A la mañana siguiente abrí los ojos para encontrarme un par de malhumorados orbes verdes sobre mí. ¿Qué hacía Toni mirándome así?

-Grmf, bastardo. ¿Qué…?

Y entonces casi me dio un infarto al oír la voz de Antonio desde el suelo.

-Mmm, ¿Lovi? ¿Qué pasa?

-T-tú…- Me quedé mirando a la persona que me observaba de pie al lado de la cama y luego desvié la vista al bulto que se removía en el colchón de abajo.- ¡UAAH!- Puede que el grito no fuese el más heroico del mundo, y puede que cubrirme hasta arriba con las sábanas tampoco ayudase a mi imagen de tipo duro.- ¡Antonio! ¡Un puto clon!

El bastardo se irguió medio grogui y se quedó sonriéndole a su gemelo malvado, todavía medio dormido.

-Oh, este es João, mi hermano.- Comentó casualmente.

-Hermano mayor.- Puntualizó la copia, sin abandonar su expresión de fastidio.

-¡No me dijiste que erais jodidamente idénticos!

-¡No nos parecemos tanto!- Exclamó Toni, indignado.- ¡Tú y Feli os parecéis más!

-¡Ni de puta coña!- Protesté, pasando mi mirada de uno a otro. Mi bastardo se había situado al lado del otro bastardo, que se había cruzado de brazos y alzaba una ceja hacia Toni.

-Yo soy más alto y más guapo.- Declaró la copia, sonriendo un poco, de forma socarrona y revolviendo el pelo de su hermano con la mano, ante las protestas de este.- Y yo me peino.- Era cierto, ahora que me fijaba sí era unos centímetros más alto que Toni, algo más corpulento y moreno. Además llevaba el pelo más cuidado y largo, recogido en una coleta. Me recordaba a como lo llevaba el bastardo en el instituto, solo que peinado. Además su expresión era opuesta, más seria, aunque burlona. Pero; ¿más guapo? Ja ja ja. No.- En cualquier caso: ¿quién eres tú?- Inquirió, mirándome.

Jé. Hacía mucho que no me hacían esa pregunta.

-¡João!- Dijo Toni, mirando mal a su reflejo.- ¡Sabes quién es!

Su hermano chasqueó la lengua y nos miró malhumorado.

-¡Sí que lo sé! ¡Pero no sé que cojones hace en mi casa!

-¡Te dije que iba a traer a un amigo!

Mas não me dijiste que era o maldito Vargas! ¡Não me tinha avisado!

¿Ué? ¿Qué clase de idioma estaba hablando el clon maligno? Estaba bastante seguro de que no era español.

No sabía que necesitases los detalles! ¿No basta con saber que traigo a alguien, quieres su ficha policial?- Exclamó Antonio, en su puto idioma, haciendo que no me enterase de la mitad.

Estaria bem! ¡é a minha casa também! ¡Você sempre faz o que quiser!- Respondió João, uniéndose al club de marginemos a Lovino.- Deveria ter me dito…

-¿Pero en qué coño hablas tú?- Inquirí, metiéndome en medio de la riña entre hermanos. El clon me miró ofendidísimo, como si hubiera insultado a su madre. Por una parte me hacía bastante gracia ver esa expresión en un rostro casi idéntico al de Antonio.

-En portugués, imbécil.- Respondió, mirándome muy mal.

-¡Eh, João! No seas un capullo con Lovino, ¿vale?- Gruñó Toni, pareciendo realmente molesto con su diabólico gemelo. Viéndolos a los dos con expresión de malhumor el parecido era aun mayor.

-O que seja.- Masculló el clon, largándose de la habitación a grandes zancadas.

Toni vio mi expresión de desconcierto.

- João es portugués.- Explicó.- Aunque no lo parezca solo somos medio hermanos. Él se crió con su padre en Lisboa, hasta que mi madre ganó la custodia y se vino a Madrid con mamá, con mi padre y conmigo, que acababa de nacer. Luego solía ir a ver a su padre a Portugal. Bueno, hasta que nos mudamos a Estados Unidos. Yo tenía ocho años y él doce. Recuerdo que João estaba permanentemente enfadado por entonces.

Y no había cambiado mucho, por lo que veía.

-No parece que os llevéis muy bien.- Comenté, frunciendo el ceño.- No es que yo no me pase todo el puto día discutiendo con el idiota de Feli o con Romeo, pero ya no vivo con ellos, grazie a Dio.

El bastardo español se rió entre dientes.

-Nuestra relación siempre ha sido un poco así.- Sonrió.- Nos queremos y eso, pero no podemos evitar discutir. Acabamos ignorándonos la mayor parte del rato, así que vivimos bien juntos. Yo no paro mucho en casa, paso meses fuera, rodando. Y él trabaja desde aquí o tiene reuniones y viajes. No sé. Nos funciona.- Se encogió de hombros.

-Eres todo un caso.- Murmuré.

Acabamos abandonando al fin la habitación. Yo tenía que hacer Skype con Eliza y Antonio se fue a cuidar su adorada huerta. No sé dónde coño se metió el gemelo malvado.

-Hey, Eliz…

-¡Roma! ¿Dónde estás?- Me cortó mi mánager, sonando distorsionada a través del portátil. Se debía de haber puesto la webcam demasiado cerca, porque lo único que yo podía ver eran sus ojos, que escaneaban mi entorno con avidez. Me revolví, incómodo.

-En casa de un amigo…

-¿Un "amigo"? ¿Y qué estabais tú y ese "amigo" haciendo? ¿He interrumpido? ¿le conozco?

-¿Qué cojones? ¡No! ¡Y deja de preguntar! ¡Íbamos a hablar de trabajo!

-Jo, Roma, no eres nada divertido, últimamente…- De pronto se interrumpió, mirando un punto fijo tras de mí.- Ese es… ¡ES ANTONIO! ¡FÉRNANDEZ CARRIEDO! ¡ES EL DIRECTOR! ¡ESTÁS EN CASA DE ANTONIO! ¡OH DIOS MÍO! ISTENEM! ¡QUÉ FUERTE…!

-¡ELIZA CIERRA LA BOCA AHORA MISMO!- Grité, todo lo bajo que pude (sí, es complicado gritar bajo). Lo que me faltaba era que apareciese el portugués o algo.

Mi mánager había visto una de las fotos que colgaban de la pared, y que mostraban al bastardo sonriendo en primer plano junto a la Sagrada Familia de Barcelona. Mierda puta. Eso me pasaba por subestimar la habilidad para el cotilleo de la húngara. Cazzo.

-¡Pero estás en su casa! Oooh ¡estáis liados! ¡AYY no me lo puedo creer! ¡Es como una fantasía sexual hecha realidad! ¡Dios! ¡Sois tan monos juntos! ¡Sois como mi OTP! ¡Te dije que tenía un culazo! ¿Es aun mejor de lo que parece?

-¿QUÉ? Eliza, para, joder. No estamos…

-¿Quién es el seme? Él, ¿verdad? Oich, y tú, Roma, que eres tan tsundere, Dios, me muero...

-¡¿Pero de qué cojones hablas?! ¡No sé qué coño pasa por esa cabeza perturbada tuya, pero no hay nada entre nosotros! ¿Entiendes? ¡N-a-d-a! ¡Joder! ¡Ni semes ni semos ni mierdas, sea lo que sea eso! Cazzo, vaffanculo, Eliza! Non so di cosa stai parlando! Ne ho le palle piene! Non so perché sto parlando con te…

-Ei, Roma, afloja con el italiano, que hace un rato que no entiendo nada.- Comentó mi mánager, recuperando la compostura y mirándome, nada impresionada por mi furiosa retahíla. Se alejó por fin lo suficiente como para que le viese toda la cara. Pretendía estar seria, pero esa media sonrisilla le traicionaba.

-¡Pues deja de proyectar tus putas fantasías en mi persona, joder!

Eliza puso morritos y me miró desaprobatoriamente.

-Tch, sinceramente, Roma, hago tu vida interesante. Y ahora voy a ignorar tus flagrantes mentiras y fingir que te creo… aunque ya podrías contarme algún que otro detalle…

-¡Que no hay nada que contar, coño!- Interrumpí, rojo de indignación.

-¡Oh, pero mira que colorado te has puesto!- Canturreó la castaña. Sentí un tic en el ojo. Ella debió de notarlo, porque se hundió en su silla con ademán abatido.- Vale, vale, no me cuentes nada. Ya hablaré con Feli, él sí que me dice lo que…

-¡Lovi! ¡Mira lo que te traigo!

Oh, no. Por favor. Por qué. Simplemente por qué. Justo lo que le faltaba a la loca de mi mánager para acabar de montarse la película.

Antonio había aparecido detrás de mí, todo sudado y manchado de tierra (… ni siquiera necesitáis que comente, ¿verdad?), apartándose el pelo de la cara con una mano, mientras en la otra llevaba un tomate, al que pegó un mordisco (todo el jugo resbalaba por su barbilla quéputocalorhacíaderepente) para luego ofrecérmelo, relamiéndose. La mandíbula de mi mánager cayó al suelo. Mi cara ardía.

-¡Lo sabía! ¡Estáis juntos!- Exclamó, victoriosa.

-¿Mm?- Antonio nos miraba con expresión de desconcierto.- Lovi, ¿por qué estás tan rojo? ¿qué pasa?

-¡Nada, bastardo! ¡Y aparta el jodido tomate!

-¡Roma se niega a confesar que estáis liados!-Se apresuró a gritar Eliza.- ¡Pero no te preocupes! Ya estoy al tanto y no diré nada si no queréis que se sepa.- La puñetera húngara irradiaba felicidad y sus ojos estaban velados (por putas imágenes mentales de Antonio y yo follando como si no hubiera un mañana, estoy seguro).

-¿Liados…?- Toni se quedó en blanco, mirando a la castaña con expresión perdida, hasta que de pronto pareció hacerse la luz y, poco a poco, una sonrisa diabólica fue formándose en su cara. Se giró hacia mi con los ojos verdes brillando con malicia y empezó a acercarse.

-¿Q-qué haces, idiota? ¡No te acerques tanto!

-Mm… Lovi… eso no es lo que decías anoche.

Qué.

Cojones.

Hijo de puta.

-¡HHHHHHHHHHIIIII!- El chillido emocionado de Eliza me recordó a un puto delfín siendo violado. La sonrisa del bastardo se ensanchó aun más al comprobar que el tono de mi cara había adquirido niveles preocupantes. Figlio di puttana.

-Wow, Lovi, estás más caliente que la parte de abajo del portátil.- Me quedé en blanco, mirándole sin expresión, parpadeando. Él sonrió aun más y se situó junto a mi oreja.- Sabes, si fuese un gato pasaría mis siete vidas contigo. Y no tendría suficiente.

Oh, no podía ser. No. Podía. Ser.

-¿Pero qué cojones, stronzo?- Exclamé, apartándole de un empujón.- ¿Tienes un librito con las putas peores frases para ligar o algo?

Sé que debía de haber sobrepasado los niveles de rojo reconocibles por la vista humana, a esas alturas.

El muy imbécil me guiñó un ojo y señaló con la cabeza hacia Eliza, que parecía a punto de sufrir un ataque. Hasta había empezado a sangrar de la puta nariz. Os lo juro. Si esa mujer no tiene un problema yo ya no sé… Oh. Fue entonces cuando capté que la intención del bastardo no solo era hacerme morir de enrojecimiento (primer caso a nivel mundial), sino vacilar a mi mánager. Vaya, vaya. Había menospreciado el nivel de maldad de Antonio. Pero claro, no había que olvidar que era miembro del BTT por algo. Bajo esa apariencia de feliz cabeza hueca se escondía un sádico bastardo. Él carraspeó y continuó.

-¿Eres un mago? Porque cuando estoy junto a ti, todos los demás desaparecen.

Pf. ¿Eso era todo lo que tenía? Yo estaba más que listo para subir el nivel. Aunque mis mejillas explotaran en el intento. Se iba a enterar.

-Eh, bastardo, ¿te digo algo?- Dije, preparándome mentalmente, sacando a jugar a mi mejor sonrisa seductora made in Napoli.- La pizza es solo mi segunda cosa favorita para comerme en la cama.

BOOM. JAJAJAJA. Su cara. Dios. Quería una cámara ahora mismo. Noté como se me bajaba el color del rostro, sustituido por una sonrisa retadora. Esto era un juego y yo iba a ganarlo. Toni se recuperó y estrechó los ojos.

-Eres como mi dedo pequeño del pie… porque no puedo evitar empotrarte contra cada mueble de esta casa.-Contraatacó. Me esforcé por no poner los ojos en blanco.

-¿Tienes un espejo en tus pantalones? Porque definitivamente me puedo ver dentro de ellos.- Repuse, con una sonrisa de suficiencia.

-Aquí estoy yo, pero ¿cuáles eran tus otros dos deseos?

-¿Quieres hacer una porno? No tenemos que grabarla.

-Ese traje que llevas quedaría genial rasgado y esparcido por el suelo de mi dormitorio, cariño.

-Lo único que se puede interponer entre nosotros dos es látex.

Tras soltar las peores frases de ligue de todo internet, nos quedamos un segundo mirándonos en tensión, con los ojos entrecerrados. Entonces Antonio rompió su expresión seria con una sonrisa resplandeciente, sus ojos brillando con anticipación.

-Ei, Lovi, bésame si me equivoco pero… Italia está al lado de Japón, ¿verdad?

-… Eres un jodido idiota.

En este punto Toni parecía a punto de estallar en carcajadas.

-Puede, ¿pero sabes que de todas tus fantásticas curvas, tu sonrisa es mi favorita?

-¡Eso es para una mujer, imbécil!

Y ese fue el límite para ese idiota español, que empezó a reírse como un puto loco.

Fue entonces cuando vi que Eliza había entrado en estado catatónico tras nuestro impresionante cruce de gilipolleces, tratando como podía de detener la hemorragia de su nariz. Y no pude evitar sonreír.

-¡Eh! ¡Toño! ¿Dónde has metido el champú de frambuesa?

Giré sobresaltado, para encontrarme con el portugués, con el cabello húmedo y una pequeña toalla blanca a la cintura, asomándose del baño. Entonces escuché un golpe sordo a través del ordenador. La jodida Elizabeta se había desmallado.

Cuando recuperó la conciencia tuve que explicarle pacientemente que no estaba montándome una puta orgía con un ejército de clones de Antonio. Y que no estábamos liados. Y que todo lo que había oído era una jodida broma. Creo que no me creyó. En fin. Cada cual que crea lo que le haga feliz. Mientras no se vaya de la puta lengua.

Después por fin hablamos de trabajo y todo. Lo sé. Sorprendente.

Al final comimos los tres tirados en las tumbonas del jardín. Descubrí que João no era mal tío, y que en realidad me hacía gracia cuando se metía con el bastardo. Me contó un montón de historias embarazosas sobre Toni de niño. Un par de veces se me salió el agua por la nariz al reírme. El español refunfuñaba y contraatacaba con anécdotas sobre su hermano. Por la tarde ayudé a Antonio con su dichosa huerta. Y tengo que confesar que no estuvo mal. A ver, no di un puto palo al agua, pero estuvo bien ver a Antonio sudar. Y sus fuertes músculos tensándose con el rítmico ejercicio de remover la tierra. Mm. Sí. Estuvo bien. Aunque me recordó una vez más que estaba perdiendo de vista mi Plan. En realidad no lo perdía de vista, porque lo tenía delante. Pero sí.

Eran las seis y estábamos recogiendo el equipaje. Al menos en mi caso. El bastardo se dedicaba a practicar con la guitarra. Entonces, mientras luchaba con mi puta maleta para que se tragara mi jodida ropa, João se me acercó y posó su mano en mi hombro, ganándose un respingo y una maldición por mi parte.

-Tranquilízate, Vargas, no voy a matarte ni nada. Quiero hablar contigo.- Le miré con el ceño fruncido. ¿De qué podía querer hablar conmigo el clon portugués? Él dirigió la vista hasta su hermano, que canturreaba en voz baja, rasgando su guitarra, sentado en el sofá.- Vamos fuera.

Le seguí a regañadientes. Una vez en el exterior, João se volvió hacia mi, con expresión severa.

-¿Qué intentas con mi hermano?

¿Uh? Mi clásico ceño se volvió más pronunciado.

-No sé qué cojones…

-Escúchame, Vargas.- Me interrumpió el portugués, acercándose más a mi y resaltando aun más la puta diferencia de estatura.- He visto cómo te mira Toño. Y te puedo asegurar que no le veía prestar tanta atención a nadie desde… hace mucho tiempo.

¿Toni me miraba de alguna manera especial? … Espera, ¿acababa de pensar eso? Además con el equivalente mental a un gritito excitado. ¿Por qué había sonado tan jodidamente gay? Ah, sí. Soy jodidamente gay. Aun así. ¿Qué cojones pasaba conmigo?

-¡Y yo qué culpa tengo de la atención que me dé el bastardo de tu hermano! Es mayorcito para hacer con su (escasa) atención lo que coño quiera.

La mirada del clon maligno era ahora amenazante. Del tipo: mejor-me-escondo-debajo-de-una-maceta. No es que se me pasara por la cabeza semejante plan de fuga. Pf. Para nada. ¿Por quién me tomáis?

-Mira; no me caes mal. Para ser un niñato rico creído de la televisión eres bastante legal.- Oh, bueno, que te jodan a ti también, bastardo portugués.- Pero te juro que si le haces daño a mi irmão no va a quedar de ti lo suficiente como para que te den un entierro decente.-… ¿P-pero quién coño se creía que era este tipo? ¿La puta mafia rusa? ¿Habéis leído lo que me acababa de soltar? ¡Como si fuese un jodido gánster de los años veinte! ¿Y yo era un niñato rico creído? ¡Como si él no fuese un jodido arquitecto o viviese en una puta chabola!- Toño es… bastante más sensible de lo que la gente cree. Sé que parece que nada le afecta a él y a su estúpida sonrisa. Pero no es así. Y no voy a dejar que le vuelvan a hacer daño. No estoy dispuesto a lidiar con otra fase de puta rebeldía adolescente atrasada. La última vez fue suficiente.

¿Se estaba refiriendo a su "desfase" universitario? Me pregunto en qué coño se metió Antonio (aparte de en puñeteras orgías. Ugh).

-No es un puto crío.- Dije. Aunque lo pareciera a veces.-¡Tiene veintiséis años, joder! Él sabrá lo que hace…

João bufó y se echó hacia atrás, llevándose una mano al pelo, exasperado.

-Solo digo que dejes claras tus intenciones con él. Si solo es un polvo para ti díselo. Porque ese idiota se está pillando por ti.

-…N-no sé qué estás diciendo, ese bastardo no…

-Conozco a mi hermanito.- Gruñó el portugués. Aunque su mirada se había suavizado.- No te estoy pidiendo que le correspondas, solo que dejes las cosas claras.

Me quedé mirándole, con la boca entreabierta, sin poder moverme. El me devolvía la mirada, sus ojos verdes, tan parecidos a los de Antonio, llenos de determinación.

-¡Loviiiii!- El grito de Toni, que se asomaba por la puerta nos sobresaltó a los dos, rompiendo la tensión acumulada.- ¡Tenemos que irnos yaaa! ¡Mañana curramos y eso! ¿Uh? ¿Qué estáis haciendo los dos aquí?

El portugués y yo compartimos una rápida mirada.

-Nada, Toñín, le enseñaba a Vargas cómo robarte tomates.- Contestó João, con una sonrisa burlona, aunque sus ojos seguían serios, fijos en mi.

-¡¿Qué?!

En fin.

En nada estuvimos los dos metidos en la monstruosidad amarilla (coche), rumbo a casa. Las cuatro horas y pico de vuelta se me pasaron volando. Casi literalmente, porque conducía yo. Jajajaja. Sí…

No podía dejar de darle vueltas a mi conversación con el portugués. Ahora me parecía algo surrealista. Tenía la última mirada que me había dado al despedirnos grabada a fuego. Una mirada de advertencia.

Todavía no podía creerme que me hubiese amenazado, como si fuese un puto pandillero marcando territorio o algo. O como el jodido perro guardián de Antonio. Ladrando para impedir a este italiano tirarse a su precioso hermanito. Por una parte lo entendía: era el instinto de hermano mayor. A mi me daban escalofríos al pensar en alguien tocando a Feli más allá de un apretón de manos. Podía ponerme como un puto pitbull, si no que se lo digan al primer novio de mi fratellino. De Romeo no hablo, porque son sus ligues los que tienen que ser protegidos de él.

Pero Antonio no era un angelito. Joder. Estaba bastante seguro de que era una de las personas sexualmente más activas que conocía. Y conocía a Françoise. Además de sus discutibles ligues pasados (ejem-Abel-ejem) y de su aura de divinidad del sexo, estaba el hecho de que era él el que tonteaba con todo dios como si no hubiera un mañana, dejando a su paso una estela de folleteos de una noche.

Era peor que yo, cazzo.

Que no se creyera que no sabía lo que había. La fama del bastardo era notoria, en una acera y en la otra.

Si alguien debía ser protegido era yo.

Espera.

¡¿Qué?!

No. No. Ni hablar. Yo era el que estaba en control ¿no? No sentía nada, nada en absoluto por ese bastardo. Deseo. Vale, aceptado, aunque fuera por culpa de mi yo adolescente y de que el hijo de puta era jodidamente atractivo. ¿Amistad? Uh… suponía… últimamente pasaba mucho tiempo con él y… era extraño decirlo, pero me lo pasaba bien en su compañía. Muy bien, lo admito. Ahí va mi jodida reputación.

Pero claro. Esa puñetera amistad interfería con mi fabuloso Plan. Yo… ya no quería hacer sufrir a Antoni-… al bastardo. No quería romperle el corazón, y menos después de lo que me había contado anoche, ¿no? Cazzo. De todas formas no era como si él fuese a pillarse por mi, dijera lo que dijera João. Era Toni. Tonteaba con todos, se tiraba a todos. Nada más. Como yo, ¿verdad? Sí, justo eso. Mi Plan siempre había estado destinado al fracaso, ahora lo veía. Toni no iba a enamorarse de mi. No se enamoraba de nadie, él mismo me lo había dicho. Tal vez habríamos acabado acostándonos, pero no habría significado nada para ninguno. Exacto.

Y sí, me daba cuenta de que intentaba por todos los medios no pensar en lo que había confesado João. Porque estaba claro que no podía ser. No conocía a su hermano tanto como creía.

Así que definitivamente abandonaba el Plan. Ya estaba. Abortado. No había puta vuelta atrás.

No quería que su jodido clon maligno viniese a por mi, clamando yo qué sé qué chorradas que estaban solo en su cabeza. Sacrificaría mi deseo sexual hacia el bastardo por mi vida. Le tengo aprecio y tal.

Podía aceptar que Toni y yo fuésemos amigos, nada más. Era… estaba bastante bien. Ni podía recordar cuando fue la última vez que me sentía tan cercano a alguien que no fuese de mi familia. A ver, no soy un puto pringado, tengo amigos a parte del bastardo. O algo así. Más bien compañeros. Estaba Eliza, por ejemplo. Ja. Sí. Tengo que replantearme mi vida.

Llegué a casa a las diez, rendido. Me despedí de Toni, que me abrazó pese a mis protestas, y me tiré en plancha en el sofá. Debí de quedarme frito allí mismo, agotado de dar putas vueltas sobre lo mismo en la cabeza y exhausto tras el intenso fin de semana. Y mañana empezábamos a grabar. Cazzo.


Eii!

Perdón por el retraso (en todos los sentidos). No sé si estoy muy feliz con este cap, pero orienta un poco más la historia hacia el nudo. Espero.

Me alegro de que el último capítulo os gustara! Temía haberme pasado con los momentos felicidad de Lovi. PERO. Tengo que advertirlo, se acerca el drama (puajajajaja). Y esperad bastante, porque nuestro italiano es en el fondo una bolita de inseguridad y sentimientos fuertes contenidos (sorpresa para todos). Y de Toni ni hablemos.

Mil gracias por las reviews! Como siempre animan mucho a continuar, así que grazie mille

No sé si podré seguir subiendo tan regularmente, pero lo intentaré. Prometido.