IV
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La habitación de la pequeña Amane estaba sumida en una completa y triste oscuridad. La niña se encontraba despierta, después de todo lo acontecido, no tener a su madre a su lado le dolía. No podía conciliar el sueño, y la preocupación de cómo estaba su padre la consumía.
—Oye, amor —la voz de Ichigo se pareció oír lejana, pero él estaba ahí, de pie en la puerta de la habitación —¿Tienes hambre? —la morena no respondió —Puedo ir a la cocina y traerte algo de comer.
—No —respondió. Abrazaba a su Chappy que mantenía un fresco olor al perfume de Rukia.
—Está bien —aquel rechazo le dolió. Y la entendía, comprendía que ella estaba sufriendo igual o más que él. El pelinaranja apagó la luz, y cuando estaba a punto de retirarse, la voz de Amane le hizo detenerse.
—Mamá la dejaba prendida.
—Lo siento, cariño —Volvió a prenderla. Le dedicó una sonrisa y se marchó.
—Papi —la pequeña estaba observando la puerta abierta, esperando a que Ichigo la haya escuchado.
—¿Qué pasa, amor? —Ichigo se detuvo a mitad del pasillo cuando escuchó la voz de la niña, se detuvo y se pasó su mano por el cabello.
—Nada —los ojos de la niña estaban completamente mojados, había rastro de lágrimas.
—Bien. Que descanses —Ichigo no pudo evitar que su voz se quebrara un poco, no le gustaba demostrar debilidad, pero no podía fingir en su propia casa cuando todo aquello le recordaba a Rukia. Aún vestía con el traje negro de la ceremonia.
Caminó un par de metros hasta que no pudo más. Lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas y sintió sus piernas flaquear. Se apoyó en la pared y lentamente se deslizó hasta llegar al suelo.
No había podido dormir en toda la noche, y cuando al fin fue capaz de cerrar los ojos por un momento, el rostro ensangrentado de Rukia se le vino a la mente dejándole completamente perturbado. Hacia unos momentos que se encontraba conteniendo su rabia. Necesitaba gritar. Necesitaba desahogarse.
El pelinaranja estaba arrodillado al lado de la cama, sus manos apretaban las sabanas mientras sus gritos eran amortiguados por el colchón. Frente a él había una pistola, y las balas estaban a su alrededor. Se sentía un cobarde. Se sentía una completa basura por lo que estaba a punto de hacer.
A lo lejos, Amane escuchaba los ahogados gritos provenientes de la habitación central, dejó el libro que tenía en sus manos y se levantó hacia el pasillo, estaba dudosa de si ir donde Ichigo o no, hasta que la voz de Unohana la detuvo.
—Ame —la suave voz de la mujer le hizo voltearse y volver hacia ella —Vamos cariño. Todo va a estar bien.
Ichigo limpió sus lágrimas y rápidamente comenzó a poner las balas en el cargador, quito el seguro y luego observó la foto enmarcada que estaba encima del colchón. Aquello le produjo un vuelco y que su corazón comenzaba a bombear con más frecuencia.
Fuera de la casa, sentado en las pequeñas escaleras de mármol se encontraba Renji. Su semblante era serio, y su expresión demostraba tristeza: él, al igual que Rukia e Ichigo, también estuvo en el orfanato Soul Society. Siempre conoció a Rukia y era casi como una hermana para él, sin mencionar que Ichigo era su mejor amigo. La muerte de la morena también le había marcado, le había dejado un vacío que no sabía si algún día sería capaz de llenar, la extrañaba tanto, y pensar que hacía tan solo unas horas estaba junto a ella.
El pelirrojo al sentir la puerta abrirse se giró y vio salir a Ichigo vestido con sudadera y pantalón de buzo completamente de color negro.
—¿Qué mierda haces aquí? —fueron las escuetas palabras del Kurosaki, ni siquiera le miró.
—¿Dónde has estado? —habló al mismo tiempo Abarai sin apartar la vista del pelinaranja —He intentado comunicarme contigo —Al ver que Ichigo no tenía interés en parar un momento a conversar con él, se paró de donde estaba y le siguió un par de centímetros —Por favor, ¿podrías hablar conmigo solo un segundo?
Ichigo siguió ignorándolo y llegó hasta el auto, abrió la puerta y escuchó la voz de Renji decir —Por favor, deja que vaya contigo.
—No —aquello debía hacerlo solo, no quería implicar a nadie, mucho menos a Renji.
—Hablemos un minuto, hermano. Por favor.
Ichigo ya había subido al auto, la puerta permanecía abierta —¿De qué quieres hablar?
El tono de voz que tenía Renji le hacían ver afligido —De lo que sea que para por tu cabeza, ya sabes.
Conocía Ichigo, demonios, lo conocía muy bien. Sabía que el pelinaranja era capaz de hacer cualquier estupidez cuando tenía su juicio nublado, y en estos momentos no tenía la cabeza fría, no había que ser un gran genio o su mejor amigo para darse cuenta, y por eso, quería evitar lo que sea que fuera a hacer. Por el bien de él, por el bien de Amane.
—Quiero saber que no intentarás ninguna estupidez como ir tras Grimmjow o Ulquiorra.
La voz de Ichigo sonó relajada, demasiado para el gusto de Renji —¿De qué quieres hablar? ¿Ahora se te antoja?
—Lo siento.
—Tú eras el que debía cuidar de ella —Ichigo se apretó el puente de la nariz, estaba comenzando a estresarse, y no quería explotar con Renji, sabía que la culpa no había sido de él, pero diablos, al verle sentía toda la rabia crecer dentro de él —Tú debías cuidarla, ¿no es así?.
Renji se dio cuenta de que Ichigo estaba haciendo su mejor trabajo para contenerse y no saltar encima de él como lo hacía contra sus rivales en el cuadrilátero —Lamento lo de Rukia. Lo lamento…por tu hija.
—No, no —suspiró hondo, no se atrevió a dirigirle la mirada —Lárgate de mi casa.
Renji pareció no obedecer, no quería que las cosas fueran así, no querían que tomaran ese rumbo, no quería que acabara de aquella mala manera —…-
—Lárgate de mi casa —habló otra vez —¡Vete de una maldita vez! —Cerró la puerta del conductor cuando Renji se apartó y comenzó a caminar hacia el portón —No necesito nada —Dio el contacto al auto —Inútil bueno para nada —y arrancó.
Condujo hacia un barrio que no conocía. Nunca en su vida había estado ahí, pero según sus fuentes, en aquel lugar debería estar a quien buscaba. Camino por las calles un momento con el gorro de la sudadera cubriendo su cabellera. Las sirenas de la policía sonaban no muy lejos de ahí. Y voces de pandilleros peleando también.
Ingresó al edificio y subió hasta el piso más elevado. Llegó fuera de la puerta de destino y tocó con fuerza —¡Ulquiorra!
Una voz femenina respondió del otro lado de la puerta —Ulquiorra no está. ¿Quién es?
—Abre la puerta.
—¿Quién es?
—Busco a Ulquiorra. Traigo su dinero —mintió. En ese instante la puerta se abrió, dejando ver a una mujer de no mucha edad, larga cabellera clara, mal arreglada y su rostro con rastro de manchas moradas.
—Ulquiorra no está.
Ichigo intentó esconder el asombro que le causó ver a aquella mujer en esas condiciones —¿Dónde está? ¿Está con Grimmjow?
—No lo sé. ¿Crees que me lo dice? —la voz salió temerosa y cortada.
—¿Eres su esposa?
—Puedo no serlo. Por lo menos hoy —la mujer se tambaleó un poco —¿Tienes dinero?
—¿Dónde está? —su paciencia estaba llegando al límite. Y aquella mujer parecía completamente drogada. Sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, sacó la pistola que escondía entre su ropa y le apuntó.
Ella retrocedió espantada.
El nerviosismo se notó en su voz —Tengo hijos. Ven aquí, nene. Ven —dos niños se acercaron hacia ella —Mami te tiene.
Ichigo al ver a los pequeños bajó rápidamente el arma. La mujer estaba usando a sus hijos como escudo.
—Mierda —volvió a guardar el arma y comenzó a alejarse por el pasillo. Escuchó la voz de la mujer detrás de él.
—Oye, aún necesito fumar. ¿No tienes nada? —la ignoró —¡Oye! ¡Te estoy hablando! ¿A dónde vas?
Siguió avanzando por los pasillos, hasta que sintió un apretón en el estómago. Se dobló sobre sí mismo y apoyando su mano contra la pared, se inclinó y vomitó. Sólo salía bilis.
Ver a aquella mujer en el deplorable estado, solo le hizo sentirse mal consigo mismo por el hecho de haber pensado en dispararle. Y ver a aquellos pequeños le hizo más basura de lo que ya se sentía. Cuando fue ahí con la disposición de matar, quería encontrarse con Ulquiorra, no con una mujer que no tenía ningún sentido bueno y que ocupaba a sus hijos como escudo, y mucho menos que estuviera drogada. Aquello había sido mucho para su inestable cuerpo.
Encendió la luz de la sala de trofeos, aquella sala era donde Rukia, ni siquiera él, guardaba todos los trofeos, fotos y títulos que había ganado a lo largo de su carrera. Observó una foto en particular: la de su última pelea. Se encontraba de espalda a la cámara, apoyado en las cuerdas y su mano alzada hacia el público. En el lado, en un estante cubierto de vidrio, estaban los cinturones, guantes, etc.
La voz de Rukia se le vino a la mente —Te mantendrán en una burbuja llamada "Kurosaki The Black Sun", ¿entiendes?
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no derramó ninguna. En un arrebato imposible de controlar, estrelló sus manos contra el vitral de la fotografía. Aquello desencadenó un ataque a todo lo que había dentro del estudio.
—Escucha, Ichigo —frente a él se encontraba Aizen y Ginjo, su contador —Tienes muchos gastos. Con la hipoteca, los gastos legales de tu amigo, Keigo y los impustos, incluidos los gastos de tus propiedades. Está comenzando a sumar una gran cifra. Y mucho de esto está atrasado. Varios meses, de hecho.
Ichigo lo miró sin entender. En su rostro se notaba el cansancio y las ojeras decoraban bajo sus ojos. Vestía una camiseta sin mangas de color blanco pegado al cuerpo y un pantalón de buzo negro.
—Entonces…págalos —su voz demostraba obviedad.
—¿Con qué?
—Con mi puto dinero, Ginjo.
—Por eso estoy aquí, Ichigo —el fruncido ceño de Ichigo se hizo presente —Tu dinero se está acabando. Tienes que entender lo que está sucediendo. Necesitas recortar gastos.
—¿Qué? —habían pasado solo dos semanas desde lo de Rukia y nada parecía mejorar —Ya se llevaron dos de los autos. ¿De qué se trata?
—Es bastante simple.
—¿De qué se trata? —luego, pareció comprender algo —¿Me estás robando?
El moreno pareció nervioso de repente —¿Qué?
—¿Te llevas mi dinero, Ginjo?
—No. Solo quiero ayudarte.
El ambiente se puso tenso, Aizen decidió interactuar —Me puedo encargar de esto si tú quieres —Ichigo miró sin expresión alguna y bufó —Está bien, déjame esto a mí. Yo me encargaré.
Ginjo se levantó de la silla y se puso la chaqueta de su traje bajo la atenta mirada del pelinaranja —Solo quería decir que lo lamento, Ichigo —dudó un momento —Todo.
Y luego se retiró.
En la habitación solo quedaron Aizen e Ichigo. Ichigo estaba cabreado, problema tras problema le tenían agobiado y lo último que necesitaba era tener una charla con Aizen. Lo miró de mala manera.
—Mira, Ichigo. Necesitas esto —le tendió una carpeta con unos papeles —Resolverá todos tus problemas.
—¿Qué es eso?
—El contrato para la pelea con Kempachi. No voy a hacer de cuenta que sé el dolor que estás pasando —no hubo respuesta —Pero sé que para salir de dónde estás debes volver al cuadrilátero.
—Rukia no quería que firmara.
Aizen respondió ágilmente —No quería que lo firmaras antes —necesitaba ganar dinero, y eso implicaba a Ichigo metido en el cuadrilátero —Ahora te diría que lo hicieras.
—¿Por qué dices eso?
—Cada vez que te veo pelear, te veo subir ahí arriba solo. Cuando sangras, derramas tu sangre. ¿Cuánto te sentaste y pensaste que morirías y que no podrías levantarte pero lo hiciste? —silencio —Fuiste tú. Necesitas volver a eso.
Ichigo no quería responder a aquello, no quería decirle que no, pero tampoco que sí. No sabía qué hacer, si tan solo Rukia estuviera ahí…
Aizen le atacó en su punto débil —¿Quieres que Amane se críe como tú? ¿La quieres en las calles? —la mirada dolorida de Ichigo estaba ahí, presente —Son tres peleas, Ichigo. Tenemos que volver a hacer lo nuestro. Te sentirás distinto cuando vuelvas al cuadrilátero. Confía en mí.
—No es por los contratos, ¿verdad? —El pelinaranja apoyó sus manos en el borde de la mesa y se levantó de la silla lentamente.
—Es por la familia.
—No sé qué haría sin ti, amigo.
—No debes preocuparte por eso.
Ichigo asintió y luego tomó el lápiz en su mano, dudó un momento pero al final cedió. Plasmó su firma en el papel.
Luego de seis semanas, los gritos en el recinto se escuchaban con bastante fuerza, ensordecían el lugar. La pelea entre Ichigo y Kenpachi se estaba llevando acabo aquella noche.
Ichigo sintió las cuerdas en su espalda y luego dos golpes en su rostro. El pelinegro le tenía acorralado en una de las esquinas. La sangre salía de los cortes que tenía en el rostro y apenas podía bloquear los golpes. Quizás había sido muy pronto para volver a una pelea.
Kenpachi era poseedor de un gran cuerpo, fibroso y lleno de musculatura. Sus golpes dolían como el infierno, y aquello Ichigo lo sabía.
Otros golpes vinieron después, sacándole saliva y sangre —Nadie hubiera imaginado que Zaraki Kenpachi iba a manejar la pelea a su gusto en contra de Kurosaki Ichigo —Y ahí estaba el infaltable comentario del comentarista deportivo.
Renji estaba entre el público, al lado del cuadrilátero. A pesar de lo que había pasado hacía ocho semanas atrás, no podía dejar que su amigo fuera a la pelea solo. —¡Ichigo, sube las malditas manos!
Pero Ichigo parecía no responder a las palabras. Un derechazo, luego un golpe por la izquierda, luego otra vez por la derecha. Los golpes no paraban e Ichigo de pronto ya había dejado de sentir la sensibilidad en su rostro, lo sentía dormido.
—Kurosaki está boxeando a poco tiempo de la muerte de su esposa —se escuchó por el parlante.
—¡Sal de las cuerdas! —exclamó el pelirrojo.
Ichigo seguía recibiendo los golpes, sentía su vista nublarse de a poco —No hay agresividad, sólo la voluntad de seguir soportando el castigo…y dejar que Kempachi lo golpee con ambos puños en el cuerpo y en la cabeza.—los comentarios por el parlante no cesaban.
—¡Sal de las cuerdas! —volvió a insistir Renji.
Los golpes no paraban, seguían con una rapidez y agresividad propias de Zaraki. No dejaba la chance ni la más mínima brecha de que su oponente se repusiera de los duros golpes. Ichigo poco a poco estaba comenzando a perder parte de su consciencia. Aún así se resistió a caer.
La preocupación se notaba con creces en las expresiones faciales de Renji, nunca, de todos los años que llevaba conociendo a Ichigo lo había visto tan mal como hoy. Nunca le había visto no poder encestar aunque sea un golpe. En estas rondas, todos se los estaba llevando él.
—Ha sido una carnicería… —habló el comentarista. En ese momento, un golpe llegó al estómago de Ichigo haciéndole doblarse sobre sí mismo —…desde la campana inicial en adelante.
Ichigo pareció reaccionar y se tiró contra Kenpachi y aprovechó de rodearlo con sus brazos para detener los golpes. Le hizo retroceder unos cuantos centímetros e invertir los papeles. Ahora entre las cuerdas se encontraba Kenpachi. Ichigo dio un golpe en el rostro y la campanilla sonó anunciando el fin del round.
—¡Sí! —gritó Renji.
—Kurosaki al fin logra dar un derechazo —comunicó el comentarista —Han sido muy escasos hasta ahora.
Pero el toque de la campana no evitó que Ichigo siguiera golpeándole completamente cegado. Shinji se metió entre los dos para alejar al pelinaranja del pelinegro, fue ayudado por otros hombres y Renji.
—¡Controla a tu boxeador —le habló el rubio al pelirrojo. Ichigo se resistió los primeros segundos, pero luego cedió.
—Sin dudarlo, ha sido una completa paliza de parte de Zaraki Kempachi, quien parece haber logrado una victoria sobre Kurosaki. Dándole así, tal vez, los toques finales a la gran carrera de Kurosaki.
—Vuelvan a sus esquinas —habló Shinji.
Renji forcejeaba con el Kurosaki quien se resistía a sentarse en la esquina del cuadrilátero. Una vez cerca de la esquina, Renji terminó por empujarlo e Ichigo calló lentamente apoyándose con las cuerdas.
—Tienes que respirar y concéntrate. ¿Puedes oírme?
El médico, que esta vez correspondía a Ishida Uryuu, amigo de Ichigo y Renji se acercó a ellos con una botella de agua en la mano y un balde en la otra
Ichigo no reaccionaba a las palabras de Renji —Ichigo, escúchame. No quiero verte así, amigo.
De repente, sangre comenzó a salir de la boca de Ichigo, alejaron el agua que le estaban dando y acercaron el balde a su cabeza.
Renji seguía hablando —No quiero que nos pase esto. —La sangre seguía brotando de la boca y caía con violencia en el balde, parecía agua saliendo de una llave abierta. Ichigo era sujetado por varios, apenas se podía mantener despierto. —Si no me muestras algo, voy a parar la pelea.
Ichigo apenas reaccionó moviendo su cabeza en negación.
—¿Me oíste? Terminamos —Renji sujeto la cabeza de Ichigo con sus manos y le obligó a mantener la vista en él —Despierta, campeón.
El pelinaranja apenas pudo articular —No la pares.
—Vamos.
—No la pares.
—¿Qué mierda estamos haciendo? —no hubo respuesta —Tengo que detener esto, Ichigo. ¿Me oyes? —Poco a poco Ichigo sentía que el sonido exterior se iba alejando, su vista se estaba poniendo más borrosa —No voy a dejar que te hagan esto, ¿entiendes?
El pelinaranja giró su rostro hacia el público, hacia donde solía estar Rukia en todas las peleas.
—¿Recuerdas cuando se acababa…—Ishida intentaba hacer todo lo posible por limpiarle las heridas en su rostro y detener el constante sangrado. Renji seguía parloteando —…cómo solías luchas?
Ichigo enfocó un poco más la vista, intentando concentrarse en un punto en específico, y ahí, un poco más atrás del ex asiento de Rukia. Estaba Aizen junto a Grimmjow. El castaño le mantuvo la mirada unos segundos, al igual que el peliceleste.
—Vamos, levántate. Hazlo —Renji seguía motivándole —Vamos, campeón. Sal
—Busca a Rukia entre la gente —habló Aizen a su acompañante.
Grimmjow se acercó un poco a Aizen para luego decirle —Está volviéndose loco.
La modelo se paseó con el cartel alzado. El round siete estaba por comenzar.
—Segundos fuera —informó Shinji.
Mientras tanto, en la otra esquina del cuadrilátero. Kempachi estaba con su entrenadora. No había rastro de sangre en su rostro, ni de sudor, ni de nada.
—Está acabado —le habló la pelirosada —Ya no es el campeón. Acábalo.
Los gritos seguían inundando el ambiente.
—Levántate y pelea —Renji estaba desesperado, quería parar la pelea, pero dudaba si hacerlo o no. Ichigo no se lo perdonaría. Sentía que en cualquier momento Ichigo iba a dejar de responder a cualquier estímulo que su cuerpo le ordenara, y aquello sería el fin. —Concéntrate.
La vista de Ichigo no enfocaba nada en particular. Apenas escuchaba la voz de Renji y en lo único que pensaba era en mantenerse despierto.
Se levantó lentamente y vio a Kenpachi saltando frente a él. Comenzó a caminar hacia el centro del ring. Veía muy lejano y borroso al pelinegro, sus oídos tenían un sonido permanente y molesto. Evidentemente no pudo reaccionar cuando el puño de Kempachi llegó hasta su rostro, ni para el siguiente, ni para el próximo.
Renji no podía creerlo —Levanta las malditas manos. ¡Ahora, Ichigo!
Los golpes siguientes fueron más duros que el del round anterior, quería reaccionar, quería levantar sus brazos frente a su rostro y bloquear aunque sea un mínimo golpe, quería hacerle retroceder y demostrar que aún podía pelear. Pero no podía. Su cuerpo no reaccionaba a los estímulos dados, le dolía todo, su cabeza, sus oídos, la nariz, los ojos, cada parte de su cuerpo dolía. Un golpe le hizo darse contra las cuerdas y un grito de espanto escapó en todos.
—¡Dios santo!
Ichigo intento parar el próximo golpe pero no pudo. Los gritos eran más fuertes.
—Kurosaki Ichigo se rehúsa a competir esta noche —habló uno de los comentaristas.
Kenpachi agarró a Ichigo para rematarlo y los potentes gritos de Renji se escucharon —Quítate. ¡Suéltalo, maldito!
Pero el pelinegro no lo soltó, pareció cargar su puño con gran fuerza en el pálido rostro del pelinaranja, dio el golpe e Ichigo cayó entre las cuerdas. Renji y Shinji se interpusieron entre ellos al ver que Ichigo apena podía ponerse de pie.
—Otro tremendo golpe de Kempachi y el árbitro procede a detenerla. Este es el final.
Ichigo apenas podía distinguir la silueta frente a él. Kenpachi celebraba saltando y alzando sus brazos.
—Se acabó —le dijo el rubio a un maltrecho Ichigo.
—No la paren. No —Aun así, Shinji no se apartó de su frente.
—Se acabó —Volvió a decirle y lo siguiente que pasó nadie se lo esperó. Un certero golpe por parte de Ichigo llegó hasta el rostro de Shinji mandándolo sobre su espalda.
—¡No!
—¡Kurosaki golpea al árbitro!
Los ayudantes del árbitro se subieron de forma inmediata para hacer retroceder a Kempachi y ayudar a Shinji el cuál se retorcía en el suelo. Renji junto a Uryu intentaba frenar a Ichigo con bastante esmero.
—Un momento horrible como nota final en lo que ha sido una noche terrible para Kurosaki Ichigo….cuya carrera produjo tantas emociones y tanta dichosa gloria que parece terminaron en una vergonzosa derrotas esta noche.
A lo lejos, Aizen miró los últimos acontecimientos antes de marcharse del lugar.
—¡Lo siento! —apenas gritó Ichigo mientras caía en cuenta del error que había cometido, poco a poco la fuerza de sus piernas había desaparecido y ya no podía sostener su propio peso, sucumbiendo en los brazos de sus amigos.
El gua de la ducha caía sobre el cuerpo de Ichigo. Estaba completamente desnudo sentado en el suelo, se sentía cansado y estaba realmente adolorido. De repente un pequeño ataque de tos le hizo inclinarse sobre si mismo. Pasó su mano por su boca y tenía sangre.
—¿Renji? —llamó. En otras circunstancias habría llamado a Rukia —¿Renji? —volvió a llamar. Aunque sabía que era inútil, esperaba que el pelirrojo estuviera ahí y le haya escuchado, pero el silencio del exterior le confirmaba que no era así —¿Está Aizen ahí? ¿Hay alguien aquí?
Ninguna respuesta llegó. Intento levantarse pero el más mínimo movimiento hizo que de inmediato desistiera. Por primera vez, después de muchos años, se volvió a sentir solo.
