Bueno.

Parte positiva: más no podía cagarla, así que ahora solo podía ir hacia arriba, ¿no?

O podía hundirme tanto en la mierda que alcanzaría el punto de no retorno, más allá de lo que cualquier persona normal ha logrado nunca en la historia de las cagadas monumentales.

Sí, ser optimista no es lo mío, qué coño queréis que os diga.

Entenderéis que tenía el puto corazón en la boca cuando llegó el momento de la jodida fiesta. Pero por supuesto no iba a dejar que se notara.

Me las había apañado para superar las entrevistas y las puñeteras fotos con la perfecta sonrisa torcida/seductora marca de Lovino Romano Vargas, presentador. Y tan falsa que dolía. Estaba teniendo varias muertes cerebrales a la vez, y solo la práctica evitó que me pusiera a chillar histéricamente. Porque Antonio estuvo a mi lado ante las cámaras la mitad del tiempo. Y decir que la tensión era como un puto monstruo gigantesco sentado entre nosotros sería suavizar mucho. Mucho. Creedme.

Toni mantenía una actitud relajada, sonriendo de forma encantadora, como si no tuviera ni un solo problema en el mundo. Y si le conociese un poco menos me lo habría tragado. En serio. Podría ser actor profesional, había perdido su gran llamada en la vida. Pero detrás de esa sonrisa sus ojos verdes estaban apagados. A veces mantenía la expresión feliz demasiado rato, como si se olvidase de que la tenía puesta y no supiese cómo reaccionar a tiempo. Como si tuviese la mente centrada en otra cosa… Otra cosa siendo probablemente estrangularme con sus propias manos hasta que le suplicase por mi vida o algo. Podéis apostar a que yo no habría opuesto resistencia, me lo merecía bastante, la verdad.

Pero pese a su fachada, lo cierto era que podía ver la tensión acumulada en la forma en la que flexionaba las manos en movimientos espasmódicos, controlándose para no cerrarlas en puños. Apretaba los dientes más de lo habitual, parpadeaba menos. No me miraba si podía evitarlo, y cuando lo hacía sus cara se congelaba en lo que para mí era claramente una parodia esperpéntica de su habitual sonrisa. Pero reconozco que solo pude ver estos signos porque los estaba buscando, no me cabía duda de que el mundo entero se creería la fachada de despreocupación. Quién lo diría, pero mi bastardo de los tomates era un mentiroso profesional.

De alguna manera Toni se las apañó para esquivar todas las preguntas a cerca de nuestra supuesta relación casual, guiñando un ojo con ademán pícaro y desviando el tema de nuevo hacia el programa. Era admirable. Cualquiera diría que estaba en el mejor de los estados de ánimo.

Yo no lo hice mal tampoco, no es por echarme flores ni nada, pero soy el puto amo toreando a la prensa. ¿La última vez que me puse ante sus micrófonos del mal fue catastrófico? Sí. ¿Pero aun podía sonreír y saludar como un campeón? Joder, sí. Esa era mi vida, al fin y al cabo. Lo mínimo que podía hacer era seguir adelante y no montar un numerito. Delante de ellos al menos. Porque soy muy dado al montar numeritos, no sé si lo habéis notado, pero lo reservaba para cuando estuviese a solas con mi bastardo.

El caso es que por fin llegó el momento de la fiesta.

Tenéis que poneros en situación para comprender lo jodidamente increíble que fue mi calculadísima entrada triunfal en la gran sala en la que tenía lugar la celebración.

Todo estaba pensado al detalle.

Sabía perfectamente la distribución del lugar, con la barra al fondo, las mesas, los camareros, la pista de baile, las luces, etc. Sabía hasta dónde se sentaría cada famoso, cada miembro del equipo. Sabía dónde iba a estar Antonio. El escuadrón Pollo Alfa (no sé por qué les sigo el rollo con su estúpido nombre) se había encargado de asegurarse de que tuviese toda la información grabada a fuego en mi cabeza. Todo iba a salir a pedir de puta boca.

Así que voy a llevaros de la mano en un vistazo a lo que debió de ver el mundo cuando llegué. El puto amo, rey indiscutible de la fiesta, el gran e inimitable Lovino Vargas. Joder, sueno como la puta bastarda patatera. Demasiado tiempo sometiendo mis oídos a su incesante fanfarroneo.

En fin. Descripción en tercera persona, allá vamos:

La fiesta estaba bien, una música suave flotaba en el aire, acompañada por los murmullos de mil conversaciones distintas. Nadie estaba borracho todavía, pero la noche iba a ser larga y todos tenían claro que iba a ser una fiesta de las que recordarían toda la vida. Antonio se encontraba en una de las mesas asignadas con Françoise y Gillian, que charlaban animadamente, mientras él forzaba sonrisas a todos los que le saludaban y felicitaban por el programa. Estaba harto de aquello y solo quería largarse. Apenas atendía a lo que sus amigas le estaban diciendo.

Pero entonces, justo cuando estaba a punto de poner una mala excusa y salir de allí, una oleada de expectación pareció sacudir toda la sala. Los murmullos excitados se intensificaron y todas las cabezas giraron hacia la entrada, donde los seguratas trataban de contener el gran tumulto que parecía haberse generado fuera. Los gritos de los fans se oían desde allí, y podían ver los flashes de las cámaras. La música sonaba más alta y había cambiando a un ritmo intenso, sensual y marcado, de esos que pegan como banda sonora para un personaje sexy y peligroso caminando de manera super chunga (y ese era yo, pero no dejéis que este paréntesis os saque de esta fantástica recreación en tercera persona).

Los focos apuntaron a la puerta de entrada y el coro de gente se abrió casi reverencialmente para dejar paso a una figura que irradiaba confianza y atractivo. Lovino Romano Vargas hizo su gran entrada en escena, vestido con un impecable traje color gris perla a medida y una camisa negra con los dos primeros botones desabrochados, a la última moda recién salida de Milán. Zapatos de diseño italiano, pelo oscuro levemente echado hacia atrás, con algún mechón casualmente cayendo sobre su frente.

Con un ademán se quitó las gafas de sol, sonriendo de lado. Los gritos en el exterior se elevaron aun más, y todo el interior de la sala irrumpió en aplausos, las cámaras fuera y dentro disparando sin parar.

Lovino ignoró el tumulto general, caminando hacia la mesa en la que el director de su programa y dos tipejas le miraban boquiabiertos. La sala parecía fluir a su paso. El sexy presentador italiano objeto de deseo de medio mundo se detuvo ante Antonio Fernández Carriedo, dirigiéndole una seductora sonrisa irresistible. La sala entera contuvo el aliento. Su director le miraba ojiplático.

Lovino Vargas acentuó su sonrisa ladeada. El español abrió y cerró la boca varias veces.

-¿Bailas?- Preguntó Lovino Romano Vargas, con un guiño, voz suave, todo su seductor acento napolitano impregnado en una sola palabra. Todos los ojos estaban concentrados en las figuras de los dos hombres más atractivos del recinto. La música pareció pausar, las luces centradas en ellos.

-¿Pero de qué hostias vas?

Je.

Je.

Vale, fin de la tercera persona. Que manera de cortar el rollo.

Joder. Esto no entraba dentro del plan, se suponía que Antonio iba a caer rendido ante mis encantos, no a mirarme como me estaba mirando, sus ojos verdes chispeando con enfado, clavados en mí, indignación saliendo de su persona en putas oleadas. Casi podía sentirlas, echándome hacia atrás, fustigándome. Mierda. Mierda. SOS. Misión abortada.

Sentía el pánico saliendo libre de la jaula en la que lo había tenido encerrado.

La sala entera volvió discretamente a sus asuntos, percibiendo la tensión palpable entre ambos. Un detalle por su parte, si no fuera porque estaba bastante seguro de que al menos todo nuestro equipo seguía con la oreja puesta en nuestra conversación. Creo que vislumbraba a Eliza asomada detrás de un sospechoso arbusto demasiado cercano a la mesa.

Mi mirada saltó hasta las bastardas amigas de Toni, gritando socorro en silencio. Françoise parecía tan sorprendida como yo, y movió los labios diciendo algo así como "improvisa", Gillian me dirigió una sonrisa de vampiro y se encogió de hombros, la muy cabrona.

Toni me miraba entrecerrando los ojos, parecía más que furioso. Oh, Dio. ¿La había cagado aun más?

Uhm. Como comentario a parte es mi deber añadir, para deleite de vuestra vívida imaginación, que el bastardo tomate estaba especialmente increíble esa noche. Puede que estéis hartos leerlo, pero os jodéis porque para algo soy yo el que escribe. Y ohjodermecagoenlaputísimamadredetodo por qué tenía que ser tan estúpidamente atractivo. En serio, no era justo para el resto de la jodida humanidad que el rompiese todos los putos moldes. Alguien debía de haberse encargado de su vestuario para la ocasión, porque conozco lo suficientemente bien a Toni como para saber que no sabría conjuntar ni aunque le pagasen. Tengo mis sospechas de que es daltónico o algo, porque no es normal que un ser humano crea que se puede llevar amarillo chillón, rojo intenso y verde fosforito pretendiendo no provocar sangrados de ojos. Pero en fin, estoy desvariando. El caso es que alguien tenía muy buen gusto, porque Antonio llevaba un pantalón y chaleco negros, camisa verde oscuro y corbata también negra. Y madona mia. El color verde había sido inventado para ese idiota. Y los pantalones ajustados. Oh, sí. No era ningún secreto que el culo de Antonio merecía varios monumentos. No podía verlo (estaba sentado), pero yo también tengo una imaginación bastante creativa, y, por cómo los pantalones se amoldaban a sus muslos, solo podía imaginar cómo sería por atrás. Ah, joder, que injusto era que ese pelo revuelto le quedase sexy y no como un puto vagabundo. Y esos labios hechos para sonreír, su piel morena y… Oh, dio. ¿Cómo podían ser tan verdes sus ojos?

Mmm. El caso es que puede que estuviese un poquito distraído por Antonio en general. Lo que no ayudaba para nada. Sobre todo cuando esos mismos ojos me miraban con enfado, esperando una respuesta.

-Uhm…- Bien, Lovino, de nuevo mi elocuencia al rescate.

-No sé qué pretendes ahora, llegando como si nada, disfrazado con tu persona televisiva, como si no te conociera más allá de eso.- Espetó Toni, cruzándose de brazos.

-Uh… Yo no…- Os juro que no sé dónde está mi famosa bocaza cuando la necesito.

-¿No dejamos las cosas bastante claras?- Preguntó entre dientes, bajando la mirada.

Tomé aire.

-Antonio.- Era el momento, iba a arreglarlo todo de verdad, esta vez sí. Iba a darle una puta explicación de una vez. Pero entonces, por algún motivo, en vez de ponerme a hablar como debía, mi mano se movió sola, agarrando una copa de la bandeja de uno de los camareros.- ¿Uh, vino?- Pregunté, con un pequeño encogimiento de hombros, pasando de mi oportunidad para aclararlo todo como un idiota.

Ya. Sí. No lo sé.

Si las miradas mataran, juro que habría caído fulminado. No solo por la de Toni, que parecía entre cabreado y desconcertado, sino por las miradas de incredulidad y vergüenza ajena de las bastardas y de los miembros del equipo a la vista. Todos tenían cara de "¿pero qué cojones, Lovino? Esperaba más de ti eres una vergüenza para este Escuadrón". Parpadeé un par de veces. Uno cree que ya no puede sorprenderse a si mismo con su estupidez y pasa esto.

-Creo que me voy. No me encuentro bien. Disfrutad de la fiesta, chicas. Lovino.- Dijo de pronto Toni, levantándose y sonriendo tensamente a sus amigas, sin siquiera mirarme al decir mi nombre.

Y por supuesto, siguiendo con mi fantástico papel de imbécil del día me quedé viéndole, boqueando como un pez.

-¡Tonio! ¡No puedes marcharte!- Gritó Françoise, saliendo de su estupor y agarrando de la muñeca a su amigo.

-Claro que sí.-Contradijo Toni, al parecer muy concentrado en clavar cuchillos imaginarios a la mano de la francesa con la mirada.

-¡No, claro que no Anton! ¡Eso sería desasomborso!- Se unió Gillian.

-Eso no es una palabra, chère.- Murmuró la modelo rubia.

-No es el momento de ser una nazi ortográfica, rubita.- Replicó la chica de pelo plateado, volviendo a concentrar su atención en el español y su intento de fuga.- No puedes irte, Toño. Es tu fiesta. El genial director no puede faltar.

-Creo que todo el mundo está lo suficientemente borracho como para que no se note mi devastadora ausencia.- Espetó Antonio, sarcástico. Y dejadme deciros algo: Toni siendo ácidamente sarcástico era una mala señal. En ese momento pareció fijarse en algo en la distancia.- ¡Mirad! ¡Es Arthur potándole encima a Jones!- Gritó de pronto, señalando a un punto tras las bastardas.

Y por triste que esto suene las dos se giraron, cayendo en la falsa distracción y dándole a Toni el segundo que necesitaba para zafarse del agarre de la francesa.

Y así mi bastardo se sacudió de encima a sus amigas y emprendió una rápida retirada, casi corriendo hacia la salida.

-No veo al cejas por nin… ¡mierda!- Exclamó Gillian, dándose cuenta de la estratagema y de la desaparición (sorpresa) de Toni.

Qué puedo decir. Queda demostrada la brillantez del Escuadrón Pollo.

Lo peor de todo esto es que yo estuve todo el rato con la mirada clavada en él, paralizado como la mierdecilla que soy.

-¡Detenedle!- Gritó Françoise hacia los arbustos.

Y de verdad no debería haberme sorprendido, pero cuando PUTAS VEINTE PERSONAS salieron de debajo de las macetas, casi me caigo del susto.

-¡Veee, a por él! ¡No dejéis que escape! ¡Por fratellooooo!- Gritó Feli, agarrado a la espalda del tanque alemán, cabalgándole (AG imagen mental AG, AG, AG), hacia el español prófugo.

-¡Agarrad ese culo huidizo!- Animó Eliza, blandiendo una sartén, con ramitas de arbusto enganchadas en el pelo. Y, honestamente, lo de la sartén no lo vi venir. Pero llega el punto en el que uno deja de preguntarse qué cojones pasa con su vida y acepta estas mierdas tal cual llegan, sin cuestionarse de dónde cojones saca tu manager una sartén en medio de una gala, llevando solo un vestido ajustado.

-¡No temáis! ¡Yo le atraparé!- Chilló Amelia Jones, arrastrando a un reticente Arthur, que gruñía entre dientes algo así como "¿por qué iba a estar yo potando? Bloody hell…"

-¡Toño, cariño, esto es por tu bien!- Gritaba Emma, corriendo como una puta campeona olímpica en jodidos tacones de diez centímetros. Mi respeto por esa chica solo crece.

Casi toda la sala estaba detenida, mirando el espectáculo. El cabrón del DJ había cambiado la música a una de persecución. El de los focos seguía la figura de Antonio a la fuga. ¿En serio, gente? ¿No tenéis putas vidas?

Y en medio de todo, Toni esprintaba hacia la puerta de atrás como si le fuese la vida en ello. Y veinte personas se precipitaban tras él.

En esos momentos debería reflexionar a cerca de la existencia y la futilidad mi vida.

Pero bueno, al menos la imagen de Abel lanzando un plato hacia las piernas de Antonio, tratando de desestabilizarle, sin intentar cubrir su sonrisa de diabólica satisfacción al conseguir que el español diese un saltito medio tropezando; al menos eso me despertó al fin.

YA IBA SIENDO PUTA HORA, LOVINO.

Sí.

Lo sé.

Reflejos lentos, supongo.

Sacudiendo la cabeza di un brinco y me subí encima de la mesa más cercana, provocando que los cubiertos cayeran con estrépito. Me planté ahí arriba, erguido en toda mi estatura (que no es tanta), y silbé con los dedos en la boca, cortando a través de la música y llamando la atención de todo dios. Y sí, punto para Lovino, los perseguidores de Antonio se detuvieron, mirándome desconcertados. De hecho, hasta Toni me miraba a medio camino de abrir la puerta.

Los focos se centraron en mi, la música se detuvo y los ojos de toda la sala estaban fijos en mi figura.

Qué puedo decir. Soy un showman, al fin y al cabo.

-¡Quieto todo el mundo!- Grité. Y una parte de mi estaba tentada de decir algo tipo "y ahora manos arriba y dadme vuestras carteras", solo por ver sus caras. Pero jé. No era el momento.- ¿Pero qué cojones creéis que estáis haciendo?- Inquirí en cambio, con mi mejor mirada de cabreo.- ¡Esto no es un espectáculo! ¡Ni una puta persecución! ¿Los que miráis no tenéis nada mejor que hacer o qué? ¡Volved a vuestras jodidas conversaciones sobre si es mejor comer los langostinos o el puto humus! ¡Y vosotros!- Señalé a los miembros del equipo/perseguidores.- Gracias pero no gracias. Dejadme manejar esto como debería desde el principio.- Dije, serio.- ¡Y compraros una vida!- No puede evitar añadir.

La sala se sumió en un murmullos de asentimiento dudoso, y probablemente algún insulto al deslenguado italiano aguafiestas. Mirad a ver si me importa. Já.

El caso es que para cuando dirigí mi vista a la puerta, Toni había desaparecido.

Mierda puta.

Otra vez.

-¡Eh! ¡Varguitas!- Me giré para descubrir a Gillian, apoyada casualmente en una columna, mirándome entre burlona y divertida. Aunque uno nunca sabe con esa patatera loca.- No es por bajarte de tu nube y tu súper discurso, pero deberías ir tras el asombroso hombre de tu vida. Otra vez. Ya sabes, a la tercera va la vencida. Aunque en tu caso debe ser la octava vez que la cagas, no juzgo ni nada.- Soltó una risotada.

Le lancé una mirada furibunda.

-¿Vas a seguir descojonándote o vas a decir algo que merezca la puta pena?- Gruñí. Me sentía como una mierda. Parecía que nada me salía bien, joder.

-Relaja la raja Roma. Ja. Aliteración.- Volvió a reír. Le dirigí mi mejor expresión de "¿me estás vacilando? ¿en serio? ¿y tu puta madurez?" Soy un maestro de ese tipo de lenguaje facial, qué queréis que os diga. La patatera se secó una falsa lágrima.- Varguitas, ¿dónde está tu sentido del humor?

-Probablemente ha huido de mí con Toni.- Refunfuñé amargamente.

Gillian bufó divertida.

-Eres una diva melodramática, Romanito.- Se carcajeó. Juro que tuve que contenerme para no soltarle una hostia. También influenció que la patatera probablemente sería capaz de devolvérmela bastante más fuerte. No llega a ser como su hermano-tanque, pero esa chica tiene músculos, creedme. Y si decidía pegarme una patada esas botas militares eran armas de destrucción masiva. Y sí, se las había apañado para llevarlas en una gala, con un vestido. En fin. La albina debió de notar mi frustración gracias a mi cara funcionando como una olla a presión, tan roja que parecía a punto de estallar.- Tsk, vale, vale, respira o algo, te estás poniendo morado, Varguitas.

-Qué cojones quieres, me cago en la puta- Ladré, ganándome un par de miradas escandalizadas de los que me rodeaban. Por supuesto esto divirtió aun más a la germana.

-Ayudarte, por supuesto, creí que quedaba claro que mi genial persona estaba de tu lado. Escuadrón Pollo Alfa unido.- Aclaró Gillian con una sonrisa de lado a lado. Se lo estaba pasando de puta madre, la muy capulla. Si no fuese por que sabía que de verdad se preocupaba por Tonio le habría mandado a tomar por culo.- Pero en serio, deberías ir y perseguir a Anton.

-No creo que quiera verme, precisamente.- Gruñí, mirando tristemente hacia la puerta por dónde había desaparecido. La patatera resopló y puso los ojos en blanco.

-¡Claro que quiere! Pero él todavía no lo sabe. Aunque yo sí lo sé.- Exclamó Gillian, pasando un brazo sobre mis hombros, su sonrisa vampírica en todo su esplendor.- Así que te contaré un asombroso secreto.- Se inclinó hacia mí con ademán confidencial.- Cuando está en este estado de ánimo, Tonio va a descargar su frustración chutando balones a portería como si fuesen las cabezas de quién sea que le ha jodido.- Me guiñó un ojo.- Apuesto a que ahora mismo el balón para él tiene un fantástico ricito un lado de la cabeza.

-¿Y dónde…?

-En el campo de fútbol del Parque Grande.- Respondió Gillian, dándome palmaditas en la espalda. Me erguí de inmediato y salí corriendo hacia la puerta trasera.- ¡EH! ¡De nada y eso, eh, Vargas! ¡Un oh, gracias, asombrosa y maravillosa Gil estaría bien!- Chilló a mi espalda, mientras yo me abría paso por la sala, sin escuchar a los que trataban de hablarme o detenerme.

GRAZIE, PATATERA!- Grité sin girarme. Me pareció oír gritos de ánimo de todo el equipo, pero la cabeza me zumbaba, así que no estoy seguro.

Iba a encontrar a Toni. Y esta vez no iba a haber plan. Ni dudas. Para bien o para mal iba a decirle todo lo que sentía.


HE VUELTO.

Y he sobrevivido a diciembre, yupi. Un mes desaparecida :(( Ahora estamos en las fechas en las que pasaba el cap 12, gracioso todo (Felices fiestaas).

Ya queda muy poco de este fic, gente :') y he empezado a medio escribir otro (que no va a tener NADA que ver con esto, es más bien oscuro y turbio, pero ei, tengo un montón de ganas)

GRACIAS POR LA PACIENCIA. Y contesto reviews aquí mismo, porque he tardado TANTO que matadme lentamente

mr-nadie: y aquí vuelvo una vez más quitándote horas de sueño muajajaja. Parece que me he tomado al pie de la letra lo de ir a mi ritmo, ¿eh? (lloro) jajajaY ya ves que el drama nunca acaba con este par (pero va camino ya)

Justsomeone99: Operación Tovino en todo su esplendor (; Síii las dos bastardas son de lo mejorcito, totalmente equipo Toni

Javany: Vale, ahora tengo mucho miedo. No se ha solucionado gran cosa en este cap, pero no me mates porfa

TruthDear: Oh, wow, muchísimas graacias jajajaja no creo que sea para tanto pero gracias, en serio. Lovi se escribe solo, es un gustazo. Muchas muchas gracias y espero que te siga gustando! (;

kokoafria: jajaja de verdad? Me alegras la vida con eso, muchas muchas gracias (; Geniaal, espero no decepcionarrr