¿Cómo cojones podía ser tan jodidamente inútil? Solo tenía una misión, ¡una! No era tan difícil, joder.
Pero resultaba que era un puto idiota, lo que nos llevaba a que volviese a estar en ese puto ascensor, golpeándome la puta frente contra el puto espejo repetidamente. Y con fuerza.
Estaba a punto de quedarme sin las pocas neuronas que tenía cuando la puerta se abrió. Me precipité fuera del reducido espacio, yendo a estrellarme contra algo blandito y voluptuoso. Y extrañamente familiar.
-Ça va, Roma?- Preguntó una voz acentuada.
Ugh. Las tetas del apocalipsis. Alcé la vista para encontrarme con un par de ojos del color del puto cielo de París. Callaos. Claro que el jodido cielo de París es un tono particular.
La francesa se encontraba acompañada por Gillian, que estaba plantada tras ella, cruzada de brazos, con expresión intimidante. ¿Cómo coño habían bajado por las escaleras antes que yo en ascensor? Meh, dejémoslo en misterios literarios.
-Varguitas, tenemos que tener una asombrosa charla, tú, yo y la gabacha.- Declaró la albina, clavando en mí su mirada demoniaca. Tragué saliva.- ¿Te hacen unas cervezas?
…
Y así es como quince minutos después estábamos alrededor de una mesa, en nuestro bar de siempre. Solo que no era para nada como siempre. Solo estábamos Gillian, Françoise y vuestro italiano preferido (porque SOY vuestro italiano preferido, reconocedlo, no me digáis que el macarrón descerebrado me gana). Françoise se encontraba ligando con el camarero, mientras que la germana vaciaba su cerveza como si fuese agua. Y yo estaba ahí, con las dos miembros del BTT frente a mi, tratando de fundirme con el asiento.
-Bueno, bueno, Roma.- Dijo la francesa cuando el camarero desapareció tras haberle dado su número.- Creo que te debemos la oportunidad de dejar que te expliques... Porque espero que nos hayamos apresurado al juzgarte, de lo contrario me temo que nuestro Antoine va a volvernos locas otra vez.
-¿Otra vez?- Inquirí, sin querer alimentar demasiado la ligera esperanza que sus palabras me habían provocado.
-Otra vez.- Afirmó la de pelo plateado con un resoplido exasperado, haciendo un ademán.- Durante la uni pase, porque teníamos dieciocho y estuvo de puta madre toda esa locura que le entró, pero no creo que mi asombrosa persona aguantase otra ronda.
-¿De verdad chèrie?- Preguntó la francesa con una sonrisa maliciosa.- ¿La madurez empieza a afectarte al fin?
-Nunca, franchute, nunca.- Soltó una risotada.- Pero reconozco que hasta a mi grandiosidad le costaba seguirle el ritmo a Tonio esos años.
-¿De qué cojones estáis hablando?- Me atreví a preguntar, más curioso que molesto.
-De la última vez que Anton estuvo como lo vimos ayer.- Contestó Gillian, empezando su segunda jarra de cerveza.- Cuando la hija de puta austriaca, esa zorra toca pianos escoba en el culo,- tenía que reconocerle a la albina que casi superaba mis propios insultos dirigidos a esa mujer- le dejó durante la graduación.
-Ah, Gil, tú tenías a Sophie en tu lista negra desde antes de lo de Antoine.- Comentó Françoise con desgana.
-¡Esa perra estirada me robó el puesto en la banda de música!- Refunfuñó la germana.
-Teníais diez años, mon amie.
-¡Y ya era una hija de puta! ¡Punto a mi favor!- Exclamó Gillian triunfalmente.- Le dije a Tonio que la plantase.
-Pero, por supuesto nuestro Toñito tiene la cabeza más dura que el cemento armado.- Suspiró la rubia.- Y por primera vez se enamoró de verdad, y de la preciosa Sophie, ni más ni menos.
-Solo que a doña palo en el culo le iban más las tetas.- Soltó Gillian, malhumorada.- Y no se le ocurrió mencionárselo a su novio durante ningún momento durante el largo año que salieron. Todo para tener contentos a sus nada geniales papaítos y amiguitos pijos.
-Y ahí quedamos nosotras para recoger los trozos del corazón de Antoine cuando se descubrió el pastel.- Finalizó Françoise, pausando y clavando su mirada en mí.- Nuestro Toño es una persona de emociones fuertes, suele sentir las cosas hasta los extremos.- Explicó, sin apartar sus ojos de los míos.- Cuando está feliz es todo alegría y nada lo echará abajo, ya lo has visto, por suerte suele estar en ese punto. Pero cuando está triste o enfadado… lo está de verdad.
-Y que me jodan si no lo estaba cuando acabamos el instituto.- Espetó la chica de pelo corto, rodando los ojos.- Estar con él era como una ruleta rusa constante. No sabías qué día se despertaría en plan depresivo/no-tengo-ganas-de-vivir, o cuando iba a estar en modo quiero follarme al mundo y drogarme hasta que no sienta los dedos. Pasaba de estar en lo más alto a hundido en la mierda.
-Oui, esos dos primeros cursos en la universidad fueron intensos.- Suspiró la francesa, con la mirada perdida.- A veces no parecía él mismo.
-Por no hablar de cuando estaba en plan si me miras más de cinco segundos te pego una hostia.- Añadió Gillian, con una mueca.
-Lo que queremos decir, Romano.- Dijo la rubia, volviendo a centrarse en mí.- Es que la última vez que Tonio metió su corazón en una relación acabó en caída libre durante dos años. Y créeme cuando te digo que mon chère ami se ha metido hasta el fondo en lo que quiera que fuese que había entre vosotros.
-Ja. Debió de ver algo en ti, Varguitas.-Interrumpió Gillian, con una sonrisa de vampiro.- Algo que yo y mis fabulosos ojos no vemos. Pero bueno, Tonio siempre ha tenido un gusto bastante poco asombroso.
-¿Me… me estáis diciendo que de verdad Toni me… me quiere?- Farfullé, bastante chocado.
-Quería.- Precisó Gillian, con la boca llena de patatas fritas. La francesa le dio un codazo.
-La pregunta, petit, es: ¿qué sientes tú?- Inquirió Françoise.
-He sido un idiota.- Dije, con firmeza, por sorprendente que esto parezca.- Estoy enamorado de ese bastardo.
No podía creérmelo. ¡Lo había dicho! Merezco pizza gratis el resto del año. O algo.
Lo había dicho, y de seguido, sin vacilar, en voz alta, con gente delante, gente que no era Feliciano. En esos momentos me besaría.
Al parecer las dos miembros del famoso trío no estaban de acuerdo.
"¡ZAS!"
De pronto tenía en la cabeza el cuenco de las patatas fritas y su contenido en la cabeza, con migajas cayéndome en la cara.
-¡Pero qué hostias…!- Exclamé.
-Eso es lo mínimo que mereces, mon amour.- Comentó la francesa con ligereza, limpiándose la mano con la que me había lanzado el puñetero cuenco. Joder. Tenía la puta velocidad de un jodido ninja. Lo habría esperado de Gillian, la verdad, pero no de la modelo rubia.
-¡Jo, Franny! ¡Iba a hacerlo yo!- Se quejó la germana, poniendo morritos.
Parpadeé y me limpié el pelo como pude.
-Por mucho que odie admitirlo, patatera y bastarda pervertida, por una vez tenéis razón: lo merecía.- Rezongué.
Ambas asintieron casi a la vez.
-Y ahora vas a tener que explicarnos qué haces saliendo con otra persona cuando estás enamorado de nuestro Toni.- Demandó la rubia, con una sonrisa que daba escalofríos. A Feli, quiero decir. A mi no. Para nada.
-No… no estoy con nadie.- Solté, frunciendo el ceño.- Solo lo dije porque pensé que así conseguiría bloquear a Toni.- Vi sus miradas interrogantes y suspiré pesadamente. Joder. Iba a tener que contarles a esas dos mi patético proceso mental. Ya habría sido lo suficientemente malo tener que decírselo a Antonio. Aunque no lo había hecho. Aun.- Me daba puto miedo, ¿vale?- Solté, malhumorado.- Puede ser que me acojonase el sentirme tan vulnerable, y pude ser que hiciese la gilipollez de contar toda esa mierda a la prensa para alejarme de él y evitar los putos sentimientos. Hipotéticamente todo.
La francesa se reclinó en su asiento, pensativa. Gillian se dedicó a quitarme patatas que aun quedaban en mi pelo para llevárselas a la boca y masticar sonoramente.
-Así que… -crunch, crunch-… déjame ver si lo he pillado -crunch. Noté un puto tic en el ojo.- Estás colado por Tonio, pero por algún motivo decidiste que lo que hay que hacer cuando te gusta alguien es echarle mierda encima y huir a toda velocidad, en vez de.. no sé -crunch- decirle que le quieres y demás.
-Uhm.- Murmuré, poniéndome rojo.- La cagué. Lo sé. dejad de echarme la puta bronca, tengo que hacer algo.- Dije, frenético, pensando en la cara destrozada que Antonio había tenido cuando hablamos.
-Vamos a ver…- Dijo la rubia, evaluándome con los ojos.- Sabes que Tonio no va a querer nada contigo, no después de lo que has hecho.- La germana cruzó una mirada cómplice con su amiga.- Pero podéis arreglar las cosas, al menos puedes disculparte y no quedar como un capullo.
-¡Sí! ¡Vale!- Exclamé, casi interrumpiéndole, con un ligero tono de desesperación en la voz que me hizo fruncir el ceño al oírlo.- Yo…- Carraspeé.- Toni no se merece las mierdas que le he hecho y…- tomé aire.- Si pudiera aunque solo fuera volver a ser su puto amigo… Solo quiero que me perdone. Que vuelva a estar bien, como el idiota feliz que tiene que ser, joder.- Acabé casi farfullando.
Las dos chicas volvieron a mirarse entre ellas, esta vez con sendas sonrisas enteradas. ¿Qué cojones me estaba perdiendo yo ahí?
-¡GENIAL!- Exclamó Gillian con una risotada, dándome fuertes palmadas en la espalda que me hicieron escupir la asquerosa cerveza que había bebido por puro nerviosismo.
-¿Q-qué?
-Ahh, Romanito.- Suspiró la francesa, sin dejar su sonrisa aun lado y recuperando el típico tono pervertido que la caracterizaba y que había estado notablemente ausente durante toda la conversación.- Deja a tu francesa preferida abrazarte, chère, hon hon hon.- Dijo, melosa, espachurrándome contra sus pechos mortales y llevando (cómo no) una de sus manos lentamente hacia mi culo, dándole un pellizco que me hizo pegar un brinco.
-¡¿Pero qué coño?!- Grité, apartándola como pude.- ¡¿Parecíais a punto de estrangularme y ahora somos los putos mejores amigos?!
-¡Roma!- Gritó la de pelo platino, con gesto fingidamente triste.- ¡Nos ofendes! ¿Cuándo hemos dejado nosotras de ser tus asombrosas amigas?
-Eh… ¡no sé! ¿durante todo el rato hasta hace dos putos segundos?- Chillé, sarcástico.
-Tsk, son prioridades, Varguitas, nada personal, pero Toni es nuestro hermano.- Dijo Gillian, con un ademán para quitarle importancia.
-Ah, la amistad.- Exclamó dramáticamente la francesa, llevándose una mano al corazón.- A veces es necesario hacer estas cosas. No podíamos dejar al amorcito de nuestro Toni sin testar.
-Y no íbamos a dejar que nuestro sensible españolito volviese a hundirse en la mierda si todo era, como parecía, un malentendido. Por eso hemos venido a buscarte, porque somos así de geniales, yo especialmente.- Declaró Gillian, bebiendo su tercera… no, cuarta, cerveza.
-Sinceramente, Romanito, solo con ver como os mirabais estaba claro que os acabaríais entregando el uno al otro, cayendo en los brazos de l'amour.- Y yo pienso que soy dramas. Esa francesa me dejaba como si fuese pura serenidad y todo.- Aunque reconozco que al principio pensamos que ibas a acabar destrozando a Antoine (no nos equivocábamos tanto, si por ti fuera), y puede que nos opusiésemos un poco.- Recordé la conversación que escuché en la discoteca y alcé una ceja. "Un poco", decía. Ja.- Pero luego vimos claro que tú estabas igual por él que él por ti, y que los únicos que no se daban cuanta erais vosotros. Y lo esperaría de Tonio, porque es así con estas cosas, pero tú, Roma, qué decepción.- Sacudió la cabeza con teatralidad.
-Los dos sois idiotas.- Resumió Gillian.- Pero da igual porque aquí estamos nosotras para ayudaros con nuestra fantástica fantasticidad.
-Ayudarnos.- Repetí, inexpresivo. Culpad al shock.
-Por supuesto, en un par de días habrás vuelto a ganarte a Toñito. Aunque no te confundas, Vargas, aun estamos cabreadas contigo por hacerle sufrir así.- Dijo Gillian, de nuevo seria.- Pero bueno, hemos comprobado que no era con mala intención, sino porque eres bastante gilipollas con el tema sentimientos. Así que te aprobamos, ¡enhorabuena! Ahora cuentas con nuestra increíble ayuda.
Las miré con desconfianza. ¿Esas dos me iban a ayudar a arreglar las cosas con Toni? ¿A declararme y lograr que cayese rendido ante mi encanto italiano? ¿A que me perdonase por ser un auténtico imbécil?
¿De verdad estaba tan desesperado como para aceptar la ayuda de semejantes peligros públicos?
No tuve que reflexionar mucho para saber la respuesta: sí. Rotundo. Eran las mejores amigas de Toni, al fin y al cabo. Cualquier cosa con tal de reconciliarnos. O al menos evitar a un Antonio depresivo y bipolar como Françoise y Gillian me habían descrito. Y si yo sobraba de su vida pues… tendría que joderme. Con tal de borrar de su rostro esa expresión amarga.
Pausemos un instante para admirar mi creciente madurez emocional. ¿Increíble, verdad? ¿Veis cómo iba avanzando? Ahh, sí. Podéis mandarme vuestra eterna devoción y respetuoso aplauso. Sé que lo merezco.
-¿Qué tenéis pensado?- Inquirí, inclinándome hacia ellas sin pensar, casi ansioso.
-Kesesese. Nuestro Roma no puede esperar.- Rió Gillian.
-Quiere volver a estar entre los fuertes brazos de Tonio y volver a tener ese fantástico culo obra de ingeniería divina entre sus manos.- Suspiró la francesa, con una sonrisa malvada.
-Ugh.- Gruñí.- Callaos.
-Venga, Varguitas, sabemos que nos quieres con locura. Además tenemos un plan asombroso.- Comentó la de pelo plateado, con expresión creída.
-Ah, ouais. C'est vraiment fantastique.- Coincidió la modelo francesa.- Será en la fiesta tras la premiere del viernes.- Comenzó a explicar, con gestos grandilocuentes.- Antoine estará allí, vestido con un apretado traje que resaltará esa retaguardia tan…
-Queda claro, Franny, límpiate las babas.- Interrumpió la germana.- En fin, conociéndole, estará deprimido por tu culpa.- Traté de protestar, pero me calló con un ademán.- Así que a nosotras dos, el escuadrón Pollo Alfa, no nos costará llevárnoslo a beber. Y de ahí a la pista de baile hay un paso.
-¿En serio? ¿Escuadrón Pollo Alfa?- Gruñí, enterrando la cabeza entre las manos.
-No cuestiones la genialidad.- Contestó Gillian, con talante ridículamente altivo. Emití un bufido.- El caso es que Anton estará más vulnerable que nunca, en medio de todos esos famosillos que bailan. El escuadrón Pollo Alfa emprenderá una retirada sutil. Y ahí entrarás tú.
-Retirada sutil, dice.- Refunfuñé por lo bajinis.
-Gil, ¿desde cuándo he accedido yo a lo de Pollo Alfa?- Preguntó la rubia, con una ceja alzada.
-Desde que dijiste que poner un nombre era "demasiado ridículo e infantil" para ti. Te dije que iba a ser necesario.- Sonrió ampliamente, mostrando los colmillos.- Y ahora a callar, franchute, que estoy explicando.
-Pensaba que éramos el Bad Touch Trio.- Se quejó la modelo ojiazul.
-Eso solo cuenta si está Tonio, y esto es una misión objetivo Tonio, así que obviamente no podemos ser el BTT, como mi intelecto superior ya había deducido. Y por eso: Escuadrón Pollo Alfa. Una vez demostrado mi ingenio dejad de interrumpir mi genial exposición.- Aclaró Gillian, hinchando el pecho con orgullo o algo. Juro que esa mujer deja a Narciso como un hombre sin amor propio en comparación.
Me costó un poco procesar, centrado como estaba en flipar mentalmente con el ego de la albina loca. Ooohh. Bad Touch Trio. BTT. No lo habría adivinado en la puta vida. Supongo que por algún extraño motivo que no alcanzo a comprender tiene sentido. Por jodidamente ridículo que sonase. Un misterio menos. Ahora veo la vida de otra manera (no).
-¿Así que pretendéis que entre en la pista de baile y…?- Pregunté, dejando la frase en el aire, interrogante.
-Y, tras tu entrada dramática, Tonio se gira lentamente, encontrándose cara a cara con el hombre que amó y le traicionó, sus miradas verdes (o lo que sea la tuya) se cruzan.- Empezó la rubia, con la mirada soñadora y la sonrisa pervertida.- Los corazones se paran. El aliento se atrapa en las gargantas. "Lovi", dice Antoine. Y el joven italiano deja atrás su orgullo y sus miedos al oír la voz de su amado llamando su nombre. Se lanza a los brazos del bello español. Y en medio de esa masa de famosos, cámaras y periodistas, se olvidan de todo, entregándose apasionadamente el uno al otro.
-¿Realismo, alguien?- Preguntó sarcástica Gillian, mirando a su amiga francesa con una ceja alzada.- ¿El drama o la vida?- Inquirió burlona, apuntándole con una mano a modo de pistola.
-¡La vida!- Exclamó teatralmente Françoise, llevándose una mano a la frente y dejándose caer en su asiento, quedando como desfallecida, con un brazo colgando dramáticamente, rozando el suelo.
-Vosotros los mediterráneos.- Comentó Gillian, sacudiendo la cabeza y poniendo los ojos en blanco.
-¡Eh! No me metas en el mismo saco que la bastarda pervertida.- Dije, mirándola con los ojos entrecerrados.
-Bah, en el fondo eres igual. Como Tonio. Sois todos unos melodramáticos sobre-emocionales. Kesesese.
-Pf. Ni caso, Romanito, es solo porque ella con toda su "genialidad" no ha podido ni decidirse a declararse a su rubito canadiense.- Me contó la francesa, con tono de secretismo.
-¡No metas a Mattie en esto! ¡No tiene que ver! ¡Lo haría si quisiera! ¡Por supuesto que lo haría! ¡De forma asombrosa, además! ¡Mattie caería rendido!- Exclamó la germana, casi farfullando. Alcé una ceja incrédulo. Un tema capaz de dejar a esa loca farfullando merecía mi respeto.
-¿Y por qué no lo haces, Gil?- Preguntó con fingida inocencia y una caída de ojos la rubia.
-¡Porque no! ¡Pero podría! ¡Y lo haré! ¡Scheiße! ¡NO ESTÁBAMOS HABLANDO DE ESTO! ¡El tema es Tonio!- Gritó la de pelo corto, con un ligero tono rosado en sus blancas mejillas. Si no fuese por lo ansioso que me encontraba pensando en Toni me habría reído.
Voy a ahorraros otra hora de conversación bastante surrealista, durante la cual trazamos la Operación Tovino. Por Toni y Lovino… Juro que no fue cosa mía. El caso es que por fin pude escapar de entre sus garras. Ellas volvieron al ático de Françoise, del que al parecer el propio Toni les había echado tras nuestra discusión, muy cabreado con el mundo en general. Y ellas entendieron que necesitaba espacio y que era mejor no lidiar con él en ese estado, tenían experiencia. Según dijeron, a esas alturas, probablemente a Antonio se le habría pasado la fase iracunda, habría destrozado parte del piso y luego, muy arrepentido habría entrado en la fase depresiva y de auto desprecio, en la que habría tratado de limpiar y se disculparía mil veces con ellas por enfadarse antes. Así que era el momento de estar ahí como apoyo moral, para consolar a "su Tonio".
Me duele reconocerlo pero eran buenas amigas. Mejores de lo que yo había sido para él. Eso seguro, teniendo en cuenta cómo había huido e ido a la prensa sus espaldas, sin contar con que incluso antes de eso nunca he sido la puta alegría de la huerta precisamente, y sé que es jodidamente difícil lidiar conmigo, y Toni lo hacía y yo... Mierda. Mierda. Uf. No, Lovino, no. No iba a llorar ahora.
Pero lo cierto es que una parte de mi quería hacerse bolita y llorar desconsolada. Toni me odiaba. Había estado conteniendo el llanto durante todo lo que duró la planificación con el… Escuadrón Pollo Alfa. Pero ahora estaba solo, en mi casa. Así que dejé que un par de lagrimones solitarios se deslizaran por mis mejillas. ¿Y si el plan no funcionaba? Toni me odiaría para siempre. Yo moriría por dentro y él estaría mal por mi puta culpa.
Pero otra parte de mi, estaba en pie, con actitud luchadora. Iba a recuperar a mi bastardo. Iba a hacer las cosas bien. Me iba a ganar de nuevo su confianza. Iba a demostrarle que le quería. Que yo también podía luchar por nosotros. Por él. Eso es. Porque al fin y al cabo soy el puto amo, enamorado o no. Esa es la parte de mi a la que tenéis que mandar pizza.
Así que, voy a hacer las cosas más ligeras para vosotros y menos llenas de italianos en modo intermitente entre inseguro y sintiéndose una puta mierda a lleno de confianza y determinación. Porque os aseguro que esa era la situación. Parecía una puñetera montaña rusa de las emociones: "Bienvenidos a Lovino en Crisis, por favor, abróchense los cinturones y no saquen brazos ni piernas, esperamos que el viaje les deje con el estómago en la boca". Mostrando de nuevo mi magnánima benevolencia os voy a ahorrar el puto dolor de semana que pasé esperando a poder llevar a cabo el plan.
Por no hablar de Gillian y Françoise. Un jodido grano en el culo, eso es lo que eran esas dos. Aunque reconozco que de verdad estaban intentando ayudarnos. Ayudarme. Querían lo mejor para Toni, y por eso mismo no podía cabrearme con ellas. Por mucho que me jodiese aguantar su fijación con vacilarme y sus dramas, toqueteos salidos o monólogos creídos. Dejo que vosotros mismos deduzcáis qué hacía cada bastarda. No es difícil.
El caso es que el pobre Feli tuvo que aguantar varios viajes en "Lovino en Crisis". Admito que mi fratellino demostró tener toneladas de toda esa paciencia que debió tocarle a él en el reparto de genes. Lo aguantó, no estoicamente (porque estamos hablando de Feli), pero sí con empatía, al menos. Lo que quiere decir que más veces de las que quiero reconocer (tengo mi dignidad, aunque escasa), acabamos los dos llorando teatralmente, yo lamentándome y muriendo de nervios, y él… no sé, lloriqueando y llamando al macho patatas para decirle todo lo que le quería. Es un jodido nenazas (y no, yo no lo soy, ni lo penséis).
También uní a Eliza en mi genial espiral y descenso a los avernos. Lo cierto es que fue sorprendentemente comprensiva. No le conté TODO porque nadie en su sano juicio le contaría todo a esa húngara loca, pero le conté la historia por encima. Y acabó medio uniéndose a la misión dirigida por las bastardas amigas de Toni, que, pese a mi inicial escepticismo, aceptaron a mi mánager como aliada, en vez de lanzarse a su garganta como esa vez en la discoteca. En fin. Los tempos cambian, supongo.
Pensaréis que el resto del equipo quedó más o menos fuera del drama, ¿verdad? Pues NO. Parecían putas vecinas chismosas. De alguna manera (co, cof-Gillian-cof, cof), todo dios se enteró de esa telenovela, al parecer súper entretenida, que se estaba desarrollando entre Antonio y un servidor. Así que ya no me extrañé mucho al recibir la decimoctava llamada de uno de mis compañeros, para preguntar "casualmente" qué tal me iba la vida. Eran todos unos hijos de puta cotillas y poco sutiles que se creían maestros del disimulo. Hasta la jodida Lucia me llamó. ¡Lucia! Si incluso nuestra gélida productora estaba enganchada a este culebrón imaginad el resto. Las escusas variaban: desde el clásico "qué tal todo Roma", o "te llamaba porque quiero comprobar tal escena", o "tenemos que comentar sobre la premiere, por trabajo claro", hasta el "¿has visto los periódicos, tío? ¡Qué putada para Toni! ¡Y para ti, tío, Roma! ¿Cuál era el plan de reconquista entonces?", sí, eso último era Amelia Jones. La sutileza personificada.
Así que para cuando por fin llegó el día digamos que más o menos ABSOLUTAMENTE toda la cadena estaba en el ajo.
Genial, más presión para Lovino. Como si tuviese poca.
No quería ni pensar en cómo iba a acabar todo esto.
En fin, no me quedaba otra que echarle huevos.
Operación Tovino, allá vamos.
Eiii...
SIENTO LA TARDANZA. MUCHO. Pero últimamente no tengo tiempo para NADA. O sea que puede ser que lo de ir subiendo caps vaya más lento a partir de ahora :( Es lo que tiene diciembre, es un mes HORRIBLEMENTE ocupado (Y sí, estoy ABUSANDO de las mayúsculas).
A parte de eso sigo luchando contra mi falta de inspiración/ganas, de momento voy ganando (creo) (espero)
Perdón perdón si no contesto a vuestras reviews! Os juro que las leo (y me alegran la vida) pero es que NO TENGO TIEMPO. Y sé que suena a triste escusa, pero es la aun más triste realidad jajajaja (matadme)
MIL GRACIAS por la paciencia presente y futura, y por los que seguís, tenéis esto en favoritos o simplemente leéis! (;
Ciao, ciao
