Había pasado una semana. Siete putos días.

El trabajo en la cadena había cogido un ritmo frenético. Básicamente todo el mundo iba de un lado a otro gritando cosas a más gente que corría y gritaba cosas. Así que gustosamente me uní y corrí gritando cosas a gente.

No, pero en serio, era una puta locura. Queríamos empezar a grabar el primer episodio en unas semanas. Los redactores, que llevaban trabajando meses en los temas de esta temporada, se dejaban la piel por tenerlo todo listo. Lucia y Matthias se volvían locos consiguiendo los permisos necesarios, ultimándolo todo. Los realizadores se desgañitaban, tratando de hacer entrar en razón a Antonio con respecto a algunas de las extremas condiciones que tendríamos en el rodaje.

-¡Antonio! ¡Te lo digo en serio! ¡No puedes meter una cámara ahí!- decía Carlos, exasperado, llevándose las manos a la cabeza.

-¡Por no hablar de que sería una toma horrible! ¡Plásticamente ese plano es desastroso!- Gritaba Emma.

Apenas veía a Antonio en el trabajo, pues era constantemente arrastrado de un lado a otro. No le envidiaba para nada. Aunque claro, yo tampoco es que estuviera sacándome los putos mocos. Arthur me había secuestrado y me tenía todo el día comentando los pasos a seguir en las primeras entrevistas. Ambos estábamos de mal humor, o sea que podéis imaginar la situación. Y luego tenía que ponerme al día con el trabajo de investigación. Era una puta pesadilla.

Los primeros episodios se centraban en el mundo de las drogas de diseño. Y os juro que algunas debían de estar rulando por el estudio, porque no era ni medio normal.

No me hagáis hablar de Jones. La coordinadora americana estaba en todas partes, os aseguro que no me habría extrañado si saltase de dentro de mi nevera o de debajo de mi cama, algún día. Sus gritos resonaban por toda la redacción.

-¡IGGY! ¡Necesito ya mismo saber cuáles son los puntos a tratar en la entrevista con el camello millonario ese! ¡Ahora se niega a aparecer! ¡Pero tranquilos, vuestra heroína está aquí para salvar el día!

-No me hables de heroína.- Refunfuñó Kirkland, hundiendo el rostro entre sus manos.

-¿De verdad no queréis plantear la cuestión a cerca de la percepción y el oscuro conocimiento que los sicodélicos pueden aportar? El mismo Nietzsche consumía opio cuando escribió La genealogía de la moral. ¿No deberíamos hablar de la idealización de las drogas?

-Heracles, de verdad, shut up y vuelve a dormirte.- Rezongaba el inglés.

Y en medio de esa vorágine, de alguna manera, saqué tiempo para quedar con el bastardo. Quiero oír vuestros aplausos.

Acostumbrábamos a comer juntos en el descanso. Bueno, los dos y esa molestia gritona que era Gillian. Y Emma, que me caía bastante bien. Y Carlos a veces. Y de vez en cuando Abel, para echar un ojo a su hermana. Y Heracles, cuando no estaba sobando encima de sus papeles. Vale, y Arthur y Amelia. Puede que incluso Lucia y Matthias, en ocasiones. ¡Vale, joder! ¡Nunca estábamos solos!

Pero cuento como progreso que el viernes me invitase a ir con su equipo de siempre a tomar unas cervezas. Evidentemente yo tomé vino italiano, ante la mirada escandalizada de Gillian.

Llegué a conocer bastante bien a esa panda.

Emma era dulce pero mordaz, tenía buen gusto y gran talento fotográfico. Nos llevamos bien en seguida, y en cuanto conoció a Eliza las dos encajaron, compinchándose en su misión de torturarme y buscarme pareja. ¡Como si necesitase su ayuda!

Los tres fuimos a comprar ropa el sábado. Lo sé, un puto cliché. Me sentía como si fuera el jodido mejor amigo gay, así que invité a Feliciano para que nos acompañara. Mala idea. No hacer nunca más. Las dos mujeres se pasaron el rato estrujando a Feli, diciendo lo mono que era y charlando a cerca de su vida sexual, sobre la que el idiota de mi fratellino no tenía ningún reparo en hablar.

Fue traumático.

Abel, el holandés intimidante, era eso: intimidante. Seco. Algo capullo. Con un sentido del humor perverso y una actitud sorprendentemente liberal. Era tacaño como él solo. Por algún motivo amaba los conejos (lo sé: qué cojones) y odiaba a Antonio, no tengo claro por qué. La verdad es que yo evitaba hablar con él en todo lo posible.

Carlos venía de Cuba. Era un hombre vital y divertido, que, por lo que yo había visto, tendía a llevar sus emociones a los extremos. Le había cogido el gusto a vacilarme cada vez que podía y le encantaba romperme la espalda a palmadas "amistosas" como saludo.

Y paso de hablaros de Gillian Beilschmidt. Es de ver para creer… Ignorad eso. No queréis acercaros a ella. No queréis ni estar a menos de tres kilómetros de ella. Así que no la vais a ver nunca. Fiaros de mi palabra: corred lejos. La hermana del patatero era una mezcla explosiva de ego hinchadísimo, mente diabólica, carisma y no saber tener la puta boca cerrada.

Pero en fin. Suficiente descripción de los bastardos.

Sé que lo que más nos interesa es EL bastardo. O el Bastardo. Lo que sea.

El caso es que el domingo por la mañana volvimos a quedar para ir a correr. Y después fuimos juntos a comer. Esta vez a un jodido McDonalds. Ya. Puto asco. ¿No tienes principios, Lovino? Lo sé. Pero joder, tenía hambre.

Y pasó otra semana. Otros siete putos días.

Más de lo mismo en el trabajo. Pero añádele el estrés de las fechas límites aproximándose inexorablemente. Estábamos al final de la carretera y un tren venía hacia nosotros a toda velocidad.

Arthur parecía al borde del colapso nervioso y se metió en una tremenda discusión con Antonio sobre no me acuerdo qué. Solo os diré que no sé cuál de los dos era peor. Nuestro alegre director nos descubrió una nueva faceta de sí mismo: la de jefe cabreado. Y os aseguro que nadie quería volver a verla. Excepto el inglés tal vez, pero él es masoca, ya os dije que estaba pillado por Jones, si eso no prueba que tiene serios problemas no sé qué más deciros.

Volviendo al tema; de repente, no sé como, me di cuenta de que no solo no había hecho ni un movimiento hacia el bastardo, sino que además nos estábamos convirtiendo en algo similar a amigos. Amigos. Putos amigos. La definición de amigo es: "que mantiene una relación de amistad". Por si no está claro: amistad: "relación de afecto y confianza". Exacto. No veo que ponga sexo por ninguna parte.

¿Veis el problema, no? Desde luego yo veía el problema.

Lo peor era esa sensación de familiaridad que empezaba a instalarse entre nosotros. Se supone que yo no debía permitir que eso pasara. Pero no podía evitarlo. Cuando estaba cerca del bastardo mi mente racional desconectaba y simplemente me dejaba llevar. ¿Y qué pasaba con mi puto plan? Ya, bueno, no lo sé.

Llegó el viernes y el equipo volvió a invitarme a ir a tomar algo.

Fuimos a un bar distinto al de la semana anterior, más que nada porque Gillian ya no era bienvenida en aquel (no preguntéis). Fue la misma patatera la que nos guió a otro sitio que conocía. Se trataba de un garito tenuemente iluminado, con mesas de madera y bancas contra la pared, separadas unas de otras por paneles. La música rock sonaba al volumen perfecto para poder hablar tranquilamente pero sin que otros escuchasen.

-¡Y aquí llega mi asombrosa persona! ¡Con delicioso néctar de los dioses para vosotros, simples mortales!- Exclamó Gillian, acercándose a nuestra mesa, cargada de jarras de cerveza.

Un grupo de jóvenes, sentados en la barra, le lanzaban miradas lascivas, comentando entre ellos. Pf. Pobres. No sabían donde se metían. Aunque podía entender por qué atraía miradas. A parte de su peculiar cabello blanco, corto y en punta, y de su aspecto físico, la patatera vestía un top negro con el logo de un oscuro grupo de metal alemán, que dejaba al descubierto su musculado estómago y sus brazos. Los pantalones militares, un par de piercings y las enormes botas negras completaban el look. Decir que llamaba la atención se quedaba corto. Sus ojos rojizos estaban enmarcados cantidades ingentes de sombra negra, destacando su color y dándole un aire de demonio que no ha dormido en semanas. Básicamente vestía igual que cuando tenía dieciséis años. Le dirigió a su grupo de admiradores una sonrisa torcida, que dejó al descubierto sus colmillos.

-Si vuelves a traer a alguien a casa por favor llévale a tu habitación, Gil.- Dijo Antonio, mirando el intercambio con expresión divertida.- Ni salón ni cocina. Ni mi habitación.

Gillian resopló.

Ah, tal vez deba aclarar. El bastardo y Gillian no vivían en esta ciudad de normal, pero al tener que grabar la temporada aquí se habían trasladado a vivir con Françoise, que poseía un enorme ático en el centro. Así que sí: el BTT al completo vivía en la misma puta casa. Eso no podía ser bueno para el futuro de la especie humana, pero ya veis. La vida es dura.

-Hey, chicos.- Dijo Emma, dando un buen sorbo a su cerveza (la chica bebía más de lo que cualquiera esperaría dada su pequeña figura).- ¿Os habéis enterado de lo nuevo entre Matthias y Lucia?

Esto despertó mi curiosidad. Callaos. No soy un cotilla. Ni una chismosa. No. Chitón.

-¿Les han pillado haciéndolo en el despacho? ¿Encontrando nuevas utilidades a los Legos?- Propuso Gillian, con una mueca socarrona.

-Ya estás contando.- Intervine. Tal vez algo más entusiasmado de lo que debería.

-Resulta.- Empezó la belga, disfrutando de la atención.- Que Matthias le ha propuesto salir oficialmente, pero, claro, es Matthias. Así que no podía hacerlo como una persona normal.

-Oh, no, ¿qué ha hecho?- Preguntó Antonio, medio cubriéndose el rostro con las manos.

-¿Le ha construido un castillo de legos?- Aportó Carlos, riéndose. Sí, el chiste con los putos legos nos daba para mucho.

-Lo gritó en medio de la cafetería, delante de todos, arrodillándose y todo, como si estuviese pidiéndole matrimonio.- Declaró la rubia.

Gillian soltó una carcajada.

-Pfff. Esperaba algo mucho más asombroso. Yo habría incluido cohetes y explosiones por lo menos. Sería increíble.- Dijo la albina, con expresión soñadora. Daba escalofríos.

-Y por eso no sales con nadie.- Gruñí yo.

Antonio se echó a reír.

-Hablamos de cómo pedir a alguien que salga contigo, Gil, no de cómo acabar detenido.- dijo.

-¿Cómo lo haríais vosotros?- Preguntó Emma, con su sonrisilla gatuna.

-Mi asombrosidad no necesita pareja.- Replicó Gillian, haciendo muecas.- Soy una mujer libre e independiente. Una fuerza incontrolable de la naturaleza. Este cuerpo no puede aguantarlo una triste personita sola mucho tiempo.

-Pues parecía que el canadiense dejó ese mismo cuerpo temblando tras un simple beso.- Interrumpió Abel, con la sombra de una sonrisa burlona en el rostro.

Gillian se levantó, indignada.

-¿El pequeño Mattie?- Exclamó.- Ni hablar, fue al revés.- Pero se había puesto ligeramente roja. Todos compartimos una mirada cómplice.

-Lo que tu digas, cariño.- Dijo Emma, en tono conciliador, dándole palmaditas a la chica de pelo corto para que volviera a sentarse.- Pero no habéis contestado. Si tuvieseis que declararos de la forma más perfecta ¿cómo sería?

-En una playa.- Comenzó Carlos, sin dudar siquiera.- Con helado. Mucho helado. Al menos eso fue lo que hice con Ana y ahora estamos casados.- Dijo con una sonrisa, agitando su mano para mostrar su anillo dorado. Ah, sí, olvidaba eso, pero al parecer el cubano tenía una esposa esperándole en su casa en la Habana.

-Oh, estoy segura de que fue súper romántico, Carlos. Ana tiene suerte de tenerte.- Comentó la belga abrazándole brevemente. El hombretón sonrió con cariño. Esos dos casi parecían hermanos. Todo el equipo, en realidad. Me sentía un poco pegado. Pero ellos insistían en que era genial tenerme con ellos. Bueno, claro, soy yo, claro que es genial contar con mi presencia, ¿no? ¿No?- Yo inundaría su casa con chocolate. Comeríamos. Y luego se me ocurren otros usos.- Nos dirigió de nuevo su sonrisa gatuna.

La obsesión de la belga por ese dulce era casi malsana.

-¿Y tú, Abel?- preguntó el cubano, curioso. El hombre de pelo pincho le lanzó una mirada malhumorada.

-Algo en lo que no gaste dinero, el muy rata.- Rió Gillian, recuperándose del enfurruñamiento en el que había entrado por el tema del canadiense. Abel asintió sin inmutarse.

-Tulipanes, probablemente.- Apuntó, cruzándose de brazos.

-¿En serio? ¿Putas flores? Muy original.- Ironicé yo, ganándome una mirada helada.

-No infravalores el poder de los tulipanes.- Me dijo, muy serio.

Aha. Sí.

-Muy bien, y tras el estereotipo holandés, ¿qué haría el estereotipo italiano?- Inquirió Carlos, mirándome. Yo me revolví en el asiento un segundo, antes de dirigirles una sonrisa de superioridad. Quiero decir: soy italiano. La seducción está en mi sangre. Sea cliché o no.

-Velada en un restaurante de verdad, luz de velas, bailaríamos al son de la pequeña orquesta… Paseo de la mano bajo el cielo estrellado de Nápoles… Esas cosas.- Comenté de manera casual.

-Oooh, Lovi, ¡en el fondo eres un romántico!-Exclamó Antonio, sobresaltándome.

-¿Qué? ¡Claro que puedo serlo si quiero, bastardo!

-¡Y luego dices que yo soy ñoño!

-¡No es lo mismo!

-¡AHÁ!- Saltó el español, apuntándome con un dedo acusador.- ¡Lo reconoces!

Pero antes de que nos enzarzásemos en uno de nuestros piques la belga nos interrumpió.

-¿Y tú, Toni?- Espera. ¿Acababa de hacerle una caída de ojos al bastardo o yo estaba paranoico?

-Le diría "te quiero", en algún sitio que signifique algo para nosotros.- Respondió simplemente, encogiéndose de hombros.

-¿Y ya está, Toni?- Resopló Gillian.- Esperaba algo bastante más espectacular de ti. Pensé que habrías aprendido algo a lo largo de estos años siendo instruido por mi asombrosa persona y la menos asombrosa Franny.

-¡Eh! ¡Nunca ha fallado!

-Por favor, Anton, todos sabemos que no tienes más que sacudir tu precioso culo y quien sea dirá que sí.- Rió la chica germana.

-¿Ya estamos con mi culo? ¿El espíritu de Françoise te ha poseído de repente?- Exclamó Toni, con fingido terror. Al menos creo que era fingido. Yo estaría aterrado de verdad.

Gillian soltó una carcajada y atrapó la cabeza de Toni con un brazo, frotándole la mata de pelo color chocolate con el puño. Antonio se revolvía y reía, entre insultos en español.

Abel puso los ojos en blanco, Carlos sacudió la cabeza y Emma soltó una risita. Al parecer todos estaban más que acostumbrados. De repente me entró la curiosidad.

-Y ¿cómo os conocisteis todos vosotros?- Pregunté.- Sé que el bastardo conocía a la patatera, y que vosotros dos sois hermanos, ¿pero cómo os juntasteis?

-Ahhh, esa es una historia asombrosa.- Dijo Gillian, soltando a Toni e inclinándose hacia mí con aire confidencial.- Mi magnífica persona y este de aquí acabamos yendo a la misma universidad después de acabar el insti, cada uno con su carrera. Tras dos años viviendo en la residencia estudiantil estábamos listos para alquilar un piso. Se suponía que Franny también vendría y ya habíamos alquilado un apartamento para los tres. Pero la franchute decidió ser una diva melodramática y cambiar de opinión a última hora, dejó la uni y se fue a cumplir su sueño gastronómico. De repente nos faltaba un compañero de piso. Así que pusimos un anuncio y apareció ese cabeza de tulipán de ahí.

-No sé por qué, pero terminé compartiendo piso con esos dos idiotas.- Bufó el holandés.- Para hacer uno de los trabajos finales de carrera descubrimos que podíamos colaborar. Antonio estaba estudiando Cine, Gillian hacía informática y telecomunicaciones. Yo estudiaba sonido.

-Así que no fue difícil unir nuestros cuestionables conocimientos. Realizamos un trabajo de Videoarte experimental que encantó a los profesores.- Continuó Toni.- Fueron dos años moviditos. Caóticos. Pero, tras descubrir que funcionábamos juntos, hicimos un montón de trabajos como equipo. Salimos de la universidad con cierta fama.

-Pero no tenían ni idea de qué hacer a partir de ahí. Trabajos cutres en cadenas de comida rápida y poco más. Hasta que Toni tuvo la idea del documental. Y ahí entramos nosotros.- Dijo Emma, sonriendo con añoranza y señalando a Carlos.- Yo había estudiado Arte y Fotografía. Carlos ya había trabajado como cámara y era conocidillo. Abel me llamó con un proyecto loco. Y contactamos con Carlos. De alguna manera ese cabeza loca nos convenció.- Señaló a Toni.- Para embarcarnos en una locura de documental sin medios y sin dinero.

-El presupuesto era casi nulo. Amigos y familia, básicamente.- Relató Antonio.- Teníamos la mirada puesta en un festival de los importantes. El premio nos hacía babear. Pero claro, nadie nos tomaba muy en serio. Imagínalo: cinco jóvenes con pintas diversas, sin un duro y recién salidos de la universidad.

-Pero así surgió "Perdidos en América". Y ganamos, porque somos asombrosos.- Se carcajeó Gillian, repanchigándose en el banco.

"Perdidos en América" era la primera obra en la filmografía de Antonio como director, y era casi desconocida (yo la había visto, claro… puede que hubiese sido bastante exhaustivo en la investigación del bastardo). Era una película documental dura y agridulce, sobre la juventud sin esperanzas, sin trabajo y desmotivada, sobre la juventud perdida. Era una de mis obras preferidas, pese a la evidente falta de presupuesto y la visión algo cruda de la realidad. Se notaba que su estilo estaba aún sin pulir. Pero estaba ahí. Esa fuerza y esa pasión características.

El jodido bastardo era un director de puta madre.

-¿O sea que os conocéis desde la universidad o casi?- Pregunté con incredulidad. Normal que pareciesen tan cómodos entre ellos, como familia.

!- Exclamó el bastardo tomate, entusiasmado.- Luego tuvimos unos cuantos trabajos por separado, pero siempre que puedo arrastro al equipo al completo en todos los proyectos. Y tu cadena no tuvo problema. Son muy buenos en lo suyo y trabajamos bien juntos. Saben lo que quiero y yo confío en ellos.

-El jefe es el mejor.- Rió Emma, haciendo que Antonio le lanzase una sonrisa avergonzada.- ¡Lo eres, no pongas esa cara, Señor-joven-revelación-como-director! Tiene talento y es genial trabajar con él… Cuando no se emperra en una cosa y hace caso de su genial directora de fotografía que sabe del tema, claro.- Apuntó, alzando una ceja significativamente.

-Lo pillo, lo pillo, cambiaré de idea sobre esa toma, no hace falta que me persigas con eso.- Sonrió Toni, bebiendo su cerveza.

Emma asintió, con una sonrisa satisfecha.

-Ah, sí, los viejos tiempos.- Suspiró Gillian.- Deberías haber visto a Toni en sus años de universitario.- El bastardo hacia ahora grandes aspavientos, para indicar que cerrara la boca. Cosa que por supuesto no hizo. Estamos hablando de Gillian.- Con su pelo todo largo, rastas y…

-¿Rastas?- Interrumpí yo, atónito.

-Já, sí, recuerdo eso.- Dijo Abel con media sonrisa socarrona.

-Ja. Tenía toda la pinta de artista bohemio.- Rió la chica germana.- Y ese rollo triunfaba con tíos y tías. ¿No fue entonces cuando lo de la orgía esa?

Antonio había adquirido un brillante tono rojo y evitaba mirarme, hundido en su banca. Guao. Y yo pensando que nadie superaba mis enrojecimientos. Todo el equipo estalló en sonoras carcajadas. Hasta el holandés intimidante.

-Ya basta, le estáis dando a Lovino la impresión equivocada. Fue hace mucho tiempo.- Dijo Toni, mirándome suplicante. Yo alcé una ceja.

-Y creo que fue por entonces cuando tú y Abel tuvisteis la Discusión.- Continuó Gillian, ignorándole.- Solo recuerdo llegar a casa, el piso apestando a maría, como siempre, y al parecer Govert, el conejo de Abel, había desaparecido. Y vosotros dos os estabais gritando, a punto de partiros la cara, así que mi asombrosa persona tuvo que intervenir.

Antonio sacudió la cabeza, mirando al holandés.

-Te juro que no tuve nada que ver con lo de Govert.- Declaró.

El pelo pincho le dirigió una mirada envenenada y se cruzó de brazos.

-Eso dices tú.- Escupió.- Y aun me debes dinero, capullo.

Toni puso carita de pena.

-¿No piensas olvidarlo nunca?

-Más intereses.- Apuntó el holandés, ignorándole.

Bueno. Os hacéis a la idea de cómo era quedar con esos personajes.

Acabamos todos bastante bebidos. Podías notarlo en que tanto Toni como Carlos empezaban a charlar en español constantemente, hablábamos a gritos, Abel sonreía (como lo oyes), Gillian desvariaba aun más que de costumbre y yo había pasado a decirle a Emma lo bien que me caían todos. Sí. Culpad al puto alcohol. ¿No dije que no iba a volver a beber?

Carlos, la belga y su hermano se fueron juntos en taxi, pues residían en el mismo hotel. Gillian y Toni iban a marcharse juntos también, pero al final Antonio le dijo a la germana que fuese yendo, que me acompañaba a casa y luego iba. Protesté, por supuesto. No era una jodida chiquilla que necesitase que fuesen con ella el camino a casa. Pero el bastardo insistió y yo no estaba en pleno uso de mis facultades mentales, así que acepté.

Antonio iba haciendo equilibrios por el bordillo de la acera. Yo le estaba gritando que dejase de hacer el idiota. En algún momento me hizo caso, pasó un brazo por mis hombros y nos pusimos a cantar "Bella ciao" a voz en grito, no tengo claro por qué cojones. Creo que era de las pocas canciones que él conocía en italiano. Debía de ser la una de la madrugada y la calle estaba desierta. Mi casa no quedaba muy lejos.

-Sabes, Lovi.- Dijo Toni, interrumpiendo nuestro desafinado dueto.- Eres muy distinto de cómo te dejas ver.

Arrastraba un poco las palabras y marcaba las erres más de lo normal. Yo le miré, tratando de enfocar la mirada.

-Y tú, bastardo, eres aun peor de lo que pareces. Como un jodido crío.- Rezongué, trastabillando. Antonio me sujetó de la cintura para estabilizarme, y de repente me encontré mirando muy de cerca sus inmensos orbes color bosque.- Tienes los ojos verdes.- Dije, inteligentemente.- Muy verdes.- Añadí, como para dejar clara mi brillante aportación a la comunidad científica.

-Mm, sí.- Contestó Toni, probando también su mente despierta y gran genialidad.- Los tuyos son color ámbar, a veces. Pero otras son verdes. Depende, cambian según el momento…- se quedó un rato perdido, hasta que de pronto se le iluminó el rostro.- ¡Son como tú! ¡Tus ojos! ¡También cambian según bajo qué luz los mires!

Al parecer muy satisfecho con su descubrimiento, me estrujó entre sus brazos y me levantó en el aire, poniéndose a dar vueltas como un lunático.

-¡AAHH! ¡SUÉLTAME, BASTARDO! ¡NOS VAMOS A CAER!

En efecto, soy un puto genio, acabamos dándonos de culo en el suelo. Pero nos estábamos riendo los dos, no sé por qué. Somos idiotas.

-Lovi…- Dijo Toni, aun tirado en el asfalto.

-¿Sí?- Murmuré, mirando las luces de la ciudad.

-Mañana es sábado… Bueno, supongo que ya es hoy.- Soltó una risita tonta. De verdad se nos había subido el alcohol.

-Muy listo, bastardo tomate.- Dije yo, mirándole con la ceja alzada.

-Voy a ir a mi casa el fin de semana. Franny va a traerse a su nuevo novio y quiere el piso despejado.- Se rió entre dientes y yo tuve un escalofrío.- Así que Gil se va a ver a su hermanito, y yo me voy a casa…

Volvió a quedarse un poco perdido, como si se le hubiese ido la onda.

-¿Y?- Exclamé yo, más alto de lo que pretendía, sobresaltándole.

-¡Ah, sí! ¡Quería invitarte a venir conmigo!- Le miré con incredulidad.- ¡Es muy aburrido estar ahí yo solo! ¿Si tú vinieras sería mucho más divertido?- Convirtió eso último en una pregunta, dirigiéndome una expresión interrogante.

-Vale.- Dije yo. ¿Qué? Espera ¿qué? Ni siquiera lo había pensado y ya había aceptado.

Cazzo.

-¿En serio?- Exclamó Toni, sonriendo como un maníaco.

-Eso he dicho, bastardo.- Dije, mi boca curvándose hacia arriba sin que yo pudiese hacer nada por evitarlo.- Voy a ir contigo a esa casa tuya, pero solo para evitar que te mueras de aburrimiento. Porque sin director no podríamos grabar el programa. Y eso sería una putada.

-¡Genial! ¡Pues mañana paso a buscarte!

Volvió a abrazarme y yo pataleé un poco ¡Tengo una imagen que mantener y ese bastardo la estaba arruinando! Al final llegamos a mi edificio y nos despedimos, demasiado emotivamente, por parte de ese idiota.

Me tumbé en mi enorme cama, y solo entonces me di cuenta de que acababa de aceptar pasar dos días en casa de Antonio. Los dos solos. Oh, dio.


Bueeeno, un poco de interacción entre toda la Tomato Gang. Y Gillian. Porque es así de asombrosa.

¡Espero que os esté gustando! No dudéis en dejar reviews y todo eso.

Javany: Sí, así es, tenemos mucho que agradecerle a Holanda jajaja. Pues muchas gracias! Me alegro de que te guste mi Lovi, la verdad es que casi se escribe solo, ha tomado vida propia y ama aporrear mi teclado. Jó, gracias (la parte de las muecas con el cristal es de mis preferidas) Me encanta que te guste esta historia, en serio

Guest: umh, creo que tu comentario era del cap 4, pero soy un desastre, así que esto no tiene ningún tipo de orden. Oh, sí, la mente de Lovi es de lo mejorcito jajaja. ¿Cuánto tardará en darse cuenta de que se ha enamorado? Tan tan taaan ¿quién sabe? Es Lovino Vargas, al fin y al cabo. Guao, es la primera vez que me amenazan con eso, pero sí, es efectivo (escalofríos varios)

Shadwood: Y tanto (; tsundere puro y duro

mr-nadie: el muy bastardo jajajaja y aun así Lovi va a ser el último en enterarse. Pues me alegras la vida, sí :D