II

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La gran casa con un hermoso jardín alumbrado por faroles se alzaba poco a poco frente a ellos. La reja principal estaba abierta, esperando por ellos. El auto se estacionó frente a la puerta principal y ellos bajaron.

—Quiero quitarte ese vestido —habló Ichigo mientras ingresaba a la casa.

—Sí, yo también. No sabes cuánto —le contestó Rukia mientras iba delante de Ichigo. Iba descalza, sus tacones los llevaba en sus manos.

—Sado, pon eso en la oficina —El moreno que era chofer de la familia ingresó después que ellos, y obedeció de inmediato el directo pedido —Ven conmigo —Ichigo pasó una de sus manos por la diminuta cintura de Rukia para atraerla a su lado.

Rukia, sin embargo se alejó un poco.

—Ven. ¿A dónde vas? —Ichigo sonrió ante la resistencia de la morena —Vamos.

—¿Qué?

—Ven conmigo.

La habitación central era de un blanco inmaculado, las baldosas brillaban al igual que las paredes, y la madera barnizada hacia un contraste demasiado hogareño y elegante.

—Pondré mis cosas por aquí. Deja que te traiga hielo y comida —Rukia se acercó a una de las mesas que estaba apegada a un espejo y dejó sus tacones con su bolso.

—¡Amane! —llamó Ichigo —¿Amane? —volvió a llamar mientras caminaba en dirección a la gran escalera caoba.

—Silencio, debe estar durmiendo —le dijo Rukia en un llamado de atención.

—Amane —insistió Ichigo. Sado abandonó la estancia y el sonido de la puerta retumbó. El pelinaranja no alcanzó a subir las escaleras cuando de ella bajó una mujer de cabello largo amarrado en una trenza por delante de su pecho.

—¿Cómo está, Unohana?

—Felicitaciones, Ichigo.

Ichigo le sonrió en respuesta —¿Está arriba? ¿Está despierta?

La mujer terminó de bajar las escaleras e Ichigo comenzó a subirlas —Seguramente está esperándote.

Rukia se acercó a la mujer de edad y le dio un cálido abrazo —Dime que ella no vio la pelea.

Y ambas quedaron ahí charlando.

Ichigo llegó a la habitación de su pequeña hija, observó un momento la puerta antes de decidirse a abrirla. En el reverso de la puerta había un pequeño dibujo en donde salían tres personas: Daddy, Me, Mommy.

Al abrir la puerta y la luz filtrarse en la oscura habitación, las frazadas y sabanas de la cama se movieron delatando a la pequeña. Aquello no había pasado inadvertido ante los ojos del Kurosaki.

—Ya te vi —la pequeña volvió a moverse y miró levemente a su padre antes de moverse de nuevo —Ya te vi —Ichigo reía —No trates de engañarme. Vengo a buscar mi abrazo.

La pequeña de cabello largo y color negro aún mantenía sus ojos cerrados, pero su sonrisa delataba toda intención de querer hacerse la dormida.

Ichigo carcajeó levemente —Despierta. ¡Sí! —la carcajada de la pequeña resonó en la penumbra de la habitación y aquello fue música para los oídos de Ichigo.

La pequeña Amane abrió sus ojos dejando ver un hermoso color ámbar, igual que Ichigo y se abalanzó hacia él para darle un abrazo, pero sin abandonar la calidad de su cama. El abrazo fue prolongado y firme.

—Hola, mi amor —Ichigo se sentó en la cama para recibir mejor el abrazo que su hija le estaba dando —Te extrañé tanto.

—Te extrañé, papá —la pequeña de diez años se separó del mayor —¿Puedo contar?

Ichigo suspiró. La pequeña tomó sus anteojos y se los colocó. Acercó su dedo hacia el ojo izquierdo de Ichigo.

—Esa es grande.

—Sí.

Inmersos en su momento, padre e hija no se dieron cuenta cuando Rukia llegó a la habitación y los observaba desde la puerta. En su mano traía refrescos y medicamentos. Rukia miraba enternecida como la pequeña contaba cada uno de los cortes y moretones que Ichigo tenía en su rostro. Siempre, después de cada pelea la niña hacía aquello o al menos había comenzado a hacerlo desde que pudo entender porque su padre llegaba a casa con heridas.

—Ocho.

—…-

—Te pegaron mucho, papá —La mirada de Amane reflejaba reproche.

—Sí, deberías ver al otro tipo.

—No, no debería —intervino Rukia. La Kuchiki entró a la habitación —Es hora de dormir —apuntó a su pequeña y luego tomó a Ichigo de la camisa —Tú también, vamos —Ichigo comenzó a reír —Se acabó la fiesta. Ya basta.

—¿Por qué no puedo ver las peleas? —Con su mano libre, Rukia comenzó a despejar la cama de la niña.

Ichigo se trasladó hacia la cabecera de la cama, pasó un brazo por encima de los hombros de su pequeña y la abrazó —Tu mamá cree que son demasiado violentas, cariño.

Rukia al ver la comodidad que estaba adoptando Ichigo junto a la niña, cuestionó —¿Qué haces?

—Pero yo veo cosas así todo el tiempo, en la televisión —siguió la pequeña mientras Ichigo la arropaba con el cobertor.

—Ya lo sé.

—¿A qué te refieres? —inquirió Rukia.

—Miro The Walking Dead con Unohana.

—Tendrás que dejar de hacerlo — Rukia llegó al lado de Ichigo y le tocó —Levántate. Vamos.

—Bien, de acuerdo enana.

—Es hora de dormir.

Ichigo alzó su brazo hacia el velador y cogió el teléfono celular de la pequeña. En él, apareció la foto de ellos tres como fondo de pantalla. Aquella foto le gustaba al pelinaranja.

—¿Tiene un teléfono? —preguntó el pelinaranja a Rukia. El ceño de Ichigo estaba fruncido.

Rukia arrugó su ceño —Desde hace dos meses.

—¿Por qué me miras como si estuviera loco?

—¿Por qué tú me pediste que le diera uno? —habló la morena con bastante obviedad.

—¿A una niña de diez años? —Ichigo ya se había puesto de pie y estaba camino a la puerta.

—Fuera —Rukia empujó a Ichigo hacia la puerta.

—¿Le pusiste contraseña? —volvió a hablar Ichigo.

—Papá diría que sí —habló Amane refiriéndose a que Ichigo si la dejaría ver las "sangrientas y violentas peleas".

Rukia dejó de ordenar algunas cosas de la habitación, se acomodó su cabello pasándoselo detrás de una oreja y se acercó a su hija sonriéndole.

—Bueno. Algunas veces tu papá te confunde con los otros chicos con los que está todos los días —Rukia se apoyó levemente en la cama para estar cara a cara con la pequeña. A veces, Amane resultaba ser muy habladora, insistente e inteligente a la vez.

—¿Hablas de Renji y Aizen?

—Así es, pequeña —Rukia puso uno de sus manos en la frente de la pequeña y le acarició. Luego le dio tres besos en la mejilla —Te amo tanto.

—Es en serio —volvió a insistir la pequeña, referente al dialogo anterior.

Y otras veces, resultaba ser igual de terca que la fresa. La morena le quitó los lentes —Hora de dormir, vamos.

El pelinaranja, quién no había interrumpido en todo el momento, decidió abrir su boca —Oye, aléjate de mi hija.

Rukia adoptó una expresión seria y se giró hacia la puerta —Tú, sal de aquí. —Y como cuando se habían conocido por primera vez, le golpeó en el abdomen —Fuera.

—Vete, papá.

Los tres rieron —Buenas noches.


—¿Qué te gustaría? —Ichigo acarició los brazos de Rukia, mientras ella estaba encima de él, mirándole.

—Me gustaría tomarme un descanso —contestó. Sentía como las manos de Ichigo le acariciaban la curvatura de su espalda, y se sentía bien —Tal vez podríamos cancelar la pelea con Kempachi, pensar un poco más las cosas y elegir una pelea para el próximo año.

Ambos estaban acostados en la gigante cama. Ichigo estaba acomodado con varias almohadas mientras Rukia estaba encima de él pero sin ponerle el peso de su cuerpo encima.

Ichigo arrugó su cejas —¿Por qué?

—No me gustó lo que vi esta noche —Rukia pasó su mano por los pequeños parches que cubrían las cortaduras en la cara de Ichigo, como si así se fueran a sanar o el dolor se fuera aunque fuera solo un poco.

Ichigo sentía la delicada caricia por parte de su esposa y aquello le gustaba, de cierta forma le relajaba —¿Qué viste? Me viste ganar.

Ahora fue el turno de Rukia de arrugar las cejas —Mira tu cara, idiota.

—¿De qué estás hablando?

—Mírate —Dio un largo suspiro y luego apoyó su frente en el desnudo pecho del pelinaranja.

—¿Qué dices, enana? —Ichigo levantó su mano y la posó en el cabello de Rukia, y comenzó una suave caricia —¿Puedo preguntarte algo? —Aquello ocasionó que Rukia alzara su mirada. Pequeñas lágrimas adornaban sus violáceos ojos.

—¿Qué?

—¿Qué pasaría si yo dijera: Mira tu cara. Mírate, Y comenzara a llorar? —Rukia sonrió de lado y y se apoyó de nuevo en el pecho de Ichigo.

—Lo lamento.

Las manos del pelinaranja jugaban con su cabello.

—Está bien.

—Lo lamento, pero…

—Todo está bien.

—…me asusté muchísimo —Y que Kuchiki Rukia admitiera que estuvo asustada era porque realmente estaba asustada. —No puedes seguir peleando así.

—Enana…hoy ganamos.

Rukia se levantó levemente de encima de Ichigo, quedando hincada encima de él —Sí, pero hablo de la manera en que peleas —Rukia pasó sus manos por las piernas de Ichigo, dándoles un leve masaje.

El Kurosaki se levantó levemente —¿Qué quieres decir? —se apoyó en sus codos para sostenerle la mirada a la pelinegra —De esa manera compré esta casa y te compré ese hermoso vestido.

La morena observó la prenda que aún llevaba puesta y luego llevó sus manos a su cara, se sentía frustrada al no ver que Ichigo comprendiera la situación —Sí, lo sé.

—Y puse a Amane en una escuela privada.

—Ya lo sé, Ichigo.

Era verdad que, gracias al estilo de pelea que mantenía Ichigo con sus rivales -el que consistía en un bajo porcentaje de bloqueo y defensa- a lo largo de su trayectoria, les había permitido darse lujos que nunca antes habían podido darse y que quizás nunca habían llegado a imaginar que podrían. Gracias al dinero que Ichigo ganaba peleando, habían conseguido salir del orfanato de la Soul Society, Habían podido salir de aquella vida llena de inseguridades, delincuencia y malos tratos.

—Y todo lo de esta casa —siguió Ichigo —Nuestra vida, eso compró mi manera de…-

Rukia en un acto desesperado puso sus dos manos en el pecho de Ichigo —Y quiero disfrutarla…-

—¿Por qué dices eso? —Ichigo comenzaba a frustrarse al ver tanta insistencia por parte de la morena. Nunca antes le había reprochado nada, entonces, ¿por qué ahora?.

—…contigo —Y ahí estaba la respuesta. La pelinegra se mordió su labio, en espera de una respuesta.

Ichigo ladeó su cabeza y apartó su vista del rostro de Rukia y dio un sonoro suspiro, hizo amán de levantarse, Rukia se apartó. —Esta es la charla de la derrota., no de la victoria.

El pelinaranja caminó para alejarse de la cama, la voz de Rukia le hizo detenerse. Ella no le miraba, aún.

—Cuánto más te golpean, más duro peleas. Lo entiendo.

—No quiero escuchar esto ahora —Y si por algo se destaca Ichigo aparte de sus invictas victorias, era que él podía ser igual o más testarudo que Kuchiki Rukia.

—Solo que ahora son más golpes antes de que eso suceda —Rukia se giró para observar la espalda de Ichigo.

—Escúchame —el pelinaranja paró frente a la puerta del baño y se giró hacia ella —Fue una buena noche…-

—Te amo —le cortó Rukia —Me preocupo por ti —Sus sentimientos estaban saliendo a flote, y aquello solo lo lograba Ichigo. Él, era el único capaz que podía derretir la fría capa de hielo que Rukia poseía en sus sentimientos. Él, era el único que conocía aquella faceta, aquella parte más íntima que poseía. —Nosotros tres, nada más. Es lo único que me importa. Así que te diré la verdad.

Ichigo ya no la miraba.

—En dos años terminarás severamente lastimado si sigues así.

Y el silencio los inundó a ambos. Rukia tenía razón. Ella siempre tenía la razón e Ichigo lo sabía. Pero él hacía esto por ella, por su hija, por él. Porque le gustaba mantener a Rukia en finas comodidades aunque él sabía que a ella no le importa si tenía que dormir en una casa pequeña con una sola cama, o una gran casa con un gran jardín delantero. Sabía que a su hija solo le importaba que él llegara sano a su hogar, que después de cada pelea él llegara hasta donde ella reclamándole su merecido abrazo. Sabía que a ellas el dinero o los lujos no les importaban, pero aun así, él quería darles una mejor vida de la que ya tenían.

Ichigo no respondió y tampoco miraba a los angustiados ojos que le observaban.

—Piensa en ella. —Rukia seguía mirándolo —¿Cómo piensas estar cuando ella se gradúe?

Ichigo comenzaba a sentirse agobiado, la situación lo superaba, aquella conversación era peor que estar en el cuadrilátero con sus 43 ex rivales juntos. Frustrado, se llevó una mano a su cabeza y se la pasó por el cabello.

—Joder —maldijo por lo bajo mientras avanzaba hacia la cama —¿Por qué tienes que ser honesta justo ahora? —dudó un momento —Tú dilo y lo haré, ¿sí?. Tú dilo y lo haré.

Rukia no respondió. Luego de unos segundos le dijo —Ven aquí, cariño.—le extendió una mano para que Ichigo la tomara y se sentara a su lado —Tú sabes que te mantendrán en esa burbuja "Ichigo, El sol negro". Y van a tomar su tajada, pero cuando esa burbuja explote van a escaparse como cucarachas —Rukia se acercó al oído de Ichigo mientras le acariciaba el cabello —Y Amane y yo estaremos aquí para recoger los pedazos.

—No hay pedazos.

Ichigo pasó su brazo por la espalda de Rukia y ambos se tiraron en la cama.

—Lo sé.

—¿Sabes qué? —luego de darse un beso y separarse, Ichigo habló.

—¿Qué?

—Solo fueron diez asaltos, ¿verdad?

—¿Qué? —Rukia no entendía el punto de lo icho.

—Solo fueron diez asaltos. ¿Sabes qué significa eso?

—¿Qué significa?

—Significa que todavía tengo…—Rukia dio un pequeño beso al dedo que Ichigo mantenía alzado —…energía para dos asaltos más.

Rukia sonrió de forma coqueta —Oh. ¿Quieres dos asaltos conmigo, campeón? ¿Sí?

—… —Ichigo sólo asintió.

—Es impresionante. Muy valiente.

Rukia comenzó a levantarse el vestido frente a la enamorada mirada que Ichigo mantenía en ella, el calor poco a poco estaba comenzado a notarse. Las bragas de la morena salieron a la luz, revelando una hermosa pieza de color negro y encaje. Le quedaba perfecto. Su nívea piel estaba siendo expuesta e Ichigo era el único privilegiado de conocer aquellas zonas que ya sabía de memoria. Se besaron con furor, y sus cuerpos poco a poco se comenzaron a rosar.


Ichigo comenzó a despertarse poco a poco, las blancas sabanas estaban enrolladas alrededor de cuerpo. Abrió los ojos con pereza, la luz le dificultaba la visión. Pronto, comenzó a toser y antes de que pudiera reaccionar y poner su mano en su boca, la sangre calló en la impecable sabana.

—Mierda —Su cuerpo se sentía adolorido y él estaba cansado.

Se dio cuenta de que estaba solo en la habitación y decidió levantarse, cada movimiento era limitado por el dolor que sentía. Al destaparse, se podía observar como en su zona lumbar había manchas impregnadas en su piel. Aquellos moretones eran bastante grandes. Se tocó la zona con cuidado, dolía como el infierno.

Dirigió su mirada hacia el espejo y un rectángulo de color amarillo sobresaltaba, era una nota de Rukia.

Deberías ver al otro tipo.

xoxo.

-Rukia

Se levantó y la tomó en sus manos, una pequeña sonrisa adornó sus labios. La volvió a dejar en donde estaba. A pesar de que su cuerpo dolía y su ojo estaba en un feo estado, se estiró para alejar la flojera de su cuerpo, aunque luego se arrepintió.


El día estaba hermoso. Las nubes no tapaban el sol, dando paso a los rayos que alumbraban con armonía. Fuera, en el patio, Amane estaba jugando mientras era observada por Rukia y Aizen.

—¡Mira, tío Aizen!

—Veo una medalla dorada en tu futuro, señorita —habló Aizen refiriéndose a la actividad que desempeñaba la pequeña, salto en la cama elástica —¡Hazlo más alto!

—¡No, no! —contrapuso rápidamente Rukia. —Sin vueltas, no…No demasiado alto, pequeña. —Algunas veces, la morena resultaba ser muy sobreprotectora.

—Es una preciosura —se atrevió a alagar Aizen .Rukia carcajeó —Tengo…tengo unas cosas para ti —Se dirigió a Rukia mientras le pasaba un folder naranja —Armé eso para la gente del canal internacional. Un contrato de tres peleas en dos años.

Rukia se quitó las gafas de sol y observó atenta a los papeles.

Por otro lado, en la sala de juegos se encontraban Renji, Sado y Keigo jugando una partida de pool. Ichigo llegó donde ellos con tres cajas en sus manos.

—Eh, muchachos. El que gane, se lleva uno de estos —destapó una de las cajas y en ella había un reloj masculino de oro.

—¿Otra vez con lo regalos? —habló Renji mientras se reía.

—¿Cuánto gastaste en todo esto? —preguntó Sado.

—Demonios, todos ganaron —habló Ichigo.

Keigo tomó una de las cajas y dijo —Oh, debo algunas imposiciones, Tendré que empeñarlo —y ante la fría mirada del pelinaraja, Keigo carcajeó nervioso —Solo bromeo.

—¿Este es el que tiene incrustaciones? —preguntó Renji.

—Sí, Renji. Como el de la última vez.

—Es demasiado —dijeron los tres al unísono.


—No sucederá —habló Rukia con el rostro serio.

Aizen la miró por un momento —Ichigo ha sido mi boxeador por diez años. Sé lo que le conviene.

Rukia le devolvió la mirada —Y yo he sido su esposa por, no sé, cien años. Yo sé lo que le conviene —Aizen solo desvió su mirada —Vamos, necesita vacaciones.

—¿Para qué? ¿Sentarse en la playa y ver el atardecer?

—Sí.

—¿Cuánto tiempo lo hará, Rukia? —juntos sus manos —¿Una semana, dos?. Luego comenzará a buscar. Se va a volver loco, se morderá las manos si no le das algo más que hacer con ellas.

Una carcajada salió de los pálidos labios de Rukia —¿Intentas engañarme?

—No, no intento…

—Hemos sido amigos por años —dijo esta vez Rukia.

—Escúchame. No tiene que pagarme nada por esto. Tú sabes que los demás boxeadores vienen a mí por mi relación con Ichigo. Somos familia, Rukia.

—Lo sé.

El grito por parte de Amane los sacó de su pequeña disputa —¡Papá!

Ichigo apareció por el costado derecho de donde estaban, cojeaba levemente.. Vestía un buzo y polera manga larga arremanga negra.

—Estábamos hablando sobre ti como si fueras un perro. Deberías escuchar las cosas que Rukia dijo. "¿El campeón?. ¡Jamás!", dije.

—¡Salta conmigo, papi!

—Está bien. —dijo Ichigo, sin embargo se acercó a Rukia y la saludó con un cálido beso en los labios.

—¿Estás bien?

—Sí. ¿Y tú? —la besó por última vez —Tarde mucho en llegar.

—¿Estás bien? —volvió a preguntar Rukia.

—No me mires así —advirtió Ichigo.

Aizen decidió hablar —¿Te pusiste hielo? —No podía ver si la inflamación del ojo había disminuido, ya que el pelinaranja portaba gafas completamente polarizadas. Ichigo se acomodó al lado de Rukia en el asiento —Ichigo, le dije a Rukia…

—¿Sí?

—…que conseguí un trato por 30 millones. 10 millones por pelea.

—Ya te dije que canceláramos a Kampachi —replicó la morena.

—Es cierto —afirmó Ichigo.

—¡Papá! —la pequeña saltaba cada vez con más entusiasmo.

—Que no se rompa el cuello —habló Rukia.

—Vamos.

—Ya voy.

Ichigo se alejó del lado de Rukia para tomar camino hacia la pequeña pelinegra que le esperaba emocionada.