Buenas, queridos lectores~ Como parece que mi intento de fanfic ha logrado atraer más de una mirada (cosa que supera con creces el record que esperaba), voy a continuar con este experimento salido de la demente cabeza de mi musa.

Es jueves, día de actualización ^^ Aquí viene el segundo capítulo. Que lo disfrutéis y nos leemos abajo~


La pluma rascando sobre el papel era el único sonido que rompía el frío silencio del despacho. Pasaban de las ocho de la tarde y una intensa luz anaranjada se colaba por las paredes acristaladas de la última planta del Edificio Shinra, su particular cúpula, sobre la que el presidente dominaba todo. Era una hora extraña para que siguiera ahí metido trabajando. No tenía necesidad de dejar firmados todos aquellos documentos para ese día, no era algo que corriera prisa. Simplemente, rehuía el momento de salir de ahí.

Dejó la pluma soltando un suspiro y se recostó en su silla, enfocando sus ojos hacia el techo. Su seria mirada decía que algo le atribulaba. Tras el suceso de la pistola la noche anterior, había dejado a Cloud sintiéndose satisfecho consigo mismo, considerando que, una vez más, había demostrado su supremacía sobre él. Pero horas más tarde, cuando se encontraba solo en otra habitación, incapaz de conciliar el sueño, se replanteó hasta qué punto aquello le satisfacía. No se había acostado con él en aquellos últimos cinco días, respetando su luto de algún modo, esperando cierta mejora en el comportamiento de Cloud pasado ese tiempo. Tan sólo reclamándole para que durmiera con él en su cama, pues le gustaba tenerle cerca, tocarle y sentir su olor. No haber logrado nada, tras lo que consideraba por su parte un trato ejemplar, le sacaba de sus casillas.

Pero, ¿por qué le importaba? Lo había descubierto esa misma noche en solitario. Ya no le bastaba con forzarle. Lo que había sido un exquisito placer al principio, ahora no le llenaba. Quería que fuera distinto, no tener que atarle, que someterle y bregar con su obstinación cada vez que quería acostarse con él, o arriesgarse a perder la lengua cuando intentaba besarle. Sino que se entregara. Que cooperara… En definitiva, que le deseara del mismo modo que Rufus le deseaba a él.

De un manotazo tiró una torre de papeles amontonados en su mesa, soltando un gruñido hastiado. Se levantó bruscamente y le dio la espalda al escritorio, acercándose a la ventana. El sol poniente atravesaba el despacho a punto de desaparecer tras el horizonte de Midgar; su luz anaranjada tiñó los ojos azules como el hielo de Rufus. Ahí abajo, todo era suyo. Cada rincón, cada calle, cada persona… Todos menos uno, el único que le importaba. ¿Cómo obligarle y ganárselo a la vez? ¿Cómo podía lograr que hiciera lo que él quisiera y al mismo tiempo que lo hiciera por voluntad? No tener esa respuesta le revolvía por dentro con un ardor furibundo. Cloud y su maldita terquedad…

Sus ojos pasearon por el despacho y se detuvieron en un rincón concreto, ocupado por un juego de sillones y un sofá blancos. Sobre la mesa de café que completaba el conjunto había un lujoso ajedrez tallado en ébano y marfil. Lo tenía ahí porque a menudo le ayudaba a pensar; la agudeza mental que despertaba aquel juego solía resultarle útil cuando se sentía atascado. Y esta vez, no fue una excepción. Su rostro cambió de expresión, iluminado por una luz distinta. Algo acababa de golpear en su mente. Obligarle a que hiciera algo por propia voluntad…

Se giró de nuevo a su mesa y presionó el interfono.

—Traed a Strife a mi despacho.

—«Sí, señor presidente

Soltó el botón y se acercó a aquella mesita, paseando los dedos entre las pulidas piezas hasta detenerlos sobre el Rey de negras. Lo tomó con delicadeza alzándolo ante sus ojos. Una sonrisa de suficiencia cruzó su cara. No sabía cómo no se le había ocurrido antes. Si salía como tenía pensado, cosa de la que albergaba pocas dudas, le llevaría por fin a la casilla que quería de su particular juego de ajedrez. Sería tan distinto a aquella primera vez hacía ya dos semanas…

Jaque, Cloud —musitó a la figura.


Hace dos semanas.

Miércoles. 00:05.

.

Cloud se puso en pie y encaró al hombre que acababa de entrar en la habitación. El corazón le golpeaba con insistencia en el pecho y una sensación de inquietud le invadía sin poderlo evitar. Pues se sabía en un serio aprieto. Además de todo, la cabeza aún le daba vueltas y el cuerpo no le respondía con normalidad, algo de lo que Shinra pareció percatarse.

Tranquilo, el mareo se te pasará en un par de minutos —musitó con sosiego mientras avanzaba hacia él con toda la tranquilidad del mundo.

¿Qué era eso? —gruñó Cloud mirándole con rabia contenida.

Un sedante. Muy potente, dada tu condición; no es fácil dormir a un SOLDADO. Incluso a uno que ha dejado de serlo —añadió mirándole con sorna. Al ver su expresión, alzó las manos y enarcó las cejas interrogante— ¿Preferirías haberte llevado un disparo? Te lo llevarás ahora, si haces algo estúpido.

Le señaló a los guardias que flanqueaban la puerta tras él. Cloud, sin embargo, no dejó de vigilar al presidente, pues Shinra había comenzado a pasear por la oscura sala, cercándole de una manera que le estaba poniendo de los nervios.

Cloud Strife… —susurró, evaluándole con la mirada— Hace unos meses ni siquiera sabía tu nombre y ahora no te me vas de la cabeza…

¿Dónde está? —interrumpió Cloud con brusquedad.

¿Quién?

Aeris, capullo… ¿Dónde la tienes?

¿Por qué? ¿Os ha costado mucho buscarla? —inquirió mirándole con burla. Cloud gruñó ante su provocación.

¡Déjame verla!

Creo que antes que a ella, te interesará más ver otra cosa…

Shinra se dirigió a una de las oscuras paredes. En la penumbra, Cloud pudo discernir un cuadro de mandos. Le resultó extraño y ello le hizo descartar que se hallara en alguna especie de celda. Rufus presionó un botón del panel. Acto seguido, justo encima, surgieron cuatro pantallas. Cloud abrió los ojos y la boca con estupor al ver lo que mostraban.

Como verás —La voz de Shinra le llegó lejana mientras observaba los monitores—, vuestra excursioncita por mi edificio os ha salido un poco cara.

Las pantallas mostraban cuatro celdas. Y en ellas… Vincent, Barret, Cait Sith, Tifa, Cid, Red XIII… e incluso Yuffie, sola en la última. Aunque la imagen era pequeña, Cloud pudo discernir cómo alguno de ellos lucía magulladuras.

¿De verdad creísteis que no os esperábamos?

Cloud rehusó mirarle. Su cabeza era un atropello de pensamientos. Ni uno… ni uno solo había logrado salir. Ni siquiera Yuffie, a pesar de dejarle atrás. Las palabras de Vincent y las que no llegó a decir Tifa, su mirada, todo volvía ahora a su mente, junto a la pregunta de Shinra. Todo lo que le había indicado que aquello no acabaría bien. Claro que era una trampa… Él lo supo también, pero se convenció de que podrían hacerlo. Él había tenido la culpa al querer precipitarse, al no esperar y trazar un plan mejor. Tan sólo pensaba en Aeris, en sacarla de allí lo antes posible… Y ahora, había condenado a todos. Prisioneros…

Shinra apagó las pantallas, recuperando su atención.

Lástima, Cloud. Has jugado y has perdido —Mientras hablaba se fue dirigiendo a la pared contraria, sin dejar de mirar al ex-SOLDADO—. Pero que no se diga que no soy un caballero, aquí está tu premio de consolación…

Su mano tocó otro panel de botones y, ante la sorpresa de Cloud, la pared de pronto se volvió transparente. Al otro lado de un grueso cristal, se veía una habitación más pequeña, sin un solo mueble. Y sentada en el suelo, con un vestido rosa, la cabeza gacha, el pelo castaño recogido en una larga trenza, estaba…

¡AERIS!

Cloud se lanzó al cristal. Su grito provocó que ella levantara la cabeza y, al verle, sus ojos verdes se abrieron como platos. Se levantó corriendo y fue hasta él, colocando sus manos en la superficie transparente.

¡¿Cloud?! —Su voz le llegó muy amortiguada, casi no la oía.

¡Aeris!

¡Estoy bien, tranquilo, estoy bien! —se apresuró a decir ella, con sus manos abiertas sobre el cristal a la altura de la cara de Cloud, como si tratara de tocarle. Él maldijo tener las suyas esposadas a la espalda.

Aeris… lo siento… Joder, lo siento…

Tranquilo, Cloud… Estoy bien…

Ambos se hablaban al mismo tiempo, sin dejar de mirarse a los ojos. No importaba, pues el cristal era tan grueso que casi no entendían lo que se decían. Pero podían verse. Y a Cloud no le pasó desapercibida la afligida expresión en el rostro de ella al verle allí. Incluso Aeris se habría percatado de que ella no era más que un cebo para atraerle… En el que había picado de lleno.

La luz se apagó de repente y Aeris desapareció. Delante de Cloud, volvía a haber una gruesa pared negra.

No… —La miró de arriba abajo con ansiedad— ¡Aeris! —Ya no podía verla ni oírla. Giró la cabeza a su izquierda y descubrió a Shinra a su lado, con el dedo sobre el panel, sonriéndole mezquino. La cara de Cloud se tornó pura ira y se lanzó contra él— ¡Hijo de puta!

Algo extrañó le sucedió entonces. Antes de haber dado un par de zancadas, con las que habría alcanzado a embestir a Shinra, el espacio a su alrededor pareció volverse denso y su cuerpo torpe y pesado. La vista se le nubló, la cabeza comenzó a darle vueltas y la imagen de Rufus Shinra bailó ante sus ojos. En un intento por mantener el equilibrio, trastabilló, sus piernas no respondieron bien y acabó en el suelo. Fue como si de repente, una fuerte resaca le hiciera efecto de golpe. Lo atribuyó al sedante, aunque la sensación no era exactamente la misma.

¿Qué…? —De rodillas, trató de ponerse de nuevo en pie, pero su intento sólo le valió el acabar tumbado.

No veía nada, le faltaba el aire y un extraño ardor se extendía por todo su cuerpo. Cuando logró enfocar de nuevo, sus ojos hallaron en su trayecto la mano izquierda de Rufus, en la que distinguió una especie de mando muy pequeño, como un bolígrafo. Con el pulgar, mantenía arriba un interruptor. Desde el suelo, Cloud buscó con la mirada la de Shinra, confuso.

Te acabo de ahorrar un disparo —sonrió el presidente complacido, señalando con la cabeza hacia la puerta. Los guardias encañonaban con sus rifles a Cloud—. En realidad, dale las gracias a Hojo. Él ha sido el artífice de esto.

Levantó la mano mostrándole el mando. Cruzó las manos a la espalda y empezó a pasearse cerca de él, observándole con regodeo mientras Cloud seguía intentando levantarse en vano.

Verás, los SOLDADOs sois un arma de doble filo. No desmerezco el proyecto de Hojo, reconozco que nunca se le había ocurrido algo tan útil como imbuir Mako a seres humanos. Pero lo malo es que, crear monstruos, conlleva que sean muy difíciles de controlar si dejan de estar de tu lado. Es el precio por tener superSOLDADOs. Que se hacen demasiado invencibles.

Cloud seguía sin comprender nada, tumbado en el suelo, mirándole entre jadeos e incapaz de moverse apenas. Tenía ganas de vomitar, era como si tuviera fiebre. Una fiebre muy alta…

—…Por eso, se nos ocurrió una cosa llamada «esposas anti-SOLDADO». Una aleación de metal muy resistente junto con una pequeña carga de Mako regulable con esto —Levantó el diminuto mando—, que hacen que toda esa fuerza y esa resistencia descomunal se dobleguen. Tengo entendido que a los SOLDADOs nos les sienta muy bien exponerse a fuentes muy intensas de Mako, y a ti especialmente… —Le miró ladino— dado que tus niveles son muy altos.

Con dificultad, Cloud trató de mirar por encima de su hombro. Todo lo que pudo ver, fue un intenso resplandor verdoso que provenía de su espalda, donde las gruesas esposas presionaban sus muñecas. Ahora sí supo reconocer aquella sensación tan desagradable. Era igual que sufrir una sobredosis de Mako.

Creo que con esto, ya no me hacen falta guardaespaldas.

Rufus le dio la espalda y despachó a los escoltas. Cuando la puerta se cerró, la oscuridad de la habitación se hizo de nuevo mayor. Cloud seguía tendido en el suelo. Los pasos de Shinra se escuchaban más fuertes desde ahí; le notó quedarse justo encima suyo. Una mano tiró de él y le ayudó a levantarse, estampándole luego contra una pared. Cloud emitió un quejido al quedarse sin aire por el golpe.

Cloud… —La voz del presidente Shinra sonó diferente esta vez. Estaba tan cerca suyo que le echó el aliento en la cara al hablar— No te me vas de la cabeza… —repitió.

Si no fuera por sus manos y por la pared, Cloud no sería capaz de tenerse en pie. Ni siquiera podía enfocar la cara de Rufus, todo le daba vueltas…

Desde nuestro primer encentro —continuó, susurrándole con una voz baja, arrastrando las palabras—, cuando me diste a probar toda tu fuerza… Me estuve preguntando con qué más podrías sorprenderme. Me impresionaste —subrayó aquella última palabra.

Tomándole del cuello del jersey con sendas manos, le sujetó más fuerte contra la pared. Cloud se quejó levemente. Aquella cercanía empezaba a agobiarle y sentía que le faltaba más el aire que antes. Se estaba mareando.

Y algo dentro de mí me pedía… Volver a verte —El tono de su voz empezó a darle mala espina. Se había vuelto más ronca y su boca se acercaba innecesariamente al cuello de Cloud mientras hablaba. Una de sus manos dejó de sujetarle para apartar con suavidad un mechón de pelo rubio que le impedía el acceso—. Ahora por fin… te tengo aquí. Y ha sido tan fácil…

Cloud se revolvió con un escalofrío al sentir la boca de Rufus Shinra atrapando la piel de su cuello. En respuesta, el presidente juntó su cuerpo al de él y le aprisionó entre éste y la pared, sujetándole con firmeza. En un desesperado intento por zafarse, Cloud se impulsó con la pared para empujarle, logrando finalmente alejarle de sí de un empellón.

¿Qué… coño haces? —espetó mirándole con asco.

Shinra no pareció muy contrariado por su empujón. Sin apartar sus ojos de los de Cloud, se recorrió lentamente los labios con el pulgar y lo besó después, como queriendo recoger así el sabor de su cuello. Aquella provocación hizo que la sangre de Cloud hirviera, asqueado.

Parece que aún te sobran fuerzas, pese a todo —musitó Rufus, llevándose la mano al bolsillo de la chaqueta—. Eres un hueso duro de roer…

Cloud miró con temor el mando, de nuevo entre los blancos dedos de Shinra. Se pegó a la pared, buscando instintivamente una huida que no halló. Los ojos del contrario le clavaron una afilada mirada, acompañados de una sonrisa poderosa.

—… Pero no para mí —Elevó más el interruptor.

Automáticamente, Cloud sintió un ardor terrible invadir todo su cuerpo. Abrió los ojos como platos y se le separaron las mandíbulas como a punto de gritar, pero no salió de su boca más que un quejido ahogado. Incapaces de aguantar su peso, las piernas se le doblaron y cayó de rodillas frente al presidente, casi tocando el suelo con la frente. Era como si una corriente eléctrica increíblemente fuerte le atravesara, usando sus venas de canales para invadir cada rincón de su cuerpo, robándole el control total del mismo e impidiéndole moverse o pensar. Tenía la sensación de que la sangre le era fuego. Y no cesaba.

Una mano se cerró con rudeza en torno a su garganta y le obligó a levantar la cabeza, encontrándose el rostro de Shinra casi pegado al suyo.

Eres mío, Cloud —siseó sobre su boca—. A partir de este momento, eres todo mío…

Cayó sobre él con un beso furioso, dominante y ansioso. Cloud apenas pudo resistirse. La mano contraria casi le estrangulaba al sujetarle con tal brusquedad, sentía una palpitación tan fuerte en la cabeza que no podía ni moverse y en lo menos que podía pensar era en quitarse la boca de Rufus Shinra de encima. La lengua contraria recorrió su cavidad libremente, proclamándose dueña de la misma al no encontrar apenas resistencia. Y cuando se cansó, liberó sus labios con un jadeo satisfecho, lamiéndolos antes de apartarse.

Le soltó empujándole hacia atrás, dejando que se derrumbara como un fardo sobre el suelo. Cloud quedó tendido bocarriba jadeando mientras el presidente, de pie sobre él, se deshacía con parsimoniosa lentitud de su chaqueta, aventándola lejos. Sin apartar en ningún momento la vista de su trofeo, se aflojó el nudo de la corbata, suspirando con excitación mientras se llenaba los ojos de esa imagen que ni en sus mejores fantasías habría alcanzado a imaginar. Cloud Strife, el indomable ex-SOLDADO líder de AVALANCHA, doblegado como un títere ante él.

Os lo dije —Despacio, con todo el tiempo del mundo, se arrodilló en el suelo, sobre él. Cloud jadeaba, con la mirada perdida. Las manos de Rufus recorrieron su cuerpo con deleite y su boca se acercó al mentón del joven—. Nadie se opone a mí. Yo siempre consigo lo que quiero.

Al sentir su aliento arañarle los labios, Cloud apartó instintivamente la cara, ladeando la cabeza para evitarle. Privado de su boca, Rufus atacó su cuello sin importunarse. Mordió su piel, succionó sobre ella y la lamió después, dejándosela tirante y enrojecida, entreteniéndose con cada acción al ritmo que le apetecía. Cloud apretó las mandíbulas, bufando con repulsa y estiró el cuello, retorciéndose en el suelo con las pocas fuerzas que tenía, pues cada movimiento le suponía una tortura. Rufus usó su propio cuerpo para contener su obstinación, aplastándole contra el suelo. Cloud se quejó cuando sintió cómo las esposas se le clavaban en la espalda.

Aagh… Aparta… No me toques —gruñó entre dientes, sintiendo crecer su angustia al verse incapaz de quitárselo de encima— ¡Agh!

Un tirón de pelo le hizo proferir un quejido. Shinra, completamente tumbado sobre él, atrajo su mirada de un jalón. Sus ojos entrecerrados le contemplaron con altiva calma, pero sin sonreír esta vez. Su expresión ya denotaba suficiente jactancia.

¿Ves esto? —Tiró más de su cabello. Cloud apretó los dientes y cerró los ojos con fuerza. Shinra se inclinó más sobre él— ¿Ves lo que hago contigo? Esto es lo que me hace a mí estar por encima. Da igual lo que te resistas, lo que intentes impedírmelo; no podrás vencerme. Has perdido, Cloud —siseó aplastante. Le agarró más fuerte y se acercó a su oído, susurrando sobre éste—. Te lo advertí desde el principio. El Mundo es mío. Tarde o temprano, tú también lo serías.

Lamió su oreja, sujetándole bien fuerte del pelo para evitar que se revolviera. Un intenso escalofrío hizo que a Cloud se le estremeciera todo el cuerpo, erizándole la piel. Jadeaba copiosamente; su pecho subía y bajaba con violencia, tanto por el efecto del Mako como por el agravante del peso extra de otro cuerpo sobre el suyo. Se quejó e intentó luchar para escapar de esa lengua que recorría su oreja y la mordía después.

¡Hmmmff! Nghh… ¡Nnngh!… Aah…

Abrió los ojos y miró de soslayo la habitación, buscando entre las nieblas de su débil estado algo que pudiera ayudarle a escapar. En medio de la desesperación, sacudió todo su cuerpo con furia, sin que ello le supusiera a Shinra un problema para contenerle. Gritó de frustración.

Con cada gota de su fuerza que perdía, Rufus parecía crecerse. Cloud le oía emitir una leve risa sobre su oído cada vez que le veía debatirse, burlándose de su debilidad. La cada vez más desesperada voz del ex-SOLDADO no hacía sino alimentar el hambre que Shinra tenía de él. Un escalofrío le sacudía por entero cada vez que tenía que hacer fuerza contra la resistencia de Cloud. Eso era lo que más le impresionaba. Que a pesar de la consunción a la que las esposas estarían sometiéndole, todavía conservara fuerzas para enseñarle los dientes.

Rufus jugueteó con todo lo que tenía a su alcance: su cuello, su mandíbula, su boca… Y cuando la tela empezó a impedirle encontrar más piel, comenzó a abrirse camino. Con su mano libre desató el cinto de Cloud, apartándolo para colarse bajo el jersey y recorrer con la palma abierta todo su torso bajo la tela. Le subió la prenda hasta el pecho y dejó al descubierto su blanca piel, atacándola al instante con la boca, voraz. Le mordía, le chupaba, le recorría con la lengua, explorando cada rincón que se le hacía apetecible, saboreando aquella presa con suma delicia y, al mismo tiempo, con ansiedad. Sus jadeos iban subiendo de tono conforme le desnudaba.

Cloud no se había sentido más humillado en su vida.

Su abatimiento iba creciendo al verse totalmente inútil. Jamás se había sentido tan impotente. Y el saberse en manos de Shinra, expuesto a lo que él quisiera, y sin poder hacer nada por impedirlo… le hacía desear caerse muerto en ese mismo instante sólo para no tener que seguir con esa humillación y lo que viniera después. Lástima que aquello no ocurriera.

Cuando sintió la mano del presidente tantear el cierre de su pantalón, empezó a entrar en pánico. Y las pocas energías que le quedaban las empleó en debatirse como un animal acorralado, pataleando hasta obligar a Shinra a sujetarle las piernas para no llevarse una coz.

Quietecito —musitó Rufus mirándole con severidad. Cloud le respondió escupiéndole a la cara.

Por primera vez, pudo ver en el rostro de Shinra contrariedad. Cerró los ojos al recibir el esputo y su expresión se tornó sulfurada. Al volver a mirarle, mostraba cólera. Agarrándole con fuerza, le dio violentamente la vuelta, estampándole la cara contra el suelo. No volvió a soltarle la cabeza. Ubicándose estratégicamente entre sus piernas y bien pegado a su pelvis, le impidió que volviera a patalear. Se las apañó entonces con una mano para desabrocharle los pantalones, entre los forcejeos de Cloud. Lo que más le costó fue bajárselos, junto a la ropa interior; tuvo que hacerlo a tirones y sujetándole con una rodilla para poder bajar sendas prendas hasta sus corvas. Para entonces, incluso Shinra jadeaba del esfuerzo. Pero vio desaparecer su enfado cuando logró tener frente a sí la imagen que deseaba.

Buen chico, Cloud… —se burló mientras se recolocaba tras él. Con las rodillas separó aún más sus piernas antes de sentarse sobre ellas, inmovilizándole por completo.

Ngh… —Con la cara contra el suelo, Cloud no podía hacer otra cosa que quejarse. Rufus le contenía con todo su peso en dos puntos clave: su cabeza y sus piernas. Ya no tenía escapatoria.

Shinra esperó unos segundos para ver si su inmovilización era firme, poniéndole a prueba por medio de acariciar con la mano abierta sus glúteos. Cloud bufó histérico, pero apenas un muy leve temblor sacudió a su captor, sentado sobre él. Éste sonrió pleno de excitación y se arrimó a su trasero, rozando la entrepierna contra sus nalgas, asegurándose así que tenía una buena postura. Cloud jadeó de puro nervio.

Hijo de puta… —balbuceó con dificultad, al tener la mejilla aplastada contra el pavimento.

Calma, fiera —La ronca y excitada voz de Shinra le sonó terrorífica. Tanto, como el sonido de la hebilla de su cinturón al desabrocharse—. Pórtate bien…

Rufus jadeó al liberar su miembro de la presión de la ropa. Gimió de placer al rozar su erección contra las nalgas de Cloud, moviendo la pelvis con un lento vaivén, acariciándose con su suave y blanca piel. Realmente no podía esperar…

Cloud se revolvía con una débil furia al sentir aquel roce, lo que hizo que Shinra sujetara su cabeza con más firmeza. El ex-SOLDADO respiraba con histeria, cada vez más consciente de lo inevitable. Sentía la mano de Rufus masturbándose a su espalda, terminando de preparar su miembro, del cual Cloud podía notar su dureza. Tensó todos los músculos, buscando ponérselo difícil… Aunque en el fondo sabía que sería fútil.

El corazón de Cloud se saltó un latido cuando la cabeza del miembro de Rufus presionó contra su entrada. El pánico se apoderó de él y buscó revolverse con todas sus fuerzas, jadeado con histerismo. Aquella sobreexcitación pareció hacer reaccionar el Mako que revolvía sus entrañas y aumentó el efecto sobre su cuerpo. Cualquier fuerza que Cloud tratara de sacar, esas condenadas esposas se la absorbían hasta dejarle seco. Una debilidad brutal le golpeó con tal contundencia que dejó de respirar y hasta de ver por unos instantes, al borde del desmayo.

Sólo una cosa le hizo volver en sí. La violenta penetración de Shinra en su interior.

El dolor que le invadió fue tan intenso que bastó para despejarle. Ya no sintió el efecto de las esposas, ni ese ardor del Mako fluyendo por su cuerpo. El miembro erecto de Rufus abriéndose paso a la fuerza por su estrecha cavidad le hizo romperse de dolor, sintiendo que le desgarraba por dentro tan violentamente que creyó que le partiría. Un nudo asfixiante comprimió su garganta hasta que se liberó en forma de grito, sin poderlo contener.

¡AAAAGH!

Aaaahh… —Un gemido de intenso placer escapó por su parte de la boca de Shinra. Echó la cabeza hacia atrás, sacudido por una corriente de placer que le estremeció entero. Era mejor de lo que había esperado, mucho mejor— Aaah, Cloud… Eres increíble…

La forma en que las paredes del ex-SOLDADO presionaban su miembro era demencial, tan fuerte y tan caliente que sentía que no tardarían en llevarle al éxtasis. El corazón le latía con fuerza. Se quedó quieto unos segundos, con la boca abierta y los ojos cerrados, clavado en su interior arañando aquel fantástico primer contacto. Sus dedos se cerraron como una garra en el pelo de Cloud, temblándole el brazo entero. Entre jadeos de placer, bajó de nuevo la cabeza y observó la espalda semidesnuda de Cloud que se extendía bajo él. También temblaba. Se gravó en la mente aquella imagen de sus cuerpos unidos, para disfrutarla en su memoria las veces que quisiera.

Aferró con su mano libre uno de los glúteos de Cloud, separándolos, y comenzó muy lentamente a retirarse. Las paredes de Cloud se contraían de tal forma que parecían no querer dejarle ir. Un grito intermitente de dolor escapaba de la boca del ex-SOLDADO conforme Rufus echaba atrás sus caderas. Cuando su voz alcanzó un nivel demasiado alto, Shinra soltó su cabeza, echándose sobre él para poder cubrirle la boca con la mano.

Sshh… no grites tanto. No creo que quieras que ella te oiga.

Susurrando en su oído, le obligó a mirar hacia la pared. A aquel falso muro tras el cual Aeris se hallaba encerrada. Sin ver nada, sin enterarse de nada… Sólo por sus gritos. De inmediato, Cloud se tragó las ganas de gritar, aguantando el dolor con la poca voluntad que le quedaba. Cerró los ojos con fuerza y emitió un leve sollozo contra la mano de Shinra que a éste no le pasó desapercibido. Una sonrisa de pura maldad se dibujó en sus labios.

Así me gusta —Le soltó despacio, comprobando que Cloud se limitaba a mantener apretados los ojos y las mandíbulas, temblando por entero del dolor y del esfuerzo. Shinra apoyó su mano en la espalda de Cloud, irguiéndose de nuevo— Aaaahh…

Volvió a penetrarle. Una y otra y otra vez. Dueño por completo del cuerpo de Cloud. El joven ex-SOLDADO se redujo a una inmóvil marioneta, tendido en el suelo roto de dolor y de humillación, cada vez más extenuado por el efecto de todo lo que le atacaba. Mantuvo la boca cerrada durante todo su envite, dejando escapar apenas un par de quejidos, que acallaba de inmediato, cuando las embestidas de Rufus se hacían más violentas y profundas. Y aguantó estoicamente en el instante en que ese vaivén se volvió frenético, acompañado por los jadeos cada vez más urgentes de Shinra, que pasó a agarrarle de la nuca y de la cadera, clavándole los dedos. Hasta que, con una fuerte embestida, se derramó en su interior.

Aaaaaahh… Uf… —El presidente se pasó una mano por el flequillo empapado de sudor, echándoselo atrás y cerrando los ojos de puro gozo.

Bajó la mirada entre jadeos y sonriendo con placer, para observar al bravo ex-SOLDADO. Inmóvil. El pelo rubio le cubría los ojos, impidiéndole saber si los tenía abiertos o cerrados.

Rufus Shinra se inclinó un momento sobre él para atrapar su cuello con los labios en un breve beso, antes de separarse. Aquella tremenda descarga de placer le había dejado agotado; se movía lento y sentía que los potentes latidos del corazón le robaban el aire de los pulmones. De rodillas tras Cloud, se tomó su tiempo para volver a abrocharse los pantalones. Se levantó al fin, buscando su chaqueta, y terminó de arreglarse el resto de la ropa, plenamente satisfecho. Luego se dirigió a la puerta.

Un placer, Cloud —jadeó en un susurro mientras abría. Salió sin dirigirle una mirada más, atendiendo a los dos guardias que esperaban fuera— Recoged esto…

A solas en la oscura habitación, Cloud se mantenía en vilo entre el tenue velo que separaba la consciencia del desfallecimiento. Su cabeza quedaba ladeada hacia la falsa pared. Sus ojos, recorridos por dos surcos de lágrimas, miraban la negrura entre el flequillo empapado. Tras la cual sabía que estaba ella. Protegida…

De haber presenciado aquello.


.

El reconocible sonido sordo de la puerta le anunció que alguien acababa de hacer acto de presencia en su despacho. Rufus no se dignó a girarse en su silla para reconocer al invitado al que acababa de hacer llamar. Cómodamente recostado, observaba la puesta de sol, de la cual ya sólo quedaban unos tenues rayos huérfanos, con las manos juntas tocándose las yemas de los dedos, pensativo. Terminando de dar forma a la idea que bailaba en su cabeza desde hacía unos minutos.

—¿Qué quieres?

La voz hastiada de Cloud llegó ronca a sus oídos. Considerando no alargar su corta paciencia, se dignó a levantarse. Lenta y elegantemente, dejó la silla, rodeó el escritorio, deslizando por su pulida superficie una mano mientras observaba a Cloud de arriba abajo. Éste le devolvía una mirada fría y de aspecto extenuado.

Rufus se colocó de espaldas a su mesa y apoyó en ella las dos manos y las lumbares, observándole desde ahí. Cansado del cruce de miradas, Cloud resopló y apartó la suya. Recayó en los papeles desperdigados por el suelo y no pudo evitar la sorpresa. Parecía que no era él el único con un mal día.

—¿Me has mandado llamar sólo para mirarme? Ya me tienes muy visto —gruñó con apatía, irritado por su silencio.

—No —Los ojos claros del presidente se mostraban sagaces.

Cloud le miró de refilón, desconfiado. Pero volvió por completo sus ojos hacia él cuando éste pronunció su siguiente aseveración:

—… Para concederte un deseo.

.

Fin del segundo capítulo


Bueno bueno bueno... Primer lemon. ¿Qué os ha parecido? Un tanto desagradable, tal vez... Al menos lo ha sido para el pobre Cloud. No os preocupéis, que este es sólo el primero de muchos y no todos seguirán en esta linea, if you know what I mean ¬¬3

Bien, ya sabemos un par de cosillas más: Cloud y compañía fueron secuestrados tras intentar rescatar a Aeris. Pero... ¿qué ha sido del resto? ¿Y en qué situación está Cloud en el presente? Todavía no sabemos qué fue lo que pasó hace cinco días, pero paciencia, que todo se irá desvelando de la forma oportuna.

Si aún os pica la curiosidad y queréis saber qué será ese "deseo" que le concederá Rufus a Cloud, os espero en el siguiente capítulo. Mil gracias por leer, espero vuestras opiniones, un beso a todos ^3^