Una semana más, aquí vuelvo con otro capitulillo calentito. Poco más que decir, a no ser que quiera empezar a repetirme... Mejor os dejo con la lectura y ya os vuelvo a ver abajo. Que disfrutéis~


Nubes de tormenta cubrían el cielo de Midgar. La ya de por sí oscura atmósfera de la ciudad había interrumpido su amanecer para tornarse negrura, como si tampoco ésta encontrara motivos para ver la luz. Mientras los primeros truenos empezaban a resonar, al pie del alto edificio dos menudas figuras pisaban por fin la calle tras dos semanas de cautiverio, escoltadas por una tropa de guardias. El único atisbo de cielo azul lo albergaban el par de intensos ojos que, desde la última planta del coloso, las observaban con el corazón encogido.

—¿Y bien? —La venenosa voz de Rufus susurró por encima de su hombro, mientras las dos figuras eran liberadas de sus grilletes e instadas a caminar— Libres. Como te dije. Soy un hombre de palabra.

Cloud no apartó la vista del ventanal, prestando atención a cada movimiento que se llevaba a cabo a doscientos metros bajo él. Pudo ver cómo las chicas dudaban, se frotaban las muñecas y miraban hacia el edificio intrigadas. Desde esa distancia, él era invisible a sus ojos. Finalmente, con los SOLDADOs guardando la puerta al edificio, las dos jóvenes se marcharon, empujada la menor por la más alta, y se alejaron sin prisa girando aún su cabeza hacia la estructura un par de veces más antes de desaparecer de la vista. Cloud bajó la cabeza, cerrando los ojos, y suspiró. Aunque le costara creerlo, Shinra había cumplido su promesa.

Notó un contacto indeseado sobre su cintura. Abrió los ojos y se tensó. Su mirada enfocó con molestia el cristal, sobre el cual comenzaban a estrellarse las primeras gotas de lluvia. La mano de Rufus ascendió por su costado, buscándole.

—¿Lo ves…? —Un deje complaciente se percibía en la voz del presidente mientras acercaba su cuerpo a la espalda del ex-SOLDADO. Su aliento le rozó en la oreja. Esa mano había subido hasta su pecho y acariciaba ahora su pectoral. Cloud permaneció inmóvil y con la vista fija en el cristal—. Cuando tú eres un buen chico… Yo soy bueno contigo, Cloud…

Un estremecimiento le sacudió desde la boca del estómago. No era la primera vez que escuchaba esa frase murmurada por la voz de Rufus. Y el concepto que tenía éste distaba mucho de la realidad. Cloud notó su cuerpo sacudirse por un ligero temblor de rabia y clavó en la ventana salpicada de gotas de lluvia una profunda mirada de odio, mientras sentía las manos y los labios de Rufus entretenerse por su cuerpo y el calor del contrario arrimándose a su espalda. Tomó aire, respirando hondo para aguantar el impulso que sentía de estrangularle.


Hace dos semanas.

Sábado.

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El sonido de un trueno se escuchó lejano. Un repiqueteo en la ventana revelaba lluvia cayendo en el exterior. Cloud tironeó con debilidad de sus manos, sintiendo el duro metal clavarse en la ya muy maltratada piel de sus muñecas. Las esposas anclaban sus manos al cabecero de la cama, por encima de su cabeza. Notaba los brazos agarrotados de tanto tiempo en esa posición, que hacía que se le quedaran sin sangre. Se quejó con levedad, moviéndolos un poco. Le dolía todo.

Se arqueó al sentir el contacto de una fría mano recorrer su vientre, deslizándose por su piel con las yemas de los dedos. Toda la carne se le puso de gallina y trató de huir de ese tacto, pero no pudo más que retorcerse sobre sí mismo con extenuación.

Te estás portando muy mal hoy —Una indolente voz susurró muy cerca de él. Otra mano se apoderó de su rodilla, obligándole a flexionarla y echarla a un lado. Cloud se resistió, sacudiendo la pierna. Esto pareció molestar a su captor, que la apresó más fuerte—. No me obligues a hacerlo otra vez…

Sus palabras sonaron frías y amenazantes. Cloud jadeó con impotencia, sintiéndose estremecer. Aún le duraban los efectos del último aumento de energía Mako de sus esposas. Sentía la cabeza tan embotada que apenas podía ver.

La imagen que mostraba, frágil sobre el colchón y retorciéndose con levedad, era realmente apetecible para Rufus. Retomando sus atenciones, se inclinó para besar el pecho desnudo del ex-SOLDADO, mientras colaba una mano entre sus muslos y tanteaba por encima de los pantalones la entrepierna del joven. Al sentirlo, Cloud pegó una sacudida más fuerte, rehuyéndole. Rufus levantó la cabeza y le miró con molestia. El chico se encogía ahora con temor, consciente de alguna represalia.

Ya… basta —murmuró con lentitud Shinra, imprimiendo autoridad a cada palabra. Con más brusquedad, tomó el borde de la prenda con sendas manos y tiró para quitarle los pantalones de una vez, pero Cloud, sacando fuerzas de lo imposible, empezó a patalear con debilidad, si bien lo suficiente para impedirle a Rufus continuar. Éste le ancló una de las piernas a la cama con violencia, sujetándole la otra rodilla y mirándole severamente—. He dicho que ya basta.

Quítame las manos de encima… Hijo de puta… —Cloud abrió los ojos y clavó su intensa mirada azul sobre Rufus con desprecio, mascullando roncamente y entre dientes. Shinra le devolvió el gesto, antes de continuar bajándole la prenda. Cloud volvió a patalear, recibiendo entonces una violenta bofetada— ¡Agh!

Te la estás ganando otra vez, Cloud…

El ex-SOLDADO jadeó exhausto con la cabeza ladeada sobre la almohada, mientras Rufus llevaba las perneras de sus pantalones hasta sus botas, comenzando a desabrochar éstas. Cloud bajó la mirada, observándole con los ojos entrecerrados por la rabia que fluía por todo su cuerpo. Y cuando le notó con la guardia baja, le pateó, logrando alcanzarle en el hombro y echarle atrás. Rufus, sorprendido por el golpe, se apartó y le miró rencoroso. Se levantó, irguiéndose con altivez delante de él y arqueando una ceja mientras le mostraba en su mano el conocido controlador de las esposas.

Ya que te veo con ganas, vamos a subir un poco el nivel, ¿te parece? —Posó el pulgar sobre el regulador, ante la mirada temerosa de Cloud. Rufus recibió esa expresión con deleite. Y elevó el pequeño botón.

¡Aah…!

Un grito murió en la garganta de Cloud, enmudeciendo antes de terminar de salir. Abrió la boca y los ojos con dolor, sin proferir más que un sonido ahogado, mientras cerraba los puños y tensaba todos los músculos de su cuerpo. Se arqueó sobre sí mismo, hundiendo la cabeza en la almohada. Un tremendo ardor le corría por dentro. Perdió la vista, el oído y cualquier percepción de su alrededor, no sintiendo más que el Mako agitarse como un torbellino por todo su cuerpo, como si tuviera fuego en las venas. Ni siquiera podía gritar.

Cuando le pareció que acabaría ahogándose, Rufus bajó la intensidad de nuevo y Cloud perdió automáticamente la tensión de su cuerpo, como si se desinflara. Volvió a derrumbarse sobre la cama, esta vez mucho más deshecho que antes. Jadeaba con los ojos enrojecidos y la mirada perdida. Rufus guardó el mando de vuelta al bolsillo y se acercó.

Eso es… —Sin resistencia ya, terminó de desvestirle, dejando el cuerpo desnudo de Cloud inerte sobre las sábanas, colgando sin fuerza de las esposas ancladas al cabecero.

Rufus le tomó de una pierna y le colocó de costado. Sosteniendo ésta, se sentó encima de la otra y pegó su pelvis a la del ex-SOLDADO. Tan sólo notó un ligero respingo en él. Shinra sonrió, acariciándole el muslo casi con mimo.

No será porque no te lo haya advertido veces —manifestó, entretanto que desabrochaba su propio pantalón ahora y buscaba su miembro endurecido—… Pero parece que quieras que lo haga, Cloud…

Le notó temblar mientras tanteaba su entrada con el glande. Se colocó bien, apoyando la pierna del chico sobre su hombro, y entró en él de un empujón.

¡Ngh! —Cloud se sintió quebrar por dentro, abriendo los ojos como platos sin ver nada y apretando las mandíbulas con dolor. Cerró los puños con fuerza.

Al notar su temblor, Rufus ladeó la cabeza y besó su muslo, recorriéndolo con caricias. Se apoyó con la otra mano en la cama, junto a la espalda de Cloud, y comenzó a moverse lentamente. El ex-SOLDADO cerró los ojos, aguantando entre débiles y ahogados quejidos que se entremezclaban con los gemidos de placer de Rufus. Cerniéndose sobre él, abriéndole más las piernas por efecto, se acercó a su oído para susurrar:

¿De qué te sirve tanta resistencia, eh?... Eres patético… Tú y todos los que aún creen que pueden imponerse a mí —jadeó sobre su oreja, sin dejar de embestirle— Dime… ¿Qué pensarían tus amigos… si supieran lo que hago contigo?... ¿Eh?

Le penetró más hondamente. Cloud apretó los dientes, arqueando la columna con un intenso dolor. Rufus sonrió, echándole el aliento al cuello. Se inclinó más sobre él y lo mordió con pasión, saboreándolo.

¿Te gustaría verles ahora? —susurró inclemente. Embistió con más fuerza, arrancándole ahora a Cloud un quejido agudo— ¿Querrías que vieran esto?

Cloud tembló, encogiéndose sobre sí mismo. Rufus le agarró de repente del cuello, obligándole a mirarle. El ex-SOLDADO abrió la boca en busca de aire. Shinra jadeó con placer y se echó hacia delante, aproximando sus rostros.

Responde…

Cloud estiró el cuello intentando escapar de sus dedos. Respirando con dificultad, posó en Rufus unos ojos llenos de rabia. Y escupió a su cara. Shinra tornó su expresión ofendida antes de llenarla de furia, abofeteándole más fuerte. Se limpió el esputo antes de volver a tomarle del cuello con rudeza.

¿Querrías que alguno de ellos ocupara tu lugar?

Cloud se encogió por un nuevo pinchazo de dolor. Esa pregunta se clavó en su pecho como una daga, ahogándole de angustia. Rufus insistió y Cloud negó con la cabeza levemente, con los ojos y los dientes apretados. Sin soltar su cuello, Shinra acortó la distancia entre sus rostros, hablando directamente sobre sus labios.

Entonces… Déjate follar como una buena puta —susurró rozando su piel— o tu siguiente castigo lo pagarán ellos por ti.

Esas palabras provocaron un intenso nudo en su pecho. Notando sus ojos arder, el ex-SOLDADO ladeó la cabeza entre gemidos de dolor. Rufus mordió con levedad su mandíbula, jadeando sobre ella antes de reclamar sus labios. Cloud se rindió al beso hasta que una violenta penetración le hiciera gritar echando atrás la cabeza. El presidente, víctima de una fuerte corriente de placer, se irguió de nuevo y embistió con más brío y rapidez dentro de Cloud, gimiendo enérgicamente y clavándole las uñas en la pierna. Y con un intenso clamor, terminó en su interior. Jadeando, le soltó y se apartó despacio de él, dejándole tirado como un fardo sobre el colchón para bajarse de la cama.

Si vuelves a insultarme… A cocearme… A escupirme… O a morderme —De espaldas a él, Rufus se iba colocando la ropa, adecentándose tranquilamente— lo tomaré como una invitación por tu parte. Iré a buscar a cualquiera de tus amigas, Aeris, Tifa o Yuffie… Y dejaré que mis guardias hagan con ellas lo mismo que yo contigo.

Cloud colgaba inerte de los barrotes del cabecero. Sus brazos y manos temblaban notoriamente y su pecho subía y bajaba con cada respiración forzosa. Estaba sin lugar a dudas al borde del desmayo. Pero reunió las fuerzas necesarias para ladear la cabeza y buscar a Rufus con la mirada, reclamándole casi sin voz:

No… te atrevas… a tocarlas…

El presidente se volvió hacia él con una gélida mirada. Se aproximó y le tomó del mentón.

Eso sólo depende de ti —Sonrió. Con aquella expresión que destilaba crueldad—. Si tú te portas bien y me demuestras que eres un buen chico… Yo seré bueno contigo. Puede que incluso, más bueno todavía —añadió acrecentando su sonrisa. Se inclinó, acercándose a su boca jadeante—. Esto no tiene por qué ser así siempre, Cloud —Le robó un breve beso antes de soltarle despacio—. Piénsatelo…


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Los recuerdos de esas ácidas palabras se atropellaban en la mente de Cloud. Mientras la lluvia continuaba haciéndose más intensa fuera, otra tormenta se estaba formando dentro de él. Rufus continuaba detrás suyo, recorriéndole con manos y labios suavemente, aprovechando su quietud. Cada roce y cada beso encendían más la furia que iba creciendo en el ex-SOLDADO.

La lengua de Shinra buscó su oreja y Cloud sintió un desagradable escalofrío. Sacudió la cabeza y se apartó de él, harto. Qué manía tenía con hacerle eso; lo aborrecía. Se alejó de la ventana y recorrió el despacho hasta el otro lado, marcando distancia. Rufus no pareció demasiado contrariado, pues sonrió con picardía como si se tratara de un juego. A pasos lentos, fue hasta un pequeño mueble bar, de donde sacó un vaso y una ornamentada botella de cristal, sirviéndose un trago.

—No seas tan desagradable. Ya te he demostrado que puedo hacer cosas por ti.

Bebió mirándole directamente a los ojos. Cloud le observaba receloso con los brazos cruzados. No se movió mientras Rufus recorría el trecho que los separaba, hasta quedar a menos de medio metro de él. Le ofreció el vaso, pero los ojos del ex-SOLDADO no dejaron de fulminar los suyos. Encogiéndose de hombros, Rufus bebió otro sorbo y luego aproximó sus labios a los contrarios. Se notaba que estaba especialmente de buen humor esa mañana. Pero antes de que su boca le rozara, Cloud le interrumpió.

—Suelta a otro.

Shinra se detuvo a escasos centímetros de los labios del ex-SOLDADO, con los suyos ya entreabiertos para besarle. Liberó una leve risa decepcionada, echándole el aliento del alcohol, y se apartó.

—No.

Se dio la vuelta con parsimonia. Cloud no se dio por vencido.

—Haz otro trato.

—No empecemos, Cloud… —Shinra se aproximó hasta un sobrio y blanco sofá, acompañado de un par de sillones y una discreta mesa de café frente a él. Dejó la bebida sobre ésta, junto al tablero de ajedrez perfectamente alineado que la decoraba, y se sentó— Te recuerdo que las reglas las hago yo —Se acomodó, apoyando los brazos en el respaldo y cruzando las piernas, enarcando una ceja hacia él—… Y no voy a soltar a otro amigo tuyo cada día. Me dejarías sin rehenes… Piénsalo, acabo de dejar libres a dos miembros de AVALANCHA —Señaló la ventana con la cabeza— ¿Cuánto crees que tardarán en urdir un plan para liberar al resto? Necesito cierta cobertura para evitar eso…

—Deja ir a uno solo —insistió Cloud.

—Hoy no —Shinra sonó tajante. Sus fríos ojos observaban a Cloud con calma—. Tendrás que esperar.

—¿Cuánto?

—Lo suficiente —Al ver en los intensos ojos del ex-SOLDADO que esa respuesta no le satisfacía, añadió, abanicando una mano con cansancio—… Un par o tres de días. ¿De acuerdo?

Cloud clavó en él una expresión de rencor a la que Rufus ya se iba acostumbrando. Sin dejarse inmutar, cogió de nuevo el licor y bebió despreocupadamente, regalándole una mirada perversa. El ex-SOLDADO dio por finalizada la conversación y se encaminó hacia la puerta del despacho con los puños apretados.

—Espera…

Cloud se detuvo, volviéndose para ver al presidente, que le observaba con una sonrisa maliciosa, sosteniendo aún el vaso bajo su rostro.

—¿No quieres pedir otro deseo?

El ex-SOLDADO le miró desconcertado, frunciendo el ceño. Se apartó un poco de la puerta.

—Acabas de decir que no…

—He dicho que no voy a soltar a otro de tus amigos, no que no vaya a otorgarte un deseo —le interrumpió Shinra. Cloud le observó desconfiado. Rufus se levantó, sin soltar su bebida y, con una taimada sonrisa, se colocó de nuevo frente a él. Recogió un dorado mechón de su cabello y lo acaricio entre sus dedos con coqueteo, sin mirarle a los ojos—. Anoche te portaste muy bien… De modo que te concederé un nuevo favor. Ya sabes… —Elevó su astuta mirada— Si lo deseas de veras…

Cloud le devolvió una de desprecio. Sin moverse, apartó la mano de Rufus de su cabello y masculló entre dientes.

—Si no vas a soltarles, no puedes ofrecerme nada que desee.

Rufus no parecía de acuerdo con eso. Bebió de nuevo y le sonrió.

—Seguro que sí. Déjame que te sugiera algo —musitó señalándole con el vaso, antes de girarse y dirigirse al mueble bar. Llenó de nuevo el recipiente casi vacío, mientras le inquiría con absoluta calma—. Dime… ¿Te suena de algo el nombre El Séptimo Cielo?

Cloud palideció. Abrió los ojos con estupor y recibió de Shinra una mirada malévola, al ver que entendía por dónde iban los tiros.

—Mis espías me han informado de cierto lugar que ostenta ese nombre y que, según parece, podría tratarse de vuestra base de operaciones —Rufus se apoyó contra el mueble y le clavó sus fríos ojos por encima del vaso—. Pero aún no han logrado averiguar dónde está. Esta ciudad es muy grande y tardaría siglos en dar con él. A no ser… —Su mirada se afiló con maldad— que contara con la oportuna guía de dos de sus miembros que, si no me equivoco, se dirigen ahora mismo para allá…

El ex-SOLDADO le miró horrorizado, sin creer lo que acababa de decir. Rufus, en cambio, se veía orgulloso de sí mismo.

—No te atrevas…

—Podría no hacerlo —sugirió Shinra con cruel desaire, sin dejar de mirarle con perfidia—. Si… tú lo desearas.

Se llevó el licor a los labios mientras aguardaba la reacción de Cloud. El ex-SOLDADO apretaba los puños y los dientes con rabia.

—¿Pretendes obligarme a pedirte un deseo a la fuerza?

—Nadie te obliga. Puedes no hacerlo —musitó Rufus con calma.

Cloud pudo leer en sus ojos la enorme satisfacción que aquello le producía. Verle contra la espada y la pared una vez más. Obligarle de nuevo a entregarse a él para proteger a los suyos. Pero, esta vez, Rufus se había pasado de listo, e ignoraba algo que el líder de AVALANCHA sabía. La tensión del ex-SOLDADO se relajó y sus ojos miraron a Shinra con indiferencia.

—Muy bien —comenzó Cloud. Rufus alzó una ceja con interés. Pero no se esperó en absoluto su respuesta—. Pues no lo haré.

El desconcierto se reflejó en el rostro del presidente.

—No sé si comprendes bien la situación que te planteo, Cloud…

—El que no comprende nada eres tú —contraatacó el ex-SOLDADO con seguridad— ¿Te crees acaso que Tifa y Yuffie son idiotas? ¿Que cometerían la imprudencia de acudir directas allí, sabiendo que podrías seguirlas? —Ahora fue Cloud quien le lanzó una sonrisa despectiva— Adelante. No tengo nada que pedirte.

La expresión de Rufus se tornó colérica. Insultado. Trató de mantener el semblante de autoridad, dirigiéndole una mirada de advertencia.

—Yo en tu lugar, no sería tan confiado —Le señaló con el dedo índice de la misma mano que sostenía su bebida—, y procuraría asegurarme de protegerlas…

—No necesitan que yo las proteja. Ahí fuera, tienen más recursos que tú con todos tus efectivos. ¿Qué vas a hacer? ¿Volver a detenerlas? Y demostrarás que la palabra de Rufus Shinra no vale una mierda —puntuó Cloud, apelando al muy sabido orgullo del presidente. Vio que su estrategia funcionaba cuando percibió la rabia reflejada en el rostro de Rufus. El ex-SOLDADO alzó el mentón, altanero—. Saben cuidarse solas. No tengo nada que pedirte —repitió, mordaz, y oscureció su mirada después para añadir entre dientes—. Caliéntate la mano esta noche. Será el único sitio donde vas a meter la polla.

Acto seguido le dio la espalda a Shinra y se encaminó a la puerta cerrada, plantándose ante ésta.

—¿Puedo volver ya a mi celda? —demandó con desaire.

Por unos instantes, Rufus pareció que estallaría en cólera. Permaneció inmóvil y en un peligroso silencio. Su cara mostraba una furia tal que no habría sido sorpresa para Cloud que sacara el endemoniado controlador de las esposas y lo subiera al máximo por vez primera, para darle un escarmiento por su osadía. Y esa idea bien pudo cruzar por su mente, mientras fulminaba con sus ojos iracundos la espalda del ex-SOLDADO. Pero, finalmente, se dirigió al escritorio y presionó un botón. La puerta se abrió, dejando salir a Cloud, recibiéndole fuera dos guardas para escoltarle.

Cuando volvió a cerrarse, Shinra estrelló su vaso contra una pared con rabia, soltando un grito airado. Los cristales del vaso y su contenido se esparcieron por doquier. Rufus contempló el desastre con los dientes apretados y la cara enrojecida de furia. ¡Maldito Strife! Hacía mucho tiempo que no se le ponía tan chulito. Y se sentía como un imbécil por no haber sabido contraatacar. Ahora sentía ganas de ir a buscarle y hacerle pagar su insolencia. Si había lanzado la bebida contra aquella pared, fue por aguantar las ganas que tuvo que arrojarla contra Cloud.

Respiró hondo, tratando de calmarse. No era un hombre dado a los ataques de ira, sabía controlar su genio muy bien y no se exaltaba fácilmente. Pero el ex-SOLDADO parecía poseer una virtud única para crisparle los nervios y hacerle perder el control de sí mismo. Se pasó una mano por el pelo, echándose atrás el flequillo ahora despeinado y miró hacia la ventana. Un relámpago acaba de cruzar la recia tormenta que poco a poco iba azotando Midgar con más fuerza. Su consiguiente trueno lo siguió, unos segundos más tarde; ronco y grave.

El semblante del presidente recuperó su compostura mientras observaba la lluvia caer. Cloud aún no sabía con quién se la estaba jugando. Podría creerse a salvo, pensar que había huido hasta una casilla en la que ninguna de las fichas de Rufus podía tocarle. Pero proteger al rey, conllevaba dejar en vanguardia un número considerable de piezas menores. Dos peones habían huido. Otros cinco quedaban retenidos entre sus filas. Si Cloud no los había tenido en cuenta, ya se encargaría él de recordárselo.

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Fin del sexto capítulo


Vaya vaya... Cloud se nos ha puesto chulo. Y como bien reza el dicho, nunca cabrees a alguien que está más loco que tú. Ya veremos qué represalias tomará Rufus y contra quien... Pero eso será la próxima semana~ xP

Como siempre, un millón doscientas mil gracias a todos los que dedicáis vuestro valioso tiempo a leer esta cosa y a los que lo estiráis un poco más dejándome un review. Sois amor, os quiero 3 Espero poder seguir manteniendo vuestro interés hasta el final. ¡Ya hemos alcanzado el ecuador del FlashBack! Sí señor, queda poco para terminar de resolver todas las incógnitas que rodean a esas dos semanas sin relatar de esta historia... No dejéis de leer~

Un besazo a todos y buena semana~