Good night, people~ Uf, es tan tarde que ya es casi Viernes... ^^U Pero bueno, aún así, como cada Jueves (o casi) aquí os dejo un nuevo capitulillo y esperando que os guste. Nos leemos abajo~
Pip pip pip pip pip…
Dejó caer la mano sobre el despertador con un gruñido. Le costó encontrarlo más de lo habitual. Abrió un ojo y enfocó su negra pantalla. Los irritantes números marcaban las 6:00 de la madrugada. Soltó otro bufido y volvió a arrebujarse entre las revueltas sabanas, sin gana alguna de despertarse. Él era, al fin y al cabo, el presidente de aquella compañía. Nadie iba a reprenderle por llegar tarde. Y es que le parecía que hubiera pasado esa noche un tren por encima suyo. Estaba agotadísimo… En cuanto se giró en la cama, descubrió el motivo de su extenuación.
A su vera, dándole la espalda, cubierta ésta sólo parcialmente por las sábanas, dormitaba el causante de que no hubiera descansado apenas esa noche. Y el culpable de que fuera a llegar tarde a su despacho por primera vez desde que se erigiera como cabeza de la empresa Shinra. Rufus esbozó una sonrisa encandilada. Los recuerdos de la noche anterior acudían a su cabeza como un torbellino, haciéndole estremecer. Alargó una mano y acarició con el dorso de los dedos la columna desnuda de su amante. No notó reacción en él, por lo que supuso que su sueño también era profundo. Pero se veía tan irresistible que no podía contener las ganas de abrazarse a su espalda, aspirar su olor, que impregnaba las sábanas, almohadas y hasta su propia piel y besarle en cada rincón de su cuerpo que aún no hubiera besado.
Cloud Strife. Su indómito trofeo de guerra, que tanto le había costado doblegar… Yaciendo desnudo plácidamente en su cama. Después de habérsele entregado con tanta pasión.
En un alarde de amabilidad, decidió no molestarle. Se levantó de la cama y encendió una tenue luz para vestirse. Aún no había llegado el amanecer a Midgar. Mientras se ataviaba su impecable traje blanco, rememoraba en su cabeza los recuerdos de la noche anterior. Sus dedos cerrando los botones de la camisa le evocaron los de Cloud desvistiéndole y acariciando su piel. Al colocarse la corbata, casi puso sentir los labios del ex-SOLDADO recorriendo su cuello. Se estremeció, percatándose de las ganas que tenía que repetir aquel encuentro.
Caminó por la habitación hacia el espejo de la pared para anudarse la corbata y, en su recorrido, le sorprendió un ronco murmullo.
—Ahora mueves tú.
Se detuvo y miró hacia la cama. Cloud continuaba dándole la espalda, pero era obvio que ya no dormía. Sonriendo lascivo, Rufus interrumpió la tarea de vestirse para acercarse a él, sentándose en el colchón e inclinándose sobre la espalda de Cloud. Emitió una leve risa casi inaudible mientras deslizaba una de sus manos por el cuerpo del ex-SOLDADO, recorriendo su costado hasta el muslo, y besaba su hombro y cuello.
—Soy un hombre de palabra, Cloud —susurró con galantería. Se pegó a él y buscó su mentón, haciéndole girar el rostro para mirarle—. Cumplo todo lo que prometo.
Le robó un beso antes de separarse. Terminó de arreglarse, se colocó la chaqueta del traje y salió, dejando solo a Cloud en la oscura habitación. Éste no se había movido un ápice. Su mirada se mantenía fija en la pared, concentrada en un odio y un desprecio como no había sentido nunca. Pero no hacia Shinra. Sino a él mismo.
La noche anterior pesaba sobre él como un yunque, sin dejarle respirar, sin dejarle olvidar. Pues por más que se justificara diciendo que lo hizo por ellas, que no tenía otra opción y había actuado como debía, existía algo de lo que no podía perdonarse. Y era haberse dejado manipular y someter por aquel ser repugnante, hasta el punto de perder toda dignidad.
Fuera de toda excusa, perdió el control de su cuerpo y éste reaccionó excitándose al contacto de Shinra. Algo que jamás hasta ahora le había ocurrido. Se había excitado, había sentido placer… Y aunque no alcanzara el orgasmo, era suficiente para sentirse despreciable. Aquel hombre le había humillado, torturado a él y a sus compañeros e incluso provocado la muerte de uno de ellos… Y Cloud, se dejaba seducir sólo porque era la primera vez que no le follaba como un animal.
Cerró con los ojos con fuerza y se hundió entre las sábanas. Aguantó la respiración, pues notaba el olor de Rufus por todas partes, hasta en el último rincón de su cuerpo, y se le hacía insoportable. Como un niño, sollozó en la soledad de la habitación, más humillado que en toda su vida, diciéndose a sí mismo que no merecía el perdón de sus compañeros.
Jamás podría volver a mirarles a la cara.
Pues, ¿qué pensarían si supieran de aquello?
Hace dos semanas.
Viernes.
.
—¡Vamos, date más prisa!
—Ya… Ya lo intento…
—¡Pues inténtalo mejor, joder!
Cait Sith se cubrió las orejas para no escuchar otra vez las palabrotas que Cid soltaba tan gratuitamente por la boca. El gato robot apretaba sus ojos, temblando, intentando cumplir con las exigentes insistencias de sus compañeros. De haber podido, estaría sudando. Pues ya no eran los gritos de Highwind o Barret solamente; hasta las chicas y Red XIII se habían unido. Sólo el taciturno Vincent continuaba observándole con su serena calma.
Los ánimos estaban cada vez más caldeados. Desde que les encerraran a todos, no habían sabido nada de Aeris o de Cloud. No les habían dejado salir más que para reagruparles, con las dos mujeres juntas en una de las celdas y el resto en la contigua. No podían verse, pero sí oírse a través de la pared, y las cada vez más airadas patadas de Tifa dejaban muy claro su estado de ánimo.
Desde que se vieran cautivos, Cait Sith había tratado, por medio de su cuerpo real, de averiguar todo lo que pudiera acerca del paradero de sus dos compañeros restantes. Ya no era ningún secreto para AVALANCHA la infiltración del carismático robot en el grupo bajo órdenes de Shinra, y aunque en inicio tuvieran sus dudas acerca de su lealtad —unos más que otros—, ese tema estaba relegado a un segundo plano, mientras fuera capaz de ayudar a dar con Aeris y Cloud. Sabiendo que su cuerpo real era un funcionario de Shinra y que podía moverse por el edificio, no dudaron en tomar esa ventaja.
Pero lo que en principio parecía una solución perfecta, resultaba más complicado de lo que ninguno creía.
—Ya os he dicho que no es fácil… —insistió Cait Sith, desesperado— Rufus Shinra ha empezado a sospechar de mí, de que me haya cambiado de bando… Y me limita los movimientos por el edificio. ¡Y es un edificio enorme!
—¿No has aprendido nada de AVALANCHA? —gruñó Barret— ¡Sáltate las normas!
—¡No puedo! Me vigila… De haberlo podido averiguar, ya habría sabido dónde estaba Aeris antes de infiltrarnos, ¡y ya visteis que no pude!
—Sí, te afanaste en que quedara jodidamente claro… —soltó Cid, mordaz, mirándole con un ceño fruncido que decía más que sus palabras.
El pequeño robot se percató de su insinuación y alzó las manos.
—Por favor, no seáis injustos —gimió—. Os aseguro que hago lo que puedo… No tuve suficiente tiempo de buscarla entonces, ¡y ahora lo estoy intentando de veras! Confiad en mí, os lo ruego…
Se hizo el silencio en las dos celdas, pero las graves miradas de sus compañeros dejaron claro que las dudas no estaban disipadas. Cait Sith no insistió en defenderse; comprendía la desesperación que vivían y que su posición en el grupo no era la más favorable. Le apenaba no poder darles lo que pedían, pero decía la verdad. El presidente Shinra había sido meticuloso en ocultar cualquier información acerca de dónde se encontraba ninguno de los dos jóvenes. Hasta el punto de que casi parecía rehuir su presencia. Con algo de descaro, reconoció, había tratado de acercarse a Rufus para inquirirle sobre ellos, pero el presidente le había esquivado con asombrosa facilidad. Estaba claro que, o bien había empezado a dejar de confiar en él, o que guardaba el secreto a todos sus altos cargos.
Tifa suspiró con frustración y le dio la espalda a la pared. Se dejó caer sobre el duro camastro, apoyando los codos en las rodillas y la cara en las manos. Su corazón era un manojo de nervios desde su captura. No lograba estar serena. Supo desde el principio que la cosa saldría mal y no se había equivocado, pero saberlo no hacía que se angustiara menos. Yuffie, por el contrario, parecía más tranquila. Al menos, dentro de los términos de la hiperactiva ninja, que se traducía en que no había perdido su energía.
—¡Vamos, Tifa! —Se acercó de pronto a ella y la sacudió de los hombros con brío— No importa que ese gato idiota no logre encontrarles…
Un indignado «Eeeeh…» se escuchó del otro lado de la pared, pero fue ignorado.
—… ¡Porque saldremos de aquí antes! Y les encontraremos nosotros mismos, ¡ya lo verás! ¡Cuatro paredes no pueden contener a La Gran Ninja Yuffie y sus secuaces! —terminó alzando el puño con energía.
Tifa no pudo reprimir una sonrisa. La vitalidad y el inconsciente optimismo de la ninja resultaban a veces reconfortantes.
Iba a corresponder a sus ánimos, cuando un ruido procedente de la puerta de la celda la puso sobre aviso. Se levantó del camastro y se puso en guardia mirando hacia allí; Yuffie hizo lo mismo. El cerrojo se descorrió y la puerta se abrió revelando a dos guardias, uno de ellos armado.
—Acercaos; primero tú —ordenó el segundo desde el umbral señalando a Tifa. Portaba unas esposas.
—¿Para qué? —La joven dio un paso atrás, preparando los puños.
—Vamos a trasladaros a otras dependencias. No arméis jaleo y todo se hará tranquilamente, ¿vale? –el soldado soltó aquella frase con automatismo, como si la hubiera formulado muchas otras veces.
Tifa frunció el ceño, desconfiando. Pudo oír que en la celda de al lado ocurría lo mismo. El guardia se adentró un poco más y mostró las esposas, mientras su compañero le cubría desde atrás con su arma.
—Vamos… Cuando antes lo hagamos, antes terminaremos. Hacedlo fácil.
Yuffie se notaba inquieta, mirando alternativamente a los guardias y a Tifa, cambiando el peso de las piernas mientras se mantenía en guardia, como si estuviera a punto de estallar. La mayor decidió que no era momento de tensar más las cosas y accedió. Indicó a Yuffie que estuviera tranquila, mientras las esposaban a ambas y las sacaban. Fuera, tres hombres más aguardaban al grupo, todos armados.
De la celda contraria salieron el resto de sus compañeros esposados también; Red con una cadena al cuello. Se miraron desconcertados y nerviosos, pero ninguno dijo una palabra.
—Bien… Andando. Tranquilos todos y en fila —indicó el comandante, precediendo al grupo.
Les condujeron por un pasillo estrecho y austero. Los guardias se notaban tensos mientras les rodeaban. A Tifa no le pasó desapercibido. Mientras caminaban, ella no dejó de analizar la formación, la postura y el lenguaje corporal de los agentes.
Finalmente, llegaron a una sala que mostraba varias puertas grandes de metal. Cada una de ellas tenía un ventanuco con barrotes y un intrincado juego de cerraduras. El guardia que precedía la comitiva abrió la primera de ellas.
—Las señoritas aquí. El resto a la contigua.
—Ya estábamos en celdas, ¿qué tienen estas de especial? —Cid se adelantó a los pensamientos de todos. Con cierto tono sarcástico.
—Esas eran de detención, poco prácticas. Estas son más grandes y mejor equipadas —contestó el soldado sorprendentemente servicial—. Las llamamos de «larga estancia». Órdenes del Presidente.
Las dos últimas frases no sonaron bien para ninguno.
—O sea, ¿que Shinra pretende retenernos por un período de tiempo largo? —Red XIII gruñó enseñando los dientes mientras preguntaba con resquemor.
—No tengo esa información. Ahora, si sois tan amables… —Se acercó a Yuffie y la tomó del brazo, dirigiéndola a la celda abierta.
Pero aquello había sido más de lo que Tifa quería seguir aguantando. Si entraban ahí, no saldrían de ninguna manera. Y no esperó más. Mientras prácticamente toda la atención se centraba en la ninja, ella aprovechó para pillar desprevenido a uno de los guardias armados. Veloz como el rayo, se agachó con una sentadilla y barrió con su pierna derribando al escolta, que cayó de espaldas con estrépito. De inmediato todos se volvieron hacia ella.
Al primero que la apuntó con su arma, le recibió con una fuerte patada en la entrepierna que casi le levantó los pies del suelo. En seguida, todos sus compañeros la imitaron. Yuffie le pegó un puntapié al que la sujetaba y luego le embistió con la cabeza en la boca del estómago, acompañado de un grito rabioso. Barret empotró a otro contra la pared con su hombro, Cid le pegó un cabezazo al que tenía más cerca, Vincent le hundió sendos codos a otro en el costillar y Red se enganchó con los dientes al último. Cait Sith se limitó a cubrirse la cabeza. En cuestión de segundos reinaba el caos.
Los guardias trataban de hacerse con el control mientras AVALANCHA la emprendía a golpes sin que estar esposados pareciera suponerles un problema. Tifa derribó a otro agente y corrió hacia uno que parecía recuperarse y cargaba su arma. Pero antes de dar dos zancadas, se encontró con la culata de un rifle golpeándole en la cara, haciéndola caer al suelo de espaldas. Sin tiempo para quejarse, alzó las piernas y se impulsó para ponerse en pie de un salto. El soldado, paralizado por la sorpresa, no se apartó a tiempo de que una patada voladora le arrancara el rifle de las manos y otra le girara la cabeza. Pero apenas Tifa se volvió para buscar a su siguiente contrincante, escuchó un sonido escalofriante a sus espaldas.
El martilleo de un arma y el consiguiente contacto de algo duro y frío en su nuca la paralizaron. Abrió los ojos con sorpresa y terror y su cuerpo se quedó congelado.
—¡Quietos!
La voz del comandante bramó por encima de la reyerta. De repente, el caos cesó.
—¡El que se mueva será el responsable de ver sus sesos esparcidos! —el mismo que hablaba apuntaba a Tifa con una pistola de gran calibre, clavándole el cañón en el cogote. Ella se notó temblar.
—¡No tienes huevos para disparar, hijo de puta! —Barret escupió al suelo.
El soldado sacó otra arma de su cinturón y le apuntó a él. Los demás guardias se recuperaban poco a poco y buscaban sus rifles para encañonarles a todos, formando un círculo.
—¡No te la juegues, tipo duro! —le advirtió— Ninguno de vosotros vale más que otro para el Presidente. Deshacernos de uno sólo implicará menos trabajo para mí. ¡Vamos, adelante! Dame una excusa, te aseguro que me harás un favor…
No había falsedad en aquella amenaza. Barret en seguida retrocedió un paso, temiendo por la vida de la chica.
—De rodillas… —El soldado presionó con el cañón en la cabeza de Tifa, obligándola. Ella no tuvo más remedio que arrodillarse en el suelo— Tú, abre esa celda —indicó a uno de sus guardias. Éste se apresuró a cumplir— Todos dentro, ¡vamos!
Les hizo una señal con la otra pistola. Barret le fulminó con la mirada antes de adentrarse. Uno a uno, los guardias les empujaron con sus rifles para introducirles en la celda. Tanto unos como otros presentaban magulladuras. Cid tenía una ceja partida que sangraba profusamente y Vincent se sujetaba las costillas con expresión de dolor. A Red XIII un soldado le sostenía tan fuerte de la cadena que prácticamente le estrangulaba, haciéndole jadear. Y Yuffie se cubría una nariz con sendas manos con los ojos llorosos. Sólo a ella la dejaron fuera.
Cuando estuvieron todos los demás en la celda, cerraron la puerta con estrépito. El soldado levantó a Tifa cogiéndola del pelo; ella se quejó por el tirón. Otro agarró a Yuffie y las encerraron a ambas en el calabozo contiguo. Aún esposada, Tifa se acercó a la ninja para evaluar su herida. Sangraba por la nariz.
—¡Escuchadme, listillos! —Desde el otro lado de las puertas, la voz del comandante bramó de nuevo— Estas van a ser vuestras nuevas habitaciones de ahora en adelante. Sólo saldréis cuando se os ordene, para acudir a las duchas si es que es necesario. No estoy dispuesto a aguantar pestes todo el tiempo que dure esto. Por la trampilla de la puerta se os suministrará la comida. Gracias a vuestra broma, hoy no ocurrirá eso. Y ya veremos si os quitamos los grilletes. Tenéis todo cuanto necesitáis ahí dentro, de modo que no quiero oír una mísera queja. Sois presos bajo el control de la Compañía Shinra, y se os tratará como tal hasta que se decida qué hacer con vosotros. Estas son las instrucciones. Que disfrutéis de la estancia.
Los pasos de los guardias indicaron que se marchaban. Pero antes de hacerlo, el cabecilla se detuvo para añadir una última cosa.
—Ah… Y voy a encargarme de que vuestros dos amigos se enteren de la gracia que habéis organizado aquí. No sé si me explico… A ver si así se os pasan las ganas de volver a tocarme las pelotas.
En la celda de al lado, Tifa escuchó un fuerte golpe contra metal.
—¡Cabrón! ¡No te atrevas a tocarles un pelo, cobarde!
La voz de Barret siguió bramando aun cuando los pasos desaparecieron. Tifa bajó la cabeza consternada y llena de angustia.
—Aaauu… —La quejicosa voz de Yuffie volvió a atraer su atención. La ninja seguía cubriéndose la cara con las manos.
—Déjame ver… —Tifa intentó apartárselas.
—¿Estáis bien ahí dentro? —La profunda voz de Vincent sonó del otro lado de la pared, algo ronca.
—Sí… Más o menos.
—¡Ai, ai, ai, ai! —La ninja se quejó ruidosamente mientras Tifa le examinaba la nariz.
—Tranquila, no está rota…
—¿Qué ha pasado? —inquirió Cid, preocupado por los quejidos de la menor del grupo.
—Nada, un golpetazo. ¿Vosotros bien?
—Nada que no se arregle con un poco de descanso… —murmuró Red XIII con la voz un poco ahogada— Sobreviviremos.
Algo en esa última palabra hizo a Tifa enmudecer, frunciendo el labio con inquietud. Yuffie, que ya había conseguido abrir sus llorosos ojos y dejar de quejarse, la miró con preocupación.
—¿Tifa…? —llamó con voz nasal.
Ella miró al suelo, a algún punto inconcreto. Su mente estaba lejos de allí. En la celda de al lado, parecía que también esperaban su respuesta.
—Cait Sith —llamó la morena. Al otro lado de la pared, el gato robot levantó sus orejas—… Encuéntrales pronto. Por favor.
.
Comenzaba a amanecer en Midgar. Pero el aire matutino no llegaba hasta aquella alta planta del Edificio Shinra. Sólo uno espeso y lleno de polución. Tifa lo respiró intentando captar algo más que no fuera el humo de los reactores de Mako. Pero suspiró, frustrada.
Apoyada contra la pared de la celda, miraba por la diminuta ventana embarrotada que daba al exterior. Sus ojos rojizos sólo expresaban un profundo cansancio. Y no era porque no durmiera o comiera lo suficiente. Los primeros días le resultó difícil, pero hacía tiempo que concluyó que, si algo podía hacer desde ahí, era tratar de mantenerse fuerte. Por él. Por ellos.
Las celdas en que les habían encerrado desde el segundo día de su cautiverio se podían considerar incluso de lujo, en comparación con las anteriores. Estaban limpias, tenían camas, lavabo y urinario y les daban de comer tres veces al día algo que, por lo menos, era digerible. Pero cada día se hacía más insoportable, más eterno.
Llevaban una quincena ahí metidos. Dos semanas enteras desde la última vez que vieron a Cloud. No sabían nada de él ni de Aeris. No habían tenido noticia alguna o mensaje de Rufus Shinra, y los guardias encargados de ellos no respondían a sus preguntas. Tampoco Cait Sith había tenido éxito. Sólo el encontrarse juntos, a pesar de la pared que los dividía, era lo que les mantenía con fuerzas y cabales. Al menos, la mayor parte del tiempo.
Un sonido extraño llamó la atención de la morena, que volvió su mirada al interior de la habitación. Yuffie aún dormitaba en una de las camas, o al menos eso había creído Tifa. Pero lo que vio fue su cuerpo temblar ligeramente.
—Yuffie… —Preocupada, se acercó a ella y le puso una mano en la espalda, temiendo que le pasara algo— ¿Estás bien?
La ninja tembló más al contacto de su mano. Pero, para sorpresa de Tifa, fue un sollozo lo que lo provocó.
—Es todo por mi culpa…
La voz de la menor salió con apenas un hilo. Tifa la miró sin comprender y buscó sus ojos, sentándose en la cama junto a ella e inclinándose sobre su cuerpo.
—¿Qué dices, qué te pasa?
—Fue por mi culpa… —repitió la menor quedamente— Yo le dejé solo… Si no lo hubiera hecho… No le habrían cogido. Debí quedarme con él, pero me fui, le dejé solo…
Tifa abrió los ojos con asombro al comprender. Sintió un enorme nudo en el corazón al ver qué era lo que afligía a la joven ninja.
—No, cielo, no digas eso —Trató de consolarla, acariciándole la espalda—. No fue culpa tuya…
—¡Sí que lo fue! —Yuffie sollozó más fuerte, encogiéndose sobre sí misma. Tifa vio que se frotaba los ojos— Estaba herido y yo le dejé solo, ¡en vez de ayudarle! Le cogieron por mi culpa, yo sabía que no podía defenderse… Si hubiera sido más fuerte, podría haber cargado con él…
—Él te pidió que te fueras —recordó Tifa. Yuffie les contó lo ocurrido en cuanto la capturaron—. Lo hizo para darte tiempo y que pudieras escapar, tú sólo hiciste lo que te dijo…
—¡Sí! ¿¡Y para qué!? —Airada, la menor se incorporó en la cama, encarando a su compañera con la cara enrojecida y anegada en lágrimas— Me cogieron también, porque no supe huir, ¡porque no supe hacer las cosas bien! —Se abrazó las rodillas y escondió la cabeza entre ellas— Soy lo peor… No sirvo para nada…
Oír hablar a Yuffie así, le destrozaba el corazón. Ella, que siempre había sido ejemplo de vitalidad, de optimismo y orgullo, que vencía cualquier dificultad con sus alardes. Nunca la había visto ni oído hablar así de sí misma. No podía creer que aquella desazón llevara atormentándola todo ese tiempo.
Tifa la cogió por los hombros y le obligó a mirarla, devolviéndole en sus rojizos ojos una mirada serena.
—Basta, Yuffie, deja de hablar así. No sabes lo que habría pasado de haberte quedado junto a Cloud. ¡Tú eres la mejor ninja del mundo! Eres la princesa de Wutai, la sombra indomable, la… mejor ladrona de Materia del planeta —Trató de mencionar algunos de los títulos honoríficos con que la menor solía referirse a sí misma.
Ella levantó la mirada, observándola con unos enormes ojos vidriosos. Su rostro se entristeció más y volvió a enterrar la cara entre sus rodillas.
—Soy la vergüenza de Wutai…
Tifa la miró abatida. No sabía qué decirle para sacarla de aquella espiral de desolación. Porque tampoco a ella le quedaban casi fuerzas para mantener el optimismo. Simplemente, la abrazó, estrechándola contra sí, compartiendo su aflicción. Yuffie rodeó su espalda con los brazos y lloró. Sus voces debieron despertar a sus compañeros, pues se escuchó a Vincent desde el otro lado.
—Tifa, Yuffie, ¿va todo bien?
Tifa alzó la mirada al techo, inspirando hondo, incapaz de responder. Pues su contestación no sería la mejor en ese instante. Vincent insistió una vez más. La respuesta nunca llegaría. Para sorpresa de todos, fue interrumpida por el sonido de la puerta que en ese momento se abría. Cuando miraron hacia allí, no se imaginaron que iban a volver a vivir una escena tan similar a la ocurrida dos semanas atrás.
Tifa y Yuffie se giraron sobresaltadas. Al ver a tres agentes de SOLDADO adentrarse en su celda, Tifa empezó a temerse algo malo. Se levantó y cubrió a la menor con su cuerpo, encarando a los agentes.
—¿Qué queréis?
No respondió nadie. En su lugar, una vez dentro del habitáculo, los SOLDADOs se separaron para dejar entrar a una cuarta persona. Ataviada en un traje blanco. Tifa abrió los ojos como platos.
—Tú… —Su voz cargó de rabia aquella sílaba. El odio se extendió hasta sus puños, apretándolos con fuerza. Y sin poderlo controlar, se lanzó con uno de ellos hacia la cara del recién llegado— ¡Cabrón!
Apenas avanzó, los tres agentes se colocaron en perfecta formación flanqueando al presidente y el atronador sonido de tres rifles cargando detuvo a Tifa. Rufus Shinra ni se movió. Su confianza en la eficiencia de sus guardias no era mayor que su vanidad. Clavó en la chica una impertérrita mirada azul glacial.
—¡¿Dónde está Cloud!? —Tifa no perdió la oportunidad de preguntar directamente, aprovechando su silencio.
Sus gritos parecieron molestarle, pues guiñó los ojos y apartó la mirada con rechazo. En ese momento tomó aire y lo liberó, como si reuniera voluntad para hablarle, antes de volver a mirarla.
—En mi ciudad decimos «Buenos días» —musitó sarcástico—. Supongo que en Nibelheim los modales son más rústicos.
—¡¿Shinra?! —Una voz airada se escuchó del otro lado de la pared. Todos parecían agolparse en ella para escuchar mejor— ¡Por fin das la cara, mamonazo! ¡¿Dónde los tienes?!
Éste no dio señal alguna de haberlo oído. Sus ojos seguían clavados en la luchadora, con las manos en los bolsillos. Ella frunció el ceño, desconfiada.
—¿Qué diablos quieres?
—Desalojar un poco mi edificio, para empezar —musitó con calma. Ella no comprendió lo que quería decir, de modo que Shinra decidió no andar con más rodeos—. Os vais de aquí. Esposadlas —ordenó a sus escoltas mientras él se giraba hacia la puerta.
Las dos chicas entraron en pánico. Varios SOLDADOs más penetraron en la celda y, sin que pudieran hacer nada por impedirlo, las sujetaron y encadenaron las manos a la espalda.
—¡¿A dónde nos llevas?! —le gritó Tifa mientras forcejeaba con sus captores, histérica, al tiempo que las sacaban.
—Fuera —sentenció Shinra sin girarse—. Estáis libres.
Aquella aseveración cayó sobre ambas como una descarga eléctrica, paralizándolas. La menor creyó no haber oído bien.
—¿Qué…?
Rufus detuvo su caminar y, con aparente cansancio, se giró hacia las desconcertadas chicas, mirándolas con una ceja alzada.
—Que no quiero veros más por aquí. De modo que sed listas y alejaos lo más posible de mi propiedad.
A pesar de todo, Tifa no parecía conforme. Se puso seria y miró con fiereza al presidente.
—Quiero ver a Cloud.
—Ya, y yo quiero muchas cosas, señorita Lockhart… —suspiró Rufus con agotamiento, sacudiendo la cabeza— Querría no tener que toparme con alimañas como vosotros cada vez que levanto una piedra, pero así son las cosas… —Se giró de nuevo, zanjando la conversación.
—¡Déjanos verle!
—No —Una mirada de hielo acompañó su tajante voz al volverse con ímpetu una vez más—. Lo que voy a hacer es dejaros marchar de rositas y daros la inteligente oportunidad de no volver a aparecer por aquí. Yo que vosotras, la cogería ahora antes de que se me ocurra cambiar de parecer.
Hizo una señal a sus SOLDADOs, que empezaron a arrastrarlas hacia el pasillo. Tifa, sin rendirse aún, se debatió para seguir insistiendo.
—¿Qué has hecho con ellos? ¡¿Qué le has hecho a Aeris?!
Aquella pregunta pareció clamar la atención del presidente. Los SOLDADOs, al verle acercarse, se detuvieron.
Tifa aguardaba tensa, ansiosa de cualquier respuesta. Pero pudo notar, con mala espina, que Shinra parecía vacilar antes de responderle. Desvió su mirada de los ojos de Tifa a otro lado varias veces antes de, con total y absoluta calma, dejar caer unas terribles palabras.
—Aeris Gainsborough ha muerto.
Esas palabras fueron escuchadas por todos. Un silencio mortal ahogó la sala. Con ojos horrorizados, ambas chicas observaban a Shinra estupefactas.
—Un terrible accidente —continúo Shinra, con una voz que denotaba una asombrosa indiferencia, desviando la mirada indolente—. No debió ocurrir. En fin… Cosas que pasan.
Tifa no podía creerlo, no quería creerlo. Negó con la cabeza.
—Mientes…
—No tengo motivos para hacerlo —ratificó Rufus—. No buscaba su muerte, no me interesaba; pero ha ocurrido. Y ya que has preguntado, me pareció oportuno que lo supierais.
Los ojos abiertos de espanto de Tifa comenzaron a escocer. Miraba intensamente a Shinra aguardando algo más, deseando que no fuera verdad. No podía soltar algo así de aquella manera y esperar que lo aceptaran sin más. Pero en su heladora mirada sólo vio frialdad y una terrible evidencia de que, todo lo que había dicho, era cierto.
—No… —Un hilo de voz escapó de boca de la morena. Poco a poco, una dolorosa cólera comenzó a llenar cada rincón de su cuerpo, brotando por sus ojos en forma de lágrimas y de su boca por medio de alaridos desgarradores— ¡HIJO DE PUTA! ¡Maldito hijo de puta, desgraciado…!
—Sacadlas de mi edificio.
Los improperios de la joven siguieron escuchándose mientras arrastraban a ambas por el pasillo. Shinra permaneció unos segundos inmóvil, impávido. De la otra celda, de la que antes salían tantos insultos, ya no brotaba sonido alguno. Mudos todos sus integrantes. Rufus se permitió suspirar, incómodo con tan violenta escena.
Miró la celda abierta, donde durante dos semanas habían estado recluidas las dos mujeres. Observó la otra. El resto de AVALANCHA cautivo aún. Sumido en sus reflexiones, no se percató de que sus escoltas aguardaban nuevas órdenes.
—¿Señor…?
Rufus reaccionó y echó a andar por el pasillo, camino a la septuagésima planta. Los SOLDADOs se apresuraron a seguirle. A medio camino, una sonrisa malévola se dibujó en su rostro.
—Haced venir a Strife a mi despacho.
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Fin del quinto capítulo
Bueno, por si alguno se había preguntado qué había sido de los demás, ya sabéis dónde han estado todo este tiempo y dónde estarán dos a partir de ahora... Espero que no os haya aburrido mucho el capítulo y hayáis echado demasiado en falta a Cloud y Rufus... Que no os entre el ansia, os prometo que en el próximo, los protas volverán ;)
¡Vaya! Ya tenemos otra incógnita resuelta, aunque supongo que se olía ya... Aeris ha muerto (¡sorpresa!). Si es que ni en fanfics se libra la pobre... Ese era el misterio de lo que pasó "hace cinco días" al comienzo de la historia. Pero no acaba aquí la cosa... Ahora falta descubrir cómo y por qué ocurrió. ¿Cuál fue la reacción de Cloud? ¿Quién la mató? ¿Y qué más cosas pasaron? Que os aseguro yo que pasaron más, muchas más cosas... Como siempre, irán siendo desveladas poco a poco. ¡No faltéis a la cita!
Agradecimientos: muchas gracias a todos los que seguís leyendo, estoy muy contenta y me siento muy orgullosa de ver que os interesáis por esta peculiar historia ^^ Especialmente gracias otra vez a EloraP y a PanditaHwang ^w^ Y al resto, lo de siempre: comentarios, dudas, ruegos y preguntas, recetas de cocina y lo que se os ocurra, por favor, escribídmelo en un review. ¡Estoy deseando saber vuestras opiniones! Un besazo y pasad buena semana~
