¿A que no sabéis quién acaba de estar por Chueca y no ha podido no escribir esto?

El epílogo prometido, mil gracias a los que comentasteis. Ha sido extraño retomar esta historia, espero que disfrutéis el capítulo. Ahora sí que sí se acaba. (Creo).

Feliz Orgullo, gente (:


-¡Loooviii! ¿has visto mi boa con la bandera pansexual?

Si me preguntáis: no, no tengo ni puta idea de cómo esto se había convertido en mi vida.

Culpo al bastardo.

Y al patatero. Nunca está de más culpar al patatero. Ante la duda.

Di que tampoco me vas a ver quejándome, cuando un Toni semi desnudo, con el cuerpo cubierto de brillantina, unos pantalones más ajustados que el presupuesto griego para este año y banderitas del orgullo pintadas en las mejillas, estaba pavoneándose frente al espejo, dejándome con unas vistas de lujo a uno de sus más fantásticos atributos. Y con eso quiero decir su culo. Para que quede claro.

Tal vez pavoneándose no era la palabra. Realmente lo que estaba haciendo era intentar sustituir su clásico pendiente plateado por un colgante con forma de corazón con la bandera... ¿bisexual era esa?

-¿No puedes decidirte por una bandera y ya? ¿Necesitas llevar todo el regimiento?- Pregunté, en parte exasperado, en parte con franca curiosidad.

-¡No puedo quedarme solo con una, Lovi! Las llevaría todas, pero no me caben. ¡Hay que mostrar apoyo!

-¿No se supone que deberías llevar sólo con la que te identifiques?

-¿Quién lo dice?- Respondió Toni alegremente, consiguiendo encajar el pendiente.

Yo sacudí la cabeza, sonriendo como un gilipollas. Que era lo único que parecía haber estado haciendo los últimos seis meses. Sonreír como si me pagasen por ello. La gente empezaba a confundirme con el puto Feliciano. Y eso si que no podía ser.

Aunque la verdad es que me encontré a mi mismo sin preocuparme absolutamente nada al respecto. Lo sé, lo sé: ¿quién eres y qué has hecho con Lovino Romano Vargas? Pues al parecer había sido abducido por la secta de las parejas estables, había descubierto el maravilloso mundo de los sentimientos y llevaba jodidos seis fantásticos meses disfrutando de sexo genial a cualquier hora y en cualquier lugar. Y no exagero. Para nada. No es que quiera fanfarronear, pero sí.

Claro que el tema del sexo constante no era novedad para mí (pf, obvio), pero sí lo era la maraña de terroríficas emociones que venían al hacerlo con una persona a la que quería. Mucho. Joder. No os miento si os digo que lloré un par de veces. Mientras lo hacíamos. Cómo una puta princesita Disney.

Ayudaba que los dos fuésemos personas tremendamente físicas en el aspecto afectivo. Resulta que si liberabas a mi lado sensible yo era de esos tipos que aprovechan cualquier situación para tocar a su pareja. Lo sé, damos caries con solo vernos, yo también me sorprendí. Habría dado vergüenza ajena a mi yo anterior. De hecho mi yo anterior habría potado ante tanta muestra de afecto y ñoñería. Pero también habría muerto un poco por dentro, porque, reconozcámoslo, mi yo pasado era un jodido idiota reprimido que en el fondo moría de envidia.

Así que quiero oír un hurra por mí y mi superación personal. Gracias, gracias, doy autógrafos cada mes en alguna alfombra roja del mundo.

-Ei, amor, ¿puedes pasarme el móvil? Hemos quedado con todos estos. Y vamos a ser los últimos. Otra vez.- Toni hizo un puchero y yo intenté convencerme a mí mismo de que ya había superado la etapa de ponerme rojo como un puto camaleón en un campo de tomates cada vez que mi novio me llamaba amor. Venga ya, Lovino, estás por encima de eso.- ¡Lovi, te has puesto colorado!- Ugh, y allí va mi control sobre mis reacciones. El bastardo se echó a reír.- Pensaba que "lo habías superado", corazón.- Comentó con tono burlón.

-No sé de qué me hablas.- Murmuré, buscando frenéticamente algo que hacer. Ese algo fue ponerme a desplumar la dichosa boa de Antonio como si de un pollo se tratase.

-Yo creo que sí.- Canturreó Toni. Sus ojos verde intenso destellaron con malicia y mal disimulada diversión.- Cariño mío.

Ese puto sádico.

Hundí mi cara, más roja que mis exámenes de economía en el instituto, en la boa medio desplumada.

Toni, el muy cabrón, saltó sobre mí, abrazándome sin piedad.

-¡Nooo! ¡Quita pesado!- Bufé, escupiendo putas plumas rosas, intentando contener las carcajadas cuando Toni empezó a hacerme cosquillas.

-¿Me estás llamando gordo?- Preguntó el estúpido de mi novio, aumentando su ataque con saña. Me revolví inútilmente, tratando de lanzarle plumitas a la cara con todas mis fuerzas. No mi movimiento más inteligente, lo reconozco.

-¡Lo he superado!- Jadeé, sin aire. Logrando medio liberarme, de modo que quedé sentado en su regazo. Por la sonrisita creída de Toni, no había sido tanto una victoria por mí parte como por la suya.

-Pruébalo.- Me retó.

Hice una mueca. Esto me dolía por dentro.

-Ughh. Lo he superado... caro.

La sonrisa de mi torturador era escalofriante.

-¿Y en inglés, tesoro?

-También, darling.- Dije, con todo el retintín posible.

-¿Un poco más auténtico? Como si fuese algo que sintieses y no como si te estuviesen arrastrando al matadero.- Podía oír la risa contenida en su tono. Rodé los ojos y hundí la cara en su hombro. Y si ardía como una puta plancha ese jodido idiota lo merecía.

-Cariño.- Murmuré.

-¿Y mirándome, Lovi?

Entrecerré los ojos, separándome para mirarle fijamente. Se la estaba jugando.

-Cariño.- Repetí, retándole con la mirada. Me las apañé para que el apelativo sonase como un insulto. Es un don que tengo.

-¿Y ahora con un beso?

Toni sonreía de lado a lado como un jodido idiota. Con un suspiro, me incliné hacia delante lentamente, asegurándome de que cerrase los ojos, mi boca a milímetros de la suya, Toni se acercó hacia mí y... le mordí la punta de la nariz.

Me levanté con una carcajada, doblándome por la mitad mientras mi idiota se frotaba la napia, haciendo muecas de dolor y quejándose como el jodido español exagerado que era.

-Deja de lloriquear, amor.- Comenté, con tono jovial.- Cosas peores podría haberte mordido.

Ignoré la exclamación indignada de Toni, yendo al baño a acabar de peinarme, sonriendo como si hubiese ganado la puta lotería. Que en cierto modo... Solté un resoplido. Me estaba volviendo un moñas. No pude evitar sonreír más aún.

Me arreglé el pelo y comprobé que mi camiseta negra fuese lo suficientemente ajustada pero sin ir marcando rollo croissant. Por supuesto me quedaba como un guante, informal pero elegante (je). Vale que estuviese en un país de idiotas sin ningún tipo de sentido de la moda, pero tenía una imagen que mantener.

Toni se había descojonado al verme todo de negro, con mis ajustados pantalones oscuros de diseño y mi camiseta, diciendo que parecía que fuese a un entierro y que iba a cocerme cual pollo. Le había mandado a la mierda y subrayado que era un absoluto negado para la ropa, por supuesto. Él se había limitado a encogerse de hombros y murmurar algo así como "si te cueces no pienso llevarte en brazos". Y luego había desaparecido en la habitación para salir con esos pantalones pecaminosos puestos, descamisado y con la brillantina. Y ahí se habían acabado mis protestas.

Pero uno de los dos debía vestirse como un ser adulto y sin olvidar prendas por el camino, daba igual que fuésemos a un puto desfile.

Y no me llevéis la contraria en esto. Tengo razón.

Al final, Toni se las apañó para enredar una bandera del orgullo en mi cuello, mientras yo refunfuñaba y me recolocaba mis gafas de sol.

Que Antonio se había ingeniado para sustituir por unas con montura rosa fosforito.

A veces juro que no sé por qué quiero a ese idiota.

Mientras yo seguía rezongando, mi español se puso la triste boa casi desplumada con una sonrisa brillante, guiándome fuera del piso.

Ahh, cuantos recuerdos me traía ese piso.

Nuestra Noche Vieja, con los fuegos artificiales, nuestra fantásticomaravillosa primera vez juntos, su confesión de amor... y mi puesta pies en polvorosa como un jodido cobarde.

Ahhh, sí, los recuerdos.

Mejor jodidamente lejos, ¿verdad?

Sobre todo si podía disfrutar de geniales otras veces y Toni repitiendo una y mil veces que me quería.

Oh Dio.

¿Veis lo que os decía? Un puto ñoño. En eso es en lo que me ha convertido ese puto bastardo de preciosos ojos verdes y sonrisa que podía iluminar... Joder, su puta madre, mierda, joder. Ahí va otra vez. ¿Por qué me poseía el puto espíritu de Federico Moccia cada vez que pensaba en Toni? Bueno, el tío seguía vivo, o sea que su espíritu no podía ser, porque... Bah, voy a dejarlo. Sé que os importa una puta mierda el Moccia ese ahora mismo, habéis venido a leerme a mí.

Así que eso.

Salir del piso de los recuerdos, en eso estábamos.

Por si no lo habíais adivinado ya: sí, estábamos en Madrid, sí, si hacéis el cálculo, seis meses significa que era finales de Junio. Y sí, boas y banderas del orgullo quieren decir que era el Word Pride en Madrid, que no sé si recordáis, pero ya dije que íbamos a hacer un especial del programa si la temporada tenía éxito.

Y, adivinad. No sólo había tenido éxito sino que había sido jodidamente arrollador. Si ya antes era uno de los programas más vistos, ahora era la jodida droga de medio mundo. En serio. Lo habíamos petado fuerte. Y quiero pensar que todo mi drama con Antonio, que la prensa rosa engulló, no había tenido absolutamente nada que ver. Porque la temporada había sido genial ella sola y sin ayuda.

Y por supuesto que yo estuviese en ella solo la hacía más impresionante.

Al fin y al cabo soy el carisma personificado cuando me pongo a ello.

Y no podía negar que Toni tenía la visión necesaria. Había sabido desde el principio qué era lo que el público quería ver. Había arriesgado y había acertado.

Así que, cumpliendo su promesa, nuestro director había conseguido lanzar todo este proyecto del episodio especial adelante.

Y allí estábamos.

Madrid, pleno verano, con un calor que derretiría hasta el gélido corazón de Lucia.

Habíamos pasado los días anteriores grabando sin parar, en medio de los desfiles, conciertos, y la fiesta en general.

Mentiría si dijera que no me lo había pasado de puta madre. Aunque hay que reconocer que me alegraba de haber terminado de rodar el especial, y de poder salir sin necesidad de ser Lovino Romano Vargas, presentador, sino simplemente Lovino, italiano cabreado profesional, o Lovi, idiota enamorado.

Así que sí, me disponía a disfrutar lo máximo posible de la fiesta, con mi estúpido y maravilloso novio.

Hablando del cuál... ¿dónde cojones se había metido? ¿No llevábamos ni dos minutos en la calle y ya lo había perdido? Y mira que tendría que ser difícil, teniendo en cuenta que lleva una puta boa de colores y cien kilos de purpurina encima. Era básicamente una puta comparsa andante.

Miré hacia los lados rápidamente, como en un jodido partido de tenis. Me estaba planteando preguntar a alguien si había visto a un idiota descamisado haciendo el canelo por ahí cuando lo vi. Y tuve que contener las ganas de soltar una risotada.

-Toni...- Tuve que interrumpirme para ahogar mi risa.- Toni, ¿qué coño haces?

Porque ahí estaba mi bastardo particular, por algún motivo subido encima de una puta estatua dedicada a algún tipo que llevaba un par de siglos criando malvas. Había colgado su bandera del orgullo al cuello de la escultura, y se encontraba agarrado a su hombro como si fuese su colega y no un puto trozo de bronce, con la capa-bandera ondeando tras ellos épicamente. Toni ayudaba a crear dramatismo manteniendo la mirada alzada hacia el horizonte, puede que hasta se estuviera esforzando por soltar alguna lágrima en pos del máximo efecto.

-¡Lovi!- Exclamó emocionado nada más localizarme.- Quevedo se une a la causa.

Examiné la estatua con ojo crítico, alzando una ceja.

-Estoy bastante seguro de que ese no es Quevedo.

Toni miró a la cara a su acompañante de metal, llevándose una mano al pecho con ademán traicionado.

-¿No eres Quevedo? ¿Me mentiste?- Yo resoplé, tratando de no reír.- Pensaba que éramos amigos, Quev, y ahora descubro que todo este tiempo has podido ser Góngora.- Se alejó de la estatua lentamente, aún sacudiendo la cabeza.- Lovino, amor, tú al menos eres sincero conmigo.- Exclamó, acercándose a mí, haciendo todo el paripé.

Me alejé un par de pasos.

-En realidad.- Declaré.- No le conozco de nada y no sé por qué me habla, señor.

Y me giré a tiempo de echar a correr antes de que Toni se abalanzara sobre mí.

Solté una carcajada.

-¿Tú también, Brutus, hijo mío?- Declamó Antonio, con un brazo extendido para su gran acto final. Parecía que iba a continuar con su avergonzamiento público, así que le callé con un beso, cogiéndole de la mano.

-Ala, vamos, idiota, que vas a conseguir que te detengan por escándalo público.- Dije, sonriendo satisfecho al ver que había conseguido dejarlo mudo y con una sonrisa boba en la cara, que probablemente se reflejaba en la mía.

Dios.

Qué par de idiotas.

Fuimos hacia la calle donde habíamos quedado con todos, de la mano, mientras Toni me contaba animadamente otra de sus historias (esta vez me incluía a mí y a la patatera) y yo contraatacaba recordándole un par de anécdotas del día que le llevé a conocer a Nonno y a Romeo. Ese sí que había sido un día intenso. Cómo mínimo. El resultado era que mi hermano pequeño idolatraba a Toni como si fuese un puto dios o algo, y mi abuelo se traía un rollo competitivo extraño con mi novio. No preguntéis. Sólo diré que tenía que ver con temas que de verdad nunca quise saber sobre Nonno. No ayudaba que mi español le siguiera la corriente.

Comentamos sobre la inminente boda entre Lucia y Matthias, discutiendo a cerca de su los rumores sobre el anillo de Lego serían ciertos. Toni acabó llorando de la risa cuando empecé a explotar con ganas el tema.

Antes de que nos diésemos cuenta, llegamos a Chueca (por si no lo sabéis el barrio gay por excelencia en Madrid y obviamente el epicentro del Orgullo), abriéndonos paso entre las miles de personas aglutinadas allí, la explosión de colores de mil banderas diferentes, serpentinas y disfraces envolviéndonos como una paleta repleta de tonalidades. Una sinfonía de ruidos, música y gritos llenaba la calle, a reventar de gente.

¿Cómo íbamos a encontrarles allí? Casi no podía ni ver a Toni, de personas que había, y eso que íbamos de la mano.

Claro que, confía en Gillian para hacerse oír en medio de una multitud.

-¡TONIO! ¡VARGUITAS!

Hacía ya casi un año que la conocía y aún así juro que era imposible acostumbrarse a ese tono de voz. Sin embargo Toni era la prueba viviente de que debía serlo, porque ni siquiera tuvo la decencia de pegar un respingo, mientras que yo casi salté hasta el cielo.

La chica de pelo plateado se acercaba a grandes zancadas, apartando a la gente como si nada, probablemente los pobres estaban aterrados de que les pisara con aquellas enormes botas militares, que por supuesto llevaba pese al calor abrasador. La germana vestía una camiseta cortada con la frase "¿Entiendes, o te lo explico?" estampada en medio. No pude evitar soltar un resoplido divertido.

Tras ella, siguiendo grácilmente el camino que abría, deslizándose como una jodida reina por su puto palacio venía Françoise, portando un tutú con los colores del arco iris. Y seriamente, nadie tenía derecho a que un tutú les quedase tan elegante. Ni siquiera yo conseguiría llevar eso con estilo. No es que lo haya intentado ni nada.

El resto del grupo las seguía algo más, atrás, al parecer teniendo más problemas para moverse entre la aglomeración.

-¡Hola, Gil, Franny! ¡Hola a todos!- Sonrió Toni, sin soltar mi mano, saludando hacia nuestros amigos.

-Hon hon hon, Antoine, que bien te veo.

-¡Manos donde pueda verlas, franchute!- Exclamé, protegiendo el torso desnudo de Antonio con mis brazos, en cuanto vi a la modelo francesa acercarse demasiado con claras intenciones.

-¡Romanito!

Solté un bufido de gato al que le han pisado la cola, haciendo una finta para evitar las manos de Françoise, que habían empezado a dirigirse hacia mi baja espalda.

Toni se echó a reír.

Ugh, eso me pasa por intentar defender su honor. La próxima vez le iban a dar por culo. Yo. En casa. Lejos de la francesa pervertida. Porque si alguien tiene derechos sobre ese fantástico culo soy yo. Sólo para que quede claro.

Umh.

-¡Roma!- De repente, como oliendo mis pensamientos gays, Eliza estaba espachurrándome contra ella.- ¡Esto es fantástico! ¡Me alegro un montón de haber venido!- Exclamó mi mánager emocionada. Llevaba una corona de flores y una camiseta que mostraba dos chicas de uno de esos animes que adoraba liándose, nada sorprendente en Eliza. Al igual que la cámara que llevaba en mano. Típico.- Sophie y yo vamos a ir a ver un concierto al aire libre esta noche.

Ugh. Torcí el gesto. La austriaca seguía cayéndome peor que el puto inventor de las jodidas salchichas alemanas, pero mi mánager estaba loquita por ella, así que a joderse y a aguantarse. Ya llevaban saliendo casi el mismo tiempo que Toni y yo. Agh. Es la última vez que nos comparo. Me da igual que solo sea en eso, simplemente no. Lo próximo sería aceptar una de esas dobles citas que Eliza llevaba proponiéndome un tiempo. Y gracias pero no, para sentirme incómodo me valgo yo solito. Me alegraba inmensamente de que en ese momento no estuviese presente, me daba igual que Toni lo hubiese superado y se llevara bien con ella. La pianista me daba escalofríos.

Mientras yo seguía siendo estrujado por una emocional húngara, mi hermano y su ladrillo andante nos habían alcanzado. Feli, como Eliza, no había venido por motivos de trabajo, sino solo para disfrutar de la fiesta. Aunque fuese en compañía de la última persona en la tierra que yo me llevaría como compañero de juerga. Pero en fin. Nunca he dicho que mi hermano tuviese buen gusto. Excepto para la ropa, solía pensar, ahora estaba a punto de retirarlo, al ver las pintas de mi fratellino. Se había teñido las puntas del pelo de colores, llevaba una bandera atada a la cintura y unas gafas en forma de corazón, además de una camiseta que apenas cubría su piel, color fosforito .

Como contraste absoluto, el tanque iba normal, su pálida piel rosa por el sol, el pelo rubio repeinado y una expresión ligeramente desesperada.

Entendía el sentimiento. Feli prácticamente vibraba de la emoción, saltando de aquí para allá como la mariposa arco iris que era.

El pobre patatero no supo en lo que se había metido cuando aceptó a venir. O a salir con mi hermano en general.

Frateeelloo! Vee, ¿has visto cuanta gente? ¡Seguro que a Nonno le habría encantado venir!- Mi hermano dejó de bailotear a mi alrededor para clavar su mirada en un grupo detrás nuestro.- ¿Has visto a esos hombres que van todo de cuero? ¡Uno conocía a Luddy! ¡Le ha dado una cachetada! ¡En el culo!- Parpadeé en dirección a mi hermano y la patata, cuya cara había adquirido un interesante tono rosa flamenco aun más intenso.- Le he lanzado mi bebida a la cara, claro.- Feli soltó una risita escalofriante.- ¡Sólo yo puedo hacer eso!

Feliciano agarró entonces el trasero del alemán. Con fuerza. Ludwig dio un respingo y si expresión habría sido descojonante si mi hermano no pareciese tan satisfecho consigo mismo.

Notablemente, todos dimos un paso atrás, alejándonos del aura violenta que de repente rodeaba al espagueti descerebrado. Françoise, sabiamente, dio dos.

Por fin los tres miembros del grupo que aun no habían asomado hicieron acto de presencia.

-¡Hola chicos!- Saludó Emma, acercándose con un sonriente Abel y un malhumorado Carlos. ¿Ué? Sí, acabáis de leer correctamente. Algo no encajaba. ¿El mundo iba a acabar? ¿Por eso andaba tan feliz el pelo tulipán? Debía de ser algo así de fatídico como mínimo.

-¿Por qué sonríes, Abel? ¿Te han regalado dinero o algo? En serio, está empezando a darme escalofríos.- Comentó Toni. Sonreí internamente por nuestra conexión mental.

El holandés resopló, pero no abandonó su sonrisa. Y, seriamente, ¿qué cojones? Era como ver a un pez llorar o algo.

-Que os explique Carlos.- Dijo, sin más.

Nos giramos hacia el aludido, que se limitó a gruñir algo entre dientes.

-No les hagáis ni caso, ha sido una tontería.- Comentó Emma, agitando una mano. Me alegré al ver que iba vestida normal, al igual que los otros dos, excepto por la cinta de su cabeza, que lucía la bandera arco iris.- Al parecer han confundido a Carlitos con uno de los que iban a dar discursos y lo han subido a un podio...

En ese momento sucedió algo extraño y terrorífico que juro que quedará grabado en mi memoria para siempre: Abel soltó una risilla.

-¿Pero a este qué coño le habéis dado?- Exclamé.

Por sus ojos enrojecidos podía imaginar que lo típico, pero he visto a Abel inhalar gas de la risa y apenas mover un músculo de la cara. Así que dejadme flipar.

-Y entonces...- Dijo el pelo tulipán ahogando una risa, y juro que era aterrador.- Se ha quedado tan pillado, que lo único que se le ha ocurrido ha sido ponerse a recitar la tabla del siete.

Nos giramos hacia el cubano con expresiones incrédulas. Carlos nos dedicó una mueca.

-Me he quedado en blanco, ¿vale? Y lo único que me sale cuando estoy nervioso es recitar las tablas de multiplicar. Teníamos un profe en la escuela que...

Perdí el hilo de la explicación cuando noté que Toni tiraba de mi mano. Me acercó a él hasta que estábamos pecho a pecho, frente a frente. El barullo de la multitud y las voces de nuestros amigos ahogado como ruido de fondo para nuestra burbuja particular.

Sus ojos verdes me sonreían y yo me encontré contando las motitas de color más oscuro en sus iris.

-Ei.- Susurró contra mi oído.

-Ei.- Respondí en un tono igualmente bajo, notando calidez en el estómago. Nos mantuvimos un rato así, balanceándonos ligeramente como al ritmo de la música.-Te quiero.- Susurré, como un secreto solo para él. Sus ojos hicieron chiribitas, y se formaron pequeñas arruguitas en las comisuras.

-Y yo a ti, amor.- Sonreí contra su rostro, contento con respirar el mismo aire, mezclando nuestros alientos.- ¿Listo para hacer temblar Madrid?

Solté aire en una risa suave.

-Y el mundo.

Toni se separó lo suficiente como para dirigirme una sonrisa deslumbrante.

-Aunque no embutido en esa camiseta, espero.

-¿Qué...?- Antes de que pudiera terminar de formular la pregunta, noté cómo me agarraban por detrás y me elevaban los brazos, mientras otro par de manos me quitaba la camiseta.- ¡EI!- Protesté, pero Françoise ya había salido corriendo, agitando mi prenda como si se tratara de una puta maraca.

Gillian me soltó con una risotada, dejándome con el torso al descubierto ante el inclemente sol madrileño.

Toni no perdió el tiempo para abrazarme fuertemente y restregarse contra mí, embadurnándome de brillantina sin dejar de reír. Le dediqué una mirada asesina.

-No me mires así, Lovi.- Dijo, divertido.- Ahora vas mucho más acorde y fresquito. ¡Ya no tengo que preocuparme de que te dé un vahído!

Por supuesto me lancé a por él. Mientras Toni intentaba besarme entre risas y yo trataba de bajarle los pantalones o algo, sólo por fastidiar, me di cuenta de lo increíble que era mi vida ahora.

Lo sé, lo sé.

La ñoñería.

Pero.

Era cierto.

Estaba enamorado hasta las trancas de un idiota que me quería con toda su alma. Tenía amigos, puede que no normales, reflexioné, viendo a Françoise con mi camiseta colocada a modo de melena, Gillian descojonándose de algo dicho por Carlos junto con Abel, Emma y Eliza; pero eran mis amigos. Ni comento lo que mi hermano hacía en esos momentos con el macho patatas. Sólo diré que hasta Nonno se sonrojaría. Pero en fin, no cambiaría a esa panda de bastardos pervertidos por nada.

Tal vez al tanque alemán.

Pero sí.

El desfile fue increíble. En algún momento Gillian, Carlos y Toni se hicieron con pistolas de agua y acabamos todos empapados y chorreando. Lo que no estuvo mal, con ese calor abrasador.

De vez en cuando gente nos reconocía y nos paraba para sacarse selfies o comentar algo. Feliciano, Françoise y yo éramos los más reconocibles, pero Toni no se quedaba lejos, después de todo el bombo de los periódicos y la tele habían dado a cerca de él como director o de su relación conmigo. Aun así, la modelo francesa fue la que más bola le dio a la gente, besando en la boca a algunos (y algunas) fans. Yo por mi parte, ni siquiera tuve que fingir las sonrisas.

Acabamos encontrando a parte del resto del equipo, al menos a los que se habían quedado después de acabar de grabar. A Heracles le vimos sorprendentemente despierto, vestido de angelote y subido en una de las carrozas por algún motivo, saludándonos perezosamente. Kirkland y Amelia estaban abanicándose el uno al otro como si les fuese la vida en ello en una terraza, los dos quemados como los guiris que eran. La americana se unió ala guerra de agua un rato, mientras el guionista trataba de fundirse con las paredes para evitar el sol.

En algún punto, Toni desapareció de vista, solo para aparecer momentos después, con las manos tras la espalda y una sonrisa de lado a lado.

-Ei, ¿Lovi?

Puse los ojos en blanco ante su bobaliconería, pero le devolví la sonrisa igualmente.

-¿Mhm?

Mi español descubrió entonces lo que llevaba en las manos, extendiéndolo hacia mí.

-Feliz Orgullo.- Dijo, con una risa suave. Era una rosa, una rosa con los pétalos teñidos de los colores del arco iris. Había visto vendedores por todas partes ofreciendo esas flores, junto con abanicos y gafas con la bandera. No pude evitar una carcajada.

-Te vas superando.- Dije, aceptando la rosa y aferrando la mano que Toni me ofrecía.- Ñoño.- Murmuré con tono divertido.

Él emitió un resoplido fingidamente ofendido.

-¡Romántico!

-Es la misma puta cosa.- Dije riendo, recordando una de nuestras primeras conversaciones. Por la carcajada de Toni, acababa de pensar lo mismo.

-Sé que en secreto te encanta.- Dijo, llevando una mano a la curva de mi espalda.- Te encanto.- Se corrigió.

-¿Sólo en secreto?- Reté, lanzando mis brazos alrededor de su cuello, con la rosa aun en mi mano.

Y antes de que Toni pudiera responder, le besé con ganas, devorando su boca como si fuese la última vez. Noté sus manos aposentarse en mi baja espalda, atrayéndome aun más hacia él. Y en algún momento, mientras me perdía en Toni, el beso debió de escalar, porque de repente esas mismas manos habían bajado hasta mi culo y una serie de silbidos y gritos entusiasmados nos rodearon.

Casi sin aire, nos separamos de mala gana para mirar alrededor. No solo Gillian, Françoise, Eliza y Feliciano estaban animando como si fuese su puto programa preferido, sino que hasta Carlos aplaudía, con una sonrisa divertida, al igual que Emma. Ludwig parecía incómodo, pero aguantaba estoicamente con Feli subido a sus hombros chillándonos obscenidades muy animadamente. Abel se había pirado y no estaba a la vista, supongo que demasiada felicidad para él. Y un grupo de gente se había reunido a nuestro alrededor, todos animando y riendo.

Oí algún grito de "¡Ánimo Romano!" y de "¡Ohhh! Son incluso más monos que en la tele".

Noté el color inundándome las mejillas.

Por supuesto, el cretino de mi novio reaccionó como si nada, agitando una mano hacia el círculo a nuestro alrededor y sonriendo felizmente, contestando a alguno de los gritos con igual entusiasmo.

Bateé las manos hacia su brazo para que dejara de saludar. Dirigiendo al coro de voyeurs uno de (en mis humilde opinión) mejores y más terroríficos ceños fruncidos.

-¡Despejad, gente! ¿No habéis oído hablar de la puta privacidad? ¡Estábamos teniendo un momento íntimo por aquí!

Oí a alguien gritar un "¡Y tanto!" que decidí ignorar. Toni me dirigió una mueca divertida, sin mover su mano de mi espalda.

-Relax, amor. ¡Es el orgullo!- Cuando me sonrió de nuevo como si yo fuese lo más importante del mundo, me dejó sin muchas defensas. Y volvió a besarme, para alegría de nuestros espectadores.

Y la verdad es que no me importó.

En unos días teníamos planeado ir a visitar el sur de España, y luego pasaríamos una semana con la familia de Toni. Quedaba todo un verano por delante antes del inicio de la nueva temporada (Toni tenía un contrato para dirigir al menos cinco más tras el éxito de la anterior). ¿Qué puedo decir? La vida era maravillosa y yo era feliz. ¿Podéis creer eso? Yo, Lovino Vargas. Feliz.

Un altavoz cercano empezó a tronar con una canción de esas que a Toni le encantan, y yo permití que me empujara a bailar con él, sin dejar de reír mientras sonreía como el idiota que todos sabéis que soy.