CAPÍTULO IX.- El Baile (2ª parte).

El evento tendría lugar en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad. Un imponente rascacielos de los más altos del skyline, lasparedes de espejo se retorcían a lo largo de su estructura, un inmenso pilar de cristal que parecía extenderse hacia el cielo. La sala elegida para la recepción tampoco decepcionaba. Una mezcla de estructuras modernas que evocaban el juego de espejos del exterior conseguía un efecto mágico al combinarse con las fuentes de agua repartidas por la estacia, era como estar bajo el mismísimo océano.

Cuando Seiya y Saori entraron en la gran sala, donde camareros ataviados con elegantes esmóquines azules ya habían comenzado a servir el cocktel, un murmullo generalizado recorrió el lugar. Saori, que agarraba el brazo de Seiya, le clavó un poco sus uñas por la tensión del momento. "Dios mío… ¿dónde me he metido? La loca de la nieta Kido ya llego…".

Seiya apoyó su mano sobre la de ella para relajarla añadiendo – Vamos a buscar a Shun y demos a esta gente el gusto comentar también la espalda de tu vestido, no te pongas nerviosa, simplemente acabas de convertirte en la mujer más bella de la sala – la guiñó un ojo. Aunque el comentario la incomodó un poco, ya que no era su intención llamar la atención de la gente con su vestido, sonrió por dentro, porque sabía que había llamado claramente la de él.

Pasearon entre los invitados, Saori no soltaba el brazo de Seiya, le daba seguridad tenerle a su lado. Le sorprendió la capacidad de Seiya para aguantar el tipo entre tanta personalidad del mundo de los negocios, de tanto snob, incluso a ella le sobrepasaba, prefería mil veces antes la compañía de sus amigos. Pero bueno, al fin y al cabo ella estaba acostumbrada desde que nació a ese mundo, pero Seiya… quizás en Europa tuvo que acudir a algún que otro evento de ese tipo para presentar su investigación, pensó.

Llevaban aproximadamente una hora allí cuando, mientras hablaban con un viejo conocido de su abuelo e importante miembro de la Junta en la empresa, Mr. Chang, Julián les abordó.

- Estás preciosa querida. – Cogió su mano y la besó galante. Su educación y su porte conseguía engañar a la mayoría, pero no a Saori. – Hola Seiya, encantado de verte de nuevo. – Ambos limitaron su saludo a un gesto con la cabeza. - No sabía que dentro de tus servicios estaba el de acudir como "partenair" de tus pacientes a este tipo de eventos.

- Seiya no viene en calidad de profesional – Saori le interrumpió, odiaba su actitud, hasta al pobre Sr. Chang se le notaba incómodo – le invité a venir como mi acompañante de esta noche. Podría decirse que es una cita. – Le sorprendió la impasibilidad de Seiya ante la situación hasta ella se había sonrojado con su comentario.

- Sabes Sr. Chang – Julián se dirigió a su interlocutor, estaba claro que no iba a cesar en su intento de humillarles – Seiya ha vivido en Grecia hasta hace poco. Era uno de los huérfanos "Kido" – esa expresión le punzó el orgullo al Seiya, pero no se dejaría amedrentar por ese chico - escapó del orfanato de joven y huyó a Grecia. Era todo un rebelde nuestro invitado. Y ahora ya ves… el pequeño hijo pródigo vuelve a visitar a la "joven" nieta de su … ¿cómo lo denominarías Seiya? – la mala intención de sus palabras desprendía hasta mal olor, aun así Seiya se mostraba tranquilo.

- Lo cierto es que nunca me he planteado esa pregunta Julián. – Seiya preparaba su ataque. – En cualquier caso le debo mucho a la familia Kido – miró a Saori y sonrió.

- Entiendo – contestó el aludido con ademanes de desinterés.

- Lo dudo – añadió el joven castaño serio y desafiante. En ese momento se acercó a decir algo al oído de Saori, ella rió como si el chico le hubiera dicho algo muy gracioso.

- Sr. Chang, si nos disculpa retomaremos la búsqueda de nuestro amigo Shun, ha sido un placer hablar con usted, mi abuelo siempre le tuvo mucho cariño y respeto. - Saori, hizo un gesto a Julián a modo de despedida, al menos de momento, ya que sabía que la noche les depararía más encuentros aunque se esforzaran en evitarle.

El joven millonario les observaba rabioso, aunque era un artista ocultando sus pensamientos, ella lo sabía. Hubiera sido divertido leer su mente en ese momento intentando descifrar cuál había sido el secreto que Seiya le había contado y que tanta gracia le había hecho. Aun recordaba las palabras de Seiya en su oído "Este es el momento ideal para que le muestres tu mejor sonrisa y nos vayamos de aquí con un educado silencio". Cuando se alejaban Seiya le dijo divertido.

- Creí haberte dicho "sonrisa", pero el golpe de efecto de la risa desatada me ha parecido espectacular. – la joven rió de nuevo, esta vez de verdad.

Llevaban dos o tres conversaciones, unos cuantos canapés y alguna copa de champang cuando una voz amiga les reclamó.

- ¡Saori, Seiya! Por fin os encuentro ¡qué alegría! – el joven abrazó a Seiya con fuerza. – Cuánto tiempo sin verte, que ilusión tan grande, no lo podía creer cuando Shiryu me contó. – Shun estaba hecho todo un gentleman, el joven tímido del orfanato siempre a la sombra de su hermano se había convertido en todo un hombre.

Los tres jóvenes se alejaron un poco de la multitud para ponerse al día. Ambos amigos destacaron cuánto habían cambiado con los años y recordaron alguna aventura de su infancia. Shun le preguntó a Seiya por su vida en Grecia y el castaño se interesó por su carrera profesional.

- Shun – preguntó curioso Seiya - ¿cómo puede ser que un afamado neurólogo haya acabado en un evento patrocinado por un personaje como nuestro "amigo" Julián? Me cuesta relacionaros.

- ¡Oh! – rió – mi querido amigo, no soy más que uno de sus particulares "fenómenos asombrosos" que desfilaremos hoy para contar las bondades que la Fundación Sorrento ha aportado a nuestra humanidad.

Seiya se alertó al escuchar el nombre de esa fundación, lo había oído antes. Percibió que Saori también se había mostrado incómoda con la revelación de su amigo. De que le sonaba ese nombre…. Entonces lo recordó. El psiquiátrico en el que encontró a su hermana estaba financiado por esa fundación… no entendía nada.

Shun, advertido por el efecto de sus palabras intentó suavizar la tensión que se había instalado en el ambiente, era obvio que Seiya no tenía una buena consideración sobre su patrocinador.

- Bueno… reconozco que Julián no es mi persona favorita del mundo, pero la labor de la fundación es notable, aunque para él sólo sea una forma de limpiar su imagen ¿verdad Saori? - La joven tragó saliva consciente de que más adelante tendría que dar unas explicaciones que preferiría evitar.

Un responsable de la organización se acercó al trío demandando a Shun, permitiéndoles poner punto y aparte a la conversación al menos de momento.

- Chicos he de irme, parece que comienza el espectáculo y he de reparar mi discurso, me toca ser el telonero del resto de eminencias. Nos vemos luego.

A pesar de que su amigo ya hacía un rato que les había dejado solos, ninguno de los dos se atrevió a hablar. Seiya había analizado todo. En ese momento en su cabeza daba vueltas a una idea que empezaba a tomar forma. Shiryu le había insistido mucho en que Saori les había ayudado a todos y se había preocupado por ellos, inicialmente pensó que él era la excepción, al fin y al cabo se había desentendido de su pasado, pero después de lo vivido… todo parecía encajar.

- Saori – rompió el silencio – la fundación Sorrento financiaba el psiquiátrico de mi hermana ¿lo sabías? – ella bajó la mirada y dejó escapar un suspiro.

- ¿Qué tal si vamos a otro sitio a hablar? – Le miró suplicante. Él asintió, ante lo cual le agarró del brazo invitándole a que la acompañara.

Saori guió a Seiya por los pasillos y estancias del hotel hasta lo que parecía ser la terraza de un comedor. Era una enorme terraza totalmente acristalada lo que permitía que, a pesar de la altura, la sensación fuera idéntica a una terraza a pie de calle, sólo que las vistas aquí eran espectaculares. A diferencia del anterior salón la decoración de esa sala recordaba a una estampa típica del Paris romántico con un halo de modernidad.

Los jóvenes observaban las vistas de la ciudad desde la falsa terraza, todavía podían oírse, aunque algo lejanos, los discursos y presentaciones que habían comenzado en el salón principal.

- Lo siento mucho Seiya – comenzó a disculparse al joven con la mirada sumisa – nunca quise ocultártelo te lo prometo, sólo no supe encontrar el momento. Cuando llegaste parecía que no quisieras saber nada de mi abuelo o de mí más allá que lo puramente profesional…y con él tiempo… con el tiempo simplemente tuve miedo.

- ¿Miedo? – la interrumpió el joven intrigado.

- Miedo a tu reacción – la joven se armó de valor y buscó su mirada, sorprendiéndose a encontrar ternura en aquellos ojos castaños que tanto la fascinaban. Continuó. – No quería que nada cambiara entre nosotros, no quería que pensaras mal de mí Seiya. Mi abuelo siempre se preocupó por vosotros, más de lo que crees. Sé que le odias, pero él a ti te tenía mucho aprecio. Nunca se perdonó haberte alejado de tu hermana, intentó buscarla y juntaros de nuevo, pero ya fue demasiado tarde. Cuando la localizó su estado no permitía traerla a Japón, así que llegó a un acuerdo con el padre de Julián para que la fundación se ocupara de su tratamiento. El resto ya lo sabes. – Una lágrima cayó por su mejilla, no era de pena ni miedo, si no de desahogo, por fin había sacado de dentro algo que la atormentaba desde que se reencontraron y, sobre todo, desde aquella noche que Seiya se sinceró con ella sobre su hermana.

El joven guardaba silencio tras su confesión, la miraba. Acarició su mejilla para limpiar el rastro de aquella lágrima de liberación. Entonces hizo algo que pilló por sorpresa a Saori. La abrazó contra su pecho.

- Mi Señora – le dijo casi en un susurro – nunca podría enfadarme contigo si es eso lo que temes. Es cierto que tengo sentimientos encontrados con todo lo que me cuentas, pero las decisiones de tu abuelo fueron de él, y ahora sé que mi, nuestro, pasado solo es eso, pasado. Lo que me importa ahora es nuestro presente y el futuro que está por venir. – La joven se separó lentamente de su abrazo para mirarle a los ojos. Un brillo especial rezumaba de sus azules cristalinos.

- Seiya… - nada más acertó a decir, sólo podía mirarle, hablarle con su mirada, decirle lo feliz que la hacían sus palabras, su comprensión y su cariño.

Desde la otra sala una canción hecha a medida se coló en su pequeño refugio. Era una balada: "Say You Won't Let Go" de James Arthur (Nota de autor: para contextualizar watch?v=sRNVDFfB2z0 –).

- ¿Me concedes este baile princesa? – Seiya hizo una cómica reverencia. Ya no le importaba nada, su profesión, su pasado ¿al fin y al cabo qué más daban las reglas estúpidas cuando el corazón puede a la razón?

La joven asintió con una sonrisa y procedió a colocár su perfecta postura de valls aprendida en las mejores escuelas de Japón. El joven se rió de sus ademanes tan correctos. Cogió sus manos y las colocó suavemente alrededor de su cuello, al tiempo deslizó sus manos por su silueta hasta parar a la altura de su cintura.

Bailaron sin decirse una sola palabra, no hacía falta, sus ojos hablaban por ellos sin descanso.

- Moriría porque este momento no acabara nunca - le susurró el muchacho al oído.

En ese momento sus rostros estaban muy cerca, no quería romper esa lejanía. Su respiración acompasada escondía un deseo a gritos, un deseo común que no se atrevían a confesar con palabras. Sus cuerpos reaccionaron sólo y bajo esa atmosfera creada sólo para ellos sus labios se rozaron lentamente, como pidiéndose permiso para no separarse jamás. Fue un beso dulce, prometido en mil miradas anteriores, acompañado de mil palabras sin sonido, esperado en esa vida y en mil vidas anteriores. Revelación definitiva de su profundo amor, un amor que había superado mil batallas impertérrito y que superaría mil más.

La música cambió, pero los amantes continuaban abrazados manteniendo su propio balanceo, ella apoyaba la cabeza en su pecho.

- Disculpad la interrupción – Seiya no podía creer lo quién acababa de interrumpirles, su molesto anfitrión, quien ni siquiera se dignó a dirigirse a él. – Saori los miembros de la Junta demanda tu presencia – entonces sí miró al joven, desafiante – sola.

Seiya se dirigió a Saori que lentamente deshacía su abrazo - "¿estarás bien?" - ella asintió. Mientras la observaba irse junto con su, oficialmente, peor enemigo, una sensación de angustia le invadió. Fue en busca de Shun.

Saori no podía creer lo que estaba viendo, Shiryu tenía razón no tenían que haberse fiado de Julián, parecía que iba siempre un paso por delante. La había engañado, no había ninguna reunión improvisada de la Junta, por el contrario se encontró con un dossier con fotos robadas de todos sus amigos, Hyoga, Shun, Shiryu, Shunrei, Tatsumi, los niños del orfanato,… Seiya Todas estaban tomadas en momentos de intimidad, incluso había una de ella y Seiya, de la noche que pasaron en las butacas del jardín.

Todas las fotos tenían algo en común, algo que la aterraba. Las cabezas de sus amigos mostraban un punto rojo en el centro de su frente. No había sido superpuesto a la foto, pertenecía a ella. Un marca letal que advertía que alguien les observaba al otro lado de un punto de mira.

- Sabes que no me temblará el pulso.

- Lo sé – ella lloraba.

- Entonces el trato está cerrado. Anda, sécate esas lágrimas, te esperaré en el salón para dar la noticia. – Antes de cerrar la puerta añadió. – Pobre Seiya, parecía buen chico. – Se marchó.

- La rabia invadió a Saori que no pudo evitar soltar un grito de desesperación. Rápidamente buscó su teléfono móvil en su bolso. Alguien descolgó al otro lado.

- Hola, soy yo Saori. Esto se ha descontrolado, necesito tu ayuda.

Seiya y Shun miraban intrigados a Saori que había subido al escenario acompañando a Julián. Un mal presentimiento se alojó en el estómago de Seiya.

- Queridos amigos – Julián concentró la atención de los asistentes. – Es un honor para mí que me acompañéis en una noche tan especial como esta. – Se giró hacia Saori. – ¿Querida me harías el honor de acercarte? – Saori complació su demanda, con la mirada baja y sumisa, no quería mirar hacía el público y verle a él entre los asistentes. – Como os decía – continuó el millonario – hoy es una noche muy especial para mí, después de un largo tiempo "compareciente", – su tono resultó insultante, era casi como si hubiera señalado con el índice su sien y lo hubiera girado – la hermosa Señorita que me acompaña ha decidido reanudar nuestro compromiso oficialmente esta noche. Antes de que acabe el año seremos marido y mujer. – Los aplausos invadieron en auditorio.

"¡Cómo!" un grito ahogado resonó en el interior de Seiya que quedó paralizado. Buscaba la mirada de Saori, esa mirada que le dijera que aquello era una broma, un mal sueño. Ella no levantaba su vista del suelo.

En ese momento Julián acercó a Saori hacia sí con intención de besarla en los labios, la joven reaccionó rápido poniendo su mejilla.

- Ruego disculpen a mi prometida – nuevamente el anfitrión hablaba a su público – sus exquisitos modales nunca han convivido bien con las muestras públicas de cariño. Creo que es parte del encanto que me tiene cautivado. – Hubo risas en la sala.

- ¿Puedo irme ya? – le susurró Saori.

- ¿Qué prisa tienes querida?

- Por Dios Julián, ya has conseguido lo que querías, simplemente olvídalo.

- De acuerdo, vete, total ya no te necesito para nada… de momento. – Su mirada era terroríficamente amenazadora.

Saori se hizo paso entre la multitud hasta llegar a donde se encontraban Seiya y Shun. Sin levantar la cabeza y con un tono de derrota en su voz dijo: "Podemos irnos ya, ¿por favor?" Sin ni siquiera esperar una reacción en sus interlocutores comenzó a dirigirse hacia la puerta de salida. Seiya permanecía paralizado, sus ojos estaban a punto de romper en lágrimas.

Shun, que había sido testigo de las miradas de sus amigos al principio de la noche, de la química que desprendían, zarandeó a su amigo buscando su reacción.

- Seiya escúchame, seguramente esto no sea lo que parece, créeme que me enteraré, pero por favor lleva a Saori a casa puede ser peligroso. - Shun conocía demasiado bien de lo que era capaz Julián.

- Seiya miró a los ojos de su amigo buscando su comprensión, lo que le pedía era…

- Lo sé Seiya… pero créeme por favor…

El joven asintió y fue en busca de la chica que acababa de romperle el corazón.