IX

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El entrenamiento había comenzado desde temprano, e Ichigo se encontraba ahí, golpeando el saco. Unos centímetros más atrás, Kon le observaba y movía su cabeza al ritmo de los golpes de Ichigo.

—¡Kurosaki! —la voz de Urahara rebotó hasta los oídos del pelinaranja.

Ichigo dio unos golpes más al saco y luego se acercó a Kon —¿Qué sucede? —Le gritó. Kon estiró una toalla con sus manos y la colocó en los brazos de Ichigo —Gracias, Kon.

Ichigo comenzó a caminar hacia el rubio mientras se ponía la toalla en los hombros, no era mucho lo que llevaba entrenando aquella mañana, pero el sudor ya se estaba haciendo presente.

Cuando Ichigo entró a la pequeña oficina de Urahara, recién ahí se dio cuenta de la presencia de otro hombre. Un representante. Urahara le explicó.

—Kyoraku está trabajando con Mugumura "The Visored" Kensei.

El castaño irrumpió la explicación del rubio —Peso semipesado, ganó los Guantes de Oro.

—Sí, lo conozco, sí.

Urahara asintió y luego dijo —Están en el gimnasio de Yamamoto y están organizando un evento de caridad para los veteranos… Y quieren saber si quieres pelear ocho asaltos con Kensei, para la causa.

Hubo un leve silencio en el que solo se escuchaba la irregular respiración del más joven.

El entrenador presente habló —Sí, creemos que atraerías mucha gente, un gran público. Juntarías dinero.

Ciertamente, esta era una pequeña oportunidad que podría servir para volver a ser lo que era antes de toda la mierda que le había pasado. Estaba absorto en sus pensamientos hasta que Urahara habló —La oportunidad es tuya si la quieres, Ichigo. No necesitas licencia para pelear para una caridad.

Los tres hombre asintieron hasta que el castaño habló —Es bueno verte, Urahara. —Ambos hombres se dieron un apretón de manos —Avísame.

—Sí.

Luego, Kyoraku se giró hasta Ichigo y le tendió la mano echa puño —Encantado de conocerte —E Ichigo lo chocó.

Kon observó como el hombre se retiraba del lugar e Ichigo y Urahara se quedaban dentro de la oficina.

—¿Qué opinas? —Urahara fue el que tomó la palabra. Ichigo solo le miró —Solo tengo una condición —le hizo saber —Tienes que hacer lo que practicamos aquí.

—….-

—Es lo único que pido.

—Es lindo que te deseen, ¿Verdad? —Urahara soltó una carcajada. Al menos el pelinaranja no perdía el poco sentido del humor que tenía —¿Sabes qué? Estoy preocupado por Kon.

A Urahara le pareció extraño aquel cambio de tema y lo miró confundido —¿A qué te refieres?

A pesar de ser muy poco consciente de lo que sucede con las personas que le rodean, esta vez no había podido no tomar atención a lo que hacía o no hacía Kon —Ha estado usando la misma ropa los últimos dos días. Dijo algo acerca de una pelea entre sus padres añoche, su padre salió luego de que su madre se fue.

—¿Se fue?

—Sí.

—Su madre tiene algunos problemas. Deberías averiguar si tiene dónde quedarse. Si está en la calle, entonces podremos pensar donde ubicarlo, lo que debemos hacer, ¿de acuerdo?.

Ichigo asintió y luego salió de la oficina para volver junto a Kon. Haría lo que Urahara le había pedido.

Padre e hija estaban sentados en la sala común del recinto donde se estaba quedando Amane. Ambos estaban jugando Scrabble pero la niña no parecía realmente interesada en el juego. Amane no soportó más el silencio y habló.

—¿Podemos irnos de aquí?

—Nena, la jueza… dijo que habrá que esperar un mes más.

—… —Amane solo movió la cabeza en señal de negación. Estaba harta de ver los mismos rostros todos los días, estaba harta de no poder estar cerca de su padre aunque aún estuviera enojada con él. Le echaba de menos.

—Voy a pelear de nuevo.

Aquellas palabras captaron la atención de la niña que inmediatamente se giró a Ichigo para mirarle —¿Qué?

Una pequeña sonrisa se estaba formando en el rostro de la pelinegra —Bueno, es una caridad, ¿sabes a lo que me refiero?. No es de verdad, como una pelea profesional. — aclaró Ichigo —Ya sabes, es una exhibición. Pero… voy a pelear de nuevo.

—¿Puedo ir?

Y la imagen de Rukia apareció en la mente de Ichigo, otra vez. —Sabes que a mamá no le gustaba que vieras las peleas —Le dolía decir aquello, la ausencia de Rukia aún estaba muy fresca en ellos dos. Como le hubiese gustado decir "no le gusta que veas las peleas" pero aquello era tiempo pasado. Un pasado que dolía más que el presente.

—Bueno, alguien tiene que ir.

—Estaré bien.

—Pero quiero ir.

—No creo que puedas hacerlo.

Amane se puso de pie y se acercó a Ichigo —Entonces no puedes hacerlo.

—…-

—Papá, tienes que decirles que no lo harás.

—Amane, tengo que hacerlo.

—No puedes. Tengo que estar ahí, papá.

—Estoy intentado sacarte de aquí, pero…

—¿Cuándo? —la voz de Amane cada vez era más alta. No quería que Ichigo peleara si ella no estaba ahí. Si bien ella nunca fue a una de las peleas, siempre las veía por la televisión en compañía de Unohana sin que sus padres se enteraran. Y si Rukia no estaba allí, ella quería estarlo. No entendía la sobreprotección que su padre mantenía en ella.

—Amane.

—¿¡Cuándo!?

—Amane, lo estoy intentando.

—¿Cuándo?

A Ichigo le dolía ver sufrir a Amane. Su hija, era lo único bonito que le quedaba en la vida y poco a poco se estaba dando cuenta de que la estaba perdiendo. Ichigo sintió como los pequeños golpes de Amane chocaban en su pecho. Ella estaba a la altura de él ya que estaba sentado. Y lo siguiente que pasó no lo vio venir. Amane había dado una cachetada a la mejilla izquierda de Ichigo.

Ichigo la observó pero no le dijo nada. Si hubiesen estado en otras circunstancias la hubiera reprendido, pero no lo hizo.

Otro golpe vino a la misma mejilla.

—Tú…-

Otro golpe más. Si bien los golpes no dolían, le dolía el hecho de que Amane reaccionara así, aunque la comprendía, a ningún niño le gustaba estar en aquel lugar. Aquel episodio había llamado la atención de todos los niños y padres presentes en el lugar. Todos observaban como la pelinegra golpeaba a Ichigo.

Y las palabras que vinieron a continuación hicieron que el corazón de Ichigo palpitara dolorosamente.

—Te odio.

—…-

—¡Te odio! —Amane agarró la sudadera del pelinaranja y lo movió un poco —¿¡Por qué no puedes sacarme de aquí!?

—Amane.

—¿¡Por qué no…!?-

—No puedo. No puedo en este momento. —Ichigo al fin había reaccionado. El poco brillo que había tenido en sus ojos se había esfumado —Por favor.

—¡No confío en ti!

—Solo hazlo —ninguno de los dos se había dado cuenta de la presencia de Nelliel. La peliverde tomó a la niña en sus brazos en un intento de alejarla de Ichigo.

—¡Sigues haciendo promesas, pero no son de verdad!

—Eso no es cierto.

Un guardia se acercó para ayudar a Nelliel a controlar la situación.

Amane seguía moviéndose en los brazos de Nelliel y lo siguiente que dijo fue lo que había estado guardando para sí misma desde la muerte de Rukia

—Deberías haber muerto tú.

—… - E Ichigo por un leve momento olvidó como respirar.

—¡Tú! ¡No mamá!

—Está bien —susurró Nelliel comenzando a caminar para llevarse a Amane.

—¡Tú! —seguía gritando. Los sentimientos reprimidos desde esa noche no habían salido sino hasta ahora.

—Vamos a calmarnos —seguía susurrando Nelliel.

—¡Tú!

Ichigo todavía podía escuchar los gritos de la pequeña aunque ya hubiesen atravesado la puerta que daba al pasillo de las habitaciones.

—¡Te odio!

Ichigo suspiró. ¿Y si Amane tenía razón? Quizás nada de eso hubiese estado pasando. Si le hubiese hecho caso a Rukia cuando le dijo que se fueran… si solo no hubiese respondido a las provocaciones de Grimmjow… si solo no hubiese ido a la ceremonia de beneficencia… si solo él hubiese muerto…

Ichigo suspiró completamente derrotado. Apoyó sus codos en la mesa y llevó su cabeza hasta sus manos, revolviéndose el cabello, siguió atormentándose con el recuerdo de la muerte de Rukia.

"FUNDACIÓN DE LOS VETERANOS HERIDOS DE JAPÓN"

EVENTO DE AYUDA DE BOXEO

El público gritaba emocionado ante la pelea que presenciaban. Kensei daba golpes fuertes y seguros al rostro de Ichigo. La pelea iba justa, ninguno estaba más dañado que el otro.

Desde el público, muy cerca del ring, Urahara gritaba a Ichigo —¡Esa defensa se ve bien, Ichigo!

Los golpes de Kensei llegaban sin descanso, uno después del otro. Si esta pelea hubiese sido en el pasado, Ichigo ya hubiese estado sangrando, pero las técnicas de Urahara eran realmente buenas. Después de bloquear, rápidamente Ichigo encestó dos golpes a la cara de Kensei, haciéndole retroceder.

Renji observaba desde el público a Ichigo. Totalmente concentrado.

Kensei intentó golpear a Ichigo pero no tuvo éxito. El pelinaranja se agachó para esquivar los golpes y luego se levantó tomando por sorpresa al peliblanco. Dos golpes fueron directo a la cara de Kensei.

Desde abajo, los comentaristas observaban sin despegar la vista de ambos luchadores.

—Podría durar otro asalto.

—Quizás tengas razón.

Kensei estaba devolviendo los golpes a Ichigo cuando la campana sonó anunciando el final del round.

El árbitro se metió entre medio para separarlos. —A sus esquinas. Esquinas.

Ichigo se dejó caer en el banco totalmente cansado, su respiración era muy irregular. Urahara se posicionó frente a él y con una toalla comenzó a secar el sudor de la frente mientras Ichigo se concentraba en regular su respiración.

—No le da descanso a los jabs —logró decir.

—Mantén las manos arriba, porque las estás bajando.

—Lo sé.

—Sigue con los jabs. Sigue así. —Ichigo asintió —En este asalto, necesito que seas un poco más agresivo, ¿está bien?. Solo por los puntos, no por sangre. Mantén la calma.

Ichigo asintió.

El séptimo round estaba por comenzar, la modelo paseándose en el ring con el cartel indicado.

—Faltan segundos. Vamos —aquella fue la voz del árbitro.

Kensei se levantó con mirada superior. Su cabeza estaba ligeramente estirada hacia arriba, demostrando confianza. No le tenía miedo a Ichigo, ni mucho menos a perder, pero sabía que Ichigo era bueno, realmente bueno. Y si había aprendido algo en su inminente carrera de boxeador, es que nunca debes subestimar a tus oponentes.

Por otro lado, Ichigo se levantó lentamente y la voz de Urahara rebotó en su oído izquierdo —Sigue hasta el final.

Finalmente, la campana sonó junto a la voz del árbitro —¡Boxeen!.

Los aplausos no se hicieron esperar y Kensei comenzó a acercar a Ichigo con paso seguro. Kensei dio el primer golpe cuando llegó donde él e Ichigo se lo devolvió a los segundos. Ninguno de los dos golpes habían sido fuertes.

Ciertamente, la pelea era bastante justa, se notaba que ambos estaban empatados en golpes y técnica, ambos sabían bloquear –aunque Ichigo era relativamente nuevo en aquella técnica- y devolver los golpes.

Los gritos de Urahara no pasaban desde la parte baja del ring, Ichigo intentaba no escucharlo para no distraerse. Dio tres golpes a Kensei. Uno en la mejilla izquierda, otro en el hombro derecho y remató con la mejilla derecha.

Kensei intentó dar un golpe directo pero fue bloqueado por el puño de Ichigo. Intentó otra vez e Ichigo inclinó su cabeza hacia atrás para esquivarlo. El peliblanco no cedió y dio un barrido alto: Ichigo se agacho y al levantarse golpeó en pleno rostro a Kensei.

La pelea se había vuelto claramente al favor de Ichigo.

El pelinaranja tenía acorralado al peliblanco.

Ichigo estaba dando una maravillosa pelea, parecía un hombre nuevo. Y Aizen debía dar crédito de eso. El castaño miraba desde abajo del ring maravillado como su antiguo boxeador se lucía en el evento.

Los golpes siguieron al igual que los eufóricos gritos. Ichigo bloqueaba con su puño y luego golpeaba en el centro de la cara. Había dominado la técnica de bloqueo de Urahara en menos de lo que ambos pensaban. El que la gente gritara su nombre y celebrara cada golpe que acertaba le hacía sentirse orgulloso. Completo.

Ichigo siguió con la misma técnica hasta que Kensei golpeó por la izquierda e Ichigo se corrió hacia el lado derecho, evitando el golpe. Rápidamente y sin dejar que Kensei se repusiera de la sorpresa, lo golpeó dos veces en el rostro. Siguió golpeando hasta que lo hizo chocar con las cuerdas y en el último golpe, lleno de fuerza, lo tiró al suelo.

El público se puso de pie ante esa osadía, todos vitoreaban al aparente nuevo ganador. Los aplausos no cesaban.

—¡Tres!, ¡Cuatro! —el árbitro ya estaba en el suelo golpeando con su palma —¡Cinco! ¡Seis! ¡Siete! —no había respuesta de Kensei —¡Ocho! ¡Nueve!

—¡Bien hecho, chico! —Ichigo logró escuchar la voz de Urahara entre tanto jaleo.

—¡Diez! —Y Kensei no había logrado volver a ponerse de pie.

La campana sonó dando por terminada la pelea.

El árbitro se acercó a Ichigo y levantó su brazo indicándolo como el ganador de aquel encuentro.

Luego de haberse aseo, ordenado su bolso y haber hablado con alguno de los presentes, ahora estaba listo para irse a su pequeño departamento o al gimnasio de Urahara.

Ahora, el lugar estaba completamente vacío. Ichigo iba hablando por celular.

—Está bien, solo dile que la llamé y, dile a Amane que estoy bien y que papá ganó —Ichigo iba tan concentrado en las palabras que le decía a Nelliel que no se dio cuenta de que alguien más estaba junto a él —Sí, gracias —Soltó una carcajada antes de cortar la llamada.

Aizen jugueteaba con una pequeña bandera de Japón en sus manos y observaba a Ichigo, sin que este notara aún su presencia. Finalmente, dispuesto a hacerse notar, comenzó a aplaudir e Ichigo se giró inmediatamente hacia él.

—Hermosa —una sonrisa adornó el rostro del castaño —Hermosa pelea, hombre —Aizen se levantó de su asiento y se acercó hacia Ichigo —Te veías bien, un boxeador muy distinto.

A Ichigo no le agradaba la presencia de Aizen, después de que le dio la espalda, nunca más supo nada de él y no estaba dispuesto a saber algo. Es más, mientras menos se lo topara, mejor para él. —Sí, gracias.

Y pasó por el lado de Aizen ignorándole completamente.

—¿Puedo hablar contigo?

Ante la notable evasiva, Aizen decidió usar su carta más formal y amigable. Ichigo bufó, estaba cansado y lo que menos necesitaba ahora era una charla de arrepentimiento de Aizen. Se detuvo y se giró hacia el castaño sin mucho interés.

—¿De qué quieres hablar?

—Vine a verte, hombre.

Ichigo ni siquiera le miraba —Bueno, deberías estar viendo a Kensei.

—Me conoces, me gusta ir a lo seguro.

La incomodidad en Ichigo, crecía a cada segundo —Felicitaciones por la pelea por el título. Oí que Grimmjow no tuvo dificultades con Kempachi.

Y Aizen saltó, como una víbora en busca de su presa —¿Te gustaría competir por ese título?

Ichigo le miró finalmente, su ceño estaba fruncido —Vamos, déjate de estupideces, ¿sí?.

La sonrisa de Aizen se borró —Oye, necesitabas tomarte un tiempo. Es hora de volver a la cima.

—¿A qué te refieres?

—Tengo algunos amigos que me deben unos favores. Puedo lograr que te evalúen pronto y puedas recuperar tu licencia.

—…-

—La manera en que has cambiado en estos últimos meses, los cambios hablan por sí mismos.

—¿Cuál es el plan?

—Las Vegas, en seis semanas. Es grande.

Ichigo asintió levemente. Al sentir la presencia de alguien más, Aizen se giró y vio al rubio frente a él acompañado de Renji.

—Hola, Urahara.

—Aizen —correspondió Urahara, aunque no de una manera amigable.

—Buen trabajo con tu boxeador —alagó.

—Trabaja duro.

El silencio que se había formado fue interrumpido por Renji, encontrando una manera de salir de ahí —Voy a poner esto en la camioneta.

—Sí, gracias, Renji —respondió el rubio.

—Sí —y salió.

No le agradaba la presencia de Aizen ahí, menos le agradaba el que estuviera hablándole a Ichigo. El hecho de conocer a Aizen hacía tantos años no quitaba la manera en que desconfiaba de él, nunca lo encontró un hombre limpio para los negocios y cuando Ichigo llegó a su gimnasio diciendo que Aizen había arreglado una de las peleas, no le quedó menor duda. Aquel hombre era venenoso.

—Es una gran oportunidad, Ichigo. Estaré en contacto. —Y se retiró.

Una vez que Urahara e Ichigo quedaron solos, la mirada seria de Urahara fue a caer en el pelinaranja —¿Qué fue eso?

La respuesta de Ichigo fue totalmente resumida —Podría competir por el título, seis semanas.

—¿De verdad? —la ironía notándose en su voz —¿Seis semanas?

—…-

—Sabes de qué se trata, ¿verdad?

—Sí —por supuesto que sabía. Conocía a Aizen más o igual que Urahara. Aizen no le hubiese propuesto la pelea si no hubiera una segunda intención.

—Lo va a promocionar como un encuentro para vengar el asesinato de tu esposa.

—Sí, todo será acerca de Rukia.

—¿No estarás considerándolo?

—Lo estoy —la determinación era grande reflejándose en sus ojos —Tengo que ganar algo de dinero. No puedo perder a mi niña.

Urahara comprendía, pero aun así seguía debatiendo —Este hombre… caíste al suelo y él te pisoteó. Arregla los encuentros. Es un mentiroso.

La lista de Urahara parecía no tener fin —Sí, mira, no estoy hablando de él. Estoy hablando de ti.

—… —no comprendía.

—No puedo hacerlo sin ti.

Ichigo esperaba que Urahara aceptara, últimamente el lazo que habían creado era más que entrenador y entrenado, eran amigos, eran como padre e hijo. Y el que Urahara aceptara le haría sentirse bien.

—No puedo hacerlo contigo.

—¿Por qué? —El ceño de Ichigo se frunció

—No entreno a profesionales.

—Si alguien ofrece a los muchachos la oportunidad de ser profesionales, ¿te opondrías? —Y aquellas palabras fueron como un golpe en pleno rostro.

Urahara no respondió. Ichigo había acertado esta vez.

—Solo necesito seis semanas. Pondré todo de mí. Te daré todo de mi. Esto es acerca de mi familia.

—…-

—No puedo perder a mi hija.

—…-

—¿Urahara? —la esperanza se notaba en su voz.

—No tengo nada que decirte, hombre.

Ichigo vio como Urahara se iba. Esperaba que aún se diera vuelta y le dijera que haría esto con él, que lo acompañaría en su nuevo desafío, pero no lo hizo. Urahara no se giró.