momentos tortuosos II

(Apoyo incondicional, Momentos irracionales)


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.Jake fastidiado a las personas involucradas en la dichosa instalación contra el bioterrorismo. Los rostros contorsionados de esos agentes le hacían querer golpear a Chris Redfield hasta el cansancio, maldecirlo pero no podía. El maldito se encontraba en proceso terapéutico al sufrir heridas de gravedad en su misión hacia Roma donde los interceptaron semanas atrás. No había recibido paga alguna por el trabajo en recolección de sobrevivientes, lo cual, era irritante. Sherry permanecía en terapia al inhalar sulfuro por un lapso de tiempo congruente. Motivo por el cual permanecía en la B.S.A.A. al ser niñero de Birkin hasta la recuperación efectiva de su líder enfermo.

-¿Tu eres Jake Muller?- se giró ante el tono prepotente, encontrando un hombre rubio de ojos claros. No lo recordaba de ningún lugar.

Marcus sonrió con malicia. Al fin se aparecía el famoso Jake de china, aquel que poseía en sus venas el virus C y tenía niveles altos de toxicidad. Su líder hablaba demasiado de sus habilidades genéticas que daban el éxito del proyecto H de la castaña dueña de ese proyecto. Todo salía de acuerdo a lo planeado. Se apoyó contra la puerta esperando la respuesta del joven.

Marcus senaló hacia donde estaban los asientos de la enfermería. La B.S.A.A cuidaba demasiado la salud de sus integrantes al punto de construir un pequeño centro médico especial en el ala oeste, justo donde se encontraban; Terapia intensiva tenía a sus mejores soldados esperando restablecercer y cuidados intensivos a una la endemoniada mujer que había sobrevivido junto a sus camaradas de misión logrando salir exitosamente, llevandose consigo la muerte del más importante para las personas con las cuales él convivía cuando vivía.

La muerte de Burton era exactamente como lo predecía el líder. posiblemente violenta gracias a esa plaga.

Muller desvió la mirada, viendo pasar los agentes apresurados que parecían reconocer al individuo. Gruñó entre dientes, apretando los puños con fuerza. Le recordaba de cierta manera a la mujer que se había encontrado semanas atrás.

Maldecía una vez más encontrarse ahí.

-Ese no es tu problema- Respondió recostándose sobre el mullido sillón de cuero negro. Los ojos claros del rubio se posaron en ese joven. No era mentira cuando le dijeron sobre su capacidad de intimidación, era como volver a tener los ojos de Wesker frente suyo, la superioridad con las cuales de distinguía en su tiempos gloriosos cuando trabajaba para él. Eran idénticos, sería un próximo Albert una vez completado el proyecto H.

-¿Jake?-El de los ojos azules se paró rápidamente logrando llamar su atención y sus ojos vieron la razón; amplió la sonrisa maliciosa al reconocerla otro par de ojos azules cálidos para su gusto. Todo tenía sentido ahora, parecía claro. Debía haber deducido desde un principio el verdadero motivo por el cual se encontraba junto a una habitación del hospital. Los ojos azules claros característicos de Birkin eran suficiente motivo, aunque desconocía si era el verdadero motivo si él estaba por ella o fuera Valentine.

No lo creía de todo. Wesker nunca daba señales sentimentales hacia el sector femenino. Sus ideales egoístas lo llevaron a tomar una mujer simple para su proyecto con ayuda de William Birkin, ambos tomaron el asunto del virus T demasiadoenserio maniobrando sus cartas entre la obscuridad, debía admitirlo, los dos habían sido personas sin piedad y las consecuencias caían sobre sus respectivos hijos. Era interesante, el destino jugaba muy bien sus cartas a favor de Neo Umbrella.

-Birkin.- Marucus fijó sus orbes claros en la mujer adaptadora. Su parecido a su ex colega era increíble. Las facciones de Annette permanecían grabadas a fuego en su única hija. Las muecas hablaban por sí solas del parentesco a su progenitor al igual que su ojos. Una lástima que ellos no presenciaran la captura de semenjante material biológico.

Definitivamente, sería excitante experimentar con su material genético como lo establecía el proyecto H. se llevarían una gran sorpresa. Su líder estaría encantado con la idea de presentarles, dentro de poco. Los resultados de dicho proyecto.

Sherry le sonrió al hombre. Recién se instalaba en el D.S.O al ser pariente del famoso director. A pesar de no darle mucha importancia había algo en él que no inspiraba confianza. Aunque no estuviera del todo segura. Pocas veces desconfiaba de un integrante de su cuartel y eso había significado el atentando del virus C con su tutor. Simmons había dado señales de traicionar, nunca dudó de su confianza como Marcus, su sentido debía estar equivocado.

Traicionar a su padre no era una opción ¿Sería capaz?

No era Simmons, estaba claro. Debía confiar en él. Sus sentidos martilleaban descontroladamente solo debía ignorarlo, concentrarse en algo más.

Se acercó al rubio jalando el tripié donde yacía su medicación. Ser monitoreada por su intoxicación no era la sensación más gratificante del mundo. Era innecesario. Había sobrevivido a Raccoon y su virus regeneraba sus células, no tenía mucho sentido seguir hospitalizada. La B.S.A.A exigía demasiado en comparación al D.S.O aunque era de esperarse. Después de todo era el hermano de Claire quien diría ese sector. Sus normas debían seguirse al pie de la letra.

-Escaparse de la habitación es muy tonto superchica- sintió sus mejillas arder ante el comentario. Encontrarse a Jake en plena huida a la cafetería no estaba entre sus planes y agradecía que Marcus se hubiera ido minutos antes. El no sería tan considerado como su jefe, Leon tampoco le hubiera agradado.

- Iré a desayunar ¿Vienes?

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Pateó la bolsa de entrenamiento fuertemente, golpeándolo repetidas veces hasta sentir los músculos contraerse del dolor. No era su estilo permanecer entrenando más de seis horas, Chris lo hacía. Desde su despertar unas otras atrás con Carlos sonriéndole le había dejado una sensación amarga en el cuerpo. Nunca olvidaría aquel suceso ocurrido, aquella pelea que casi arruinaba su amistad.

Golpeó una vez más con los puños cerrados la bolsa, descargando la ira. Dentro de unas horas sería el funeral a los caídos durante la fallida misión. Debía asistir los cercanos a ellos y no quería ver una tumba con el nombre de la segunda persona más importante en su vida; Ver el nombre de un amigo, casi padre le rompía el alma, abriendo una grieta profunda. Como pilar no debía derrumbarse. Chris y Rebecca necesitaban su apoyo. Lastimarse así misma estando herida de misión no haría fáciles las cosas. El cuerpo le dolía cada golpe, sus costillas volvían a punzar. Las lágrimas pujaban por salir.

Salieron lentamente, amargas. Rodando por sus mejillas de manera abrupta. Dolía demasiado asistir a un funeral sin cuerpo. Tardarían semanas en reconocer los huesos encontrados tras la desinfección en Roma, solo seis personas habían sobrevivido, cinco del cuartel y la amiga de Claire. Ninguno de ellos tenía barba pelirroja consistente, sonrisa cálida. Ojos afectuosos.

-Jill, deja de hacerte daño, ahora- irguió su postura, encarando al mayor de los Redfield. Chris estaba tenso, quizás, demasiado para su gusto. Los puños a cada lado de su cuerpo apretados por sobre la venda.

Intentó controlar su ira respirando repetidas veces hasta controlar el ritmo natural de la respiración. Le enfurecía enterrar los cadáveres sin cuerpo presente, sin embargo era necesario, darles un entierro era lo mínimo para los familiares hasta el reconocimiento de los huesos hallados en la cuidad. Llamar a Kathy no había sido fácil, el llanto de la señora Burton aun golpeaba sus sentidos. La familia entera estaría, Polly también.

No podía evitar sentirse miserable. Y Jill entrenando hasta el cansancio como solía hacerlo para evitar el funeral le parecía estúpido. Asistirían, Barry lo merecía, tenerlos en su funeral a los tres, aunque la grieta en su mente se abriera hasta dejar un hoyo de obscuridad. Se acercó hasta su posición tomando la pierna femenina con fuerza. Sintiendo el golpe impactar contra su abdomen. Tomó la mano femenina. Jill se removió violentamente golpeando con la mano disponible, golpeó con su otro pie hasta caer en la colchoneta de entrenamiento, con el mayor encima.

Intentó reincorporarse, Jill rodeó su cintura con las piernas dificultándole la acción. Podía ver la ira en sus orbes grises y lo comprendía. También estaba enfadado por sus errores. Su mejor amigo estaba muerto. Casi perdía una amistad de largos años por la ira.

-Debemos ir Jill… sabes lo que opino de las debilidades.

Jill asintió. Lo sabía, demasiado. Chris se encargaba de recordárselo, restregarle en la cara el error que nunca le perdonaría. Y, así como se encontraban parecía un dejavú asfixiante. Las imágenes se arremolinaban en su mente goleando sin piedad alguna

Se ajustó los detalles del vestido color turquesa. La boda de Rebecca sería dentro de unas horas, era dama de honor, no debía faltar al evento de quien consideraba una persona importante. Apreciaba de cierta manera a Coen, no era el mejor para su castaña amiga, pero si ella lo elegía, no objetaba. Ella tendría sus motivos para casarse con un ex fugitivo.

Desvió su mirada del espejo hasta la silla continua, un sobre abierto llamaba su atención de manera automática. Sintió los ojos picarle, arderle estrepitosamente. Una vez terminada la boda sería la de Carlos con una mujer que desconocía, sabía poco de ella. Según tenía entendido su campo de trabajo era exitoso.

Había aceptado, Rebecca lo había logrado. Se estaba desmoronando lentamente al saber que asistiría contra su voluntad. Si llegaba, era seguro. Impediría esa boda sin importarle romper el corazón de una buena mujer.

Se recargó contra el buró. Faltaba poco para la boda de Rebecca, las sensaciones le cortaban el aire. Debía irse, alejarse de todos. Caminó hasta la puerta y abrió suavemente el pomo, nadie se daría cuenta si huía despacio.

-¿A dónde vas, Jill?- su cuerpo se tensó. Miró al frente. Los orbes de Chris Redfield le miraban desconfiados y desvió la mirada.

Él sabía lo que haría

-No dejaré que lo hagas, Jill…

-Vete, Redfield- siseó, intentando apartarlo- Maldición Chris ¡Que no me escuchas!

La ignoraba. De la manera más cruel. Chris estaba tan roto en esos momentos pero no tenía importancia. Era su vida. El hombre que quería se casaba con una mujer y no hacía un último intento, a pesar de nunca haber comenzado algo. Había confiado en Carlos, su promesa de reencontrarse algún día.

-No, Valentine. No dejarás a Rebecca por tus estúpidos pensamientos egoístas- sintió su mano arderle y el rostro de su compañero enrojecerse. Abrió los ojos al comprender que lo había abofeteado con fuerza. No se arrepentía.

-Déjame Chris, no es tu maldito problema.

-Lo es, eres mi compañera, no dejaré que hagas esa maldita idiotez tuya o abandonar a Rebecca ¡Es su boda maldita sea! ¿Acaso te importa aquel hombre que no le interesas? ¿El cual te dejó por otra? ¡Contesta!

Otra bofetada resonó en el ambiente. Sus manos picaban del ardor y el rostro de Chris se fundía en rabia. La cosa se estaba volviendo violenta, era capaz de dispararle si las cosas seguían por ese rumbo. No tendría piedad.

-No me importa- bramó entre dientes- ¡No me vengas con tus consejos! ¡No eres nadie Christopher!- sintió un peso y su cuerpo chocar contra la superficie del suelo frio. La violencia comenzaba a crecer.

-¡Chris, Jill!- Rebecca entró a la habitación, tomando al mayor del brazo- ¿Qué rayos está pasando aquí?

-No quiero hablar de eso- respondió, acomodándose el vestido. Chris seguía colérico y una tercera persona entró en la habitación interponiéndose. No necesitaba esforzar su cerebro para saber quién era.- Barry, Rebecca váyanse.

-Si quieres largarte Valentine hazlo. La debilidad es tu maldito problema, eres débil. No quiero verte Jill…

Regresó su mente a la realidad. Una donde Chris le decía cosas que no alcanzaba a escuchar. Los gestos le indicaban alguna acción, los movimientos encima de su cuerpo eran forzosos, intentando alejarla. Como aquella vez, casi podía sentir el odio transmitido, la violencia y las palabras hirientes dichas en esos años. Había sido estúpida. La amistad de Chris era demasiado importante. El tiempo sin hablarse le había causado una desesperación incomparable. Recordaba las palabras de su compañero resonando contra su oído.

-¿planeabas irte Jill? ¿Justo antes de mi casamiento?-Asintió. La ira había disminuido al escuchar las palabras frías y violentas del castaño. Nunca peleaban, ninguno experimentaba una discusión como esa. La mano aún le picaba al haberlo golpeado repetidas veces. Sin la rabia recorriéndole el cuerpo se sentía una basura. Había dañado a una persona de vital importancia, le rompía la ilusión a Rebecca de tener a sus mejores amigos reunidos.

-Lo siento Rebecca, me dejé llevar por todo…- las lágrimas pujaban por salir. No tenía nada. La promesa hecha a Claire apareció y se odió por haberla roto, quebrado. –He perdido a mi compañero de tantos años por culpa de mis acciones, Chris tiene razón. Soy débil ante la sombra de Carlos.

-Jill…- sintió los brazos de Barry rodearle el cuerpo.- Chris actual es una persona muy cruel, y soportó tus golpes, sin decir comentario alguno. Él te aprecia demasiado, eres su compañera. Somos un equipo, no puedes abandonar a quienes se han preocupado por ti ella- señaló a Rebecca- Es como tu mejor amiga, ella no te reprochará el casi haberla abandonado. Pero para Chris no será difícil. Hablaré con él. Puedes confiar en mí, mientras yo esté, la grieta entre ustedes no crecerá por odio. Recuérdalo rubia. Está en ti recuperar su confianza

Apretó el cuerpo masculino abrazándolo, sintiendo la tensión de los músculos por la incomodidad. Le costó años para tenerlo nuevamente como amigo. Barry había cumplido su promesa y tenía la razón. Estaba en su persona continuar la amistad que tanto trabajo costaba levantar.

Mientras estaban ahí podía sentir algo diferente, una extraña tranquilidad que hacía tiempo no sentía. Los dos eran unas personas rotas, vacías. La vida les había enseñado el dolor en diferentes maneras dejándolos desconocidos de quienes eran verdaderamente. Aunque quizá pudieran reconstruirse, renacer de las cenizas. Y lo creía, de verdad lo hacía.

-Tienes razón Chris…- susurró- Él hubiera querido que estuviéramos ahí. Despidiéndolos los tres.

-Lo mejor que podemos hacer, Jill. Ahora hay que apresurarnos. El funeral comenzará pronto.

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Intentó prestar su atención al cura que daba la ceremonia religiosa para enterrar a sus muertos. Las filas de tumbas crecían cada vez más, extendiendo el terreno con lápidas de concreto. Sus ojos se debieron en el ataúd color caoba con un escudo en especial perteneciente a los antiguos S.T.A.R.S, una donde Barry quería ser enterrado en caso de muerte y siendo concebido a órdenes de Chris. A lo lejos, el llanto doloroso. Kathy Burton se aculillaba, aferrando a sus hijas y el mayor de su lado, observando el bajar hasta la tumba.

La ceremonia concluía. Quince tumbas nuevas. Todas sin cuerpos hasta la valoración de los cadáveres. El jefe junto a las autoridades haciendo su respectiva labor de dar pésame. El lugar se mantenía en silencio, con los sollozos de las esposas y madres rompiéndolo. Añadiéndole un tinte angustioso, sofocante. Sintió una mano posarse en su hombro.

-Lo lamento, Jill.- Carlos se inclinó abrazándole. Y se odió. Él no tenía culpa alguna por lo sucedido, a pesar de haber asistido en su boda. Las cicatrices no cerraban, hasta que lo hicieran podía volver a sentirse cómoda.

-Yo también, Carlos… Barry lo era todo.- No le mentía. Burton los cuidó cuando lo necesitaban, había intentado mantener la relación con Chris, era un padre para ellos. Y su muerte, dolía. Harían pagar al culpable con creces, sin querían jugar a lastimarse, podían jugar muy bien el juego.

-Deberías ir con él… estoy segura que Redfield necesita más compañía tuya y de Rebecca, algo me lo dice.- Oliveira sonrió. Jill no era nadie sin su amigo, no debían mantenerse lejos.- Ve, rubia…

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Marcus tecleó un par de veces hasta marcar el número indicado en su móvil. Espero en silencio. El funeral se encontraba en fases terminales, los empleados regresarían a sus labores.

-¿Cómo va todo Marcus?- sonrió al reconocer la figura femenina. La mujer castaña tenía un toque arrogante, como todos los aliados del líder. Era interesante trabajar con ella. Su facilidad de manipulación dejaba anonadado.

-Perfectamente. Están en proceso de entierro hacia los muertos, Redfield y Valentine está desechos, su amiga Rebecca también. No quieren verse.

La castaña sonrió tras el móvil. Su venganza era un éxito. Mancillar la mente del soldado había sido más fácil de lo previsto. Esa vieja táctica de guerra era infalible, en su estado de ira y vulnerabilidad sería más fácil atraparlos aunque no tendía cual era el plan del líder para hacerlo. Parecía confiar en algo que desconocía pero no era de importancia. Sin Christopher interrumpiendo sus proyecto podía poner a funcionar los pasos para el virus A. años atrás el proyecto no era nada, solo teorías a investigar, con ayuda del famoso virus del consejero de seguridad nacional estaba completo, el proyecto H estaba listo.

Sus ojos viajaron hasta el bulto azul. Se acercó, apartando las sábanas, dejando ver una figura infantil recién procreada, finalizada. Acercó el móvil enseñando el resultado al rubio piloto. Marcus abrió los ojos en señal de sorpresa

-Él es…

-Así es, Te presento al Proyecto H… el futuro contenedor del virus A

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Estaba solo. El silencio del lugar le daba una paz mínima la cual necesitaba. El llanto de Polly era sofocante, Kathy abrazándola, consumiéndose lentamente. Se odiaba por no haber hecho algo de utilidad, le recordaba demasiado a China, Piers también se había sacrificado por su culpa. Dos personas que tenían importancia en su vida habían muerto en un lapso corto, cuatro años no era nada, recuperarse resultaba difícil, complicado. Todo alrededor de su compañía tendía a morir, Wesker se lo había dicho alguna vez y comenzaba a creerlo. Los años se lo demostraban, el sufrimiento parecía ser fetiche de los Redfield: Claire no había asistido al funeral, estaba lejos. Confiaba demasiado en Adam para protegerla ahora que daría el paso importante en su vida.

Matrimonio.

-¿Agente Redfield?- Sherry caminó hasta el mayor. No lo conocía del todo. Claire hablaba cosas tolerables de su hermano mayor y los jóvenes decían otras cosas. No sabía tratarlo en su estado emocional. Jake permanecía en una distancia prudente. Darle la información del científico capturado no le agradaría. No cuando la rabia lo dominaba.

-Agente Birkin ¿qué sucede? Debería estar escoltada por Muller-Sherry negó. Sonriendo amablemente. Si él supiera donde se encontraba Jake armaría su escándalo. El momento no era indicado. Suspiró sacando una fotografía vieja, tendiéndosela entre sus manos.

-Él es John Márquez, capitán. El científico capturado por Leon durante su inconsciencia. Está implicado en el asunto del atentado donde su amigo murió y Johnson Brighton quiere que usted sea quien lo interrogue.

Chris miró detenidamente al científico. Parecía ser de una compañía conocida. Su rostro se le hacía familiar. Las facciones y el color tenían un parecido al pasado, cercano al dos mil nueve cuando se encontraba de misión. Si ese hombre era responsable le partiría el rostro al verlo. Lo dejaría sin expresión, borraría su sonrisa de superioridad. Conocería a Chris Redfield, sin censura.

-De acuerdo, agente Birkin. Iré dentro de unas horas… debo decirle a la agente Valentine, puede retirarse- No esperó respuesta, se alejó dejándola sola. Sabía que Muller se encontraba en los alrededores, no era idiota. Donde Birkin se encontrara era segura la presencia del rubio y, no quería verlo por el momento, le irritaba de sobremanera el carácter poco convencional del hijo de quien un día fue su jefe. No se parecía en nada a Wesker, lo cual, de cierta manera era un alivio. Jake no intentaría destruir al mundo como Albert.

Atravesó el extenso pasillo buscando a su rubia compañera sin éxito. Jill lo estaba haciendo, ocultándose de la multitud como solía hacerlo cuando la culpa carcomía sus sentido, era para débiles, personas sin alto conocimiento y ella tenía la experiencia, nunca la hubiera escogido de compañera si no lo fuera. No habría atravesado África en su búsqueda, ni haber retomado su amistad después de la pelea donde le había volteado el rostro hasta dejarle moretones días después. Todo lo pasaba, la debilidad de ella se iría cuando dejara los fantasmas enrollados hacia Oliveira. No le perdonaría otro arrebato, se lo había dejado bastante claro en el paso. Era Chris Redfield y nunca perdonaba, a Nadie.

Divisó el área de entrenamientos avanzados. Entró sin miramientos, alternado la visión entre los materiales utilizados para prácticas de tiro, algunos viejos por los años y otros recién comprados aún empaquetados. Al fondo, se encontraba una figura reclinada en una colchoneta vieja, se acercó sin meditación. La habitación correspondía a un lugar favorito para Barry, no era de esperarse encontrarla ahí. Jill de cierta manera era predecible, o quizás los años le hacían conocerla como Rebecca e inclusive el mismo Burton.

-Jill, ¿acaso no me escuchaste cuando te dije sobre huir?

La rubia asintió. Nunca lo olvidaría. Chris Redfield parecía una espina en el dedo, siempre estaba en su momento de irritabilidad, estaba molesta, furiosa para tomar consideraciones. Carlos no entendía las indirectas, su cercanía le fastidiaba, no quería volver a pelear con Chris por su culpa. No lo haría. Palmeó la colchoneta invitándole sentarse.

-Siempre me lo dices, Chris, tanto que comienza a Irritarme…- calló. Había hablado de más, algo que no debía salir a la luz. Lo observó fruncir el ceño y apretar los puños contra el concreto. Se arrimó hasta colisionar contra su brazo y recostó su cabeza en su hombro. Hacía tiempo sin hacerlo. Desde lo ocurrido en la mansión Arklay no lo volvía a cometer, una acción prohibida, la distancia era mínima, la respiración de Chris le hacía cosquillas en el cabello.

No se alejada. Nunca. El Redfield podía tensarse hasta dejar rígidos los músculos de su cuerpo pero nunca le apartaba, lo agradecía. Perderlo la llevaría a un estado de locura, sin él, fuera cruel o no, la institución sería un fracaso.

-Jill, han encontrado un posible implicado en el asunto del atentado. La B.S.A.A lo mantiene en custodia y debemos ser quienes lo investiguen, tenemos mucho de sacarle a ese infeliz- sugirió. Necesitaban entrevistarlo, sacarle toda la posible información que Ada Wong tenía entre manos. Si Kennedy la encontraba primero no la dejaría, su estúpida debilidad hacia esa mujer pondría en riesgo a su hermana. Debía ser el primero en encontrarla, acabarla por el bien del mundo. La sintió moverse débilmente hasta sentir los labios femeninos rodar por su mejilla. Giró la cabeza de manera inercia. Sin prevenirlo, naturalmente.

Sus labios se encontraron. El sabor amargo del dolor los consumía, ladeó el rostro profundizando el beso mientras sentía los brazos de la rubia cernirse sobre su cuello acortando la distancia.

Un apoyo incondicional era necesario, vital. Y el momento irracional que estaba compartiendo no era correcto. Tenía más de estúpido, loco, bizarro. La situación se les estaba escapando de las manos, debían pararlo. Acortar aquel momento y enterrarlo, desaparecerlo.

Cerró los ojos.

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-¿crees que se hayan dado cuenta de nuestra huida del hospital durante el desayuno?- le preguntó buscando a los capitanes del lugar. Escuchó el sonoro bufido de molestia característico de Jale. A veces, se preguntaba por qué seguía ahí cuando no lo toleraba del todo. Algo debía unirla o llamarle la atención. Desde su escolta en Edonia había supuesto que él sería una problemática en su vida difícil de alejar.

-No, tú fuiste la que quiso hacerse la criminal ¿recuerdas?- respondió irónico. Sherry podía ser absurda cuando se lo proponía y su amabilidad era exasperante.

-Eres realmente insoportable- contraatacó- Estuve expuesta a un tóxico veneno y quería comer algo decente, eso es todo. Tú no me detuviste.

-No soy nadie para hacerlo, Birkin, eres lo suficiente mayor ¿acaso eres una chiquilla?-La rubia a apretó los labios. Odiaba todo en Jake Muller.

-¿Agente Sherry Birkin?- el joven se acercó hasta ella, en mano, una especia de aparato especial que no conocía. Lo miró extrañada.- Ha sido convocada a una junta de emergencia, Deben darle aviso a los agentes Redfield y Valentine, el científico nos ha hablado de un proyecto H.

-¿Proyecto H? ¿Qué demonios es eso?

-No va a agradarles nada… será mejor que el jefe de los explique.- Asintió jalando a Jake Muller de brazo, si los habían convocado no era sencillo. La sensación de incertidumbre cosquilleaba de manera alarmante. No era bueno, lo sentía Y, algo le decía que era el comienzo de algo demasiado grande.

Debían encontrar a Chris y Jill cuanto antes

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¡Hola! ¿Cómo están? Yo aquí con este capítulo. Sé que dije que habría hombres sexis pero mientras lo escribía decidí recortarlo, así que hasta el siguiente tendrán lo prometido xD

Capítulo dedicado a Nelida Treschi (a la cual le debo sus hombres jajajajaja) CMosser y Emanuel Valenfield, espero que este capítulo Valenfield les guste,

Volviendo al hilo de la trama. ¿Alguien tiene alguna idea del proyecto? ¿Qué pasará con Chris y Jill?

Espero sus respuestas. Se me cuidan

Fatty Rose Malfoy.