14 de diciembre, 2014
Te mataré ¡maldita bastarda!
Medea, hija de Stryker, siempre la había odiado. Desde que nació, siempre había detestado a Abadonna sin motivos. El motivo de su furia actual, fue porque Abadonna no le había permitido azotar a Elathan por puro capricho. Medea había gritado indignada hasta que se quedó sin voz. Abadonna no se había movido de su lugar, protegiendo a su amigo que estaba amarrado como un animal a un poste. Temblaba de rabia por su amigo. Para ella, los Charonte no eran sirvientes. Eran su familia.
No lo tocarás. Te lo prohíbo.
Medea soltó una carcajada, cruzando sus brazos bajo sus pechos. Aún siendo mucho más baja de el metro 90 de Abadonna, aquella malcriada se sentía una diosa a su alrededor. Normalmente eso le tenía sin cuidado a la hija de Apollymi, pero nadie se metía con su familia.
Te sientes muy segura de ti por ser protegida de Apollymi, ¿no es así? Mírate. No eres más que una recogida. Patética. Ni tus padres te quisieron.
Abadonna la ignoró. Le dio la espalda y usando sus manos, soltó a su amigo. Pudo haber usado su telekinesis, pero por consejo de su madre, siempre evitaba usar sus poderes cuando habían extraños o enemigos cerca.
¿Estás bien Elathan?
Preguntó acariciando su mejilla y después revisó sus muñecas. La perra le había hecho daño a sus alas. Quería matarla.
Elathan está bien Donna. No te preocupes por Elathan.
Abadonna le sonrió al escuchar el diminutivo cariñoso por el que Elathan le llamaba. Había pasado siglos peleando con él para que dejara de llamarla akra, término atlante para "ama y señora." Ella solía reñirle, diciéndole que la ama era su madre, no ella. Después de mucho discutir, Elathan había acortado su nombre a Donna. Sorprendentemente, le gustaba que él le llamara así.
Se voltearon para irse y Medea miró a Elathan con odio. Abadonna no vio venir las intenciones de Medea hasta que estampó una sonora bofetada en la mejilla del demonio.
Irrespetuoso de porquería. ¡No te basta con matar a mis sirvientes que también le hablas a esta bastarda como si fuesen familia! No en balde son animales. ¡Os odio a ambos!
Abadonna tardó 5 segundos en reaccionar y apenas 1 para cegarse de la ira. De un salto hizo caer a Medea y fue a por ella, mutando a dragón. Un enorme dragón blanco, poseído por las ansias de matar a quien había osado tocar a uno de sus protegidos.
Los gritos de Medea no se hicieron esperar mientras el dragón la atacaba. Todo se volvió un caos. Daimons aparecían por todas partes, atacando al dragón, intentando proteger a Medea de alguna forma.
¿Que significa esto? ¡Hija!
Stryker entró con Zephyra, su mujer, cuando los daimons habían logrado alejar a Medea del furioso animal. Abadonna rugió, escupiendo fuego por su hocico. Pero la humana en ella logró calmarse lo suficiente y el dragón desapareció, dejando a Abadonna desnuda, en medio de la sangre y destrucción.
Debería matarte, recogida. ¡Haré a Apollymi matarte por esto!
Fue a por Abadonna con sus manos desnudas. Elathan se puso en medio y abrazó a Abadonna, desapareciendo de allí al instante.
Ya en la seguridad de los dominios de su madre, Abadonna pasó sus dedos por sus heridas. Los daimons eran demasiado lentos para ella, pero habían marcado su piel. Elathan la cubrió con su propia capa. Entonces se llenó de rabia y vergüenza.
Debió dejar que azotara a Elathan, akra Abadonna.
Que Elathan regresara a su tono respetuoso, le hizo hervir la sangre.
Donna. Soy Donna para ti, Elathan. ¡Te prohíbo esa actitud conmigo!
Elathan abrió la boca para contestar, cuando las puertas fueron abiertas de golpe. Apollymi entró a su habitación hecha una furia. Parecía no tocar el suelo con sus pies. Parecía volar.
¿Que ha ocurrido Abadonna? Stryker exige tu cabeza.
Elathan se adelantó a contestarle y con un elegante movimiento de mano, Apollymi le hizo volar al otro extremo de la habitación y golpear la pared.
Abadonna siseó y dio un paso hacia su amigo, pero la fuerza de la mirada de su madre, la hizo detenerse. Sus manos se hicieron puños. Su bestia interior peleaba con su lado humano. Le costaba respirar. Pero no menguó ante su madre ni sintió vergüenza. Ella no tenía la culpa de nada.
Medea quiso azotar a Elathan sin motivos. No se lo permití. Me insultó y lo abofeteó. Me cansé, matera. No tolero las injusticias. Era como ver cómo maltrataban a mi akribos otra vez. He visto demasiado en tus recuerdos. No podía dejarla.
Sus palabras eran dagas filosas al corazón de Apollymi. Su hija era justa, bondadosa, leal. Era parte de su naturaleza dragón. Sus ojos se llenaron de lágrimas y maldijo a Archon por haber ocultado la profecía. Si Apollymi hubiera sabido de ello, Apostolos no habría sufrido. Su hermana lo hubiera defendido con garras y dientes.
Abrazó a su hija y besó su frente. Le dolía el peso de lo que debía hacer.
Stryker demanda que te entregue pero no confío en él. No sólo te mataría por tocar a su hija. Te torturaría hasta hacerte pedir piedad. No puedo permitir eso. Tengo que protegerte. Él es necesario para gobernar los daimons. Pero tú eres mi corazón. Es tiempo de que vayas con tu akribos, Abadonna. Él y tu padre podrán protegerte.
Las palabras de Apollymi la llenaron de temor y extraña emoción. ¡Había pedido por siglos ir a ver a Apostolos! ¿Y ahora podría? ¿Conocería a su hermano y a su padre? Contrario a lo que siempre pensó, se llenó de tristeza al saber que dejaría a su madre, a sus amigos. No quería irse. No así.
Akra ¿permite a Elathan acompañarla? Akra Abadonna no conoce nada del mundo. Elathan quiere proteger a su akra.
Apollymi miró al charonte y luego a su hija. Con una sonrisa triste, asintió.
Te confío su vida Elathan. Cuidala hasta de sí misma.
Abadonna negó. No quería irse. No así. Abrazó a su madre con fuerza. Así como la abrazaba cuando era una niña y lloró con ella.
No quiero dejarte Matera. Así no. No hice nada malo.
A la diosa se le rompía el corazón. Era como vivir los maltratos que le hicieron a su hijo una y otra vez. Abadonna era transparente como el cristal. Llena de vida y bondad. No conocía en sí misma, lo cruel que era el mundo. Apollymi maldijo a los Destinos por obligarla a separarse de su hija. La consoló como cuando era una bebé y después besó sus manos.
Podrás venir a verme cuando quieras. Cuida a Apostolos y a Damian. Sobretodo, cuida de ti misma.
Sorbiendo su nariz, Abadonna asintió.
Así lo haré, matera. Elathan, ven a mi.
Extendiendo su brazo, Elathan asintió e hizo una reverencia como despedida a Apollymi. Se hizo niebla y rodeó el brazo de Abadonna hasta hacerse una marca en forma de dragón, parecido a un tatuaje, en el antebrazo de Abadonna.
Ella mordió su labio cuando sintió algo parecido a lenguas de fuego rodeando su brazo, hasta que Elathan descansó en su lugar. Entonces ella volvió a mirar a su madre.
Tengo miedo, matera.
Admitió y su madre volvió a abrazarla fuerte. Vio a su niña. Aquella niña que fue concebida bajo engaños. La bebé que la llenó de alegría, la niña que la llenó de emoción, la adolescente que la llenó de amor desinteresado, la mujer que la llenó de orgullo. Ella estaría bien. Tenía que estarlo. Sino su furia sería el triple de lo que ya era conocida. Nadie podría detenerla.
Te amo, Abadonna. Mi corazón descansa en el pecho de mi dragona.
Fueron las últimas palabras de su madre, antes de transportarla a lo desconocido.
