¡Hola, gente!

¿Adivinad? Vuelvo con más SasuHina ¡Ya-ha!

Bueno, ésta historia proviene de los inicios de Agostoen motivo a la celebración del mes SasuHina, que luego fue pasando por Septiembre y ahora la vais a seguir teniendo en Octubre y posiblemente también Noviembre; pero, ¿qué más da? Tendréis SH para el rato :YaoMing: Y, bueno, a pesar de que inicié con éste capítulocon el cual, por cierto, tuve muy buen recibimiento, no lo desarrollé como yo quería a falta de tiempo; no incluí aquellos detalles que ahora no quiero pasar por alto. Es por eso que me encuentro en esa labor de editarlos, uno por uno, hasta tener lo que deseaba en un principio.

Por ahora no quiero decir más; hasta abajo nos vemos entonces ^^


Disclaimer: Naruto no me pertenece (Baila la conga); y ya quiero que acabe el relleno~ (?)


💕[SasuHina month 2015]

#Prompt 1: First Encounter


Advertencias: Esta historia está ubicada en un Alternative Universe. La historia contendrá, además, lenguaje soez, alusión a la infidelidad, y tal vez un poquito de OoC.

Habrá menciones de NaruSaku; SasuKarin; y, por supuesto, SasuHina.


Si no estás de acuerdo con lo que se va a ver aquí, según tengo entendido, hay un botón que dice «Atrás». Púlsalo y nos evitamos malos ratos.


Summary: ¿Dónde estaba aquél jovial rubio de ojos azules que la había saludado con entusiasmo, aún sin conocerla? En su lugar estaba un joven, claramente más alto que ella—y tal vez un poco más que el rubio—, de cabellos y ojos oscuros; éstos últimos, mostrándole una dura, fría y penetrante mirada, haciéndola sentir algo incómoda. ¿Por qué la miraba así?


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First Encounter


Se subió con absoluta parsimonia la cremallera que estaba al lado derecho de su vestido color púrpura, acomodándose, a la vez, el escote de corte recto que lo conformaba, de modo que éste no mostrase más de lo convenientemente necesario. El traje de por sí ya era muy corto, tanto por arriba como por abajo, y con su púdico modo de ser, sentía unos nervios enormes el sólo pensar que se le veía la clavícula.

Se dirigió con algo de prisa hacia el baño que estaba al final del pasillo, y, mirándose en el espejo que estaba frente al lavamanos, decidió que le haría caso a los consejos de su compañera de piso y se retocaría el rostro por el bien de su femineidad. Comenzó a colocarse un poco de rubor sobre las blancas mejillas que poseía, aunque, ahora que lo pensaba mejor, aquello seguro sería algo innecesario puesto que éstas siempre estaban rojas, no importando la situación. Suspiró con pesadez y procedió a colocarse el brillo labial, sin embargo, frunció un poco el ceño cuando notó que el tono de éste era un poco más fuerte del que solía usar.

De inmediato comprendió por qué.

—Temari. —susurró el nombre de su compañera de piso, negando con la cabeza, resignada. Definitivamente, aquél labial Rebel Bloom pertenecía a su rubia amiga. Seguramente Temari se había llevado su lipstick rosa pálido por error cuando, hacía un par de horas, había cogido casi todo el maquillaje que poseían en el departamento porque iba retrasada a su destino; obviamente no se había detenido ni un segundo a fijarse bien si era suya, o no, cada cosa que había ido a parar a su bolso.

—¡Vaya! Estás hermosa.

Pegó un brinco en su lugar cuando escuchó la animada voz de su otra compañera de piso, Yamanaka Ino. Se fijó a través del espejo que ésta se encontraba mirándola de arriba abajo, dándole el visto bueno, mientras se apoyaba en el marco de la puerta. La joven volteó a verla y sonrió con algo de timidez, agradeciendo por lo bajo el cumplido. Inmediatamente regresó su lilácea vista al cristal, fijándose en su propia persona; cogió su larga melena, cepillándola sin prisa y luego la sujetó con una liga, haciéndose una coleta baja. Repasó su reflejo con cuidado mientras se acomodada un pequeño mechón rebelde que salía de su flequillo. Cuando vio que todo estaba en orden, por fin salió del baño.

Ante la divertida mirada azulina de la rubia, se encaminó hacia el pequeño recipiente que estaba colocado en el centro de la mesita de la sala y cogió las llaves que estaban en él. A pesar de que Ino le había dicho que pasaría la noche en casa, que no tenía intenciones de ir a ninguna parte, y que no tenía por qué cargar el último juego de llaves que las tres tenían que compartir—ya que por una pequeña imprudencia, hace unos meses, la Yamanaka había perdido las suyas y las de Temari, ¡al mismo tiempo!—, Hyūga Hinata decidió ser más precavida por si a la otra se le venía a la mente la grandiosa idea de salir a por unos tragos con el vecino que vivía en el piso que estaba enfrente de ellas —quien, por cierto, estaba muy interesado en Ino. O, en otro caso, por si a alguno de los tantos muchachos que conocía se le ocurría llamarla para mantenerla ocupada toda la noche.

La azabache se estremeció al imaginarse que, de ser así, tendría que quedarse fuera del departamento, donde tendría la desdicha de recurrir a un hotel barato, todo porque no podría costearse uno mejor. Negó con la cabeza. No quería tener que soportar, de nuevo, los piropos lascivos y cochinos de los hombres de excesivo peso que se quedaban en esos lugares; sobre todo, porque éstos se ponían más pesados de lo normal cuando estaban borrachos.

Miró con el entrecejo un poco fruncido las llaves en su mano, y luego volteó hacia Ino. No es que la molestara tanto saber que a la de ojos azules le encantaba regresar al día siguiente, casi al mediodía, después de una vida nocturna agitada; al contrario, a Hinata le parecía bueno que sus amigas se divirtieran. Después de todo, la más coqueta de las tres siempre decía que la noche mostraba a las estrellas y a las mujeres bajo una luz mejor¹. Sabía muy bien que esas noches, según la propia Yamanaka, eran muy productivas tratando de demostrar aquello.

Con respecto a Temari, su otra compañera, ésta últimamente salía con regularidad, pero, a diferencia de Ino, ella no regresaba sino hasta dentro de dos días, cuando la noche comenzaba a hacerse presente. Ninguna sabía cómo, y el por qué era estúpido preguntar siquiera, pero la de ojos verdes recibía más llamadas que la provocativa de ojos azules. Aunque, al parecer, la mayoría provenían del mismo número telefónico —o eso le dijo Ino cuando cierto día, de casualidad, había cogido el móvil que la Sabaku No dejó abandonado a su merced en la mesita de la sala, cuando decidió darse una relajante ducha. Sonrió levemente, recordando cómo Temari casi cortaba la larga cabellera de la otra por andar de mirona con sus cosas.

Hinata salió de sus pensamientos soltando un suspiro, y se dirigió a la salida a paso rápido sin ser muy consciente de éste simple acto. Sin embargo, antes de posar su mano sobre el pomo de la puerta, la voz de la Yamanaka la detuvo.

—Qué ansiosa estás por esto, ¿eh? —Le expresó, con un ligero tono de burla, mientras se apoyaba en una de las paredes que llevaban al recibidor, cruzándose de brazos.

La otra la miró confusa, pero, no pasó mucho tiempo para que terminara ruborizándose al momento de comprender a qué se refería. Alzó sus manos y las agitó frente a su cara, cerrando su claro mirar con fuerza, al comenzar a balbucear.

—¡No! ¡Y-yo...! N-no... Es que...

Ino la miró divertida, y se acercó a ella.

—¡Tranquila! —La calmó al brindarle un abrazo, en el que la apretó con un poco de fuerza, cuando sintió los leves temblores que recorrían el pequeño cuerpo entre sus brazos—. No tienes que preocuparte de nada, Hinata —Le dijo—. Sí, ya te darás cuenta tú misma de que esto no es fácil, pero tú quisiste hacerlo; nadie te obligó, ¿recuerdas? —Siguió hablándola, mientras pasaba sus dedos entre la larga cabellera azulina que poseía—. ¿Sabes? Aún tienes oportunidad para negarte.

Hinata suspiró aún aferrada a Ino—. N-no... Yo... —Respiró hondo y prosiguió—. E-es sólo que te-temo no hacerlo bien —exclamó, mientras se separaba un poco, viendo hacia los ojos de la otra con las cejas arqueadas en un gesto de preocupación—. ¿Qu-qué pasa si no le gu-gusto?

—Bromeas, ¿cierto? —Ino alzó una ceja incrédula, cogiendo a la de ojos perlados por los hombros para separarla de su propio cuerpo, y poder así recorrerla con la mirada, de los pies a la cabeza—. ¡Mírate! Tú eres hermosa, Hinata... —Frunció un poco su ceño—. No más que yo, claro —dijo sonriendo maliciosa, provocando una leve risa en la otra—; pero, créeme que lo vas a lograr. Sólo evita ponerte muy nerviosa, o no podrás hablar sin tartamudear cada dos palabras.

—Ah...

—Entonces, ahí sí que ya no podrás hacer nada para evitar que se vaya —Hinata asintió—. Recuerda que lo que sucedió en la tarde, no debe influir en lo que vayas a hacer ahora —Su voz se tornó seria—. Esto ya es trabajo.

Hinata suspiró, bajando la cabeza. Por supuesto que sabía que lo que había hecho en el resto del día no tendría nada que ver con el momento que tendría por la noche; eso era un asunto muy aparte. El trabajo era algo que no debía ir de la mano con amistad —o al menos, eso era lo que Ino y Temari siempre le decían a los chicos con los que hablaban a través del móvil, cuando éstos se ponían molestos y querían pasar más tiempo con ellas, aún cuando éstas siempre se negaban.

Además, la jefa de ellas, Senju Tsunade—una mujer muy bella que era conocida por su negocio y grandes atributos delanteros—, también se lo había dicho ésa misma mañana cuando decidió, por fin, ponerse a trabajar con ella.

Sintió los dedos de la Yamanaka bajo su barbilla, haciendo que levantase la mirada—. Pero, sobre todo, no bajes la mirada —Le advirtió—. Debes mostrarte siempre segura, para que él no pierda el interés —Ino sonrió—. Una chica segura y determinada... Sí, eso les gusta más.

La pequeña mujer se quedó mirando a la que consideraba su mejor amiga en completo silencio, mientras intentaba calmar sus nervios; evitar que la inseguridad y el temor que estaban comenzando a hacer mella en su menudo cuerpo, cobraran más fuerza y amenazaran con propagarse entre cada bendita célula de su organismo.

Luego de unos segundos, asintió con un poco más de convicción—. De acuerdo.

Ino sonrió conforme con la respuesta que recibió, y alzó el pulgar—. ¡Así me gusta! Que caigan ante ti —Y, antes de que Hinata comenzara a tartamudear una negativa ante sus palabras, le dio una leve palmada en el hombro, sin dejar de sonreír—. Que se te hace tarde, venga. ¡A por él!


Dejó salir un suspiro lleno de pesadez, bajando su plateado mirar hacia su mano derecha y, manteniendo las cejas un poco fruncidas, revisó la hora en el reloj que traía alrededor de la muñeca. A pesar de que hacía tan sólo unos segundos la había visto, verificó una vez más lo que ya sabía: iba dieciocho minutos tarde.

Volvió a suspirar y levantó su cabeza, observando con atención hacia el frente, al otro lado de la calle, justo donde se encontraba el punto de encuentro para ella y su «cita» de esa noche. Sintió un pequeño alivio cuando se dio cuenta de que, al parecer, él aún no había llegado. Giró la vista hacia ambos lados y, al ver que el semáforo ya daba la señal a los coches de detenerse, cruzó decidida.

Caminó con algo de prisa, introduciéndose en el gigantesco parque, sonriendo levemente cuando notó una pequeña banca que se encontraba a las orillas del pequeño lago que estaba al centro —lo que hacía un buen contraste con la vegetación del lugar. Se dirigió a ésta con la intención de sentarse para hacer la espera de su acompañante un poco más amena y, además, descansaría un poco los pies; los benditos tacones que Ino la había prestado para que combinaran con su vestimenta la estaban matando. Claramente, ella no estaba acostumbrada a utilizarlos —salvo cuando hace un tiempo tenía que asistir, junto con su padre, a algún cóctel u otro evento de igual o más importancia.

Y ahora que lo pensaba, ¿cómo estaría su padre? ¿La extrañaría? Seguramente no. Un escalofrío recorrió su espina dorsal. Pensó en lo que el hombre diría al darse cuenta de lo que ella y sus amigas rubias hacían para costearse un sencillo apartamento en la gran ciudad de Los Ángeles; sobre todo de ella: la hija de un gran empresario, a la cual no había querido dar ni un céntimo cuando, casi literalmente, la sacó a patadas de su hogar al verla discutir con Takahashi Makoto, porque éste intentó tocarla contra su voluntad. A Hinata le había molestado y turbado la actitud del muchacho, pero más le había dolido cuando Hyūga Hiashi se disculpó, a regañadientes, ante ése tipo por el comportamiento de ella, alegando que no volvería a ocurrir, mientras la miraba de reojo con molestia.

Sólo Hinata fue testigo de la maliciosa y satisfecha mirada que aquél chico pelinegro le había dedicado, pero nada pudo hacer. El tipejo era hijo del más importante socio de su padre, y no quería que un negocio de grandes expectativas, además de las enormes cantidades de dinero que se invirtió en él, se echara a perder por su culpa.

Claro que el arrepentimiento no sirvió de mucho cuando su socio rompió un compromiso del que ella ni enterada estaba, y él, Hiashi, la sacó de casa por considerarla una tonta buena para nada, que había despreciado a su futuro marido.

—¿Passiflora²?

Dando un pequeño salto en su lugar, Hinata salió de sus pensamientos cuando escuchó una ronca voz detrás de ella; además que supo perfectamente que era a ella a quien llamaban, porque aquél apodo Tsunade se lo había otorgado nada más verla. Volteó lentamente y, recordando lo que Ino había dicho, trató de no mostrarse nerviosa. Su primera impresión debía ser el de una chica segura y determinada. Un leve rubor fue apreciándose en sus blancas mejillas, mientras se repetía en voz baja que debía dejar de lado el nerviosismo, que aquél tartamudeo que la caracterizaba, y el cual su padre no toleró nunca, no saliera a flote.

Sin embargo, el rosa pasó al pálido en cuanto vio a un hombre que la miraba sin expresión alguna; alguien totalmente diferente al que había conocido esa tarde en el McDonald's mientras almorzaba una hamburguesa sencilla de queso.

—¿E-eh? ¿Qué...? —Tartamudeó Hinata, sin poderlo evitar; estaba en serio confundida. ¿Dónde estaba aquél jovial rubio de ojos azules que la había saludado con entusiasmo, aún sin conocerla? Aquél que se había empeñado mucho en sentarse con ella en la misma mesa. Pero, sobre todo, aquél que había solicitado sus servicios cuando, sin querer, se había enterado de lo que hacía. Recordó la enorme vergüenza que había tenido en esos momentos, quería ser tragada por la tierra de inmediato; que un agujero se abriera bajo sus pies y unas grotescas manos la³...

Sacudió levemente la cabeza; aquello había sido en serio incómodo, y más aún porque esa sería su primera vez haciendo ése tipo de cosas. Pero, luego se sintió repentinamente aliviada cuando él no la juzgó ni la miró con horror o asco; no, nada de eso. Entonces, eso fue suficiente para que el chico la prendara de inmediato; ese tal Uzumaki Naruto. El joven que no paraba de reírse de sus propios chistes—malísimos, por cierto—, pero que ella le sonreía por cortesía. El que no dejaba de decirla que era hermosa, que sus ojos tenían un color muy peculiar; a pesar de que, ella pensó, eran los mismos que detestaba un poco, por las constantes burlas que recibía cuando era tan sólo una niña. El que la había citado a las diez treinta de la noche de ese día, pero Hinata había llegado tan solo un poco tarde. ¿En dónde estaba ese chico?

En su lugar estaba un joven, claramente más alto que ella—y tal vez un poco más que el rubio—, de cabellos y ojos oscuros; éstos últimos, mostrándole una dura, fría y penetrante mirada, haciéndola sentir algo incómoda. ¿Por qué la miraba así?

—¿Tú eres Passiflora? —Volvió a hablar ese muchacho, y ella sólo pudo asentir, algo temerosa. Él suspiró—. Naruto no vendrá.

—¿Eh? ¿Na-Naruto-kun no...? ¿Por qué?

—Su prometida —dijo, haciendo que la de ojos de perla ladeara la cabeza—. Es la única razón del por qué él no está aquí. —Siguió diciendo, mientras metía las manos en los bolsillos de su pantalón. En ese momento, examinó de arriba abajo a la pequeña mujer frente a él, alzando una ceja. «Vaya sorpresa», pensó para sí mismo, al ver a una persona como ella en esas... circunstancias.

Porque, sí, conocía ese negocio en el que algunas mujeres debían de tener para conseguir un poco de pasta —o, de una manera sencilla, si se le ve con otros ojos. No obstante, eso no era nada nuevo para él. Desde hacía unos años que se había acostumbrado, cuando había comenzado a estar con unas cuantas mujeres que trabajaban para una tal Tsunade.

Aun así, la joven frente a él era de esos casos en los que la mayoría de las personas sentiría lástima y pena. Ella no parecía tan mayor, le podía calcular a simple vista unos dieciocho años como mínimo—¿o más?—; el cuerpo que tenía era tan increíble, que dudaba en serio que tuviera menos de veintiún años. Con esos pechos tan grandes, ésa pequeña cintura y, ¡joder, esas piernas! Seguro era de esas tías que eran muy cotizadas por todo tipo de hombres: adolescentes, adultos, e incluso, hasta los típicos ricachones... Como él.

Pero, así fuera perfecta, no recordaba haberla visto nunca antes. ¿Sería, entonces, una recién llegada al negocio de la Senju? Sin embargo, había algo que le inquietaba en demasía:

Sus ojos.

Éstos eran de un color extraño, pero muy interesante; de un suave lila, como perlado. Sí, eran tan hermosos, como también peligrosos.

«Por supuesto, todo era demasiado bueno para ser verdad», pensó con desagrado, chasqueando la lengua. No era idiota. Él conocía aquél tono de ojos más de lo que quisiera, y no le gustó nada la idea de encontrarse a alguien de esa familia en esa... situación. Inmediatamente, sacudió la cabeza. ¿Qué le importaba a él si estaba ahí o no? Muy buenas razones tendría.

Por otro lado, Hinata trataba de asimilar aquellas palabras emitidas por el joven frente a ella. ¿Naruto no vendría? Bueno, si era sincera consigo misma, no le sorprendía que aquél chico tuviera ya una mujer en su vida, con quien casarse y pasar, posiblemente, el resto de su vida. Después de todo, él era muy apuesto y simpático; seguramente las mujeres le llovían, o él tenía la suerte y facilidad de conseguirlas, aún estando en el estado en el que estaba. Temari se lo dijo hace unas semanas, mientras se rizaba las pestañas frente al espejo del baño. Según ella, era normal ver hombres comprometidos, y hasta casados, en ese negocio. Para ellos, las mujeres que buscaban sólo eran una distracción y un medio para desahogar su estrés; incluso, eran vistas como aquello que no obtenían de sus parejas con facilidad.

Milagrosamente, ella no sería una más de esas chicas... Al menos, no esa noche.

—Entiendo —dijo Hinata, con un tono casi imperceptible de alivio. Dio una rápida reverencia a la otra persona—. Gracias po-por venir hasta a-aquí a comunicármelo —Frunció las cejas, afligida—. La-lamento las molestias. —Dio media vuelta con la intención de regresar al departamento. Tal vez, podría tomar una buena taza de café con leche al llegar y...

—Espera.

... o cambiar de planes cuando aquella voz tan varonil la impidió moverse de su lugar.

Ella le vio cohibida, pero a la vez expectante, él movió una de sus manos hacia el bolsillo trasero de su pantalón y sacó su billetera. Hinata respingó cuando él le extendió la mano, sosteniendo un sobre—. Naruto me dio esto —ella le vio interrogante—. Cógelo.

Algo dubitativa, alzó su mano y cogió el sobre, abriendo los ojos sorprendida cuando sintió lo pesado que era. Inmediatamente, bajó su mirada y lo abrió, notando el fajo de billetes que había dentro. Tal como pensaba, era demasiado —incluso más de lo que, se suponía, le debían pagar.

—¡Pe-pero yo no puedo aceptar e-esto! —Le devolvió con algo de brusquedad el dinero, haciendo que él abriera los ojos sorprendido y cogiera el sobre por instinto. Hinata dio un paso hacia atrás, alzando ambas manos—. No puedo cogerlo ya que yo... bueno, yo no...

—No te has acostado con él todavía —La de cabellos azules le miró perpleja ante la afirmación—. Es eso, ¿no? —Ella siguió sin habla, mientras un ligero rubor se expandía por sus mejillas—. Sé de qué va tu trabajo, cálmate. Sólo cógelo. —Alzó una ceja, extrañado por su reacción. Cualquier otra mujer habría cogido el fajo sin dudarlo, y sin cuestionar nada.

Hinata negó y se llevó las manos al pecho—. N-no... Yo no puedo aceptarlo —Bajó la mirada—. No he hecho na-nada...

El pelinegro estaba un poco sorprendido, aunque no lo demostró; ella, definitivamente, no podría ser una de aquéllas mujeres. Muy pocas tenían presente el concepto de dar y recibir, aunque la mayoría se iba al lado de recibir sin dar; lo sabía perfectamente, pues casi todas las chicas con las que había estado eran así. Pero ella era diferente; sólo con verla parecía como una de esas pocas—en serio pocas—chicas que daba sin recibir nada en cambio.

¿Es que era tonta?

—Mira, niña —Cansado, se llevó la mano libre al puente de la nariz y lo masajeó con algo de frustración—, no tengo toda la noche. Cógelo ya.

Volvió a extenderle el dinero, pero la de ojos liláceos volvió a negar frenéticamente; entonces, él perdió la poca paciencia que le quedaba. Alzó la otra mano, y sujetó uno de los brazos de ella con algo de fuerza, haciendo que su palma estuviera abierta frente a él; depositó los billetes en ella de manera pesada. Hinata trató de zafarse del agarre cuando intentó cerrarle la mano para evitar que se lo devolviese de nuevo, mas, él sólo puso más presión, poniéndola todavía más incómoda.

—Ya basta.

—N-no... ¡Su-suélteme! —Dejó salir un quejido de dolor cuando el muchacho hizo todo lo contrario—. ¡No voy a a-aceptar e-ese dinero así como si nada!

Él dejó de apretarla, no así su intento por retenerla; sus palabras lo descolocaron de sobremanera. Entonces, una sonrisa ladina se hizo presente en su rostro—. ¿Así como si nada? ¿Esperas cumplir con tu trabajo entonces? —dijo, con una pizca de diversión en su voz.

La pequeña mujer le observó contrariada—. ¿Cómo...? —Unos segundos bastaron para que se diera cuenta del significado de sus palabras y reaccionara, poniéndose sumamente roja; más de lo que ya estaba, mejor dicho—. ¡A-ah! ¡N-no, yo no...!

—¿No? Pero, si has dicho que no lo aceptarás así como si nada. —Siguió molestándola.

—¡No me re-refería a eso!

—¿Necesitas el dinero o no? —preguntó el mayor con un leve tono de molestia en su voz, ya aburrido de tanta plática; aunque, aún divertido por el nerviosismo de ella. De alguna manera, esa pequeña mujer se le hacía interesante, pero también algo terca—. De cualquier forma, Naruto está de acuerdo con que yo tome su lugar ésta noche.

Hinata palideció y él acrecentó su sonrisa. Sin embargo, a pesar de lo entretenido que se ponía todo, ¿por qué estaba él ahí y no Naruto en primer lugar? En esos momentos podría estar avanzando el proyecto que debía entregar la próxima semana; o, simplemente, estar tumbado en el sofá, mirando la televisión y bebiendo una humeante taza de café sin azúcar.

¿Qué había sucedido?


«—¡No tenía ni idea!

Se paseó por toda la sala, como si fuese un león enjaulado, cogiéndose los cabellos con frustración; quejándose a viva voz la mala suerte que le acogía.

¡Maldición!

Eso no me sorprende. —Dio vuelta a la página, observando sin mucho interés lo que estaba escrito, memorizando con rapidez y facilidad las fórmulas para la próxima clase de matemáticas.

El otro se detuvo de pronto y frunció el entrecejo, mirándole—. ¡Eh! ¿Cómo iba a saber yo que mi prometida volvería hoy? —exclamó con un tono de reproche en su voz—. ¡Ella dijo que estaría en Francia unas dos semanas más!

Pues, ya ves que no —Dejó el libro de lado, luego de colocar un separador en él, y miró burlón a su amigo—. Hmph, ¿qué harás ahora, dobe?

Alzando una rubia ceja, preguntó:

¿Eh? ¿De qué hablas 'ttebayo?

¿Qué hay de la mujer con la que has quedado para esta noche? —Fue turno esta vez del azabache de alzar una ceja.

¿Mujer? ¿De qué...? —Entonces, Naruto reaccionó y palideció—. ¡Es cierto 'ttebayo! —Volvió a llevarse ambas manos a la cabeza—. ¡Passiflora!

Passi... ¿qué? —Se mostró confundido unos instantes, antes de volver a su estoica expresión. ¿Qué clase de mote era ese?

¡No puedo ir con ella! ¡¿Qué haré?!

Siguió lamentándose, regresando a la tarea de caminar de un lado a otro, murmurando mil incoherencias.

Era tan rarita... pero, ese cuerpo… —Sonrió como idiota, mientras simulaba ilustrar el cuerpo de la susodicha al hacer unas extrañas maniobras circulares en el aire con sus manos.

Naruto. —Ya harto del accionar del rubio, le llamó, poniéndose de pie.

¡Creerá que no cumplo con mi palabra! —Sin escucharle, alzó su mano, señalando con el índice al techo—. ¡Y Uzumaki Naruto siempre cumple con su palabra 'ttebayo!

¿Incluso si es quedar con una prostituta?

¡Incluso si es quedar con un-...! —El Uzumaki se ruborizó levemente, y giró rápidamente a mirar al otro—. ¡Oye!

No veo por qué te pones así; es sólo una más del montón —Chasqueó la lengua, y cogió su libro, para colocárselo bajo el brazo—. Mejor ocúpate de tu propia mujer, que ya ha vuelto.

¡Tú no lo entiendes, Sasuke! —Dramatizó, haciendo exagerados movimientos con las manos—. ¡Esa chica que conocí hoy era increíblemente sexy 'ttebayo!

Dices eso de cada mujer con la que te acuestas, imbécil —Miró la hora en el reloj que colgaba de la pared—. Como sea, yo me voy ya. —Y, dirigiéndose a la salida del apartamento donde aquél hiperactivo rubio residía, cogió el pomo de la puerta.

Mas, Naruto, al prever esto, logró sujetarle de un brazo.

¡Espera, necesito que-...!

No. —Le cortó, zafándose con brusquedad de su agarre. Volvió a coger el pomo, pero nuevamente fue detenido por el Uzumaki.

¡Vamos, Sasuke! —Rogó, juntando sus manos, viéndole con súplica; acto inútil, pues el nombrado se encontraba dándole la espalda—. No sabes cuántas ganas tengo de ir yo —dijo—, pero, Sakura-chan y sus padres me han invitado a cenar para celebrar su regreso. ¡No puedo fallarles 'ttebayo! —exclamó desesperado, casi poniéndose de rodillas ante su amigo de ojos negros.

No lo haré —Abrió la puerta y miró por sobre el hombro al otro—. Esto te ganas por mujeriego.

¡Y tú ni digas nada! —Recobró la compostura, señalándole acusador—. ¡Que lo mismo hacías cuando estabas con Karin! —El pelinegro se encogió de hombros.

Lo de Karin sólo fue pasajero; ella no me interesaba tanto —Alzó una ceja—. Pero, tú sí amas a Sakura, y he ahí la diferencia, cabeza hueca.

El aludido puso cara de idiota enamorado, pensando en aquellos momentos que había pasado junto a su explosiva chica de cabellos rosas. Se sentía fatal de haberla engañado, pero eran simples necesidades que no podía ignorar.

Además, aquellas mujeres sólo habían sido de una noche.

Me voy.

Sasuke le sacó de sus pensares, haciendo que, precipitadamente, soltara una interesante propuesta.

¡Eh! Pero tú puedes disfrutarla por mí, ¿sabes? —Eso captó la atención del azabache, aunque su cara no lo demostrase. Naruto siguió hablando—. Te aseguro que no te decepcionará.

¿Y qué te hace pensar que cogeré tus sobras? —Entrecerró su oscura mirada. Una sonrisa se posó en el rostro de su mejor amigo.

¡Oh, vamos! Ya han pasado dos meses desde la última vez que has ligado con alguien.

A diferencia de ti, yo tengo cosas que hacer, y el sexo sólo es una distracción. —Rodó la mirada, y retomó su camino.

Sin embargo, las siguientes palabras de Naruto, le hicieron detenerse al instante.

Es una lástima —Adoptando una pose poco masculina, y fingiendo mirarse las uñas, dijo—: Es una chica de Tsunade obaa-chan.

El nombre de la mujer de grandes atributos captó su atención de inmediato—. ¿De Tsunade?

El servicio de compañía íntima de Senju Tsunade era increíble; y, esa afirmación viniendo de él, lo era aún más. No se quejaba de las chicas que aquella rubia tenía trabajando con ella; al parecer, todas eran escogidas con suma precisión y detenimiento para que el cliente estuviera satisfecho en todo momento. Sus mejores experiencias las había tenido con varias de esas chicas: desde la típica rubia de ojos azules; hasta la sencilla, pero dura de carácter, chica de castaños cabellos. No sabía sus nombres, y tampoco importaban la verdad; de hecho, ellas eran conocidas por motes extraños, pero con un significado especial e interesante. No iba a negarlo; pasaba muy buenos momentos con cualquier mujer que estuviese en aquel sitio.

Naruto lo había descubierto por casualidad un día; el mismo que dio paso a sus interminables infidelidades. Le había jodido toda la bendita tarde, contándole lo culpable que se sentía de haber caído bajo los encantos de una mujer de cabello verde y ojos naranjas; pero que, de cualquier modo, había disfrutado tanto como lo hacía con su prometida.

Y luego se había sentido culpable de nuevo.

Hastiado de tanta cháchara, le había dicho al rubio que exageraba; sin embargo, ver la determinación en sus ojos cuando le dijo que le llevaría para demostrarle lo contrario, le hizo bufar. Para no tener que soportarle más había accedido, con un humor de perros; había pedido una mujer cualquiera, y una rubia de ojos azules le había atendido.

El imbécil de Naruto no había exagerado.

Pasó una noche excepcional, una que nunca había llegado a sentir con la escandalosa de su ex-novia; debía de aceptarlo. Desde entonces, sus ratos de placer los tenía con cualquier mujer de ese lugar; en especial con las de «notorios atractivos».

Suspiró—. Eres un idiota, Naruto. —exclamó mientras se acercaba a él.

Ya, ya —Naruto sacó un monedero en forma de rana; ridícula, según el azabache. Sacó de él un sobre doblado en el que, suponía, dentro había una considerable cantidad de dinero; mayor que la que debía pagar a aquélla muchacha—. Míralo por el lado bueno, Teme, podrás disfrutarla si te gusta. Considéralo como un regalo de mi parte.

Ya cállate, usuratonkachi. —Cogió el dinero de mala gana—. Un día de estos, Sakura se dará cuenta de que la estabas engañando con esas tipas mientras estaba en Francia —Entrecerró los ojos—, y te va a hacer mierda.

Sí, pero ese día no será hoy ni mañana —Sonrió despreocupado—. Además, eso quedará atrás después de ésta noche.

¿Cómo? ¿No me digas que, por fin, pedirás su mano? —preguntó con asombro, y Naruto asintió, alegre. Sasuke suspiró, de nuevo—. Será realmente miserable a tu lado.

¡Cállate, cabrón! —Hizo un puchero y le señaló con el dedo—. Sakura-chan será muy feliz conmigo —Se cruzó de brazos, mostrándose altivo—. Y tú, te arrepentirás de nunca haberla hecho caso; estarás solo y amargado por siempre.

Sasuke sonrió de medio lado, y se metió el dinero en el bolsillo trasero del pantalón—. Mejor solo que mal acompañado, ¿no crees?

A veces no entiendo qué dices —Se rascó la cabeza, confundido—. En fin —Miró de reojo la hora en el reloj que llevaba en la muñeca, y cogió a su amigo por los hombros, guiándole a la salida con prisa—. La chica se hace llamar Passiflora. Es bajita; tiene cabello negro y largo; un cuerpo que te... —Suspiró de manera estúpida; mas carraspeó de inmediato—. Ehr... y parece algo tímida. —Miró hacia arriba, tratando de recordar algún otro detalle.

¿Algo más, patrón? —Sasuke sintió un repentino tic atacar su ceja derecha.

Hmmm... No —Naruto expresó, ignorando el sarcasmo del otro—. Bueno, dile la verdad, y que en serio lo lamento 'ttebayo. —Mostró una sonrisa demasiado alegre e ingenua, que cualquiera que no lo conociera, pensaría que estaba siendo cínico.

El pelinegro rodó la mirada y le dedicó una última palabra—: Idiota».


Ah, sí. Ya recordaba.

Si bien Naruto le había dicho que cancelara a la mujer que citó para esa noche—o que, incluso, él mismo podría aprovechar , no creyó que fuera a hacerlo. La mujer frente a él en serio tenía el «notorio atractivo» que a él tanto le gustaba; y ése bendito vestido, sólo lo recalcaba de manera exquisita.

Pero, aun así, esa inquietud respecto a sus ojos parecía no querer irse.

—¿Qué pretendes, Hyūga? —preguntó directo, como era, haciendo que Hinata abriera grandes sus orbes, a la vez que palidecía.

—¿C-cómo lo...? —Retrocedió un paso por inercia.

—¿Que cómo lo sé? —Ella asintió—. No te deberías de sorprender —dijo—. Es por tus ojos.

Instintivamente, ella se llevó ambas manos hacia las mejillas—. Yo...

—Ésos ojos —Sasuke reiteró—, es un rasgo muy notable de los Hyūga, ¿no es así?

Ella bajó la cabeza, asintiendo con pesar. Sintió una extraña opresión en el pecho, ¡había sido descubierta! Abrió la boca, dispuesta a soltar toda una explicación que no debía, ni tenía que darle; pero, ella estaba tan avergonzada como para notar aquello.

—No —El joven alzó una mano, deteniéndola—, no me interesa saber por qué estás haciendo esto.

—Ah...

—Aunque, si no quieres que nadie se entere que estás en esta... situación —Se la quedó mirando un largo rato a las piernas largas y blancas. Realmente perfectas. Inmediatamente carraspeó, cuando notó que se había quedado ensimismado viéndola. Continuó hablando, buscando aparentar la dirección que habían tomado sus ojos; aunque, a pesar de que ésta acción había sido muy notoria, ella no se daba por enterada—, deberías hacer algo al respecto con ese inconveniente.

—¡Ah! S-sí...

«Tonta», se dijo mentalmente, sintiéndose con ganas de llorar.

Ninguno volvió a decir nada por unos breves instantes, sumergidos en sus propias preocupaciones: él, buscando la manera de llevársela a la cama sin asustarla—más de lo que ya estaba—, porque podía afirmar que era una principiante todavía. Y, Hinata pensando cómo se le pudo haber pasado por la cabeza estar en ese negocio, cuando el puesto de mesera en el restaurante de su amiga Ayame era muchísimo mejor; aunque, lastimosamente, la paga no le alcanzaba para ayudar con los gastos del departamento que compartía con sus amigas. Además, debía pensar cómo evitar, ahora, que aquello llegase a oídos de su padre; avivar más el odio que la tenía era algo que no necesitaba.

Entonces Sasuke rompió el silencio.

—Como sea —La pequeña joven alzó la mirada, dando un brinco—. ¿Cumplirás con tu trabajo o no?

Si por un momento se le había pasado la increíble y adorable idea de haberse librado de llevar a cabo, por primera vez, su trabajo esa noche... pues, no pudo estar más equivocada. Hinata enrojeció con fuerza y se mordió el labio inferior; sintió que iba a desmayarse ahí mismo. Sin embargo, y haciendo acoplo de la poca fuerza de voluntad que le quedaba, asintió temerosa, dando un paso hacia adelante.

—Sube al coche. —el azabache sentenció, mientras sacaba unas llaves de su bolsillo y señalaba con un movimiento de su cabeza el auto que estaba a unos metros de ellos. La Hyūga volvió a asentir. A pesar del nerviosismo que atacaba cada parte de su cuerpo, sabía que, aunque quisiera retrasar más su «obligación», debía cumplir. Debía hacerlo porque necesitaba el dinero; debía hacerlo porque Naruto, su cliente, dio el consentimiento al azabache de tomar su lugar.

Caminó, manteniéndose cabizbaja, hasta el auto, siendo seguida de cerca por el pelinegro. Entonces, fue cuando él volvió a hablar—. ¿Dónde vives? —La chica se detuvo abruptamente ante eso y le miró de inmediato, notoriamente sorprendida—. ¿Qué? ¿Creíste que íbamos a un motel?

—Yo... Pe-pero usted dijo... —Sasuke suspiró, cortando sus palabras, y negó con la cabeza.

—La verdad, no dudo que podría pasar un muy buen rato con tu cuerpo —Hinata miró atenta a la expresión del mayor que, a pesar de recorrerla sin reparo con sus oscuras orbes, no demostraba gesto de gusto o desagrado... u otra cosa—. Pero, no lo haré sólo porque el idiota de mi amigo no pudo atenderte.

—Oh... Entiendo —Ella asintió levemente, no muy segura en realidad de a qué se refería con ello; mas, no quiso indagar más, y tomó eso como una pequeña vía de escape. Suspiró agradecida en su interior—. Gra-gracias, eh... uhm... —Llevó una mano a su pecho, y se inclinó un poco, mirándole con atención—. Disculpe... ¿Cu-cuál es su nombre?

No recibió respuesta, por lo que pensó que no se lo diría; y, bueno, ella no iba a insistir tampoco. Pero, tan pronto dio media vuelta para dirigirse al vehículo, él habló:

—Uchiha Sasuke. —contestó él, con una media sonrisa al verla.


—¡¿Uchiha Sasuke te dijo eso?!

Hinata casi tira al suelo el vaso que sostenía en su mano derecha, asustada por el grito de Ino. Aun así, asintió, algo abrumada por su reacción—. Sí.

—No. No, no, ¡no! ¡Esto no me lo puedo creer! —La rubia se llevó una mano al mechón de cabello que cubría el lado derecho de su cara, y le dio un leve jalón—. Quiero decir, ¡¿hablaste con Sasuke-kun?! —Hinata volvió a asentir y la de ojos azules se dejó caer en el sofá de la sala, a un lado de su amiga—. Increíble...

La de blancas orbes ladeó su cabeza; Ino había comenzado a murmurar cosas difíciles de comprender. Lo único que logró escuchar de su parloteo, fue un lastimero y reprochable: «¿Cómo se atreve? ¡A mí no me ha llamado desde hace varias semanas!».

Entonces, decidió interrumpirla.

—Eh... Ino-chan —La llamó, pero la aludida seguía aún perdida en sus pensamientos; llevándose las manos a la boca y mirando hacia el techo de la habitación. Hinata la llamó nuevamente, siendo escuchada ésta vez—. ¿Qu-qué sucede? ¿Conoces a U-Uchiha-san?

La rubia parpadeó rápidamente, para luego suspirar con anhelo. Sonrió maliciosa, mientras se levantaba de un salto del mueble, y se dirigía a su habitación. La Hyūga pensó que no la respondería, y se lo dejaría como una especie de tarea, de nuevo. De hecho, la Yamanaka siempre hacía eso cuando Hinata la preguntaba quién era "X" chico que la traía como tonta: Ino sonreía pícara, y la dejaba con la duda; entonces, la de ojos perlados, sin remedio, lo averiguaba por su cuenta. Luego descubría que el susodicho era un modelo de ropa interior, una estrella pornográfica; o, en el peor de los casos, se trataba de un chico que gustaba de otro chico —aunque, éste último tipo deprimía a Ino, donde terminaba lamentándose del por qué hombres tan guapos no gustaban de mujeres.

Sin embargo, ésta vez, la rubia salió del cuarto con una revista entre manos, tomó asiento nuevamente frente a Hinata, y la colocó sobre la mesita que tenía al frente. Pasando las páginas con tanta rapidez que la de oscuros cabellos pensó que la rompería, Ino por fin detuvo su búsqueda; miró a Hinata, y señaló la página, dando algunos toques con su índice, a modo de énfasis.

—Mira. —Hinata abrió los ojos como platos cuando se inclinó para mirar mejor. Vio con asombro la fotografía del pelinegro que había conocido la noche anterior, vestido con un formal traje negro y mostrando sus aires de grandeza, con su penetrante mirada oscura. En el encabezado, un título en letras grandes y negras que abarcaba casi toda la página, citaba:

«El hombre más codiciado y guapo de todo el país: Uchiha Sasuke.

A meses de terminar su cuarto año de la Universidad, ¿acaso es ya el excelente candidato para ser el futuro Presidente de las empresas pertenecientes a su progenitor, Uchiha Fugaku, en Londres?»

¿Qué?

Hinata quedó muda ante eso; Ino la miraba atenta y divertida. ¿Aquel chico era, realmente, postulante a una gran herencia? Creía que Sasuke nada más era un pariente cercano de Uchiha Fugaku —quien, según recordaba, había sido un importante socio de su padre, pero, que de un momento a otro, ambos cortaron todo tipo de lazos: de negocios, fraternales...

Pero, ¡no tenía ni idea de cuán cercano!

Dando un respingo, se llevó ambas manos a la boca. ¡Estuvo a punto de enrollarse con el hijo del hombre que su padre más odiaba! Negó fuertemente. Eso sí que habría sido un problema más.

Sin embargo, ahora que lo pensaba, ¿por qué debería preocuparse?

«Ésta no será la última vez»

Entonces, súbitamente recordó las palabras que el Uchiha le había dicho momentos antes de despedirse de ella. Sonrió levemente ante eso. No todo había sido tan malo.


«—Mu-muchas gracias por traerme, Uchiha-san. —dijo Hinata, mirando por la ventana del coche el edificio donde residía, notando las luces apagadas. Suspiró y negó divertida; al final, Ino sí había decidido pasar la noche fuera. Bajó su mirada, y apretó el borde de su vestido, evitando que éste se subiera más de la cuenta; que mostrara más de lo que a ella le gustaría.

Por eso prefería los pantalones.

¿Aquí vives? —Ella dio un pequeño salto cuando escuchó la ronca voz del Uchiha, muy cerca de ella. Le miró, notando que había acercado su rostro al suyo, poniéndola un tanto nerviosa. Asintiendo, a duras penas, Hinata contestó que sí—. Ya veo. —Y el silencio nuevamente reinó. ¿Cuántas veces iban, que pasaba eso? Aun así, no era incómodo. Y eso, a Sasuke, le agradó de cierta manera.

Bu-bueno, yo... Buenas noches, U-Uchiha-san —Se desabrochó el cinturón y abrió la puerta, haciendo sonar la típica alarma cuando eso sucedía. Hinata le dedicó una última mirada—. Que descanse y, de nuevo, gra-…

Pero sus palabras fueron cortadas por la masculina y potente voz de Sasuke—. Ésta no será la última vez.

La Hyūga ladeó la cabeza confundida; mas, luego se ruborizó levemente cuando él se acercó aún más a su rostro, y le sonreía con cierta malicia, como lo venía haciendo todo ese tiempo—. ¿Eh? ¿A qué se re-refiere?

A esto —Alzando la mano para acomodar un mechón de aquél cabello azulino detrás de la oreja de ella, exclamó—: Éste primer encuentro, entre nosotros —Sus labios se aproximaron a los de Hinata; quien no pudo evitar ponerse más roja de la cuenta, tensándose cada vez más—; ésta no será la última vez que nos veamos. —Entonces, antes de unir sus labios, se alejó, y volvió a tener esa estoica expresión, mirando al frente, como si nada hubiera pasado.

Absorta en lo que, creyó, había estado a punto de suceder con ese joven, la de mirada lilácea asintió y, antes de que algo más sucediera, decidió bajar de una buena vez del coche. Cerró la puerta con cuidado, mirando por última vez a Sasuke, quien no le devolvió la mirada en ningún momento; suspiró, mientras se dirigía hacia el interior del edificio, pensando en lo que había pasado.

Tan concentrada iba, que no fue consciente de que el Uchiha aún no se había marchado; el coche seguía aparcado frente al bloque de departamentos. Ahora, él la estaba mirando muy atento, esperando a que ingresara a aquél lugar, sana y salva; aunque, más parecía una mala excusa, puesto que el contoneo inconsciente de las caderas de Hinata le habían casi hipnotizado.


En ese momento, ella no lo había entendido del todo, pero él había dicho aquello como una especie de promesa: no iba a ser la última vez que se verían.

Tres días después, Uchiha Sasuke se presentó al departamento donde Hinata y sus amigas residían. Y, bajo la incrédula expresión de Yamanaka Ino y la confundida de Sabaku No Temari—quien, hacía no menos de veinte minutos que había llegado de quién sabe dónde—, él invitó a la joven de perlado mirar a la boda de su mejor amigo con un escueto y tajante «Ven conmigo». Ella sería la grata compañía que él necesitaba.

Hinata, luego de tener una breve charla con sus amigas, en la que ellas la alentaron a ir, aceptó gustosa. Sasuke sonrió de medio lado, cruzándose de brazos y pensando todavía en cómo meter a ésa mujer a la cama. Temari sólo sonrió, encogiéndose de hombros sin enterarse del todo qué estaba pasando, e Ino había olvidado las quejas que tenía para con el Uchiha, chillando emocionada al ver la mirada que éste le dedicaba a la Hyūga.

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Aclaraciones de texto:

¹: Una frase de Lord Byron.

²: Conocida por muchos nombres como Flor de la pasión—pasiflora, granadina, flor de Cristo o pasionaria roja—; es común en el sur de Estados Unidos y Antillas, e introducida en Europa desde el siglo XVII.

³: Referencia a la película «Arrástrame al Infierno». Título original: «Drag me to hell».


Tal y como dije, he comenzado con la edición de los capítulos; he aquí el primero. ¿Ven la diferencia? Esto era lo que en realidad quería plasmar :D

¡Estoy muy emocionada con esto! Espero que os animéis a apoyar al fandom SH ^^

Sinceramente, lamento mucho la tardanza, pero he estado ocupada con la universidad—lo cual dio sus buenos frutos, mis notas han ascendido notoriamente :)—; y un pequeño regalo para una de mis mejores amigas, que por cierto, pronto verán colgado aquí :D ¿Qué más? Hmmm... Sí, ni pregunten por el capítulo que nos quedamos—¿diecisiete?—, pues no lo he avanzado mucho y los pocos momentos libres los he ocupado para corregir esto. ¡Me disculpo mucho por ello! :c

En fin...

Espero que os haya gustado el resultado final. ¿Dudas? ¿Críticas? Decidlo con un bonico review :)

¡Hasta la próxima!