V
…
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Se lo esperaba. Después de la jodida que se mandó con Hirako, se esperaba la reprimenda que estaba recibiendo en ese mismo instante. Sabía que se merecía más que una reprimenda, sabía que la había jodido, y hasta el fondo, pero en aquel momento no estaba pensando con claridad, de hecho, ni él mismo sabía que pasaba por su cabeza en ese momento, sólo fue consciente cuando vio al rubio en el suelo y Renji evitando que siguiera.
—Le diste un golpe al árbitro —dijo Aizen —¿Qué carajo fue eso? Le rompiste la nariz.
Ichigo dejó el periódico que tenía en sus manos y miró a Aizen. Su aspecto no era el más bonito, después de la pelea, su careta quedó con moretones y su ojo izquierdo estaba rojo e irritado.
—Le destrozaste el maldito pómulo —siguió Aizen —¿Qué se te metió?
—…-
—Conseguimos el trato más grande de todos y lo echaste a perder. Pasará un año hasta que revisen tu suspensión, lo que significa que no tendrás ingresos —se detuvo un momento para observar a Ichigo. El pelineranja no le dirigía la mirada —La multa por atacar al árbitro rondará las seis cifras. Te demandará por salarios perdidos y trauma.
—…-
—Cancelarán tus cuentas bancarias de inmediato y, encima de todo, la cadena nos demanda por incumplimiento de contrato —Miró a Ichigo —Escucha…deberás vender la casa para cubrir la deuda.
—No voy a vender mi casa —habló por fin el pelinaranja —No venderé la cada. Es el hogar de Amane.
—No tiene alternativa, Ichigo. Si no lo haces, van a quitártela.
Todo se estaba yendo a la mierda. Sí, todo lo que el pelinaranja tenía lo estaba perdiendo de a poco.
—Mira, esta mierda es seria, hombre.
—No. Voy a entrenar con Renji y estaré listo para la pelea.
—No sé si algún entrenador querrá trabajar contigo —fue sincero.
Ichigo, quién había comenzado a levantarse de su asiento se detuvo de golpe, miró a Aizen sin comprender, su ceño estaba fruncido —No necesito otro entrenador…
—Renji está entrenando a otro.
—¿Qué? ¿A quién?
—Grimmjow Jaegerjacquez.
Silencio. Ichigo no podía procesar la reciente información. Renji, su mejor amigo estaba entrenando al arrogante de Grimmjow, al enemigo.
—¿Tú también trabajas con él? —se atrevió a preguntar.
—Sí.
—Sabes que si trae dinero, nos conviene.
—Tú…
—Son negocios, Ichigo —La mirada incrédula de Ichigo no se podía disimular. Harto de seguir en lo mismo, el castaño dijo —Sé que extrañas a Rukia. Yo también la extraño —Ichigo comenzó a levantarse de su asiento —Si estuviera aquí, le darías asco. Tienes que tener compostura. Necesitas ayuda, Ichigo.
—No hables así de mi esposa —Terminó de levantarse y una ola de dolor recorrió todos los músculos de su cuerpo —Renuncio. Vete a la mierda.
Aizen permaneció sereno —No puedes hacer esto, Ichigo.
Ichigo no se giró a verle la cara, ni menos a contestarle, siguió su camino a la salida —Quítate de mi camino —le habló al guardia de Aizen.
—Corren como cucarachas…—murmuró mientras avanzaba por el amplio pasillo.
—Síganlo y asegúrense de que no rompa nada al salir —la seria voz de Aizen indicó de que no estaba bromeando.
Ya era de noche cuando Ichigo estaba volviendo a su casa. Iba manejando. El poertón se abrió para que el pudiera pasar. El auto avanzó lento.
Por otro lado, dentro de la casa, más bien dentro de una de las habitaciones, Amane estaba acostada pero aún despierta. Tomó su celular y escribió:
¿Dónde estás, papi?
Ichigo estaba detenido en el camino. Miraba al frente y la casa se alzaba hermosa pero se veía vacía. Concentró su vista en ella e inevitablemente recordó cuando aquella noche en que Rukia le decía que volvieran a casa. En la que Rukia perdió la vida.
Abrió sus ojos un momento, pero se volvieron a cerrar por sí solos. Estaba sudando. Frunció el ceño e intentó abrir los ojos de nuevo, se abrieron un poco, lo suficiente para poder ver el camino que llegaba al garaje. Apretó el acelerador y bajó por el camino. Pero en un instante, sus ojos se volvieron a cerrar y lo último que sintió fue el ruido de un golpe seco.
El sonido de la alarma de un automóvil hizo que Amane se levantara de su cama, prendió la luz de la lámpara y se dirigió al pasillo. Comenzó a caminar por él y escuchó unas palabras.
—Perdóname —un ruido se escuchó, como si algo se hubiera caído —Perdóname.
La morena se acercó al balcón que daba vista a la entrada principal —¿Papá? —preguntó. Al no obtener respuesta comenzó a bajar las escaleras mientras le llamaba —¿Papá? ¡Papá! ¡Papi! —Ichigo estaba tirado en el frío suelo encogido sobre sí.
La morena lo movió y no hubo respuesta, Desesperada, intentó darlo vuelta hacia ella y en el proceso, vio la sangre que estaba en el suelo.
—¡Auxilio! ¡Que alguien me ayude! —comenzó a gritar. Le desesperó ver al pelinaranja sin reaccionar tirado en el suelo. Aunque estaba acostumbrada a verle sangrar a causa de las peleas, la sangre que le cubría el rostro le inquietaba.
Permaneció ahí, en medio de la oscuridad gritando por ayuda.
—¿Qué fue lo que ingirió, Sr. Kurosaki? —una luz blanca penetraba en todo el lugar —¿Qué fue lo que tomó?
Las voces entraban confusas a la cabeza del pelinaranja. Un pito retumbaba en sus oídos, haciéndole difícil el trabajo de volver a realidad, su cabeza dolía y su vista era borrosa. No podía enfocar a quien estaba frente a él, y la blanca luz no ayudaba.
El medico trataba inútilmente de que Ichigo respondiera a sus preguntas, sin saber que para el pelinaranja era totalmente indescifrable y confuso lo que le decía. Las enfermeras estaban colocando las cánulas y medicamentos correspondientes para ayudar a Ichigo. Las blancas sabanas estaban manchadas de sangre. Luego de unos segundos de presión por parte del médico, Ichigo pareció reaccionar.
—Amane…¿Dónde está mi hija?
—Su hija está bien, Sr. Kurosaki —Estaba vez no era el médico quien le hablaba, no podía distinguir bien quién era, pero lo más seguro que por el uniforme negro, haya sido un policía —Ella llamó a emergencias. Tuvo un accidente.
—Tenemos a gente cuidándola —habló una voz femenina.
—Amane…—una mano se posó en su pecho intentando detener su intento de levantarse —No, no. Ella me necesita.
No hizo caso a la mano que le sujetaba e intentó levantarse de nuevo. Más manos se posaron en su cuerpo que le intentaron detener.
—Lo encontramos con un arma cargada, drogado y con una menor presente —dictó otro policía, una mujer de pelo negro.
—¿Dónde está mi hija? ¿Dónde está Amane? —la vista comenzó a tornearse borrosa de nuevo, su cuerpo comenzó a pesarle —Tengo que salir de aquí —murmuró.
—Su hija está con Bienestar Infantil. Ellos la están cuidando —habló el médico.
—No.
—Todo estará bien. La están cuidando.
Ichigo comenzó a moverse más rápido, o por lo menos lo más rápido que su cuerpo le permitía, quería salir de ahí, debía salir de ahí. Todo aquello era una pesadilla, eso no estaba pasando realmente.
—Se quitó la cánula nasal—habló una enfermera. Efectivamente, Ichigo había sacado la cánula de un solo tirón.
La máquina que registraba los signos cardiacos comenzó a sonar más fuerte entre el aumento de la frecuencia cardiaca. Ichigo cada vez hacía más fuerza y ponía más resistencia a las manos que le sostenían. Aún estaba intentando levantarse.
—Sosténganlo. Agarren sus piernas.
—Acuéstese, Sr. Kurosaki. Estará bien.
Sintió un pinchón. Una enfermera había administrado un calmante para dormirlo. Poco a poco, la consciencia de Ichigo se iba lentamente, y en medio de aquella pérdida, la imagen de Rukia se posó frente a él, debajo de la blanca luz. No pudo ver su expresión facial, tampoco la distinguía de forma nítida, pero era ella.
—Rukia…
Habían pasado unos días desde el accidente de Ichigo. Debido a que sus heridas no eran graves, se le permitió el alta de forma adelantada. Ahora, el pelinaranja se encontraba en un hermoso salón pulcramente decorado. Un juzgado.
Ichigo se encontraba vestido con un traje negro. Las heridas de su rostro habían sanado levemente, los moretones aún permanecían. El Kurosaki mantenía su cara afirmada por su mano, estaba nervioso. Luego de unos segundos en donde no estaba consciente de su alrededor, una de las puertas laterales se abrió. Amane venía entrando junto a una mujer de cabello obscuro, usaba lentes.
—Papi —llamó la morena.
—¡Mi amor! —Al haber escuchado aquella voz, el cuerpo del boxeador reaccionó de forma inmediata y casi mecánica. Rápidamente se levantó de su asiento.
—Siéntese, Sr. Kurosaki —habló la jueza. Una mujer de edad.
Al mínimo intento que tuvieron padre e hija de abrazarse, fueron detenidos. Guardias sostuvieron a la niña de los hombros para alejarla de Ichigo.
—Oye.. —habló Ichigo al momento en que sintió dos pares de manos en su espalda y hombros.
—Sólo quiero abrazar a mi papá —habló Amane.
—Está bien —le respondió la acompañante de la niña.
La voz de la jueza resonó —Sr. Ukitake, controle a su cliente.
El hombre de cabello blanco y tomado en una coleta, tomó a Ichigo del hombro —Siéntate, Ichigo.
Ichigo obedeció sin poner resistencia — Gracias. Estamos listos —Volvió a hablar la jueza. —Esta mañana trataremos la custodia temporal de Kurosaki Amane, menor…
Ichigo intentó interrumpir, pero la jueza se le adelantó.
—…-
—No interrumpa, Sr. Kurosaki —Miró a Ichigo —La niña no tiene ningún otro familiar, ¿verdad?
Ante la pregunta, Ukitake se puso de pie —No, su señoría. Mi cliente y su esposa son huérfanos.
—Ya veo. Es por eso que estas circunstancias son más dolorosas para usted.
—Solo quiero a mi hija —respondió serio —Soy su padre.
—Lamentablemente, no es suficiente —se produjo un silencio —La corte está consciente de la tragedia que su familia ha sufrido, Sr. Kurosaki. Sin embargo, usted ha elegido adoptar una conducta peligrosa y alarmante mientras su hija permanecía bajo su custodia —Desde el estrado, la jueza veía como Ichigo no la miraba, estaba más pendiente de mirar a la niña que escuchar a lo que ella estaba diciendo —Armas cargadas, alcohol, violencia. El Sr. Kurosaki deberá seguir un plan diseñado por la corte. Dicho plan incluirá asistir a un consejero, mantenerse sobrio y clases de manejo de impulsividad.
—…-
—Así, se ordena que la niña permanezca bajo los cuidados de Bienestar Infantil hasta que el padre pueda demostrar que está preparado para cumplir con sus responsabilidades como padre.
—¿Qué? —susurró la pequeña.
—Volverán en 30 días…
—¿30 días? —interrumpió el pelinaranja.
—…para otra audiencia —finalizó.
—¿Qué carajo quiere decir? —aunque lo sabía muy bien, sabía perfectamente bien a lo que se refería la jueza, no podía creer que aquello estuviera pasando, es decir, estaba consciente de que últimamente tenía su mente metida en otros asuntos y no se encargaba debidamente de Amane, pero aun así, ella sólo estaría bien con él, con nadie más, Nadie la conocía de forma perfecta como lo hacía él.
—Cuide su lenguaje —advirtió la mujer.
—¡Treinta es una mierda!
—Lo acusaré de desacato.
Mientras mantenía la pelea verbal con la mujer, Amane no comprendía del todo porque estaba siendo guiada hacia la puerta de nuevo. Ella quería volver al lado de Ichigo. La mujer de pelo negro la sostuvo del brazo cuando intentó ir donde Ichigo.
—Por favor, no quiero…-
—Lo siento —habló Ukitake.
—Es su última advertencia —Cuando Ichigo escuchó las palabras de la pequeña se levantó de su asiento de forma rápida.
—¡No quiero! —la niña era sostenida por la mujer —¡Por favor, papá! —La morena se aferró al cuello de Ichigo, ambos se envolvieron en un extremadamente corto abrazo. Los guardias y la mujer de Bienestar infantil los separaron.
—Ichigo, por favor —Ukitake intentó inútilmente de que Ichigo soltara a la pequeña.
—Llévense a la niña —ordenó la jueza.
—¡Quiero quedarme contigo! —Amane estaba a punto de llorar, y aunque no se le notara, Ichigo lo sabía. Conocía cada una de sus expresiones, se las sabía de memoria. Le desgarraba el corazón ver a la pequeña en ese estado. No le gustaba verla llorar y mucho menos escuchar su quebrada voz.
—¡Déjeme abrazar a mi hija!
—¡No!
Existía un forcejeo entre un guardia e Ichigo.
— ¡Papi!
Ichigo se resistía. Solo estaba pidiendo un abrazo, nada les costaba que por ultimo les dejaran despedirse. Los guardias lo paralizaron contra la mesa. Ukitake no podía hacer nada.
—Eso no es necesario —dijo cuando vio que Ichigo ya no ponía resistencia. Ya se habían llevado a la niña.
Ya era de noche cuando a una de las trabajadoras de Bien Infantil le tocó revisar si cada niño estaba donde correspondía. Pasaba por habitación en habitación verificando que todo estaba en orden. Sin darse cuenta, antes de abandonar la habitación, que sólo una niña estaba despierta.
Amane.
—Lo subastaran todo.
—La subasta es mañana.
—Todo irá a la subasta.
La policía junto a una empresa de transporte, estaban en cada rincón de la casa de Ichigo. Se estaban llevando todo, los lujosos muebles, los autos de la mejor marca, no estaban dejando nada.
Ichigo miraba ajeno a todo como todo era retirado. Se levantó del sillón que estaba y fue al que era su baño. Una vez ahí se sentó en un mueble. En sus manos tenía las notas que día a día Rukia le dejaba cuando se despertaba antes que él y un aro de ella.
Pasó unos minutos ahí contemplando lo último que le quedaba de Rukia. No podía llorar aunque quisiera, se sentía cansado. Recorrió los pasillos de la casa en completo silencio, hasta que llegó a la habitación de Amane, la cual estaba completamente vacía, exceptuando que aún quedaban las cortinas, y dos cuadros.
De lejos, Ichigo pudo observar el dibujo que estaba detrás de la puerta, donde salían los tres. Amane, Rukia y él.
Su gesto se torció en tristeza. Las extrañaba a ambas.
Ichigo se encontraba sentado en el escalón exterior de su ex casa. Un auto se estacionó frente a él. Era Renji el que estaba manejando.
Ambos se quedaron mirando sin poder decir ninguna palabra. Al momento, Ichigo se arrepintió de todas las palabras que le había dicho la otra noche. Renji era el único que se había quedado a su lado sin importar todos los problemas que estaban pasando. Ahora, después de cruzar miradas, comprendió que no podía enojarse con él por entrenar a Grimmjow, el pelirojo necesitaba trabajo, como cualquier persona.
—Es solo una casa. ¿No es así?
Renji supo que Ichigo se sentía arrepentido. Pero no le dijo nada, comprendía que aquella noche él estaba enojado con todos, no con él, estaba enojado hasta consigo mismo, y aunque no le dijera nada, él lo perdona, porque eso es lo que hacen los amigos ¿verdad?.
—Oye, gracias por dejar que me quede — habló finalmente Ichigo después de unos minutos recorridos en el automóvil.
—No, Ichigo.
—Sabes que no puedo pagarte ahora.
Renji lanzó un bufido —Vete al carajo. No quiero que me pagues.
—…-
—Sabes que no soy tu amigo por el dinero.
Ichigo sonrió sin decir nada. Aquello lo sabía.
Llegaron a un lugar y se estacionaron —¿Aquí es?
—Sí.
—¿Quieres que entre contigo? —ofreció Renji.
—No, amigo. No —frunció su ceño —Tengo que hacerlo solo.
Renji no respondió nada en su lugar, sacó un lujoso reloj —Esto es tuyo.
Ichigo lo reconoció de inmediato, era aquel reloj que le había regalado el día después de la pelea con Ikkaku.
—No quiero eso —él se lo había regalado, no entendía porque debería ser devuelto.
—Te lo regalo de nuevo —insistió el pelirrojo.
—No lo aceptaré —abrió la puerta del auto —No lo quiero. Cuídate —se giró hasta Renji —¿Está bien?
—Tú también —respondió.
Ichigo se bajó del automóvil y fue hasta la puerta trasera y sacó su bolso.
—Llámame si necesitas algo.
—Tranquilo, lo haré.
Finalmente, sacó el bolso y comenzó a caminar. Frente a él había un letrero que decía.
/"URAHARA GYM"
Entrenamos boxeadores diariamente/
La voz de Renji sonó a su espalda —¡Estaré por aquí!
—Escucha, Renji Renji —se giró hasta él —Dales mis saludos a Keigo y Sado.
—Claro.
Ichigo abrió la puerta y comenzó a subir la escalera. Llegó a la única puerta y la abrió, antes de entrar, cubrió su cabeza con el gorro de su sudadera. Dentro, había un montón de niños entrenando diferentes técnicas, en parejas, solos, en grupos. Se sentó en una de las sillas que encontró.
Unos niños lo quedaron mirando —Es Kurosaki Ichigo.
—¿En serio?
En el ring, estaban dos personas, un niño y un rubio. Sonó un pito cuando el niño dio el último golpe a los guantes del rubio.
—Eso es. Buen trabajo —El rubio miró a un niño de contextura delgada y cabello rojo —Jinta, ve a saltar la cuerda.
El niño replicó —Ya hice esa mierda.
—¿Qué dijiste? —el pelirrojo no respondió — Haz 50.
Al rubio se le acercó un chico de cabello morado, el hermano de su mujer.
—Ese de ahí es Kurosaki Ichigo —le dijo cuándo el rubio apartó la mirada del niño que estaba frente a él. El rubio bajó del ringo y fue directo a la pequeña oficina. El Kurosaki, que ya se había sacado el gorro, tomó su bolso y entró a la oficina.
—¿Eres Urahara Kisuke?
—¿Qué trae a Kurosaki Ichigo a mi gimnasio?
—Estoy buscando un lugar para entrenar —dudó un momento antes de continuar, pero lo hizo —Y tal vez, no sé, ¿un entrenador?
Urahara no lo miró —Ya no entreno profesionales —cuando terminó de hablar alzó la mirada.
—No soy profesional por el momento.
—¿Crees que no lo sé? —El rubio levantó un periódico en donde en la primera página salía una foto de Ichigo.
—¿Dice ahí que me quitaron a mi hija? —quiso saber, no le gustaba que los medios se metieran en su vida. Aunque estaba acostumbrado aun así no terminaba de agradarle.
—Sí, lo dice.
Ichigo asintió. De todas maneras se lo esperaba, la media nunca respetaba nada ni a nadie, mientras más información redactaban, más dinero ganaban.
—Ha sido todo muy complicado —se sinceró —Recuerdo esa palea, ¿sabes? Con Tsukabishi Tessai y recuerdo que fue una pelea estupenda —Su cambio de tema había dejado medio confuso a Kisuke —Eres un gran entrenador. Él ganó esa pelea.
—Disculpa, pero si recuerdo correctamente, y así es. Tú ganaste esa pelea. Los jueces así lo dijeron ¿No te acuerdas?
Ichigo se encogió de hombros. Ya no podía perder nada más por revelar lo que diría a continuación. Había sido hacía años, una de sus primeras peleas antes de saltar a la fama —Gané esa pelea. Creo que Sousuke Aizen la arregló. Como sea…
—¿Sousuke Aizen a arregló? —la sorpresa se notaba en su voz.
—Mira, no lo sé. Así es el boxeo.
—¿Cómo puedes venir aquí y decirme algo así?
—Solo digo que por eso vine. Tsukabishi Tessai ha sido el único en vencerme. Sé que tú lo entrenaste y no sé cuál es tu estilo, pero por eso vine.
—La cosa es que no podrías con las reglas del lugar —Muy bien sabía Kisuke que Ichigo hacía todo a su manera porque era un gran idiota.
—Puedo con las reglas. Puedo manejarlo. Me crie en un orfanato. Puedo con las reglas.
Urahara apuntó hacia afuera —¿Viste al niño al que hice hacer 50 lagartijas por maldecir?
—Sí.
—Esa es una de la reglas. Sin alcohol, sin drogas, sin tonterías, sin llegar tarde ni nada de eso. Sin problemas, ¿entiendes?. —Ichigo le miraba atento —No quiero eso aquí. Mi trabajo es protegerlos. Estoy para entrenarlos y convertirlos en hombres. ¿Listo para trabajar?
—Sí, estoy listo.
—Porque la cosa es que no usarás tus puños en ningún lado si no lo ordeno.
—Bien, a la mierda, hagámoslo.
—Sin maldecir. Te dije sin maldecir.
Mierda, pensó, menos mal aquel hombre no podía leer los pensamientos. Debía ser más atento a lo que decía —No…digo, sí. Claro. Sin maldecir.
—El boxeo no se trata de esto. —Empuño su mano — El boxeo se trata de esto. —y Ahora apuntó a la cabeza —El boxeo es como un juego de ajedrez.
—Está bien. Carao —inmediatamente se corrigió— Vamos a…sí. No carajo no, sí. —En lugar de intentar arreglar lo dicho, estaba complicándose más.
—¿Estás drogado? —Ichigo no respondió —¿Te metiste algo?
—Estoy bien. Estoy sobrio.
Urahara levantó el periódico donde el encabezado de una de las páginas decía: Sección de deportes del Sentinela.
EL GRAN ADICTO.
—¿Viste esto?
—Está bien. Está bien —aunque no negaba que sí había consumido drogas anteriormente, ahora estaba sobrio —También necesitaré un trabajo. Tengo que probarle a la corte que puedo mantener uno.
Kisuke pasó la mano por su cabello —El que trabajaba aquí por las noches recientemente tuvo un ataque. Él se encargaba de limpiar el lugar. Podrías hacer eso, pagarías por el entrenamiento y te quedaría algo extra para ti.
Ichigo no dijo nada, no quería pelear ni menos hacer un escándalo frente a los muchachos, él no iba a limpiar los baños, ni nada que aquellos vagos –según él- ensuciaran, No había caído tan bajo como para hacer eso.
Se dio media vuelta y se retiró del lugar sin decir nada.
