Buenas tardes de Jueves, adorados lectores~ Vamos sin más dilación con el capítulo número 10 (¡Yuhu, primera cifra doble!) Que disfrutéis de la lectura~


Las paredes de la habitación parecían cerrarse en torno a Cloud. Tenía la sensación de que se volvía más pequeña con cada hora que pasaba. Hacía tiempo que no le ocurría eso… Desde que perdió la fuerza de voluntad y con ella también la angustia. Pero ahora había vuelto a sentir la ansiedad anidar en su corazón por otro motivo bien distinto. Conforme más pensaba en algo que le hacía sentir un profundo miedo…

Vincent… Lo había visto.

Vio cómo Rufus le besaba.

Y cómo él… no hacía nada por resistirse.

¿Qué pensaría su amigo? ¿Qué sospecharía o qué conclusiones habría sacado? No podía quitarse la expresión en los ojos de Vincent de la mente. Cloud sabía que el pistolero era inteligente y, con que atara un par de cabos, haría las deducciones acertadas. Y eso era lo que más miedo le daba. Eso… y que el resto también llegara a enterarse. No sabía la razón pero sentía que, peor que aguantar los maltratos y vejaciones de Rufus, era que sus compañeros llegaran a saber de ellos. Prefería que pensaran que le torturaba, que le mantenía encerrado y encadenado o sometido a algún tipo de martirio, cualquier cosa menos la verdad: que le había convertido en su puta y su juguete personal.

Se pasó las manos por el pelo con ansiedad, encorvado sobre sí mismo sentado en el borde la cama. Tiró de sus cabellos y resopló. Cuando levantó la mirada, sus ojos azules mostraban angustia mientras observaban las paredes que sentía más y más cercanas. Era increíble que esa inquietud llegara a producirle tal claustrofobia. Dos días sin ver aparecer a Rufus implicaban cuarenta y ocho horas confinado ahí dentro sin salir. Empezaba a agobiarse, necesitaba aire, necesitaba salir… Por ello, casi agradeció cuando la puerta se abrió, a pesar del sobresalto, y vio aparecer en ella a un centinela.

—Vamos, afuera —ordenó el soldado con voz seca.

Cloud le miró de hito en hito, con el corazón latiéndole nervioso. De seguro debía mostrar un aspecto lamentable.

—¿Qué pasa?

—El Presidente te reclama en su despacho.

Un extraño sentimiento, paradójica mezcla entre alivio y desazón, constriñó su pecho. Tal como imaginó, Rufus ya había terminado de tomarse su tiempo. Cloud bajó la cabeza, suspirando con pesadumbre, dejando que todo su flequillo cayera por su rostro. Se lo apartó con una mano al ponerse en pie, notándose temblar.

—Ya estaba tardando…


Hace una semana.

Miércoles.

.

La pluma de Rufus Shinra se movía veloz sobre los papeles que, uno a uno, le iba depositando delante el hombre trajeado de negro, estampando en ellos su rúbrica con la agilidad de quien se dedica a esa tarea muchas veces al día. Ni siquiera leía lo que firmaba y apenas sí escuchaba vagamente lo que el Turco le decía. Su cabeza estaba en otra parte, varios pisos más abajo…

¿Algo más? —inquirió Rufus al terminar, mientras cerraba la pluma y se reclinaba en su butaca.

Ya han sido controlados los conflictos del Sector 7 —informó Tseng mientras recogía los documentos, todos ellos luciendo la roja signatura del presidente— y corrida la voz sobre la captura de AVALANCHA.

Shinra, jugueteando con la estilográfica en las manos, asintió sin mirar al Turco.

Bien… —musitó con aburrimiento— Puedes retirarte.

El presidente bajó la mirada, observando cómo giraba la pluma entre sus dedos, perdiendo sus ojos y sus pensamientos en los dibujos que trazaba el veteado de su pulida superficie. Tras unos segundos, levantó de nuevo la vista y observó sorprendido que el Turco seguía ahí.

¿Sí? —preguntó, alzando las cejas con inquina— ¿Te falta algo?

Tseng pareció dudar sobre si responder o no. Shinra frunció el ceño, dejando de dar vueltas a la pluma y observándole con intriga y algo de molestia.

Respecto… a AVALANCHA, señor —comenzó al fin el Turco. Notó que el tema no era del agrado del presidente cuando le vio desviar la mirada—. Hace ya una semana desde su captura y aún no hemos recibido instrucciones ¿Cuál va a ser la resolución?

La resolución llegará cuando os tenga que llegar. Hasta entonces, tenéis bastante trabajo del que ocuparos —puntualizó Rufus señalando con la mirada el montón de papeles que llevaba el hombre en las manos. Pero Tseng no parecía dispuesto a dejar el tema.

Se nos ha informado de la nueva ubicación del resto de prisioneros pero no de la de Aeris Gainsborough y Cloud Strife. ¿Van a permanecer apartados del grupo?

Si no se os ha informado, es porque no necesitáis tener esa información —Los ojos azules del presidente se clavaron sobre los negros de Tseng con una leve nota de irritabilidad en la voz—. Solicitaré el servicio de los Turcos en asuntos concernientes a AVALANCHA cuando me sea necesario, igual que hice en su momento para el secuestro de Aeris Gainsborough. Hasta entonces, haz que tus hombres se ocupen de las órdenes que tienen ahora, ¿de acuerdo?

Por supuesto, señor —suavizó el hombre del traje oscuro—. Mis dudas eran acerca de los motivos por los que Gainsborough y Strife están siendo aislados del resto.

Porque así lo considero conveniente yo —Rufus Shinra se inclinó hacia delante, dejando la pluma en la mesa, acodándose sobre el escritorio y entrelazado los dedos al tiempo que clavaba sobre el Turco una mirada severa y amenazadora—. Y no veo por qué han de asaltarte tales «dudas» —Una sospecha cruzó por su mente al mirar aquellos ojos oscuros. Frunció el ceño e inquirió— ¿Quién más ha preguntado?

A pesar de su impecable semblante, una sombra de preocupación cruzó por la expresión del comedido líder de los Turcos, antes de responder a la sagaz mirada del presidente.

El director del Departamento Urbanístico, señor, me preguntó si yo sabía…

Reeve… —interrumpió Rufus, apoyando el rostro sobre sus manos entrelazadas mientras desviaba la mirada con pesadez. Otro al que le daba por meterse donde no le llamaban. Scarlet ya le había advertido acerca de sus excursioncitas. Y aquella insistencia en hablar con él comenzaba a molestarle. Volvió a centrar sus ojos en el Turco, irguiéndose sobre su mesa— Dile a Tuesti lo mismo que te he dicho a ti. Y hazme un favor, si volviera a preguntar acerca de Strife o de cualquier cosa relacionada con AVALANCHA, avísame. Y coloca un hombre detrás de él.

¿Hay motivos para vigilar a Reeve Tuesti, señor?

Puede haberlos, si sigue extralimitándose a lo que su cargo le restringe.

Una mirada de entendimiento cruzó entre ambos hombres. Shinra sacudió una mano y despidió al Turco, quien esta vez decidió marcharse sin demora.

Al quedarse solo, los dedos de Rufus comenzaron a tamborilear sobren la mesa, inquietos. Su mirada entrecerrada paseó por varios puntos de la habitación hasta detenerse en un cajón de su mesa. Tras unos segundos, se decidió a abrirlo, sacando de su interior una pequeña ampolla y una jeringa con aguja. Miró el hipnótico líquido rosado unos instantes. Sus ojos mostraron resolución antes de guardar sendos objetos en el bolsillo y levantarse.

Salió del despacho y se dirigió a los ascensores después de despachar a los escoltas que pretendieron acompañarle, manteniendo en todo momento un semblante regio. Cuando llegó a su destino, encontró a dos centinelas flanqueando la puerta de cierta habitación. A una orden suya, la abrieron y el presidente se plantó en el umbral sin ingresar del todo. Lo suficiente para que su inquilino le notara.

Ven —ordenó Rufus. Cloud le miró con el ceño fruncido y una clara desconfianza. Sin ganas de empezar una discusión, Shinra se dio la vuelta, impaciente—. Sígueme.

Consciente de no tener otra opción, el ex-SOLDADO se puso en pie y fue en pos de él. Rufus no se volvió a mirarle, tan sólo a los guardias cuando se dispusieron a escoltarles, deteniéndolos. Cloud comenzó a sentirse intrigado mientras seguía a Shinra hacia los ascensores. Dentro del elevador, éste no pronunció palabra ni cruzó una sola mirada con él. Cloud le observaba extrañado. Cuando llegaron a la septuagésima planta, el trayecto continuó igual por el pasillo.

Al cruzar un umbral, el aspecto de las paredes y el suelo cambió notoriamente a un cuadro más elegante, dando a entender que se encontraban en la zona de la planta reservada para la residencia del presidente de la compañía. Dos vigilantes le saludaron formalmente al pasar. Cloud no había estado ahí hasta entonces y observaba todo entre curioso y aborrecido. Finalmente, llegaron a una ornamentada puerta en la que Rufus se detuvo. Tomando el picaporte, la abrió e invitó a Cloud a pasar primero. Éste lo hizo con cierta reticencia.

El interior de la amplia habitación estaba sobriamente decorado con colores oscuros. Los muebles eran elegantes y de aspecto caro pero sin rozar el exceso. Todo tenía un fino aire aristócrata y con clase. Y de todos ellos destacaba una gran cama en el centro de la habitación, de sábanas blancas y dosel negro. Cloud comprendió dónde estaba nada más verla. Aquella habitación reflejaba perfectamente la personalidad de Rufus.

Siéntate —invitó el presidente con voz neutra, al tiempo que cerraba suavemente la puerta tras ellos.

Cloud no obedeció. Rufus le miró intensamente a los ojos, pero su rostro no mostró contrariedad. Simplemente se acercó, despacio, ante la tensa expresión del otro. Y cuando la distancia entre ambos no era mayor que un palmo, Shinra alzó una mano tomándole con suavidad del rostro y se inclinó para besarle. Cloud se tensó, esperando un trato brusco. Se dejó besar sin bajar la guardia aún, puesto que ya había comprobado la facilidad con la que Rufus pasaba de cero a cien en cuestión de segundos. Y ahora mismo, esperaría cualquier cosa menos gentileza.

Shinra dejó sus labios y pasó a su cuello, besándolo suavemente. Cloud sintió su corazón acelerarse y se mantuvo inmóvil, clavando la mirada en algún punto de la pared. Rufus, con absoluta calma, rodeó su cintura con las manos y juntó sus cuerpos, mientras seguía degustando su cuello, saboreándolo como si no hubiera mejor manjar en el mundo. Ascendió hasta la articulación de su mandíbula, donde marcó un beso más intenso, arrancándole a Cloud un escalofrío que se reflejó sobre su piel al estremecerla. Tanta delicadeza, al ex-SOLDADO empezó a darle mala espina. Después de cómo habían terminado el día anterior, del insurrecto modo en que Cloud se había comportado, verle aparecer en su celda le hizo esperar algún tipo de castigo. Pero eso… estaba demasiado fuera de lugar, demasiado… impropio de él.

Rufus —llamó inquieto, mientras éste seguía con sus besos—… ¿Qué estás…?

El presidente selló sus palabras con un beso. Pero no uno dominante ni posesivo, sino suave, acariciando su boca con la lengua en lugar de robarle el aire como otras veces. Su mano ascendió por la nuca de Cloud, recorriendo su corto cabello con los dedos. Y sin previo aviso, igual que empezó, cortó el contacto, separándose de él.

Desnúdate.

Cloud se quedó paralizado, siguiendo a Rufus con los ojos. Éste le daba la espalda mientras se quitaba la chaqueta frente a un armario. El ex-SOLDADO le observó desconcertado. Parecía que el presidente se había añadido un exceso de confianza al café ese día. ¿Tan seguro estaba que le iba a obedecer, tan confiado como para no atarle, amenazarle o valerse de la fuerza? Cuando se volvió de nuevo hacia él, le observaba paciente mientras se aflojaba el nudo de la corbata. No repitió la orden, su solo silencio instaba a obedecer. Cloud comprendió que Rufus no se enfrentaría con él esa noche. Porque confiaba plenamente en que acataría sus órdenes y parecía dispuesto a aguantar toda la noche hasta que lo hiciera. El ex-SOLDADO no pudo evitar sospechar a qué se debería tan extremo cambio de humor desde el día anterior.

Pero, igual que entonces, Cloud optó por la sumisión total. Si había funcionado una vez, podía volver a hacerlo. Aunque algo en la forma de actuar de Rufus le decía que éste sabía algo que él ignoraba. Muy despacio, con inseguridad, se despojó de la ropa, echando vistazos de reojo a Shinra, quien no se movió del sitio ni dijo una palabra. Cuando concluyó, se irguió frente a esos ojos heladores que le recorrieron de arriba abajo con detenimiento, sin verse su semblante apenas alterado. Por su parte ya se había quitado la corbata y desabrochado los primeros botones de la camisa.

Échate —indicó con la misma voz neutra, señalando la cama con la cabeza.

Cloud obedeció con un profundo resquemor y le dio la espalda, por lo que no vio cómo la mano de Rufus se introducía en el bolsillo de su chaqueta emperchada, recogiendo algo que guardó en el de su pantalón. Sin sacar la mano, se aproximó a la cama y se sentó en el borde, observando el cuerpo desnudo de Cloud tumbado sobre las blancas sábanas. El ex-SOLDADO ladeó la cabeza al otro extremo, mostrándose tenso. Esa calma en Rufus le estaba poniendo realmente nervioso. Pero éste continuaba sin revelar cambio en su actitud. Con deleite, deslizó una mano por el pecho de Cloud, observando la piel estremecerse al frío contacto. Pasó el brazo por encima de su cuerpo, apoyando la mano en el colchón para inclinarse sobre él y besar su esternón. El ex-SOLDADO cerró los ojos con fuerza y su respiración se tornó más agitada. Los ojos de Shinra enfocaron su pecho, observando cómo subía y bajaba a un ritmo irregular. Un brillo malévolo los cruzó.

Su mano retornó al cuerpo de Cloud, recorriendo sus costillas hasta la cadera y de ahí a su muslo. En ese punto notó gran tensión en su musculatura, pero el ex-SOLDADO no le frenó. Rufus confiaba en que no lo haría. Visto lo visto la noche anterior, la estrategia de Cloud era dejarse hacer completamente sin reaccionar a nada con intención de aburrirle. Y eso ahora mismo constituía un punto a favor. Puesto que, le hiciera lo que le hiciera, no se defendería.

Vio toda la voluntad de Cloud ponerse a prueba cuando deslizó la mano por su ingle, rozando su sexo. El ex-SOLDADO pegó un brinco y a punto estuvo de interponer su mano; diluyendo esa intención hasta limitarse a agarrar la manga de la camisa de Rufus. Era la primera vez que no le había encadenado, por lo que pudo haber lanzado aquella mano a su cuello… Pero, confirmando su teoría, ahí estaba la total sumisión de Cloud. Buscó su rostro, observándolo constreñido, con los ojos cerrados y los labios fruncidos, a la espera de algún contacto doloroso. Contrariamente a ello, lo que recibió fueron los dedos de Shinra deslizándose con suavidad por sus genitales, arrancándole por la sorpresa una exclamación ahogada apenas audible.

Rufus acarició su miembro con delicadeza, sin hacer fuerza ni presión. Sabía, por la tensión de su cuerpo, que Cloud se moría de ganas por detenerle. Y el esfuerzo que tenía que hacer para impedirlo se traducía en la fuerza con que esos dedos se aferraban a su manga. Shinra aprovechó la situación retomando sus besos, descentrando a Cloud del principal estímulo y creando una conexión entre ambos: su mano en su sexo y sus labios en su cuello. En seguida observó el efecto, advirtiéndole saturado, más nervioso y más incapaz de aguantar.

Ngh… —Un leve gemido escapó a las barreras de Cloud, entre sus dientes apretados, su boca fuertemente cerrada y sus músculos rígidos. Rufus sintió un escalofrío a oírlo y buscó el punto exacto donde se había producido ese lapso, devorando con lento deleite el cuello de Cloud—… Gh…

La frustración del ex-SOLDADO era más patente a cada segundo. Rufus notaba las ganas que esa mano tenía de tirar de él y apartarle de su miembro, pues agarraba tan fuerte la tela que sorprendía el no haberla desgarrado aún. Shinra continuó con sus caricias, envolviendo el sexo del joven con los cinco dedos, deslizándolos de arriba abajo suave y generosamente mientras seguía lamiendo su piel cada vez más caliente. Y esa tensión, esa lucha interna dentro de Cloud, empezaba a transmitirse a Rufus en forma de cosquilleos de pura excitación.

Cloud contra las cuerdas. Debatiéndose entre su fuerza de voluntad y su instinto de lucha. Era el momento.

Con la mano libre, la cual el ex-SOLDADO no alcanzaba a ver, Rufus sacó de su bolsillo la jeringa y la ampolla con el suero, dejando ambos sobre el colchón. Pasó a besar y morder el hombro de Cloud para poder observar bien lo que hacía. Hábilmente con una sola mano, retiró el capuchón y pinchó el frasquito, tirando del émbolo de la jeringa hasta la marca hecha: uno coma cinco mililitros. Cloud continuaba gimoteando entre dientes y aferrando su camisa con desesperación, ajeno a todo ello, en lo que los dedos de Rufus no descuidaban su zona erógena.

Cargada la cánula, el presidente empujó sutilmente la cabeza de Cloud con los labios, obligándole a ladearla hasta hacerle apoyar la mejilla en la almohada. Debido a su estado, el ex-SOLDADO ni se resistió ni se percató lo más mínimo de lo que se tramaba fuera de su vista, entre los delgados dedos de Rufus. Sin dejar de masturbarle, éste apartó el rostro de su cuello para observar la bien expuesta yugular, palpitante ante sus ojos. Vigilando bien que no se volviera ni prestara atención a ninguna otra cosa que no fueran sus caricias, dirigió con discreción la aguja a la gruesa vena del joven, rebosante ahora mismo de sangre, colocó el bisel hacia arriba y cuadró sus movimientos para elegir el momento justo de deslizarla velozmente al interior del vaso y bajar el émbolo, inyectándole antes de que tuviera tiempo de reaccionar al pinchazo…

¡RIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIING!

El sobresalto que aquel estridente sonido trajo consigo provocó un brinco en ambos y a punto estuvo de costarle a Cloud una estocada en la carótida. Rufus, atónito, se quedó inmóvil con la inyección a escasos milímetros de la piel de Cloud.

No puede ser cierto… —masculló para sí con un tinte de ira en la voz.

Su corazón latía frenético. Sus ojos, fríos como dos témpanos, se dirigieron a la mesa auxiliar, a su lado, donde un negro teléfono le reclamaba con su penetrante timbre. Shinra aguardó esperanzado a que cesara… sin ser consciente la persona al otro lado de la línea que acababa de condenarse a muerte. Rápido, apartó la jeringa y quitó la aguja con el pulgar, que salió disparada perdiéndose tras la cama, para guardarse la cánula en el bolsillo disimuladamente. Sólo entonces se apartó de Cloud y se irguió. Prácticamente arrancó el teléfono al descolgarlo.

¿Qué? —No hizo falta un vocablo más amplio para denotar, en aquel monosílabo, la cólera con que inquirió a su interlocutor. Mientras recibía una respuesta que de ningún modo justificaría aquella interrupción, los ojos de Rufus recayeron en la ampolla que aún reposaba sobre la cama. Y veloz como el rayo, la atrapó con la mano antes de que el ex-SOLDADO la viera.

Cloud, hasta el momento paralizado, comenzó a moverse. Volvió la cabeza hacia Rufus quien, sentado a su lado, atendía con irritación la inoportuna llamada. El ex-SOLDADO se notaba el cuerpo temblar mientras se incorporaba sobre los codos. El corazón le latía muy deprisa y una extraña sensación recorría toda su piel. Observó su sexo, que hasta hacía unos segundos recibía las atenciones de Rufus de una manera extrañamente servicial. Un hormigueo indeseado lo envolvía. Saltaba a la vista que estaba comenzando a excitarse. Cloud buscó serenarse y alejar ese cosquilleo de sí, que aún persistía también por su cuello.

Voy a hacerte una pregunta, Tseng, y piensa bien las consecuencias de tu respuesta antes de contestar —La enfurecida voz de Rufus le llegó a su lado. Cloud notó la enorme tensión en sus hombros—: ¿es imprescindiblemente necesario que vaya yo hasta ahí ahora mismo?

Cloud no escuchó la respuesta al otro lado de la línea, pero la intuyó gracias a la actitud de Shinra. El presidente tomó aire a conciencia y lo liberó por la nariz en un gesto de autocontrol.

Muy bien —dijo sin más con una peligrosamente serena voz, antes de colgar.

Dejó la mano sobre el teléfono unos segundos más, bajando la cabeza y suspirando resignado. La rabia se palpaba en cada uno de sus gestos. Pero pareció evaporarse completamente cuando giró el tronco hacia Cloud. Éste le sostuvo la mirada unos segundos, confuso, al tiempo que Rufus le tomaba con suavidad del mentón.

Parece que te has librado de mí por esta noche —musitó con voz queda mientras le acariciaba la mandíbula tiernamente.

Sus ojos parecieron perderse dentro de los de Cloud, tornando su expresión obnubilada. Hasta que, atraído por su magnetismo, se inclinó hacia delante buscando sus labios. Sosteniendo su mentón con apenas dos dedos, le besó suave y lentamente. Cloud respondió desconcertado por tanta delicadeza y terminó por cerrar los ojos. Rufus ladeó la cabeza y buscó su boca desde un ángulo más accesible, lamiendo sus labios y acariciando su lengua con una finura casi cariñosa, mientras deslizaba la mano amorosamente por su cuello. Un novedoso hormigueo recorrió la boca de Cloud.

Rufus se alejó y volvió a por sus labios hasta tres veces, reticente a marcharse y arañando ese beso todo lo que pudiera. Cuando finalmente se obligó a marcar el límite, jadeó sobre la boca del ex-SOLDADO, exhalando su deseo. Le miró entonces a los ojos, sonriendo con levedad.

Que la disfrutes.

Se levantó de la cama, dejándole ahí sin una orden o instrucción más. Cloud le siguió con la mirada mientras éste se abrochaba de nuevo la camisa y buscaba su chaqueta. Al llegar a la puerta no se volvió hacia él; salió sin más.

Se quedó a solas, desnudo sobre la cama de Rufus y en su habitación, sin saber muy bien qué acababa de pasar. Llegó incluso a concebir que aquello formara parte de una estratagema de Shinra. Pero la frustración del presidente le pareció sincera cuando descolgó la llamada. Cauto con su alivio, Cloud buscó su ropa para vestirse, no sabiendo muy bien qué hacer ahora. En seguida, unos golpes en la puerta le sacaron de dudas al ver aparecer en ella a dos SOLDADOs para llevarle de nuevo a su habitación. Parecía que el asunto era lo bastante importante como para no esperar a Rufus en toda la noche.

Cuando los guardias entraron él estaba terminando de ponerse el jersey. Nada más sacar la cabeza por el cuello de la prenda, algo clamó su atención al pie de la cama al incidir sobre sus ojos con un brillo metálico. Se agachó para recogerlo, intrigado, y más aún cuando se descubrió sosteniendo entre los dedos una aguja hipodérmica. Frunció el ceño; aquello estaba al pie de la cama, justo donde había estado sentado Rufus, a su lado…

Eh, mueve el culo… Que no tenemos toda la noche.

La voz de los agentes interrumpió su pensamiento. Receloso, Cloud depositó el objeto donde estaba, decidiendo no dejar huellas de su descubrimiento, y siguió a los SOLDADOs con un mal presentimiento y una siniestra sospecha en mente.

¿Había tratado Shinra de inyectarle algo?


.

Doce noches después de aquel primer intento y sin haberlo vuelto a probar desde entonces, la tribulación del presidente volvía a atraerle hacia aquel misterioso suero, encomendándose a la ayuda que presumiblemente le brindaría. Sólo que, esta vez, no pensaba fallar. No habría interrupciones ni tampoco una tercera ocasión. Probaría de una vez por todas si la férrea voluntad de Cloud Strife podía vencer el dominio de aquella droga.

Con paciencia y pulcritud, cargó la jeringa, asegurándose de alcanzar la dosis que Hojo le había indicado. El fulgurante líquido rosado llenó el diminuto espacio de la cánula. Una vez cargada, Rufus guardó el frasco y colocó el capuchón a la aguja. No quería accidentes, teniendo en cuenta que esa cosa estaría muy cerca de su pierna.

Golpes en la puerta. Los afilados ojos del presidente se clavaron sobre ella. Con cuidado, metió la mano en el bolsillo del pantalón envolviendo entre sus blancos dedos el preciado inyector.

—Adelante.

Al otro lado del amplio despacho, que separaba la puerta del escritorio por unos diez metros, un Cloud de aspecto consumido apareció con expresión taciturna. Siempre con esa actitud desde lo de Gainsborough… Rufus empezaba a hartarse de verle así. La puerta se cerró, dejándolos a solas. El ex-SOLDADO le miró de refilón un segundo para desviar los ojos al suelo después. Ni mirarle quería…

El presidente suspiró y apartó la vista de él. Se dio la vuelta y volvió a dirigirse a su mesa.

—Ya han pasado un par de días —informó pausadamente.

Detuvo su caminar cerca de uno de los ventanales. El oscuro reflejo le devolvió la imagen de Cloud, a su espalda, levantando la mirada hacia él con interés. Rufus le observó unos segundos a través del cristal antes de girar la cabeza y mirarle por encima del hombro.

—Creo que tienes algo que pedirme.

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Fin del décimo capítulo.


¡Vaya por Diox! Aún tendremos que esperar una semana más para saber el auténtico efecto de esa droga... (que mala soy... Sí, merezco que me apaleen, lo sé) Espero haberos puestos los dientes largos con ese lime ¬¬3

Bien, llegados a este punto debo confesaros que yo misma empecé a armarme un poco de lío con los Flashbacks y flashforwards, hasta el punto en que tuve que releer todo en orden cronológico para saber por dónde iba y qué me tocaba escribir ahora... _ Así que, si os está pasando lo mismo, os invito a que me lo comuniquéis, así como cualquier duda que os surja entre toda esta algarabía de pa' lante, pa' trás. Lo que menos me gustaría es que os perdierais. ¡Ya no queda nada! Os pondré al día: vamos por el miércoles de la segunda semana de cautiverio y los Flashbacks acaban en ese viernes...

Sugerencias, dudas, amenazas, poemas, críticas y sobretodo opiniones, se ruega sean depositadas en forma de review para mi lectura y disfrute. ¡Los necesito! O^O Un besazo y nos leemos, ¡pasad buena Semana Santa!