Necesitaba follar. Era así.
Os podría soltar un largo rollo acerca de el cuerpo humano (en concreto el mío), de las funciones vitales, de la mentalidad y de las conclusiones psicológicas que podríamos sacar de esto. Pero no. Me abstengo. Porque, joder, necesitaba follar. Y ya.
Habían pasado ni más ni menos que dos meses desde que fui a casa de Antonio, conocí a su clon maligno, dicho clon me amenazó de muerte, bla, bla, bla, leed el puto capítulo anterior.
En total casi cuatro meses sin echar un polvo.
Voy a dejar un rato de silencio textual para que os llegue esa frase.
Lovino Romano Vargas.
Yo.
Cuatro meses.
Sin sexo.
¿Lo habéis asimilado? Ya sé lo que estáis pensando: "Oh, Lovino, eres un puto exagerado. Cuatro meses no es para tanto. Podría ser mucho peor. Años peor."
Já.
No creo que comprendáis el alcance de la situación. Porque no se trataba de que uno de vosotros, simples mortales, pasara cuatro meses de abstinencia. No. Se trataba de mí. Lovino. La última vez que pasé tanto tiempo sin tirarme a nadie aun era virgen. Exacto. Veis la gravedad del tema.
Puede que estéis haciendo cuentas en la cabeza y no os cuadre. Porque estábamos a finales de noviembre. Entonces… noviembre, octubre, septiembre… ¿Y agosto también, Lovino? ¡Pues sí, joder! No mojé en Agosto, por culpa de las putas vacaciones en Italia, donde tuve que pasarme todo el jodido día en familia. Y dejadme deciros algo: en familia no se folla. Vale, eso ha sonado extraño. Pero me entendéis.
Así que puede ser que estuviese ligeramente frustrado. Andaba bastante cachondo todo el día. Y os puedo asegurar de que no era fácil no abalanzarme como un jodido animal encima de quién fuese. Antonio. Especialmente Antonio. ¡No me juzguéis, joder! Era duro tener que ver a ese sexy hijo de puta todos los días mientras me moría de ganas de tirármelo. Y el muy bastardo y su puta cara atractiva, su puto cuerpo perfecto y su puto culo de divinidad, parecían confabulados en su misión de aparecerse ante mi en todo momento. No sé cómo me las apañé para grabar el programa con él sin babearle encima, o centrarme en otra cosa que no fuese el salvaje sexo mental, con el que mi maldita imaginación había decidido torturarme.
Además, por si esto fuera poco, estábamos rodando el último tema de la temporada: sexualidad. Así que estaba sometido a un constante recordatorio de el asunto.
Sé que os corroe la duda: "Pero, oh, gran Lovino, ¿no eras tú todo un icono sexual, un seductor nato, el hombre más deseado de América y medio mundo?". Sí. "¿Y cómo es posible que no hayas ligado en cuatro meses y hayas acabado así de desesperado?" Aha. Pues es simple: no tengo ni puta idea. Algo raro pasaba. A ver, agosto queda justificado, y septiembre también, porque estaba centrado en el Plan. ¿Pero qué pasaba con octubre y noviembre? Trabajo, eso había pasado. Me tiré todas las semanas currando, tuvimos que viajar y desplazarnos mucho, también. Y los días que tenía libre los acababa pasando con el equipo, haciendo turismo, con todos los del programa o solo con Antonio.
Habíamos rodado en Lima, en Ciudad de México, Bogotá, Los Ángeles, San Francisco, Miami, Dallas y otras tantas ciudades. Lo sé, jodidamente agotador, si me preguntáis. Pero el programa lo exigía, y la "visión" de Antonio me obligaba a mí, como presentador "activo e involucrado", a desplazarme a todos y cada uno de los lugares en los que íbamos desenmarañando el tema. Ni siquiera os contaré la cantidad de entrevistas que tuve que realizar, los problemas logísticos de todo tipo, la locura que fue desplazarse a algunos sitios.
Y pese a haber estado anteriormente en la mayoría de esas ciudades, os puedo asegurar que descubrí un nuevo lado de cada una de ellas. El bastardo se aseguró de esto. Toni tenía su propia forma muy particular de hacer turismo. Algún día os hablaré de ello. Tal vez también os cuente cómo acabamos en la comisaría de Bogotá tras un "pequeño malentendido" por culpa de Gillian. Esa jodida patatera loca.
Por otra parte, correr con Toni se había convertido en una sagrada tradición. Y luego siempre íbamos juntos a un restaurante grasiento, distinto cada vez, a compensar por el ejercicio. Porque sí, nuestra puta lógica mandaba. También quedábamos para salir a tomar algo, o íbamos al cine (el bastardo tenía una obsesión), o simplemente hablábamos. Sí… Creo que ya estaba listo para admitir, solo interiormente por supuesto, que se había convertido en mi mejor amigo.
Así que podríamos decir que no tuve tiempo para ligar. Supongo.
Pero ya no podía seguir así. Necesitaba un buen polvo.
Así que todo esto nos lleva a que estuviera con Eliza, en un bar, tomando un café caliente, protegiéndonos del puto frío helador que hacía fuera.
-¿Entonces qué tal fue todo por México?- Preguntó mi mánager, tomando un sorbo y mirándome con una sonrisa.- Me dijeron que te saliste con esa entrevista al activista.
-Sí, va a provocar a muchos, eso seguro.- Comenté, permitiéndome esbozar un gesto satisfecho. Habíamos terminado de rodar el tema del abuso de poder, con el que habían surgido ciertos asuntos espinosos en política. Y estaba mal que yo lo dijese, pero desde luego iba a ser una auténtica bomba social. Íbamos a dar por culo a muchos. Ugh. Fue pensar esto último y que mi mente volviera a centrarse en el tema que me rondaba la cabeza permanentemente.- Mm, pero Eliza.- Carraspeé, tratando de armarme de valor.- En realidad quería hablarte del otro tema.
-Oh, ¿sigues sin éxito?- Dijo la castaña, mirándome con expresión medio compasiva medio emocionada.
Solté un bufido.
-No sé qué coño me pasa.- Gruñí.
-Chst, tranquilo, tita Eliza está aquí para que nadie se quede sin su ración de sexo gay. No mientras yo esté de guardia.- Lo peor era la el tono de solemnidad con la que lo dijo. Me hundí más en la silla. Era increíble que hubiera llegado a esos extremos. Hablarle voluntariamente a la húngara del tema demostraba lo necesitado que estaba.
-Entonces ¿me presentarás a tu amigo ese? ¿el modelo?- Dije, suspirando con pesadez.
-Ya está pillado, lo siento Roma, pero desde que te lo dije le ha dado tiempo a casarse, a divorciarse y a encontrar un nuevo novio.- La miré con incredulidad. Ella asintió con aire de circunstancias.- ¡Pero no desesperes, mi pequeño tsundere!- Exclamó de pronto, levantando el brazo hacia lo alto con ímpetu.- Tita Liza y tita Emma te van a llevar a darlo todo esta misma noche.
-Sabes lo raro que es que hables de ti en tercera persona, ¿verdad?- Gruñí.- ¿Y a donde vamos a ir?
-¡A una discoteca gay, por supuesto!
Ah, sí, debería haberlo imaginado. A Eliza le encantaba tener una excusa para ir a ver a hombres restregándose entre si.
-Eliza, te juro que no estoy de humor para tener que volver a rescatarte si alguien te pilla grabando putos vídeos.
-¡Sólo fue una vez!- Me aseguró la húngara, con una sonrisa radiante.- Esta noche nuestra misión será que rompas tu abstinencia. Te prometo que solo estaré pendiente de encontrarte a algún buenorro.
-Vas a disfrutar con esto.
-Sabes que sí.- Si su sonrisa fuese mas amplia y perturbadora parecería el jodido gato de Alicia.
Suspiré de nuevo. Lo que tenía que hacer uno por un polvo.
Saltándonos unas cuantas horas vamos a centrarnos en el momento en el que llego a la discoteca.
Llevaba unos pantalones ajustados negros, una camisa roja y una americana oscura. Hasta me había echado colonia. Esa noche follaba.
Emma llevaba un bonito vestido verde, muy corto, medias y botas de tacón. Se había dejado el pelo suelto, sin su habitual cinta. La verdad es que estaba muy guapa. Joder, hasta me la tiraría. Bueno, no. Pero así de cachondo en general estaba.
Eliza había optado por unos pantalones estrechos y un top rojo. No llevaba tacones, y no los necesitaba. Se había recogido su melena castaña y llevaba un broche con una flor. También la vi mucho más atractiva de lo normal. No sé si culpar a mi juicio alterado por la sequía o qué.
-¿Preparado, Roma?- Preguntó la belga, con una sonrisa excitada.
-Más que nunca.- Dije, y saqué a relucir mi mejor sonrisa: la de Lovino Romano Vargas, presentador. Y tu ligue para esta noche.
Emma parpadeó un par de veces, como extrañada por la expresión de mi rostro.
-No te preocupes, Ems, ha entrado en modo "seducción italiana".- Rió Eliza, pasando un brazo por los hombros de su amiga.- Va a tener esa cara durante toda la noche, acostúmbrate.
Le dediqué a mi mánager una mirada fulminante y me separé de ellas, deslizándome hacia la barra. Con un par de copas calculaba que adquiriría el punto perfecto.
En efecto. Quince minutos después y con el alcohol justo en mi cuerpo, me encontraba bailando en la pista. Las luces me cegaban, todo era brillante y oscuro a un tiempo, la música me taladraba la cabeza, el olor a sudor y a licor impregnaba el ambiente, los cuerpos se pegaban entre sí con movimientos frenéticos, me zumbaba la cabeza, y aun así me sentía en la cima del mundo. En fin, era una puta discoteca, os hacéis a la idea.
Acabé bailando muy pegado a un hombre moreno, bastante guapo supongo.
-Eh.- Dijo el tipo en mi oído, prácticamente gritando para que le escuchara por encima de la música.- ¿Te han dicho alguna vez que eres clavado a Lovino Vargas, el presentador?
Le sonreí torcidamente y me acerqué aun más a él. Tenía los ojos claros, azules.
-No tienes ni puta idea de cuantas veces lo he oído.- Dije. El tipo me devolvió la sonrisa y aprovechó el ritmo de la canción para deslizar sus manos hasta mis caderas. Chasqueé la lengua con impaciencia y me lancé hasta su boca, plantándole un hambriento beso. El moreno respondió con ganas. Sabía a vodka y a tabaco y por un momento me dieron ganas de vomitar. Él bajó torpemente hasta mi cuello y empezó a morder. Resistí las repentinas ganas de darle un puñetazo que me entraron al notar sus putos dientes sobre mi piel. Por algún motivo me estaba poniendo de mal humor. Cuanto antes acabásemos mejor. Me acerqué a su oreja, poniendo mi mejor voz sensual.- ¿Quieres que llevemos esto a otra parte?
El hombre me miró con expresión voraz y asintió rápidamente, volviendo a morrearme. Ugh. Me aparté y le cogí de la mano, llevándole hacia el baño. Mi plan inicial era ir a mi casa o su casa, o lo que fuera. Pero lo único que quería ahora era follar de una vez y no volver a ver al tipo. Así que uno rápido en el puto baño me valía.
-¿ESO QUE VEO ES UN ITALIANO CABREADO?
Me volví rápidamente al escuchar el grito inconfundible, que se oyó a pesar de la distancia y del volumen de la música.
Oh, no.
Conocía esas botas de combate, conocía esa camiseta satánica, conocía ese pelo blanco y conocía esos jodidos ojos rojizos. Gillian avanzaba hacia mi a grandes zancadas, abriéndose paso entre la marea de gente, que la miraban extrañados.
Le pegué un empujón a mi desconcertado acompañante, haciendo que acelerase hacia el baño, emprendiendo una huida bastante precipitada, fingiendo no haber visto ni oído (jodidamente complicado) a la patatera. Y por supuesto no funcionó.
-¡EH! ¡ROMA! ¡NO IGNORES MI ASOMBROSA PRESENCIA!
Cazzo.
Aceleré aun más. Y entonces una cálida mano se posó sobre mi hombro.
-¡Lovi!- Nononononononononono.- ¡Qué casualidad verte aquí!
Levanté la cabeza para encontrarme unos grandes ojos verdes clavados en los míos, y una sonrisa resplandeciente, que superaba con creces a todos los putos focos de la discoteca.
-B-bastardo.- Me aclaré la garganta.- ¿Qué haces aquí?
-¡Emma nos ha dicho que nos pasásemos!- Respondió Antonio alegremente, mientras yo me dedicaba a maldecir interiormente a la belga en todos los idiomas posibles.- No teníamos plan, así que la hemos llamado para ver que hacía. ¡Y nos ha contado que estaba en una discoteca! ¡Gil y Franny querían venir! Así que aquí estamos.- Se rió.- ¡Pero no imaginaba que tú estarías aquí! ¡Me dijiste que habías quedado con Eli!
-S-sí. Estoy con Eliza y con Emma…
-Eh, oye, ¿vamos o qué?- De repente fui consciente de que el tipo moreno seguía ahí parado a mi lado, mirándome con impaciencia y esperando una respuesta. Dirigió sus ojos hacia los baños significativamente.
Antonio pareció reparar en su presencia por primera vez y frunció el ceño.
-Ah, perdona, Lovi, no sabía que estabas hablando con alguien…- Su mirada se clavó en el moreno, que se revolvió, visiblemente incómodo, pero aun así avanzó hasta cogerme de la mano, plantándose ante Toni, desafiante.
-Y-yo… sí. Sí.- Dije, elocuente. No sé por qué, pero parecía que había perdido la capacidad de formar putas frases.
Durante unos tensos segundos Desconocido y Antonio se batieron en un duelo de miradas. Al final de lo que pareció una eternidad Toni apartó la vista de él y me miró a mi. Intensamente. Tragué saliva de forma inconsciente. Y entonces Toni pareció volver en sí. Soltó una hueca carcajada y se pasó la mano por el pelo.
-Claro, claro, Lovi. Lo siento, yo… estaré por ahí. Umh… sí.- Empezó a andar hacia atrás, chocándose con la gente.- Te veré luego… supongo… ¡Adiós!
Me quedé estático, viendo como la figura de Antonio se perdía en el mar de cuerpos, engullida por la masa que bailaba. De pronto fui consciente de que Desconocido aun me tenía de la mano y tiraba de mi hacia el baño. Su palma sudada contra la mía, apretando apremiante, me hizo girarme hacia él con el ceño fruncido.
-¿Qué?- Gruñí.- ¿Qué pasa?
El cambio de actitud le pilló por sorpresa, pero se recuperó con rapidez.
-¿No íbamos… al baño?- Preguntó, alzando la ceja significativamente.
Oh. Mierda. Cierto. Sí. Mi objetivo.
Asentí con brusquedad, apartando mi mano de la suya, limpiándome el asqueroso sudor en el pantalón y caminando hacia los baños con decisión. El moreno me siguió.
Nada más cruzar la puerta se tiró sobre mi y volvió a su tarea de comerme la boca. Le dejé hacer sin mucho entusiasmo, empujándole hacia uno de los compartimentos. Le obligué a sentarse sobre la taza y comencé a maniobrar con su cinturón con movimientos precisos. Noté su erección a través del tejido del pantalón. Fantástico. Esto iba a ser rápido. Mientras yo trabajaba en desabrocharlo, él se dedicaba a babearme cerca de la oreja. De nuevo contuve las ganas de estrangularle. No sé por qué me fastidiaba tanto ese tipo. Desconocido movió sus manos hasta mi trasero y empezó también a bajarme el pantalón, precipitadamente. Llevó sus boca hasta la mía y volvió invadirme con su sabor a alcohol y tabaco rancio. Al separarse un poco se me quedó mirando, hambriento.
Clavé mi vista en sus ojos, azules.
De pronto todo me pareció mal.
Me separé de un empujón, levantándome y recolocándome el pantalón con movimientos secos.
-¿Pero qué haces?- Inquirió el moreno, molesto.
-Me largo.- Murmuré yo, abriendo la puerta.
-¿Qué cojones dices?- Se irguió también, con el pene medio fuera. Me habría reído y todo si no fuese porque no me hacía ni puta gracia.- Eres un puto calientapollas.- Gritó, cabreado. Supongo que con derecho.
-Que te den.- Dije, sacándole el dedo del medio y saliendo del baño con paso firme.
Sentía un puto nudo en el estómago.
¿Qué coño había pasado? Quería follar, era el plan de la noche. Me daba igual con quién y el tipo era atractivo. Un ocho al menos. ¿Por qué cojones había parado? ¿No me ponía?
Vagabundeé por la pista, moviéndome con la masa de gente, dejándome dirigir, con la mente puesta todavía en mi inexplicable reacción.
-… y le dije: Gil, ma chère amie, si de verdad crees que Antoine va a echarse atrás en esto es que no has estado prestando atención los últimos catorce años.
Escandalosas risas siguieron al fragmento de conversación, con un claro acento francés que reconocía muy bien.
-¡No puedo creérmelo!- Era la alegre voz de Emma.- ¿Es en serio, Toni?
Un gruñido.
-Eh, Anton, ¿se pude saber qué te ha pasado para estar tan poco asombroso de repente?
-Creo que nuestro Toni no está de humor esta noche, chère.
-¡Y no es el único! ¡Yo aun no he podido encontrarle nadie adecuado a Roma!- Era la voz quejumbrosa de Eliza.
Pude ver a todo el grupo: el BTT, mi mánager y Emma, sentados en una de las mesas, con bebidas a su alrededor. Me oculté entre la gente, acercándome un poco para oírles. No me preguntéis por qué esta reacción rollo espía/adolescente cagado.
-Oh, ¿mon petit Roma está aquí?- Voz perturbadora con acento de come-baguettes.
-Ja, yo y Tonio…
-C'est Tonio y yo, Gil.
-Pf. Tonio y YO, ¿feliz, franchute remilgada? Lo hemos visto hace nada, ¡y parece que ha triunfado sin tu ayuda Eliza!- Risa escandalosa.
-¿De verdad?- Por la decepción patente en el tono de mi mánager cualquiera diría que había decidido despedirla y pirarme a las Bahamas.
-Iba pegado a un tipo moreno. Muy pegado, si sabes lo que digo.- Rió Gillian, guiñando un ojo a la húngara.- Creo que se basta solito para encontrarse un buen polvo.
-Voy a ir a por otro calimocho.- Interrumpió de pronto Antonio, levantándose bruscamente y marchando a grandes pasos hacia la barra, con aspecto cabreado. Me encogí en mi escondite, viéndole pasar cerca de mí sin notarme.
Las de la mesa se quedaron calladas un segundo. Vi como la francesa seguía con la mirada a su amigo español, con cara de preocupación. La germana había entrecerrado los ojos y bebía con expresión pensativa su cerveza. Las dos intercambiaron una mirada.
Eliza suspiró pesadamente, ajena a esto.
-Sigo creyendo que Toni y Roma harían muy buena pareja.
-¿Mon chère Toni y Vargas?- Rió secamente Françoise, y su voz de se tornó fría de pronto.- Creo que nuestro presentador preferido es un bâtard insensible que no le conviene demasiado.
Auch.
-Eh.- Dijo mi mánager, indignada, saliendo en mi defensa.- No hables así de Roma, tampoco es como si Toni fuese una inocente hermanita de la caridad, todos sabemos que se ha tirado a la mitad de las aquí presentes…
-¿Estás insinuando algo con eso, marimacho?- Ahora Gillian se había unido a la discusión, gritando y levantándose.
-¡Nada que no sepamos ya! ¡No habléis de Antonio como si fuese un santo indefenso! ¡No es tan distinto de Roma!
-¡Al menos Tonio no lleva un historial de hombres despechados con los que alimenta a la prensa rosa!
-¡Que la prensa no vaya tras él no significa que no haga lo mismo!
-¡Pero al menos él no lo hace para llamar la atención mediática!
-Oh, vamos, chicas.- Rió Emma, nerviosamente.- Creo que estáis llevando esto por un camino que no…
-¡No te metas Ems!
-¡Eso, Emma, quédate fuera de esto!
-¡Si os vais a poner así me voy con Toni!- Exclamó la belga, enfadada.- Ya hablaremos cuando dejéis de comportaros como unas perras y paréis de hablar de ellos a sus espaldas.
Y con esto la muchacha rubia se fue muy dignamente hacia la barra, dejando a las otras tres con la boca medio abierta.
Yo por mi parte por fin logré que mis músculos reaccionaran. Me alejé de la mesa donde se sentaban y fui tras Emma.
-¡Emma! ¡Eh, espera!
La chica se giró aun con expresión cabreada, que se transformó en sorpresa al verme.
-¡Roma! ¡Hola! ¡Pensaba que estarías…! Mmm… ocupado.
Fruncí el ceño al oír eso.
-No. Yo… no salió muy bien.- Me encogí de hombros.
La belga me miró un buen rato, sin decir nada, como intentando analizarme. Me puso algo nervioso. Cambié el peso de un pie a otro con impaciencia, mientras la rubia seguía su escrutinio.
-¿Quieres salir fuera?- Dijo de pronto.
-Ah… claro.
Los dos nos encaminamos a la salida, dejando atrás el sofocante calor de la discoteca por el helador aire otoñal. Me encogí un poco sobre mi mismo. La belga se dirigió hasta el bordillo de la acera y se sentó, gesticulando para que hiciera lo mismo. Ella solo llevaba una chaquetita encima, pero el frío no parecía afectarle. Al contrario que a mi; os juro que se me estaban congelando hasta los putos huevos.
Solté un suspiro y contemplé la nube de vaho que salía de mi boca.
-¿Por qué no salieron bien las cosas?- Preguntó suavemente Emma, rompiendo el silencio.
Tardé unos instantes en saber que me hablaba de mi supuesto ligue de la noche.
-Era un idiota.- Gruñí, tratando de evitar darle más vueltas.
Porque la verdad es que era otra cosa lo que tenía en la cabeza.
-Oye, Emma…
-¿Sí?
Me aclaré la garganta, incómodo.
-Antonio… ¿está bien?- Ella me miró de forma extraña y yo bajé los ojos, enrojeciendo un poco.- Es que me lo he encontrado y estaba raro.
La belga se quedó callada otra vez, clavando sus ojos en mi rostro. Me tensé imperceptiblemente. Tras unos largos segundos suspiró y miró hacia el parque de enfrente.
-Creo que se dio cuenta de algo que le afectó bastante.- Dijo sin más.
Volvimos a quedarnos en silencio. Esta vez uno relajado. Que por supuesto yo tenía que romper.
-¿Crees que soy un jodido capullo insensible?- Inquirí con brusquedad, haciendo que Emma abriera mucho los ojos.
-¿Qué? ¿Por qué dices eso?- Me encogí de hombros, sin mirarla.- No. No lo creo.- Dijo suavemente.- Pero creo que intentas serlo. Con todas tus fuerzas.
Abrí y cerré la boca como un besugo, tratando de encontrar una respuesta mordaz. La rubia se rió dulcemente al ver mi expresión. Debo ser el puto festival del humor, no veas.
-Yo no…
-Deberías dejar de intentarlo, Roma.- Me interrumpió la belga, con una sonrisa sincera, tomándome de la mano.- Te haces más daño a ti mismo que a nadie.
Fruncí el ceño pero asentí, pese a no saber muy bien a qué se refería.
-Bueno.- Dijo Emma, estirándose y poniéndose de pie.- Creo que yo he tenido suficiente por hoy, voy a mandarles un mensaje a estos y me voy para el hotel.
Me levanté igual que ella.
-Sí, creo que yo también me voy.
Al final acompañé a la belga hasta el edificio donde se hospedaba. Durante todo el camino fuimos sumidos en una agradable quietud, rota de vez en cuanto por charla banal o comentarios intrascendentes. Cada uno iba rumiando sus cosas, y la mutua compañía estaba bien.
Me despedí de ella y puse rumbo a mi piso. Al llegar me desplomé en la cama y saqué mi teléfono.
PARA: BASTARDO TOMATE
YO: Ciao, idiota.
Te perdí de vista en la discoteca y no vi más tu fea cara
Nonno me ha dejado una nueva película, de esos dramas que a ti te gustan por algún motivo
Y a mí me da igual, pero estaré por casa todo el día, si quieres verla
Miré con preocupación la pantalla del móvil durante un segundo. Suspiré y envié el puto mensaje.
Me llevé las manos a la cabeza y me puse a analizar seriamente qué cojones me había pasado en la discoteca, qué cojones les pasaba a Françoise y a Gillian conmigo, qué cojones pensaba Emma con sus miraditas misteriosas. Y sobre todo qué cojones pasaba con el bastardo y su comportamiento de la noche.
En serio, gente. ¿Qué cojones pasaba?
