¡Buenas, people!
Hoy he traído el siguiente capítulo editado más pronto de lo que pensé... ¿por qué? Bueh, ya me terminé el MM en la portátil, so, me sentí vacía (?); así que me puse a trabajar en esto y ¡Voilá! Aunque, también fue porque no quería seguir leyendo el folleto que me habían dejado como tarea porque ya estaba harta de tanta Guerra Civil, que entonces decidí darme el descanso trayéndoles esto XD
Aunque, sí que lamento tardar mucho; pero, es por eso, son ediciones y requieren más empeño ^^
Pues nada, nos vemos al final como siempre ¡Abur!
Disclaimer: Weh, ¿en serio? Lo vengo diciendo desde que inicié la carrera de escritora (?). Naruto no me pertenece, ¿feliz?
💕[SasuHina month 2015]
#Prompt 3: A beloved sibling
Advertencias: Esta historia está ubicada en un Alternative Universe. Contendrá, además lenguaje soez; un poco de OoC; alusión al incesto, y un poquito de Lime explícito.
Si no estás de acuerdo con lo que se va a ver aquí, según tengo entendido, hay un botón que dice «Atrás». Púlsalo y nos evitamos malos ratos.
Summary: A pesar de las pequeñas riñas, discusiones y desacuerdos que tenían muy de vez en cuando, referentes a la relación que mantenían, Hinata sabía que sólo Sasuke sería quien mandara en su compasivo y sensible corazón; sólo él sería a quien ella amaría con todas sus fuerzas. Y, aunque Sasuke no le dijera nada nunca, Hinata estaba al tanto que, seguramente, él también especulaba lo mismo. Pero, sin lugar a dudas, se sentía muy afortunada de que las cosas entre ellos siempre terminaban bien.
Sin embargo, y aunque sonaba tan bien, no todo podía ser perfecto, ¿verdad?
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A beloved sibling
Yamanaka Ino se sacó la chupeta de dulce sabor a fresa que tenía en la boca, mientras se frotaba el puente de la nariz con algo de fuerza; al mismo tiempo, dejó salir un suspiro de pesadez, y miró con aparente seriedad a las jóvenes que tenía al frente.
—Entonces, chicas —dijo, alzando un poco la voz, para que las aludidas la pusieran atención—, quedamos así, ¿no? Primero, voy yo —espetó, señalándose a sí misma, y haciendo una mueca disconforme. Pese a que era la más elocuente del pequeño grupo, para cuando se trataba de estudios prefería no decir ni «pío»—: Luego, vas tú, Sakura —La susodicha, quien estaba frente a ella, asintió sin despegar sus ojos esmeralda del papel que tenía entre las manos, mientras leía en voz baja lo que estaba escrito en él—. Después, irás tú, Kari-...
—¡No me presiones! —La interrumpió, bruscamente, la mujer de cabellos rojos que se encontraba a unos cuantos metros de ellas, permaneciendo de pie junto a la ventana que daba una excelente vista del amplio campo de fútbol de la escuela. Se llevó ambas manos a la cara, mientras murmuraba entre dientes y cerraba los ojos con fuerza, tratando de memorizar cada coma y punto de la información que debía recitar luego—. La segunda mitad del siglo dieciocho se caracteriza por la elaboración y aplicación de un ambicioso y vasto plan de reformas, cuyos principios esenciales quedaron fijados en 1743. Algunas medidas aisladas empiezan a...¹
Ino rodó sus azules ojos, y le restó importancia. Bajó la vista hacia el puñado de papeles que tenía sobre su regazo y suspiró, de nuevo. Miró a la última integrante de su grupo de trabajo y la llamó.
—Hinata.
La recién nombrada dio un pequeño salto en su lugar, y miró de inmediato a su compañera—. ¿S-sí?
—Lógicamente, vas tú al acabar Karin, ¿de acuerdo? —sentenció.
—A-ah... Sí. —Sus dedos apretaron con fuerza la esquina de la página que estaba leyendo para, enseguida, cerrar sus ojos con pesar, buscando relajarse a la vez. Sin embargo, esto no pudo ser cuando volvió a pensar qué debía hacer, dentro de poco tiempo.
—Hinata.
Una vez más, la aludida dio otro brinco; pero, ahora, al sentir una mano caer con delicadeza y, contradictoriamente, sujetándose con firmeza sobre su hombro. Abrió rápidamente los ojos y vio a la Yamanaka sonreírla con dulzura.
—¿Ino-san?
—Tranquila —dijo, sonriéndole más—. Todo saldrá bien.
Mas, a pesar de sus palabras, la joven de azulinos cabellos no pudo sentirse menos preocupada de lo que ya estaba. No obstante, asintió agradecida; Ino, al verla sonreír un poco, afirmó con su cabeza también. Cada una volvió los ojos a sus propios papeles para continuar en el proceso de aprenderse varios párrafos—o, la mayor parte de éstos—en menos de una hora, tratando de ignorar, a su vez, la presión que aquello conllevaba.
O, al menos, eso intentó Hinata, pues, por más que intentaba concentrarse, el malestar que le provocaba un revoltijo en el estómago se hacía cada vez más insoportable. En menos de cuarenta y cinco minutos, ella y sus compañeras de equipo—además de mejores amigas—tenían que presentar una exposición, cuya calificación equivaldría al 45% de la nota final.
Pero, pese a la situación, por increíble que pareciera, el problema no sólo radicaba en que las chicas pertenecientes al equipo número dos de turno para pasar a dar la exposición, habían dejado todo a última hora y, seguramente, llevaban las de perder y reprobar—todo gracias a la malísima suerte de Haruno Sakura, al ser la elegida para coger el papelito del sombrero del profesor que determinaría, así, el orden de los distintos grupos—. Apenas estaban poniéndose de acuerdo por saber quién sería la que representaría, en primer lugar, a todas; y, quién sería la que cerraría, «con Broche de oro», la actividad.
Ni siquiera habían terminado de aprenderse lo que deberían de decir, con lujo de detalles, frente a sus compañeros.
El verdadero problema aquí era que, una de sus integrantes era extremadamente tímida. Ah, pero lo más irónico de la situación era que, aquella persona sí había estudiado con anterioridad su parte a exponer y, además, se la sabía al derecho y al revés.
Hinata suspiró acongojada, observando la hora en su móvil: faltaban treinta minutos para que el receso terminara. Sus perlados ojos fueron a parar a las figuras de sus amigas, notando lo tensas que se encontraban. Esa sensación de aflicción iba en aumento cada vez que las miradas de ellas recorrían la información que debían memorizar, a toda velocidad.
Volvió a suspirar.
Ellas se estaban esforzando mucho, demasiado; estaban bajo mucha presión, pero, Hinata sabía que para ellas, la parte oral no les sería problema. Las tres eran conocidas por alzar la voz para hacerse notar; así fuese dentro o fuera del salón de clases. Caso contrario a ella, que siempre procuraba pasar desapercibida ante los ojos de sus profesores.
Entonces se dio cuenta: la liarían bien fuerte si no lograban aprobar aquella prueba por su culpa. Si los nervios la atacaban y la dejaban en shock, no haría más que tartamudear sin parar, echando abajo la perfecta presentación que debían dar en un tiempo máximo de cuarenta y cinco minutos. Se llevó ambas manos a la cara y dejó caer su cabeza contra la mesa frente a ella, pensando cómo haría para hablar frente a un profesor con apariencia de desinterés hacia todo, sumamente estricto respecto a su profesión, y al mínimo fallo cortaba todo, sin derecho a otra oportunidad; eso sin contar el plus de hacerlo frente a más de veinte personas, en su mayoría, chicos que le harían muecas absurdas para hacerla equivocarse a propósito.
¿Cómo iba a hablar sin tener un ataque de pánico, y terminar en la enfermería por desmayarse, de nuevo, mientras sus compañeros se reían por ello?
—Hinata.
Quitándose las manos del rostro, alzó rápidamente su blanco mirar, moviendo frenéticamente la cabeza hasta encontrar a la persona que la había llamado, con una voz demasiado ronca.
—¿S-sí? —Musitó, poniéndose de pie de inmediato, al encontrarla bajo el umbral de la puerta.
Y, sin decir o esperar respuesta de su parte, aquella alta figura se retiró de la entrada de aquél salón de clases, como si estuviera completamente segura de que la pequeña mujer le seguiría sin dudar.
Y no se equivocó.
Hinata comenzó a caminar, siguiéndole; mas, cuando estaba a punto de cruzar el umbral de la puerta, la voz de Sakura la detuvo en seco.
—¿Hinata? —La nombrada volteó su cabeza hacia la de cabellos rosas, quien la veía con algo de reproche.
—¿Sí, Sakura-san? —preguntó, con voz queda.
—¿A dónde vas? —exclamó, frunciendo un poco más el ceño—. Tenemos que estudiar para la exposición, ¿recuerdas?
—¿Eh? —Parpadeó varias veces, como si hubiese despertado de alguna especie de trance. Procesando aquella interrogante, intentó contestar—. Ah... Bu-bueno, yo...
Mas, Ino se adelantó y contestó por ella.
—Está bien, frentona —La Yamanaka apoyó su mejilla en la mano, oteando divertida a la de pelos azulinos—. Hinata ya se sabe lo que va a decir; no tiene por qué estar aquí, si no quiere —Con su mano libre, sacudió al aire como si estuviera espantando moscas—. Anda, Hinata, que te han llamado, ¿no?
—Ah... Bueno... —Titubeó, cambiando el peso de su pierna, inquieta.
—Sabes que a él no le gusta esperar. —la rubia guiñó un ojo y continuó con su lectura, dando por zanjada, así, la situación.
Sakura quiso, por alguna razón, decir algo más; pero, Karin se lo impidió cuando se le acercó y le preguntó qué sería lo último que diría, antes de que fuera su turno.
«Gracias, Ino-san», la de ojos claros pensó, sonriendo levemente al retomar su camino.
—Entra ahí.
Llevándose ambas manos al pecho, giró su cabeza hacia donde se le había señalado y tragó grueso, al ver que se trataba del cuarto del conserje; el que se utilizaba para guardar los artículos de limpieza.
Era demasiado obvio.
—Pe-pero... —Mirando a todos lados, Hinata se dio cuenta de que no había nadie rondando cerca de donde estaban, lo que la puso aún más nerviosa—. No podemos... Es in-incorrecto —Y, en voz aún más baja, agregó—: Y demasiado a-arriesgado.
Su acompañante sonrió de medio lado cuando, con una llave que sacó del bolsillo de su pantalón, abrió la puerta. Rápidamente, ella la reconoció como la que le pertenecía a Teuchi, el conserje. Sintió un escalofrío corroer su cuerpo al notar que él la miraba, con un cierto brillo de diversión en sus oscuros ojos.
—Eso lo hace muchísimo mejor, ¿no crees? —¡Mierda! La había escuchado.
Mientras la joven negaba frenéticamente, con sumo nerviosismo, sabiendo que un leve rubor estaba extendiéndose con increíble facilidad a través de sus pálidas mejillas, la empujó con delicadeza hacia el interior del pequeño lugar, entrando él también, segundos después, cerrando la puerta con su pie.
—U-um... Creo que no de-deberíamos estar aquí.
Hinata se apoyó en la pared que estaba al lado de un estante donde había varios objetos referentes a la limpieza de azulejos y ventanas. Creyó que el muchacho frente a ella pronto se le abalanzaría; o al menos, eso le estaba transmitiendo con su mirada, más oscura de lo normal. Sin embargo, él sólo se la quedó viendo, lo que la puso aún más incómoda. La de ojos claros estuvo a punto de reclamarle, nuevamente, que estaban haciendo mal y que debían irse de inmediato de esa habitación; pero, sus intenciones quedaron en simples suposiciones, ya que no pudo ni abrir la boca cuando él llevó su mano derecha hacia atrás, y giraba con aparente desinterés el seguro de la puerta, quedando, de esa manera, por fin encerrados.
Ni siquiera pasaron dos segundos luego de haber puesto el pestillo cuando, ella a punto de preguntarle el porqué de su acción, se le acercó demasiado para su gusto.
—¡¿Qu-Qué estás haciendo?! —Extendió sus manos al frente, logrando posarlas en el torso de él, para evitar que el contacto fuese más allá de una cercanía superficial. Tan repentino acercamiento había intensificado el sonrojo que la atacaba, desde hacía buen rato—. ¡E-espera!
Pero, fue deliberadamente ignorada, y el chico acercó su rostro al suyo, sintiendo cómo el deseoso aliento de él y el irregular respirar de ella, chocaban entre sí. Entrecerró un poco los ónices que tenía por ojos, y la habló en voz baja—. ¿Estás nerviosa?
—Yo... —Hinata bajó su mirada hacia el suelo, mientras apretaba los puños, ejerciendo presión sobre la camisa de él, arrugándola considerablemente. ¿Cómo no iba a estar nerviosa con él tan cerca de su cara?—. Si te me a-acercas así...
—No me refiero a eso, tonta —Dejando la malicia de lado por un instante, él se separó un poco; pero, no lo suficiente para que la joven pudiera volver a respirar con normalidad; no aún. Colocó sus manos a ambos lados de la cabeza de la fémina, y exclamó con voz seria—. Hablo de la exposición.
Ésta vez, la de ojos perla le miró algo atónita; no obstante, enseguida, puso una expresión taciturna, asintiendo muy segura—. Temo que me dé un a-ataque de pánico frente a to-todos, y-...
—En ese caso —La interrumpió, al mismo tiempo que le cogía un rebelde mechón que había caído sobre su rostro, y se lo acomodaba detrás de la oreja—, te ayudaré a relajarte un poco.
Y, por fin, arremetió contra ella, dirigiendo su boca hacia el blanco cuello, en lugar de a sus labios, como solía hacer siempre; mordió con algo de fuerza, ganándose un placentero gimoteo como respuesta. En menos de nada aparecería la marca de sus dientes en él, lo que provocó que sonriera de lado, pensando en el cómo Hinata le reclamaría, con su suave voz, por haberla dejado aquél futuro moretón.
Reprimió una carcajada al recordar una de aquellas tantas veces que la había hecho lo mismo, y ella se cubría la evidencia con una camisa «cuello de tortuga», o una simple bufanda, aún si la temperatura estuviera a unos 40°C. No podía negar que le decepcionaba un poco verla tratando de esconder lo que le pondría en claro a cualquier persona—hombre, sobre todo—que ya tenía dueño, que ya pertenecía a alguien; pero, se conformaba con ponerla bajo su intenso escrutinio para que ella se pusiera tensa y nerviosa, y que así no lo olvidase nunca.
Sus manos por fin se movieron, llevándolas hacia las rojas mejillas de ella, para luego, poco a poco, descender a través de su cuello y clavícula, hasta llegar a los exuberantes pechos que tanto le gustaban, a pesar del tamaño. Los cogió y apretó con tal brusquedad, que la muchacha se arqueó levemente y posó sus pequeñas manos sobre las de él.
—N-no tan fuerte... —el joven la miró, deleitado de que aquél sonrojo se expandiera rápidamente hacia sus orejas también; y eso que apenas iba comenzando.
Hizo lentos movimientos sobre los grandes montes, pero sin siquiera hacer el amago de descubrir un poco más de su tersa y blanca piel; y, con una delicadeza tal que la hizo gemir complacida, le apretó de vez en cuando. Usando sus pulgares para frotar el área donde se encontraría el pezón que apenas comenzaba a endurecerse, aumentó la velocidad sólo un poco, lo que le hizo ganarse un gemido aún más fuerte que el anterior. Sonriendo con harta malicia, se dio cuenta de que ella estaba avergonzándose ahora por suspirar un poco más fuerte; además de que le miró con algo de temor. Hinata no terminaba de hacerse a la idea de que se excitaba con facilidad.
—E-espera... Detente... —Recuperando un poco de lucidez, la joven de liláceo mirar trató de apartarle. Era tan embarazoso hacer esos ruidos y que él se empeñara en hacerla emitir más de ellos; el siguiente más fuerte que el anterior—. ¡Ah!
Sin embargo, tan rápido como vino la razón a ella, ésta se fue desvaneciendo cuando el joven bajó una de sus manos hasta sus caderas, dirigiéndola luego hacia su trasero. Poco a poco sintió cómo él le fue levantando la falda azul y tableada del uniforme escolar; y, viéndole entrecerrar la mirada con sumo regocijo cuando sus dedos se topaban con el borde de sus bragas, ella apretó los labios.
Sabiendo que no le quedaba mucho tiempo, él le quitó de un tirón la prenda y la arrojó a algún lado del pequeño cuarto, dejando al descubierto la ropa interior que, hacía no menos de un mes, le había comprado en motivo de los seis meses que llevaban saliendo. Y, no es que él fuera devoto de celebrar tales cursilerías; pero, había visto esa fecha como la ocasión idónea, una excelente oportunidad para regalarle esas bragas blancas, sin que ella intentara poner pegas, porque era un regalo especial de su parte.
Hinata a veces era tan fácil de engañar.
Y, bueno, vaya que había obtenido una muy buena recompensa al hacer aquella entrega. Pues, ella, aún sintiéndose demasiado turbada, había aceptado la pequeña caja envuelta en un papel de color rojo, con ojos brillantes y un fuerte sonrojo. Claro, que luego se desmayó por su atrevimiento al ver el contenido de ésta; no obstante, ella accedió a estrenarlas ese mismo día.
Fue una noche realmente gratificante.
Saliendo de sus mórbidos recuerdos, el joven jugueteó un poco más con el elástico de la ropa, para luego hacer el amago de arrancárselas de un tirón; tal y como lo hizo con la falda, importándole una mierda si las destrozaba en el intento. Entonces, la sola idea de que ella estuviese sin bragas durante las horas que restaban de clases, lo excitó tanto que no le importó nada más. No obstante, la pequeña mano de la chica de cabellos azulinos sujetó su muñeca, justo cuando estuvo a punto de hacer realidad sus perversiones. Alzando la mirada, vio que ella negó vehemente, con cierto miedo presente en sus ojos perlados.
—A-aquí no... Por favor...
—Tranquila —exclamó él, retomando las caricias en su pecho, de manera lenta y pausada. Con esta simple acción, la hizo cerrar los ojos, rendida; entonces, él decidió no seguir perdiendo el tiempo y procedió a la inmediata ejecución de sus pensares—. Será rápido. —Hinata no pudo objetar nada más ya que su boca fue invadida, de pronto, por la del joven.
Trató inútilmente de apartarse, una vez más, y evitar que aquél beso llegara a algo más que simples roces superficiales. Ladeando la cabeza y apretando los labios, pensó que, de esa manera, no permitiría la entrada a ésa ávida y atrevida lengua que, como siempre, se introducía sin permiso en su cavidad bucal. Sin embargo, él alzó, muy a su pesar, la mano derecha de su pecho, para posteriormente cogerla fuertemente de la barbilla, impidiéndola moverse más y rechazarle. Cuando entreabrió la boca para morderle el labio por su insistencia, él se le adelantó al introducir rápidamente su lengua, por fin, besándola con las inmensas ganas que le tenía desde que la observó en aquél salón, con las manos en la cara, lamentándose por la exposición que tendría en breve.
Y, aunque ella quiso quejarse, una vez más, terminó correspondiendo al ósculo cuando advirtió cierta desesperación en los movimientos de él. Llevó sus escuálidos brazos al cuello del mayor, y le acercó más, profundizando e intensificando el contacto con ímpetu.
Continuaron jugueteando con sus lenguas e intercambiando saliva por largos minutos, hasta que el hombre, repentinamente, abandonó sus labios. Dejó salir un ronco gemido por escucharla jadear a ella, mientras buscaba desesperada la manera de llenar sus pulmones con el tan preciado oxígeno que le había robado con su febril acción.
—Sasu-... —Sin poder terminar de pronunciar su nombre, Hinata abrió grandes sus plateados ojos al percibir cómo aquella mano que estuvo a punto de arrancarla y romperle la ropa interior, se aventuraba a una velocidad increíble dentro de ésta, y, de inmediato, acariciaba su intimidad con una rapidez abrumadora, y una pasión exorbitante.
Mordió su labio inferior con fuerza, pero sin llegar a hacerse el daño suficiente para hacerlo sangrar, y cerró sus orbes en el momento que uno de esos largos dedos se abría paso, con facilidad, en su húmedo centro; a la vez que el pulgar se encargaba de frotar el clítoris que empezaba a hincharse. Hinata trató, por todos los medios, no dejar escapar de su garganta los constantes gemidos de satisfacción que aquella delirante acción le provocaba. Mas, cuando él introdujo otro dedo en su goteante vagina, perdió momentáneamente el raciocinio y zafó los brazos de su cuello, llevándolos hacia la ancha espalda para cogerle de la camisa con fuerza, olvidándose lo arrugada que quedaría luego por ello. Las lentas embestidas que el muchacho le estaba dando sólo con sus falanges comenzaron a aumentar de ritmo, provocando que ella alzara una de sus torneadas y blancas piernas, para así rodear la cintura de él y hacer el contacto un poco más profundo y placentero.
En este punto, Hinata se olvidó de seguirse mordiendo el belfo y dejó salir los gimoteos que tanto estaba aguantando; ya sentía los gloriosos hormigueos en su parte inferior, aquellos cosquilleos que la estaban avisando de un inminente y brioso éxtasis, por lo que no pudo evitar pegar un leve chillido al sentir una súbita y enérgica caricia en su clítoris, junto con los fulminantes bombeos en su vagina que se volvían cada vez más vertiginosos.
Pero, entonces, con la malicia impregnada en sus facciones, el joven sacó rápidamente los dedos del resbaladizo y jugoso interior de Hinata, y los llevó a su boca; lamiéndolos con parsimonia y deleite, tragando con sumo gozo cada gota del elixir que ella emanó como respuesta a sus mimos. Ella, por otro lado, al verle hacer eso con total descaro, se abochornó más, como si fuera humanamente posible; pero, sin darse cuenta, el hecho de que él sacó sus dedos justo cuando ella se sentía llegar a la cúspide, la hizo emitir un leve quejido de reproche.
—¿Sucede algo, Hinata? —dijo él, cuando escuchó el divertido sonido que la referida había soltado.
En el momento que ella advirtió el tono de guasa que el joven había empleado en su interrogante, desvió la perlada mirada hacia un punto vacío de la estancia y, lentamente, bajó su pierna al mismo tiempo que sus pómulos palidecían. Una vez que tuvo ambos pies en el suelo, retrocedió un poco, zafándose lentamente del agarre que él había disminuido a propósito para dejarla calmarse un poco, y se apoyó en el estante a un lado de ella, tratando de apaciguar a su agitada respiración y a su irritado clítoris que no dejaba de palpitar, y estremecerse molesto, por no haber estallado en el fascinante orgasmo.
Por otro lado, el joven se le acercó y le dio un rápido beso en la mejilla.
—No sabes cuántas ganas tengo de terminar lo que empecé, pero... —El ruido de la campana que anunciaba el término del descanso, resonó a lo lejos, interrumpiéndole—. Ya ha sonado el timbre —La pequeña mujer volteó a mirarle, asombrada, cuando sintió que él le dio un pequeño toque en la frente con dos de sus dedos, sobre su desordenado flequillo—. Anda, vete ya, que tienes una exposición que dar ahora mismo.
Hinata respingó, recordando aquello, y asintió no muy convencida; mordió su labio inferior y bajó la mirada, sintiéndose sumamente afligida de nuevo. Cuando sintió que la excitación sosegó casi por completo, se enderezó y recogió rápidamente su falda del suelo, colocándosela con igual prisa; mientras tanto, él le acomodó con delicadeza los largos cabellos. Esa acción, de algún modo, a ella le sonó a una disculpa muda e implícita por haberla privado de la gratificante culminación.
Una vez estuvo con un aspecto presentable, con el aliento recuperado y su centro femenino serenado, el de pelo azabache fue quien ahora dio unos pasos hacia atrás, y se apoyó en el otro lado de la pequeña habitación, cruzándose de brazos. Ella, extrañada ante este actuar, le observó interrogante.
—¿Sasuke-kun? —Le llamó al notar que éste tensaba la mandíbula y cerraba sus orbes, mientras fruncía el ceño; además de no hacer ningún amago de dejar esa posición pronto—. ¿Qué sucede?
El mayor respiró profundo un par de veces antes de mirarla, y le contestó un cortante—: Vete a clases. —Entonces, él apretó de pronto los quinqués, como si hubiera recibido un porrazo muy fuerte en alguna parte de su cuerpo.
—Pe-pero... —La de pelo azul pronunció, algo ansiosa por las muecas que estaba haciendo, y que, evidentemente, denotaban dolor—. ¿Y tú? —Ladeó la cabeza, sin prestar mucha atención al tono que él usó para hablarle, queriendo ahondar más en el por qué no iba él también a sus respectivas clases. Era mayor que ella por un año, y sabía que era uno de los mejores estudiantes de la institución; por eso, lo que menos deseaba era que el joven tuviera problemas con sus maestros por llegar tarde.
—Está bien —Sasuke dijo—. Asuma ha faltado hoy, así que no tendré inconvenientes si llego tarde al salón —Apretó de nuevo ambos ojos cuando reapareció aquélla inquietud, de hacía unos segundos, atacarle; esta vez, con más fuerza que antes—. Además, todavía tengo que calmarme un poco, ¿sabes? Considéralo como mi karma por evitar que te corrieras.
Confundida por sus palabras, Hinata dirigió su mirada hacia la dirección que él había apuntado con un ligero movimiento de su cabeza, al ver que, claramente, no le había entendido nada.
Grave error.
«¡Oh, Dios!», pensó completamente azorada cuando notó una gran protuberancia, alzada de manera orgullosa dentro de los negros pantalones del uniforme; una que, con vergüenza, ella conocía a la perfección. Desviando rápidamente la vista, la chica fue hacia la puerta a pasos torpes y rápidos, para enseguida proceder a quitar el pestillo de ésta. O, al menos eso intentaba, pues el colosal nerviosismo que sentía, de pronto, hizo sus manos temblar; y, debido a la embarazosa situación, la impedían coger adecuadamente el pomo. Dio un rápido vistazo al joven, sin querer queriendo, y luego prácticamente huyó del lugar.
El de cabellos negros dejó pasar unos segundos, antes de que su boca dejara salir una pequeña risa, desbordante de burla. Su Hinata era tan tonta, e inocente.
—Bueno, tal vez no tan inocente. —Se dijo a sí mismo, al recordar los rasguños que había visto esa mañana en su torso, cuando el espejo de medio cuerpo que tenía en su baño personal, le devolvió el reflejo. Ella no se había cuenta cuando le vio salir de la ducha, pues parecía estar más dormida que despierta; además del hecho de que cuando ella terminó de bañarse y había regresado a la habitación del joven, él ya se había colocado la ropa.
Lo que no podía negar era que, la interesante actividad que tuvieron la noche anterior, pensaba repetirla luego de clases; y, ¿quién sabe? Tal vez también le echaría en cara su sugestiva manera de «marcar territorio», para luego admirar divertido cómo se pondría de roja, estando al borde de un colapso nervioso por ser tan directo.
Sí, era un buen plan.
Por inverosímil que sonase, Hinata no había perdido los estribos en ningún momento y se había mantenido muy concentrada en lo que debía de hablar frente a la clase. Si bien estuvo nerviosa al principio, logró salir victoriosa de tanta tensión acumulada, al enfocarse sólo en lo que tenía que decir. Por ello, no había fallado al presentar su exposición; ella y sus amigas habían aprobado de manera exitosa la materia. Y, a pesar del pequeño desliz que tuvo Karin, cuando las palabras tropezaron sin querer en su boca, sacaron una calificación favorable que las hizo soltar un suspiro de alivio absoluto.
Era esa la principal razón por la que, en recompensa por tan buen desempeño, Sasuke decidió llevar a Hinata a dar un paseo al parque, nada más salir de la escuela. A pesar de las quejas que le soltó la de ojos perlados—a las que, obviamente, hizo caso omiso porque ella decía que dicha salida no era necesaria—, el joven sabía que a ella le encantaba dar caminatas después de una actividad escolar realmente importante.
—¿Quieres ese? —preguntó él cuando se pararon frente a un pequeño establecimiento, en la entrada del lugar: una tienda de peluches que, pudo deducir, era reciente, pues no le había visto hacía unas semanas, cuando paseó él solo por los alrededores.
Miró con una ceja alzada, un peluche en forma de lo que, se suponía, debía ser un conejo, de color rosa pálido; aunque, más parecía que éste fue remojado una y otra vez en lejía, o algo por el estilo. Poseía botones negros como ojos, y largas orejas, ligeramente más grandes que el menudo cuerpo que poseía el animalejo. Un raro espécimen, de verdad.
Pero, si a Hinata le gustaba...
Mas, ella negó rápidamente con la cabeza; aunque, él notó que no dejaba de ver al bichejo con ojos brillantes.
«Es tan obvia», pensó el pelinegro, sonriendo de medio lado. En un movimiento, asintió al dueño de aquél colorido local—. Quiero ése. —espetó. El otro hombre asintió también, comprendiendo la indicación, y se dirigió hacia el peculiar conejo.
Sasuke quitó por un momento el brazo con el que sujetaba a la joven de la cintura, para zafarse la mochila del hombro e introducir la mano en ésta; cogió la billetera que mantenía hasta el fondo de la maleta, y sacó unos cuantos billetes. Se los entregó al veterano que paró en seco, al escuchar un respingo proveniente de la muchacha que le acompañaba, justo cuando estuvo a punto de entregarle el susodicho objeto al azabache.
Sasuke giró su cabeza cuando el hombre también lo hizo, y arrugó un poco el entrecejo—. ¿Qué pasa?
—¡Te dije que no era ne-necesario! —Hinata exclamó, viendo cómo el animal estaba siendo rápidamente acercado a su pareja. Infló las mejillas y negó varias veces con su cabeza.
Chasqueando la lengua, el joven la ignoró y cogió de mala gana el conejo de las manos del adulto; el mismo que les veía un tanto extrañado y confundido del actuar que tenían ellos. La mayoría de los clientes que venían a su local, junto con sus parejas, las muchachas eran siempre quienes les incitaban—a base de berrinches y niñerías—a comprarles algo que, supuestamente, deseaban con ansias. Aunque, lo divertido del asunto era que, a los minutos, las jóvenes renegaran con el típico «¡Yo quería el otro!».
Saliendo de sus pensamientos, observó cómo el joven de cabellos negros extendía el muñeco hacia ella, y lo agitaba con algo de tosquedad. Sin embargo, ella, al cogerlo, se lo intentó devolver a él y, como acto reflejo, éste estuvo dispuesto a cogerlo; mas, el de ojos negros volvía a adelantarse y se lo arrebató a la ojos perla.
—Suficiente. —Soltó, ya harto de su renuencia. Dejó el dinero sobre el mostrador y cogió con su mano libre a la mujer, yéndose apresuradamente ambos de ahí, hacia el interior del parque. Aunque, más bien, él sólo iba jalándola y ella le seguía, a trompicones.
El dueño del pequeño negocio parpadeó tres veces, antes de sonreír jovial por la actitud de ambos adolescentes; les deseó un buen día en su mente, agitando un poco su brazo, aún si ellos no le veían más.
Últimamente, la juventud era de verdad curiosa y encantadora.
Sin dirigirse la palabra durante todo el rato que caminaron a través del parque, admirando la vasta vegetación de éste y las distintas especies de aves que pasaban sobre sus cabezas de vez en cuando, Sasuke y Hinata divisaron a lo lejos unas mesas en las que podrían sentarse hasta ocho personas; reconocieron al instante que pronto se encontrarían en el pequeño rincón del lugar, que estaba destinado a ser una especie de cafetería. Ambos se dirigieron hacia la más apartada de las mesas, de las que poseían sólo dos asientos y se sentaron en ella.
Una vez acomodados, él decidió cortar el silencio—. No vuelvas a hacer eso de nuevo.
—¿Eh? —Hinata dejó de mirar el florido conejo que Sasuke le entregó, a las malas, y le enfrentó. Alzó su vista y frunció un poco el ceño cuando comprendió su comentario—. Ha sido culpa de Sasuke-kun —Soltó, haciendo un puchero que al chico le pareció entretenido y que, de paso, le disipó un poco el mal humor—. Tienes que dejar de co-comprarme tantas cosas —La joven se apoyó en la mesa que los separaba, poniendo una cara de aflicción que le hizo soltar a él una risotada. Sintiéndose levemente ofendida por ello, acentuó más su molestia—. ¿De qué te ríes?
—De ti. —dijo Sasuke, con simpleza y franqueza, ganándose un pequeño golpe por parte del peluche deforme de Hinata. Eso sólo lo hizo soltar otra pequeña carcajada.
—¡Sasuke-kun, eres muy malo! —Ignoró el hecho de que el susodicho estaba riéndose; pues, a pesar de que él no lo hacía muy a menudo, por no decir enfrente de los demás, estando con ella la cosa era muy diferente.
Él no debía preocuparse, por unos minutos, en una imagen fría e indiferente que mantener.
Aun así, la molestaba un poco el que se burlara de ella por hechos que su modo de ser la hacían cometer. Claro ejemplo: el no querer aceptar, a la primera, los regalos que él le hacía cada dos por tres, para luego, prácticamente, ser obligada a aceptarlos. Al instante, él se reía porque ella pensaba que rechazarlo iba a molestarlo u ofenderlo, al punto de no querer dirigirle la palabra por tiempo indefinido. Era un vil chantaje en el que ella caía con suma facilidad, siempre.
—Oh, la pequeña Hinata se ha enfadado. Eso es malo. —Continuó molestando a la chica, quien había vuelto a inflar las mejillas y le evitaba la mirada.
Ésa sola imagen le convenció de que ella debía ser besada—y tal vez follada también—, ¡ya!
De inmediato, se levantó de su asiento e, inclinándose un poco hacia adelante, alzó su brazo derecho para poder alcanzar el redondo rostro de ella. Cuando logró que Hinata le mirara, le apretó los mofletes, provocando que su cara se volviera una mueca graciosa. Sasuke se rió, una vez más, y ella alzó una ceja, indignada.
—Y sigues riéndote de mí. —Dejó salir un suspiro, fingiendo pesar y desasosiego en la manera de manifestar sus vocablos. Aún sabiendo que era una pequeña farsa de su parte, la realidad es que no podría enojarse en serio con el joven frente a ella. Aunque, más bien no podía enojarse con nadie; su bondadoso corazón evitaba dichos sentimientos con suma facilidad.
A pesar de todas las burlas que él la hacía sufrir luego de los pequeños desquites que tenía contra ella, cuando estaba de mal humor; o, incluso, la simple acción de ignorarla, Hinata siempre lo dejaba pasar. No podía lograr durar ni dos minutos en estar molesta—o siquiera fingir estarlo—, porque ahí estaba él, sonriéndole de medio lado; demostrándole, así, que la había descubierto, y que podía ir echando abajo su pequeño teatrito.
—Es inevitable burlarse de ti. —Y, ahorrándose las múltiples quejas que ya no tenía ganas de escuchar, se levantó un poco de su asiento y acercó rápidamente su rostro al de ella, estrellando sus labios con los contrarios, en un suave roce que, rápidamente, se convirtió en un contacto necesitado. Si bien, en primer lugar, había tenido el objetivo primordial de callarla, todo ese sentido se fue a la mierda cuando el beso se tornó cada vez más intenso.
Estuvo a punto de morderle el labio inferior, para que le dejara meter la lengua en su boca y enredarla con la de ella; intercambiar saliva y sentir con deleite el saborcillo de su cavidad. Sin embargo, Hinata se separó bruscamente e hizo el rostro a un lado. Pensando con orgullo que ella se estaba comenzando a emocionar, de la misma manera que él también empezaba a sentir los pantalones algo apretados, quiso exteriorizar su pedantería al sonreír con suficiencia; pero, al verla poner un semblante angustiado, la burla se borró de su boca y frunció sus cejas, con molestia—. ¿Qué te pasa?
Dubitativa, Hinata le miró de reojo por unos segundos, antes de mirar a todos lados, mientras apretaba los puños sobre su regazo—. A-alguien podría vernos. —Anunció, tartamudeando.
Entonces, esa simple notificación logró romper, de manera abrupta, el agradable y excitante ambiente que habían conservado hasta ese momento. Sasuke gruñó y volvió a sentarse de mala gana en su lugar; se apoyó sobre la mesa de brazos cruzados, y miró colérico a otro lado.
—¿Y a ti qué demonios te importa eso, Hinata? Nadie nos conoce —Le dijo. No obstante, ella seguía mirando a otro lado, sin intenciones de contestar y prestarle atención—. Y, aunque eso llegase a pasar —Continuó—, debería importarte una reverenda mierda lo que piensen los demás.
El silencio siguió gobernando por parte de la joven, haciéndole chasquear la lengua con coraje. Movió su pierna derecha frenéticamente, con clara señal de impaciencia.
Él no dijo más.
De pronto, un vendedor ambulante que empujaba un pequeño carrito, irrumpió el silencio entre ambos jóvenes, comunicándoles que vendía diversidad de golosinas, y uno que otro aperitivo. Hinata sonrió levemente, declinando amablemente ante su oferta; mas, cuando el hombre siguió insistiendo de buena manera, ella no pudo objetar más, por lo que decidió ordenar algo simple.
—Un plato de dangos, por favor. —Asintiendo, el hombre se propuso a preparar la petición de la joven. Cuando hubo acabado, entregó el platillo que contenía cuatro órdenes de aquél delicioso dulce.
Una vez que vio, con alegría, a la de cabellos azules comer uno de ellos con gran goce, volteó a ver al pelinegro que la acompañaba y prosiguió a pedir su orden también. Sin embargo, éste no contestó; ni siquiera volteó a verle. Pensando que no había escuchado, volvió a decir su pregunta; pero, igual que antes, éste no dijo nada, ni una sola palabra.
La mujer, notando esto, intercedió por él—. A él no le gustan los dulces.
—¡Oh, bueno! —expresó comprensivo el mayor. Entonces, decidió persistir con otra cosa que llevaba a su disposición—. ¿Un refresco estaría bien?
—Ah, bueno... Su-supongo que sí —Sin estar del todo segura, prefirió escuchar la afirmación de los propios labios del citado—. Sasuke-kun —Le llamó, pero él no le contestó tampoco a ella. Volvió a intentar—. Sasuke-kun. —Obteniendo el mismo resultado, suspiró resignada. Sin deseos de insistir más, sonrió sin ganas al hombre que veía escéptico la cruda e indiferente actitud del muchacho para con ella, y pidió la bebida de todas formas.
—Eh, vale. —Algo confundido e indeciso, le hizo entrega de un jugo de naranja, creyendo que, aún si ese sabor no fuera de su gusto, él seguiría sin decir palabra alguna.
—Gracias —Recibió la botella, y se la mostró a su pareja—. Ten, Sasuke-kun, e-esto es para ti. —pero, nuevamente, se dio la misma postura, y él ni siquiera hizo amago de descruzar los brazos para coger la bebida.
El señor se sintió repentinamente incómodo y algo molesto por aquella actitud tan apática y grosera que emanaba el azabache, por lo que optó, sabiamente, en retirarse a pasos rápidos de ahí–. Co-con permiso.
Hinata asintió, apenada, y luego le dirigió una mirada reprobatoria a Sasuke.
—¿Po-por qué te has portado así? El señor sólo que-quería saber si deseabas algo.
—¿Ya no hay nadie cerca? Digo, recuerda que puede ser contraproducente para ti que te vean tan cerca de mí. —exclamó con acidez, esquivando con brusquedad la mano que ella quería posar sobre su hombro, logrando entristecerla.
Hinata bajó la mirada a sus piernas, donde sus manos jugaban nerviosas con el dobladillo de su falda, mientras intentaba ahogar el malestar que se alojó en su garganta ante sus duras palabras—. No, no es a-así... Yo...
—Hinata, mejor cállate antes de que me cabrees más. —La cortó, de manera rotunda y cruel con sus palabras, quedando ambos, sumidos en un silencio que prevaleció hasta que fue hora de volver a casa.
Vaya manera de joderse la tarde.
—Lo siento.
Sasuke detuvo en seco la acción de introducir la llave en la rendija de la puerta principal de su casa, y volteó a ver a Hinata, alzando una ceja. Ella miraba al suelo y, con una taciturna expresión que tenía plasmada en su redondo rostro, parecía que iba a echarse a llorar en cualquier segundo. Se veía tan vulnerable que, aunque pareciese un tanto perverso, le hizo sonreír un poco sin que ella se diese cuenta.
—¿Por qué? —interrogó mientras reanudaba lo que había estado haciendo.
—Po-por... Por... —Se detuvo para respirar profundamente, y poder calmarse un poco; tartamudeando no llegaría a ningún lado, y sólo exasperaría más al mayor. Dejó salir el aire con lentitud y, cuando se sintió capaz de hilar una simple oración, continuó hablando—: Por lo de esta ta-tarde. —El moreno por fin abrió la puerta y, dándole el paso a ella primero, entraron a la residencia justo cuando empezó a llover a cántaros.
Se quitaron los zapatos en el recibidor de la estancia, y se colocaron las típicas pantuflas de estar en casa para luego, en silencio, dirigirse a la sala. Una vez ahí, parados uno frente al otro, ella continuó explicando lo que creyó, fue un mal actuar.
—Yo... yo no dije aquello con intención de ha-hacerte sentir mal u ofenderte —Sus liláceos ojos se cerraron con fuerza, y se llevó ambas manos al pecho, apretándolas contra éste—. E-es sólo que...
Sasuke, mientras tanto, sólo atinaba a observarla, sin prestarle la debida atención. Ya habían pasado un par de horas desde que aquél incidente se suscitó, y, durante el rato que duró el regreso al hogar que compartían, ninguno había tenido la intención de hablar algo referente al incidente; o, en su defecto, a cualquier otra cosa, por ridícula que fuese, con tal de no permanecer manteniendo la distancia y el pesado silencio entre ellos. El único ruido que había estado presente fue el de los truenos que avecinaban una gran tormenta; seguramente esa noche haría un poco de frío. El azabache, entonces, se puso a pensar con más detenimiento las cosas. No negaba para nada que le molestó de sobremanera esa estúpida actitud de que a Hinata le diera vergüenza mostrar ante todos que ellos dos mantenían una relación de pareja, como cualquier otra; que le evitara en el sentido de, siquiera, darle la mano en público, por temor al qué dirían.
No obstante, una vez que su cabeza estuvo completamente fría, luego de reflexionar un poco, pudo entender más o menos el por qué ella se ponía de esa manera, respecto a toda esa situación. El problema no era que Hinata fuese una persona extremadamente tímida, o que él fuese muy reservado; al fin y al cabo, él siempre se mostraba impasible a los comentarios de los demás porque, sinceramente, el qué dirían de ellos, era una cosa que le importaba un reverendo carajo. Él no ponía atención a esas cosas por el simple hecho de que la valía; lo único que importaba era lo que él y la joven tenían.
Sin embargo, era justo eso lo que volvía la situación un tanto problemática, pero, a la vez anteponiéndolos a lo que se avecinaba; algo que era muchísimo peor que el dilema del pensar de los demás. Fue entonces que, irremediablemente, le dio la razón a ella... Aunque, claro, no se lo diría nunca.
Olvidándose de ese maldito detalle, y ya harto de verla balbucear quién sabe qué tanta palabrería, de verla en ese estado de estar tan indefensa y temerosa a su reacción, se le acercó a paso veloz y la arrinconó contra la pared que daba una excelente vista a la entrada principal. Sin oportunidad de dejarla quejarse, o debatir qué iría a hacer, la besó con extrema rudeza.
Hinata abrió enormemente sus plateados orbes, tratando de alejar al joven de ella, como acto reflejo. Aún no terminaba de acostumbrarse a los inusuales y bruscos arranques pasionales que tenía él para con ella, a la hora de besarla; incluso de solamente acercarse y tocarla de manera superficial. Sin embargo, y una vez pasada la turbación, sintió la lengua del moreno pasear por su labio superior, haciéndola alzar sus menudos brazos, hasta que finalmente pudo colocarlos detrás del cuello de él; le acercó más a ella y correspondió al ardiente ósculo con igual o mayor ímpetu que él.
Luego de un largo de compartir saliva, él se separó un poco y murmuró un seco—: Ya no pienses en eso. —Y volvió a estrellar sus labios con los contrarios; ésta vez, con más descaro que el anterior. Al instante, fue gratamente seguido por la inmediata cooperación de su chica, al permitir el rápido acceso a su lengua y su cavidad en general.
Sus manos, que no podían permanecer quietas una vez que se posaban en la pequeña cintura de ella, levantaron poco a poco la blusa del uniforme que todavía traía puesta. Acarició su vientre y parte de su espalda, con una tortuosa lentitud que logró hacerla suspirar; sin embargo, debido al violento movimiento que hizo al alzarle la prenda, logró que dos botones se desabrocharan y cayeran al suelo, dejando a la vista el sostén de color púrpura que le regaló junto con las bragas; el mismo que no pudo apreciar, horas atrás, cuando habían estado encerrados en la habitación del conserje. Sus oscuros ojos se dirigieron a los ahora entrecerrados de ella y, cortando nuevamente el beso, bajó directamente hasta su cuello, para morder esa blanca porción de carne con más fuerza ésta vez. Dedicándose a pasar su lengua luego de dejarle una notoria marca, fue descendiendo hacia la clavícula, donde dejó un beso húmedo que la hizo suspirar. Complacido por ello, subió rápidamente hacia al borde de su oreja, donde de inmediato penetró su oído con la lengua; tal y como hizo esa misma mañana con los falanges en su intimidad. Sonrió cuando ella se arqueó un poco al reírse por las cosquillas que le provocó dicho movimiento.
Hinata, por otro lado, tampoco pudo quedarse quieta. Sus delicadas y suaves manos acariciaron la espalda de su amado por sobre la ropa, a la vez que dirigía sus rosados labios al cuello de éste y repartía rápidos besos en toda la extensión, deteniéndose súbitamente en su nuez de Adán, donde empezó a dejar retraídos y rápidos besos que hicieron suspirar al pelinegro. Contenta por su reacción, decidió ser un poco más osada e imitó las caricias que Sasuke le hizo en la oreja; y, al llegar a ésta, sacó tímidamente la lengua para empezar a recorrer el lóbulo con cierta vehemencia.
El mayor ahogó a duras penas el gemido que esa inocente acción le provocó.
Ambos jóvenes tenían muy presente la desesperación y el ardor de querer mucho más, el uno del otro; no deseaban perder más tiempo valioso. Fue así que, separándose un poco, muy a su pesar, Sasuke se quitó el trozo de tela que cubría su torso con tanta rapidez e impaciencia que, al sacarla, su cabello quedó aún más desordenado de lo que ya era; la tiró sin importarle ver hacia dónde fuera a parar. Llevó sus manos hacia el trasero de la chica y le apretó los globos con tanta fuerza, que logró conseguir un pequeño chillido ahogado de parte de ella. Sonriendo con perversidad, la alzó en el aire de pronto, y, con presura, la apoyó toscamente contra la pared para, de esta manera, tener un mejor soporte; importándole muy poco el quejido adolorido que Hinata emitió, se entretuvo acariciándole por debajo de la falda. Cuando ella entreabrió la boca, gustosa por el movimiento de sus manos, Sasuke volvió a atacar los suaves labios que le volvían jodidamente loco, con leves mordidas; mismas que aumentaban su fuerza a cada segundo que ella gemía.
La de ojos lavanda ascendió el camino de sus manos hacia el negro cabello de él y, cogiendo entre sus dedos unos cuantos de sus mechones, le incitó a acercarse todavía más; a que no dejara de besarla con tal frenesí, y que su lengua se enredara con la suya. En esos momentos, la vergüenza que debería de experimentar por hacer ese simple acto, se había espantado de su ser, casi por completo; como si un globo fuera explotado con un maldito alfiler, y el aire escapara sin contemplaciones. Bueno, tampoco se quejaba; siempre era así cada vez que él la besaba de esa manera, después de todo. Cuando estaba al punto de dejarla sin respiración por su brusco meneo, ella le jalaba el cabello para que bajara un poco la intensidad, y así no se sintiera más abrumada de la cuenta.
Y no es que le molestara besarse así con el azabache, al contrario; es sólo que a veces se sentía muy atrevida, y eso la asustaba notoriamente. Contrastaba enormemente con su pulcra y gentil personalidad el que ella tomara la iniciativa y correspondiera con tanto ímpetu, que las palabras que Sasuke le dedicaba respecto a su prudente forma de ser, quedaban en el olvido junto con su discreción y razonamiento.
El mayor usó sólo una de sus manos para seguir sosteniendo la frágil figura de Hinata, mientras llevaba la otra hacia los botones que seguían sin desabrochar en su camisa; los mismos que seguían reteniendo aquella prenda que cubría de la vista ajena el bien proporcionado pecho de ella. La de cabellos largos, mientras tanto, quitó los brazos del cuello de su amado, y los dejó caer como si fueran peso muerto a los costados; entonces, viendo su entera disposición, el azabache comenzó con la gloriosa faena de soltar los botones, uno por uno, tomándose su tiempo para admirar cada poro de la tersa y blanca piel que se iba descubriendo poco a poco. Una vez hecho, separó a la joven de la pared lo suficiente para lograr que la camisa se deslizara a través de sus delgados y delicados brazos.
Sasuke se dedicó a contemplarla, realmente fascinado: completamente ruborizada hasta las orejas, con pequeñas perlas de sudor bajando lentamente por su frente, pasando a través de sus rojas mejillas, para finalmente caer por la punta de su barbilla y perderse en el hueco que sus grandes senos formaban. Agitada como si hubiera corrido kilómetros, buscaba recuperar el aire que él la había robado, aspirando grandes bocanadas de aire que luego dejaba salir de golpe; sintió entonces su aliento, mezclado con un ligero toque de menta que adquirió gracias al chicle que venía masticando hacía unos momentos y tiró en un basurero, antes de llegar a la residencia. Ah, y para coronar el momento, Hinata se empezó a frotar pausadamente contra su cuerpo, de manera inconsciente, haciéndole apretar los dientes cada vez que se rozaba y se topaba con su miembro.
La erección que a duras penas había empezado a emerger de entre sus pantalones, creció considerablemente con esa imagen, haciéndole jadear adolorido e impaciente por liberarla pronto.
Sumamente apenada, Hinata sollozó extasiada cuando él reanudó sus besos; pero, ésta vez, solamente alrededor de su cara, en sus mejillas, sin llegar a sus labios, dejándola ansiosa. De pronto, el azabache descendió poco a poco sus caricias, pasando de largo su cuello hasta que llegó al inicio de sus pechos, enfocándose en el trozo de piel que rodeaba el borde del corpiño; por instantes, comenzó a aumentar el ritmo de sus besos con la ayuda de su lengua. Pero, lo mejor vino en el momento que el azabache emprendió la tarea de succionar, con cierta desesperación, una buena parte de su piel, dándole un adelanto de lo que planeaba hacerle a los botones rosas que empezaban a relucir a través de la tela del sostén. Fue entonces que la joven llevó de inmediato sus manos a la descubierta espalda de él, insertando en ella las cortas uñas que apenas tenía. Con ese pequeña probada de los sucesos que estaban a punto de suscitarse, Hinata sintió a su centro femenino palpitar extremadamente emocionado, inquieto y deseoso; las bragas cada vez más húmedas, al punto de empezar a gotear a borbollones, cuando la mano que sostenía su trasero la palpó y apretó con rudeza, acercándose peligrosamente a sus muslos interiores.
Ella creyó que, en cualquier momento, iba a desfallecer de tanto placer.
Mientras la chica de mirada perlada esperaba con cierta ansia desconocida el próximo movimiento, pensó que, realmente, no importaban las circunstancias y los medios en los que, próximamente, Sasuke la haría tocar el cielo. Y no sólo lo decía por estar contra la pared, algo incómoda por la posición en la que se encontraba ubicada; de hecho, la pasión del momento los obligó a tener relaciones así, varias veces. Y, vaya, no podía negar que hacerlo de pie era tan excitante como cuando lo hacían en una cama o, inclusive, en el sofá.
A pesar de las pequeñas riñas—además de las no tan pequeñas—, discusiones y desacuerdos que tenían muy de vez en cuando, referentes a la relación que mantenían, Hinata sabía que sólo Sasuke era quien la ponía así de anhelosa; nadie más. Sólo él sería quien mandara en su compasivo y sensible corazón; sólo él sería a quien ella amaría con todas sus fuerzas. Sólo con él podía dejar de lado la extrema timidez que se cargaba, para poder discrepar con él cuando se extralimitara con su aislamiento o sus malas intenciones; sólo con él planeaba pasar el resto de sus días. Y, aunque Sasuke no le dijera nada nunca, Hinata estaba al tanto que, seguramente, él también especulaba lo mismo; aunque no lo dijera nunca, sabía que ésas eran sus mismas inclinaciones y propósitos. Pero, y a pesar de sus malos entendidos, sin lugar a dudas, se sentía muy afortunada de que, pese a todo, las cosas entre ellos siempre terminaban bien; lo mejor de todo no era la reconciliación—como decía el azabache para joderla—, sino la confianza y el amor entre ellos, que era más grande que los contras del mundo.
Sin embargo, y aunque sonaba tan bien, no todo podía ser perfecto, ¿verdad?
Para cuando ellos quisieron darse cuenta del sonido de la manija de la puerta principal ser girado, fue muy tarde; pues, los suspiros y jadeos que ambos emitían, que a la vez aumentaban de volumen a cada caricia, opacaron con creces el sonido de todo lo que sucedía a su alrededor. Fue muy tarde para ellos darse cuenta de que, mientras seguían en sus eternos besos necesitados y ávidos arrumacos, no habían logrado poner atención a las voces de dos adultos que ambos conocían demasiado bien, y que ahora ingresaban a la vivienda. Fue muy tarde para ellos darse cuenta de que, esas mismas personas, ahora se quedaban totalmente paralizadas bajo el umbral de la puerta, mirándoles con los ojos abiertos mientras ellos continuaban quitándose, de manera desesperada, la ropa que les hacía falta desprender de sus cuerpos.
Fue sólo cuando el sonido de algo pesado caer al piso, resonando como un ruido seco en toda la pieza, que logró hacer que ellos salieran, por fin, de su enorme burbuja de placer y encanto.
Sasuke y Hinata detuvieron abruptamente lo que estaban haciendo, sus cabezas girando rápidamente hacia el origen del atronador ruido. Con los ojos totalmente desorbitados, al punto de casi salirse de sus cuencas, observaron atónitos y con formidable espanto a la persona que les devolvía la misma mueca de horror y pánico. Pálidos y sudorosos hasta la última hebra de cabello, ambos notaron, entonces, que a los pies de esa persona yacía una enorme bolsa, de la cual se estaban desparramando varios productos de comida, hacia todos lados; siendo una de las tantas latas de concentrado la que llegó hasta ellos. Sin decir nada, asumieron rápidamente que se trataba de la compra semanal de la familia Uchiha; que, por eso no había ni un alma cuando ellos llegaron de su paseo en el parque.
—Sa-Sasuke… ¿y Hinata? —Uchiha Mikoto les señaló con el índice de su derecha, tiritando ante cada palabra, sin poseer las fuerzas suficientes para concretar la interrogante—. No… no puede ser. —Se llevó ambas manos al rostro, observando con suma contrariedad y miedo al azabache sostener con posesividad el menudo cuerpo de la tímida y dulce Hinata, mientras la acariciaba y devoraba sin censura; en un sentido que nunca creyó ver posible entre ellos. ¡No así!
¡Era simplemente aberrante!
Ambos jóvenes se separaron al segundo que la mayor empezó a emitir palabras de sus temblorosos labios, intentando no mirarla a los ojos y darse cuenta de la repulsión que éstos emanaban al verles. Por ello, y mientras Hinata se trataba de cubrir los senos con sus delgados brazos, sin tener el valor suficiente para inclinarse a recoger su camisa del piso, Sasuke se colocó frente a ella, importándole muy poco su propia desnudez. Por fortuna, la firmeza de su pene se fue de golpe al ver a su madre; pero, no así la incomodidad del ambiente. Sus obsidianas perlas se enfrentaron, de manera retadora, a la mirada encolerizada de su progenitor; cuya presencia había pasado desapercibida por la de cabellos azulinos, hasta que éste adoptó la misma posición que Sasuke, y tapaba a la mujer mayor con su corpulento cuerpo. Si Uchiha Fugaku esperaba que sus ojos se sacudieran por miedo y su estado titubeara ante su figura, estaba muy, pero que muy equivocado; el efecto sería muchísimo menos efectivo si Hinata estaba en el medio, involucrada en la misma situación.
Al darse cuenta de que su hijo no flaqueaba ni un poco ante su muda advertencia para que se alejara de la joven detrás de él, el patriarca apretó los puños con fuerza, y su cabreada e imponente voz hizo retumbar con gran malestar los oídos de la pareja adolescente.
—¡¿Qué demonios sucede aquí?! —vociferó, acercándose a grandes zancadas hacia ellos, con la clara intención de separarlos de una vez por todas. Sin embargo, el azabache menor se juntó todavía más a Hinata y retrocedió junto con ella, evitando el contacto de su padre. Esa simple acción les salió caro y sólo provocó amplificar la furia y asco que ahora estaba sintiendo por ellos—. ¿Qué carajo...? —Fugaku frunció aún más el entrecejo, y los señaló despectivamente—. ¡¿Por qué mierda estáis medio desnudos?! —Sasuke mantuvo su mirada firme en su padre; pero Hinata desvió la suya hacia el suelo, incapaz de aguantar más las lágrimas que se acumularon sin contemplación debido a la fuerte situación.
No obstante, todo empeoró con lo último que el mayor dijo.
—¡¿Acaso no te das cuenta de que es tu maldita hermana, Sasuke?! —Y, entonces, el Uchiha escupió sin reparos la palabra que, tanto Sasuke como Hinata, habían odiado con hartas ganas, desde que los sentimientos de ambos estuvieron totalmente claros.
Y es que, ¿quién iba a creer que ellos acabarían enamorándose, el uno del otro, siendo hermanos de sangre?
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Aclaraciones de texto:
¹: Fragmento del capítulo XI «Guerras y reformas coloniales»; del libro América Hispánica 1492-1898. Tomo VI.
[Para que se den una idea de lo que vuestra servidora lee (?) XD]
¡Bien! A pesar de ser la edición—la cual no pude revisar porque no encuentro mis putas gafas—, espero que no haya muchos errores. Además, de que no deja de sorprenderme lo que llego a hacer por ir contra la corriente XD
¡Agradezco mucho los comentarios que me ponen! Tanto los primeros, como los que dan ahora por las ediciones ¡Se aprecian un montón! T^T
Saara-Chan94
Mi objetivo es hacerlos con más resheno (?). Me siento tan malota cuando hago este tipo de cosas para Sasuke... Es la venganza por tanto drama que tengo planeado para aquellas historias XD
Ni idea de qué va a pasar con ese... A lo mejor cuando salga de clases me pongo seria otra vez XD ¡Gracias por leer!
sexxykittydarxs
Más bien será sobrenatural n_nU Pero, puede que para éstos Prompts utilice como inspiración una de las pelis que me has recomendado :D (Y la que acabas de mencionar la veré también, ¡gracias!) Y descuida por no comentar, se te perdona por la película XD
JSMA-SasuHina
Qué bueno que te gustó^^. Espero que te gusten los otros que no viste—menos mal porque estas ediciones vienen más reshenas XD—. Muchas gracias por las buenas vibras y gracias por leer :D
Daisuke-37
Vale, ¡gracias por leerme! Es que a FanFiction le gusta joder mucho, siempre ha sido así, pero descuida n_n Me alegra mucho saber que te ha gustado, ¡gracias!
Pues sí, pero es que ya está muy avanzado, casi terminado. Mientras edito, quiero daros algo mientras no puedo continuar los otros—de los que no llevo avanzado casi nada—. De todas formas, te aseguro que no los dejaré tirados^^
¿Sabéis? Puede que no os interese, pero, después de tanto tiempo, al fin me he comprado el Ocarina of Time para la 3DS—era pobre y no me alcanzaba para ese—, así que, me largo de FanFiction para completarlo... al 100% Yeah, madafackars~ (?)
...
¡Es broma, es broma! (Inserte voz de Eugenio Derbez cuando actuó en Jack & Jill) No abandonaré, pero ya saben cómo me pone de perra lo que tenga que ver con Zelda; aun así, no descuidaré mis escritos ^^
Ahora sí, a probarlo en la consola (Inserte corazón emocionado). Mientras...
¿Un review?
¡Hasta la próxima! :D
