Vale, esto forma parte del capítulo anterior. Por algún motivo la página se ha vuelto loca y no me dejaba subirlo entero. En fin.

¡Disfrutad! (;


El teléfono no dejó de sonar durante los siguientes diez minutos.

-¡João! ¡Feliz 2017, hermanito!... ¡Claro que puedo llamarte hermanito!... ¡Eh! ¡Idiota serás tú!... ¡Yo también te quiero mucho!

-Sí, sí, feliz año y todo eso, Feli… ¡deja de gritar!... ¡Y dile a ese come-patatas que puedo oírle!... ¡FELI DEJA DE ENROLLARTE CON ESE BASTARDO MIENTRAS HABLAS CONMIGO!

-¡Próspero año a ti también, Franny!… ¡Oh, gracias, que tú también folles aun más que el anterior! ¡Un besooo!… ¡Chst! ¡Deja mi culo en paz!

-Buon anno, nonno… felicita también a Romeo de mi parte… ¡agh, nonno! ¡no, no quiero saber lo que planeas hacer con tu novia esta noche!

-¡GIIIIL!... ¡Lo mismo digo! ¡Claro que será asombroso!... ¡JAJAJAJA! ¡Totalmente de acuerdo, debiste haber probado con el pollo primero y luego con el perro!

Parpadeé un par de veces escuchando por casualidad ese fragmento de conversación.

-Felice anno nuovo a ti también, Eliza… No. Definitivamente que no voy a mandarte fotos de mi noche "fogosa" con algún español buenorro… ¡Que no!

Por fin acabamos de felicitar el puto año a todo dios.

Apenas había comenzado y el 2017 ya empezaba a fastidiarme.

Resoplé y me giré, encontrándome a Toni, que me miraba con ojos brillantes.

-¡Tengo que enseñarte un sitio ahora mismo!- Exclamó, sonriendo tanto que tenía que dolerle.- ¡Sígueme, te va a encantar!

Me cogió de la muñeca y me arrastró con él hasta las escaleras. Le miré interrogante y él solo asintió, entusiasmado. Con un suspiro subí, abriendo la trampilla que conducía a una pequeña terraza en la azotea del viejo edificio. El frío intenso de la noche madrileña me recibió, haciéndome estremecer. Me abracé a mi mismo y me dirigí al murete, apoyando los codos en él. Estábamos en una casa bastante alta y ante mi se extendían todos los tejados de edificios más bajos, además de la figura de altas torres a lo lejos. Las luces de la ciudad brillaban en mil colores distintos, y si me asomaba podía ver la decoración navideña de la calle de abajo. Podía oír el lejano barullo, las risas y las felicitaciones, incluso a algún individuo ya borracho, cantando a voz en grito.

El viento trajo consigo algún pequeño como de nieve. Sonreí, en trance con las vistas que se mostraban ante mi. Casi no me di cuenta de cuando Antonio llegó junto a mí, echándome una manta sobre los hombros.

-Hace un frío tremendo.- Murmuró, situándose a mi lado con expresión entre risueña y soñadora.- Esta siempre ha sido mi parte favorita de la casa. Si mis padres nunca han querido vender el piso es por esto.

Asentí, volviendo a dirigir la vista hacia el cielo nocturno. De pronto comenzaron a aparecer fuegos artificiales y el sonido de explosiones llenó el aire. Los colores chispeantes cubrieron el cielo, con sus estelas rojas, naranjas, azules, verdes, amarillas. Era todo un espectáculo.

Me giré hacia Toni, sonriendo ampliamente. Me sorprendí un poco al ver que él no observaba el despliegue pirotécnico, sino que me estaba mirando fijamente, sus ojos brillando con intensidad, con todos los colores que estallaban en el cielo reflejados en sus verdes iris. Me quedé atrapado por un momento, sin poder apartar la mirada.

Toni se acercó a mí lentamente, cogiéndome de las caderas con suavidad, sin apartar sus ojos de los míos. Yo sabía lo que iba a venir, ¿por qué no me apartaba? Él llevó una de sus manos a mi rostro, retirándome el flequillo con delicadeza. Su tacto era cálido a pesar del frío invernal.

Me recorrió un escalofrío.

Notaba las putas mariposas en el estómago y el corazón me latía a mil por hora. Los labios de Toni casi rozaban lo míos, pero no acababa de acortar esa distancia.

Mi cuerpo reaccionó solo. Sin mi puto permiso.

Cerré el espacio que nos separaba, juntando nuestras bocas.

Sin que yo pudiera hacer nada mis manos decidieron enroscarse en los suaves rizos de Antonio.

Sin que yo pudiera hacer nada mis labios se partieron al notar la lengua de Toni recorriéndolos.

Sin que yo pudiera hacer nada ambos exploramos hambrientos la boca del otro, casi con desesperación, con un anhelo con el que yo no había contado.

Como si esto fuese lo que los dos hubiésemos ansiado por mucho tiempo.

Las manos de Antonio se aferraron a mí con más fuerza, empujándome contra el murete y apretándose contra mí. Nuestras lenguas batallaban por el dominio. La pierna de Toni se alzó hasta que su rodilla presionaba contra mi entrepierna, consiguiendo que un gemido ahogado escapara de entre mis labios.

-Lovino…- Jadeó Antonio, cuando nuestros labios se separaron en busca de aire, en un tono grave y raspado.

-A-aquí arriba ni de coña.- Dije, tratando de calmar mi agitada respiración, perdido en esa mirada hambrienta que nunca antes había visto en Toni.

-Cama. Abajo.- Contestó él, prácticamente arrastrándome hasta las escaleras y saltando de dos en dos, con el entusiasmo de un niño en la mañana de navidad. No pude evitar soltar una carcajada, pero aceleré de todas formas para reunirme con él.

Antonio me cogió de la mano, entrelazando nuestros dedos, guiándome hacia uno de los cuartos, con una gran cama matrimonial. Alcé una ceja, suspicaz.

-Dime que no es la habitación de tus padres.

Toni sacudió la cabeza, riendo entre dientes.

-No, pero si te da morbo podemos hacerlo allí.- Me dirigió una sonrisa ladeada que hizo que me pasara inconscientemente la lengua por mis labios resecos. Sus ojos siguieron el movimiento, oscureciéndose por momentos.

-Cállate.- Susurré, lanzándome de nuevo para encontrar su boca, empujándole al mismo tiempo hacia la cama.

Antonio se sentó al borde, mientras sus labios y dientes exploraban mi cuello, dejando un ardiente camino de besos y suaves mordiscos, bajando hacia mi clavícula. Me senté sobre él, aprisionando su cintura entre mis piernas y echando la cabeza hacia atrás, tratando de quitarle al mismo tiempo la camiseta. Toni interrumpió su labor para ayudarme a deshacerme de esa maldita prenda, quitándosela con rapidez. Mis ojos hambrientos recorrieron el torso desnudo de Antonio, deteniéndome en cada músculo marcado en su piel morena. Llevé una mano hasta su fuerte pecho, acariciándolo suavemente. Me incliné hacia delante, mordisqueando su pezón y lamiendo en círculos. Toni emitió un jadeo.

De un brusco movimiento me cogió de la cadera y me aprisionó entre su cuerpo y la cama, mi espalda contra el colchón. Se situó con mis piernas a ambos lados de su cuerpo, nuestros miembros endurecidos en contacto a través de la ropa. Se movió arriba y abajo, aumentando la fricción, mientras sus dientes encontraban un punto especialmente sensible de mi cuello.

Un grave gemido salió de mi garganta.

Llevaba cinco putos meses sin sexo, con el hombre que era la encarnación del deseo casi desnudo sobre mí, estaba más cachondo que en toda mi vida y NO tenía paciencia para juegos previos.

-A-Antonio.- Mi voz sonaba ronca y entrecortada. Él se apartó de mi cuello, dirigiendo sus enormes ojos verdes hacia mi, con una expresión en la que se mezclaban la lujuria y la curiosidad.- Corre.- Le dije. Pareció desconcertado durante un momento, pero enseguida entendió y asintió, apartándose para alcanzar el cajón de la mesilla, donde se puso a revolver, en busca de lubricante.

Tardó cinco putos minutos.

Emitiendo gruñidos de protesta llevé una mano hacia el interior de mi pantalón, tratando de aliviar el desatendido asunto que había ahí.

De pronto la mano de Antonio rodeaba mi muñeca, deteniéndome en seco. Sus ojos oscurecidos por el deseo me miraban juguetones.

-Ni hablar, Lovi. Hoy eres todo mío.

Traté de insultarle, molesto, pero fui acallado cuando de nuevo la lengua de Toni invadió mi boca, llenándola con sabor a champán y especias.

Se apartó un poco, mientras yo trataba de calmar mi agitada respiración. Todo mi cuerpo ardía. Toni rasgó el envoltorio del condón con los dientes, mientras su otra mano maniobraba con el broche de su pantalón. Me apresuré a imitarle, tirando mis vaqueros lejos, quedando solo en calzoncillos, con la camisa aun puesta. Antonio no llegó a bajarse los pantalones, se había quedado quieto, sus ojos recorriendo mis piernas ahora desnudas.

-Eh, bast… ¡Ah!- No llegué a acabar la frase, porque de pronto la mano de Antonio se había deslizado hasta mis bóxers.

-Mmm, Lovi…- Mientras esa mano se movía rítmicamente a lo largo de mi miembro, la otra se hallaba jugueteando alrededor de mi entrada. Su boca se entretenía dejándome sin aliento.

Me aferré a la espalda de Antonio, calvando en ella mis uñas cuando los dedos lubricados de Toni se adentraron en mi interior. Me arqueé, respondiendo al contacto. Jadeé pesadamente.

Nuestros cuerpos estaban tan cerca el uno del otro que apenas había espacio entre ambos, como si quisiéramos fundirnos en uno. El aroma de Toni inundaba mis sentidos, volviéndome loco. Era un olor terroso y fresco al mismo tiempo.

-¿Estás listo?- Susurró, la voz ronca.

-H-hazlo de una puta ve… ¡A-AH! ¡A-ANTONIO! ¡DIO!

Había entrado sin previo aviso, casi de golpe. Le sentía dentro de mí, enviando oleadas de dolor y placer apartes iguales por todo mi ser.

Antonio comenzó a moverse, primero despacio, para ir ganando velocidad con cada fuerte estocada, enviando descargas por todo mi cuerpo. Uní nuestras bocas en un beso voraz.

Quería todo de Antonio. Antonio quería todo de mi.

En ese momento me sentí completo.

Nuestros jadeos llenaron el cuarto, nuestros nombres como una plegaria en la boca del otro. Creo que nunca había deseado tanto abarcar todo lo que era una persona. Unirme con él. Mis manos se aferraban tan fuertemente a su espalda que tenía que estar dejando marcas.

Me corrí gritando su nombre. Él me siguió poco después.

Jadeantes y exhaustos nos separamos, dejándonos caer en la cama. Antonio nos limpió un poco con una sábana que luego tiró al suelo.

Yo aun respiraba agitadamente, con los ojos cerrados, viendo blanco en una especie de neblina de satisfacción y plenitud, los latidos de mi corazón retumbando en mi cabeza.

Sentí a Antonio tumbarse a mi lado, su pecho contra mi espalda, rodeándome la cintura con cariño. Acercó su boca a mi oído. Sentía su aliento cálido enredándose en mi pelo, haciéndome cosquillas.

-Mmm… te quiero, Lovi.- Susurró Toni, medio dormido.

Mi cuerpo se tensó de inmediato.

Me quedé congelado.


Uou, ¿pánico, Lovi?

Yup, ahora sí eso era todo.

Siento haber tardado en subirlo. La vida es dura y tiene la costumbre de reclamarme de vez en cuando. Pero era un capítulo más largo para compensar :)

Gracias gracísimas por seguir la historia, espero que os haya gustado el cap. Como siempre reviews más que bienvenidos (;