Toni roncaba suavemente a mi lado, su rostro enterrado en mi espalda.

La cabeza me daba vueltas.

No era capaz de dormir.

Notaba la ansiedad clavando sus afiladas garras en lo más hondo de mi ser.

Ah, joder.

Toni había dicho "te quiero".

Las palabras prohibidas.

Y lo peor de todo era que una parte de mí se había derretido al oírlas. Ansiando escucharlas cada día. Ansiando responder con un "yo también te quiero".

Esa era la misma parte de mí que lloraba al ver las estrellas, que se hundía en un pozo de inseguridades, que no podía evitar sonreír cuando estaba con Toni, que deseaba más que nada ser amado. Esa parte de mí patética que creí haber matado mucho tiempo atrás.

Ese trozo de mi ser parecía tan dependiente de Antonio que me asustaba. Me aterraba.

Tenía que salir de allí.

Tenía que alejarme de Toni.

Me deslicé fuera del abrazo del español, poniéndome de pie en silencio. Me quedé quieto un instante, observando la forma dormida de Antonio. Parecía tan pacífico… unas ganas tremendas de acariciar su mata de pelo color chocolate me invadieron. Solté una maldición por lo bajo. Joder, joder, joder. Salí de la habitación, cogiendo mi maleta, aun sin deshacer.

Me metí en el baño y me di una ducha rápida, sintiendo el agua ardiendo golpearme la espalda. Traté de mantener la mente en blanco, pero no podía dejar de rememorar. El cuerpo de Antonio sobre el mío. Sus labios marcando mi cuello. Su boca invadiendo la mía. La sensación de tenerle dentro de mí.

-¡JODER!- Grité, dándole un fuerte puñetazo a la pared de la ducha. El dolor me hizo jadear, pero al menos ya no estaba pensando en ese idiota.

Salí y me sequé rápidamente, vistiéndome mientras trataba de no mover la mano dolorida. Me estaba sangrando. Genial. Simplemente genial. Diez puntos por mi soberana estupidez. Ahora no solo mi jodido culo dolía, los nudillos también.

Me asomé por última vez al cuarto donde Antonio seguía durmiendo plácidamente. Tenía un sueño muy profundo, así que no me extrañó que no hubiese oído nada. En serio, podría cantarle ópera en la oreja y seguiría sobando.

Me mordí el labio, considerando mis opciones.

Agarré un papel del salón y me apresuré a escribir una nota.

Querido Antonio:

No.

Idiota:

No.

Jodido bastardo de los putos tomates de los cojones:

Suspiré con frustración, tachando furiosamente todo lo anterior.

Toni:

Me han cambiado el puto vuelo. Sale esta madrugada, he tenido que salir corriendo.

Te quie

No.

No.

No.

Tenía que largarme. Convertí esas dos últimas palabras en un irreconocible borrón negro.

Nos vemos,

Lovino

Dejé la nota en la mesilla y sin mirar atrás cogí mi equipaje y mi abrigo y salí del piso, cerrando la puerta con cuidado.

Estaba amaneciendo cuando empecé a caminar por la calle. Los restos de la fiesta de la noche anterior eran visibles por todas partes. Desde confeti, vasos, brillantina y botellas a gente tirada en bancos, con una cogorza matadora. Creo que incluso vi condones usados por ahí tirados. Bueno, era ese tipo de noche. Una noche donde dejabas tu cerebro atrás y te guiabas por lo que fuese que el champán ordenase. Y si ordenaba acostarte con tu mejor amigo anteriormente conocido como tu gran amor platónico adolescente pues lo hacías. Y tanto que lo hacías.

Solté una risa seca. Sí claro, yo culpando al alcohol. Como si hubiese sido cosa de la embriaguez.

Apreté los dientes y saqué mi móvil, marcando con decisión.

-¿Sí?- Contestaron con un grito al otro lado, tras cinco timbrazos.

-Eliza, necesito un vuelo para ya. Tengo que volver.- Dije, con tono de urgencia.

-¿Roma?- La voz de mi mánager sonaba ronca, probablemente de la fiesta. Se oía ruido y música de fondo. Miré el reloj. En Madrid eran las siete de la mañana, eso significaba que allí debían de ser la una o las dos de la madrugada.- ¡Roma! ¿eres tú?

-Claro que soy yo, ¿quién coño iba a ser? Escucha Eliza, sé que es un mal momento pero necesito este favor, sé que puedes mover algunos hilos para que para esté en Nueva York en ocho horas.

-¿Estás bien, Romano? Te oigo un poco mal- Gritó la húngara al teléfono, tratando de hacerse oír por encima de la música.- ¿Ha pasado algo?

Algo.

Eso sí que era un eufemismo para lo que había pasado.

-N-no, no nada, yo… necesito ese vuelo, necesito irme de aquí, Liz, por favor.

No sé cómo de suplicante sonó mi voz pero Eliza parecía más que preocupada cuando contestó. Tal vez era porque le había pedido algo "por favor". Eso no era muy común. No sé donde me deja eso, pero es cierto.

-Claro, puedo hacerlo, no te preocupes, ¿vale? Haré unas llamadas, despliego mi magia y listo.- Soltó una risita algo hueca, teñida por la intranquilidad.- Tita Liza se ocupa de todo.

-Grazie, Eliza.- Contesté, profunda gratitud patente en mi tono.

-Ni lo menciones.- Contestó, una sonrisa plasmada en sus palabras.- Pero, oye, ¿Roma?

-¿Sí?

-Cuídate, ¿vale? Ahora te mando el billete, iré a buscarte cuando llegues al aeropuerto.

-No hace falta, de verdad, no quiero fastidiarte la puta noche de fin de año. Joder, Liz, lo que vas a hacer es más que suficiente.- Murmuré, tocado a mi pesar por su genuina preocupación.

-No, no. Pienso ir, digas lo que digas. ¡La noche es larga! Me da tiempo a todo, no me quedaré sin mi diversión, tranquilo. ¡Tengo mi cámara y la vista echada en una parejita monísima!- Se rió. Sonreí.

-Si te denuncian testificaré en tu contra.- Aseguré, en un gruñido medio divertido. Pude oír a la húngara suspirar aliviada al otro lado.

-¡No lo harías!- Exclamó.- Bueno, ahora te paso el vuelo, ¡nos vemos por la mañana, Roma!

-Aquí ya es por la mañana.- Refunfuñé, pero Eliza ya había colgado.

Suspiré pesadamente y traté de orientarme en esa jodida ciudad, buscando una boca de metro. Me llegó un mensaje y miré el móvil. Era el billete: mi vuelo salía en hora y media. Eliza realmente era eficaz cuando se lo proponía. Me apresuré, arrastrando mi maleta por medio de ese mar de serpentinas aplastadas y botellas olvidadas.

Diez horas después estaba aterrizando al otro extremo del mundo.

Ah, la fantástica rapidez de la vida moderna.

Já, pues no había sido lo suficientemente rápido, joder.

Me había dado más que tiempo a darle mil vueltas al puto asunto, por más que hubiese tratado de mantener la mente en blanco. Y había forzado a mi cerebro a llegar a las siguientes conclusiones:

1) Antonio y yo habíamos tenido sexo juntos. Esa era fácil.

2) Había sido jodidamente fantástico, no había forma de negarlo. También fácil.

3) Antonio había dicho "te quiero".

4) Posiblemente no había querido significar nada con ello. Típicas gilipolleces que se dicen después de follar, ¿no?

5) Aun así YO había sentido ALGO.

6) Y no podía sentir ALGO porque ese ALGO era el resurgimiento de la parte más temida de mi ser.

7) Por tanto no había sentido NADA.

8) Sólo había sido un polvo.

9) Íbamos a seguir como si nada. Porque el sexo no había significado NADA.

10) Tenía que encontrar la manera de dejarle claro a ese idiota que no había sentido NADA.

Básicamente esas fueron mis conclusiones. Brillante, ¿verdad?

Cazzo, cazzo, cazzo.

Me sentía tan jodidamente vulnerable. Como si Toni sostuviera en sus manos mi hilo vital y unas putas tijeras. Era aterrador.

Por primera vez en mi vida tenía un amigo, un amigo de verdad, una persona a la que había llegado a conocer profundamente, a quien le había confiado una parte de mí que no mucha gente veía. O más bien él la había ido sacando poco a poco, con sonrisas, chistes malos, noches estrelladas, canciones a voz en grito y conversaciones mirándome a los ojos. Y ahora todo eso peligraba.

La pregunta era: ¿Había esa noche significado algo de verdad para Antonio? Y aun más importante: ¿Y si así fuera?

No me sentía listo. No estaba preparado. No podía aceptarlo.

Simplemente no podía permitirme hacer caso a la ese Lovino que habitaba en lo más profundo, hecho una bolita y lloriqueando. Ese Lovino dependía de la sonrisa de Antonio. Ese Lovino era un puto pringado que quería volver a Madrid y lanzarse a sus brazos. Ese Lovino quería matar al puto Lovino Romano Vargas, presentador, icono, sex symbol, capullo integral. Quería matarlo y hacerse con el control. Quería gritar: "¡Estoy aquí, yo también te quiero!".

A ese Lovino le partirían el corazón y jamás volvería a levantarse.

Era mejor para todos que siguiera llorando en su esquinita mental.

Guao, lo cuento así y parece que tengo un puto problema en la cabeza, pero os hacéis a la idea.

El caso era que tenía que dejar medianamente claro mi punto.

Tenía que enterrar profundamente a ese Lovino. Y para eso tenía que alejarme de Toni. Tal vez incluso renunciar a nuestra amistad. Estaba claro que era ese bastardo el que hacía resurgir a esa parte de mí. Y si para evitarlo debíamos mantener más las distancias pues... Sí. Era lo que tenía que hacer.

Me aterraba demasiado la posibilidad de convertirme en aquello que tanto había tratado de evitar.

Lovino Romano Vargas no necesitaba esos estúpidos vínculos afectivos, no dependía de nadie, nadie podía hacerle daño, estaba por encima de todo. Nada podía tocarle. Era más fácil seguir así.

Así que elaboré un Plan.

Casi puedo oír a Feli golpeándose la frente en la distancia.

Pero sí. Un plan. Más o menos.

Digamos que fue Eliza la que me dio la idea sin proponérselo.

Cuando vi a mi mánager, esperándome en el aeropuerto, con cara de tener una resaca monumental, llevando todavía un vestido verde de fiesta muy arrugado y manchado, el pelo lleno de confeti y un gorrito de esos de cumpleaños, no pude evitar sonreír un poco. Me apresuré hasta ella. Eliza me dedicó un gesto de bienvenida y me abrazó con fuerza, mientras yo me dejaba hacer, demasiado cansado como para protestar.

-Ei, Roma, ¿cómo estás?- Preguntó suavemente, sin su usual tono de perversión.

Me encogí de hombros, desviando la mirada. Estaba bien, joder estaba bien. Eso es lo que llevaba repitiéndome todo el viaje. Pero por algún motivo no fui capaz de decirlo en voz alta.

-¿Qué tal tu noche, Liz?- Pregunté, cambiando de tema.- ¿Cómo has llegado aquí? Porque espero que no fuera conduciendo, por cómo te veo.

-Estoy perfecta, Roma, no sé qué insinúas.- Repuso, pero el leve balanceo la traicionó.- Aah, la noche ha sido interesante.- Genial, el tono pervertido estaba de vuelta. Esta era una Eliza a la que estaba más acostumbrado.- Y no te creerías quién me ha traído aquí.

-Sorpréndeme.

-¿Te acuerdas de Sophie Edelstein, la compositora contratada para la temporada?

Tenía que estar vacilándome.

Pero en efecto, en el coche al que me condujo mi mánager nos esperaba una mujer de largo cabello oscuro, piel pálida y hermosos ojos violáceos tras gafas de fina montura. Tenía toda la pinta de ser una jodida estirada y posible nuevo miembro del Club de los Imperturbables.

No había cambiado tanto a como la recordaba. Sacudí la cabeza, tratando de deshacerme de mi recuerdo protagonizado por Miss Palo-en-mi-señorial-culo morreándose con Antonio-dio-nos-hemos-acostado en sus versiones adolescentes.

La fulminé con la mirada.

-Creo que no nos habían presentado.- Saludó la bollera austriaca, sin ningún amago de sonrisa.- Es un placer conocerte, Romano.

-Y una puta mierda.- Solté, sin estrechar la mano que me ofrecía.- Vámonos de una jodida vez.

No estaba del mejor de los humores, como veis, hasta para ser yo. En mi cabeza unos brillantes ojos verdes me seguían mirando, con los fuegos artificiales reflejados en ellos. Apreté los dientes. ¿Por qué no podía ese jodido bastardo salir de mis pensamientos?

La compositora frunció su "oh, tan delicado ceño" y entró en el coche. Eliza se puso en el asiento de copiloto y yo me coloqué atrás, cruzándome de brazos. Saqué el móvil del bolsillo y me aseguré de tenerlo apagado. Conociendo a Toni me habría petado el teléfono a llamadas y mensajes. Y yo simplemente no podía lidiar con nada que tuviera que ver con él. Si lo hacía podía perder toda la resolución y cordura que había conseguido recuperar durante el vuelo.

-Ei, Roma.- Dijo, mi mánager, rompiendo el indignado silencio en el que tanto la austriaca como yo nos habíamos sumido.- ¿A qué no sabes que es lo último de la prensa respecto a ti?- Emití un gruñido que Eliza interpretó como un interesado "Cuéntame, querida amiga".- Pues al parecer se enteraron de que pasabas las navidades con Antonio. Y han surgido todo tipo de rumores, hasta hay fotos de vosotros dos por España. Dicen que por fin una persona ha sido capaz de atrapar tu duro corazoncito.- La húngara rió, pero la noté algo nerviosa.- No he querido decirte nada hasta después de las vacaciones, pero... Especulan con fechas de boda.

-¡¿QUÉ?!- Exploté, mirándola con incredulidad.- ¿Boda? ¿Pero qué cojones?

-Bueno, es cierto que pasaste las navidades con su familia, en su país y…

-¿Y? ¿Desde cuando eso significa nada?- Elizabeta me lanzó una mirada que gritaba "¿en serio?", la ignoré y continué con mi enfadado discurso.- ¡NO NOS HEMOS ACOSTADO!- Bien, Lovino, actuando natural, como si alguien te hubiera preguntado. Mi mánager alzó una ceja ante mi espontánea declaración.- ¡AUNQUE LO HUBIERAMOS HECHO! Cosa que ni confirmo ni niego, ESO NO SIGNIFICARÍA NADA. N-A-D-A.- Genial, hablando de coherencia.

-¿Entonces os acostasteis?- Preguntó Eliza, cazándola al vuelo.

-¡No! ¡Claro que no! ¡Porque no me gusta! ¡Tampoco es como si pasara nada si lo hubiese hecho! ¡Porque joder, ese bastardo está muy bueno! ¡Sinceramente, Eliza, CÓMO PUEDES CULPARME!

-¡ENTONCES LO HABÉIS HECHO!

Que alguien le de un premio a esa mujer por entender mis incoherencias.

-¡SÍ PERO NO NOS VAMOS A CASAR, JODER!

Viva la lógica de mis argumentos.

Sophie nos miraba alternativamente por el espejito retrovisor, al parecer descolocada por nuestro diálogo. No sé por qué.

-¡Roma, tienes que contármelo todo!

-¡Ni de coña te lo cuento a ti, que luego te pones a escribirlo en internet!

-El yaoi es un arte, Romano.

-¡Y menos con la bollera cabrona ex novia aquí presente!- Continué, ignorándola.

La austriaca chasqueó la lengua, dirigiéndome un molesto vistazo.

-Lo mío con Antonio fue hace años. Y no es de tu incumbencia.- Declaró, con voz gélida.

Refunfuñé por lo bajo. Y no fue por lo bajo porque esa estirada me intimidase. Para nada.

-Luego me lo contarás.- Prometió Eliza.- Pero por ahora, que sepas que lo mejor es que organicemos una entrevista con los diarios, porque los rumores están creciendo desmedidamente.- Su tono pasó a ser profesional, el de mánager a la que pago una millonada para que maneje mi imagen.- Así que deberíamos aclarar las cosas, porque esto puede acabar dañando tu marca como siga así. Y te recuerdo que la premiere de la temporada es en nada, junto con las ruedas de prensa y demás.

-¿Entonces qué propones?- Inquirí, con mi mente trabajando a toda velocidad.

-Si no vas en serio con tu director es el momento de decirlo, ya tenemos suficientes escándalos relacionados con tu vida amorosa. Puedes decir que fue otra de tus acostumbradas aventuras, si es lo que fue. Pero hay que aclararlo. Puede repercutir también a la propia imagen de Carriedo, así que hay que hacerlo bien. En todo caso es positivo para ti, en principio. Dará más publicidad a la temporada, sin duda, a la gente le encantan estas cosas, ya sabes.

En mi mente el Plan comenzaba a tomar forma.

Era la manera perfecta de dejar las cosas claras con Toni. No había significado NADA. Alto y claro. Eso era. Que el mundo lo oyese: Lovino Romano Vargas era y seguiría siendo un rompecorazones, el soltero más deseado de América y para nada vulnerable.

-Perfecto.- Repuse, sorprendiendo un poco a mi mánager.- Organiza lo que sea. Asegúrate de que todos los medios lo capten de una vez. Quiero esos rumores sobre putas bodas arrancados de raíz. Tengo que aclarar unas cuantas cosas…

Y supongo que ese fue el momento en el que tomé una de las peores decisiones de mi jodida existencia.

Soy un idiota, lo sé.

Lo único que puedo decir en mi defensa es que todos esos sentimientos eran nuevos para mí y no sabía que coño hacer con ellos. Así que suprimirlos y guiarme por el pánico me pareció la puta solución.

Sí, soy un capullo, no hace falta que me lo repitáis.