Látigo
Estaba Pip mirando todo el paisaje sobre una suave y blanca nube, sus alas color blanco eran hermosas tan largas y definidas como las alas de un cisne, sus plumas tan delicadas y puras, y una aureola dorada como su pelo que brillaba con los rayos del sol, en su cabeza se encontraba una boina café y su vestimenta era un tipo de vestido blanco que hacia resaltar su delgada figura casi femenina, su rostro era fino con unos rasgos tan delicados y sus ojos eran del color de su casa, azul cielo, sus labios eran de un tono rosa pálido que tentaban a comérselo a besos, en pocas palabras era el ángel perfecto con el cual todo ser humano pudiese soñar.
"Pero todo lado bueno, también tiene su lado malo."
Muy lejos de allí siendo preciso, el infierno, se encontraba una sombra sentada sobre un trono no tan grande como el que se encontraba a lado suyo, pero lo suficiente para demostrar su autoridad, aquella sombra demostraba superioridad, egocentrismo y maldad, todo lo que se pusiese en su camino terminaba herido, no existía excepción, toda cosa, animal o ser humano terminaba perjudicado por aquel demonio y su nombre era Damien el cual poseía unos ojos rojos tan penetrantes y sedientos de sangre. Su padre el amo de las tinieblas lo dejo a cargo de la repartición de almas lo cual significa diversión para Damien.
"En un mar de rosas negras, una rosa blanca sobresale."
En la tierra todo iba de mal en peor, las guerras aumentaban, los asesinatos, las violaciones, el terrorismo, todo empeoraba a cada minuto, el mundo se estaba pudriendo y los únicos que estaban enterados eran dios y el diablo, solo podían pensar en una cosa… el fin.
"Dentro de mi tormenta, tu eres mi refugio."
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Los llantos el dolor, los gritos de súplica, todo es tan rutinario y divertido ¿raro, verdad? Pues sí, es un sentimiento que tienes sobre algo que te divierte pero es la misma cosa, los mismo trucos, las mimas palabras, todo es igual pero te sigue divirtiendo, es extraño lo sé y no me importa es mas ¿me hace feliz? Pues, no sé, creó que si o tal vez solo es la excitación de escuchar los gritos y las inútiles suplicas de los condenados al sufrimiento eterno, si tal vez sea eso. Solo mira cómo se retuercen de dolor, es divertido en especial esos gritos de terror total cuando das una orden la cual no pueden cumplir, se podría decir que me gusta mi trabajo.
-Damien, hijo ven- se escuchó una fuerte voz que provenía de una de las habitaciones de la cueva.
Damien solo ignoro el llamado, ¿Por qué? pues sería alguna tontera que se le ocurrió a su padre donde pone en juego su dignidad y la de él, no es que le importe la dignidad de su padre al contrario dudaba que su padre todavía tuviese dignidad.
-Damien, ven- las palabra se escuchan más fuerte pero Damien solo ignoraba – Damien! – no recibe respuesta – Damien!... Damien!...DAMIEN!-
El pelinegro se levanta cansadamente de su asiento dirigiéndose hasta la puerta de la habitación.
-¿Qué? – Dice con cierto tono de enojo- dime rápido que estoy ocupado – su mirada mostraba cansancio de escuchar las cursilerías de su padre, ni que fuera Kenny para escucharlo lamentar a cada rato.
-hijo esto es importante, mira, últimamente si has notado que mucha gente ha bajado acá al infierno-
-si-
-pues eso solo significa una cosa-
-¿Qué?- sus palabras sonaban cansadas de verdad no tenía tiempo para esto.
-que el fin se acerca-
-¿QUÉ?- sus ojos se abrieron de par en par, no podía creer de verdad el fin estaba cerca, tan rápido.
-lo que escuchaste, nuestro tiempo de gobernar a llegado todo gracias a las tonterías que hacen los humanos- su voz sonaba imponente por todo el cuarto.
-y que estas esperando- dijo mientras un brillo de maldad inundaba sus ojos carmesí.
-pues por eso te llamo, necesito tu ayuda-
-¿mi ayuda?, que necesitas-las palabras de Damien sonaban levemente emocionadas pues hace mucho tiempo que no salía de su casa.
- es fácil, quiero que mates a un ángel-
Damien no podía respirara, su mente se congelo y lo único que podía escuchar eran las ultimas palabras de su padre, matar a un ángel, ¿cómo?, ¿por qué? y lo que más rondaba su mente era ¿quién será ese desafortunado ángel?, el brillo de sus ojos aumento, sus pensamientos no eran claros pero si tenía algo en que aferrarse era que podría cumplir el sueño de todo demonio, matar a un ángel, si esos asquerosos y presumidos ángeles que lo único que hacen es chismosear y dormir pansa arriba en sus grandes nubes si alguien se merece ir al infierno serian ellos, pero la duda entro, ¿Cómo aria eso?.
-¿tienes algún plan?- dijo mientras tomaba asiento en el gran sofá de cuero que se encontraba allí.
-no, mejor dicho es…
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Me encontraba sentado sobre mi nube solo veía asía la tierra, todos los humanos, sus acciones no podía creer que ellos fueran capaz de hacer esas barbaridades contra ellos mismo era tan ridículo, no podía evitar sentirme mal no me gustaba ver como una familia sufría de hambre o escuchar el llanto de una viuda que acaba de perder a su amor en la guerra, pero lo que más me ponía mal era el llanto, la angustia y el dolor que producía el llanto de un indefenso niño que no tuvo la culpa de todo lo malo que ocurría pero igual tuvo que pagar con la vida de sus seres queridos dejándolo solo, sí, eso era lo que más rompía su corazón.
Las gruesas lágrimas no tuvieron piedad y se derramaron sin ningún control sobre los pálidos cachetes hasta terminar su recorrido al final del cuello, sus pensamientos no podían parar de pensar en el dolor y su alma tan pura no podía dejar de sentir malestar.
-esto no es justo- dijo con una voz rota por el llanto-ellos no tiene la culpa-dijo mientras observaba como un hombre cubierto la cara a excepción de sus ojos, apuntaba con un cuchillo el delicado cuello de una asustada señora que se encontraba paseando con sus dos hijos pequeños que no podían para de llorar pero no tan fuerte, por bajo amenaza del ladro que estaba a punto de quitarle la vida a su progenitora.
Los ojos cristalinos de aquel ángel amenazaron con botar otro mar de dolor sobre su cara, pero no pudo ya que una voz muy conocida lo llamaba, con dolor y dificultad tuvo que abandonar aquel lugar dejando así la lastimera escena que se producía frente a sus ojos.
-Pip, te he llamado por un asunto de alta importancia para mí y tus hermanos- dijo un hombre de mediana altura pero alta edad con una larga barba, vestía un manto blanco como la nieve amarrado por la cadera de una cuerda dorada al igual que una aureola en su cabeza.
-¿qué?- su mirada demostraba confusión- mi ayuda, está seguro de eso dios-
-sí, tu eres el único ángel que conozco capaz de realizar este favor- dijo mientras ponía una mano sobre el hombro de aquel delicado ángel.
-¿qué tengo que hacer?-
-conseguir las lágrimas de un demonio-
La cara de Pip se distorsión por el favor que su creador le daba, las lágrimas de un demonio…, su mirada se perdió en el infinito que sus ojos encontraron en el rincón de aquel templo en el que entro en compañía del todo poderoso.
-un demonio- volvió a repetir Pip con cierto tono de duda.
-si Pip, un demonio-sus palabras salían suaves y compresivas mostrando y enviando paz hacia el menor que solo se quedó parado sin moverse ni parpadear.
La boca de Pip se abría y cerraba sin saber que decir o hacer, sus pensamientos tenían unas pequeñas dudas que no podía responder, ¿un demonio?, ¿ellos pueden llorar? Y la más importante ¿Quién es el demonio que derramara sus lágrimas?, estas eran las preguntas que más rondaban en su cabeza.
-sé que estos es difícil de procesar pero necesito que sigas las órdenes que te daré-
-¿un plan?-
-no, mejor dicho es…
Continuara…
