¡Hola gente! ¡Mil gracias por las reviews! Me alegro de que os esté gustando. Aquí os dejo un nuevo capítulo, con todo el desfase de la fiesta, más Lovi siendo el amo, y más Toni siendo el sexy bastardo de siempre. ¡Espero que os guste!
El Yo Nunca. Si me lo preguntáis a mi (y si no también, porque os lo voy a contar igual, para algo soy el puto narrador), es un juego inventado por el mismísimo Satán para sacar a la luz tus más oscuros secretos, crear situaciones embarazosas y, en general, conseguir que gente borracha se ponga aun más borracha y acabe confesando sus sentimientos o sus filias sexuales al resto de gente borracha. Lo que por supuesto, desembocaba en líos y sexo, ocasionalmente. Y comas etílicos. A veces. Depende de lo duro que juegues. Y si yo conocía lo suficientemente bien a la mitad de los allí presentes, íbamos a jugar a muerte.
Solo había que ver la cara de Gillian, que maniobraba con un paquete entero de cervezas, riendo diabólicamente. O la de Ivan Braginsky, de informativos, que sonreía inocentemente mientras sujetaba la botella de vodka más grande que he visto en mi vida (en serio, podrías matar a alguien con ella). Amelia arrastraba otra caja de cervezas, tambaleándose ligeramente, ayudada por Arthur, que parecía bastante inestable él mismo.
En algún momento se inició una especie de competición entre Gillian, Matthias y Amelia por ver quién era capaz de hablar más jodidamente alto y destrozarnos los putos tímpanos. O eso nos parecía al resto, puede que ellos pensaran que estaban teniendo una conversación normal. Justo cuando Antonio (que por fin se había puesto ropa encima (no, yo no estaba apenado por ello)) se unía a la charla (o competición) demostrando que él también sabía gritar, apareció Lucia, para arrastrar de la oreja al escandaloso danés y sentarlo a su lado, ganándose el silencioso agradecimiento del resto de la sala.
Estábamos casi todos los integrantes de la fiesta sentados en el salón de Amelia. Algunos tirados en el enorme sofá, otros en las sillas, otros demasiado borrachos como para que les importara donde. Yo me situé en una butaca, sujetando un vaso grande de limoncello. Eduardo se encargaba de que las bebidas no dejasen de rular.
Habíamos quedado reducidos a diecisiete personas: Ivan, Feliks (pese a que Toris le rogaba que se retirase), Amelia y su hermano Matthew (al que había arrastrado contra su voluntad), Arthur, el idiota de Feliciano, Matthias y Lucia, Heracles, Eliza, Abel y su hermana Emma, Carlos el de las rastas, el BTT al completo y por supuesto yo.
Kiku había decidido no jugar, pero pululaba a nuestro alrededor cámara en mano.
… Puede que os parezca raro que un montón de adultos, compañeros de trabajo (algunos incluso famosos, cof-cof-yo-cof-cof), estuviesen jugando a un puto juego de beber como adolescentes… Sí, a mi también. Pero qué os puedo decir; la mayoría nos conocíamos desde hacía mucho, éramos algo así como amigos (o similar), era una fiesta, nosotros jóvenes adultos (que no adultos maduros), era una excusa para beber más, pude que para liarse con alguien y estábamos borrachos ya. ¿Qué más queréis? ¿Esperabais algo más sofisticado? Pues que os jodan.
-¡Bueno, chicos, creo que todos conocemos las reglas! ¡No vale mentir! ¡Sinceridad absoluta!- exclamó Elizabeta, conteniendo un hipido.- ¡Si nunca lo has hecho no bebes! ¡Si lo has hecho bebes! ¡Empezamos! ¡Voy yo! ¡Yo nunca me he liado con alguien de mi mismo sexo!
Oh, por favor, esperaba algo mucho más rebuscado por parte de Eliza. Pegué un buen trago a mi bebida, hasta casi vaciarla. ¿Qué? Cuanto más cierto más bebes, ¿no? Miré a mi alrededor. Feliks por supuesto bebía tras una risa socarrona, lo mismo con Françoise. Sorprendentemente Lucia también estaba bebiendo, ante la mirada anonadada del danés. El idiota de Feli soltó una risita y dio sorbitos. Por supuesto, Feli es más gay que yo, apuesto a que no lo habíais visto venir (nótese el sarcasmo). Me sorprendió que el rubio intimidante Abel también bebiese, con una mueca. Mi mirada se fijó en Antonio, que también estaba bebiendo. Bien, bien, bien. Gillian bebió con ganas y le guiñó el ojo a Eliza, que se sonrojó. Iba a ser una noche interesante.
Yo nunca he tenido sexo de una sola noche.
Bebo.
Yo nunca he follado en un ascensor.
Mm… bebo.
Yo nunca me he liado con alguien que no me atraía.
Uf, bebo.
Yo nunca me he quedado hipnotizado con las tetas de Amelia.
Tch, bebo.
Yo nunca me he acostado con nadie de este grupo.
No bebo. Pero Antonio sí ¡¿qué?!
Yo nunca he mentido acerca de mi sexualidad.
Maldito mini-yo. Bebo.
Yo nunca he participado en una orgía.
No estoy muy seguro de si cuenta. Bebo un poco. Antonio vacía su vaso ¡¿Pero qué cojones?!
Yo nunca he sido rechazado.
Lanzo una mirada hacia el bastardo y bebo.
Yo nunca se la he chupado a nadie.
Bebo.
Yo nunca he sangrado por el culo.
Ugh, bebo.
Yo nunca he comido pasta precocinada, vee.
Pongo los ojos en blanco y bebo, ante la mirada escandalizada de Feliciano (Ese es Feli señores, que su hermano participe en orgías vale, pero pasta precocinada es cruzar una línea).
Yo nunca he disfrutado viendo porno gay.
Bebo. Eliza vacía su vaso.
Yo nunca he probado el BDSM.
Suspiro y bebo.
Yo nunca he tenido fantasías sexuales con nadie de este grupo.
… Si hubiese estado sobrio habría mentido. Pero no lo estaba. Así que bebí con ganas. Y para mi sorpresa, todo el mundo lo hizo también. Lo que desembocó en miradas curiosas y suspicaces alrededor.
Y fue en ese momento en el que Amelia dio una palmada (tras varios intentos fallidos de chocar una mano con la otra).
-¡Suficiente con este tanteo general! ¡Pasemos a la acción!- Empezó a reírse entre hipidos.- Jugamos a Verdad o Atrevimiento. ¡Y para que todo sea más interesante, pongo una nueva norma para el resto de la noche!
-¿Y por qué-hip-ibas a poner tú la norma, bloody git?- gritó Arthur, superando incluso su volumen de voz.
-¡Porque es mi casa, Iggy! ¡La norma es que cada vez que digáis un taco (en cualquier idioma) tenéis que quitaros una prenda!
Hubo un murmullo de asentimiento y algún ¡HURRA!
-Esta vez empiezo yo hon hon hon.- Sentenció Françoise.- ¡Toni!- el aludido levantó la cabeza, sus ojos verdes algo desenfocados.- ¿Verdad o atrevimiento?
-¡Venga, Toni, no seas marica! ¡Atrevimiento!- Animó Gillian.
-Uhh… me voy a arrepentir, pero atrevimiento.
La sonrisa de la francesa no podía ser más aterradora.
-Perfecto, mon ami. Te reto a que hagas un striptease ahora mismo, aquí en el centro, al ritmo de las cinco canciones que Gillian elija.
El grupo estalló en carcajadas y gritos. Antonio nos sonrió torcidamente, balanceándose un poco al ponerse de pie.
-Muy bien, que no se diga. ¡Gil ponme algo bueno!
La chica albina asintió entusiasmada y se puso a conectar su móvil con los altavoces. De pronto empezó a sonar a todo volumen Def Leppard, Pour some sugar on me. Antonio se quedó un instante quieto hasta que empezó un fuerte ritmo de batería, con el que el español comenzó a moverse. Balanceaba su cadera a un lado y a otro, paseando por medio del círculo que formábamos, a ritmo con la música. Cuando el cantante empezó la letra, Antonio hizo playback, y, por algún motivo, era increíblemente sexy como movía exageradamente los labios, fingiendo cantar. Se agachó hasta tocar el suelo, irguiéndose luego sin dejar de sacudir las caderas. Noté la boca seca. Todos animaban y silbaban. Tras el primer estribillo Gillian cambió de canción.
-¡Esto es Closer por Nine Inch Nails!- gritó la chica germana.- ¡Y todavía llevas mucha ropa encima Toni!
Este ritmo era más electrónico y Antonio cambió por completo la forma de moverse. Ahora más suave, más preciso. Moviendo el torso al ritmo, suavemente hacia abajo el español fue quitándose la camisa poco a poco, revelando perfectos abdominales bronceados, tiró la prenda a un lado con un seco movimiento, aterrizando en la cara de Abel.
"I want to fuck you like an animal, I want to feel you from de inside" estaba diciendo la letra. Y Antonio se situó entonces justo en frente de Eliza, realizando un movimiento pélvico que dejó a la húngara apunto de desmayarse.
Gillian volvió a cambiar de canción. Yo notaba el sudor en mi frente y un fuerte peso en el bajo estómago. La cabeza me daba vueltas y no sabía si podía culpar al alcohol. Era más música electrónica, más rápida. Antonio caminaba por el círculo como retándonos, en algún momento acabó a mi lado, abriendo las piernas, sujetándose el pantalón con una mano y volviendo a hacer ese puto movimiento. Mi cara ardía, no sé como nadie llamó a los putos bomberos. Apreté fuertemente las piernas. Podía ver como los músculos de su fuerte pecho se flexionaban y se perlaban de sudor.
-¡Dánoslo todo, Toni!
-¡Uuohh! ¡Toni, quiero un hijo tuyo!
El español sonrió, guiñando un ojo. La música volvió a cambiar. Hey sexy lady, de Shaggy, con sonido de guitarra y trompetas irrumpió de pronto. Antonio pareció desconcertado un segundo.
-Guao, Gil, esto sí que no me lo esperaba.
-Estoy llena de sorpresas, Toñito, deberías saberlo.- Rió la chica albina. Entonces el español entrecerró los ojos y sonriendo se acercó a ella lentamente.
-Demuéstralo.- Dijo él, roncamente. Y con esto, agarró a su amiga, arrastrándola al centro del círculo con él. Comenzó a bailar sensualmente pegado a ella. Gillian empezó a moverse también, de espaldas contra su pecho. Antonio la agarró de las caderas, forzando a ambos a llevar el mismo ritmo. Y yo sentí una jodida puñalada en el estómago. Puto bastardo de los tomates que sabía moverse como un puto dios. De un brusco movimiento, el español dejó a la germana sentada en una de las sillas libres. La música volvió a cambiar, esta vez gracias a Françoise y una canción de reggaetón empezó a sonar. Antonio hizo una mueca y se aproximó a la francesa, sin dejar de ir a ritmo con la música. La rubia sonrió con expectación, sentada aun en su propia silla.
-Toonii, todavía veo demasiada tela.- Canturreó, extendiendo las manos hacia delante. El bastardo cedió, acercándose aún mas, su bajo estómago a la altura de la cara de la francesa, que prácticamente se relamía. No perdió tiempo y le desabrochó los pantalones, bajándolos por completo. Dio. Ese culo. Creí morirme allí mismo. Toni pausó un segundo, lanzó los zapatos lejos y saltó fuera de los pantalones, casi perdiendo el equilibrio y a punto de caerse, rompiendo un instante la magia, demostrando que sí, era humano, y sí, estaba borracho.
Se recuperó enseguida, riendo y se movió del lado de su amiga para situarse frente a mi. ¡Frente a mi! Mio dio. Tragué saliva como pude y me agarré a la butaca. Lo único que cubría ahora a Antonio eran unos putos boxers rojos (sin tomatitos, gracias a dios). Él prosiguió el baile, prácticamente restregándose junto a mi. Mis piernas estaban tan apretadas que dolía. Mi cara hacía juego con sus calzoncillos. Tenía su musculado estómago a milímetros de mi rostro.
En ese instante morí. En serio. Y entonces mi fantasma cabreado y empalmado volvió para vengarse del bastardo-provoca-taquicardias… Sí… No sé porqué no me dedico a escribir guiones.
Creo que jadeé, como el imbécil que soy. Entonces, ese cuerpo divino se alejó de mi, y Antonio perdió de pronto su hipnótica aura de dios del sexo, volviendo a ser un simple mortal de nuevo, pasándose nervioso una mano por el pelo, tocándose el pendiente y riendo, cohibido de repente. Creo que todos despertaron a la vez del estado hipnótico, riendo y gritando obscenidades.
-¡Bueno, creo que ya he hecho suficiente el ridículo! Solo espero que no os acordéis mañana, jajajaja- Comentó el español. Yo bufé. El ridículo, decía. Já. Olvidarlo, decía. Já.
-¡No cuentes con ello!- gritó alguien.
-Te toca a ti, Antoine.- Dijo la francesa sin perder el brillo pervertido en sus ojos azules, fijos en el culo del español, que se estaba esforzando por volver a ponerse los pantalones.
-¿A mi? Oh, vale. Mmmm… Gillian, ¿verdad o atrevimiento?
-Pf, soy demasiado genial como para hacer otra cosa que no sea atrevimiento.- Declaró arrogantemente la chica de ojos rojizos, con su suave volumen de voz característico (mis oídos decidieron suicidarse).
-Por supuesto.- La sonrisa del español daba ahora un poco de miedo.- Te reto a que beses a Elizabeta. Con lengua y todo. Unos buenos minutos. Y luego vas a besar… ¡a ti!- dijo señalando a un sorprendido Matthiew.- Lo mismo.
-¿A los dos?
-¡Sí!
-De acuerdo, les voy a besar como nunca les han besado. Vais a rogarme que lo repitamos.- Afirmó Gillian, con una sonrisa de salida, arrastrando las palabras lentamente (no le culpo, llevaba más cervezas encima que gomina había en el pelo de Abel). Eliza estaba blanca y Matthiew parecía querer que se lo tragara el sillón.
Por resumiros: Eliza acabó más roja que yo y amenazando con golpearla con una sartén (os he dicho que está puto loca).El morreo con el canadiense duró más de lo que nadie esperaba y nos hizo sentirnos ligeramente incómodos. Cuando se separaron con un (desagradable) sonido húmedo, Gillian parecía algo mareada y el rubio de gafas sonreía levemente, con algo similar a autocomplacencia.
Gillian retó luego a Heracles a cantar el himno griego maullando. Heracles retó a Arthur a ir con los ojos vendados el resto de la noche, lo que desembocó en que chocase varias veces, soltando maldiciones, lo que provocó que acabara casi desnudo gracias a la norma de Amelia.
Arthur interrogó a Lucia, que eligió verdad, preguntándole sobre sus verdaderos sentimientos por el danés. Así conseguimos que Lucia mostrara alguna emoción por una vez, dirigiéndole una helada mirada de rabia al inglés y declarando con voz fría que no odiaba a su socio. Matthias casi daba saltitos, como si le hubiera dicho que le quería o algo. Que puede que fuese el caso, en versión Lucia.
Lo que sea.
El danés tuvo que componer una canción sobre los legos. No he oído tanto sentimiento y tantas paridas juntas desde la última vez que Feli me dio una conferencia sobre los valores de la pasta. Y dejadme deciros que ese rubio enorme tiene menos ritmo que un puto pingüino… ¿qué? Es una buena comparación. Yo nunca he visto a un pingüino dando un jodido concierto ¿vosotros? Eso pensaba.
Mm.
Amelia realizó un intento de baile en barra vertical, que claro, no tenía, por lo que se conformó con una columna. No voy a describiros la tremenda hostia que se pegó, solo diré que a día de hoy sigue sin querer hablar de ello.
Emma confesó que si tuviese que elegir entre gofres belgas o sexo con cualquier persona de la sala elegiría los gofres. Creo que no fui el único ofendido.
Abel también eligió verdad, y su hermana aprovechó para preguntarle si alguna vez se llegó a acostar con "el jefe". El rubio de pelo en punta la miró sin expresión y respondió con un seco "sí". Todo el mundo se volvió loco con eso. Emma asintió, como si lo supiese ya. Y yo, como el gilipollas que soy tardé un rato en procesar quién era "el jefe". Cuando lo hice miré incrédulo al bastardo, que en esos momentos nos dedicaba a todos una sonrisa, que era la mezcla más rara que he visto nunca entre ebria desvergüenza, y timidez, pasando de uno a otro como un puto interruptor.
-¡Ese es nuestro Toni!- Rió Gillian.
…
Ese jodido bastardo.
Necesitaba más alcohol.
Fui tambaleándome hacia Eduardo para que me rellenara el vaso una vez más, pidiéndole que no se cortase.
A partir de este punto de la noche, todo está borroso y no tiene ningún puto sentido.
Creo que Carlos aceptó el reto de hablar como un actor porno el resto de la fiesta, porque de vez en cuanto oía frases del tipo "voy a empotrarte contra esa pared" o "háblale sucio a papi". Ivan tuvo que darle una serenata a nada menos que Amelia, que si no hubiese estado tan borracha probablemente hubiese iniciado una de las iracundas broncas típicas entre ellos, pero, en vez de eso, acabaron abrazados, graznando a voz en grito algo que debía sonar similar a Hakuna matata. ¿Por qué? Ni puta idea.
Feli confesó que había participado en varios tríos… ¡¿espera, qué?! ¿tríos? ¡¿VARIOS?! Ahí es cuando creo que me levanté (muy dignamente) y me dirigí hacia el idiota de mi fratellino, gritando algo (muy inteligente, seguro). Pero fui interceptado por unos familiares pechos demoniacos (¿Françoise?), que me alejaron de Feli, que chillaba y corría alrededor del sofá, en círculos, y… ¿había purpurina? ¿qué? Creo que pataleé y le asesté un pisotón a las tetas con patas, que soltaron maldiciones, y luego estaba… ¿casi desnuda? y alguien me quitaba la ropa a mí también ¿qué cojones?, diciendo algo de la regla, la norma o no se qué.
Llovía ropa en el interior del salón.
Heracles hacía un ángel de nieve entre las prendas del suelo. Ivan y Amelia cantaban a grito pelado, llorando a la vez, entre berridos ¿estaban destrozando una canción de La sirenita? ¿O era La bella y la bestia? Qué sé yo. Alguien chillaba (¿Arthur?) que los conejos verdes iban a venir a por nosotros. Eliza llevaba una sartén en la mano y estaba bailando sobre la mesa, dándole pisotones como si le hubiese ofendido personalmente. Kiku estaba a su lado, tratando de calmarla. Feliks llevaba media hora tratando de subir él también, sin éxito. En algún momento Abel empezó a reírse y dijo que había puesto algo en la tarta que habíamos comido ¿lo dijo o me lo estoy inventando? Matthew tenía por algún motivo un stick de hockey en la mano, Emma intentaba hacer gofres en la cocina, Matthias y Lucia se estaban comiendo la boca en una esquina y… espera, ¿qué?
Gillian se había hecho con el dominio del sofá junto y saltaba sobre cualquiera que entrara en su territorio, gritando "¡POR PRUSIAAAA!". Antonio luchaba contra ella, por algún motivo llevando su bañador en la cabeza, y yo estaba sobre sus hombros, blandiendo una botella hacia la chica albina… ¡¿QUÉ?! …Os lo digo en serio, no vuelvo a beber en la vida. Ese puto holandés y su puta tarta… El bastardo español gritaba algo así como: "¿¡TOMAATEES!? ¡¿CUÁL ES VUESTRO OFICIOO?!" a lo que medio salón respondió al unísono: "¡AU AU AU!". Y se armó la de dios. Recuerdo difusamente agarrarme a la mata de pelo de Antonio como si mi vida dependiera de ello, lanzarme sobre Gillian chillando, y acabar en un trono de cojines, aclamado por mis aliados; recuerdo gritar algo similar a "¡ESO ES, HIJOS DE PUTA! ¿QUIÉN ES EL PUTO REY DEL PUTO SOFÁ? ¡EL PUTO LOVINO ROMANO… uh, y lo otro! ¡AHAHA!" Y entonces todo el puto mundo se lanzó sobre mí, quitándome la jodida poca ropa que me quedaba (puta norma de puta Amelia), mientras yo gritaba como un maniaco: "¡ES DE ARMANI, BASTARDOS!", hundido bajo un montón de imbéciles borrachos pervertidos.
…
Y os juro que no recuerdo absolutamente nada entre eso y avanzar hacia mi cama, en mi apartamento. ¿Cómo coño llegué? Es, y seguirá siendo, un misterio. Solo sé que Feli estaba conmigo, cubierto de purpurina, que yo solo llevaba puestos los boxers y que no volvimos en mi Ferrari. También sé que yo todavía abrazaba un cojín.
…
Decidí que vendería mi alma al diablo con tal de que ningún puto paparazzi me hubiera visto. Ya podía ir sacando mis velas negras y consiguiendo una cabra sacrificable.
