VII

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La puerta se abrió emitiendo un chillido fuerte. Urahara se asomó y vio una espalda que reconoció de inmediato, era Ichigo. Al momento de cerrar la puerta tras de él, Ichigo se giró para mirarlo.

—¿Qué haces aquí? —Urahara colocó candado a la puerta del local.

—¿Te puedo invitar una cerveza?

Urahara dudó un momento en contestar, quería ir a comprar algo de comer y luego volver a descansar, el día había sido demasiado agotador, y lo que menos quería en estos momentos era tener que lidiar con la mierda del pelinaranja —No bebo.

Ichigo jugó un momento con sus dedos —Quiero el trabajo.

Ichigo comenzó a limpiar el lugar de a poco, acomodando sillas, limpiando el piso, ordenando los materiales de los niños, etc. Vestía un polerón gris y un short negro, sus zapatillas eran negras también. Pasaron los minutos haciéndose horas, días y luego semanas. En las mañanas, el pelinaranja salía a trotar por el barrio y luego llegaba al gimnasio. Allí, observaba como Urahara entrenaba a los pequeños aspirantes, unos era más buenos que otros, pero aun así les tenía fe.

—Un paso adelante —resonaba la voz del rubio —Un paso atrás.

Y así, pequeñas técnicas, pequeños movimientos que poco a poco se iban convirtiendo en cosas más exigentes.

—Uno, dos —Los niños obedecían al pie de la letra —Izquierda, derecha. No crucen las manos. Paso adelante.

Kon, el niño de castaños cabellos, observaba como en una esquina Ichigo se arreglaba las vendas en sus manos, un poco aislado de todos.

—Paso atrás.

—¿Te ayudo, campeón? —Kon decidió acercarse al pelinaranja, no se atrevía de primera instancia, ya que el Ichigo que conoció y admiraba era una gran estrella que probablemente no hablaría con pequeños seres como él. Pero después de tanto darle vuelta al asunto, decidió acercarse, a paso seguro. Para el asombro del muchacho, Ichigo aceptó sin decir ninguna palabra.

Kon tomó el guante que faltaba y ayudó a Ichigo a colocárselo. Luego, amarró los cordones.

—¿Cuál es tu nombre?

—Kon.

—¿De dónde salió?

—A mi mamá le gustaban los peluches…y me llamó Kon, como el mismo peluche que ella tanto quería.

Ichigo rio levemente.

—Nunca pensé que Ichigo, "The Black Sun" estaría aquí.

—Solo intento entrenar un poco.

—Claro, seguro.

—Nada más.

—¿Podemos tomarnos una foto luego?

—Sí, si puedes terminar de atar esta mierda —se refería a los cordones —Oh, no puedo decir mierda —y se tapó la boca. Ambos rieron, el muchacho le había caído bien, a simple vista le parecía sencillo y muy dentro de él, sentía que se parecían.

—Paso adelante —Urahara se acercó a uno de los niños y le tomó de las muñecas —No seas tan duro contigo mismo, hijo. No puedes aprender todo en un día. ¿Oíste?

—Sí, señor.

Unas risas resonaron llegando a los oídos del rubio. El ojigris dirigió su mirada hacia el rincón y vio como Ichigo y Kon chocaban puños, se veían felices.

Luego, Ichigo se dirigió hacia el saco y comenzó a golpearlo.

—¿Señor Kurosaki? —Ichigo estaba concentrado en la vista que tenía desde la ventana, estaba de pie ahí, esperando a por Amane, al reconocer la voz de Nelliel se giró —¿Puedo hablar con usted un momento, por favor?

Ichigo introdujo sus manos en el bolsillo de su polerón, algo andaba mal —¿Qué sucede? —Nelliel comenzó a caminar hacia la salida de la sala de visitas e Ichigo la siguió —¿Amane está bien?

Nelliel siguió caminando sin decir nada, y una vez que ambos estuvieron fuera le dijo —No quiere verlo hoy.

Ichigo frunció su ceño —¿A qué se refiere?

—Que no quiere verlo el día de hoy —Ichigo no respondió —Lo lamento. Creo que debemos darle su espacio y respetar sus deseos.

Ichigo suspiró y apoyó su espalda en la pared que estaba detrás de él —¿Ella dijo eso?

—Así es.

Ichigo la miró y asintió. Se separó de la pared y comenzó a caminar hacia la salida. Nelliel observó cómo Ichigo se alejaba, podía sentir el inmenso dolor que aquel hombre sufría, en muy poco tiempo el hombre que todos conocían como el más fuerte en todos los aspectos, se estaba convirtiendo en nada. Sólo en un hombre que sufría la pérdida de su esposa y la indiferencia de su hija. Aquello era más de lo que cualquiera pudiera soportar.

El bar estaba vacío, a excepción de Urahara, el barman y otro hombre más. La televisión estaba prendida y decía "…en la pelea de anoche, Grimmjow Jaegerjacquez derrotó a Zaraki Kenpachi por nocaut en el cuarto asalto. Un nocaut increíble que dejó sin posibilidad de recuperación de Kenpachi. Grimmjow es el campeón de peso semipesado de la CMB, título que alguna vez fue de…"

Urahara sólo emitió un sonido con su boca. Sintió el sonido de la puerta unos momentos después, pero no le tomó importancia.

—¿Te casarías conmigo?

—Déjame ver mi agenda. Yo te avisaré —le dijo la mujer a la cual le había preguntado aquella insensatez. —Sostén mi mano. Esperaré por ti.

—¿Cómo estás? —la voz de Ichigo sonó a su lado. Era él el que había entrado hacía unos momentos. —Creí que no bebías.

—¿No puede un hombre tener nuevos hábitos? —Ichigo se sentó a su lado —¿Qué haces aquí? En serio, este es mi lugar.

Ichigo ignoró la pregunta y se dirigió a la mujer que ordenaba la barra —¿Podría darme un poco de agua?

—Claro.

—¿Agua? Beber es algo solitario. Muy solitario.

—Ayúdame. Solo intento…solo quiero tener una conversación.

—Yo solo…

—No quería volver a casa —Ichigo le interrumpió —Noventa metros cuadrados de nada, ¿entiendes? —La mujer dejó el agua frente a Ichigo y este lo tomó y bebió un poco.

—¿Tienes un plan?

Ichigo se le quedó mirando como si de repente le hubiese crecido otra cabeza —No sé a qué te refieres-

—¿Sabes qué harás con este entrenamiento que tanto necesitas? —Urahara se le quedó mirando en busca de una respuesta —¿Qué vas a hacer con eso?

Comprendiendo de qué iba todo, el pelinaranja respondió —Boxearé y recuperaré a mi hija.

—¿Y terminarás aquí otra vez?

—¿Qué quieres decir?

—¿Cómo llegaste aquí?

—Un maldito asesinó a mi mujer.

—¿Qué crees que hiciste tú para terminar aquí sentado? —Ichigo no respondió —¿Por qué mataron a tu mujer?.

A Ichigo aquella conversación ya no les estaba gustando, creía que el rubio estaba un poco ebrio como para mantener una buena conversación, además de que tampoco quería recordar él como habían matado a Rukia, siendo que la culpa había sido completamente de él.

—Mira, con todo respeto, no he estado durmiendo mucho. ¿Qué me estás preguntando?

—¿Qué sucedió?

—No sé. Ya te lo dije.

—¿¡Qué hiciste!?

—¿Por qué sigues preguntándome eso?

—¿Qué sucedió? —volvió a preguntar el oji-gris. Ichigo aún no respondía lo que él quería escuchar, aunque ni siquiera estaba seguro de si quería escucharlo o no.

—Ya te lo dije —el ceño de Ichigo estaba completamente fruncido.

—¿Por qué?

De verdad que no estaba entendiendo a qué diablos iba todo eso —No sé por qué. ¿Qué quieres decir con eso?

—No importa. Ni puedes oír la pregunta. —Urahara comenzó a reír.

—¿Por qué te ríes? ¿Qué te parece tan gracioso?

—Ni siquiera puedes, ni siquiera-

—¿Te parece gracioso? —Ichigo se levantó de su silla de forma brusca y se giró para retirarse, botando la silla en el proceso, generando un pequeño escándalo. —Desgraciado. Muérete —susurró.

—¿Ves eso? Eso es. Por eso es que estás aquí.

—¿Todo bien, Urahara? —el barman se acercó al rubio.

—Sí.

No pasó mucho rato cuando la puerta se volvió a abrir de un solo golpe. Era Ichigo de nuevo, apenas entró habló.

—Lo siento, lo siento.

—Amigo, no hagas cosas como esas aquí —le habló el mismo hombre que había manifestado preocupación por Urahara.

Ichigo se acercó a la barra y dejó un poco de dinero —Espero que estemos bien.

—Está bien, no necesitamos…—la mujer intentó frenar a Ichigo pero no logró nada.

El pelinaranja recogió la silla que había votado —Nadie quiere tu dinero —fueron las escuetas palabras de Urahara. —Y la acomodó de vuelta a su lugar de origen. —¿Qué quieres?

—Nunca fui de hacer planes, ¿entiendes?. Mi esposa hacía los planes por mí. Y mi hija…ni siquiera desea verme.

—Claro.

—Y siento que le he roto el corazón.

Pequeños flashes llegaron a su mente, eran de cuando había estado poniendo algunas pocas fotos que aún conservaba en las paredes del apartamento en el que vivía. En aquellas fotos salían Rukia y Amane.

—Es una jovencita, no una bebé. Está intentando defenderse sola. —Ichigo se apoyó en la barra y dirigió su mirada hacia cualquier punto menos a la cara de Urahara, tenía razón —Ella también perdió a su madre. Incluso si te odia, tienes que dejar que lo haga para que se sienta mejor, para que esté mejor. No se trata de tus sentimientos. —Ichigo estaba escuchando en silencio —Es decir, tienes que dejar que procese las cosas sin pensar que sus cosas son tus cosas. Luego puedes lidiar con la vida y esas cosas. La vida…boxear, o lo que quieras.