Disclaimer: El Universo de Star Wars y sus personajes no me pertenecen, todo es de Disney en la actualidad, yo simplemente los utilizo con fines de entretenimiento.


Sabé recorrió toda la frente de Padmé con una toalla húmeda, estaba sudorosa y sus cabellos se pegaban en su frente, cuello y mejillas que estaban impregnadas del sudor. Padmé apretaba con fuerza sus dientes y finalmente permitió que el grito que contenía saliese.

Se desplomo sobre la cama, pero la sanadora Jedi que la estaba atendiendo negó con la cabeza y Sabé asintió, le dio unas palabras alentadoras a su amiga, quién asintió y volvió a reunir todas sus fuerzas para empujar.

Los gemelos no estaban dando su apoyo, no querían salir y era obvio, aún faltaban dos semanas para que cumpliese las semanas correctas, pero se había adelantado y con ello el desorden que se seguía cerniendo sobre la Galaxia, cuya cuál estaba en uno de los peores días en su historia.

—Un poco más de esfuerzo, Padmé —Le alentó Bant.

—Ya no puedo —respiraba con dificultad. Se recostó sobre la cama—. Tengo que dormir, sólo unos minutos… ¿puedo?

—Ya estás dilatada, tienes que mantenerte Padmé. Ya es muy tarde para utilizar el otro proceso. Respira hondo, relájate y después vuelve a pujar con todas tus fuerzas, ¿Bien?

Padmé asintió e hizo todo lo que le dijo. Pero de nuevo sus hijos no estaban dando su apoyo, miro al otro lado de la habitación que había adquirido desde que llego al Santuario Jedi, inició a ver todo borroso, una luz blanca que le estaba haciendo cerrar los ojos.

No debía dormirse, no. Una sombra iba acercándose a ella, alguien a quien conocía, abrió los ojos con sorpresa pero no se despertó del todo y en cambió perdió la inconsciencia.

Al recobrarla se dio cuenta que estaba en un lugar familiar, uno que no había visto en meses. Lake Country. Su cabello estaba suelto y llevaba el vestido que utilizo cuando Naboo celebró la derrota de la Federación de Comercio, observo a todos lados, pero no había nada.

El cielo era nublado y una gran nube negra no estaba muy lejos de ahí.

¿Dónde estaba?

Padmé temía que al moverse esa paz desapareciera, ¿estaba en paz? En la realidad estaba teniendo un trabajo de parto doloroso, no debía estar dormida. Se pellizco el hombro, esperando que eso la despertará y volviese a aquella habitación dónde sus hijos pronto verían la luz.

Y luego estaba aquella sensación de ver a Obi-Wan cerca de ella. ¿La fuerza la estaba poniendo aprueba? ¿O había muerto en el parto? Se sobresaltó con ese pensamiento, no, no podía haber muerto, la fuerza no sería tan cruel. Ella era fuerte, pero ese día en particular había estado más triste que en toda su vida. Los recuerdos no la dejaban en paz, la tristeza se había instalado en su pecho y pensamientos, no pensaba en nada, siquiera al ver como la Galaxia se destruía así misma.

¿Cómo iba a regresar? Quizás si se dormía, volvería a la realidad.

Así que se encamino hasta la habitación que utilizó desde el principio. Le habría gustado vivir ahí con sus hijos, con Obi-Wan, lejos de todas las desgracias, formar la familia feliz que quería, y vivir en paz. Porque el amor nunca hizo falta en su vida. Ella tenía mucho para dar a sus hijos, pero parte de ese amor estaba guardado al hombre que le pertenecía.

—Padmé.

Ella se quedó estática antes de llegar a su habitación. Negó con la cabeza lentamente, y se dijo que no fue nada y camino. Solo llego a dar tres pasos antes de volver a escuchar su nombre.

—Padmé.

—No es real —dijo en voz alta—. No es real, no es real. Nada de esto es real, es parte por el estrés…

—¿Y si no soy real porque no volteas y me ves?

—¿Por qué estás muerto? —preguntó.

—En la fuerza nadie está muerto.

—¿Entonces yo estoy muerta? ¿Y mis hijos?

—Nuestros hijos.

Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, corrieron con furia y se dio la vuelta para mirar a Obi-Wan. Se quedó paralizada ante él. Él le estaba sonriendo amablemente, sus ojos azul-grises estaban brillando. Él estaba extendiendo su mano, no estaban muy lejos, ella solo tenía que levantar su mano. ¿Y se uniría a él?

—No estás muerta. Tómala, quiero sentirte.

Sus labios temblaron y fue evidente que se mordía el labio interior, cerró los ojos y cuando los abrió él seguía ahí. Esos momentos eran reales y cuando sus manos se unieron, supo que era real lo que estaba viendo. Se emocionó y chilló de la emoción, lanzándose a sus brazos, el mismo acto que realizo muchas veces en el pasado. Obi-Wan la estrecho en sus brazos y le abrazo con fuerza.

—Padmé, no puedes seguir sumida en la tristeza, no ahora —Obi-Wan le dijo cuándo se separaron—. Tienes que ser Padmé, la mujer que no tiene miedo, que es valiente y fuerte.

—Te extraño —le susurró sin dejar de llorar.

—Lo sé, lo sé —puso sus manos en sus mejillas y le beso la frente—. Yo también lo hago, pero siempre estoy ahí Padmé. No te quito la mirada de encima, te siento a través de la fuerza y veo la triste que no te deja avanzar. No puedes darles ese tipo de ejemplo a nuestros hijos.

—¿Por qué tuviste que dejarme?

—La fuerza es un misterio. Y mi momento había llegado.

—No es cierto, todos te necesitan, yo te necesitó, nuestros hijos te van a necesitar —Padmé se acunó en la mano que aún le sostenía su mejilla.

—Mi tiempo es limitado —Obi-Wan limpió las mejillas de Padmé—. Padmé, mí adorada Padmé, mi mujer, mi amiga, mi amante. Vive, por mí, por los niños. ¿Ya has pensado en un nombre? Tenemos algo de tiempo para elegirlos.

—¿Estoy soñando, verdad? ¿O en verdad ya estoy muerta?

—La Oscuridad está más cerca de lo que me esperaba —Padmé le vio fruncir el ceño y él cerró los ojos—. Acabo de sentir la muerte de Anakin en la fuerza. Padmé, te ordeno que vivas. Que cuides de nuestros hijos, deja de pensar en mí, no voy a volver, pero pronto nos volveremos a reunir, estar en Lake Country hoy fue un regalo de la fuerza. El mundo real te necesita.

—Se supone que ya estoy muerta…

—La Padmé Kenobi que yo conocí jamás habría dejado que un hombre la destruyese, no quiero ser ese hombre. Te amo.

Padmé inició a ver que todo a su alrededor se estaba desvaneciendo, el tiempo se había terminado y ella lo había desperdiciado llorando. Lo abrazo de regresó y se aferró a él.

—Te amo también. Lo haré Obi-Wan, Lamento todo esto…

—No lo lamentes, son emociones normales —le dio un beso rápido en los labios—. Cuídalos, ámalos y permite que sean entrenados. Son nuestra única esperanza.