¡Hola, gente!
Sí, sé que no tengo perdón en tardarme demasiado, sobre todo porque son solamente las ediciones de capítulos que ya habíais visto. Sin embargo, mi única excusa es falta de tiempo por la Universidad: que parciales, que controles de lectura, que análisis de texto, que las mismas clases. ¡Joder! Menos mal que no trabajo también o de plano esto nunca vería la luz T_T
Debo de admitir que no he dejado esto de lado por ello, no; trabajaba en las ediciones posteriores a éste capítulo e, incluso en algo que ya os había comentado. De hecho, eso ya está listo, pero ya hablaré de eso al final; sabéis que no me gusta decir mucho por acá, así que ¡Nos vemos al final!
Disclaimer: No, Naruto no me pertenece... Ya lo había dicho, ¿no? Bale berga la bida (?)
💕[SasuHina month 2015]
#Prompt 2: Tomatoes and Cinnamon Buns
Advertencias: Esta historia contendrá lenguaje soez, y tal vez un poquito de OoC.
Si no estás de acuerdo con lo que se va a ver aquí, según tengo entendido, hay un botón que dice «Atrás». Púlsalo y nos evitamos malos ratos.
Summary: —Y ni te molestes, que no voy a aceptar tu asqueroso almuerzo —Espetó con crueldad, mirándola altivo, a la vez que metía las manos en los bolsillos de su pantalón—. Igual que las otras… Ya dije que no quiero nada que venga de vosotras —Sonrió con sorna.
Mas, los débiles y casi inaudibles titubeos de la joven de cabellos azulinos, le detuvieron en seco.
—Pe-pero... yo no vine a compartir m-mi almuerzo con U-Uchiha-san.
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Tomatoes and Cinnamon Buns
Uchiha Mikoto cortó, con su acostumbrada calma y paciencia, otras tres rodajas de aquél jugoso y apetitoso fruto rojo; ingrediente principal de la rápida merienda que prepararía para el menor de sus hijos. Sonrió levemente, recordando el brillo que emanaba de los ojos ébanos del pequeño; la amplia sonrisa que mostraba la hilera de blancos dientes, y el rugir de sus tripas cuando veía lo que le había hecho, solamente para él.
A pesar de que últimamente le cocinaba aquello con bastante frecuencia, el niño se emocionaba notoriamente, como si hubiera pasado meses sin probar aquél bocadillo. Él devoraba todo en un santiamén, importándole muy poco si acababa con la cara embarrada; lo que terminaba haciéndola reír cuando le veía que, casi, se ponía a lamer también el plato. Sin embargo, él reaccionaba a tiempo y, completamente ruborizado, dejaba el cuenco sobre la mesa; se cruzaba de brazos y se hacía el desentendido al ver a su madre mirarle, sumamente divertida.
A su pequeño hijo, de apenas cinco años, le encantaban los tomates; demasiado. Y ella, como buena madre que era, le consentiría ese gusto, por muy simple que fuese.
—¡Hemos vuelto!
La voz de Itachi, su primogénito, resonó desde el recibidor de la residencia, notificándole así a la mujer que debía empeñarse, un poco más, para terminar pronto el platillo. Cogió otro tomate del gran cesto que tenía en una esquina de la barra de la cocina, y lo cortó; ésta vez, con un poco más de prisa.
—¿Madre?
Se lavó las manos con cuidado en el fregadero, secándolas de inmediato en su mandil; dejó el cuchillo sobre la tabla de picar, y se dirigió hacia donde sus pequeños se encontraban.
—Oh, madre —El mayor de los hermanos Uchiha sonrió levemente, mirando a su progenitora verle curiosa. Itachi desvió la mirada hacia abajo, fijándose en el delantal que ella traía puesto—. ¿Estabas ocupada?
—Sí, pero... —Llevó el dedo índice de su mano derecha hacia su mentón, y arqueó las cejas, confundida—. ¿Por qué habéis tardado tanto?
—Lo siento, ha sido mi culpa —exclamó—. Me había quedado hablando un momento con Shisui.
—Ya veo —Entonces, su negra mirada se paseó de nuevo por los rincones del recibidor, incluso por detrás del joven, como si estuviera buscando algo... o, más bien, a alguien—. Itachi, ¿dónde está Sasuke? —preguntó, finalmente, cuando puso los brazos en jarra, frunciendo un poco el entrecejo. Vio con suma intensidad al susodicho, quien, extrañado, se sorprendió por la interrogante.
—¿No le has visto? —Miró de reojo a su izquierda—. Estaba aquí hace un segundo.
Sonrió levemente en cuanto su madre quitó los ojos de su persona, y los ponía en otro lugar; mientras apretaba un poco los labios, intentando no demostrar demasiado lo divertida que se le hacía esa situación. Y es que, a pesar de que sabía exactamente dónde se encontraba ahora el susodicho desaparecido, se hizo el que no tenía ni idea; puso una expresión extrañada, al arquear sus cejas.
—Itachi, ¿dónde está Sa-...? —Y, antes de que la pregunta fuera formulada, se escuchó a lo lejos el ruido de algo cayendo al suelo de forma estrepitosa que, a su vez, hizo eco en la tranquilidad que había estado presente, desde hacía buen rato en aquella estancia; un sonido que hizo a Mikoto olvidar de inmediato, qué iba a preguntarle a su hijo—. ¿Qué...? —Ella se regresó a la cocina, casi a trompicones.
Itachi negó con la cabeza. Tal y como había pensado, eso tenía que suceder en cualquier momento. Suspiró con resignación, y siguió a su madre con más calma.
La imagen frente a la matriarca de la familia Uchiha era increíble, a su parecer, y más porque se trataba de su hijo menor. No obstante, como si fuera un golpe fuerte a su razonamiento, recordó lo impulsivo que era éste respecto a casi todo lo que le rodeaba, o hacía. Fue por esto que sólo atinó a negar con la cabeza, a la vez que dejaba salir de sus labios un suspiro cansado. Se cruzó de brazos, y frunció el ceño; a pesar de que era sólo un niño, sabía que si no le daba una reprimenda, esos eventos se repetirían constantemente.
—¡Sasuke!
La suave, pero imponente al mismo tiempo, voz de su adorada madre hizo voltear al susodicho, totalmente asustado; la miró con los ojos bien abiertos. Sin embargo, esta simple acción había provocado que él dejara caer la pequeña y delgada rodaja de tomate que traía entre sus pequeños dedos, al suelo; la misma que recién había cortado la mujer antes de ir a recibir a sus hijos.
Cuando Sasuke se dio cuenta de aquél fatídico acto, como él lo denominó, dirigió su negruzca mirada hacia abajo, con una cara acongojada; más que por haber sido descubierto in fraganti en su inocente fechoría, el hecho de haber desperdiciado, así fuera por accidente, algo tan delicioso como lo era el tomate, le partió el pequeño corazón que poseía.
La Uchiha mayor alzó una ceja, extrañada por la expresión que el muchachito había puesto; mas, de inmediato, carraspeó, llamando su atención.
—Ma-mamá... Yo...
Mikoto suspiró, una vez más, y negó con la cabeza; se acercó al pelinegro que se había llevado los brazos tras la espalda, y que ahora se mantenía con la cabeza gacha. No pudo evitar sonreír ligeramente; estaba segura que Sasuke esperaba con algo de temor, e impaciencia, su futuro regaño.
Sin embargo, éste nunca le llegó.
Obligándose a alzar la cabeza, el pequeño vio cómo su madre le hacía un intenso escrutinio, a la vez que le acariciaba el cabello; como si estuviera verificando, así, si no se había hecho daño.
Itachi, quien hasta ese momento había permanecido en total silencio y apoyado en el marco de la puerta, observando lo que estaba sucediendo, se acercó con cautela al plato roto; en donde, seguramente, varias rodajas de aquél exquisito fruto serían servidas a su tonto hermano menor, pero que, tal y como su manera de llamarle lo recalcaba, el muy bobo había dejado caer al piso, logrando que éste se hiciera añicos debido al impacto. Suspiró, y se enderezó, acercándose hacia donde estaban su madre y hermano. Cuando estuvo frente al menor, éste le miró rápidamente.
—Nii-san...
Itachi se encorvó un poco para estar a la altura del último, y le dio un suave golpe en la frente, usando sus dedos índice y medio. Sasuke soltó un ligero quejido de protesta y, como acto reflejo, se llevó ambas manos al área golpeada; infló las mejillas y frunció el ceño.
—Tonto Sasuke. —exclamó, y sonrió levemente divertido.
Mikoto negó ante ello y se dirigió al fregadero.
—¡Nii-san!
—Ahora, sé un buen tonto hermano menor, y cómete lo que madre te está ofreciendo.
Y, tal como había dicho, Sasuke notó cómo su progenitora le mostraba, frente a sus narices, un plato más grande que el que había dejado caer. Dejando de lado su oportunidad de quejarse, el pequeño alzó un poco más la vista, y vio la cálida sonrisa de Mikoto. Mientras ésta le acercaba más el plato, con la clara intención de que lo cogiera, se dio cuenta de que ya no estaba enfadada.
—Anda, cógelo. —Le expresó ella, con voz suave.
El menor miró con algo de duda a Itachi, que se encontraba a un lado de la mujer, vislumbrando cómo le asentía levemente; cómo le sonreía, sólo un poco, como si le estuviera autorizando. Entonces, sin más preámbulo, el pequeño cogió encantado el plato, con algo de dificultad; esta vez no quería que ninguna, ni una sola rodaja tuviese la terrible y espantosa suerte que la otra había tenido al caer al suelo. Se dirigió hacia la mesita en el centro de la cocina, sin esperar más, y se dejó caer en el piso.
—¡Gracias por la comida! —gritó con euforia, y empezó a engullir, de un solo bocado, dos rodajas de tomate. Sin embargo, se tomó el tiempo suficiente de masticarlas con lentitud, saboreando la textura de cada una.
Tal vez aquella acción fuese algo exagerada para venir de un niño; un pequeño que apenas sabe que nunca debe entrar a la cocina sin un adulto, para evitarse accidentes como el que tuvo hace poco. Pero, eso no importaba para Sasuke que, con esos escasos cinco años, ya se creía todo un experto en aquellos frutos rojos. No podía evitar hacerlo. Cada mordida que pegaba, un agradable rubor se expandía por sus blancas e infantiles mejillas; además de una extraña, pero reconfortante sensación que hormigueaba en su boca. Pese a que los tomates nada más habían sido cortados—es decir, no tenían ningún tipo de aderezo, o mucho menos estaban acompañados de arroz u otra cosa—, él los prefería así.
Itachi se mordió el labio inferior con algo de fuerza para evitar soltar la ligera carcajada que le provocó el suspiro encantado que Sasuke dio, luego de tragar; y, de inmediato, se metía otra rodaja a la boca, repitiendo el proceso anterior. Incluso Mikoto hizo lo mismo; con la diferencia de que ella estaba tapándose los labios con los dedos de su mano derecha, para que su acción no fuese tan notoria. Sin embargo, la risa contenida hacia que el ligero temblor que eso provocaba en los hombros de ambos, los ponía en evidencia fácilmente.
Y es que, ver a un Uchiha disfrutar con tanto ahínco de unos simples tomates, además de ternura, les daba tanta gracia, que les era inevitable ponerse a reír.
Al pequeño Uchiha Sasuke, en serio, le gustaban los tomates.
—¡Sasuke-kun!
Tamborileó molesto, la mesa en la que estaba apoyado, con los dedos de su mano derecha. Sus oscuros ojos no se despegaron, en ningún momento, de la pizarra que estaba hasta el frente de ese salón; como si tratara de ver más allá de ésta.
Desde que se había puesto a recordar aquél acontecimiento de su infancia que, aunque fuese simple y sin gracia, inconscientemente—y sin quererlo realmente—atesoraba dentro de su cabeza, su humor decayó en demasía; más todavía. Eso fue razón suficiente por la que no reaccionó cuando su nombre volvió a ser emitido, al punto de resonar entre esas cuatro paredes de manera estruendosa. Mucho menos puso atención cuando escuchó los pasos de alguien, que se acercaban apresurados a él.
—¡Sasuke-kun, prueba mi almuerzo! —dijo una voz aguda—. ¡Por favor!
El aludido bufó, harto, y frunció el ceño. Las voces que, consideraba, se hacían cada vez más melosas, las percibió muy cerca de su espacio personal; demasiado cerca. Y, lo peor de todo fue que contó, al menos, unas quince voces resonando al mismo tiempo; con suerte entendía lo que algunas de ellas decían, y, como siempre, no era nada que le interesara. Entrelazó sus manos y apoyó la cabeza en ellas, dejando que el flequillo le tapara la cara; estaba sintiéndose cada vez más disgustado.
—¡No, Sasuke-kun! —Otra voz. Una que, para su mala suerte, logró reconocer rápidamente—. Prueba el mío, ¿sí, Sasu-...? ¡Ah!
El repentino choque de algo duro dándose de bruces contra el suelo, le hizo cerrar los ojos con molestia. De pronto estaba sintiendo un ligero tic atacar una de sus delgadas cejas negras; la cabeza le estaba empezando a doler.
—¡No, Sasuke-kun, prueba éste! —Ésta vez fue el turno de Yamanaka Ino de hablar; de hacerse notar con su estridente y coqueta voz—. Seguro que te gustará. —Mas, antes de acercarse un poco más a él, ella emitió un grito ahogado de pronto. Sasuke, sin abrir los ojos, supo que ella había caído al suelo.
—¡Quítate, puerca!
Corrección: Ino había sido empujada al piso. Una especie de venganza por haber tirado a la otra persona de hacía unos segundos, la misma que ésta vez la tiró a ella. A eso se le llamaba karma, ¿no?
—Ehr... —La chica soltó una risa nerviosa y carraspeó, haciéndose la inocente—. Oye, Sasuke-kun, prueba el mío, ¿sí? —Y ahí estaba, de nuevo, esa voz que pertenecía a las pocas que podía reconocer por sobre las demás; sobre todo, por el dulzarrón que se cargaba en ella cuando pronunciaban su nombre.
Abrió por fin los ojos, y vio de refilón a una chica de rosa cabellera; una molestia que se le había acercado demasiado, y que, de manera descarada, le sonreía abiertamente. Mientras notaba cómo el color rojo adornaba sus pálidas mejillas, ella volvió a hablar.
—Espero te guste —dijo—. Lo hice yo mis-... —El azabache gruñó, cortando bruscamente lo que, sabrá Dios, estaba a punto de decir; ignorando su estupefacta cara, chasqueó la lengua.
Ya estaba harto.
La simple, pero osada acción de Haruno Sakura le hizo perder la poquísima paciencia que inundaba su cuerpo; eso, y que cada vez que una de sus estúpidas fanáticas gritaba, le seguían otras tres. El Uchiha estaba hasta la coronilla de que todas fueran tan escandalosas y chillonas; que todas quisieran acaparar su atención de manera ridícula. Sobre todo en esa bendita hora en la que él, estúpidamente, había creído que se libraría de ellas por un mísero instante; pero, no habían pasado ni dos minutos desde que Umino Iruka, el profesor de esa clase, había dicho que ya era hora del almuerzo, cuando todas se arremolinaron sobre él, irónicamente para hacer que él comiera sus bentōs.
Inmediatamente, se puso en pie, asustando de paso a la Haruno y a otras cuantas por tan repentina acción; se metió ambas manos en los bolsillos del corto pantalón blanco que vestía, y se abrió paso entre la multitud que esas niñatas de tan sólo doce años—al igual que él—habían armado a su alrededor. Las féminas, por otro lado, miraban expectantes y extremadamente ruborizadas a que el Uchiha se acercase, de pronto, a una de entre todas ellas; que eligiese el bentō ganador que, con un poco de ayuda de su madre, ésa chica había preparado para él, todo para que no se quedara sin almorzar... Otra vez.
Después de todo, esa era una especie de competencia que se había vuelto muy común en los últimos días en los que a Uchiha Sasuke no se le veía ingerir alimento alguno durante el mediodía; podrían, incluso, asegurar que tampoco en todo el día.
El azabache caminó a paso calmo, pero firme hacia la puerta, haciendo caso omiso de las quejas y murmullos aturullados de ellas cuando se dieron cuenta de que, nuevamente, saldría del salón y se iría a quién sabe dónde; que no le volverían a ver hasta que el pequeño receso terminara, e Iruka-sensei anunciara que ya era hora de regresar a clases.
Sasuke contó mentalmente hasta siete, y luego comenzó a correr.
En el momento que dio vuelta en una esquina, vio rápidamente a su alrededor, notando que al lado derecho del pasillo había una ventana abierta. Sin pensarlo mucho, Sasuke saltó por ella, cayendo con acostumbrada gracia en el techo que sobresalía; se puso de cuclillas y, apoyándose sobre sus manos, permaneció así un buen rato. Una mirada hacia arriba bastó para que sonriera de medio lado.
No obstante, no pasaron ni dos minutos luego de que saliera del edificio, cuando logró escuchar a lo lejos, los molestos y escandalosos gritos de aquellas niñas; cómo preguntaban, desesperadas y a base de gritos, por su paradero.
Su sonrisa se borró de inmediato cuando Yamanaka y Haruno se detuvieron de pronto, y decidieron mirar por la ventana por la cual él acababa de escapar. Uchiha frunció el ceño; esperaba que sólo mirasen hacia el espeso bosque que se extendía al frente de ellas, a la lejanía, y no hacia abajo, justo donde él...
—¡Ahí está! —Sakura le señaló sin tapujos y con una desbordante emoción al verle; una estupidez de su parte, considerando que había logrado que aquél grupo de mocosas, detrás de ella, gritaran como bestias también, cuando dirigieron sus ojos hacia donde ella indicaba.
Soltando un gruñido, el Uchiha se puso en pie a regañadientes, y comenzó a correr por el techo, acelerando el paso cuando notó que estaba siendo seguido al instante por ellas; mientras que algunas lo hacían desde el interior del edificio, otras como la de ojos verdes y la de larga cabellera rubia. De inmediato, unas cuantas saltaron hacia el exterior también, provocando que el techo comenzara a temblar ante ello. Escuchar la estampida que se aproximaba hacia su persona, tuvo el cometido de que el joven mirara hacia abajo, y realizara unos rápidos movimientos con sus manos: carnero, jabalí, buey, perro y serpiente; los sellos necesarios para que su cuerpo fuera cubierto en una espesa nube de humo, justo en el instante en que Ino le daba alcance, y se le tiraba encima.
—¡Te tengo! —Sonrió victoriosa cuando sintió tener entre sus manos el menudo cuerpo del Uchiha. Sin embargo, en el momento que su mejilla, se suponía, debía de sentir la suavidad de otra piel, abrió grandes sus ojos, incrédula, cuando se topó con una textura rasposa y dura; una sensación diferente en demasía a lo que esperaba—. ¡No puede ser! —Y, mientras seguía boquiabierta y lamentándose, Sakura apareció a su lado. Al ver lo que la otra estaba haciendo, se puso a reír de manera estridente, mientras se apretaba el estómago.
—¿Interrumpo algo, Ino?
La aludida la fulminó con la mirada—. ¡Cállate! —Pero Sakura la ignoró, y siguió riéndose a mandíbula batiente.
Y no era para menos. Ino, creyendo ilusamente que había capturado por pura suerte al joven pelinegro, en realidad se encontraba reteniendo, entre sus brazos, un pequeño tronco. No obstante, la Haruno dejó de reír en cuanto se enfocó demasiado en ése pensamiento; toda la gracia y diversión desapareció de golpe. Puso los brazos en jarras, y frunció sus rosadas cejas, mirando muy molesta a la rubia que lanzaba con rabia el trozo de madera hacia un lado.
—¡Bien hecho, Ino cerda! —exclamó sarcástica, acercándosele más—. ¡Dejaste que Sasuke-kun escapara!
—¡¿Eeeeehh?! —Crispada y ofendida, la Yamanaka se puso de pie al instante—. ¡¿Qué has dicho, frentesota?!
La de rosa cabellera dio un paso al frente, a la vez que la desafiaba con la mirada—. —¡¿Eres sorda, puerca?! ¡Dejaste que Sasuke-kun escapara! —Repitió, alzando más la voz.
—¡A mí no me eches la culpa! —respondió furiosa—. ¡¿Qué iba a saber yo que haría un Jutsu de sustitución?!
Y, mientras ellas seguían enfrascadas en aquella absurda e interminable pelea, culpándose la una a la otra de haber dejado ir al chico más cool de la academia, las otras niñas que hasta el momento se habían mantenido al margen cuando vieron a esas dos discutir, suspiraron resignadas y, con la cabeza gacha, regresaron a por los almuerzos que se habían dejado olvidados en el aula, por haber salido en búsqueda del Uchiha.
Por otro lado, desde el techo del edificio, el aclamado susodicho miraba con el ceño arrugado, en una mueca de frustración, hastío, y tequío a ambas chicas, preguntándose internamente cómo ellas podían estar en el camino de volverse ninjas, si solamente andaban detrás de él, buscando una atención que nunca recibirían.
«Tan estúpidas», pensó, rodando sus ojos color ónix.
¿No se suponía que esas niñas que, supuestamente, se volverían grandes kunoichis, debían permanecer siempre atentas a su alrededor? ¿No se les podía ocurrir, por simple curiosidad, mirar hacia arriba o a cualquier otro lado para verificar que todo estuviera en orden? No, nada de eso; al contrario. Sakura e Ino seguían peleando por lo que había provocado su Kawarimi no jutsu.
«Simplemente patéticas»
Suspiró y caminó con toda calma sobre el techo, hasta dar un repentino salto; posteriormente, cayó sobre el polvoso piso. Se dirigió hacia un angosto sendero que daba al bosque, a un lugar al que siempre acudía para estar en el descanso de, prácticamente, todos los días. Sasuke veía ése espacio como el medio para alejarse de aquél molesto gentío por un buen rato.
Hacía un par de meses que lo había acogido como su rincón secreto; o, al menos, por esos pequeños lapsos de tiempo, pues, de secreto no tenía mucho por estar frente al edificio en primer lugar. Lo había descubierto cuando, cierta vez, se encontraba caminando por los alrededores de la Academia, cuando se disponía a entrenar con sus shuriken, y perfeccionar más su Gōkakyū no Jutsu.
Sin prisa, atravesó gran parte del boscaje hasta que, después de unos minutos, llegó a vislumbrar las enormes raíces de un alto y frondoso árbol. Sonrió levemente y se dejó caer en el pasto, junto a ellas; acto seguido, se apoyó en el tronco, acomodándose hasta encontrar la posición idónea y luego no le doliese mucho la espalda. Respiró profundamente, exhalando al instante todo ese aire puro que había retenido durante unos largos segundos; cerró sus ojos con agrado, sintiendo cómo el viento hacía bailar sus largos y negros cabellos. Aquel momento de tranquilidad y silencio, sin la necesidad de preocuparse qué tan efímero pudiese llegar a ser, le estaba comenzando a provocar una muy agradable sensación. Sin preverlo, sintió con más peso el cansancio de los últimos días. Sasuke pensó, entonces, que no sería tan mala idea tomar una pequeña siesta mientras la hora, antes de volver, transcurría.
Después de todo, no temía quedarse dormido y saltarse las clases; dudaba mucho dormir más de dos o tres horas, ya que siempre tendía a despertar sobresaltado y con un fuerte dolor de cabeza, debido a sus espantosas pesadillas.
Chasqueó la lengua, molesto, ante ese crudo pensamiento... y al escuchar a su estómago rugir.
Con algo de exasperación, él abrió los ojos y alzó la cabeza, atisbando cómo las hojas de la copa de ése árbol se movían, levemente, con la brisa; sin embargo, eso no le calmó ni un poco. Maldijo con rabia la manera en que empezó ese día; cómo no pudo lograr alcanzar a comprar un estúpido y simple panecillo para desayunar. ¡Joder! Todo por culpa del tal Uzumaki Naruto que se había adelantado a coger, justamente, el pan que él quería. Para rematar, luego de que ese rubio problemático le sacara la lengua infantilmente, se había ido huyendo, como un vil delincuente; y él, sin entender mucho el por qué, su molestia había provocado que también imprecara al dueño de la pequeña tienda.
Salió de su abstracción cuando su agudo oído logró captar el sonido de una diminuta rama rompiéndose; instintivamente, giró la cabeza a todos lados, buscando de dónde provenía, hasta que su mirada se topó con unos pequeños pies cubiertos por las típicas sandalias de todo ninja. Su oscura visión ascendió lentamente hasta llegar al rostro de esa persona. Enseguida, chasqueó la lengua al ver que se trataba de una niña.
«¡Mierda, lo que faltaba!», pensó irritado al ponerse en pie, de pronto, y sacudirse la poca hierba que había quedado pegada en su trasero. La chica pegó un bote, como si tan simple acción la hubiera asustado, haciendo que Sasuke alzara una ceja. Recorrió, rápidamente, con la mirada a la joven: escuálida, pequeña y, a simple vista, muy débil. Apático, se detuvo largo rato en sus ojos, inspeccionándolos, para reconocerle al instante.
—¿Qué haces aquí, Hyūga? —Escupió su apellido con veneno y antipatía.
Cuando era más pequeño, no lo sabía a ciencia cierta, pero, ahora comprendía por qué los Uchiha detestaban a aquélla familia tan prepotente y pedante; la misma que, en un tiempo, se creía mejor por tener un Dōjutsu tan poderoso como el suyo propio, y que siempre miraba con desdén mal disimulado a todos, sin excepción alguna. Podría concluir entonces, inopinadamente, que esa mocosa que, inevitablemente recordó, era su compañera de salón, también merecía su enemistad.
—¡A-ah! Y-yo... E-eh... Bu-bueno yo...
—No tengo todo el día, Hyūga —Interrumpió los torpes balbuceos de la chiquilla—. Y ni te molestes, que no voy a aceptar tu asqueroso almuerzo. —espetó con crueldad, mirándola altivo, a la vez que metía las manos en los bolsillos de su pantalón.
La joven de perlados ojos le siguió observando con temor; sin embargo, al término de sus vocablos, pasó a la confusión, mezclada con algo de sorpresa—. ¿E-eh? ¿De qu-qué habl-...?
—Es a lo que has venido, ¿no? —La cortó, otra vez, entrecerrando su mirada—. Igual que las otras... Ya dije que no quiero nada que venga de vosotras. —Sonrió con sorna.
—Pe-pero...
—Pero, parece que nunca lo vais a entender, bola de necias estúpidas. —espetó, dando media vuelta con el propósito de alejarse de ahí, y ahondarse en lo más recóndito del paisaje.
—Pe-pero... yo no vine a compartir m-mi almuerzo con U-Uchiha-san.
Mas, los débiles y casi inaudibles titubeos de la joven de cabellos azulinos le detuvieron en seco.
—¿Qué? —Sasuke la miró por sobre el hombro, un tanto desconcertado; pero, velozmente recobró su siempre estoica expresión—. Entonces, ¿qué haces aquí? Nadie más sabe que yo vengo a éste lugar —Se giró por completo para otearla de frente, y se le acercó un poco, haciendo que ella diera un paso hacia atrás como acto reflejo—. ¿Es que me has estado siguiendo? —La joven negó rápidamente con su cabeza—. No te creo. Seguramente me espías como las otras niñatas idiotas; después de todo, sois todas iguales. Tú no puedes ser la maldita excepción —Entrecerró los ojos, y la señaló, despectivamente.
—¡Yo no...! —protestó, tratando de que el otro no se hiciera ideas equivocadas con respecto al por qué se encontraba en ese lugar. Sin embargo, no hizo más que apretar sus labios cuando él frunció el ceño, realzando la furia de sus obsidianas. Acercó hacia su pecho el pequeño paquete que traía entre las manos, y bajó la cabeza para quedarse viendo a sus pies jugar con una pequeña roca que tenía junto a ellos.
—¿Qué es eso? —preguntó Sasuke, involuntariamente, arrepintiéndose a la milésima de segundo por su ingénita curiosidad. Desde que el azabache vio a la joven, en realidad, no había prestado mucha atención hasta el momento al objeto que traía en las manos; no hasta que ella lo apretó contra sí—. Olvídalo, me da igual. —dijo cuando ella abrió la boca, dispuesta a contestarle, luego de que mirara el objeto.
No obstante, Hinata le contestó.
—Es... es mi almuerzo.
—Te dije que me daba igual. —Soltó, haciéndola llevar sus perlas al suelo, nuevamente. Permanecieron, quién sabe cuántos minutos, en total silencio; con el trinar de las aves y el leve viento que azotaba contra las ramas de los árboles, como único sonido entre ellos, hasta que el Uchiha desvió la mirada y volvió a hablar, sin quererlo realmente.
—Eso puedo verlo, boba —Suspiró—. Me refiero a, ¿qué hay dentro?
La pequeña Hyūga le miró totalmente desconcertada, ¿qué no había dicho él que no quería saber? Negó levemente con su cabeza, olvidándose de eso, y procedió a contestarle, procurando no tartamudear demasiado.
—Es un bentō de makunouchi¹.
—Hmph. —Asintió Sasuke, y volvió a darse la vuelta. Aspiró hondamente con su nariz, ansiando llenarse por última vez de la esencia de la floresta, un poco más, antes de retirarse por fin de ese lugar. Pero, fue el olor de aquél bentō lo que llenó con gusto sus fosas nasales. Lo peor era que éste comenzaba a emitirse con más fuerza; y, él, todavía estaba jodidamente hambriento. Se sintió sumamente colérico, aunque no lo exteriorizó.
—Eh... ¿Uchiha-san?
—¿Qué quieres? —respondió, casi al instante, provocando que se mordiera la lengua por ello. Se preguntó, internamente, por qué aún no se iba, o hacía siquiera el amago de moverse.
—Lo lamento —Hizo una rápida reverencia, aún si él no estaba viéndola—. Yo... cre-creí que no había nadie po-por aquí.
—Ya no importa —La miró de reojo, al girar un poco la cabeza, alcanzando a ver los indicios de su inclinación al disculparse—. Sólo, no se lo digas a aquéllas estúpidas —La joven ladeó su cabeza cuando él miró a su alrededor—. Éste es el único lugar en el que puedo estar en paz, sin mocosas que me jodan la tarde.
Haciendo una perfecta «O» con su boca, Hinata asintió, comprendiendo enseguida las palabras del portador del Sharingan—. ¡Sí! —exclamó eufórica, mientras mostraba una amplia sonrisa. Sasuke asintió, conforme, y retomó finalmente su camino—. ¡A-ah, Uchiha-san!
El aludido bufó, hastiado—. ¿Ahora qué? —Sintió cómo el estómago le empezaba a arder por la falta de alimentos.
Se reprochó mentalmente haberse saltado el desayuno—por culpa de Naruto—, y no haber hecho las compras el día anterior; además, maldijo el almuerzo de la Hyūga que seguía emitiendo tan exquisito aroma. Si no se iba ya, su sistema digestivo empezaría a causar un gran alboroto.
—¿Ya se va? —Hinata preguntó, arqueando las cejas preocupada.
—¿No lo ves? —El Uchiha rodó sus ojos, pero, por una extraña razón, no pudo evitar soltar un resoplido lleno de burla—. Vaya, y yo que creía que los usuarios de Byakugan tenían muy buenos ojos. —Acotó.
La de cabellos azulinos se sintió levemente ofendida—. No me re-refería a eso... —dijo, frunciendo un poco el ceño.
—Como sea —Suspiró—. Quédate tú si quieres. Yo me largo. —Alzó su brazo derecho para agitarlo a modo de despedida.
Sin embargo, ni bien terminó de decir aquello, un fuerte y bestial ruido hizo eco en los oídos de ambos jóvenes.
Sasuke frunció el ceño, teniendo un leve tic en la comisura de sus labios. Justamente era eso lo que había querido evitar; lo que ya venía venir. Despotricó por lo bajo a la Hyūga que, sin estar enterada, retrasaba su retirada.
La joven Hinata, en cambio, pegó un brinco al escuchar aquél sonido tan bárbaro, preguntándose y estremeciéndose a la vez sobre qué podía ser, y de dónde provenía. Quiso activar su Byakugan para otear el terreno; mas, recordó de golpe que aún no podía manejarlo bien; no sin llegar a cansarse, y que la cabeza estuviera a nada de explotarle por el malestar. Además, las manos las tenía muy ocupadas al estar sujetando su almuerzo; siquiera podría realizar los dichosos sellos. Miró a todos lados, de manera frenética, hasta que reparó en la figura del Uchiha, quien no parecía haberse movido desde que el extraño sonido se presentó. ¿Habría escuchado aquello también?
Pero, entonces, ¿por qué sus hombros se miraban tan tensos? ¿Por qué estaba tan quieto? Hinata respingó. ¿Sería posible, acaso, que aquel ruido indicaba peligro, o algo por el estilo, y el Uchiha había notado eso?
—¿U-Uchiha-san? —Le llamó, dubitativa.
—¿Qué? —respondió, con dureza, pero sin voltear a verla a ella o a otro lado. Apretó los dientes cuando otro de esos ruidos, se hizo notar.
—¿E-escuchó eso? ¿Está todo bi-bien?
—Perfectamente —Irónico espetó. Giró su cabeza un poco, y sonrió ladinamente para ofuscar los sonidos tan vergonzosos que emitía su estómago—. ¿O qué? ¿Eres ciega? —La picó, sintiendo el éxito de sus vocablos cuando ella apretó sus labios, y empezaba a fruncir un poco su entrecejo—. Bueno, no me sorprende, después de todo, tus ojos parec-...
—Se ve tenso —Le interrumpió, al ver a dónde iban sus palabras con respecto a algo tan, desgraciadamente, característico de su familia; no tenía ganas de escuchar otra burla más—. ¿Se si-siente bien?
—Estoy bien, deja de ser tan preguntona, ¿sí? —Apretó los puños cuando el sonido volvió a relucir; ésta vez, con mayor intensidad—. Mierda.
Definitivamente, ese no era su día.
El alboroto que sus rugidos estomacales montaban era increíblemente audibles, y todo por la carencia de alimentos en su organismo; a todo esto sumarle que tal humillación estaba siendo presenciada por una Hyūga. Ah, pero no cualquier Hyūga; sino una torpe y enclenque niñata que se coloraba por la más mínima cosa. Prefería mil veces que hubiera sido Itachi el testigo de sus ruidos. Seguro que se estaría burlando como si no hubiese mañana, ¡en sus narices!
Ugh... Tal vez no era mejor idea.
—Uchiha-san. —Le llamó la de ojos liláceos que estaba parada frente a él.
Un momento, ¿cuándo había ella llegado hasta ahí? ¡¿Y sin que él lo notase de inmediato?! Debía dejar de perderse en sus pensamientos, como ahora, o ése tipo de distracciones tan absurdas podían costarle caro cuando llegara la hora en que tendría que enfrentarse a su hermano mayor. Trató de que su cara no reflejase el desconcierto, pero, no pudo prevenir el que sus ojos se ampliaran atónitos, cuando ella extendió los brazos y le mostraba el paquete de su almuerzo.
—¿Qué...? —Quiso interrogar su actuar; mas, Hinata se le adelantó, al sonreírle tenuemente.
—U-Uchiha-san está hambriento, ¿no es a-así? —Con las mejillas arreboladas, expresó tímida.
Minutos atrás, mientras el Uchiha parecía permanecer en alguna especie de trance, ella había logrado captar que el tenaz y atroz sonido había venido del estómago de Uchiha Sasuke. Se rió levemente ante su descubrimiento; sin embargo, paró de inmediato su alegría al darse cuenta de su grosera acción, aunque él no se había movido ni un centímetro; el azabache seguía abstraído en quién sabe qué cosas. Por eso, se acercó con mucha cautela hacia el joven, hasta ponerse frente a él, y separó sus labios para llamarle. Cuando éste la volteó a ver, le pareció ver algo de asombro en sus facciones; mas, cuando parpadeó un par de veces, ésa expresión, si es que había estado ahí, ya no se figuraba. Apretando el bentō contra sí, Hinata notó que, curiosamente, ya no tenía tanta hambre como la que tenía al comienzo del receso, por lo que le extendió, sin dudar, al azabache su almuerzo.
—Yo no te-tengo tanta hambre —explicó—. Por favor, a-acéptelo. —Miró hacia el piso, incapaz de seguirle sosteniendo la mirada, y alzándole más el cuenco.
El Uchiha alzó una ceja, algo intrigado de las acciones de la Hyūga. ¿No había dicho, hacía unos minutos, que el encuentro entre ellos no había sido porque quería compartirle su almuerzo? ¿Que era sólo casualidad? Vaya contradicción siendo que, ahora, se lo estaba dando sin más. ¿Acaso creía que lo aceptaría? ¡Pues no! ¡Que se joda!
—Te dije que... —Y el distintivo ruido, hizo acto de presencia, una vez más. Continuó hablando—: No quería que nadie me-... —Fue interrumpido otra vez. Sasuke cerró los ojos y, contando mentalmente hasta diez, aplicó más presión en sus manos hechas puño, logrando que los nudillos de éstas se pusieran completamente blancos. Inhaló profundo antes de proseguir, e intentar terminar la maldita frase—. Te dije que no quería qu-... —Mas, otro rugido se hizo sonar.
Entonces, su paciencia explotó.
—¡Argh! ¡Dame eso! —Le arrebató violentamente la caja de las manos y, sin más preámbulo, saltó hacia la rama de uno de los tantos árboles que les rodeaban para, en consecuencia, alejarse de ahí a cada brinco que daba.
Hinata apreció, anonadada, la cresta del clan Uchiha que el joven, quien se alejaba a paso veloz, tenía en la espalda. Sin explicación lógica, su mente recreó nuevamente la escena de un extremadamente popular, orgulloso y arrogante Uchiha Sasuke, sumamente hambriento; con su estómago rugiendo como si no hubiese probado alimento en mucho tiempo; y que, además, le quitaba la caja del almuerzo de manera brusca, mientras se perdía en la lejanía del frondoso boscaje, como si un ladrón realizando su máxima hazaña se tratase. Parpadeó unas cuantas veces tratando de comprender por qué las cosas se habían dado de tal manera si, después de todo, ella misma le estaba ofreciendo la comida. Sin embargo, sólo atinó a reír levemente; dio media vuelta, y caminó a paso calmo para regresar a la Academia.
En otro lugar, un tanto lejos del bosque, más concretamente en el techo de un complejo de apartamentos en el centro de Konoha, sentado se hallaba el susodicho «ladrón», mientras escudriñaba, con maravilla el contenido del bentō. Por inverosímil que sonase, éste no se miraba ni mínimamente lujoso, como esperaría de un almuerzo digno de un Hyūga; era todo lo contrario. Sencillo sobre todo; ordinario como cualquier otro que, como único complemento, traía unos cuantos onigiris, algo pequeños. Pero que, eso sí, se veían muy apetecibles. Cogió una de las bolas y la examinó detenidamente. ¿Y si sólo era pura apariencia, y el sabor estaba del asco? Encogiéndose de hombros, y sin importarle mucho, la llevó hacia su boca; cerró sus ojos con fuerza cuando dio una gran mordida.
Entonces su estómago resintió que no la devorara de inmediato, para satisfacerse un poco. ¡Joder! ¡Estaba deliciosa! La saboreó en cada mordida que dio, y se sorprendió enormemente cuando detectó que estaban rellenas de tomate. ¡Definitivamente deliciosas, y perfectas!
Las devoró todas al instante, importándole un soberano pepino si estaba dejando de lado los modales que su familia, con tanto empeño, le había inculcado a la hora de comer. No iba a negar que le desagradó un poco darse cuenta de que no tenía nada de beber a la mano—pues, su botella de agua la había terminado antes del mediodía en el ejercicio que Iruka les había impuesto por la mañana—, pero, poco le duró ese enfado, y siguió comiendo como si nada. Insultó en su mente a la Hyūga, una vez más, por haberle ofrecido semejante manjar; uno que, por supuesto, no desaprovecharía ni una migaja.
Al fin y al cabo, era de muy mala educación desperdiciar la comida, ¿no es así?
—Toma.
Hinata alzó la vista del libro que tenía entre las manos, sorprendida, al notar que la persona que la había hablado se trataba de Uchiha Sasuke; el mismo le devolvía la caja de almuerzo que le había aceptado—por no decir arrebatado—de no muy buena gana, hacía dos días. Dejó salir un suspiro de alivio cuando oteó su expresión serena y calmada —y, tal vez un poco de vergüenza, pero de ésta última no podía estar muy segura. Y es que, el día anterior, él no había asistido a la academia, y no pudo evitar preocuparse mucho, creyendo fervientemente que el Uchiha había enfermado por su culpa, dejándola con un mal presentimiento. Sin embargo, cuando esa mañana Sasuke se presentó, sin mostrar si tenía vestigios de haber enfermado o no, y se sentó con total tranquilidad en su asiento como si su ausencia no la hubiera notado nadie —cosa contraria a la realidad, pues todas sus fans se habían puesto muy perturbadas e histéricas, por la falta de su adorado «Sasuke-kun». El alma le regresó al cuerpo al sentirse libre de toda culpa... o algo así.
Dio un respingo al salir de su meditación, cuando sintió que el joven le daba un leve golpe en la cabeza con la caja; de inmediato la cogió, y la guardó con cuidado en su pequeña mochila. Miró al Uchiha, notando que, por el rabillo del ojo, él también la veía. Se mostraba inquieto, y parecía gruñir por lo bajo, como si estuviera esperando algo.
—¿Sucede algo, U-Uchiha-san? —Decidió tener la iniciativa.
—No, nada —contestó casi al instante y desvió la mirada al suelo, lo que logró que Hinata le observara curiosa. Luego, murmuró casi sin voz, pero ella había logrado escucharle, afortunadamente; no estaba dispuesto a repetir—. Estaba... bueno.
Hinata se sorprendió un poco por el ligero tono de rosa que comenzaba a adornar las mejillas del muchacho; pero, no dijo nada al respecto, y sólo atinó a asentir, sonriéndole un poco—. ¿De verdad? —Soltó, extrañamente emocionada. Él movió levemente su cabeza, afirmando, y la Hyūga llevó sus manos al pecho, sintiendo sus mejillas enrojecer también—. Qué... Qué bueno.
—¿Lo preparaste tú? —La cuestionó, levantando la cabeza y mirándola expectante, aunque sin demostrarlo mucho. Ella asintió, y Sasuke sonrió de medio lado—. Hmph, ya veo.
Permanecieron en un silencio que, a diferencia del que tuvieron allá en el bosque, éste era mucho más agradable; la incómoda tensión no estaba presente. Aunque, fue nada más por un momento, pues repentinamente fue roto por el azabache que se cruzó de brazos, y alzó la barbilla.
—Sasuke.
Desconcertada, Hinata ladeó su cabeza—. ¿Eh?
—Deja de llamarme por mi apellido, ¿quieres? —Soltó con un poco de rudeza. Pero la joven, sin preocuparse por el tono aplicado, asintió, algo ofuscada—. Y, prepárate un almuerzo extra para mañana.
Esas palabras la hicieron sorprenderse más.
—¿Eh? ¿Po-por qué, U-...? —Se detuvo en seco al ver la dura mirada de él. Carraspeó y continuó—. Digo... ¿por qué, Sasuke-kun?
El aludido sonrió de medio lado.
—Hazlo y punto —Se descruzó de brazos, y metió las manos en los bolsillos de su pantalón; hizo una rara mueca, como si pensar en aquello que iba a decir le desagradara en demasía, pero igualmente lo dijo sin pegas—. Y ponle más tomates.
—¿Tomates? —Pero, cuando ella quiso preguntarle el motivo, Sasuke no le dio tiempo de siquiera abrir la boca. Él dio media vuelta, y se dirigió a su asiento, a metros delante del de ella.
Mientras se encaminaba a su destino, la leve sonrisa maliciosa que se asomaba en sus labios, y que ocultó de los ojos de la chica, salió a relucir; sobre todo, cuando se puso a imaginar la cara que tendría la Hyūga al preparar, de manera inconsciente y mecánica, su almuerzo de mañana. Claro, y, ¿por qué no?, del día siguiente; y el siguiente a ése también. El sazón de ese bentō le había dejado con ganas de más; hasta podría decir que iba a sacarle jugo a la situación. Comería, por el momento, solamente lo que preparara esa chica.
Tuvo que ahogar una risotada, también, al imaginarse la cara de ella cuando viera el interior de la caja que acababa de devolverle. Aunque, de inmediato, puso gesto irritado, se preguntó mil veces por qué había hecho aquello.
Pero, bueno. Sólo esperaba, de verdad, que el haber faltado el día anterior por ir a por unos simples y empalagosos rollos de canela—que, en serio, casi le daban arcadas de sólo verlos en el mostrador—, hubiese valido la pena. Al menos eso creyó, bastaría para decir que era una especie de agradecimiento por el almuerzo gratis, ¿no? Por algo habían estado esos dulces en el bentō; los mismos que había tirado a la basura porque odiaba esas estupideces empalagosas.
«¡Ni hablar!», pensó. Él, sólo estaba reponiendo lo que, por obvias razones, no había consumido. Sí, sólo eso.
¿Verdad?
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Aclaraciones de texto:
¹: Se llama makunouchi (幕の内) a un tipo popular de bentō japonés consistente en pescado, carne, encurtidos, huevos y verduras acompañados de arroz y un umeboshi. También hay otras variantes como las que incluyen arroz con castañas, sushi de pescado de agua dulce y estofado de carne y arroz.
Quiero en serio creer que lo he hecho bien esta vez. ¿Sabéis algo? Encontré entre el desorden de mis cosas mis diccionarios de distintas categorías; jugando con ellos, éste capítulo ha sido reeditado^^ ¿Qué opináis del resultado?
Pasando a otra cosa...
Ahora sí, os diré lo que quería decir en un principio: ¡Habrá nueva historia SH—obviamente—para ustedes! :D Bueno, antes quiero aclarar que la trama no es mía, lastimosamente, pero esta adaptación es acerca de uno de mis libros favoritos, así que, conformaos con eso XD La vendré colgando, espero por Hylia, el mismísimo 31 de Octubre. ¿Por qué? Meh, porque tiene que ver con lo sobrenatural, en parte, so, why not?
Espero fervientemente no tardar casi un mes, otra vez, en la próxima actualización; pero quiero que sepáis que me esfuerzo mucho en las ediciones, así que no os preocupéis porque no abandonaré nada.
¿Qué más? ¡Oh, claro! Agradezco los reviews que dejaron—tanto en la primera publicación, como también en la edición—, me hicieron muy feliz^^
Saara-Chan94
Verte aquí, aún cuando son sólo ediciones me alegra un montón (T_T) ¡Asdfadjsk! (Inserte kokoro)
¡Gracias por leerme!
Miau
Es que me gusta variar XD Cuando hice el capítulo—y lo edité—, sinceramente no le dejé con motivos de continuación... Pero no lo descarto XD ¡Gracias por leer!
Yukime Hiwatari
La verdad, no lo sé todavía n_nU
RukiaHime-Chan
Ah, pero si es la desaparecida XD Descuida, mujer, que me alegra bastante tenerte por aquí de nuevo^^
¿Has notado el cambio? No pensé que fuera a quedar así al principio por las prisas, pero me alegro haberlo dado a conocer XD
No te agobies, que me hace feliz el que me leas. ¡Gracias! (Inserte kokoro)
Guest
Pues no lo sé muy bien, todo dependerá del título del prompt y si hay potencial ^^ De igual manera, yo agradezco sus reviews ¡En serio! :D
Eso es todo por hoy; recordad: Coman mucha Nutella, vean doramas y jugad al Zelda sin parar ¡Ya-ha~! XD
[Seré sincera, estuve pasándome el Majora's Mask en la 3DS por ratos—que debía estar editando o escribiendo algo más—... ¡Pero no me arrepiento de nada! XD]
Bueno, sin más que decir…
¡Hasta la próxima!
