Hola holita, personitas~ Espero que hayáis pasado una buena semana, yo personalmente la he pasado congelada de frío... Si también es vuestro caso, agenciaros una manta, un chocolate calentito y aquí os dejo el capítulo número tres de esta extraña historia.

Este cap parte directamente desde la escena con que acabó el anterior. Por si no recordáis qué estaba pasando, os recomiendo echarle un vistazo primero ;)

Nos leemos abajo~


—¿Qué?

Cloud miraba a Shinra con el ceño fruncido y un claro recelo ante sus palabras.

—¿Qué es lo que deseas?

Los intensos ojos del ex-SOLDADO se clavaron sobre el presidente con aversión, antes de apartar la mirada con desprecio. Ya estaba harto de él y de sus artimañas, no pensaba seguirle el juego.

—Vete a la mierda…

—Hablo en serio —insistió Rufus con voz pausada.

Se separó del escritorio y comenzó a pasear por el despacho, acortando a pasos lentos la distancia que los separaba. Cloud apenas se había movido de la puerta, gesto que reflejaba su rechazo a estar cerca de él. Le miró de refilón mientras se le aproximaba.

—He estado pensando en nuestra conversación de anoche —musitó Shinra, recibiendo de Cloud un bufido despectivo. Él no recordaba ninguna «conversación»— y es verdad que no he sido muy amable contigo. Te he exigido y he tomado cuanto he querido sin tener en cuenta tus deseos, siendo yo el único beneficiado. Y no me parece bien. En especial, respecto a últimamente, que tan bien te has estado portando —Le alcanzó, dejando menos de un metro entre ellos. Le miró a la cara sonriendo sutilmente. Cloud no le devolvió la mirada—. Así que, repito: ¿qué deseas? Pídeme lo que quieras. Salvo, ya sabes, mi cabeza separada de mi cuerpo o cosas así; creo que anoche ya dejé clara mi postura respecto a eso.

Alargó distraídamente una mano para acariciar uno de sus mechones rubios. Cloud apartó la cabeza, impidiéndoselo. Sus ojos seguían clavados en algún punto de la pared, lejos de Shinra.

¿Y este cambio de moral a qué se debía?, pensó. Nada de lo que Rufus Shinra soltara por la boca podía ser bueno. Incluso era peor cuando parecía venir con clementes intenciones, pues siempre guardaba un traicionero as en la manga. Le encantaba jugar a eso; Cloud ya no tenía muy comprobado.

—No puedes darme nada que quiera —masculló fríamente, negándole la mirada.

—¿Estás seguro? —insistió ladeando la cabeza, buscando incansable sus ojos. Recibió un fugaz vistazo por su parte, una mirada tan fría que parecía un mordisco— ¿Nada?

Cloud se dignó a mirarle al fin. Los ojos azules de ambos, tan diferentes, cruzaron una muda conversación. El ex-SOLDADO leyó en los contrarios lo que ese «nada» significaba. Rufus sonrió al percatarse. Ahora empezaban a hablar el mismo idioma.

—Lo sabes perfectamente —siseó Cloud. Era algo que repetidas veces se lo había escuchado gritar.

—Prefiero oírtelo decir.

Los ojos azul Mako refulgieron con furia con el mismo brillo que manaba de las esposas que lucía en cada muñeca. Hacía tiempo que Shinra se las dejaba desunidas, sin necesidad de atarle la una a la otra, pero inamovibles como el collar de un perro.

—Quiero que les sueltes —formuló alto y claro.

Rufus escudriñó su mirada en silencio unos momentos, demorando su respuesta. Cloud notó que por sus ojos cruzaba una sombra de duda.

—Eso no puedo hacerlo —sentenció con voz calmada, aunque su sonrisa había desaparecido.

Se apartó un poco de Cloud. Con las manos en los bolsillos, comenzó a darle la espalda con intención de volver a pasearse por el despacho. Pero Cloud no se lo permitió. Le miró furibundo.

—¡No te retractes! Has dicho cualquier cosa que desee…

—Sí, cualquier cosa dentro de unos límites razonables… —matizó Shinra gesticulando con una mano.

—¿Y qué sería para ti una petición razonable?

Eso le hizo detenerse en seco. Sin girarse, elevó la vista al techo y ladeó la cabeza, fingiendo pensar, con las manos de nuevo en los bolsillos. Muy teatrero, notó Cloud, dándose cuenta de inmediato que le había conducido hasta otra de sus tretas. Típico de Shinra, buscar las respuestas que quería para acabar donde esperaba.

Con un ensayado movimiento de cabeza, le miró por encima del hombro. Y ahí estaba de nuevo aquella repulsiva sonrisa vanidosa.

—Podría… Liberar a uno.

—No —La rabia tomó el control de la boca de Cloud.

— ¿No? —Rufus se sorprendió. Volvió su cuerpo de nuevo hacia el ex-SOLDADO y le inquirió con una ceja arqueada— ¿Antepones el grupo entero a la libertad de uno de ellos? ¿Qué ocurre? Creía que querías que los soltara…

—A todos —remarcó Cloud entre dientes.

—Eso no puede ser.

—¡¿Por qué?!

—Porque las cosas no son como las quieres tú, Cloud, sino como las dicto yo.

La máscara de amabilidad y calma cayó y volvió a aparecer el presidente Shinra. No había alzado la voz más que para que sonara contundente, pero su tono y su postura habían cambiado. Clavó en Cloud su mirada con severidad, dejando claro que ese era el límite.

Cloud no soportaba seguir mirándole. La misma cólera que impulsó su mano a apretar el gatillo del revólver la noche anterior volvía a invadirle. Bajó la cabeza, cerró los puños con rabia y, mecánicamente, sintió la inconfundible sensación de las pulseras reaccionando a su estado de ánimo. El Mako que manaban empezó a fluir, haciéndole de las suyas. Sacudió la cabeza, tratando de controlarse. Había aprendido en esas dos semanas a hallar el umbral por debajo del cual el daño era menor, haciendo soportable aquella debilidad que se asemejaba a un estado febril.

El silencio volvió a instalarse entre los dos. Cloud se encontraba en un callejón sin salida, sin saber qué hacer. No podía de ninguna manera ceder a las condiciones de Rufus, pero tampoco era capaz de dejar a sus compañeros encerrados sabiendo que estaba en su mano cambiar eso… Le daban ganas de gritar y tirarse del pelo de frustración. No hicieron falta estos gestos para que el presidente captara su debate interno y decidiera arrojarle algo de luz.

—Puedo dejar ir a… ¿Tifa y Yuffie?

Su voz sonó casual, como si negociara un trato cualquiera. Como si hubiera escogido dos nombres al azar. Pero no lo eran… Cloud se giró con el asombro pintado en la cara. Rufus le observaba apoyado de nuevo en la mesa, cruzado de brazos, esperando su respuesta.

Ahí estaba su retorcido truco. Apelar a los sentimientos de Cloud, recientemente tan trastocados por la trágica pérdida de Aeris; utilizándola para sugestionarle. Rufus no tenía idea de cuáles eran sus sentimientos hacia las otras dos chicas, le traían sin cuidado. Sólo le importaba que eran eso, mujeres. Sabía que Cloud no podría soportar perder a un compañero más, y menos a otra amiga… Si, además, se añadía el hecho de que Shinra las había utilizado repetidas veces para coaccionarle, amenazándole con dejar que las violaran o acabaran de sujetos de algún experimento de Hojo si no se doblegaba. Cloud era tan terco que ni las esposas le corregían a veces…

—¿Y bien? —Rufus alzó una ceja, impaciente— ¿Te parece un buen trato o no?

Cloud aún mantenía la cabeza baja, pensando, pero se paró a mirarle con recelo. Antes había hablado de «deseos», pero ahora no...

—¿Trato? —Cloud frunció el ceño y le observó suspicaz. Por la expresión tranquila de Rufus, supo que no había sido un lapsus.

—Bueno… Digamos que… Si quieres que te conceda un deseo… tendrás que demostrarme lo mucho que lo ansías —sonrió con perversidad.

—¿Y cómo tendría que hacerlo, según tú? —Cloud se cruzó de brazos, tornando su voz gélida.

Con la absoluta calma de quien está disfrutando con la situación, Rufus se separó del escritorio y caminó hacia él. Esta vez, cuando le tomó del mentón con dos dedos, el ex-SOLDADO no se apartó.

—Como a ti te sugiera que vaya a convencerme —susurró sobre sus labios. Un cosquilleo le recorrió al tenerlos tan cerca. No los había probado en varios días…

Cloud pareció meditarlo. Cuando alzó la mirada de nuevo, se mostraba firme y decidida.

—Suéltalas. Y te lo demostraré.

Shinra lanzó una leve risa despectiva y se apartó de él.

—No soy imbécil, Cloud…

—Tampoco yo.

—Ya, pero tú no estás en posición de negociar —Sus ojos volvían a tener ese brillo cruel—. Tú mueves primero.

El ex-SOLDADO le fulminó con un profundo odio. Pero a Shinra no pareció importunarle en absoluto. Ya tenía a Cloud justo donde quería.

Al ex-SOLDADO le costó unos segundos hasta lograr reunir la suficiente voluntad para moverse. Se aproximó a Shinra, que aguardaba mirándole inmóvil y con una sutil sonrisa. Se arrimó hasta que la cercanía entre ambos le devolvió su propio aliento. Evitó mirarle a los ojos mientras, despacio, se inclinaba hacia delante, buscando su boca. Pero abrió los ojos sorprendido cuando, contra todo pronóstico, Shinra le detuvo poniéndole dos dedos en los labios.

—Ahora no —musitó. Cloud le miró confuso y éste se sonrió, susurrando—. Tengo que trabajar.

Sin una explicación más, le dejó ahí plantado y rodeó su escritorio para sentarse en la silla, dando por zanjado aquel encuentro.

—Te veo esta noche, Cloud —aseveró. La puerta se abrió tras el ex-SOLDADO. Le lanzó una última mirada cargada de malicia y deseo—. Piensa, hasta entonces, cómo vas a convencerme.

Del desconcierto por aquella inesperada reacción, Cloud aún no se movía del sitio, mirándole a la espera de algo más. Rufus fingió atender sus papeles y pasó a ignorarle. Cuando dos guardias aparecieron para escoltar a Cloud, no le quedó más remedio que salir, no sin antes pegarle una furibunda patada a una papelera.

Bajo la montaña de papeles, el presidente se sonrió.


Dos semanas antes.

Jueves.

.

Ugh… Nnnh…

Los quejidos de dolor se sucedían por cada leve movimiento que hacía, tratando de encontrar una postura en la que el peso de su cuerpo no le supusiera una tortura. Había despertado en una fría celda, acompañado nada más que por un fluorescente en el techo que hacía que le dolieran los ojos con su intensa luz. Tenía las manos enganchadas por las esposas a un saliente en la pared. Le ardía todo el cuerpo con un agudo dolor, especialmente entre las piernas, de modo que no encontraba la forma de sentarse. Y todo lo que ocupaba su mente ahora, era un venenoso odio.

¿Cómo se había atrevido? El muy desgraciado de Shinra… Ya le tenía por un monstruo desalmado, por un ambicioso hijo de puta, pero ahora además había demostrado ser un cabrón degenerado y un crápula. Cloud no podía contener en sí la furia que sentía por haber sido humillado y vapuleado de esa manera. Sentía aún las manos de Shinra recorriendo su cuerpo, su olor pegado a él… Y no podía soportarlo.

Echó la cabeza atrás con brusquedad, golpeándose la cabeza contra la pared. No le importó. Necesitaba sentir dolor en otra parte para alejar los receptores de su cuerpo de su zona más maltratada. Con los dientes apretados y los ojos cerrados con fuerza, sollozó de pura rabia. ¡Qué imbécil había sido! Si Barret o Cid estuvieran ahí, le habrían molido a palos. O lo habrían intentado… pero sobretodo, le recordarían lo idiota que fue por no escuchar, por lanzarse a la trampa más evidente jamás montada por Rufus Shinra… Y todo… Para acabar así.

Gilipollas… Gilipollas, gilipollas ¡MALDITO GILIPOLLAS! —se increpó golpeándose con la pared con rabia.

—…En eso estamos de acuerdo.

La puerta de la celda se abrió inesperadamente. Cloud enfocó con alarma las figuras que se hallaban en la entrada, observándole. En una fracción de segundo, estudió sus uniformes, la insignia de su cinturón, sus yelmos… Y maldijo por lo bajo al reconocer el lío en el que estaba. SOLDADOs.

Mirad quién tenemos aquí… —murmuró el primero en adentrarse a la celda. Dos más le siguieron. Eran todos Segunda Clase— El «renegado».

Cloud les fulminó con la mirada mientras se acercaban. Intentó recogerse todo lo que pudo contra la pared, aguantando el dolor de su magullado cuerpo.

Gerald, me debes veinte giles. Sí que ha sido tan estúpido como para presentarse —rio uno de ellos dándole un codazo al tercero.

¿Qué se siente al ser capturado con tanta facilidad, Strife? —El primero, el más alto, se acuclilló cerca de él, a una distancia prudencial— Por lo que se contaba de ti, te teníamos por un máquina. El famoso líder de AVALANCHA, ex-SOLDADO de Primera Clase… —exaltó con sarcasmo— Mírate. No eres más que un crío con muchos aires.

¿Sois el comité de bienvenida? —ladró Cloud mirándoles con burla y elevando una ceja— Agradezco a Shinra que me haya traído unas azafatas tan guapas…

Un golpe brutal le giró la cara. Cloud abrió la boca de la impresión, pero no emitió ninguna queja. Le dolía la mandíbula… Mucho. Lo bastante como para que todo su dolor se concentrara ahí. Y sonrió, agradecido. Cuando volvió a mirarles, los tres parecían entre desconcertados y furiosos.

Sigue riéndote, maricón de mierda… Te va a durar poco —masculló el que tenía delante. Los otros dos empezaron a rodear a Cloud, guardando aún algo más de un metro de distancia de sus piernas.

Cloud pasaba la mirada de uno a otro, tenso, pegándose a la pared como una serpiente acorralada. Sabía que en las condiciones en que estaba no tenía posibilidad de defenderse, aunque fueran Segunda Clase. Seguían siendo tres y SOLDADOs. Y él estaba atado.

Cuando uno de ellos se acercó más de lo debía, Cloud alargó las piernas y le hizo una tijera con un rápido movimiento, tirándole al suelo. Al caer éste, los otros dos se le echaron encima mecánicamente como lobos. Uno le agarró del pelo y el otro iba a golpearle, pero Cloud fue más rápido y le pateó. Le dio en el pecho con la primera patada, escuchando su quejido, pero a la segunda éste le sujetó del tobillo y recibió un puñetazo del otro tipo. Tiraron de sus piernas y Cloud gritó al sentir cómo los hombros amenazaban con dislocársele, al tener las muñecas a la espalda y atadas a la pared.

Vamos a bajarte los humos, capullo…

Mientras aquél le sujetaba las piernas, el más alto, al que había tirado al suelo, se aproximó y le pegó una patada en el costado. Cloud se retorció de dolor, pero apenas tuvo tiempo de lamentarse antes de recibir otro puñetazo en la cara. Sintió la sangre resbalar caliente por su nariz rota, saboreándola al llegar a su boca. Oía reírse a los tres SOLDADOs al verle hecho un manojo indefenso, jadeando quejicoso.

Así que esas son las esposas anti-SOLDADO… —observó uno de ellos, viéndolas brillar a la espalda de Cloud— Deben de joder bastante. No me gustaría estar en su pellejo —se burló acercándose a su rostro para sonreírle. Cloud le miró rabioso y le escupió un esputo sanguinolento a la cara. Por respuesta, éste le cruzó la suya— ¡Vas a ver, gilipollas!

El que le sujetaba las piernas le soltó para que su compañero pudiera hundirle el pie en el estómago. Cloud abrió la boca y los ojos incapaz de emitir un solo grito. Se turnaron entre los tres para darle de patadas y puñetazos, sin poder hacer él nada por defenderse. Sólo cuando, tras dejarle inmóvil con el último golpe, el más alto le fue a coger del cuello del jersey, recibió un mordisco furibundo en la mano. Lleno de rabia, Cloud volvió a emprenderla a patadas, defendiéndose hasta la muerte mientras los tres SOLDADOs le propinaban una paliza. Hasta que la puerta se abrió de golpe.

¿Quién os ha dado permiso para entrar aquí?

Los tres agentes se volvieron, sorprendidos. En el umbral, con un porte regio y dos escoltas a la espalda, Rufus Shinra les lanzaba una severa mirada que helaría la sangre a cualquiera. Permanecía inamovible, mirándoles con gravedad, las manos en los bolsillos y una apariencia de absoluta calma que emanaba peligro. Parecía furioso.

Presidente… —balbuceó uno.

Shinra no dijo nada ni tampoco se movió. Parecía que realmente esperaba una respuesta a su pregunta. Ante su silencio, los tres SOLDADOs se miraron entre sí, sin saber cómo salir de aquel lío. Al ver que no parecían darse por enterados, Shinra repitió su pregunta.

¿Quién… os ha dado permiso —habló más alto y despacio, haciéndose entender, mientras pasaba su mirada de uno a otro— para darle una paliza a este prisionero?

Jadeando y con la nariz y la boca cubiertas de sangre, Cloud le observó con odio. Su presencia le hacía recordar automáticamente lo ocurrido la noche anterior y le hacía arder de rabia. Pero Rufus no le prestaba atención.

—… Nadie, señor —reconoció el más alto, al verse incapaz de excusarse.

Shinra cerró los ojos y asintió, conforme con la respuesta.

¿Puedo saber entonces qué hacen tres agentes de SOLDADO aquí, si nadie les ha dado permiso? —inquirió enarcando una ceja. No parecía dispuesto a dejarles ir sin más.

Nada, señor.

¿Nada? Pues no parece nada —La templada voz de Shinra sonaba peligrosa. Señaló a Cloud con la cabeza y volvió a mirarles—. Más bien parece que tres agentes de mi cuerpo de seguridad de élite han bajado aquí sin mi permiso, y les ha parecido que sería divertido vapulear a un prisionero maniatado en mis propias narices.

Señor, no pretendíamos…

Cierra la boca —interrumpió, aplastante—. Si no puedes decir nada sensato, será mejor que te calles —El SOLDADO enmudeció. Cloud creyó verle temblar—. A mi parecer, está muy claro lo que pretendíais. Así que no se os ocurra tomarme por idiota.

Avanzó hacia el centro de la celda. Los agentes automáticamente se separaron de Cloud y se cuadraron frente al presidente, mudos. Shinra se colocó delante del más alto. Aunque éste le sacaba una cabeza, no cabía duda de quién de los dos imponía más.

Si te gustan esas pulseras puedo encargarme de pedirle a Hojo unas para ti —susurró Rufus—. Dame tu nombre.

El SOLDADO pareció querer morirse en ese instante. Pero no le quedó más remedio ni valor, y se lo dio. Shinra asintió y le fulminó una última vez a los ojos.

Como vuelva a recibir un solo aviso sobre ti, aunque sea un susurro, me encargaré de que no vuelvas a trabajar en tu vida. De nada en absoluto. ¿Comprendes? —El agente asintió, tragando saliva con un terror que no logró disimular— Va por los tres, ¿lo habéis entendido? —Miró a los otros dos.

Sí, señor presidente —balbucearon con la voz temblorosa.

Bien —Rufus se volvió a sus escoltas—. Tomad el nombre a estos tres agentes e informad al director de SOLDADO: insubordinación y comportamiento indecente. Y que haga lo que corresponda —Terminó arrojando sobre los amonestados una mirada temible—. Largo.

No necesitaron escucharlo dos veces. Salieron de la celda como alma que lleva el diablo. Shinra ordenó a sus escoltas que cerraran la puerta, quedándose al fin a solas con Cloud.

El rubio ex-SOLDADO jadeaba, medio tirado en el suelo, magullado y con la cara amoratada y cubierta de sangre. Le habían roto la nariz y ahora mismo, además de impedirle respirar bien, era lo que más le dolía. Rufus le observó en silencio, evaluando su estado. Sin mediar palabra, se agachó a su lado, posando una rodilla en el suelo y sacó un pañuelo de su solapa que acercó a su cara. Cloud siseó enseñándole los dientes y se revolvió, rechazándole.

No te atrevas a tocarme, hijo de puta…

Shinra pareció sorprendido por su reacción y hasta por la mirada cargada de cólera que recibía de Cloud. Guardó el pañuelo y apoyó un brazo en la pierna, observándole con una indescifrable expresión. Con un movimiento rápido le tomó del mentón antes de que Cloud pudiera evitarle y le hizo girar la cabeza a un lado y a otro para examinarle. El ex-SOLDADO se quejaba con dolor.

Te han dejado hecho un cromo… —musitó Rufus con indiferencia.

Cloud cerró los ojos, dolorido. Shinra sonrió y le limpió un poco la sangre de la barbilla antes de meter la mano en el bolsillo. Cloud vio que sacaba una esfera de color verde brillante y no pudo evitar la sorpresa: una Materia Cura. Ante su asombro, Rufus la acercó a su rostro y activó su magia curativa sobre sus heridas. Las magulladuras y cortes revirtieron y su nariz volvió a soldarse, arrancándole a Cloud un jadeo por la impresión. El dolor en su cara cesó, no así en el resto de su cuerpo, pero ya era algo. Shinra le tomó del mentón de nuevo y evaluó el resultado. Seguía cubierto de sangre, pero ya no estaba herido.

Sería una lástima estropear una cara tan guapa…

Cloud le lanzó una furibunda mirada, sacudiéndose su mano y lanzándole una patada. No le alcanzó, pero logró que Shinra se levantara y apartase de él.

¿Qué quieres? —gruñó el ex-SOLDADO jadeante, observándole de pie frente a sí— ¿Qué esperas conseguir de esto?

Shinra pareció desconcertado con la pregunta. Alzó ambas cejas, confuso pero calmado.

¿Que qué espero conseguir? Nada en absoluto —sonrió orgulloso—. Ya lo he conseguido —Su rostro se tornó en una expresión que ya había visto la noche anterior. Victorioso, malévolo y engreído. De pronto, volvía a ser el mismo que le había forzado en aquella sala—. No hay ningún punto, a partir de aquí, al que quiera llegar. ¿Entiendes? —Se inclinó para observarle mejor. Cloud le devolvió una mirada inquieta— Te quería a ti, Cloud. Y te tengo.

Gruñendo de rabia, éste volvió a arrojarle una patada, pero ni le rozó. Sólo recibió una risa socarrona por su parte.

¡Entonces suelta a los demás, capullo! —gritó lleno de ira— Si me querías a mí, deja que se vayan ¡Suelta a Aeris y a los otros!

De eso nada —musitó tranquilamente—. No veo ninguna razón para hacer semejante estupidez. Tengo a AVALANCHA al completo encerrada en mi edificio, ¿por qué iba a soltarles?

Cloud chirrió los dientes. La sangre seguía empapando su nariz y boca, y la sentía arder.

No se te ocurra hacerles daño… Como te atrevas a tocarles…

Adelante, Cloud —Shinra alzó los brazos efusivamente, mirándole con expectación—. Estoy deseando oír lo que me harás si me atrevo a tocarles.

El ex-SOLDADO le devolvió una mirada iracunda.

Te arrancaré la cabeza.

Uuh… —Rufus fingió impresión, apartando la mirada y riendo después— Te resultará difícil mientras yo tenga esto.

Sacó de su bolsillo un objeto conocido. Cloud palideció al ver de nuevo el mando controlador de las esposas. Su corazón dio un vuelco.

Están al mínimo ahora mismo —informó Shinra—, y veo que ya te encuentras bastante mal. No hace falta que te diga que imagines lo que te supondrá cabrearme… y que suba el nivel.

Derrotado por sus palabras y terriblemente cansado, Cloud bajó la cabeza, cubriendo sus ojos con su flequillo. Tomándolo a su favor, Rufus se acercó de nuevo, posicionándose con un pie a cada lado de sus piernas e hincando una rodilla en el suelo para inclinarse sobre él. Le tomó del cuello del jersey y le levantó de un tirón, recogiéndole contra la pared e irguiéndole para devolverle a una posición sentada normal. Cloud se quejó terriblemente al sentir el peso de su cuerpo caer de nuevo sobre su dolorido trasero.

Te voy a informar de la nueva situación… —susurró Rufus sobre su rostro. Sus dedos subieron hasta agarrarle del cuello— Si no tolero que nadie te toque, es porque me perteneces ahora. De aquí, a que a mí me dé la gana. Dispondré de ti cuándo y cómo me plazca, te follaré las veces que me apetezca —Su voz sonó excitada, acercándose a sus labios—. Y lo que más claro debe quedarte: no vas… A salir… De aquí. Ni tú, ni ninguno de los imbéciles de tus amigos. Así que más te vale ser buen chico… Por tu bien. Y por el de ellos.

Tras ese veredicto, juntó su boca a la de Cloud. Le besó con pasión, sujetándole de la mandíbula para que no pudiera negarse. Cloud se sintió ahogar en el beso, notando la sangre resbalar por su garganta. Rufus alargó el contacto, ladeando la cabeza para recorrer su boca con la lengua, besándole fogoso y ansioso de él, hasta saciarse. Mordió sus labios al separarse y le miró a los ojos, jadeando de excitación. Le sujetó bien, clavándole los dedos en las mejillas. Cloud observó sus labios, tiznados con su propia sangre.

Eres mío.


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La puerta se abrió con un chirrido. Dentro, la única luz que bañaba la lujosa habitación provenía de la ventana, que reflejaba en muebles y alfombras el brillo de la luna mezclado con los eléctricos colores nocturnos de Midgar. Una silueta estaba de espaldas a la puerta, su cuerpo tenuemente iluminado por la escasa luz y el extraño fulgor que emanaban las pulseras de sus manos. Rufus sonrió en el umbral, sujetando el picaporte.

Al notar su presencia, Cloud dejó caer los hombros con un suspiro y tornó despacio su cuerpo hacia él. Su mirada denotaba firmeza. Shinra ladeó la cabeza y enarcó una ceja.

—¿Bien? ¿Tienes un deseo que pedirme?

Cloud se quedó en silencio. Pero parecía haber tomado una decisión en esas horas desde que salió del despacho de Shinra. Miró al presidente con seguridad y se acercó lentamente hacia él. Comprendiendo, Rufus amplió su sonrisa. Entró en la habitación y, con un suave empujón, cerró la puerta a su espalda. El sonido del cerrojo los sumió a ambos en la completa intimidad. Augurando una noche que prometía ser muy larga… Para ambos.

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Fin del tercer capítulo


Parece que la cosa se está poniendo tensa e interesante, ¿eh...? O tal vez no y merezca que me apaleen por un capítulo tan malo. No os cortéis, lo entenderé...

En fin, queridos lectores, muchas gracias por pasaros todavía por aquí y por leer esta cosa, que espero no os esté aburriendo soberanamente. Aguardaré vuestros reviews con opiniones, dudas, quejas, amenazas, cartas bomba y demás contenidos que os apetezca relatar. Quiero saber qué opináis y si os está resultando entretenido o estáis ya hasta las pelotas de tanto Flash-back/forward...

Si queréis saber si se cumplirá o no ese "deseo" de Cloud, no os perdáis el siguiente cap. Hasta el jueves~ ^3^/