VI
…
..
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—El alquiler vence el primer día de cada mes.
—¿Dónde está la luz?
—El primer día, el uno de cada mes.
—Está bien.
La mujer no había respondido a su pregunta, y tampoco insistió, se notaba que le costaba hablar y comprender el idioma. Era extranjera.
La mujer le pasó un manojo de llaves y se retiró. El lugar constaba con lo básico. Una cama, una cocina a gas, un refrigerador, una lámpara, un sillón, una mesa de centro.
Ichigo cerró la puerta y luego se lanzó encima del sillón. Contempló el lugar y aquello no era a lo que se había acostumbrado a tener, pero sí con lo que había tenido que vivir antes de comenzar a boxear.
…
El auto se acercaba cada vez más a la institución, el edificio se alzaba frente a Renji e Ichigo de forma potente. Lleno de ventanas, café y opaco.
—Jamás creí que vería un lugar como este otra vez, Ichigo —habló el pelirrojo.
Ichigo no contestó nada, solo se limitó a abrir la puerta del auto y bajarse —Gracias amigo.
—Oye, dale mis saludos a Amane.
Ichigo asintió y comenzó a caminar hacia el edificio. El camino se le hacía largo, detrás de esas puertas estaba su hija, y verla en aquel lugar le dolía. No quería que Amane tuviera que vivir en uno de los mismos lugares en los que vivió él. Ningún niño se merecía eso. Pero todo era culpa suya, y lo sabía.
Una vez que entró al edificio, una mujer de edad reparó en él —¿Puedo ayudarlo?
Ichigo se acercó hacía ella y dijo —Mi nombre es Kurosaki Ichigo. Amane…vine a ver a mi hija —concluyó.
La mujer de rubios cabellos asintió y le tendió un papel que debía firmar primero, luego, mientras Ichigo firmaba, en el teléfono marcó un número. Luego de esperar al menos unos cinco minutos, Ichigo tuvo acceso.
Avanzó por los pasillos hasta llegar a una sala en la cual se encontraba una mujer joven de verde cabellera. Ambos se sentaron frente a frente.
La voz de la mujer de ojos grises resonó —La corte requiere una prueba de drogas dos veces a la semana. Muestras de cabello una vez por mes. ¿Es correcto?
Ichigo se sentía incómodo.
—Si fallas o no te presentas, tendré que reportarlo.
Ichigo escuchó atento a todas las palabras, todo aquello ya lo sabía, no era un estúpido. En esos momentos sólo necesitaba ver a su hija y no ser sermoneado de cosas que no tenían peso —¿Cuándo podré ver a Amane? —preguntó directamente.
Aun así, la mujer no se inmutó —En cuanto terminemos este formulario. —De entre los papeles que tenía encima de la mesa, sacó el documento requerido —¿Cuál es su dirección actual?
—Me estoy quedando en el Tossleer. Estaré allí hasta que pueda conseguir un mejor lugar para vivir. Un lugar que sea mío.
La mujer asintió —¿Ya ha conseguido un empleo?
—Sí —mintió.
—¿Dónde?
—En el gimnasio.
—¿El gimnasio? —inquirió.
—En el gimnasio de Urahara, calle Tossleer 156.
—¿Quién le dio el empleo?
—El dueño del gimnasio.
—¿Y el nombre es?
Ichigo ya estaba cabreado con tantas preguntas, nunca antes le había gustado contestar acerca su vida y menos ahora —Urahara Kisuke.
—¿Algún número de contacto?
Ichigo mantuvo su mirada desinteresada en la pared —No lo sé. No tengo celular.
—¿Cuánto le paga?
Ichigo se reclinó en la silla, muchas preguntas le estaban abrumando —Aún no hemos discutido eso.
—¿Aún no empezó a trabajar entonces? —ante el silencio de Ichigo, insistió —¿Todavía no trabaja?
Ichigo no podía dejar de tocar su cabeza, estaba abrumado —No, usted preguntó si yo había conseguido uno.
—Sí —no entendía a dónde quería llegar el pelinaranja.
—Y le dije que lo conseguí.
Finalmente comprendió, después de todo, aquel hombre si era listo cuando quería serlo, al menos. La mujer de cabello verde se reclinó en la mesa y mantuvo su vista fija en los ojos de Ichigo —¿Ha consumido drogas o alguna forma de alcohol?
Ichigo negó inmediatamente —No. Aunque no he dormido muy bien.
—¿Toma alguna medicación?
—Tomé unos analgésicos —la mujer escribió inmediatamente en la hoja que tenía frente a ella —¿Va a escribir eso? —ante la faltante respuesta de la mujer, dijo —"Tomó analgésicos. No podrá ver a su hija" —Sabía que aquello restaba un montón de puntos para poder ver a su hija, pero su impulsividad lo convertía en un verdadero idiota. Estaba realmente harto.
—Son las preguntas del formulario. —la mujer dejó el lápiz de lado —Es el protocolo que debemos seguir. Se lo pregunto porque vamos a ver a Amane y quiero saber en qué condiciones se encuentra —y en aquel momento, después de sinceramente, pudo ser testigo de cómo los ojos de Ichigo retomaban un pequeño brillo, un brillo que le hacía ver un poco más joven.
Ichigo rió nervioso, no sabía se reír o llorar, quizás un poco de ambos, sinceramente, no se esperaba esa respuesta de la mujer —Soy un maldito desastre —admitió.
Y la mujer nuevamente atacó —¿Cree que debería dejar que vea a su hija viendo que es un desastre?
Ichigo asintió levemente con su cabeza —Si veo a mi hija, me sentiré mucho mejor.
—¿Se sentirá ella mejor?
Quiso decir sí, pero no pudo, realmente no lo sabía, y aquella mujer lo único que hacía era llenarle la cabeza cada vez de más dudas.
—¿Cree que está en condiciones de verla?
—¿Quiere ayudarme? ¿Eso es lo que intenta hacer? —porque de buena ante sus ojos no tenía ni una pizca, es más, para él, ella era la mala de la película.
—Quiero ayudar a Amane. —ambos guardaron silencio —Esa es mi prioridad.
Luego de unos minutos, la mujer de verda cabello condujo a Ichigo a la sala de visitas. Ahí, el chico se sentó y esperó impaciente, estaba solo y Amane aún no llegaba. No supo cuánto pasó cuando finalmente la puerta fue abierta y del otro lado apareció su pequeña hija.
—Hola —dijo él.
La niña venía bastante sería, sus brazos estaban cruzados frente a su pecho y miraba a todos con cierta desconfianza. A su lado iba Nelliel, la mujer de verde cabello.
—Hola, mi amor —Ichigo le tendió la mano pero no sucedió lo que él esperaba, ni siquiera sabía si esperaba algo. La morena no descruzó sus brazos. Tomó asiento frente a su padre.
Lo único que quería Ichigo era que le hablara, daba igual qué, sólo que le hablara, quería escuchar su melodiosa voz aunque fuera una vez más, pero sabía que pedir aquello era mucho. Amane estaba enojada con él y él lo sabía. Intentó una vez más acercarse a ella, quería atravesar por todos los medios la muralla que había creado la pequeña.
—¿Estás bien?
Amane finalmente asintió con su cabeza, pero se mantuvo sin decir ninguna palabra.
Ichigo suspiró, estaba cansado. Miró hacia Nelliel —¿Nos daría un minuto?
—Amane, ¿estás de acuerdo con eso? —la niña seguía sin responder —¿Si me quedo por ahí?
—Claro.
Nelliel dirigió una fugaz mirada a Ichigo y luego se levantó —Bien. Estaré por aquí —le tomó el hombro y le apretó levemente antes de encaminarse.
—¿Qué sucede cariño? —intentó acercarse a ella —¿Alguien te tocó o lastimó?
—No…
—¿Nadie te tocó?
—No.
—Si llegan a tocarte, puedes decírmelo —insistió. De alguna manera tenía que llegar hacia ella —Amane. ¿No hablarás conmigo?
—No hay nada que decir —finalmente la niña lo dijo —La cagaste.
—No uses ese lenguaje.
—¿Qué vas a hacer, castigarme?
—Sé que estás enojada conmigo.
—¡No sabes nada!
—Ey, espera…
La niña se giró hacia Nelliel —¿Puedo salir ahora?
—Sí, claro. Claro que puedes.
—Amane.
La niña no se giró a verlo. Más bien, se dirigió hacia una niña, la cual, aparentemente sería su amiga —Talia, vámonos de aquí.
—¿Ese es tu papá? —le preguntó la niña.
—Ya no lo sé.
Y ambas abandonaron la habitación bajo la mirada de Ichigo. Aquello loe había terminado de destrozar. La evasión de su hija le dolía más que dos golpes seguidos en la cara, no, aquel dolor no se comparaba con el que estaba sintiendo ahora.
