Por si os parecía que la vida no tenía ya suficientes putadas cósmicas os diré que todo es superable. ¿Queréis clichés? Pues os diré que llovía.
Exacto.
El gran momento dramático de esta historia y llueve. Porque al mundo le encanta joderme de estas maneras.
Así que sí, mientras conducía mi Ferrari a toda hostia hacia el campo de fútbol (fútbol de verdad, por supuesto, no la americanada), estaba diluviando.
Ya era de noche y nubes oscuras cubrían la luna, y probablemente las estrellas también, pero gracias a la puta contaminación lumínica no es que se las vea a menudo.
En diez minutos había atravesado media ciudad, roto todas las leyes de circulación posibles y aparcado en el Parque Grande. Que si me preguntáis a mí es un nombre tan jodidamente poco original como que estuviese lloviendo en ese momento. Pero que queréis que os diga, yo no me invento esta mierda, os lo cuento tal cual pasó.
Salí del coche para que me recibiera una cascada de agua, calándome hasta los huesos, mi fantástico traje empapado. Di un paso hacia el campo de fútbol y sentí un frío helador en el pie, a la vez que se oía un chapoteo. F-a-b-u-l-o-s-o. Era definitivamente mi día. Tenía que ir y meter el zapato de piel en un puto charco. Aggg. Todo mi calcetín más mojado que las bragas de Eliza al ver episodios viejos de Queer as Folk.
Avancé con una mueca de disgusto, acompañado por un aguado sonido de chof-chof con cada zancada.
La lluvia no perdonaba y seguía cayendo incesante, limitando mi campo de visión a no ver una puta mierda más allá de mis narices.
¿En serio iba a estar mi bastardo en medio de esa tromba de agua dándole patadas a un jodido balón vestido de traje y corbata? Cada vez aumentaba mi sospecha de que la patatera loca me había vacilado con todas las de la ley, mandándome a perseguir putos gamusinos como venganza o simplemente para reírse un rato. Era capaz. Porque en serio, analizándolo fríamente, ¿cuáles eran las posibilidades de que Toni hubiera huido de la gala para irse a chutar balones con un tiempo de mil putos demonios? Joder, sí que era un idiota por creer a la patatera, dispuesto a aferrarme a un clavo ardiendo.
Aun así, pese a cagarme en la puta Gillian interiormente, seguí avanzando a tientas hacia el campo, sin tener muy claro si estaba buscando a Antonio, castigándome por mi soberana estupidez o buscando mi puto coche para irme a casa a gritarle a alguien por mis desgracias. O si simplemente le había cogido el puto gusto a ese fantástico tiempo y a la lluvia chafándome el pelo. Sí, definitivamente debía de ser eso.
Emití un hondo suspiro, mirando a mi alrededor tratando de orientarme mínimamente. Tenía que guiñar los ojos todo el rato para evitar que entrase la lluvia. Gruñendo algo entre dientes opté por seguir andando hacia lo que para mí debía ser el aparcamiento, al fin y al cabo veía luces de focos, o farolas, o putos ovnis, vete a saber.
De pronto mi rodilla chocó contra algo metálico, enviando una oleada de dolor por todo mi cuerpo. Solté una maldición y entrecerré los ojos tratando de ver con qué cojones me la había hostiado. Una enorme estructura de metal se alzaba ante mí, con apariencia casi fantasmal entre la lluvia y la niebla de la noche. Eran las gradas del campo de fútbol. Fantástico.
Con un leve encogimiento de hombros empecé a subir los escalones, deslizándome para sentarme en uno de los encharcados asientos. Total, ya estaba calado, un poco más de agua qué coño más daba.
Así que ahí estaba yo, hundido (ja ja ja) en la miseria, ahogado (JA JA JA) en el auto-desprecio, lamentándome por mis pobres decisiones vitales.
Temblaba ligeramente, abrigado solo por mi arruinada americana, el pelo chorreando y pareciendo, en general, patético. Enterré el rostro entre las manos y dejé escapar un bajo sollozo, mezcla entre frustración y desesperación.
Entonces, en medio de mi momento de máxima pena por mi mierda de día/semana/mes, escuché un sonido seguido por un grito grave y rabioso. Alcé la vista de golpe, escaneando el campo de fútbol ante mí. Los focos me permitían vislumbrar entre la lluvia una figura en medio del césped.
La boca se me abrió de la sorpresa.
Pero sí, así es. Os lo creáis o no, en medio del puto campo de fútbol, en mitad de un tiempo malo de cojones, en pleno Enero, de noche y empapado, cuando cualquier otra persona con dos jodidos dedos de frente se habría quedado en la fiesta del año, con alcohol y comida de gratis y una muchedumbre adorándote, pues ahí estaba el idiota del que al parecer me había enamorado.
Bueno, yo también estaba allí, ¿no?. En la misma situación a excepción de lo de estar en medio del césped. Si esto no demuestra que somos dos gilipollas hechos el uno para el otro no sé qué lo hará. Porque seamos serios: una neumonía mínimo íbamos a pillar.
¿Qué puedo decir? Al parecer los dos vivíamos por los momentos mega dramáticos con un escenario bien construido.
Y nada mejor que el puto diluvio universal que estaba cayendo.
Observé paralizado a Antonio corriendo como si quisiera romper la barrera del sonido. La lluvia continuaba incesante, creando un halo de gotitas iluminadas por los fuertes focos. Y, en medio de esto, Toni chutó el balón con toda la fuerza y rabia que parecía poseer, soltando un alarido. La pelota fue a estrellarse contra la red, entrando limpiamente en portería, con la precisión y velocidad de un disparo.
El español no tardó ni dos segundos en conseguir otro balón. Vi que había como diez ya dentro de la portería. Conociendo a Toni, de fijo sería amiguísimo del guarda del campo y le habría dejado toda la red de pelotas de fútbol sin problemas. No había mucha gente que resistiera a la sonrisa de mi bastardo (me incluyo, culpable).
Toni se había deshecho de la americana de su traje, llevando solo una camisa empapada que se pegaba a su torso y sus brazos, dejándome asientos de primera fila para el despliegue que era ver esos músculos en movimiento.
Le vi dejar el balón en el centro del campo, alejándose casi hasta el otro extremo para después correr de nuevo, pateando la pelota con otro grito de rabia, mandándola demasiado alta, sobrepasando la portería y perdiéndose en la noche con la fuerza de un proyectil.
Antonio dejó escapar otro grito de frustración, llevándose las manos a su pelo empapado y deslizándose hasta caer de rodillas sobre el césped encharcado.
-¡Cojón de pato!- Gruñó entre dientes, y, pese a la distancia, le oí perfectamente.
Ahogué un bufido.
Algún día iba a enseñarle a Toni a maldecir en serio. Daría un puto seminario y todo. Ahora que lo pienso podría invitar a Kirkland también, ampliar su repertorio a algo más que "bloody hell". Tendría una pizarrita y todo. Estaría de puta madre. ¿Quién no flipa con mi oratoria?
…Uh…
¿Estoy evitando el tema otra vez verdad?
Tomé una bocanada de aire y descendí del graderío, acercándome todo lo dignamente que pude, que, teniendo en cuenta que iba chapoteando, no fue mucho. Antonio seguía arrodillado en el campo, de espaldas a mí, cabeza alzada hacia el cielo nocturno, con los ojos cerrados, dejando que la lluvia resbalase por su rostro y se enredase en sus rizos.
Me detuve justo frente a él.
Toni seguía en medio de su epifanía, sin notar mi presencia.
-Umh, sabes, está lloviendo.- Dije al fin, y toma frase. Si eso no es la forma más idiota de iniciar conversación que habéis oído en vuestra vida me sorprendería mucho. Toni abrió los ojos de golpe, con cara de absoluta sorpresa al verme plantado ante él. Continué antes de que me entrara el pánico y la cagase aun más, como de costumbre.- Está lloviendo como… uhh… mucho.
Antonio parpadeó un par de veces, no tengo claro si por la lluvia, si para asegurarse de que yo no era una alucinación o si porque acababa de demostrarle una vez más que soy gilipollas.
-¿Lovino? ¿Qué… qué estás haciendo aquí?- Preguntó, y gracias a Dio ignoró mi patético comentario sobre el tiempo.
-¿Que por qué he dejado una fiesta a cubierto y con calefacción, fans adorándome y vino italiano para venir aquí?- Dije, en tono neutro, para asegurarme de entender la pregunta. Toni asintió lentamente, las gotas de agua resbalando por su nariz y mandíbula.- Umh… Porque… ¿para jugar al fútbol?- Mi voz se hizo ridículamente diminuta al final. Tan diminuta como mi dignidad. Quería pegarme. Toni me miraba con las cejas alzadas casi hasta el inicio del pelo. Carraspeé.- ¿Qué? ¿Creías que eras el único imbécil al que le encanta patear balones bajo el diluvio del siglo?- Refunfuñé. Antonio se limitó a seguir mirándome, con cara de póker. Me revolví, incómodo.- Venga, idiota, que vas a constiparte o algo.- Murmuré, extendiendo una mano hacia él y notando que pese al frío mi piel ardía. Y mi cara, concretamente.
El español observó mi mano abierta como si fuese una ecuación matemática muy complicada. Acabó tomándola justo cuando yo empezaba a dudar de todo.
Le ayudé a alzarse hasta que estuvimos los dos frente a frente, la cortina de agua como única barrera entre nosotros. Puede ser que mantuviese su mano en la mía durante algo más tiempo del necesario. Hasta que Antonio sacudió la cabeza y la retiró rápidamente.
-Así que para jugar al fútbol, ¿eh?- Preguntó entonces, y su mirada era casi juguetona. Casi, porque seguía con esa jodida expresión contenida que había llevado puesta todo el día.
Asentí fervientemente, haciendo que me entrase agua del pelo a los ojos.
-¡Exacto! ¡Fútbol!- Exclamé, tal vez con demasiado entusiasmo como para que sonase sincero.- No iba a dejarte colgado, chutando sólo, como un idiota. Parece que necesitas un contrincante que suponga más reto que un puto poste de portería.
Toni me miró de arriba abajo.
-¿Así que vienes al rescate?- Inquirió, y de repente estaba sonriendo. Pero no era una de sus sonrisas dulces y cálidas, esta era directamente burlona, mirando mi empapado traje con aire crítico.- ¿Mi caballero de brillante Armani?
Solté un resoplido.
-Ni que tú pudieras hablar. Venga, al mejor de tres.- Dije, quitándome la chaqueta y tomando en la mano un balón, dirigiéndole a mi bastardo una ceja alzada, retándole.- Y no voy a ir de blando contigo, Fernández.
La sonrisa de Antonio era casi predatoria.
-Dalo todo, Vargas.
Y así fue como de repente estábamos corriendo por el campo embarrado, chutando la pelota y fintando para esquivar al contrario, sin importarnos la lluvia, el frío o la oscuridad de la noche que nos envolvía. Sin importar todo lo que había pasado entre nosotros.
Apenas veíamos, estábamos calados hasta los huesos, la ropa se pegaba de manera incómoda. Pero nos daba igual.
Solo existía el césped iluminado por esos grandes focos. A nuestro alrededor el vacío.
Solo existía Antonio, su respiración acelerada y su presencia corriendo a mi lado.
Solo existían mis músculos ardiendo, el pulso retumbando en mi cabeza. La lluvia resbalando por nuestros cuerpos.
Solo existían sus manos agarrándome, mi brazo contra su pecho. Los dos jugando sucio, sin que nos importara para nada.
Éramos personas distintas cuando teníamos que luchar por el balón. Como si nos transformásemos.
Era fútbol, era sucio, era violento, era agresivo, era competitivo.
Era no pensar en nada, más que en la pelota y en los movimientos de Toni.
Dejar todo lo demás fuera.
Así que esprinté tras él, luchando por arrebatarle el balón una vez más, agarrándome a su camisa, tratando de frenarle, viendo su sonrisa salvaje, notando una en mi propio rostro. La hierba encharcada nos hizo patinar y caer al suelo otra vez, embarrando nuestros trajes de diseño todavía más.
Aterricé sobre él y rodamos por el césped, llegando al punto en el que no tenía claro si estábamos luchado por levantarnos y recuperar la pelota o si eso ya no importaba. Acabamos tumbados el uno al lado del otro, las respiraciones irregulares, el balón perdido y la lluvia golpeándonos la cara sin piedad, haciéndonos cerrar los ojos y trabajar en calmar nuestro ritmo cardiaco.
Era familiar, como todas esas veces que habíamos ido a correr juntos, antes de que todo el lío empezara. Pero no lo era. No era igual.
Antonio pareció llegar a la misma conclusión, porque de golpe se había puesto en pie, su ceño fruncido, las manos cerradas en puños.
Tragué saliva y me incorporé.
Toni no me miraba.
-Toni…
-¿Por qué estás aquí?- Y de repente toda la fuerza de sus ojos verdes estaba sobre mi, paralizándome.- En serio, Lovino, ¿cuál es tu juego? Porque te prometo que me estoy perdiendo.- Una parte de mí quería hacer algún comentario sardónico al respecto, pero la mayor parte quería gritar, así que mantuve la boca cerrada.- No sé qué se supone que es esto.- Gesticuló entre nosotros.
Me mordí el labio.
-Era mentira.- Solté, casi tropezándome con solo esas dos palabras. Toni frunció aun más el ceño.
-¿Qué?
-¡Todo!- Exclamé, parte de mi desesperación impregnando mi voz.- ¡Todo lo que les dije a los periodistas! ¡Todo lo que dicen por la tele! ¡Todo lo que te he hecho creer!
-Lovino, ¿qué…?
-¡No, espera! ¡Escúchame! ¿Vale? ¡Lo siento, joder! ¡Lo siento! ¡Soy un puto idiota!- Grité, notando cómo algo más que la lluvia resbalaba por mis mejillas.- ¡No sabía qué hacer porque soy un jodido desastre con congestión emocional o algo!
-Uh…
-¡Me entró el pánico, Toni! Y puede que no puedas entenderlo, porque tú eres como una especie de maestro de los jodidos sentimientos, y no tienes problemas aceptándolos, abrazándolos y todo eso, pero…- Pausé un segundo para tomar aire por primera vez.- Pero después de lo de Madrid… me dijiste que me querías y casi me da un puto infarto.
-Lovi, yo…- Toni parecía haber dejado caer toda su fachada de inexpresividad, y me miraba con cara de preocupación.
-Déjame soltarlo todo, ¿vale?, porque si no no me lo voy a sacar de dentro en la puta vida.- Dije, precipitadamente. Toni asintió, inseguro.- La cosa es que me daba miedo. Me da miedo.- Me corregí.- Así que me fui de Madrid como un jodido cobarde y le conté todas esas paridas a la prensa, como si lo que pasó entre nosotros no hubiera significado nada. Me inventé lo de tener una nueva relación porque quería alejarte de mi todo lo posible.
-Pero… ¿por qué?
Miré fijamente en los ojos de Antonio, llenos de dudas, dudas que yo había instalado allí.
-Porque… porque todo era más fácil si era lo de siempre, si sólo eras uno más, si yo estaba en control… porque no podía admitirlo, porque no quería que me hicieras daño, porque sigo siendo ese Lovino inseguro que piensa que en algún momento dirás que todo era una puta broma, o que te acabarás largando sin más y yo…
-Ei, Lovi.- Dijo Antonio, suavemente, llevando una mano a mi rostro. Me di cuenta de que estaba llorando como si hubieran roto mi puto dique de contención. Toni me acarició la mejilla con el pulgar, secando las lágrimas y la lluvia.- Sabes que yo nunca haría eso, ¿verdad?
Ahogué un sonido estrangulado.
-Cazzo… No es cosa tuya, soy yo, es mi puta cabeza metiéndose en mi camino. Es algo que está mal conmigo. Y creo que no puedo evitarlo, que siempre va a haber una parte de mí que creerá que me voy a romper en pedazos por abrir mi… ugh, corazón a alguien. Es… no sé, estoy jodido de esa manera.- Toni sacudió la cabeza, sin dejar de acariciar mi rostro, pero sin decir nada, dejándome terminar. Se lo agradecí en el alma, su contacto dándome valor.- Pero me he dado cuenta de que da igual. Dan igual mis jodidos miedos. O si nos damos una oportunidad y acaba… acaba mal. Porque merece la puta pena. Y eso es lo que cuenta. Y sería un gilipollas si dejase pasar esto solo por miedo a cómo pueda acabar.
Toni sonrió, y era una de esas sonrisas que solo me dedicaba a mi, que me hacían sentir como si fuese el puto rey del mundo solo por ser merecedor de ellas.
Y supe que sin duda valdría la pena.
-Entonces…- Empezó, pero le corté una vez más, situando mi mano en su boca para acallarle. Me dirigió una mirada interrogante.
-Quiero decirte que lo siento, lo siento mucho por hacerte daño intentando evitar que me hicieras daño de la forma más idiota. Perdóname por ser un capullo.- Rogué, mirándole a los ojos.- Perdóname por hacerlo todo mal y pirarme y mentir y evitarte y no poder explicarme y alargar esto y…
-Te perdono, Lovi.- Interrumpió Toni, riendo.- Perdóname tú por no darme cuenta y pensar que de verdad eras un capullo sin sentimientos.
-No puedo culparte.- Dije, encogiéndome de hombros.- Soy un buen actor.
-El mejor, según medio mundo.
-Tres cuartas partes del mundo.- Corregí. De pronto me estaba riendo, todo el alivio por el estrés acumulado encontrando su vía de escape en una temblorosa carcajada. Toni se estaba riendo también.
Y entonces nos estábamos abrazando. Aferrándonos el uno al otro como si tuviésemos miedo de que desapareceríamos si nos dejábamos ir.
Los labios de Toni encontraron los míos, y me besó como si quisiera probarse a si mismo que era real, que esto estaba pasando. Le devolví el beso con fuerza, enredando mis dedos en sus rizos empapados, como si quisiera demostrarnos a los dos que sí que lo era, dejando que toda la felicidad que se agolpaba en mi garganta impregnara el beso.
Podía saborear la lluvia en sus labios, cálidos a pesar del frío. Le forcé a pegarse aun más a mí, sin dejar espacio entre ambos.
Cuando por fin nos separamos para tomar aire estábamos respirando como si hubiésemos vuelto a correr por el campo. Enlacé mi mirada con la de Antonio y puse mis manos a los lados de su rostro, juntando nuestras frentes de manera que nuestras narices casi se rozaban. Notaba su aliento sobre mis labios, nuestras respiraciones entremezcladas.
-Toni yo… Te quiero.- Murmuré, mirando como la boca de Antonio se curvaba en una sonrisa resplandeciente.
-Yo también te quiero, Lovi.- Dijo, y se estaba riendo, feliz.
-¿Pese a ser un idiota con congestión emocional?
-Es parte de tu encanto.- Sonrió, y volvió a besarme.
La verdad es que me gustaría deciros que me habría encantado quedarme suspendido con él en ese instante perfecto para siempre y acabar la historia. Pero no. Porque, oh, sorpresa, vida real llama a la puerta: de perfecto tenía lo que yo de puto alemán.
Por si lo habéis olvidado seguía diluviando, estábamos empapados, helados, embarrados y probablemente incubando el catarro de nuestras vidas.
Así que cuando nos separamos una vez más, no fue para mirarnos a los ojos tiernamente o algo, sino para que yo estornudara como tres veces seguidas. Con fuerza, en modo spray, regándonos aun más a los dos. Y luego me quedé moqueando bastante miserablemente. Y por supuesto Toni se echó a reír. Porque es un bastardo. Pero también me apretujó contra su cálido pecho y me condujo a los vestuarios, a cubierto. Porque es un amor. NEGARÉ QUE LE HE LLAMADO ESO HASTA LA TUMBA.
…Pero lo es. ¡Aggh!
Para cuando Toni volvió trotando a los vestuarios, después de recoger todos los balones en su red, yo ya me había desprendido de la camisa y los pantalones, tras mucho esfuerzo para separar la tela calada de mi piel.
Toni me lanzó una sonrisa que de inocente tenía poco y subió y bajó las cejas significativamente.
Solté un bufido.
Se volvió a reír.
…Empiezo a pensar que ese viene a ser el resumen de nuestra dinámica en la vida. Si tuviese que escribir un libro sobre nosotros lo titularía: Yo bufo y tú te ríes: historia de dos idiotas. Sería un best-seller. Número uno en todas las librerías. Y sabéis que os compraríais un ejemplar, no os engañéis.
-Berwald dice que podemos usar las duchas sin problemas, incluso me ha dejado un par de chándales para que nos cambiemos.- Dijo alegremente, sacudiendo la bolsa de deporte que llevaba.- Con tal de que apaguemos todo cuando nos marchemos está bien.
Já. Os lo dije. Sabía que sería amiguísimo del guarda.
-Grazie a Dio. Recuérdame que le haga un monumento o algo.- Murmuré, con los dientes castañeándome.
Os juro que meterme bajo el chorro de agua caliente de la ducha nunca había sido más glorioso. Y eran duchas comunes, así que añadid a la gloria general que Antonio desnudo estaba en la ducha de al lado, con los ojos cerrados y cara de absoluta felicidad, las gotas de agua deslizándose por su piel olivácea.
Mmmm... Sí.
Reconozco que cuando se pasó mi momento de trance por desentumecer mis helados músculos, dejé que mi mirada recorriera a Toni de arriba abajo. No es como si no le hubiera visto desnudo, pero joder, en Madrid todo fue tan frenético, tan de repente. No tuve tiempo de apreciar de verdad…
-¿Disfrutando de las vistas?
Abrí mucho los ojos al darme cuenta de que había sido pillado in fraganti, y que Antonio me estaba mirando con una ceja alzada, divertido.
-¿Puede?- Dije, con una sonrisa torcida, viendo que Toni estaba haciendo exactamente lo mismo, su mirada hambrienta sobre mi cuerpo, devorándolo.- Y tus frases de ligar siguen siendo igual de jodidamente espantosas.- Añadí, guiñándole un ojo teatralmente.
-Si no recuerdo mal, las tuyas eran aun peores.- Ronroneó Antonio, metiéndose bajo mi ducha. De repente estábamos muy cerca.
-Lo dudo.- Murmuré, y entonces la boca de Toni estaba en mi cuello. Suspiré con satisfacción y me acerqué aun más, buscando la fricción entre…
-¡ESE ES NUESTRO TONIO, A POR ESE ITALIANO!
Nos congelamos en el sitio, buscando la fuente de sonido.
-Hon hon hon, tampoco tiene mal culo Varguitas.
-¿Alguien tiene pañuelos para la nariz?
Abrí los ojos como platos. El sonido venía de los putos altavoces del campo, que retumbaban incluso dentro del vestuario.
-¡YA LO TIENES, FRATELLO! ¡VEE ESTOY TAN CONTENTO POR MI FRATELLONE! ¡Ahora demuéstrale a ese español de qué estamos hechos los italianos! ¡Haz que nuestro Nonno esté orgulloso!
-Feliciano, creo que estás presionando el altavoz con el codo.
-¿Qué dices, Luddy?
-¡OH, MIERDA! ¡RETIRADA! ¡ESCUADRÓN DISPERS- CRKKKKKK!
Con un sonido de estática el altavoz se cortó. Antonio y yo compartimos una mirada. Una mirada en la que básicamente se desarrollaba esta conversación:
"¿Está pasando lo que creo que está pasando?"
"¿Por qué cojones tenemos amigos?"
"¿Es… cosa tuya?"
"Ni de puta coña. Los pervertidos esos van por su cuenta"
"Suponía, hahaha… les voy a matar. Tienen que haber puesto una cámara."
"Vale, plan de acción: cogemos las toallas y perseguimos a esos cabrones, les matamos, les resucitamos y les volvemos a matar"
"¡Suena bien!"
Oh sí, todo eso nos comunicamos en exactamente dos segundos, antes de salir disparados a por las toallas, cubriéndonos como pudimos a la vez que corríamos hacia la sala desde la que se comentaban los partidos.
Puede que correr medio desnudos por las escaleras que llevaban de los vestuarios a la habitación de los micrófonos no fuese lo más brillante que hemos hecho en nuestras vidas. Pero puedo aseguraros que mereció la pena por las caras de del grupo de cinco que se quedó congelado en mitad de su huida por las mismas escaleras que ahora bloqueábamos.
-¿¡Franny!? ¿¡Gillian!?- Preguntó incrédulo Toni, mirando con la boca medio abierta a sus dos "amigas". Que por cierto sonreían como si nada. Sinceramente no sé por qué estaba Toni sorprendido. No era muy difícil de creer que si alguien iba a instalar cámaras en el vestuario para espiar el reencuentro iban a ser ellas.
-¡Ei, Tonio! Pedazo fin de fiesta, ¿eh?- Comentó Gillian, guiñando un ojo y riendo sin mostrar ningún tipo de arrepentimiento.
-¡Chére! ¡Estamos tan contentas por ti! ¡Sabíamos que con nuestros consejos en l'amour Romanito triunfaría!- Exclamó la francesa, abrazando a Toni, que le abrazó de vuelta automáticamente, sin darse cuenta de que dejaba resbalar la toalla, haciendo que los ojos de la rubia resplandecieran. Me apresuré a volver a subir esa toalla a su cintura, clavando dagas mentales a Françoise, que me sonrió coquetamente.
-¡Roma! ¡Oh, Roma! ¡Este es el vídeo de mi vida! ¡Oh, Dios, sois tan sexys!
Giré la cabeza para clavar mi mirada de odio en Eliza. Por supuesto. Por supuesto que mi puta mánager estaba también detrás del tema de las cámaras espías. Y por supuesto que no se arrepentía, oh no. Sangraba profusamente de la nariz, con un pañuelo medio colocado para evitar la hemorragia. Me habría dado pena, de no ser por que era probablemente la mente maligna tras el plan de PONER UNA PUTA CÁMARA para grabarnos a Antonio y a mí CASI teniendo sexo. O sin el casi, si su plan hubiera funcionado. Ahora casi quería que hubiera funcionado.
Deslicé mi vista hasta las dos figuras tras las tres mujeres más perturbadas que existen en este mundo. Y ahí estaba ese vil renacuajo traicionero, escondido detrás del tanque alemán, que por cierto hacía gala de su pertenencia al club de los imperturbables con su mejor cara de pared de cemento ligeramente cabreada, véase: su cara de siempre.
-¡FELI!- Rugí. Y bueno, al menos una persona sabía reaccionar adecuadamente.
Mi hermano soltó un chillido agudo y se ocultó aun más tras el patatero.
-¡No me mates, fratello! ¡Solo queríamos ver si todo se arreglaba, veee!- Explicó la sabandija.- ¡Y se ha arreglado! ¡Así que todos felices! ¿Sí?
-¡No!- Ladré, lanzándome contra él.
Feli volvió a emitir un sonido de rata estrangulada y trató de correr. Y al ver que no le dejaba, el muy cabrón tiró de mi toalla, dejándome desnudo durante un segundo. Con un grito de sorpresa por mi parte recogía la puta toalla y me envolví en ella todo lo dignamente que pude, tratando de luchar el profundo sonrojo que me invadía y matar a mi hermano con la mirada a la vez. El testa di minchia ese se estaba descojonando disimuladamente.
-Quiero que quede claro que os odio.- Dije, rojo como un tomate, mirando a cada uno de esos traidores.- ¿En qué cojones estáis pensando, espiándonos cuando… cuando…?
-¿Estáis a punto de pasar a la acción? ¿De tener el polvo de vuestras vidas? ¿De follar como conejos?- Propuso Gillian con su sonrisa de vampiro.
-Ugh. ¿Se puede saber desde cuando mierdas estáis aquí?
-Mmm… creo que hemos llegado cuando estabai en vuestro pequeño partido bajo la lluvia.- Repuso Françoise, pensativa.
-¿QUÉ?- Pregunté incrédulo.
-Veee, no te enfades, fratellone.- Interrumpió Feli.- No hemos oído nada de lo que decíais, y apenas os veíamos con la lluvia, por eso Eli ha propuesto lo de la cámara en el vestuario, para ver si de verdad habíais arreglado todo.
-Oh, sí.- Respondí, sarcástico.- Estoy seguro de que esa era su única intención al poner una puta cámara en el puto vestuario apuntando a las putas duchas.
La sonrisa resplandeciente que me dedicó la húngara era demasiado inocente. Por fin Toni pareció recuperarse del shock, desprendiéndose de los brazos de Françoise y viniendo hasta mí, sujetándose la toalla con precaución al pasar frente a Eliza.
-Umh. Vale chicos, supongo que dentro de vuestro retorcido concepto de la amistad esto ha sido un gesto bonito y…
-¿Bonito?- Le interrumpí con incredulidad.- ¡Más bien un gesto de putos acosadores perturbados!
-Bueno, he remarcado lo de retorcido, ¿no?- Sonrió Toni, abrazándome. Sentí cómo me relajaba entre sus brazos, y refunfuñé algo no muy convencido.- Pero la verdad es que… mm… habéis interrumpido bastante.- Continuó Toni, entrecerrando los ojos levemente.
-¡Mensaje captado!- Exclamó Gillian, fingiendo un saludo militar.- Pues nosotros nos vamos yendo. ¡Escuadrón Pollo Alfa ha completado la misión!
-Ooh.- Protestó Eliza, poniendo pucheros. Pero siguió a las dos componentes del BTT después de dirigirnos una última mirada melancólica.
-¡Y quita la jodida cámara!- Grité tras ella.
Feli se lanzó a abrazarme, haciéndome un sándwich entre Toni y él.
-¡Estoy tan contento de que haya salido bien! ¡Os merecéis ser súper felices!- Exclamó, frotando su mejilla contra la mía, mientras yo gruñía entre dientes.- ¡Cuida de mi fratellone, Toni!- Dijo, achuchando también a Antonio, que le devolvió el abrazo sin pensarlo dos veces.- Y si alguna vez eres tú el que le haga daño a Lovino y no él solito voy a ir a por ti, y no prometo dejarte vivir para contarlo.- Dijo en tono absolutamente serio.- ¡Veee! ¡Ciao! ¡Tened mucho sexo, fratello necesita descargar tensiones!- Soltó una risita mientras yo me quedaba boqueando indignado. Y sin más se largó, arrastrando al tanque con él.
Volvíamos a estar solos, Toni y yo. Por fin. En medio de las escaleras, en toallas, aun con el pelo chorreando un poco, pero solos.
-¿Qué era eso de Escuadrón Pollo Alfa?- Preguntó mi bastardo apretándome aun más entre sus brazos.
-No preguntes, en serio.- Refunfuñé, enterrando mi nariz en el hueco entre su hombro y su cuello.
Toni rió suavemente.
Y ahí sí puedo deciros que quise quedarme suspendido en ese instante perfecto. Porque estaba completo. Sentía mariposas y calidez en el estómago. Tenía miedo, pero a la vez no cambiaría ese sentimiento por nada del mundo. Porque merecía la pena.
Por ñoño que suene.
¿Quién me lo iba a decir?
Resulta que al final Lovino Romano Vargas tenía corazón.
¿Fin?
SIENTO HABER TARDADO TANTO. Sé que dije que diciembre era horrible, pero resulta que enero es PEOR.
En fin, aquí está, espero que os haya gustado y MIL GRACIAS por haberlo seguido hasta el final. Tal vez algún día haga un epílogo, pero mejor no prometo nada
¡Siento si no he contestado reviews! No me daba la vida, pero muchas muchas gracias por comentar :)
Ciaoooo, espero subir otra historia pronto y gracias otra vez por leer
