Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de CAPCOM y sus respectivos creadores. Únicamente la trama es mía.
.
Yuxtaposición de soledades
Reconstrucción
Capítulo 8: Rozando Barreras
.
.
–No entiendo como lo hace – Habló Rebecca señalando hacia el fondo y observó entre la pista de baile una cabellera pelirroja bailar despreocupadamente con su esposa e hijas. Sonrió ampliamente negando con la cabeza.
– Yo tampoco lo sé… para ser un agente respetado suele ser muy distinto a nosotros ¿No te parece, Chris? –El castaño a su lado asintió y Jill respiró profundamente. Acabar con aquella amistad había sido quizá lo peor que podía suceder. Las barreras existían como defensa para protegerse. Chris Redfield era un gran ejemplo. Su barrera no podía ser rozada fácilmente. Ahora, sin una memoria definitiva pendía de un hilo emocional sin ser debilitado.
Los tres tenían una o buscaban salvarla gracias al hombre pelirrojo que se movía feliz en la boda de su amiga y compañera sin barreras. Jill se sentía idiota. Y reflexionó mientras los veía desde distintos puntos llegando a la conclusión de que Carlos Oliveira no valía para perderse eso.
El progreso emocional se completaría si los tenía a ellos hasta romper finalmente aquellos muros y barreras sin salir más dañados de lo que ya estaban.
– Él es Barry, después de todo – Comentó Rebecca sin apartar la vista de la pista. Jill notó sus ojos claros felices – Ha hecho mucho por todos.
– Le debemos demasiado a ese hombre – Le respondió y sus ojos grises viajaron hasta el novio y sintió una mano posarse sobre la suya. Miró de soslayo a su castaña amiga. Todo estaba claro. Lo veía en los orbes claros de ambos compañeros de equipo. No necesitaban nada más que esos pequeños detalles. Rebecca alzó su copa e imitaron la acción. Se pararon juntos como el equipo que solían ser.
Chris respiró aliviado al saber por un día, que había oportunidad para cosas tenues
–Olvidar es mejor opción para levantarnos del dolor. – Comenzó Chambers aferrándose al brazo de Barry y Billy. Todos los de la B.S.A.A callaron esperando su continuación. – Aun podemos volver… Brindo por un nuevo comienzo, sea bueno o malo seremos lo suficientemente capaces de enfrentarlo, no tengo dudas de ello ¿Confían en mí?
– Por supuesto. – Rió Jill.
–Desde luego pequeña. –Barry Burton le apretó la mano y observó a Molly sobre la pista bailar con las menores. – Tú eres como la voz de la razón.
– Si no lo hacemos esto no sería un equipo. –Concordó Jill. Todos se fijaron a su líder.
– ¿Chris? – Interrogó la castaña. El Redfield arqueó los labios en una suave sonrisa.
– No desconfío de mis colegas Chambers – Susurró – Pero quizá tengas razón. No se puede vivir huyendo toda la vida de uno mismo.
– Entonces ¿Por un nuevo comienzo? – Barry chocó su copa con sus compañeros deseando internamente que aquello durara lo suficiente.
– Es una promesa. Nuestras barreras jamás podrán desplazarse.
.
.
– ¿Departamento de archivos clínicos? –Preguntó Marcus caminando entre los agentes jóvenes hasta encontrar el famoso laboratorio. Al fondo yacía el letrero prohibiendo su avanzar y le hizo sonreír. Pocas personas tenían acceso al área restringida y sin Sherry Birkin monitoreando sería fácil. Apoyó ambas manos contra la perilla abriendo suavemente mientras sacaba el móvil marcando un número, esperó en silencio la voz del líder.
–Lograste tu objetivo, de nuevo – Farfulló una voz tras el móvil – Sería una pena que sin Birkin tuvieras problemas.
Marcus frunció el ceño mientras tecleaba la contraseña de seguridad. – No quiero tu opinión.
– Quieras o no vas a tener que tomarla, yo soy quien está al mando – Marcus apretó los dientes ante las palabras sádicas y sardónicas del segundo líder. Esta persona sonrió dejando entrever sus blancos dientes enfadando al rubio científico. – Ya sabes lo que tienes que hacer,
La puerta de acceso resonó indicando la baja de seguridad. El castaño se señaló una vez abierta alternando el aparato en diferentes direcciones observando la sonrisa enferma de esa mujer.
. – Está listo. – Marcus entró al área mostrando las computadoras distribuidas. Una pantalla y la cámara criogénica del lado izquierdo. Justo como ella lo recordaba.
– Perfecto, ahora pasa a la siguiente fase.
Él avanzó por los pasillos fijando su atención en los anaqueles, informes y muestras que valían la pena retribuir. Los ojos claros de la mujer pasaron por su mente. El odio era palpable pero el instinto de poder era lo único que los unía y no necesitaba esforzar su cerebro para deducir su motivo principal. Las filas de expedientes de salud se encontraban perfectamente ordenadas en orden alfabético sin polvo. La manía excesiva del orden mantenía claro quién era el superior al mando. Buscó entre las filas deteniéndose hasta la letra primera y tercera fila que tanto había esperado por empezar a trabajar.
Albert Wesker. Capitan S.T.A.R.S
Christopher Redfield. Equipo Alpha, S.T.A.R.S
Barry Burton. Especialista en armas. S.T.A.R.S
Billy Coen. Ex prisionero, Marine activa.
– ¿Conejillos de india? debí haberlo imaginado para que tu proyecto llevara tantos años – Abrió el primer archivo perteneciente al hombre culpable de la actualidad. La imagen de un hombre rubio apareció en primer instante. – Albert Wesker, tu leyenda cubre al mundo y los que vieron tu historia están podridos.
Sonrió. Guardando el segundo y primer archivo.
– Y eso que aún falta lo importante. Solo espera Redfield.
Caminó hasta el prototipo que dormía anestesiado en la cámara.
Faltaba mucho menos.
Eso, lo tenía bien asegurado.
…
Se dejó caer contra la fría pared continua del laboratorio mirando incrédula los análisis recién enviados esa misma mañana. Aquella información debía tener algo mal, una incoherencia o un error en los datos. No podía ser cierta.
Enterró el rostro entre sus manos dejando fluir las preocupaciones libremente al no encontrarse Chris por ahí. Tomó su respectivo asiento dejando caer los resultados. La tensión palpitaba su sien provocándole dolor de cabeza.
Coen permanecía a un costado tecleando los informes para los altos mandos y algo más que no decidió pensar cuanto ya había mucho para procesar.
– Maldición – Soltó la castaña. Billy alzó la vista por primera vez de su computador prestándole atención a la castaña
– ¿Rebecca… sucede algo? – Cuestionó el ex marine enarcando una ceja y aferrando entre las manos su móvil dejando la pantalla tintinear. Chambers le hizo una seña a su esposo, ella estaba confundida y Billy podía notarlo sin esfuerzo alguno, se apartó de su posición llegando hasta su escritorio tirándose a la silla adjunta, dejando caer los resultados al piso dejándoles visibilidad, los cuales aferró entre sus manos al ver a Rebecca seguir en estado de shock por lo cual llevó su mano al rostro haciendo movimientos suaves captando su atención.
La de los ojos azules parpadeó después del lapso. Los ojos obscuros de Billy le estaban inquietando.
– ¿Estás bien?
Rebecca se masajeó sus sienes repetidas veces intentando analizar las posibilidades o desventajas de la información intentando serenarse sin éxito. Vio de reojo a su esposo destapar el sobre y leyéndolo, él frunció el ceño rápidamente y gimió sonoramente. El frio del aire acondicionado le helaba la piel de solo pensar en la posibilidad de aquellas pruebas.
Coen al terminar de leer la miró incrédulo.
– Rebecca…
– Si, los análisis han dado positivo, una gran desventaja – La señora Coen colocó una mano en su mentón respirando entrecortadamente. Barry había estado en lo cierto después de todo. – Es oficialmente una infección masiva ¿Cómo pudo haber pasado desapercibido?
El PS30 era un suero devastador capaz de controlar al ser humano que debía encontrarse extinto, sin ningún ejemplar o al menos eso les habían dicho al descubrirlo. Solo Jill tenía el suero recorriendo sus venas, volviéndola vulnerable y por lo cual se aislaba del mundo. Su debilidad era sinónimo de problemas como aquel. Chris Redfield no se despegaba de ella desde entonces ¿cómo llegaba a otras manos?
– ¿No hay otra opción para encontrarlo? – Se atrevió a formular el sargento.
Solo se puede conseguir extrayéndolo… o de una manera más riesgosa.
El recuerdo acudió a su mente, perforándola. Creándole más inseguridades. La extracción no podía hacerse si su compañera era la única y Jill siempre estaba con Chris, ella no podía traicionarlo de aquella manera después del daño que casi los separaba. Una manera infectada era imposible.
– De manera sanguínea, trasplante genético de padres a hijos…
Dejó de hablar al verlo imposible. No había hijos o ejemplares descendientes con el suero inoculado. Se giró hacia su castaño esposo revolviéndose el cabello mientras lo tomaba de la mano con los análisis del laboratorio, las posibilidades nulas los llevaban a tomar medidas drásticas.
– Demasiado enfermo, Rebecca – Billy intentó hacerla razonar. – Alguien de tus compañeros no va estar de acuerdo.
Castaño, ojos azules con terrible carácter.
– Tendremos que movernos rápidamente o de lo contrario será un caos cuando él se entere.- Chambers metió las posibles medidas y todas sonaba desesperadas pero ya era tarde para plantear.
– ¿Cuánto tiempo?– Exigió saber el soldado. Rebecca se mordió el labio llegando a la conclusión de Tener que pedir ayuda extra.
– Inmediatamente. Abriremos una junta de emergencia.
Billy Coen abrió los ojos sorprendido. Si Rebecca lo proponía… la situación era devastadora.
– Está bien, enfrentemos al demonio entonces.
…*…
Entró a pasos largos estirando el brazo de Billy internándolo en la sala de conferencias. Los murmullos llegaron hacia sus oídos. Las seis filas de agentes importantes llamaban significativamente la atención reconociendo los altos rangos. El líder del D.S.O se mantenía al lado del suyo con Chris Redfield al costado derecho seguido de Jill Valentine. Del lado izquierdo Claire Redfield, Sherry Birkin y Adam Bemford, todos con papeles sobre sus lugares. Respiró profundamente depositándose sobre su asiento sacando la información y caminó hacia el frente tomando el liderazgo. Sabía, que tenía la atención de todos sin consideración aunque al fijarse en los costados encontraba intrigante la ausencia del agente Kennedy.
El suave apretón de manos por parte de su marido disminuyó sus nervios. Rebecca estiró su cuello. Preparándose.
– ¿Por qué nos estás citando tan repentino Rebecca? No es usual en ti – La primera voz correspondiente al líder de la B.S.A.A intrigó a los requeridos. Jill también se cuestionó lo mismo sin decirlo en voz alta.
– Los resultados están listos y… la información no es nada buena. Las pruebas han demostrado que hay almacenamiento de PS30 en altas dosis, confirmando la reproducción masiva
– Imposible. – Un científico élite le contradijo perplejo. – Hay un error.
– No, es así como es. Para ser que vivimos engañados.
Escuchó un golpe sonoro y calló al escuchar el ruido de Chris golpeando la madera del escritorio contra sus nudillos. No necesitaba esforzar su cerebro para deducir que tan cabreado estaría su compañero con dicha información, los murmullos crecían y Jill entreabrió los labios estupefactos. Rebecca comprendió que hurgar en ello generaría más tensión entre ellos dos.
Justo cuando parecían haberse olvidado un poco…
Debía hacer algo.
Claire contuvo una mueca sintiendo ganas de correr hacia su hermano. Adam solo atinó a moverse de su asiento por si Chris cometía alguna locura.
– Chris hay que razonar en cuanto a las razones de…
– ¿Cómo diablos puede ser eso posible? – Interrumpió el mayor de los Redfield apretando los puños heridos – Se supone que destruimos las muestras hace más de nueve años ¿Quieres explicarlo? –El castaño pasó una mano por su rostro en gesto cansino. Chris necesitaba controlarse, escuchar la versión de su compañera. Era la mejor en su profesión por lo cual debía tener una explicación lógica, Rebecca nunca se andaba con tonterías.
Chambers se aclaró la garganta. Un nudo se formó en su estómago al ver la silla vacía donde Barry solía sentarse. Sin la mirada pasiva del mayor, continuar en lo desconocido se le hacía difícil.
–No lo sé… Chris esto es un cambio drástico. Neo-Umbrella debe tener personal científico prodigioso especialista y hasta decodificar para el motivo de su almacenamiento no podemos hacer nada más… solo esperar – Sugirió Chambers suavemente. El de los ojos azules sintió como sus oídos se volvían sordos. La rabia burbujeaba su sistema alterándolo de sobremanera haciéndolo pararse, ante la mirada de sus compañeros. Poca importancia tenían ellos.
– Mantenerse estoicos es una opción válida, tomará varios días decodificar algo de esa magnitud – Ingrid Hunnigan que hasta el momento se había mantenido al margen intervino. – No hay nada más que hacer por ahora.
– No pienso quedarme así. – Chris se levantó del asiento. – Hacerlo solo disminuirá el número de agentes que pasaran a las filas como Barry.
Salió de la habitación dejando un silencio aturdidor.
Carlos hizo una mueca en señal reprobatoria. Nunca, en sus años trabajando para el D.S.O habían enfrentado la magnitud del atentado actual. Ingrid también estaba de acuerdo en ello. Cooperar con los agentes de la B.S.A.A se consideraba un detonante y, por las acciones del mayor sería más complicado.
Desvió su atención hacia Jill Valentine. El cabello rubio largo contrastaba de manera extraña con la gorra que siempre solía usar. Sus ojos grises veían irritados el panorama mientras salía de la habitación, quizá tras de su compañero. La rubia debía tener grandes motivos para seguir junto a él y soportarlo a su manera. Agradecía tener a su esposa consigo. Hunnigan, lo miró y dejó que sus ojos verdes relajaran la tensión en sus hombros.
– Nos moveremos rápido o de lo contrario Claire no podrá casarse así.
No sabía exactamente que tenía Neo-Umbrella para unir a dos agencias totalmente diferentes pero, si los querían juntos significaba que estaban preparando una emboscada.
Y esperaban el gran momento para atacar.
…
Tomó al pequeño bebé entre sus brazos arrullándolo ante el incesante llanto que inundaba la habitación. Lo movía de un brazo a otro intentando buscarle sentido. Los infantes de su edad debían mantenerse sin movimientos o un sentido del oído tan desarrollado. La experimentación había sido perfecta. El menor estaba más desarrollado en consecuencia a su genética. Portaba un cabello escaso rubio y ojos grises llorosos.
– Proyecto uno listo.
Removió un poco del cabello rubio, deleitándose con el color claro del menor. Si Wesker viviera se refundiría en el infierno al ver su proyecto terminado gracias a su tercer aliado especialista en genética. Capturar los portadores sería fácil al tenerla en su poderío.
Proyecto de captura era el siguiente paso.
– A tu hermano mayor no le caerá bien la noticia – Rió sonoramente, con malicia. Jake Muller, su primer antiguo experimento olvidado maldeciría en voz alta aquella creación perfecta. Solo faltaban los detalles de la intervención hacia Chris Redfield. Mancillar al soldado era demasiado fácil. Su error de ser predecible era sin duda la mejor arma.
El ataque al primer equipo de trasteo había hecho mejores las cosas.
Barry Burton había tenido un perfil genético admirable para su edad y suponía que tal vez era eso por lo cual trabaja como agente. Billy Coen, marine acusado por asesinato encajaba a medias por su historial sobreviviente en la mansión Arklay; Chris Redfield con su material genético había logrado fecundizar un óvulo maduro con sus espermas y sin embargo sonaba tentador destrozarlo con la táctica vieja. Eliminar lo importante funcionaba.
Si había algo que él odiaba, era sin duda Albert Wesker.
Y su segundo hijo, ahora con ADN de Jill Valentine sin duda terminaría por deteriorarlo. Ya estaba deseando el momento.
– Hora de la venganza Chris – Arrulló al bebé hasta verlo cerrar los ojos. Dos hombres enmascarados estaban esperando sus órdenes. –Llévenlo hacia el departamento de Valentine. Cuiden de que nadie los vea. Vayan por los adaptadores del Virus G y C. Quiero verlos sufrir antes del verdadero impacto. – Los dos asintieron llevándose la figura infantil hasta perderlos de vista. Una vez fuera, otra segunda persona apareció entre las sombras colocándose aún lado de ella.
– ¿Disfrutando antes de tiempo? – La mujer clavó la vista en quien era el segundo aliado colaborador que era tan digno como ella para responderle.
– Este es mi primer Regalo quiero ver su rostro contraído y su furia hasta finalmente separarlos.
.
.
Contempló, las grandes piedras memoriales en honor a los caídos del cuartel. Si lo pensaba, hacía tiempo sin encontrarse ahí, el cementerio nunca dejaba cosas buenas. La sensación de ardor le quemaba el estómago provocándole náuseas. Pocas veces tenía esas reflexiones pésimas de sí mismo a pesar de no tener sus recuerdos nítidos. Barry le había dicho alguna vez que regresarían llegados un momento y algo, dentro de él no quería verlos nuevamente.
Estaba al tanto de su pasado. Las tumbas sin cuerpos eran personas que habían viajado en sus misiones, China aumentaba más el historial. La gran piedra memorial color café obscuro pertenecía, sin duda al pelirrojo.
– Este momento llegaría, maldición Barry, no debiste hacerlo pronto. – Acercó los dedos hasta cocar contra el material áspero.
Los colores fríos nunca han sido mi gusto Christopher. Prefiero algo de color cuando muera ¿Eh? Dale a este viejo lo que pide.
Frunció el ceño al recordarlo. Su petición se cumplía al pie de la letra como él en sus tiempos... Chris suspiró sonoramente ante las letras enmarcadas en color dorado.
Barry Burton. Amigo, compañero. Agente honorífico, padre de familia "Descanse en paz"
La brisa cálida le revolvía los cabellos castaños con fuerza y sintió una nostalgia recorrerle. Una sombre se cernió sobre la lápida. Una segunda sombra se posicionó a lado suyo. Él ladeó el rostro para poder observarle mejor.
– No se figura real. – La figura delgada trazó con las yemas de los dedos el contorno de las letras –Dejando vacío sin pensar las consecuencias
– Jill – La rubia reaccionó sin prestarle atención a las palabras sin sentimiento aunque fuera solo su nombre.
– ¿Fue un gran hombre, no te parece? – La pregunta sonaba tonta que casi podía escuchar los pensamientos del Redfield. Estaba claro que Barry lo era, él se había esforzado por tanto. Más que ellos mismos. Y quizá él no lo recordara ahora, pero algún día esperaba volver a verlo.
– Lo fue.
Jill sonrió levemente apoyando su cabeza en el hombro masculino, ambos contemplando, sin decir palabra alguna la fría tumba. Chris volvía al escudo de inmunidad encerrándose, maltratándolos cada vez. Atrapándose dentro del nuevo compañero insensible que la había invitado, de la manera más tosca a ser su acompañante al enlace matrimonial de su hermana menor, aquella pareja durante la boda de Rebecca donde había pasado algo extraño que ninguno hubiera vuelto a mencionar.
– Él, siempre será una pieza importante es nuestras vidas. – El viento resopló acariciándole los rostros agotados. Barry era su barrera de ambos, quien marcaba los límites. Y ahora que no estaba ninguno podía verlos.
– Una parte de nosotros murió con él y no hay nada que pueda hacerse, Jill. – Chris la examinó al ver la gorra tendida en el suelo gracias a la brisa. Se inclinó y cogió el artefacto volviéndolo a colocar encima de la cabeza de Jill sin decir nada. Su chaleco táctico estaba ajustado que casi le recordó aquella falda corta la cual usaba en sus tiempos de joven.
– ¿Quieres que vayamos a comer algo? – La Valentine preguntó intentando no prestarle atención a las acciones del mayor. El castaño asintió. No quería ingerir alimento alguno hasta mantener sus ideas claras pero lo haría si lo despejada del sentimiento amargo que provocaba encontrarse ahí. Salieron del lugar en el automóvil antiguo que Chris solía utilizar para esos casos de informalidad y comprobó cómo la soledad podía ser palpable.
– Solo si tú invitas esta vez. – Le sonrió.
– Nunca has pago tú – Respondió sardónico el soldado sacando las llaves del automóvil. Ambos tomaron dirección fuera del cementerio. El vehículo de Chris permanecía estacionado en el mismo lugar de siempre desde los sucesos de China por lo cual subieron rápido partiendo hacia su destino. Llegaron al restaurante de la última vez, pequeño, cálido, recomendado insistentemente por Rebecca y tomaron asiento en el mismo lugar con cuatro sillas. Solían comer ahí todos juntos, ahora, solo podían hacerlo los dos. Rebecca, se encontraba investigando la decodificación en compañía de su esposo y encontraba un poco gracioso el combinar su matrimonio en algo tan delicado, su trabajo de agentes volvía al dúo una pareja extraña.
El olor a comida inundó sus fosas nasales. Jill quería comer algo decente en compañía del soldado. Tanta tensión entre ambos había barajado los límites de su amistad al punto de ser dos seres indiferentes como la primera vez, cuando recibía la invitación de Ingrid a su unión matrimonial.
La rubia despejó su mente sonriendo tenue ante la calma falsa que podía dar dicho lugar.
– Pagaré la próxima vez – Solucionó sin apartar la vista del menú. Chris apretó los dientes con sorna.
– Ya veremos, Valentine
La multitud joven en dicho lugar charlaba animadamente, ajena al desconcierto que cubría sus pensamientos. Algunos, mirándolos de reojo al reconocer sus uniformes e identificando a Chris sin necesidad de disimularlo. El castaño gruñó.
No deberían darle importancia.
El camarero llegó tendiéndoles los menús y se obligó a pensar algo diferente. Si él estaba ahí, debía ser por aliviar la nueva tensión entre ambos.
– Sentimos la pérdida del agente Burton – Habló el camarero al apuntar los pedidos. Jill asintió con pesadez no queriendo ver a Chris Redfield.
– Gracias.
– Cuente con nuestros apoyos agentes. – Barry se había ganado a todos mucho mejor que ellos.
. – Lo tendré en cuenta, por ahora solo sirva nuestra comida, por favor.
La noche sería muy larga.
El camarero les dio sus pedidos y una botella de vino tinto especial. Sin duda uno de los mejores lugares donde la huella pelirroja los mantenía conscientes.
Bebió un sorbo de vino sin apartar la mirada hacia el exterior. Solo debía concentrarse en el momento de paz que la noche brindaba, por primera vez desde la muerte de Barry. Era el mismo lugar donde siempre comían con él. Las palabras del camarero dándoles el pésame aun martilleaban constantemente contra su cráneo haciéndole maldecirse. Odiarse.
Cortó suavemente la carne asada de su plato sin decir palabra alguna. Chris hacía lo mismo de un modo más tosco, poco hostil su comportamiento pero no le importaba, no realmente. Ya había escuchado los murmullos a sus espaldas y decidió, Las personas podían hablar cuanto quisieran mientras él no se decidiera a enfadarse. Era su problema. Chequeó el reloj sobre la pared del restaurant comprobando que, de cierta manera habían pasado mucho tiempo en silencio y todo momento debía acabar.
– Creo que es mejor irnos Jill… Mañana tenemos que prepararnos para el gran evento – El ensayo de la boda no le encontraba mucho sentido, le había prometido a Claire asistir al ser quien llevaría su mano hasta el altar. Como hermano mayor lo haría si eso dejaba tranquilo sus fantasmas aturdidores. Tal vez, lograría hacer algo bien después de todo.
– Tu hermana nos está dejando atrás –Jill sonrió. Claire no era madura. Su carácter la metía en problemas en su edad adulta y Rockford la había marcado, pero también estaba Adam que podía darle la sanidad mental que ella necesitaba.
Y si tenía la aprobación de Chris Redfield, ella también. Adam era un buen hombre.
– Ya es mayor, si quiere casarse con él es porque Bemford es insistente.
– Es tu hermana.
– No todo dura para siempre
Jill rió bebiendo el último trago de su copa y extendió una mano hacia él. Los problemas internos de su compañero parecían verse a través de sus ojos claros. Llevaba años conociéndolo lo suficiente para darse cuenta. Esperó a que pagara la cuenta y salió del restaurante saliendo hacia el automóvil al estacionamiento. A lo lejos podía escuchar las sirenas de policía resonantes, algo pasaba más adelante pero no pudo pensarlo claramente. Chris había llegado maldiciendo en voz baja cosas que no alcanzaba a escuchar. Subieron al automóvil en silencio. Ninguno decía comentario alguno, era de esperarse.
Al llegar hasta su departamento notaron algo extraño contra su puerta. Un extraño bulto se removía, llorando histéricamente y, al parecer el abandono era la explicación más lógica aunque no lo entendía. Abrió el compartimiento del automóvil ignorando el movimiento de este. Aferró la caja entre sus manos y destapó dejando al descubierto un infante.
Su boca se abrió de la sorpresa al ver los rasgos…
¿Cómo era posible?
-¡Chris!
.
.
Sherry chequeó su reloj de bolsillo confirmando la hora correcta para el suministro del nuevo suero que Jake recibiría. Según los científicos que habían asistido a la junta horas atrás debían comenzar una experimentación para balancear la toxicidad del PS30. Aunque no recordaba un nombre de esos en la base parecía ser que el capitán Redfield lo conocía demasiado, sus acciones poco amables se lo habían demostrado.
Se pasó una mano izquierda por el cabello acomodándoselo mientras atravesaba el extenso pasillo donde los científicos examinaban las condiciones físicas de Muller para la vacuna prototipo, tocó la puerta y entró sin esperar respuesta alguna, no la necesitaba cuando solo él se encontraba en esa habitación. El fuerte olor a desinfectante inundó sus fosas nasales provocándole irse rápido pero estaba ahí, irse no era una opción. Encontró su objetivo acostado sobre una camilla sin camiseta alguna.
–Veo que te encuentras muy bien – Muller asintió dejando caer la cabeza contra el respaldo de la camilla. No entendía del todo su capacidad de ignorar las situaciones de riesgo sin tener interés en ello. Detestaba su carácter arrogante, quizás, más que Billy Coen. – ¿Ayudarás?
Corto y directo.
Jake frunció los labios en una mueca sardónica.
– Mientras haya pasta de por medio esta estupidez no significa nada – El de los ojos azules posó sus orbes en la mujer. Sherry aún tenía la bolsa de suero conectada al tripié a pesar de haber pasado varios meses del atentado. – Sigues sin recuperarte.
– No es nada, por el contrario a ti, mi recuperación es lenta.
Jake arqueó la ceja.
La D.S.O era idiota, o muy sobreprotectora. Birkin estaba saludable en casi todo el cuerpo. Sabía casi todo del virus G de Birkin. Cuidar de la única muestra del virus debía ser el verdadero motivo por el cual la rubia no podía salir del cuartel general encargado por el imbécil mayor. Se paró con rapidez tomando entre sus manos cerrando el gotero y quitando el catéter sin importancia. Colocó un algodón sobre la mano femenina.
. – Nos vamos. –apartó el tripié y le dio la ropa que descansaba a un lado.
– ¿Qué haces?- La rubia estiró los dedos regulando su flujo sanguíneo. Vio a Jake sonreír arrogante tomando su camisa sobre la mesita metálica con los materiales de su experimentación. Comprendió casi al instante sus intenciones. – Jake… Tienes una prueba dentro de unas horas.
– Tú te escapaste para irte a comer Birkin. – Respondió el hombre apretando la camilla, colocándose su camisa azul claro. – Yo me iré de este endemoniado lugar. SI quieres seguirme el paso es tu problema. – Avanzó unos pasos hacia la puerta y una mano se posó en su hombro derecho.
– ¿Quieres acción superchica?
La rubia gruñó molesta ante el mote.
–De acuerdo, Jake. Una salida no va a matarnos ¿No?
– Yo que tú no hablaría tan rápido rubia
Minutos después la Birkin se arrepentía. El viento revolviéndole el cabello con violencia dificultándole la visión le hacía maquinar su cerebro a niveles elevados. La adrenalina le recorría palpitante erizándole los vellos mientras la motocicleta aumentaba su velocidad cada vez más. Odiaba las máquinas elevadas desde los acontecimientos de China. Apretó con fuerza el brazo masculino incitándolo a disminuir sin éxito.
Tal vez no debía haberle hecho caso.
Unos disparos se escucharon a su espalda resonando insistentemente y giró su cabeza encontrando una camioneta negra, blindada con una persona disparando a través de ella. Jake maniobraba la moto zigzagueando remarcando las llantas contra el asfalto rechinando sonoramente lastimándole los oídos.
– Parece ser que nuestra compañía está empeñada en dar con nosotros. – Parloteó Jake aumentando la velocidad zigzagueando la motocicleta. Y estaba en lo cierto. Lo presentía dolorosamente contra su pecho. Las balas se volvía cercanas hasta sentirlas contra su espalda de manera amenazante. Una bala perforó alguna llanta haciéndolos perder el equilibro y caer bruscamente hiriéndole parte del brazo que aún tenía roto. Gritó cerrando los ojos.
La motocicleta derrapó contra el asfalto
Estaban en problemas…
– Sherry… ¡Maldición levántate! – Se agachó a su altura percatándose de que la sangre alrededor de la cabeza femenina sugería una contusión profunda. Debían moverse o serían presa fácil, lo cual era inaceptable. Tomó el cuerpo de la rubia colocándola sobre su hombro y corrió lo más rápido que sus piernas podían soportar hasta refugiarse contra la pared de un edifico antiguo. Depositó el cuerpo de Sherry Birkin sobre el concreto.
¿Qué había pasado?
No lo sabía. Aquello le generaba molestia e irritación. No manejar la situación era demasiado molesto, idiota por igual. Ser tomado por sorpresa implicada que los venían siguiendo desde algún lugar, lo cual daba paso a una posible vigilancia desde la salida del hospital horas atrás.
Jodida Neo-Umbrella.
Sacudió su chaqueta concentrándose en los ruidos del exterior. Parecía ser que seguían buscándolos. No podía salir con Sherry inconsciente, tampoco abandonarla a pesar se der algo tentador. Debía quedarse ahí hasta pasar el conflicto. Jake se quitó la playera rompiéndola a trozos colocando un improvisado vendaje sobre la cabeza de la fémina. Bufó fastidiado-
Esperar no le agradaba nada. Desenfundó su pistola caminando hasta el exterior del muro. Un poco de acción no caía nada mal.
. – Si pensaron que esto va a detenerme se equivocan, tengo que cobrar mi cheque.
.
.
Christopher Redfield había conducido casi con desesperación los kilómetros hasta llegar a la base del cuartel. La furia que sentía en esos momentos no era nada comparado a nada. Bajó del automóvil con Jill siguiéndole el paso hasta llegar al departamento donde Rebecca suponía debía estar trabajando en la decodificación. Entró, apartando la puerta violentamente alertando a los dos miembros de dicha habitación. Rebecca saltó de su asiento.
– ¿Qué sucede? – Chris señaló al fondo. Jill cruzaba la puerta con algo en brazos cubierto en una sábana color azul. Se armó de valor jalando la sábana encontrando un pequeño niño, demasiado menor para hacer preguntas sobre él. El infante abrió los ojos y una sensación intrigante erizaba sus vellos de su nuca al reconocer los orbes grises de Jill. Las características físicas tampoco dejaban nada a la imaginación.
– Se parece a…
– No lo menciones, Chambers. – Rebecca sintió los vellos de su nuca erizarse, hacía tiempo sin escuchar el odio intenso en la voz de Chris.
Tragó grueso.
– Confírmalo, Rebecca. – Jill no estaba preparada para saberlo.
La señora Coen extendió los brazos pidiendo en silencio tomar al infantil.
–Habrá que hacerle exámenes… puede que estemos equivoca...
– No hay equivocación Chambers. Estaré entrenando, no quiero interrupciones, nada – El tono, en los labios de su compañero mientras partía había sido demasiado frío, el odio latente en sus palabras. Chris apretaba los puños intentando controlarle ante la imagen del ese niño con rasgos idénticos a quien él había odiado tanto.
Wesker, un nuevo hijo, con ojos idénticos a Jill Valentine. Arrebató al infante de los brazos femeninos y lo observó detenidamente. Era, una copia literal de Wesker salvo sus ojos grises, característicos en Jill después de áfrica. Un nuevo Jake Muller.
Ladeó el rostro depositando a la criatura sobre la mesa metálica afianzando las sabanas sobre el cuerpo del infante. Enfermaría por las temperaturas altas. Le hizo una seña a Billy que alternaba miradas entre la donde había salido Chris y en Jill que parecía aturdida. No negaba que todo era lo más aturdidor desde la muerte temprana de su otro compañero al punto de desear tenerlo de vuelta para que buscara una solución como Barry lo hacía.
No podía proceder sin abrir una grieta. Ellos debían arreglárselas a su manera aunque no era de su gusto dejarlos solos en alto así. Era su apoyo.
Se sentía inútil.
– Será mejor que hables con él, Jill, sé que aún no comprendemos muy bien cómo este niño ha llegado hasta sus manos pero está aquí para dañarlo. Ese es el objetivo principal.
No esperó otra explicación de su castaña compañera. Corrió al campo de entrenamiento empujando sin pensarlo a los jóvenes aspirantes. Carlos la saludó sonoramente más no quería distraerse de su verdadero objetivo y no se detuvo.
La situación se les salía de su control. El niño no era culpable, era algo así como su madre.
– Chris… detente – Jadeó apoyando ambas manos sobre el marco de la puerta. Respiró profundamente colocándose sus vendas, preparándose para dialogar. El castaño volvía a sumergirse en el silencio golpeando un saco de arena y lo tomó del cuello de la camisa jalándolo del improvisado material. Chris devolvió el ataque haciendo maniobrar velozmente sus pasos. La cólera que debía sentir casi la vislumbraba apretándole los hombros. Golpeó fuerte la pierna masculina del soldado derribándolo a la par que caían, los dos sobre el suelo.
–Vete, Jill no te quiero cerca. – Farfulló rabioso removiéndose el Redfield, intentando apartarla. La idea de una traición acudía de manera punzante y no quería tenerla cerca. Llegaría al punto de utilizar su ácido para dañarla. No tendría problema. No ahora.
– No. – Colocó las manos, una en cada brazo del soldado apretándose aún más contra su cuerpo hasta colisionarse sus estómagos. Chris estaba caliente. Ardiendo en una furia incontrolable similar la vez que habían peleado años pasados por Carlos Oliveira.
– Es enserio Jill.
La barrera se estaba rozando al punto de encontrarse débil, pendiente de un frágil hilo el cual podía romperse sin consideraciones. Debía calmarlo como fuera. Acercó sus labios besándolo sin pensar, dejando fluir la adrenalina, la tensión y todas esas cosas que había sentido aquella primera vez en el mismo lugar. Sus lenguas peleaban, el calor subía. Las manos de Chris habían parado a sus hombros y aprovechó para rodearle en cuello. No sabía si era correcto solucionarlo de esa manera pero lo narcótico, placentero del encuentro no le dejaba pensar con claridad.
Lo que pasara después de eso no auguraba nada bueno. Chris Redfield se alejaría. Lo conocía y era su error por lo cual debía enfrentarlo. Los fragmentos de la barrera se rompían en trozos imaginarios dentro de su subconsciente. El daño ya estaba hecho.
Neo-Umbrella había ganado. De la manera más cobarde y perfecta.
.
.
.
Editado: 19/11/14
¡Hola! Bien… sé que debería estar actualizando mi otro YDS pero mi vena Valenfield ha ganado la batalla. Eso y gracias a otra personita por ahí que influenció para que cicatrices demore un poco más XD.
¿A que nadie se esperaba esto, no? Jo. Yo les prometí que algo llegaría al punto de separar a ambos personajes. Lo advertí creo que desde el primer capítulo. Creo que ahora tendrán más dudas de cómo algo así pudo ser posible. Todo eso se irá aclarando conforme pasen los capítulos, recuerden, la cacería de adaptadores sigue en pie y ahora con esto…
Bah. Yo y mis intentos de historia xD.
En fin. Este capítulo es para mi querida amiga Nelida Treschi, mi mano derecha en las YDS. Así que cualquier amenaza de muerte por incluir algo así de bizarro ¡para ella! Yo solo cumplo caprichos jajajajaja.
En fin. ¿Qué opinan de este capítulo?
Espero sus comentarios, críticas y/o amenazas de muerte.
Un saludo.
Fatty Rose Malfoy.
