¿Qué hacen un holandés, una supuesta prusiana, un italiano y un español en un avión?

Pues sufrir y rezar para que el puto avión se estrelle y acabar con ese suplicio, eso hacen.

Al menos el italiano. Que he olvidado mencionarlo, pero se da por supuesto que es sexy, inteligente y el puto amo en general.

Sí, exacto, puede parecer un jodido chiste malo, pero era la triste realidad.

Estábamos rumbo a Ámsterdam, hogar de nuestro "querido" cabeza de tulipán también conocido como Abel.

Era Diciembre e íbamos al norte de Europa, así que habíamos metido en la maleta bufandas y parkas, y nos habíamos embutido en capas y capas de abrigo. Por lo menos Antonio, Carlos y yo. Abel, Emma y Gillian se habían reído (los que eran capaces de eso, claro) al ver nuestra apariencia de muñecos Michelin. Ahora, apretujados en el avión, empezaba a arrepentirme de las seis capas de ropa que llevaba encima. Iban a ser horas y horas de vuelo. Y estaba asándome cual pollo, emparedado entre Antonio y Abel. Gillian iba al otro lado del holandés, mientras que Carlos y Emma habían tenido la suerte de ir por separado.

-¡EI! ¡Tengo una idea asombrosa! ¡Vamos a jugar a "Gillian dice" kesesese!

Dio… iba a ser un viaje muyyyy largo.

La parte buena era que yo no iba al lado de la patatera. Tras mi reconciliación con Toni, Gillian había vuelto a su comportamiento normal conmigo (que seguía siendo horrible, pero ya no parecía querer matarme con la mirada), como si nunca hubiese habido ese brillo peligroso en sus ojos. Françoise también me había tratado con normalidad, es decir que intentó tocarme el culo al menos diez veces la última vez que estuve en su casa. Consideremos eso la triste normalidad.

-¿Has estado alguna vez en Países Bajos, Lovi?- Preguntó Antonio, dejando a su amiga germana torturando a Abel. Casi me dio pena el bastardo imperturbable. Casi.

-¿Para qué iba yo a querer ir a Villa Tulipán?- Refunfuñé, de mal humor. Culpad al puto calor que tenía.- No, nunca. Cuando voy a Europa siempre me quedo en Italia.

Toni hizo un sonido ahogado.

-¿Me estás diciendo que nunca has estado en España? ¿O en Francia? ¿Grecia?

-Una vez estuve en Ibiza.- Comenté, ante la mirada incrédula del bastardo.- ¿Qué? ¡No he tenido tiempo de hacer turismo! ¡La familia está en Nápoles y son como lapas, no me dejan irme! Y cuando era pequeño siempre nos íbamos de vacaciones a Sicilia o a Venezia. Y no es como si necesitase salir de Italia.- Proclamé con orgullo.

-Peroperopero.- Farfulló Toni.- ¡Eso no puede ser! Italia es preciosa, pero Europa está llena de sitios increíbles y…

-Tsk, no es como si no hubiese viajado en la vida, bastardo.- Me defendí.- He estado en los cinco continentes, ¿recuerdas? Y América la he visto de cabo a rabo, desde la Patagonia hasta Alaska.

-¡Pero cómo has podido estar tan cerca de tantas cosas y no verlas!- Exclamó el idiota español, exaltado, llamando la atención del pelo pincho y la patatera.

-¿Qué es lo que no ha visto nuestro Romanito?- Inquirió Gillian, con una sonrisa de vampiro.

-¡Europa!- Exclamó Toni, dramatizando.

-¡¿Nunca has ido a Berlín?! ¡Es la ciudad más asombrosa del mundo!

-¡Barcelona es una pasada!

-¡Múnich es increíble!

-Ámsterdam los supera.

-¡Y Madrid, Granada, Valencia, Bilbao, Sevilla, las islas Canarias…!

-¡Colonia, Hamburgo, Frankfurt, Potsdam! ¡O Kaliningrado!

-Rotterdam o… bah, no sé por qué os sigo el juego.

-¡Y están París, Atenas, Praga, Bruselas, Budapest, Lisboa…!

-¡O Estocolmo, Oslo, Londres, Viena, Dublín…!

-¡LO PILLO! ¡Lo pillo! Relajad con la puta lección de geografía.- Grité, cortando a los idiotas sobreexcitados.

Aunque tengo que reconocer que yo mismo estaba un poco emocionado. Se había instalado en todo el equipo una cierta sensación de vuelta a casa. Excepto para Carlos, que volvía a tener que alejarse de La Habana y de su mujer, aunque regresaría antes de vacaciones. Al resto nos había invadido un sentimiento de nostalgia. Casi todos nos habíamos criado en Estados Unidos, pero nuestros lugares de origen despertaban cierta melancolía en nosotros. Emma y Abel planeaban quedarse con su familia a pasar la Navidad, al igual que Gillian, que esperaría al armario empotrado que tenía por hermano en Berlín para ir a ver a sus abuelos por las fiestas. Kirkland, Amelia Jones, Heracles, Lucia y Matthias llegaban en otro vuelo y la mayoría también pensaban dispersarse a sus respectivos países. Menos Amelia, a la que Arthur había invitado a pasar la navidad en Londres con él y su familia, alegando algo así como: "Total, mis hermanos son insoportables, si vienes tú te integrarás rápido". Já. Todos sabíamos que quería algo serio con la americana. Pobre alma en desgracia.

La cosa es que todos tenían plan de cómo pasar las fiestas. Todos menos yo.

Mis padres volvían a estar de vacaciones, esta vez en Australia, y como mucho enviarían una puta postal, como siempre. Nonno pasaría las navidades con su nueva novia griega y su familia, llevando a Romeo con él. Como comprenderéis no me apetecía una mierda unirme a un montón de desconocidos come-yogures. Y en cuanto a Feli, con quien siempre he podido contar para estas fechas, bueno, esa pequeña rata traidora iba a ir con Ludwig a reunirse con Gillian y los abuelo-tanques-patateros en Alemania. El muy idiota encima me decía que podía unirme. Y una puta mierda. Antes muero que tener que pasar las fiestas comiendo putas patatas, putas salchichas y puta cerveza o lo que coño sirvieran esos armarios mal encarados.

Cuando le conté mi dilema vital (quejándome mucho) a Antonio, éste me dirigió una sonrisa entre comprensiva y de lástima. Lástima. De mí. Lovino Vargas. ¿Cómo osaba? ¡La gente haría cola por pasar las navidades conmigo!

-Bueno, Lovi, yo también estoy un poco colgado.- Entrecerré los ojos, sospechando de que el bastardo solo lo decía por hacerme sentir mejor.- Siempre paso la Noche Vieja y el Año Nuevo con Gil y Franny, pero este año tienen planes.- Puso morritos.

-¡Sé que será duro para ti no contar con mi presencia, Tonio! ¡Pero mi familia me reclama! ¡Y tengo que recibir a mi cuñadito!- Gillian me dirigió una mirada burlona con su último comentario sobre Feli. Sus gritos consiguieron despertar a Abel, que se había quedado dormido. La mirada del tulipán a la germana habría hecho cagarse de miedo a cualquiera… a cualquiera menos a la puta patatera, claro, que se limitó a sacarle la lengua.

-Pero al menos tienes un hermano que no es un vil traidor con el que pasar la Navidad.- Refunfuñé, ignorando a la chica de pelo plateado deliberadamente, mientras ella se enzarzaba en una pelea con Abel por la hegemonía del reposabrazos.

-João trabaja, tiene un proyecto en Canadá.- Dijo Toni, con una mueca triste.- Así que pensaba aprovechar e ir a ver a la familia en España. Mis padres, mis primos y mis abuelos están allí y no me perdonarían si no fuera estando tan cerca. Pero, oye, Lovi, ¡puedes venirte!

-¿Qué?- Pregunté, atónito.- ¿Es en serio? Pero… ¿no les importaría?

-¡Claro que no! ¡Estoy seguro de que les encantará conocerte! ¡Puedo llamarles en cuanto lleguemos y arreglado!

Pasó algo raro. Un sentimiento de inmensa gratitud se me formó en la garganta. Eso o estaba a punto de morir ahogado por el puto calor que hacía en esa puñetera máquina voladora infernal.

-Yo… joder, estaría genial.- Murmuré, sintiendo un nudo en el estómago.

-¡Claro! Será mucho mejor si estás tú.- Un ligero sonrojo me subió a las mejillas.- Podrás defenderme ante mis primos pequeños. ¡Sé mi caballero de brillante armadura, Lovino Vargas!- Añadió a voz en grito, con ademán teatral, llevándose una mano al pecho.

-Pf, deja de hacer el idiota, estás asustando a medio avión.- Refunfuñé, mirando alrededor, sin poder evitar sonreír un poco.- Algo habrás hecho para cabrear a tus primos.

-¡No, yo jamás!- Siguió diciendo con el mismo tonillo dramático y burlón.- ¡Son crueles y no muestran piedad por esta pobre alma arrepentida!

-¿Y de qué está arrepentida esa pobre alma?

-Puede ser,- dijo el bastardo, cambiando el tono de voz a uno bajo y confidencial, acercándose a mí- pude ser que durante mi época universitaria les hiciera meterse en algún que otro lío por mí.

Resoplé y puse los ojos en blanco. Otra vez con la dichosa etapa de descontrol de Antonio. En fin, estaba bastante seguro de que hiciera lo que hiciera se lo merecía.

Pasé la mitad del viaje charlando con Toni. Luego, por desgracia, la patatera se despertó y tuvimos que jugar con ella al pictionary en una servilleta. La loca esa no dejaba de dibujar pollitos y gritaba lo genial que era cada vez que acertaba algo. Esto provocó que despertásemos al tulipán otra vez, lo que desembocó en un incómodo cambio de asientos. Abel se quedó con la ventanilla, Gillian en el otro extremo, con el español y yo en medio. Y sí, tuve que aguantar estoicamente cuando Antonio pasó su (glorioso) culo por mi cara para moverse de asiento. Sí, yo también estoy orgulloso de mi temple.

Toni acabó sobado y tuve que resignarme a intentar conciliar el sueño también (era eso o hablar con Abel, el único que permanecía despierto). Así que, escogiendo la opción lógica, me quedé frito.

Soñé que era el puto don Quijote.

Os lo juro, no estoy de coña. Iba por lo que mi mente soñolienta interpretó como una versión de La Mancha, compuesta por un montón de McDonalds y Taco Bells enormes que se alzaban en un paisaje ondulante. Yo cabalgaba el trasto amarillo de Antonio, el horrible todoterreno, y apuntaba con mi lanza hacia unos enormes molinos que surgían ante mí. Abel apareció a mi lado como la versión más extraña que he visto en la vida de Sancho Panza, mascando su pipa y montado en un gigantesco conejo blanco.

"Hay que andarse con ojo con el terrible dragón, capullo" Me dijo, soltando una nube de humo.

"¡Asombroso dragón, querrás decir!" Gillian acababa de hacer su entrada triunfal, volando por el cielo con sus amenazadoras alas de… ¿pollo? "¡Tengo a Dulcitonio del Tomatal y no pienso dártelo ña ña ña!" Me chinchó.

Y ahí estaba "Dulcitonio", el bastardo español iba flotando en una nube tras la albina, como si fuese un hinchable en una piscina, repanchingado, con su bañador de tomatitos y unas gafas de sol.

"Qué pasa..." Saludó con parsimonia, alzando una mano.

"Hon hon hon" Escuché tras de mí, y vi como uno de los molinos, sospechosamente parecido a la torre Eiffel, se transformaba en una versión gigantesca y casi desnuda de Françoise. "Ese culito es mío"

"¡Jamás!" Grité yo, valientemente "¡Tendréis que véroslas con el puto Lovino don Romano Quijote Vargas!"

El dragón-pollo-Gillian emitió un bufido aburrido. "En lo que tardas en decir tu nombre a mi me da tiempo a devorarte veinte veces" Chocó los cinco con la versión gigante de su amiga francesa, soltando una risotada.

"¡EH!" Todos nos giramos para ver la amenazadora presencia de João, el malvado hermano guardián, que apareció envuelto en una nube de humo naranja, plantándose ante su hermanito "Cualquiera de vosotros se acerca y os parto las manos" Me miró y yo me encogí en mi brillante armadura "Y a ti te castro. Dulcitonio, nos vamos a casa a contar azulejos".

"Pos vale" Dijo el español, encogiéndose de hombros con aire pasota.

Pero de pronto nos rodeó una espesa niebla, salida de la pipa de Abel. Solo quedábamos el español, el holandés y yo. Y de repente Toni tenía el pelo largo y con rastas y estaba lamiendo lentamente el cuello del tulipán.

Abel seguía fumando, impasible. "Capullo" dijo, dando una calada.

Y entonces apareció el tipo moreno de la discoteca, encarándome. "Calientapollas" me espetó, y se lanzó contra mí.

Desperté sudando a mares.

-¡LOVI! ¡Ya hemos llegado!- Gritó Antonio, agitándome emocionado. Como si un viaje de dieciséis horas no le hubiese robado ni un mínimo de su puta energía desbordante.

Me sacudí a Toni de encima mientras rememoraba mi perturbador sueño. ¿Tenía algún problema mental grave o en serio mi imaginación era así de idiota? Los sueños y el jodido subconsciente… puto Freud se lo habría pasado bien conmigo.

Enseguida nos reunimos con Carlos y Emma y nos lanzamos a la gran búsqueda de las maletas. Una jornada heroica en la que Gillian acabó pegándose con un tipo que tenía una maleta igual que la suya, a Abel le echaron del aeropuerto por fumar ("el estrés de aguantar a esos idiotas") y yo descubrí que al parecer mi puto equipaje se había extraviado, y por misterios del cabrón del destino había acabado en Alemania. Me aseguraron que en un par de días se solucionaba. Pero mientras iba a tener que sobrevivir sin mis cosas.

Después de que me desahogase, gritándoles a los pobres encargados del aeropuerto de todo en italiano y en inglés, consiguieron meterme en un taxi y enseguida llegamos al hotel.

Dato curioso: no sé qué extraña relación con el inframundo tienen en los Países Bajos, pero al parecer el idioma oficial era el demoniaco arcaico mezclado con suajili. Y tal vez con algo de alemán. Brrrr. Neerlandés, decían. Já. Nada más llegar y ya quería pirarme.

Para mi desgracia viajaba con un grupo de encarnaciones de la palabra entusiasmo. Así que después de una ducha rápida tuve que aceptar que me arrastrasen con ellos a "hacer turismo y descubrir las maravillas que Ámsterdam podía ofrecernos, integrarnos en la cultura y tratar de sacar el máximo provecho de nuestra estancia". Lo que era un eufemismo absurdamente pedante para decir "dar una vuelta por ahí, molestar a los nativos con nuestros gritos de babuinos en celo y tal vez aprovechar para ir a uno de esos Coffee Shops", que a su vez era otro eufemismo para decir "Ei, la maría es totalmente legal aquí".

Abel pronto perdió la poca paciencia que tenía y se piró con Emma a ver a sus tíos. O a un Coffee Shop. No quedó claro.

Así que ahí estábamos: Carlos, con su moreno intenso, gigantesca sonrisa y ropa de colores, destacando como un balón de playa en la puta nieve. Además iba canturreando en español. Gillian con su gillianidad y gilipollez en general se las había apañado para conseguir (véase robar) una espantosa bici de las Tortugas Ninja. Hasta llevaba el puto casco con la cara de Michelangelo. Antonio, con un enorme parka de color rojo intenso (parecía el puto Papá Noel), le iba haciendo los coros a Carlos, y de vez en cuando hasta daba palmas. Por no mencionar que se dedicaba a tratar de practicar su al parecer patético dominio del neerlandés con todo el que nos cruzábamos. Y por cómo nos miraban Toni debía estar hablando el dialecto demoniaco equivocado. Eso o les estaba informando de que planeábamos demoler todos sus puentecitos-quiero-ser-como-Venecia-y-no-puedo.

Ahora que lo pienso eso habría estado bien.

Y luego estaba yo. Vestido con puta ropa de Antonio. Quería morir por el delito contra la vista que estaba cometiendo. Mi nonno se estaría revolviendo en donde quiera que estuviese (probablemente tirándose a su novia griega, porque joder, hasta mi abuelo follaba más que yo). Y Feli se sacaría los ojos si me viera. Llevaba un puto pantalón verde de monte (¿por qué ropa de monte si íbamos a una puta ciudad?), y un abrigo AMARILLO chillón, además de capas de camisetas con mensajitos por debajo y una horrible bufanda granate y azul. Los zapatos sí que eran míos, pero no hacían sino destacar lo espantoso que era el resto del atuendo. Me puse unas gafas de sol y rogué a todos los dioses que conocía porque nadie me viese. Jodidamente complicado cuando llevas encima ese puto abrigo fluorescente sacrílego.

-Pero Lovi, si está todo nublado y es casi de noche.- Dijo Toni, descojonándose al verme con mis gafas negras.

-Cállate.- Gruñí yo.

Así que estuvimos deambulando por aquella ciudad subdominio del Infierno. La patatera quería ir al Barrio Rojo, cómo no. Yo por mi parte quería morir de combustión espontánea o algo así de original, con tal de no llevar esa ropa.

Para cuando por fin regresamos al hotel, Gillian y Antonio se habían hecho con unas diademas con penes que se balanceaban a modo de antenas, de nuestra visita al Museo del Sexo (un lugar jodidamente raro y algo perturbador). De esa experiencia solo os diré que me sacaron una foto a traición sentado en una polla gigante. Los muy cabrones aun se ríen cuando lo tengo que contar. Era un banco con forma de pene, ¿capisci? No os hagáis ideas raras.

Carlos había comprado una camiseta con conejos dibujados y yo había conseguido una gorra naranja espantosa, pero que al menos me hacía aun más irreconocible.

Gillian iba berreando una canción de Rammstein colgada de Toni, que versionaba algo que podía ser rock en español o una zarzuela, porque no entonaba una mierda.

Reconozco que habíamos acabado yendo a beber asquerosa cerveza a un bar. Bastante cerveza... Probablemente demasiada cerveza, a juzgar por el desafine de esos dos.

Carlos hablaba con su mujer por teléfono, gritando como si pretendiera que le oyese directamente desde Cuba.

Si os estáis preguntando qué coño hacía yo mientras, os diré que estaba detrás de uno de los jarrones de la entrada del hotel, muy emparanoiado con la idea de que los paparazzi estaban cerca.

Sí, debíamos de ser todo un cuadro.

En algún momento la recepcionista se nos acercó y empezó a invocar a Satán. O puede que nos estuviese pidiendo educadamente que no hiciéramos ruido. Todo puede ser con ese idioma.

Dormí como un tronco toda la noche, arrullado por los tremendos ronquidos de Carlos, mi compañero de habitación.

A la mañana siguiente tuvimos que ir a recibir al resto de nuestros compañeros de trabajo. Todos menos Arthur y Amelia tenían el rostro color verdoso. Al parecer habían aceptado comida que el inglés había colado en el avión. Lo cierto es que tenían suerte de estar vivos.

En fin. El día fue un auténtico estrés, con todo el tema de ultimar preparativos y entrevistas. Parte del reportaje queríamos que fuera en el famoso Barrio Rojo, pero ahí no dejaban grabar, por mucho que Amelia gritó, Lucia asesinó con sus gélidos ojos, Antonio rogó y Matthias trató de embaucar con promesas de paquetes regalo de legos.

Un puto lío.

Por si queréis saber qué nos llevaba a los Países Bajos; os voy a culturizar un poco. Lo cierto es que Conejolandia es uno de los países más liberales del mundo respecto al tema sexual. Y respecto a muchas otras cosas también, pero no viene al caso. La prostitución es aceptada socialmente, gran educación sexual, apertura de mente, primer país del mundo en aceptar el matrimonio homosexual, etc. Sí. Los putos neerlandeses nos daban una paliza al resto del mundo. Nada mal para un país cuyo símbolo reconocible es un jodido tulipán.

Un par de días los pasaríamos en Suiza. País que (traigo de nuevo conocimiento a vuestras mentes), le va bastante a la par a Holanda con respecto a educación sexual. Pero añádele que están hasta el culo de dinero. ¿Qué tenemos? Más y mejor sexo, satisfacción sexual elevada y diez veces menos porcentaje de embarazo adolescente que en Estados Unidos, entre otras cosas.

Si la temporada era un éxito, Antonio tenía la idea de hacer un especial sobre el tema en verano, durante la semana del orgullo, en España ni más ni menos. El bastardo tirando para casa. En realidad, estaba justificado: en 2017 se celebraba el WorldPride, el mayor evento LGBT del mundo, en Madrid. Y si ya de normal la marcha solo estaba por detrás de la de San Francisco en cuanto a multitudinaria, imaginad la que se iba a montar.Y puede que os sorprenda, pero respecto al tema sexual ese país de descerebrados no pude quejarse. Al contrario que respecto al tema económico. Je. No debería reírme. Italia está casi igual. En fin. Lo que decía: tercer país en aprobar el matrimonio gay, supuestamente es el país más tolerante del mundo con la homosexualidad, SUPUESTAMENTE los españoles son los mejores amantes del mundo (muy discutible) y, también supuestamente, el 90% de ellos estaba sexualmente satisfecho. Muchos supuestos.

Ya veis.

Volviendo a la historia y después de hartaros de datos que probablemente os la suden bastante pero que demuestran lo profesional que soy.

Pasamos tres semanas moviditas. El rodaje fue un éxito, pero no voy a contar mucho, porque al fin y al cabo tenéis puto internet o una jodida televisión si es que AUN no habéis visto el programa.

Por otra parte no estuve con Toni tanto como habría querido, pero aun así se las apañó para raptarme en cuanto teníamos un rato libre y montarme en un espantoso coche mini de color rojo que había alquilado. Un día fuimos a la playa con Gillian y Carlos, todos apiñados en ese espantoso vehículo, y pese a la gélida temperatura el bastardo y la patatera loca se metieron al agua. Luego se pasaron una semana constipados. Por gilipollas.

También me hizo visitar Rotterdam, y el inglés y la jodida americana se apuntaron por la cara. Así que de nuevo fuimos en esa lata de sardinas, con Amelia "amenizándonos" el viaje cantando los "últimos" éxitos del puto Elvis. Como os lo cuento. Al final Arthur consiguió acallarla cuando amenazó con asegurarse de que no volviera a probar ni una hamburguesa en todo el viaje. Kirkland y Antonio se enzarzaron en una nueva discusión sobre fútbol o sobre las cejas del inglés o sobre no sé que película. Pero reconozco que estuvo bien.

Un fin de semana fuimos a Bruselas el grupo al completo. Emma nos tuvo dando vueltas durante horas hasta que recordó dónde estaba exactamente la diminuta escultura del puto niño meón tan famosa. Decepcionante es una palabra demasiado suave para el sudor y lágrimas que nos costó encontrarla. Aun así, una ciudad bonita.

En Suiza estuvimos remando en un barquito en un lago enorme de aguas azules como el cielo. Lo fastidió un poco el hecho de que Heracles se acoplara y se dedicara a filosofar con Toni a cerca de la moralidad en el cine o algo así. Normal que quedásemos encallados en unas putas rocas cuando esos dos idiotas se dedican a divagar en vez de prestar a tención a los jodidos remos.

Incluso fuimos a los Alpes y subimos en un teleférico. ¿Solos? Ja. No. Todo el puto equipo estuvo también. Gillian empezó a gritar "Yodelei yodelei jijuuuu" a las cabras montesas que pasábamos. Un tipo rubio que se había montado con su hermanita pequeña en nuestra misma cabina por poco se la carga, acusándola de traumar a la pobre niña.

La cosa es que apenas estuve SOLO con Toni durante esos días.

Así que cuando el rodaje acabó y por fin llegaron las vacaciones de Navidad estaba más que nervioso. Iba a pasar dos semanas con Toni y su familia. Pero principalmente Toni. A solas. En su tierra natal. Toni. A solas. Me mareaba pensarlo y el puto estómago me hacía cosas raras.

Tenía en el fondo de mi cabeza las palabras de João, de Feli y de Emma… y decidí ignorarlas como el tipo sexy pero idiota que soy. Cuando más tarde reflexioné sobre ello me di cuenta de que todo podría haber sido jodidamente distinto de haber prestado un poco más de atención a mi propia vocecita interior.

Pero claro, no lo hice.

Supongo que debería haberlo visto venir.


Lo sé, lo sé, capítulo de transición. En el próximo habrá más Toni y Lovi a solas. Y... ¿pasarán cosas? Tan tan taaan... misterio. Espero subirlo pronto.

Pero en serio, tantas cosas por pasarrr. Ya tengo ganas. ¿Al fin se confesarán TODO? ¿Habrá rollo? ¿Dulcitonio fue rescatado por Lovino Quijote Vargas? ¿Algún día decidiré responder a las reviews con cuenta por mensaje privado? (Jé, venga, sí) ;D

Grazie mille por vuestros comentarios, de verdad que motivan.

Ciaooo