CAPÍTULO VIII.- El Baile.
Seiya, Shiryu y Saori estaban reunidos en el antiguo despacho del Señor Kido, ahora heredado por su nieta. Saori escuchaba el discurso de Shiryu mientras observaba por la ventana, Seiya estaba sentado frente a su amigo en las sillas previstas para visitas situadas delante del escritorio principal.
- Lo siento Saori no veo razón alguna para que vayas a esa gala ¿acaso no ves lo que pretende? – La joven no se inmutó ante el reclamo de su amigo.- Seamos coherentes, sabemos desde hace tiempo que Julián ha estado teniendo reuniones con el resto de miembros de la Junta de la empresa de tu abuelo, busca su apoyo para solicitar tu incapacitación y quedarse con el control operativo de la empresa como segundo accionista mayoritario.
- Lo sé Shiryu.
- ¿Entonces? – la inquirió desesperado su fiel amigo. – Saori – su tono se suavizo – si tuvieras una "crisis" en esa cena, rodeada de los miembros de la Junta, sería como si tú misma firmaras tu internamiento en un psiquiátrico. – La joven asintió con un suspiro mientras tomaba asiento en la silla del escritorio que antaño ocupada por su abuelo, su mirada seguía concentrada en cualquier cosa al otro lado de la ventana.
- Seiya por favor dí algo – Shiryu se levantó de su silla y comenzó a dar vueltas alrededor de la estancia, buscaba desesperado el apoyo de su amigo – al fin y al cabo tú eres el experto aquí. – Seiya demoró su respuesta.
- Shiryu tienes toda la razón esa cena es un riesgo; sin embargo, si ella quiere ir yo no puedo evitarlo. – La sentencia del muchacho hizo que Shiryu se desplomara nuevamente en su silla. – Pero no nos desesperemos, podemos prepararnos para la ocasión.
- ¿A qué te refieres? – ese comentario había atraído la atención de Saori nuevamente al interior de la estancia.
- Te pondremos a prueba – Seiya tenía la total atención de ambos. – Tus avances en los últimos meses han sido increíbles Saori, creo que es buen momento para dar un paso más, saldremos de la mansión y te enfrentarás al mundo, sólo así sabremos si podrás superar el evento en el que tiene tanto interés nuestro "amigo" Julián. Mañana haremos una visita a los niños del orfanato.
Saori le miró ojiplática, le aterraba la idea, pero al mismo tiempo reconocía que no era del todo descabellada.
Esa noche Seiya tuvo un extraño sueño.
Se encontraba en un mundo ruinoso rodeado de una extraña oscuridad, sentía todo su cuerpo dolorido y la angustia le ahogaba, algo malo estaba sucediendo. Llevaba una extraña armadura destrozada por alguna batalla anterior, un campo de fuerza le impedía moverse. Miró a su alrededor. Sus amigos de la infancia se encontraban a su lado, llevaban también extrañas armaduras, la de Shiryu recordaba a un dragón, la de Hyoga a un cisne, estaban también Shun, con una armadura de la que colgaban cadenas y su hermano Ikki, su armadura recordaba a un ave, aunque no supo distinguir cual. Todos ellos se mostraban igualmente exhaustos y heridos, bloqueados por idéntico campo de fuerza. Al fondo de la instancia dos guerreros se enfrentaban en una pelea, uno era una mujer… ¡era Saori! Ella también llevaba una extraña armadura, mucho más brillante que las de ellos y con alas, sostenía un báculo y un escudo. La joven desprendía una fuerte luz, su calor parecía tocarles, protegerles. Peleaba contra un guerrero mucho más corpulento que ella, e incluso que él, que portaba una armadura oscura con tres pares de alas y una espada. Seiya tuvo miedo, veía que el susodicho desprendía un aura oscura de fuerte poder, iba a vencer a Saori, tenía que evitarlo. Reunió todas las fuerzas que le quedaban y consiguió romper el campo de fuerza que le retenía, corrió hacia Saori, tenía que salvarla
"Athena" – gritó.
Todo sucedió muy rápido, intentó golpearle y proteger a su Diosa, a Saori, pero el guerrero siempre terminaba levantándose, golpeándole y lanzándole lejos. Entonces vió como el monstruo empuñaba su espada hacia Saori, iba a matarla, tenía que evitarlo.
Seiya se interpuso entre la espada y el cuerpo de la joven. Todo se volvió oscuro.
¿Acaso había muerto?
Era imposible, nadie puede morir en un sueño.
Entonces la oyó, era ella, Saori. Lloraba como nunca antes había oído llorar a nadie, era desgarrador. Lloraba por él, maldecía su muerte y su entrega. Le pedía que se quedara con los que amaba. Quería abrazarla, besarla, decirla que no se preocupara que no había muerto, pero no podía, su cuerpo no reaccionaba.
Seiya se despertó con un sobresalto empapado en sudor. ¿Qué había sido eso? ¿Acaso había empatizado tanto con su paciente que comenzaba a tener sueños sobre su mundo de caballeros y dioses? Necesitaba beber agua y tomar algo de aire. Hizo amago de levantarse y entonces lo notó. Un fuerte dolor en su pecho, justo en el punto en el que la espada de aquel horrible caballero había impactado. El dolor le ahogaba. Levantó su camiseta, tenía amoratada la zona. ¿Qué diablos había sucedido…?
Los tres amigos se encontraban parados frente a la puerta de orfanato. – "¿Preparada?" - Seiya sujetaba a Saori por un brazo y Shiryu por el otro. La joven asintió, su nerviosismo era evidente. Los tres comenzaron a andar hacia el interior. Al fondo se veía a los niños jugar en el patio de recreo, sus gritos les alcanzaba. De entre la multitud de chavales se distinguía la figura de una mujer, Seiya frenó en seco.
- No me lo puedo creer – acertó a decir el joven – Shiryu, dime que no es verdad… aquella… aquella… - un brillo de emoción se despertó en los ojos del joven – Esto no puede ser verdad ¡Miho! – Seiya se soltó de Saori y comenzó a correr hacía la joven.
La joven en cuestión, se giró mostrando idéntica expresión de asombro y alegría.
- Seiya, ¿eres tú? - corrió hacia él.
Ambos se fundieron en un abrazo, el joven la aupó y comenzó a dar vueltas con ella en brazos. Reían y se veían muy felices por reencontrarse. Miho había sido una gran amiga de Seiya en su niñez, incluso los niños del orfanato se burlaban de su relación. Se podía decir que era su novia de la infancia.
Una desagradable sensación se alojó en el estómago de Saori al verlos, eras celos, unos celos infantiles, pero profundos y dolorosos… No pudo evitar compararse con Miho. La niña de coletas añiles se había convertido en una hermosa mujer. Dulce, bella y, lo más importante, "sana". Una enorme tristeza y nerviosismo la invadieron. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Visitar el orfanato implicaba que los viejos enamorados se reencontrarían… Pero para su desgracia no era lo único que iba a poner a prueba su entereza ese día.
Los gritos de Seiya alertaron a los niños que hasta el momento jugaban ajenos a la visita que acababa de llegar. Al ver a Saori con Shiryu el patio se alborotó. ¡Era la Señorita Saori! Por fin había vuelto a visitarles. Los niños corrieron hacia la joven, la rodeaban y gritaban demandando su atención. Saori empezó a ponerse nerviosa, muy nerviosa, su vista se nublaba… se estaba perdiendo en su abismo particular, no podría conseguirlo... no podría mantenerse en la realidad. Shiryu se dio cuenta de que la situación empezaba a superar a su amiga. La zarandeó, intentaba en vano que reaccionara.
- ¡Seiya! – grito desesperado – Es Saori, no sé qué la pasa.
El joven de ojos castaños se alertó ante el grito de su amigo. ¡Qué había hecho? La emoción de ver a su amiga le había hecho olvidar por un momento el motivo de su visita. La había abandonado cuando más necesitaba de su apoyo, la culpabilidad le invadió y corrió hacia Saori.
- ¡Saori!¡Saori!Despierta! – la gritaba desesperado. No funcionaba. Notaba como cada vez las fuerzas de la joven parecían abandonarla. Tenía que tranquilizarse… tenía que lograr que volviera. Cogió su cara entre sus manos forzando que la joven le mirara a los ojos. – ¡Llévate a los niños Shiryu! – le grito a su amigo, que al momento se puso manos a la obra alejando a la algarabía infantil – Saori, mírame – le suplicaba. Sus ojos estaban perdidos, apagados. – Saori, por favor, vuelve conmigo. Estoy aquí a tu lado, siempre estaré a tu lado. – Su ruego era desesperado. Apoyó su frente en la de la chica – Reacciona por favor. – Era rabia y desesperación lo que invadía en ese momento. Era su culpa, él la había forzado. – Saori… - le susurró – no me dejes ahora por favor.
Las manos de la joven se posaron sobre las de él que aún sujetaban su cara.
- Seiya – su voz era un débil susurro - ¿qué ha pasado?
El chico buscó su mirada emocionado, sus ojos volvían a tener brillo, era ella, estaba ahí. Rió.
- Nada… te perdí por un momento. Pero lo conseguiste Saori, volviste a mí. – la joven le sonrió.
- No me dejes nunca, no voy a poder – le suplicó ella.
- No lo haré – la abrazó.
Seiya se peleaba con su pajarita frente al espejo cuando Shiryu entró.
- Sigo pensando que no es buena idea. Estamos a tiempo, llamamos y decimos que está indispuesta.
- No podemos Shiryu… ¿puedes ayúdame con esto? Tu amigo Hyoga podría tener una pajarita de clip, es mucho más cómoda – Shiryu resopló y comenzó a hacerle un nudo, "sigue siendo un desastre" pensó. – Si no vamos, si ponemos una excusa, Julián ganará, le estaremos dando motivos para seguir con su plan. Si vamos allí y triunfamos, ya no podrá hacer nada. – Shiryu frunció el ceño. – Vamos Shiryu… Sé que la primera visita al orfanato fue dramática, pero el resto de días ha ido bien, ella ha sido fuerte, podrá hacerlo. Si veo que algo le pudiera pasar te prometo sacarla de allí volando.
- No es eso. Ya está. – Seiya comprobó en el espejo la destreza de su amigo. – No me fío de ese tipo Seiya. – Estaba realmente preocupado- Tened cuidado, sólo eso, seguro guarda un as en la manga.
La joven se retrasaba, Seiya estaba nervioso, no paraba de jugar con las figuritas de cristal que adornaban la mesa del hall. Casi se le cae una, la cogió justo antes de que tocara el suelo. Shiryu le miraba divertido. "Ejem" Tatsumi carraspeó desde lo alto de la escalera, Saori se sujetaba de su brazo y de la barandilla para bajar.
Llevaba un vestido de seda de un tono morado muy claro, casi blanquecino pero con cierto brillo satinado. Era de tirantes finos y escote en pico, se ajustaba perfectamente a su cuerpo hasta la cadera donde la falda ganaba vuelo. Era un vestido hermoso que acentuaba su feminidad y la elevaba a la categoría de diva, pues cuando andaba la seguía, la acompañaba dando una suntuosa fluidez a sus movimientos. Llevaba el pelo recogido en un moño despeinado, lo que dejaba ver su espalda, abierta hasta la altura de la cintura y únicamente cubierta por los dos finos tirantes en cruz. Apenas llevaba joyas, unos discretos pendientes de brillantes y una pulsera a juego.
Seiya no era capaz de articular palabra ¿estaba viendo un ángel?, era una auténtica aparición divina. Estaba más hermosa que nunca. La miraba embobado, no fue hasta que su amigo le despertó con un codazo cuando acertó a cerrar la boca que parecía contemplarla llena de asombro.
Saori ya se encontraba a su altura, y él no acertaba a reaccionar.
- ¿Nos vamos? - le dijo ella algo nerviosa al sentirse observada.
- Por su… por su… por su puesto, si… si, vamos. – Seiya no atendía a acertar con sus movimientos. Finalmente le ofreció su brazo. Ella lo aceptó con una ligera sonrisa.
- Chicos, se me olvidaba – Shiryu rompió la magia – me ha llamado Shun – ambos le miraron sorprendidos – él también está invitado a la cena de gala. – Sonrió, eso era una buena noticia, tendrían un apoyo adicional esa noche con el que no contaban.
Cuando se habían alejado de las miradas curiosas de su amigo y el sirviente, Seiya se acercó al oído de Saori.
- Si me hubieran dicho que tenía que acompañar a la mujer más bella del mundo a la fiesta, no me hubiera hecho tanto de rogar. Estás preciosa Saori – deposito un suave beso en su mejilla.
